domingo, 18 de marzo de 2018

Ética política ante la globalización del mercado y del capital.


por Agustín Ortega. 

Debido a algunas declaraciones y supuestas intenciones de Donald Trump, algunos han dicho de forma apresurada que estamos en una desglobalización. En donde se revierten los procesos mundiales de los mercados, las economías y finanzas que están marcando nuestra época. Más, como se ha mostrado por autores y la realidad misma, estamos lejos de esa pretendida desglobalización. La globalización ha venido para quedarse. Y es la que define la era en la que vivimos. No hay marcha atrás en los procesos científicos, tecnológicos e informacionales con la revolución de las redes informáticas y la economía del conocimiento. Todo lo cual ha sido aprovechado por la imponente economía financiera y especulativa que, con su tecnocracia del mercado y del capital e ingeniería bursátil-accionarial, es la que domina el mundo.

Los estados y gobiernos se encuentran a merced e impotentes ante todos estos poderes transnacionales, mercantiles y financieros que es el mayor poder conocido en la historia de la humanidad. Los auténticos amos y gobernantes del mundo son todas estas empresas multinacionales o corporaciones financieras-bancarias que concentran un poder mucho mayor que el de los estados. Entre otras cuestiones, esta imperante globalización del mercado y del capital tiene como prueba los numerosos y recientes casos de corrupción de gobernantes a manos de estas empresas y corporaciones.

La globalización no supone un proceso perverso e irreversible en todos sus aspectos, no es mala en sí misma. La revolución de las tecnologías y la técnica, per se, no tienen por qué ser malvadas. Y pueden -y en la realidad así lo han hecho- contribuir a unir con lazos de solidaridad y fraternidad. Aunque a nadie se le esconde la mala utilización y abuso de dichas redes tecnológicas e informacionales ya que, asimismo, paradójicamente, llevan al aislamiento, a la soledad, a adicciones, a la despersonalización e inhumanidad, etc. Como nos muestran todo tipo de estudios sociales e informes, el lado perverso de la globalización que se ha impuesto -la neoliberal y capitalista con su ídolo del mercado-capital- ha causado una creciente desigualdad e injusticia social, ambiental y global.

Cada vez más, unos pocos enriquecidos han acumulado en pocas manos la inmensa mayoría de los bienes y recursos. A costa del hambre, la pobreza y exclusión de la mayor parte de la humanidad. Entre las élites y ricos del mundo, ha generado mucho escándalo que el papa Francisco en su magisterio (véase sus encíclicas Evangelii Gaudium o Laudato si’) afirme que la causa de toda esta desigualdad e injusticia que padecen los pobres sea toda esta tecnocracia del mercado libre y de la especulación financiera. Es decir, la ideología neoliberal y capitalista, que impone ese fundamentalismo de la libertad de mercado y que lleva a su total autonomía, sin ningún control ético ni político. Como cualquier estudioso de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) sabe, desde sus inicios con León XIII (RN), los papas y la misma DSI se opusieron a aceptar esa libertad mercantil total. Por ejemplo, tal como ya nos muestra RN, en el ámbito del contrato de trabajo, sin ningún marco moral y gubernativo. Los empresarios podrán afirmar que disponen de libertad, con una legalidad formal, para contratar como quieran, pero si no se asegura un trabajo digno con un salario justo para el trabajador y su familia, entonces esa libertad de mercado se corrompe y se cae en la injusticia.

Y ya en 1931, después del crac del 29, Pío XI (Quadragesimo Anno) denunció todo este “imperialismo internacional” del dinero, que fue como la semilla de la actual globalización capitalista. Como es sabido, después de esta crisis, sobre todo fruto de las luchas del movimiento obrero, la economía y la política apuntalaron el estado social de derechos, hoy cada vez más destruido. Se hizo una intervención sobre los mercados para promover un empleo decente, una fiscalidad justa y políticas sociales en educación, sanidad, vivienda… que, en Europa, trajo una época de mayor solidaridad y justicia social.

Posteriormente siguiendo a Pío XI, el papa Pablo VI en su magisterio (Populorum Progressio y Octogesima Adveniens) insistiría en dicha cuestión de la injusticia del mercado capitalista libre, así como en la regulación ético-política de todo este mercado para orientarlo, al mismo tiempo, en la libertad e igualdad. En la línea de Francisco, ya en la época de la globalización, los papas Juan Pablo II (CA) y Benedicto XVI (CV), este último en el marco de la última crisis financiera global, reafirmaron que los mercados deben ser controlados por la sociedad civil y los estados, articulados con instituciones mundiales.

En este sentido, en el camino marcado por León XIII y con unos términos novedosos, Juan Pablo II (Laborem Exercens) mostró como el mercado de trabajo no sólo debe ser gestionando por el empresario como por la sociedad civil, los sindicatos, los gobiernos, etc. que han de velar y fiscalizar que el empleo sea decente. El mismo papa (Centesimus Annus), junto a los estudios de economía ética, nos mostró que en la sociedad y en el mundo no todo puede ser gobernado por el mercado y que este tiene unos límites, ya que la oferta y la demanda sólo funciona para quien es solvente y tiene dinero o recursos. En esta línea, hay bienes y recursos que, por su misma naturaleza, no pueden ser objeto de compra ni de venta mercantil.

Por todo ello, la economía y el mercado deben ser controlados con una ética política mundial, para que sirvan a la vida y necesidades de las personas, de los pueblos y los pobres, todos esos seres humanos, países y empobrecidos del mundo que no pueden acceder al mercado, y que impida que los bienes vitales como, por ejemplo, la tierra con los alimentos y la salud o la misma educación, sean productos de la mercantilización para el lucro, la privatización y la especulación.

sábado, 17 de marzo de 2018

La mediatización de la corrupción.


Por Osvaldo León
ALAI

El tema de la corrupción, un problema permanente a lo largo de la historia de la humanidad, nuevamente está en escena. Obviamente gravita la exposición mediática que ha adquirido ante la magnitud y extensión con que hoy se manifiesta, pero como de por medio priman cálculos políticos, poco se habla de las causas estructurales y sus expresiones tangibles, como los intocables paraísos fiscales, por ejemplo.

Por cierto que es un problema serio e ineludible a enfrentar, aunque en el juego político su tratamiento se ha convertido en un discurso de ocasión para sacar réditos inmediatos. Al punto que, por ejemplo, hay quienes pregonan que de llegar al gobierno o desde éste van a “acabar” (milagrosamente, de seguro) con dicho flagelo. Es más, en América Latina se ha transformado en un eje de la geopolítica del vecino del norte.


el conglomerado mediático hegemónico viene desplegando una campaña sincronizada como adalid de esta lucha, no para informar y mucho menos con un sentido educativo de rescate de valores, de la ética en la política, sino como estrategia política selectiva (e incluso con tintes partidarios) para acorralar contrincantes 

En este contexto, capitalizando la justa causa del combate a la corrupción, el conglomerado mediático hegemónico viene desplegando una campaña sincronizada como adalid de esta lucha, no para informar y mucho menos con un sentido educativo de rescate de valores, de la ética en la política, sino como estrategia política selectiva (e incluso con tintes partidarios) para acorralar contrincantes, por lo general con discursos moralistas no exentos de procedimientos y recursos poco éticos, como la manipulación.

Vale tener presente que, en tanto espacio clave de la mediación política y social, el poder mediático tiene un peso gravitante en la conformación de la opinión pública, no solo porque ello le permite influir en la configuración de actores sino también por el margen de maniobra que disponen para establecer los temas de debate, en tanto tienen el poder de decidir a quiénes dan visibilidad y a quiénes no, qué relatos refuerzan y a cuáles desfiguran o acanallan, entre otras prerrogativas.
Para muestra dos botones

En Colombia, Octavio Quintero, Director del Grupo Editorial El Satélite, comenta(1):

“La Corte Suprema de Justicia de Colombia ha resuelto abrir investigación preliminar contra todos los congresistas de la Unidad Nacional (senadores y representantes) bajo la sindicación de varios delitos: cohecho, colusión, peculado, celebración indebida de contratos, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito: ¡Hágame el favor!

“Y semejante noticia ni siquiera abrió los noticieros de TV y radio, ni las primeras planas de los diarios nacionales en sus ediciones digitales. Es más, la indagación habría sido ordenada desde diciembre pasado por el magistrado, Eyder Patiño, en virtud de una denuncia presentada en el 2013… Según la denuncia, los congresistas, ‘a cambio de puestos de trabajo para sus familiares, cupos indicativos y adjudicaciones a dedo de contratos, habrían aprobado proyectos de ley relacionados con los acuerdos de paz sin el debido estudio’.

“Bueno, que al cabo de los años se decida adelantar la investigación, y que la noticia no tenga el impacto mediático que se supone, lo que indica es que esas cosas, ‘por lo sabido se callan’ o se les otorga poca importancia”.

Mientras tanto, en Brasil, el protagonismo mediático, particularmente del grupo O Globo, aparece como un componente clave en el desenvolvimiento de la Operación Lava Jato. Impulsada por el gobierno de Dilma Rousseff para combatir la corrupción, en el transcurso ésta se torna en un operativo que gravita en su destitución, sin prueba alguna, y en el evidente intento de sacar del juego político al Partido de los Trabajadores (PT) y sus dirigentes, por la colusión entre segmentos del Ministerio Público, la Policía Federal, el sistema Judicial y los grandes medios.

En efecto, a finales de 2014, se impulsa una cruzada de combate a la corrupción focalizada en el gobierno y el PT, pues los medios hegemónicos blindan a figuras opositoras gravemente comprometidas, tal el caso del entonces presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, con cuentas secretas en Suiza que fueron reveladas por ese país; Aecio Neves, excandidato presidencial del opositor PSDB, denunciado por recibir jugosas propinas de Furnas; Geraldo Alckim, gobernador de Sao Paulo, acusado de desvío de fondos para la merienda estudiantil. De hecho, el 52% de quienes votaron en diputados para el juicio a Dilma, estaba involucrado en actos de corrupción.

En el marco de esta cruzada, con una serie de hechos montados artificialmente, los medios actúan como principales propiciadores de las cuatro movilizaciones golpistas que se realizan en 2015. La revista Veja (01-11-2015) coloca en la portada un montaje con la cara del expresidente Lula da Silva vestido con ropa de presidiario, siendo que para entonces no existía acción penal alguna. Cuando la presidenta Rousseff invita a Lula para que se integre a su gobierno, el juez de primera instancia Sergio Moro, intercepta ilegalmente una llamada telefónica que es editada y amplificada por la Globo; y un largo etcétera.

De los diversos análisis realizados sobre el tratamiento mediático de estos acontecimientos podemos señalar: una cobertura parcializada, adosada a una virtual censura privada; una gran espectacularización de las detenciones (muchas de ellas arbitrarias), de las delaciones premiadas y premeditadas, de las fugas selectivas de información bajo sigilo, para condenar a personas e instituciones en proceso de investigación, mucho antes de que exista decisiones judiciales; complicidad con métodos ilegales utilizados por el juez Moro (interferencias telefónicas); ocultamiento de información, como los actos de violencia contra locales del PT, entre otros.
Periodisjueces

A medida que se torna evidente que el campo de la comunicación adquiere una mayor predominancia, desplazando a otras entidades como las educativas, las iglesias, los partidos políticos, etc., comienzan a sonar alarmas sobre las implicaciones que podría alcanzar esta dinámica. Y una de ellas se refiere al terreno judicial. En este punto, Gérard Leblanc de la Universidad de Sorbonne-Nouvelle, alertaba(2): “Lo que está en juego no es solamente la verdad (el poder de discernir lo verdadero de lo falso que se arrogan ocasionalmente los medios) sino también la sanción, es decir, el derecho de castigar, aunque sea simbólicamente”.

Y bien, resulta que ya es una realidad la existencia de periodisjueces. Es un término acuñado por Adalid Contreras, quien al analizar el proceso contra el ex vicepresidente ecuatoriano Jorge Glas, señala(3): “ahora, medios y periodistas aspiran a cumplir los roles de jueces y fiscales enjuiciando, juzgando y condenando en los sets, lenguajes, estilos, alcances, levedades y ritmos mediatizados. Resulta paradójico (por decirlo de algún modo) ver cómo algunas autoridades de las entidades públicas, y también de la justicia, son puestas en el banquillo de los acusados, rindiéndoles cuentas a las ciudadanías a través de sus respuestas y explicaciones a sus eventuales inquisidores, los/las periodisjueces, quienes con un nivel de conocimientos de la extensión de una laguna y un dedo de profundidad sobre los temas en cuestión, provocan una suerte de espacios educativos, por las cátedras que los implicados dictan en sus respuestas a las acusaciones.

“Se trata de típicos esquemas de posverdad con primicia informativa en los que atrás quedó el recurso periodístico de la noticiabilidad, mientras que en su manejo está bien presente lo que la Ley Orgánica de Comunicación llama linchamiento mediático. Recordemos que la posverdad construye realidades a partir de indicios que sin ser necesariamente verificados ganan validez en los imaginarios, moviéndose en el mundo de las apariencias y de las emociones y abriendo caminos para la especulación con culebrones que saben convocar pasiones sin responsabilizarse de sus consecuencias. Como dice David Roberts, son productos de la pospolítica desconectada de las reglas de la política pública, que se generan en tiempos de desorden, levedad informativa y de redes”.
Moralismo impúdico

Aunque la corrupción engloba todo acto fraudulento contra la comunidad, por lo general lo que prevalece es un tratamiento periodístico focalizado en los indecentes implicados en la sustracción de dinero público. De ahí que, en esas “cruzadas” está ausente o es mínima la referencia a cuestiones como el enriquecimiento de políticos sobre la base de información privilegiada en el ejercicio de alguna función pública (compra y especulación de tierras en áreas previstas para construir infraestructura, por ejemplo), los conflictos de interés de empresarios en puestos de decisión política, el financiamiento poco transparente a partidos políticos por parte de negocios lícitos o ilícitos, la evasión fiscal, las cuentas de nacionales en paraísos fiscales, entre otras.

Es más, figuras públicas involucradas en alguna o varias de las cuestiones antes señaladas suelen tener espacios estelares como apóstoles de la moral. Y es que la tónica discursiva que galvaniza estos operativos es el moralismo, esa expresión que supone una sobrevaloración y exageración de la moral para convertirla en la única medida del comportamiento humano, ignorando la relativa independencia de los diversos ámbitos de la vida, como la política y el derecho(4). Por lo general como discurso, no necesariamente como práctica consecuente.

En esta línea, no solo que no se plantea interrogante alguna respecto a la intromisión de Estados Unidos en el contencioso interno en causas ligadas a la corrupción -por más que ese país explícitamente haya señalado que se trata de uno de sus principales ejes geopolíticos-, sino que se la glorifica… a nombre de la moral.
Anexo

¿Hay corrupción en Estados Unidos? Sí, tiene mucha y es legal

Con este título, André Araújo presenta un análisis(5) donde sostiene: “Estados Unidos siempre tuvo la pretensión de ser la policía moral del mundo y, después del surgimiento de la cultura de lo políticamente correcto, el tono moralista subió”, precisando que en ese país “resolvieron el problema de la corrupción de una forma lógica: legalizándola. Donde todo es legal no hay procesos por corrupción”.

En tal sentido, hace referencia a los PAC-Political Action Committees, pseudo comités por una causa, que se ocupan de intermediar en las donaciones de empresas contratistas a determinado candidato con el compromiso de que éste les asegure un contrato futuro; los lobbies, un mega sector de negocios al servicio de empresas y países, para incidir en las decisiones políticas en Washington; la “planificación tributaria” de las grandes corporaciones para evadir o pagar lo mínimo de impuestos; el mercado financiero donde es común la falsificación de balances, el mecanismo de tapar un fraude con otro y así por el estilo; y el nido mayor de corrupción: la industria bélica.

“Con base en esta supuesta superioridad moral –señala– Estados Unidos, a través de su Departamento de Justicia, lanzó sobre el planeta una gran red de pesca de ilícitos sobre los que cobra peaje a través de multas e indemnizaciones, convirtiéndose así en ‘socio’ de toda corrupción que ocurre en el planeta”.

“Se extiende esa red bajo el pretexto de que los corruptos y corruptores usaron el dólar como moneda o usaron el sistema bancario estadounidense o, si no encuentran nada que los ligue a Estados Unidos, porque usaron Internet, que es una red basada en Estados Unidos. Buscan un vínculo con Estados Unidos para justificar un proceso en el Departamento de Justicia y así cobrar una indemnización muchas veces mayor que el valor de la propina, un negocio formidable”, añade. (O.L.)

Notas:

(1) La mermelada al banquillo, RED-GES/El Satélite, 14-02-2018. (subrayado nuestro)

(2) “Del modelo judicial a los procesos mediáticos”, Comunicación y política, Gedisa, 1998.

(3) De periodisjueces y accountability, 14/09/2017, https://www.alainet.org/es/articulo/188061

(4) Küng, Hans, Una ética mundial para la economía y la política, editorial Trotta, Madrid, 1999.

(5) “Há corrupção nos EUA? Sim, tem muita e é legal”, https://www.alainet.org/pt/articulo/191154
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Fuente: Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: La corrupción: Más allá de la moralina 06/03/2018. Ver en: https://www.alainet.org/es/articulo/191605

Fuente: Servindi

viernes, 16 de marzo de 2018

Nuevos tiempos – un nuevo tipo de educación.


Leonardo Boff

La realidad en las últimas décadas ha cambiado tanto que ha afectado también a nuestro estilo de educación. Cito algunos de estos cambios:
―Hemos construido el principio de nuestra autodestrucción con armas nucleares, químicas y biológicas. Nada es absolutamente seguro y un accidente cualquiera puede destruir nuestra civilización.
―El calentamiento global crece día a día. Si no hacemos nada, como la comunidad científica norteamericana ha advertido, podemos conocer dentro de algunos años un calentamiento abrupto de hasta 4-6 grados Celsius. Con eso, la mayoría de las vidas conocidas no resistirán y desaparecerán. Y parte de la humanidad también.

―La escasez de agua potable (sólo el 0,3% es accesible a los seres humanos y a los animales) puede provocar guerras letales para garantizar el acceso a fuentes de agua dulce. O también alianzas de cooperación.

―La planetización es un hecho nuevo en la historia de la Tierra y de la Humanidad. Salimos un día de África, donde estuvimos durante 4-5 millones de años y por eso somos todos africanos, y después nos esparcimos por los continentes; ahora estamos volviendo y encontrándonos en un solo lugar: la Casa Común, la Tierra.

―La crisis ecológica afecta directamente al sistema-vida y al sistema-Tierra. Estamos destruyendo las bases físico-químicas que sostienen la vida. De continuar la sobrerexplotación de la Tierra, ella no aguantará y nuestra civilización estará amenazada.

―Existe el peligro de que superbacterias que perdieron su hábitat por la deforestación puedan invadir ciudades y diezmar a miles de personas, sin que sepamos cómo enfrentarlas con potentes antibióticos.

Estos son datos, no fantasías. La gran mayoría no tiene conciencia de los peligros que corre. Es como en tiempos de Noé: todos se divertían y se reían del viejo. Y vino el diluvio. Sólo que hoy es diferente: no tenemos un Arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los otros. Todos podemos perecer.

Todo esto nos obliga a pensar sobre el futuro común de nuestra especie y de la Casa Común. Todo debe comenzar con una sensibilización general. En casa y en la escuela es donde tal nueva conciencia debe surgir.

Vean qué tareas nuevas se presentan a los maestros y que nueva percepción deben desarrollar en los educandos. Lógicamente la escuela debe llevar adelante su tarea básica como enunció la UNESCO:

(1) Aprender a conocer todo lo que el pasado nos legó. Como escribió Montaigne (1533-1592) en sus Ensayos: «el educador debe tener antes la cabeza bien hecha que bien llena». Es decir, saber la situación real de la Tierra y trasmitirla a los estudiantes;

(2) aprender a pensar, sabemos mucho y todo está en Google, pero no pensamos lo que sabemos. El saber es un poder que puede construir una bomba atómica o un antibiótico. El saber no es neutro. Pensar es detectar a quien sirve el saber y quiénes son los dueños del saber;

(3) aprender a vivir, que es crear un carácter recto, amante de la verdad, es ser un buen ciudadano participativo con un proyecto solidario de vida;

(4) aprender a convivir, pues hoy vivimos en medio de las mayores diferencias de raza, religión, ideas, opciones sexuales; no permitir que la diferencia se transforme en desigualdad; todos tienen derecho de vivir su modo de ser; importa estar abierto en las redes sociales al destino de los pueblos, muchas veces trágico como ahora en Siria; interesarse por el sufrimiento de los más pobres y excluidos;

(5) aprender a cuidar, esto es nuevo pues sabemos que el cuidado es la ley básica de todos los seres vivos y también del universo; si no cuidamos el agua, la basura, de nosotros mismos y de las relaciones sociales, podemos dar espacio a la degradación; todo lo que amamos lo cuidamos y todo lo que cuidamos, lo amamos;

(6) aprender a tener una ética y una espiritualidad, la religión puede ayudar pero no necesariamente, pues muchas hacen guerra y matan; ser ético es orientarse por el bien, asumir las consecuencias de nuestros actos, buenos o malos; optar por el bien común, por la verdad contra toda corrupción.

La espiritualidad es una dimensión antropológica como lo es la razón, la voluntad y la libido; somos espirituales cuando planteamos preguntas últimas: ¿por qué estoy aquí, cuál es el sentido del universo, de la vida y de mi propia existencia? Ser espiritual es desarrollar lo que neurólogos y neurolingüistas llaman el “punto Dios en el cerebro”: siempre que abordamos aspectos de lo sagrado y del sentido último de la vida hay una aceleración de nuestras neuronas; es el “punto Dios”. Él nos permite intuir que por detrás de todas las cosas hay una Realidad amorosa y poderosa que sustenta todo, las estrellas y también nuestras vidas. El “punto Dios” está hecho de amor, de compasión, de solidaridad y de devoción; él nos hace más sensibles a los otros y más humanos; cultivar el “punto Dios” es superar el materialismo actual y nutrir la esperanza sobre el fin bueno de todo.

Los educadores deben ellos mismos imbuirse de estos nuevos desafíos y enseñárselos a sus educandos. Sólo así estaremos a la altura de los graves peligros que se nos presentan.

*Leonardo Boff es escritor y publicó un libro sobre la nueva cosmología: De donde vienen el universo, la vida, el espíritu, Mar de Idéias, Rio 2016.

Traducción de Mª José Gavito Milano

jueves, 15 de marzo de 2018

Prevenir la próxima hambruna de África.


Los países del continente que han invertido de forma considerable en desarrollo agrícola y en los pequeños productores han logrado evitar la peor cara del hambre.


El número de personas que padecen hambre en el mundo está aumentando nuevamente tras haber disminuido durante más de una década, según datos de la FAO. El año pasado estuvo marcado por la peor crisis alimentaria global desde la Segunda Guerra Mundial, con Sudán del Sur sufriendo una hambruna, y Yemen, Somalia y Nigeria asomándose al borde de ella. Solo en estos cuatro países, más de 20 millones de personas continúan viviendo una grave inseguridad alimentaria, y Naciones Unidas estima que se necesitan 1.800 millones de dólares en ayuda humanitaria inmediata.


La inestabilidad política y los conflictos han contribuido de forma considerable a esta inseguridad alimentaria, pero es probable que la insuficiente producción de alimentos también haya aumentado las tensiones y exacerbado el problema. En el África subsahariana, donde tres de los cuatro países se encuentran al borde de la hambruna, los rendimientos de los cultivos han quedado rezagados respecto del resto del mundo debido a unos insumos agrícolas deficientes, como semillas y fertilizantes de baja calidad.

La inversión en agricultura es una de las maneras más efectivas de acabar con el hambre y aumentar la estabilidad política. Solo en el África subsahariana hay 50 millones de pequeños agricultores que dan soporte a varios millones más. Los países del continente que han invertido de forma considerable en desarrollo agrícola y en los pequeños agricultores han logrado evitar la crisis alimentaria.

Considérese el ejemplo de Etiopía, que a mediados de los ochenta sufrió una de las peores de la historia. Se estima que murió un millón de personas durante la crisis, ocasionada por una conjunción de conflicto y sequía, y de la que el país tardó varios años en recuperarse.

Etiopía es un país pacífico hoy en día, pero las condiciones de sequía han vuelto. En 2016 sufrió su temporada más seca en 50 años. No obstante, el año pasado no padeció una hambruna. Sin duda hubo gente con hambre, pero se evitó el desastre. La ONG Oxfam lo atribuye al hecho de que el Gobierno estaba mejor preparado para suministrar agua y alimentos a millones de personas. El país también ha mejorado considerablemente su infraestructura agrícola, y los nuevos sistemas de riego y agua potable proporcionan a las zonas rurales un fácil acceso a fuentes de agua limpias y seguras.


Un agricultor que invierte dos dólares en plantar árboles puede obtener un beneficio de más de 80 en 10 años

El Gobierno etíope ha hecho del desarrollo agrícola una prioridad máxima durante más de una década. En 2010 creó la Agencia de Transformación Agraria de Etiopía, una entidad pública dedicada a impulsar la productividad del sector. Como ha señalado Alex de Waal, destacado autor e investigador británico sobre África, “la política crea el hambre y la política puede detenerla”. Etiopía confirma su observación. Si bien siguen fluyendo los aportes locales e internacionales durante los esfuerzos de ayuda, las inversiones a largo plazo que ha hecho el país son las que han mejorado su resiliencia.

Un aumento de las inversiones agrícolas estratégicas por parte de donantes africanos o de fuentes internacionales podría ayudar a otros países de la región a obtener beneficios similares. El cambio climático está haciendo aún más urgentes tales inversiones, ya que los fenómenos meteorológicos extremos —tanto inundaciones como sequías— son cada vez más comunes en toda el África subsahariana.

Sin embargo, los agricultores pueden tomar de inmediato medidas sencillas y rentables para mitigar las crisis climáticas, incluso al margen del Gobierno. Pueden atenuar los efectos del clima extremo a muy bajo coste mediante el uso de técnicas agrícolas inteligentes tales como semillas resistentes a la sequía, cultivos intercalados, compostaje y diversificación de cultivos.

Los árboles son una de las herramientas más eficaces que tenemos para luchar contra el cambio climático, y también tienen sentido para los pequeños agricultores desde el punto de vista económico. Un agricultor que invierte dos dólares en plántulas puede obtener un beneficio de más de 80 dólares en 10 años, momento en que algunos de los árboles adultos se pueden talar y vender. Durante su crecimiento, los árboles también son beneficiosos para el medio ambiente, al absorber carbono, mejorar la salud del suelo y prevenir la erosión.

Los agricultores que poseen una base de activos dotada de árboles, ganado o efectivo generado por la venta de excedentes de cultivos están en mejores condiciones para resistir las crisis climáticas. Y, como está demostrando actualmente nuestra organización en seis países africanos, mediante capacitación y apoyo financiero los agricultores pueden crear sus bases de recursos. Por este motivo creemos que los gobiernos africanos y los donantes bilaterales deberían ampliar sus inversiones en programas que otorguen a los agricultores los conocimientos necesarios para producir de manera sostenible cultivos a largo plazo, especialmente árboles. Prácticas asequibles como la plantación de cultivos en hileras, el correcto desmalezado y la aplicación de fertilizantes en microdosis además constituyen métodos comprobados para aumentar de forma espectacular la producción de los cultivos.

Dado que se espera que los efectos del cambio climático se agudicen en los próximos años, los pequeños agricultores de África deben prepararse para un futuro más turbulento. Estados Unidos históricamente ha sido el mayor donante del mundo para los programas mundiales de seguridad alimentaria pero, gracias al presidente Donald Trump, el futuro de dicho liderazgo resulta incierto. Si bien las iniciativas globales de seguridad alimentaria cuentan con el apoyo de ambos partidos en el Congreso estadounidense, el presupuesto de ayuda exterior propuesto por la Administración Trump recomienda profundos recortes de fondos para estos programas.

Considerando que Estados Unidos apoya las exenciones, los gobiernos, fundaciones, donantes institucionales y profesionales médicos de África y Europa deben estar preparados para intervenir y ayudar a los agricultores africanos a construir una resiliencia a largo plazo. Invertir en agricultura es la manera más eficiente de mejorar la seguridad alimentaria en África, y al mismo tiempo garantiza que las personas situadas en la primera línea de la lucha contra el cambio climático puedan mantener economías prósperas y entornos sostenibles y saludables.

El África subsahariana solo puede abordar las causas subyacentes del hambre a través de una planificación cuidadosa y siguiendo el ejemplo de países como Etiopía. Si bien la seguridad alimentaria es un problema complejo de resolver, prevenir futuras hambrunas no debería serlo.

Stephanie Hanson es vicepresidenta senior de Políticas y Colaboraciones de One Acre Fund.

Whitney McFerron es escritora y editora de One Acre Fund.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Copyright: Project Syndicate, 2017. www.project-syndicate.org

Fuente: elpais.com

miércoles, 14 de marzo de 2018

La cultura, el conocimiento y la sinrazón del hombre.

Imagen de Dariusz Klimczak.


Por Oscar Guerrero

Cuando Immanuel Kant propuso que el talento y las diversas creaciones están obligadas a rendirle tributo a la moral seguramente no se imaginaba que el hombre sería capaz de concebir en un tiempo relativamente corto sus propias armas de autodestrucción.

Reflexionar en torno a esta premisa nos aproxima a lo que en algún momento sostuvieron los intelectuales de la Escuela de Frankfurt: “La misma razón que defendieron los enciclopedistas como símbolo de libertad y justicia, ha hecho que el hombre creara la bomba atómica”. Semejante sentencia podría inducir a que algunos despotricaran de esa cuestionada razón.

Sin embargo, las connotaciones de este punto de quiebre rumbo a la barbarie más se vinculan a las reflexiones de Gabriel García Márquez en su célebre conferencia ¨el cataclismo de Damocles¨. En aquella oportunidad, Gabo se refirió a un estudio realizado por UNICEF basado en el cálculo para resolver los problemas esenciales de los 500 millones de niños más pobres, incluidas sus madres. El costo de este programa equivale a la compra de cien bombarderos estratégicos B-1B.

Indudablemente generaciones de científicos, literatos y artistas colaboraron en una amplia gama de planes gubernamentales que a menudo recortaban las libertades y los años de sosiego en poblaciones civiles.

Podríamos recordar por ejemplo al filósofo alemán Martin Heidegger cuando asumió el cargo de Rector de la Universidad de Friburgo siendo militante del partido nacionalsocialista nazi. Una misión cumplida que inició la carrera hacia la sin razón humana la protagonizaron científicos liderados por Robert Oppenheimer que trabajaron en el proyecto Manhattan de desarrollo de las primeras armas atómicas de la historia. En el mismo rubro el sentido común coloca a Albert Speer, arquitecto del nazismo y a escritores aduladores de la corona británica cuando ésta se dedicaba a ultrajar los derechos humanos más elementales en sus dominios de ultramar. Por último, el escritor italiano Luiggi Pirandelo se inscribió en el selecto grupo de celebridades que solía visitar al dictador Benito Mussolini.

En contraposición a lo anterior, es tan absurdo negar la naturaleza humana en cuanto a sus anhelos de progreso, como acusar a quienes engrandecen las maravillas del pasado –y en algunos casos las superan–, de egocentrismo académico al servicio de proyectos malévolos. Las mentes más lúcidas del planeta han contribuido notablemente a que mucha gente conozca la felicidad y se abra nuevos horizontes. ¿Qué hubiera sido de quienes nos fascinamos de la belleza que caracterizan a toda una gama de obras de arte, composiciones musicales, piezas teatrales y poemas del alma, si nunca hubiéramos podido conocerlos? ¿Acaso nunca hemos amado, no tenemos sentimientos, carecemos de humanismo?

Pareciera claro que la mejor manera de asimilar el conocimiento y luego aplicarlo con ética y sentido crítico es garantizando el acceso al universo de fuentes y bibliografía que se ha ido acumulando en los cinco continentes y a través de todos los tiempos. Quien aspire a convertirse en escritor, artista, científico, músico etc., está obligado a practicar la honestidad en su profesión. Y la honestidad lleva irremediablemente a realizar el cruce de información entre documentos y literatura antagónicos. Pero la realidad, lamentablemente, es otra.

Poco se habla en los colegios, institutos y universidades de sociedades avanzadas que se desarrollaron en regiones del globo donde se ubica China, India, Irán, gran parte de la Rusia asiática, Medio Oriente en su conjunto, algunos países de África y territorios que antaño conformaron la civilización eslava. Los sistemas educativos de naciones donde la investigación científica, la promoción del talento y la autonomía académica no importan, otorgan una desproporcionada relevancia al conocimiento que emana del mundo occidental. Esta dicotomía del saber y la presencia abrumadora de bibliografía ligada al pensamiento occidental en diversos campos del quehacer humano dificultan visualizar los logros más notables registrados en el conjunto del planeta.

Nadie puede negar los aportes de la cultura griega al mundo civilizado, como tampoco el conocimiento acumulado en las culturas más antiguas, incluyendo a Mesopotamia y Caral.

En tamaña verdad reside precisamente el reconocimiento de que para conocer “al otro” resulta imperativo acceder a la historia completa. El mundo es un lugar demasiado grande como para pretender monopolizar la validez del conocimiento y arte occidentales en perjuicio de otras cosmovisiones.

Dicho esto, se acepta que el surgimiento de la Ilustración y sus ideas progresistas en cuanto a la nueva perspectiva que se abrió para la comprensión de la vida en una sociedad con principios morales, justa y libre, creó las condiciones para que intelectuales de toda rama se realizaran a plenitud. Todavía se creía que la razón llevaría a la civilización a un estado de equilibrio y goce masivo donde cada pueblo podría conservar su mentalidad, lengua y tradiciones coexistiendo en paz.

Pero la misma naturaleza del poder y el control pronto se encargaron de limitar los márgenes en los que podía desenvolverse un artista conminándolo muchas veces a expresar una representación de la vida y la naturaleza a la medida de intereses políticos concretos.

Al ocaso de los históricos aportes dados a la humanidad por parte de los enciclopedistas europeos siguió una época confusa marcada por la restauración de formas de dominio monárquico. Nuevamente la creatividad sufrió los embates del absolutismo y, los autores se vieron condenados a proseguir sus actividades, colmados de angustias y al mismo tiempo esperanzas.

Ni la excesivamente publicitada bomba de hidrógeno, ni las armas biológicas, ni el control de las mentes por computadora, serán las últimas muestras de la estupidez humana. Todavía hay algo de tiempo para ver desfilar “ingeniosos proyectos” que desembocarán en el exterminio de nuestra especie. En suma, el sobrevaluado “ser civilizado” puede activar unas fuerzas tan destructivas que él mismo no podrá luego controlar.

Con todo y aún en las circunstancias más adversas los autores nunca dejaron de mostrar su compromiso con los problemas del tiempo que les tocó vivir. Como si ello fuera poco y para suerte de las generaciones que se han ido sucediendo, el deseo de sentar un derrotero hizo que intelectuales aclamados y anónimos aún vivan entre nosotros. Sus obras inmortales estarán siempre allí, cautivando una y otra vez a todos los amantes del arte, el estudio y la investigación.
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