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viernes, 7 de junio de 2013

Sextorsión y redes sociales.


Por: Lydia Cacho

¿Cómo entender que tu hija de 10 años aparece masturbándose en una página de pornografía infantil si nunca salió de casa y nadie la abusó físicamente? Eso se pregunta una madre que escribe a mi blog, angustiada sin saber qué hacer. Como ella hay millones de madres y padres que se preguntan qué pueden hacer ante ese agujero negro que es el ciberespacio, donde lo mismo se rescatan niñas raptadas o niños robados gracias a la efectividad de solidaridad tuitera, que se cometen grandes delitos. Lo cierto es que en el mundo entero apenas comienzan los debates legislativos y la elaboración correcta de los conceptos sociológicos, antropológicos, psicológicos y jurídicos que conforman estos nuevos fenómenos culturales. En esa discusión tiene que estar todo el mundo, sí, pero mínimamente informado. 

Veamos a qué están expuestas nuestras hijas e hijos. Después hablemos de qué papel juegan las autoridades y quienes educan a niñas, niños y jóvenes.

Sexting: fusión de las palabras sexo y texting (envío de mensajes). Es el acto de tomar y enviar fotografías o videos a través de dispositivos móviles, tabletas o por correos electrónicos, mediante Internet. Generalmente el sexting parte de un acto voluntario, pero se han documentado muchas filmaciones bajo presión entre novios o amigos. Involucra a personas adultas y a menores de edad. La mayoría de estas fotografías y videos terminan circulando ampliamente en redes sociales, incluso sin que las y los involucrados lo sepan. En algunos casos, como el de la concejala española, un sexting que envió por correo electrónico terminó en los medios de comunicación porque su técnico de Internet robó el video. La Organización Mundial de la Salud calcula que una gran cantidad de niñas y jóvenes se convierten en víctimas de sextorsión luego de que su relación afectiva termina y el video queda en manos de su ex pareja enojado o celoso.

Sextorsión: fusión de la palabra sexo y extorsión. Consiste en el acto de chantajear por diferentes vías a niñas y jóvenes que han sido fotografiadas desnudas. También se le llama grooming (que en inglés significa acicalar) y consiste en establecer, desde la impostura, un vínculo de amistad vía chat con niñas, niños o jóvenes para obtener su información personal y forzarles a actos en contra de su voluntad. Caso: un hombre ruso de 29 años que personificaba a una directora de agencia de modelos, contactó a 450 niñas de entre 8 y 13 años por chat, Twitter y Facebook; les propuso conectarse vía webcam (cámara que interconecta dos computadoras en vivo) pidiendo que se pusieran en ropa interior para verlas y convertirlas en grandes modelos. Ya con esas fotografías, comenzó a extorsionarlas advirtiendo que si no hacían ciertas cosas ante la cámara (masturbarse, desnudarse, etc.), él expondría esas fotos en su escuela acusándolas de prostitución y humillación pública. La sextorsión también se da entre adultos jóvenes y parejas gay. La mayoría de los extorsionadores son varones, porque la cultura fustiga la sexualidad de las mujeres y de los chicos gay, y exponer un acto privado se convierte para ellas y ellos en una humillación que incluso ha llevado a adolescentes a suicidarse. Existen varios casos documentados sobre adolescentes que graban encuentros sexuales sin que el o la otra lo sepa, y posteriormente le chantajean para tener más sexo. Ellos en su mayoría hacen sexting como parte de un ritual machista de colonización sexual de niñas y adolescentes. La sextorsión forma parte del ciberbullying. Este es un gran video que deben ver todas las familias con sus hijas e hijos:

Ciberbullying: contracción de dos palabras en inglés: Ciber (de griego kiberneticus: el arte de gobernar una nave), y bullying, que en español es hostigamiento u acoso psicológico y/o físico. El hostigamiento a través de la navegación de medios tecnológicos (Internet y diversas formas de mensajería telefónica) consiste en agredir, humillar, extorsionar, amenazar o exponer al escarnio de terceros a una persona, generalmente menor de 21 años. Esta forma de violencia explícita es real y no “virtual”, ya que virtual significa irreal, aparente o fuera del ámbito de lo concreto. Esta forma de violencia es más efectiva en personas de menos de 18 años, e incluye también el hackeo o intervención de cuentas de correo o redes sociales para obtener información personal de la víctima, y exponerla en su círculo cercano o estudiantil. Se han documentado muchos casos de este hostigamiento a través de falsas páginas para buscar parejas.

Ciberpornografía infantil: el acto de filmar a personas consideradas legalmente menores de edad (entre 16, 18 y 21 años dependiendo del país) en actos sexuales explícitos, tanto con personas menores como mayores de edad. Hay un gran debate en que las y los legisladores mezclan el sexting voluntario entre dos menores de 18 años, con la pornografía infantil filmada por adultos en actos de violación, tanto de bebés como de infantes y adolescentes, para fines comerciales o de promoción de la pedofilia y de la explotación sexual infantil, que puede constituir el delito de trata de personas. Ejemplo: el caso en que una pareja de jóvenes de 14 años filmaron su primer encuentro sexual y, por impericia, el niño lo compartió con la niña vía Whatsapp, sin entender cómo el videomensaje llegó a todos sus contactos de Whatsapp y eventualmente terminó en el Facebook de un pedófilo. Las autoridades acusaron a la chica y el chico por el delito de pornografía infantil, tipificado así: “La pornografía infantil significa toda representación, por cualquier medio, de un niño o niña, involucrado en actividades sexuales explícitas reales o simuladas, o toda representación de las partes genitales de un niño o niña, con fines primordialmente sexuales“.(1) Cada vez más países legislan sobre este tema sin ser capaces de desentrañar la especificidad de los casos; de allí que se está castigando penalmente de manera absurda a niños y niñas por actos voluntarios. En España y Estados Unidos se persiguen más casos de sexting que de pornografía infantil adulta en el que se perpetran violaciones y raptos y su consiguiente difusión por redes sociales.

Lo cierto es que la creciente difusión de casos de pornografía infantil y de sexting –que son dos cosas muy diferentes– ha generado pánico moral a nivel mundial. De allí que, sin pasar por un proceso de educación integral de las niñas, niños y adolescentes, se les convierte en delincuentes gracias a los vacíos conceptuales, así como a leyes creadas a partir de una inexplicable fobia y/o negación de la sexualidad activa de adolescentes y preadolescentes.

Las más recientes discusiones que hemos presenciado respecto a la tipificación y persecución de delitos cibernéticos, nos demuestran que hay mucho camino por andar. Que debemos evitar a toda costa seguir utilizando la justicia penal contra menores de 18 años sin antes explorar nuevas vías de intervención preventiva.

Por ejemplo, el Comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón y Kalb, creó un centro de atención para recibir denuncias y quejas de la ciudadanía a través del número de emergencia 088 y de cuentas de Twitter y Facebook que son atendidas por 200 asesores. La Comisión Nacional de Seguridad (CNS) informó que el “Centro de Atención del Comisionado” (CEAC) recibe a través del 088 y de las cuentas @CEAC_CNS y Facebook CEAC CNS los reportes ciudadanos las 24 horas del día los 365 días del año. Aseguran que allí mismo se pueden denunciar los casos de pornografía infantil que circulan en Twitter, Facebook y otras redes sociales. Sin embargo, hay un vacío grave: no cuentan con un equipo especializado para discernir entre los actos arriba mencionados. Además, la mayoría de los perfiles de Twitter de pornografía infantil incluyen fotos cuyo envío significa cometer el delito que se denuncia. Lo mismo sucede con miles de perfiles en redes sociales especialmente Facebook.

Se puede, en todo caso, enviar sólo el nombre a la cuenta de @CEAC_CNS, por ejemplo: “URGENTE: denuncio caso de pornografía infantil, sujeto comparte material explícito en @Yosisoypedofilo”. Ninguno de los 200 asesores que capturan la información son parte de la ciberpolicía especializada y de los casos muestra que yo misma he denunciado por esa vía, todos los perfiles siguen activos, incluidos los de Facebook en que un mexicano de Veracruz se fotografía violando bebés.

Sin duda a la autoridad sí le interesa detener la pornografía infantil. Es cierto que las y los pocos ciberpolicías que existen, tanto federales como del Distrito Federal y Veracruz, hacen su mejor intento; sin embargo, están totalmente rebasados por el fenómeno y atados de mano por la confusión en la tipificación de delitos, así como por el inmenso número de sextings de sexo consensual de menores que circula en Internet, que muchas personas denuncian también. Ni el DIF en todo el país, ni las procuradurías locales han recibido la capacitación para determinar cuando verdaderamente se está dando un delito, en general, según he documentado en casi todo el país, les mueve el pánico moral y la ignorancia, que surge a su vez de lo que hemos dicho: la falta de claridad conceptual.

El peligro que enfrentamos navegando en esta confusión, radica en convertir a las personas adultas en enemigas de las y los jóvenes, que mientras comienzan a practicar la sexualidad consensuada y gozosa, perciben injustamente el ejercicio de sus derechos sexuales como un delito y eso les puede llevar a un espacio de mayor opacidad y peligrosidad. En ese irresponsable laberinto quienes ganan territorio son los pedófilos y reales ciberpornógrafos, quienes circulan a la velocidad de los guepardos, mientras las autoridades, padres, madres y magisterio van detrás a paso de cangrejo. Por si fuera poco hay quienes insisten en el absurdo de censurar el uso de redes sociales e impulsar el espionaje de Estado. Pero esa no es la respuesta.

Hace falta reunir de forma proactiva los importantes esfuerzos aislados que llevan a cabo las organizaciones civiles, junto con aquellos de las ciberpolicías, así como de las empresas que manejan redes sociales. No sin antes revisar los códigos penales y resarcir los errores que se han cometido al “modernizarlos” plagados de galimatías, producto de la mezcla entre ignorancia, el miedo y la buena voluntad.


@lydiacachosi 1. Artículo 2(c) del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas [UN Optional Protocol to the Convention on the Rights of the child] de 2002 relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX

Fuente: ApiaVirtual

lunes, 29 de abril de 2013

Zara: ropa hecha por esclavos.


Por 
Lydia Cacho
Fuente: Emeequis

Si usted compra en Zara seguramente trae puesta ropa fabricada por explotadores que infringen la ley.

Hay dos opciones: la primera es preguntarse qué puede hacer para que la fábrica de ropa y calzado a la que usted y millones de personas compran en México y otros paísesrespete las leyes y no sea parte de las redes de tratantes de costureras empobrecidas.

La segunda es ignorar que cada vez que compra, usted colabora en el fortalecimiento de la explotación laboral en nuestro continente. La primera opción puede transformar el mercado esclavista, la segunda seguramente lo perpetuará.

Cómo sacar a los tratantes de personas del negocio, mandarlos a la bancarrota, pero paralelamente lograr que esas personas que vivían esclavizadas tengan opciones laborales dignas y con derechos respetados.

Ése es el título de una de las mesas de debate del último foro sobre trata de personas y mano de obra esclava en el mundo. David Batstone habló de la importancia que tiene ir más allá del boicot a las maquiladoras esclavistas, y lograr que las propias empresas contraten sólo fábricas que respetan la ley, los tratados sobre derechos humanos, derechos laborales y leyes que penalizan la explotación de nacionales, migrantes en tránsito o migrantes irregulares en el mundo.

La colaboración entre organizaciones civiles que investigan y denuncian estas prácticas, y los medios de comunicación, es vital para cerrar el paso a los multimillonarios que van por el mundo sorteando leyes y firmando contratos con explotadores profesionales que coadyuvan al empobrecimiento obrero.

Tal es el caso de Amancio Ortega, dueño de Grupo Inditex (Zara), el español cuya fortuna vale 73 mil millones de dólaresForbes lo ubicó como el tercer hombre más rico del mundo, según documentó sin embargo.mx.

El propietario de las 56 tiendas Zara y las 51 Bershka en México ha sido evidenciado por Fundación Alameda, una de las organizaciones de activistas antitrata más efectivas de Latinoamérica.

Esta organización interpuso tres denuncias contra Zara por contratar maquiladoras clandestinas en Argentina, donde las y los trabajadores nacionales y de Bolivia son explotados.

Ortega no es el único multimillonario que ante las leyes laborales de su país terciariza la producción de su ropa y calzado en países donde las leyes son laxas y la pobreza enorme.

Los abogados del emporio de Amancio Ortega aseguran que ignoraban que la ropa se confeccionaba en talleres clandestinos, pero la evidencia demuestra que es por la falta de regulación que logran mayores ganancias.

El modelo económico de muchos países, incluidos México, Argentina, India, Camboya y Vietnam, entre otros, avala la explotación laboral en grado de esclavitud bajo el pretexto neoliberal de que es mejor ser esclavo que desempleado.

Lucas Schaerer, de Alameda, declaró que en su país hay alrededor de 3 mil talleres de esclavos, donde trabajan 30 mil obreros y obreras en pésimas condiciones, con jornadas de 16 horas, duermen hacinados en habitaciones sin ventilación donde cohabitan con niñas y niños pequeños.

Al personal de otros países se le mantiene en la clandestinidad, trabajando con una sola oportunidad de ir al baño. En muchos casos les retienen sus identificaciones para que no puedan salir del local en que duermen, comen y trabajan.

La Fiscalía Antitrata de Argentina ha recibido denuncias de esclavitud contra 110 empresas textiles de 2005 a 2013. Entre las empresas que reiteradamente se mudan de un país a otro una vez descubiertas están Adidas, Puma y Zara.

Se pagan cuatro pesos por prenda terminada
 (lo que al mes asciende más o menos a 2 mil 400 pesos mexicanos). Las y los costureros carecen de derechos laborales y prestaciones, y en muchos casos viven temerosos de que su patrón les denuncie ante la autoridad migratoria si no se someten.

La evidencia judicial demuestra que Zara viola la ley, sin embargo la empresa sigue operando.

Mientras tanto activistas de Alameda recibieron amenazas de muerte. Eso mismo sucede con maquiladores abusivos en México.

Zara tiene denuncias en 12 países, entre los que destacan Marruecos, Turquía y Brasil.
 Grupo Inditex cuenta con 6 mil 9 tiendas en 87 naciones con sus marcas Zara, Pull & Bear, Massimo Dutti, Bershka, Oysho, Zara Home, etcétera.

Cuando los responsables de maquiladoras que sí cumplen con estándares internacionales antitrata se suman para presionar a las secretarías del trabajo en sus países, limpian el mercado.

Tres cosas se pueden hacer: denunciar y presionar a la autoridad; cambiar nuestro consumo hasta que las empresas esclavistas cambien; avisar en redes sociales de lo que la o el cliente puede hacer para impulsar mejores prácticas empresariales, y promover el consumo ético: le pagamos a quien paga bien. Ni más ni menos.

(Cimacnoticias).
Twitter: @lydiacachosi
www.lydiacacho.net

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Cárcel a clientes de prostitución.


Lydia Cacho / CIMAC
Uno de cada tres hombres italianos es consumidor de prostitución según un estudio reciente. Es uno de los países en que la explotación sexual de las mujeres está más que asimilada socialmente.

Desde cardenales y congresistas hasta el exprimer ministro Silvio Berlusconi, han sido y son grandes clientes de la industria de la prostitución “fina, exótica y discreta”, que en su caso es considerada un elemento de estatus similar a portar zapatos Ferragamo debajo de la sotana o el pantalón.
Las mujeres prostituidas son una especie de accesorio que fortalece la masculinidad, tal como lo demostró en sus últimos escándalos Berlusconi.
Sin embargo, algo que está sucediendo tal vez en una década haga que los italianos se cuestionen la normalización del sexismo promovida por el Hugh Hefner de la política europea.
Hace unos días la Asamblea Nacional de Francia, que durante décadas avaló la reglamentación de la prostitución, votó por una resolución de principios que promueve su abolición para dejar atrás la hipócrita persecución y discriminación de las mujeres que están supuestamente protegidas por el Estado, pero atrapadas en un contexto de desprecio social, chequeo sanitario y extorsión de padrotes y clientes.
La idea de congresistas tanto socialistas como conservadores es proponer una ley abolicionista que castigue hasta con dos meses de cárcel a los hombres que buscan tener sexo pagado. Es decir imitar el modelo de Suecia, Noruega e Islandia, donde a las mujeres se les dan opciones educativas, laborales y de vivienda (las tres razones por las cuales millones permanecen en contextos de prostitución y explotación sexual).
Lo interesante de esta propuesta francesa es el argumento de fondo. No se basan en una discusión de pánico moral al estilo estadunidense, sino en un asunto de discriminación y cultura, tanto hacia mujeres como hacia hombres. Leyó usted bien, hacia hombres.
Consideran que la “noción de la sexualidad masculina irreprimible  reenvía una concepción arcaica de la sexualidad humana”, y argumentan que “dada la violencia inherente a esta actividad la práctica no puede ser asimilada equiparándola a una actividad profesional”.
Según los estudios llevados a cabo por el propio Congreso “las personas en situación de prostitución son en su mayoría víctimas de explotación sexual y otras formas de discriminación”.
Los clientes que generen mercado (fortalecen el comercio con intermediarios que buscan el tipo de mujeres que el cliente exige: jóvenes, latinas, negras, asiáticas, etcétera) recibirán una sentencia judicial de dos meses y una multa de 3 mil 750 euros, que irán a un fondo para la igualdad de las mujeres en situación vulnerable.
Según el Ministerio del Interior, en Francia hay unas 20 mil mujeres en el comercio sexual; en 1990 el 20 por ciento eran  francesas, pero en 2011 más del 95 por ciento son nigerianas, rumanas, chinas, búlgaras y latinas. En la medida en que las políticas de igualdad avanzaron en Francia, menos mujeres se vieron forzadas a prostituirse como medio de supervivencia.
Llama la atención que las y los congresistas reconozcan que hay un vínculo directo entre la regulación de la prostitución y el fortalecimiento de las mafias de tratantes.
Lo mismo que en Alemania, Escocia y Holanda, se comienza a discutir que hay una falacia detrás de la legalización de la prostitución como profesión libertaria. No ha hecho más que favorecer el machismo, a las mafias y a las redes de explotación. En Suecia antes se traficaban entre 12 y 14 mil mujeres cada año, en 2011 se han detectado de 200 a 400 casos en 12 meses.
Lo interesante en el caso de Francia es que el foco se pone en los hombres. No solamente como clientes, sino también como víctimas de valores culturales que durante siglos les han metido a punta de clichés, argumentando que son incapaces de establecer vínculos de intimidad, de controlar y gozar su sexualidad sin ejercer violencia o cosificar a otra persona para poder tener un encuentro erótico.
La diputada socialista Danielle Bousquet espera que el debate de la prostitución se salga de los trillados tabúes y argumentos de “lo que fue debe ser”.
Académicas francesas esperan que avance hacia el tema de igualdad, que pasa necesariamente por un debate nacional de hombres con hombres sobre el ejercicio del poder en la sexualidad y el derecho de las y los niños a ser educados de una forma no sexista y con un erotismo más libre y sano.
Mientras tanto resulta alentador el giro en la discusión; ya hacía falta enfocarse en los valores culturales que subyacen en la mercadotecnia de la esclavitud, tanto ideológica como física y política.
Fuente: ApiaVirtual
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martes, 27 de septiembre de 2011

Ellas no están en venta.






Lydia Cacho 26/09/2011

Hace tiempo entrevisté a un médico que hizo su fortuna haciendo cirugías estéticas para el Cartel de Cali. Famoso entre los narcos por su eficiencia para poner implantes de senos a más de tres mil jovencitas “novias” de sus clientes. Para él, como para miles de hombres en el mundo, estas jóvenes cooptadas por la delincuencia organizada eran casi objetos desechables. Los entrevistados durante mis investigaciones sobre trata de mujeres en Latinoamérica, esgrimían como argumento central la justificación de la violencia sexual que comienza en el hogar y que se reproduce socialmente. Cantidad de adultos consideran que si una niña ya fue abusada por algún familiar o violada por un extraño se convierte en un objeto “usado”, y pasa a formar parte de los miles de víctimas potenciales de otras formas de explotación que, sin protección y atención especializada, sin recursos emocionales y culturales para entender los procesos de normalización de los abusos y el control de abusadores con poder (desde criminal hasta político o simplemente económico), quedan abandonadas por la sociedad. Aunque no todas las víctimas de trata vivieron abusos infantiles, el mecanismo de justificación sexista aplica a todos los casos, más cuando los enganchadores son novios violentos.

Y es que uno de los subproductos que generó la narcoguerra en Colombia fue la normalización de la explotación sexual de mujeres de entre 12 y 21 años. Mientras el gobierno se obsesionaba con un discurso monotemático sobre las toneladas de cocaína, los tráilers cargados de armas y el número de capos detenidos, la sociedad, abrumada por la violencia sistémica, por las extorsiones y las muertes de periodistas, jueces y empresarios, se resguardaba en sus hogares o buscaba estrategias culturales para alejar a las y los jóvenes de las adicciones.

Mientras tanto los cuadros medios de la delincuencia organizada entretejieron un poderoso discurso sobre el glamour de la prostitución de jóvenes. Bailarinas, novias de narcos, actrices de pornografía adolescente, modelos de calendarios nudistas. Chicas contratadas como modelos forzadas luego a ser “mulas” para transportar drogas y edecanes para conciertos organizados por los narcomenudistas, quienes promovían las drogas sintéticas y el crack. Y por supuesto el mercado de bares de table dance incrementó en más de 300%, acompañados de la promoción de prostitución en casas de juego clandestinas.

Si algo podemos hacer en México, es aprender las lecciones que la guerra en Colombia dejó al mundo. Evidenciar la violencia, la corrupción y la debilidad del Estado es sin duda una obligación de los medios. Tomar medidas para crear una cultura de derechos humanos en el ámbito familiar, empresarial y político es tarea de toda la sociedad. Al final del día es lo único que permitirá reconstruir el tejido social luego de que las balas callen y el negocio de la guerra deje sus dividendos a políticos y mafias mexicanas y norteamericanas.



Hace un mes formé parte de una red que rescató a AR, una adolescente de Tamaulipas que fue embaucada por Facebook por una red de tratantes norteños. Encontrarla no fue tan difícil, la fortaleza de la madre se convirtió en motor de inspiración, el rescate fue complejo por la protección de los jóvenes tratantes que aunque no pertenecen a ningún cártel, han sabido construir una red criminal similar a la de Sin tetas no hay paraíso. Pero tal vez una en mil adolescentes mexicanas cooptadas por tratantes tiene la suerte de ser rescatada y protegida.

Nadie absolutamente le habló a AR de trata de personas, ni de los peligros y los métodos utilizados por los enganchadores en redes sociales, fiestas y escuelas. Lo cierto es que si hubiera tenido herramientas, las posibilidades de caer en la trampa inicial habrían sido mínimas.

Ciertamente hay muchas cosas que no están en nuestras manos en cuanto a la terrible situación que se vive en México, pero la prevención sí lo está. Si usted lee noticias sobre el incremento de la trata de mujeres y cree que no puede hacer nada, se equivoca; darles herramientas a las niñas y jóvenes que le rodean es factible, posible, efectivo y puede evitar la glamourización de la prostitución adolescente como la colombiana.

Un ejemplo de opciones prácticas puede encontrarse en el sitiowww.yonoestoyenventa.org en el que se ofrecen herramientas para hablar con las niñas y adolescentes sobre estos temas.


Fuente: Chacatorex