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martes, 10 de junio de 2014

La Iglesia y los carismas según San Pablo.



Joseph Comblin, sacerdote y teólogo belga-brasilero

Las cartas de Pablo revelan lo que era la Iglesia en las comunidades fundadas por él más o menos 20 años después de la muerte de Jesús. La comunidad cristiana está comenzando y tiene todos los privilegios de la infancia.
Debemos considerar las epístolas que son realmente de s. Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, 1 Tesalonicenses, Filipenses, Filemón. Las otras fueron escritas después de la muerte de él y varias fueron escritas 30 ó 40 años después de la muerte de él por discípulos de él. Pero estos discípulos cambiaron la eclesiología, con certeza porque las mismas comunidades habían cambiado. El principal cambio es la presencia de ministros permanentes encargados de dirigir la comunidad, presbíteros y diáconos que no fueron establecidos por s. Pablo. De la misma manera los Hechos de los Apóstoles presentan a un Pablo bien diferente del Pablo de las cartas. Es el Pablo al cual se atribuyen todos los cambios que ocurrieron entre la muerte de él y la redacción de los Hechos. El autor de los Hechos no conoció a Pablo ni las cartas de él. Acepta tradiciones populares y agrega discursos y episodios que representan la teología de él y no la teología de Pablo. 

1.- El pueblo de Dios
Debemos mantener que el concepto básico de la eclesiología de Pablo es el concepto de pueblo de Dios. El concepto de pueblo no es sociológico. Consulté tratados de sociología y pude ver que en la sociología no se trata del pueblo porque pueblo no es categoría sociológica, no es algo que se pueda observar. Pueblo es una categoría teológica porque es un ideal proyectado como promesa hecha a Abrahán.

Para Pablo los discípulos de Jesús son la continuación del pueblo de Israel. Los jefes de Israel traicionaron las promesas hechas a Abrahán y abandonaron el verdadero Israel. El verdadero y definitivo Israel está en las comunidades de discípulos de Jesús, judíos y gentiles. Pues las promesas de Abrahán no se dirigen a una pequeña porción de la humanidad separada del resto. La descendencia de Abrahán debía envolver todo el mundo siendo innumerable. Los judíos levantaron barreras e impidieron la entrada de todas las comunidades étnicas separadas de los judíos. Todo eso está en los cap. 9 a 11 de Romanos, exposición fundamental de la eclesiología de Pablo.

Pablo no pretende convertir individuos, quiere extender el pueblo de Dios hasta la extremidad del mundo porque ese es el plan de Dios revelado a Abrahán. Jesús vino para realizar ese plan de Abrahán. Por eso fue muerto. Pero después de él los discípulos rompieron las barreras y fueron al mundo entero y el pueblo de Dios contiene judíos y no judíos. Jesús no vino para salvar almas sino para refundar la descendencia de Abrahán, rompiendo las barreras y asumiendo él mismo la dirección de ese pueblo.

Un pueblo envuelve la totalidad de la vida humana. Jesús no vino para enseñar una religión o una sabiduría, sino para cambiar toda la vida. Todo forma parte del pueblo: economía, política, cultura, vida corporal, desde la comida hasta el uso de los recursos naturales. Todo eso forma el pueblo. Los discípulos tienen por misión inaugurar ese pueblo que será el pueblo de Dios, integrando todos los otros pueblos en la unidad del proyecto de Abrahán. Hay lugar para todos porque no hay más barreras. Jesús suprimió todas las barreras que procedían de una cultura, de una porción de la humanidad, de un modo de vivir, de algunos jefes de los judíos cerrados en sí mismos y separados de los otros pueblos. Los jefes de Israel hacían casi imposible la entrada de los paganos porque levantaban obstáculos casi intransponibles. Ahora el pueblo está abierto y Pablo piensa que en poco tiempo va a envolver a la humanidad entera.

Las comunidades paulinas y los otros discípulos llamados por otros apóstoles constituyen el inicio de este pueblo ahora libre y abierto. Numéricamente son insignificantes pero la fe de Pablo consiste en esto: ver en ellos el comienzo de una nueva humanidad reunida en una única convivencia en que toda la diversidad se une en el amor y en la solidaridad..

2. La “ekklesía” (Iglesia).
En el inicio, los discípulos de Jesús no creían necesario dar un nombre a su reunión. Eran judíos, miembros del pueblo elegido de Israel. Dentro de Israel ellos eran los seguidores del camino de Jesús. Esperaban el reino de Dios anunciado por Jesús. El reino no vino. Apareció más distante que lo previsto. El concepto de reino de Dios fue transferido para el día en que se realizaría realmente el fin de este mundo y el advenimiento del nuevo, esperado como gran milagro de Dios. Aparecía un tiempo intermediario. Los discípulos no podían esperar simplemente ese día bastante distante. Vivían en la tierra, la vida terrestre continuaba. Fue necesario darse un nombre sobretodo cuando entraron paganos convertidos y los discípulos se distanciaron de la ortodoxia judaica.

Pablo dio a sus comunidades un nombre que era común a todas y expresaba la unidad entre todas. Pablo adoptó el nombre de”ekklesía”. Era genial porque esa palabra era muy significativa.

La palabra “ekklesía” tenía un solo significado. Era la asamblea del pueblo reunido, del “demos”, para gobernar la ciudad. No tenía otro significado. Tomando esa palabra Pablo sabía muy bien lo que hacía. No escogió ningún nombre religioso. Había asociaciones religiosas de diversos tipos en aquel tiempo en las ciudades griegas. Pero Pablo sabía que no venía a establecer en la ciudad una religión, un culto. La religión, el culto no interesaban. Para Pablo el culto de los discípulos de Jesús era su vida. Pablo venía para llamar a todos para formar un pueblo. Las comunidades de una ciudad representaban un pueblo, el pueblo de Dios en esa ciudad. Eran el verdadero pueblo, formando el verdadero “demos” aunque fuesen todavía una minoría insignificante. Pero Pablo miraba lejos con una fe invencible. Allí estaba el pueblo, en esa asamblea de los discípulos que era la asamblea del pueblo.
Las comunidades eran un pueblo que formaba “ekklesía”, esto es se gobernaban a sí mismos, sin jefes, sin personas que mandaban. Era la verdadera realización del ideal griego de ciudad. Los discípulos formaban entre ellos una auténtica “democracia” realizando el ideal nunca alcanzado por los griegos que admitían la esclavitud y la división de clases.

La verdadera traducción de “ekklesía” debía ser “democracia”. En cada ciudad los discípulos de Jesús forman una democracia. Sin embargo no hubo traducciones: en latín tomaron la palabra griega que perdió su sentido: “ecclesia”, lo que en castellano fue transformado en “iglesia”. La palabra “iglesia” no significa nada, no dice nada. Se transformó en el nombre de una institución.
Quien está en la Iglesia católica puede percibir hasta qué punto nos alejamos de los orígenes cristianos. Hoy quien considera que la Iglesia es y debe ser una democracia, será condenado como hereje. Estamos exactamente en el extremo opuesto de las comunidades cristianas primitivas.

En la “democracia” cristiana todos eran iguales, todos podían hablar, todos podían intervenir en las decisiones tomadas por la asamblea. Era realmente el advenimiento de la libertad, el núcleo de un nuevo pueblo, de una nueva humanidad. Las comunidades no se reunían para hacer un culto, para practicar una religión, sino para convivir unos con los otros en la fraternidad de un pueblo de iguales. Vivir juntos era la razón de esas reuniones. Había naturalmente una comida en común porque vivir juntos es comer juntos.

Lo que más se aproxima a la “ekklesía” de los orígenes, fueron las llamadas comunidades eclesiales de base, una realización de la cual no se tenía más noticia desde la edad media aunque fuese realizada en ciertas iglesias reformadas, sobretodo en los Estados Unidos.

3.- Los dones del Espíritu en las comunidades
La Iglesia, esa “democracia” forma una unidad, un solo cuerpo porque es el cuerpo de Cristo. Cada uno es un órgano de Cristo. El propio Cristo reúne todos sus miembros. Él une todos esos miembros por medio de los dones del Espíritu que son diversos. Cada uno recibe un don del Espíritu. El don es una capacidad para servir. Todos sirven a todos, todos están el servicio de todos. Así es la unidad. La unidad es hecha por el Espíritu.

Pablo dejó tres listas de dones o servicios que llama carismas. Las listas no son las mismas. No había catálogo oficial. Las comunidades no debían ser la copia de un modelo uniforme.
1 Corintios 12, 8-10: “A uno, el Espíritu da el mensaje de sabiduría; a otro, la palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro el mismo Espíritu da la fe; a otro todavía, el único y mismo Espíritu concede el don de las curaciones; a otro el poder de hacer milagros; a otro la profecía; a otro, el discernimiento de los espíritus; a otro el don de hablar en lenguas; a otro, el don de interpretarlas.”

1 Corintios 12, 28-30: “Aquellos que Dios estableció en la Iglesia son, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, doctores. Vienen enseguida los dones de los milagros, de las curaciones, de la asistencia, del gobierno y de hablar diversas lenguas”.
Romanos 12, 6-8: “Quien tiene el don de profecía, que lo ejerza según la proporción de nuestra fe; quien tiene el don de servicio, lo ejerza sirviendo; quien el de enseñanza, enseñando, quien el de exhortación, exhortando. Aquel que distribuye sus bienes, que lo haga con simplicidad; aquel que preside, con diligencia; aquel que ejerce misericordia, con alegría.”
No necesitamos aquí investigar cuál era el contenido concreto de cada uno de esos dones. Lo que nos importa es que todos los miembros tienen un papel en la comunidad. Si alguien preside, no es para mandar, sino para reunir. En las comunidades paulinas nadie manda, nadie impone. Se realiza lo que dijo don Helder cuando llegó a Recife: aquí dos palabras son prohibidas: mandar y exigir.

Naturalmente esas comunidades eran pequeñas y no necesitaban de mucha organización. Aparecían problemas, conflictos, rivalidades, pero esos problemas no se resolvían por la imposición de un jefe.
Pablo siempre reivindicó su calidad de “apóstol” por haber sido llamado por el propio Cristo, así como los Doce, aunque en circunstancias diversas y tiene autoridad para anunciar el evangelio. En su misión itinerante fue el fundador de muchas comunidades. Él reivindica la autoridad del padre de la comunidad, lo que le confiere una autoridad única.

Sin embargo, es importante ver como Pablo ejerce esa autoridad. No manda, no impone. Tenemos un testimonio muy significativo en 2 Corintios. Como es bien sabido, la 2 Corintios no es una sola carta, sino una colección de cartas integradas en un conjunto. Es fácil reconocer las varias cartas. 2 Corintios contiene 5 cartas que todas se refieren a un incidente que ocurrió en Corinto.
Cuando Pablo estaba en Éfeso, estalló una crisis en Corinto. Alguien contestó la autoridad de Pablo y lideró un grupo de opositores ( 2 Corintios 2, 5-6). Pablo corrió a Corinto. La visita de él fue breve y no tuvo ningún resultado. Por el contrario, el jefe de la oposición insultó al propio Pablo y lo desafió abiertamente. Pablo prefirió retirarse y esperar mejores condiciones para iniciar una estrategia diferente en vista a una reconciliación.

Desde Éfeso, Pablo escribió una carta exhortando a los discípulos de Corinto a reconciliarse con él. Esta carta está en 2 Corintios 2, 14 – 7, 4. Era una carta de apología. No era la primera, porque en 2 Corintios 2,3.4.9 Pablo menciona una carta escrita en lágrimas. Algunos pensaron que podía ser 2 Corintios 10-13, pero esta no parece haber sido escrita con emociones tan fuertes. Si no es esa, la carta en lágrimas está perdida. Con certeza la carta en lágrimas fue el momento culminante de la crisis.
Entonces Pablo envió a Tito a Corinto para ver si él conseguía resolver el problema, esto es que los Coríntios reconociesen la autoridad apostólica de Pablo. La misión de Tito fue un éxito total. Viajó para anunciar esa noticia a Pablo. Éste ya estaba tan impaciente que salió de Éfeso para ir al encuentro de Tito. Ellos se encontraron en la Macedonia, probablemente en Filipos. Pablo quedó tan alegre que escribió y mandó a los Corintios la carta de reconciliación, 2 Corintios 1,1 – 2,13; 7, 5-16.

Una vez hecha la reconciliación Pablo quiso retomar el asunto de la colecta para los pobres de Jerusalén, lo que había sido una iniciativa de los Corintios, pero había sido abandonada cuando estalló el conflicto. Pablo mandó dos cartas para hablar de esa colecta e insistir. Quiso exhortar a los Corintios para estimularlos. Son los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios.
Este episodio es muy interesante. Pablo podía haber invocado su carácter de apóstol para imponerse. Podía haber proferido una sentencia de condenación a los rebeldes, o hasta de expulsión de la comunidad. Prefirió el camino del diálogo con el fin de conseguir una reconciliación.

Hoy en día llama mucho la atención el hecho de que no hay ninguna ordenación. Cada uno recibe su carisma directamente del Espíritu. El carisma es aceptado porque el discípulo muestra su capacidad. Nadie es designado para un oficio particular. La espontaneidad basta para resolver los problemas de la vida comunitaria. No faltan los dones del Espíritu. Las comunidades eran pequeñas. No había ninguna organización formal.
También llama la atención el hecho de que no hay ningún ministerio o ningún carisma de tipo litúrgico o cultual. Hoy en día las ordenaciones y los ministerios litúrgicos o cultuales ocupan el primer lugar en la Iglesia católica hasta el punto de apagar los dones de la comunidad. En Corinto nadie fue ordenado para bautizar. Nadie fue ordenado o designado para presidir la celebración de la eucaristía, ligada a las comidas comunitarias. Preside la eucaristía, o sea, distribuye el pan la persona que preside la comida. Es la persona que en las comidas hace la oración de acción de gracias.

Esta situación corresponde al hecho de que no hay culto litúrgico en las comunidades cristianas. Todo el culto del Antiguo Testamento desapareció y fue sustituido por un culto hecho de realidad y no de símbolos. De ahora en adelante el templo son los propios discípulos en su cuerpo. En ellos habita Dios (1 Corintios 3, 9-17).
No hay más sacrificios cultuales. Los sacrificios son la vida corporal de los discípulos, sus actividades inspiradas por el Espíritu (Romanos 12,1; Filipenses 3,3). Sacerdotes son todos los discípulos que ofrecen su vida de cada día vivida en su cuerpo 
No hay nada litúrgico. La liturgia es la vida real… Más tarde la influencia del Antiguo Testamento y de las religiones paganas hizo que los cristianos se diesen también un culto litúrgico hecho de símbolos. Entonces van a aparecer ministros ordenados para ese culto. Después de Constantino hubo un desarrollo radical de culto litúrgico y de sus ministros. La Iglesia sé clericalizó y los carismas desaparecieron, por lo menos de la conciencia de los cristianos y de las estructuras oficiales de la Iglesia.. En el tiempo de Pablo nadie imaginaba sacerdotes ordenados para un culto. Los ministerios eran servicios reales parar la comunidad o para los pobres.

4. La Iglesia pobre 
El tema de la pobreza es fundamental en la eclesiología de Pablo. Digamos luego que el tema de la Iglesia pobre de Pablo no tiene nada que ver con el tema contemporáneo de la opción preferencial por los pobres. Quien hace opción por los pobres sólo puede ser rico.. La Iglesia que hace esa opción, es una Iglesia rica. Esta es de hecho la condición de la Iglesia católica hoy en día. Cuando los obispos de Medellín hicieron opción por los pobres, sabían que eran ricos y representaban una Iglesia rica. Querían responder al desafío que representa la condición de obispo rico que se dice sucesor de apóstoles que eran pobres. 
Pablo hace una larga exposición de ese tema de la pobreza en 1 Corintios 1,17 – 2,16 y 3, 18-23. El tema de la pobreza está ligado al tema de la cruz. Pablo anuncia a Jesús crucificado y su eclesiología deriva de ese tema básico. La pobreza suprema es la cruz. La cruz es la situación de la peor degradación humana, es la total impotencia. Por eso ella es objeto de vergüenza. Ser crucificado es la mayor vergüenza. Es el desprecio, el rechazo, objeto de escarnio: la cruz reduce el ser humano a una basura.

Ahora bien, Dios escogió la cruz, la basura, el escándalo, la vergüenza para crear la nueva humanidad. Esa cruz está presente en los pobres. Dios escogió lo que es lo más despreciado en la humanidad. Por eso escogió a los pobres. Los pobres son los elegidos para iniciar la caminata de la liberación de la humanidad. Los pobres son escogidos porque son rechazados, maltratados, reducidos a la impotencia. Dios escoge lo que es más débil para mostrar que su fuerza actúa por medio de aquello que es “más débil”. La comunidad de Corinto es un ejemplo de esa manifestación de su poder creador.. En Corinto hay pocos ricos y la comunidad está hecha esencialmente de pobres ( 1 Corintios 1,26).
La Iglesia según s. Pablo es esa Iglesia de los pobres que era el sueño de Juan XXIII.

Hay una insistencia especial en la pobreza cultural.Dios rechazó la sabiduría de los sabios y escogió la locura de la cruz. Locura quiere decir debilidad intelectual, pobreza de cultura. No necesitamos de la ayuda de la filosofía griega. La verdadera sabiduría es la sabiduría de la cruz. Es la sabiduría de los pobres. 

Pero la pobreza es naturalmente también material. Tenemos una descripción de esa pobreza material en la descripción que Pablo hace de su vida. Pues él mismo en su misión fue una muestra de la sabiduría de la cruz. “Estuve en medio de vosotros lleno de flaqueza, recelo y temblor; mi palabra y mi predicación no tenían brillo ni artificios para seducir a los oyentes, pero la demostración residía en el poder del Espíritu para que ustedes creyesen, no por causa de la sabiduría de los hombres, sino por causa del poder de Dios” (1 Corintios 2,3-5) Ahora, he aquí la pobreza material: “Nosotros somos locos por causa de Cristo; y ustedes, ¡cómo son prudentes en Cristo! ¡ Nosotros somos débiles, ustedes son fuertes! ¡Ustedes son bien considerados, nosotros somos despreciados! Hasta ahora pasamos hambre, sed, frío y malos tratos, no tenemos un lugar seguro para vivir; y nos agotamos, trabajando con nuestras propias manos. Somos maldecidos, y bendecimos; perseguidos, y soportamos; calumniados, y consolamos. Hasta hoy somos considerados como la basura del mundo, el estiércol del universo” ( 1 Corintios 4, 10-13; cmp. 2 Corintios 11, 16–12, 10).

Si consideramos los 2000 años de la historia de la Iglesia, ¡cómo no quedar asustados por la enorme distancia que nos separa de los orígenes! A pesar de todo, siempre hubo un resto, una pequeña minoría que fue fiel a los orígenes y comunidades pobres que oyeron el mensaje de locura de la cruz. Al lado de ellos hubo tanta riqueza, tanto poder que ocultaban el evangelio.! 
En la conquista de América hubo algunos misioneros que reprodujeron el modelo de Pablo: los dominicanos de la isla Española, los franciscanos de México central, los jesuitas de las misiones guaraníes. Al lado de eso, todo el poder y la riqueza de una Iglesia ligada a los conquistadores. Hasta hoy, cuántas tentaciones de poder!

Se habla de una gran misión en América latina. Pero esta Iglesia que somos ahora, ¿qué puede anunciar a las masas pobres de América latina? ¿Qué autoridad tiene esa Iglesia que busca tanto el poder? La gran misión sólo podría ser una gran conversión de la Iglesia. Esa conversión sería obra de los pobres de América latina. La Iglesia no tiene nada que enseñar y todo por aprender. La verdadera Iglesia está en medio de los pobres como Iglesia crucificada, sin sabiduría humana, sin prestigio, sin edificios, sin teología, sin diplomas universitarios, realmente el estiércol del mundo, ignorada y despreciada. Allí está la cruz de Cristo que nosotros no sabemos enseñar.
Esta es la gran lección que nos viene de s. Pablo. ¡Es una locura, pero podemos tratar de ser locos!

José Comblin

jueves, 23 de agosto de 2012

El Pueblo de Dios según Comblin.


Redacción de Atrio, 23-Agosto-2012

Los temas sobre el pueblo -o la sociedad alternativa de iguales- están muy activos, desde diferentes ángulos, en ATRIO, sobre todo en los últimos meses, por la crisis, lalectura de Marcos y la de-construcción del tinglado de la ICAR. A alguien le puede interesar disponer de un texto que de manera orgánica desarrolle todo el tema de pueblo, pobres e Iglesia. Lo hizo en sus últimos años José Comblin (1923-2011) en este libro El Pueblo de Dios (260 pp.) que hoy ofrecemos a todos en doble formato: PDF y WORD(Pinchar en la versión que interese, para imprimir o guardar en carpeta y leer en pantalla). Y, como adelanto, reproducimos sólo tres breves párrafos del libro, el ÍNDICE y la CONCLUSIÖN:

Tres citas claves del libro El Pueblo de Dios

1.- Los puritanos consiguieron conquistar el poder en Inglaterra — fue la Revolución de los santos en Inglaterra. Esta Revolución que duró de 1640 a 1660, fue la primera gran manifestación del concepto de pueblo en la historia de Europa. Durante 20 años los puritanos gobernaron a Inglaterra en nombre del pueblo. Rechazaron la monarquía de derecho divino y la Iglesia anglicana jerárquica unida al rey. El gran líder puritano Baillie decía: “El pueblo y el país deben limpiarse para ser un pueblo elegido de puros, digno de su gran misión; deben crear un nuevo cielo y una nueva tierra. La fe religiosa se torna política: el reino de Dios se convierte en una realidad total sobre la tierra. Al servicio de Dios, los hombres crean una nueva sociedad y cambian radicalmente las relaciones sociales; construyen una ‘comunidad de santos’, una democracia inspirada. En la comunidad, en la asamblea del pueblo habla el Espíritu Santo por la boca de los nuevos conductores del pueblo y de los que están poseídos por el espíritu de la totalidad” (páginas 45-46)

2.- Se atribuye a la influencia de san Vicente el famoso discurso de Bossuet sobre la eminente dignidad de los pobres. Vale la pena recordar las palabras de Bossuet, porque muestran que, en pleno triunfo del absolutismo monárquico, y en pleno triunfo de la contra-reforma católica, no se perdió la conciencia de la realidad de la verdadera Iglesia: “Construir una ciudad que fuese verdaderamente la ciudad de los pobres sólo podía ser cosa de nuestro Salvador y de la política del cielo. Esta ciudad es la santa Iglesia. Y si ustedes me preguntan por qué la llamo la ciudad de los pobres, diré la razón por medio de la siguiente proposición: La Iglesia, en su plano original, fue construida solamente para los pobres, y ellos son los verdaderos ciudadanos de esta feliz ciudad que la Escritura llama Ciudad de Dios. Aunque esta doctrina les parezca extraña, no deja por esto de ser verdadera”… “En su fundación, la Iglesia de Jesucristo era una asamblea de pobres, y si los ricos eran recibidos en ella, se despojaban de sus bienes al entrar y los colocaban a los pies de los apóstoles, para entrar en la ciudad de los pobres (que es la Iglesia) con el sello de la pobreza” (página 157)

3.- En su Catecismo socialista Luis Blanc comienza con esta pregunta: “¿Qué es el socialismo?” Y responde: “Es el evangelio en acción” (página168)

INDICE


3 INTRODUCCIÓN


10 CAPITULO 1. EL PUEBLO DE DIOS EN EL VATICANO II

10 1. Los textos

13 2. La realidad humana de la Iglesia

20 3. La realidad ecuménica del pueblo de Dios.

24 4. La promoción de los laicos en el pueblo de Dios



32 CAPITULO 2. LA HISTORIA DEL CONCEPTO DE PUEBLO DE DIOS

32 1. El modelo jerárquico anterior al Vaticano II

35 2. La “otra” Iglesia

50 3. El retorno a los orígenes



55 CAPITULO 3. EL PUEBLO DE DIOS EN AMERICA LATINA

55 1. La teología del pueblo de Dios en América Latina

56 2. El pueblo de Dios y la Iglesia de los pobres

66 3.La Iglesia de los pobres en proceso



72 CAPITULO 4. LA VIRADA DEL SINODO DE 1985

72 1. La teología del cardenal Ratzinger

73 2. La teología del Sínodo

78 3. Las ambigüedades del concepto de “comunión”



83 CAPITULO 5. LA IGLESIA COMO PUEBLO

83 1. El alcance de la elección del tema pueblo de Dios

92 2. El pueblo: comunidad de vida integral

98 3. El pueblo: comunidad de destino

102 4. El pueblo y sus mártires

111 5. El pueblo y su cultura

118 6. El pueblo en el tiempo



124 CAPITULO 6. EL PUEBLO COMO SUJETO

124 1. La afirmación del pueblo como sujeto

128 2. El pueblo: sujeto de la historia

132 3. El pueblo en la escatología

136 4. El pueblo es libertad

141 5. El pueblo es alianza



148 CAPITULO 7. EL PUEBLO DE LOS POBRES

150 1. La búsqueda de los pobres de Jesucristo

154 2. La Iglesia para los pobres

159 3. La defensa de los pobres

163 4. La conciencia de los pobres

165 5. El pueblo de los pobres




177 CAPITULO 8. EL PUEBLO DE DIOS DENTRO DE LOS PUEBLOS

179 1. Lo que la Iglesia recibe de los pueblos

189 2. Sobre la inculturación

194 3. Lo que la Iglesia da a los pueblos



201 CAPITULO 9. EL ACTUAR DEL PUEBLO DE DIOS EN EL MUNDO

201 1. La búsqueda del actuar del pueblo de Dios

205 2. Las condiciones del actuar como pueblo de Dios

210 3. El actuar del pueblo de Dios en el pasado

216 4. Experiencia de la praxis latinoamericana



223 CAPITULO 10. EL PUEBLO DE DIOS Y LA INSTITUCIÓN

224 1. Debate del Vaticano II sobre el lugar de la jerarquía en el Pueblo de Dios.

230 2. La participación del pueblo en la liturgia después del Vaticano II

233 3. La presencia del pueblo de Dios en el gobierno de la Iglesia

240 4. La participación del pueblo de Dios en el magisterio

244 5. La relación entre el clero y el pueblo

252 6. Clero y laicos en América Latina


255 CONCLUSION

CONCLUSIÓN

Hay un texto de I. Ellacuría que expresa claramente la cuestión de la Iglesia de los pobres, o sea, la cuestión del pueblo de Dios, en América Latina: “El problema real no consiste, en su plano fundamental, en una oposición entre una Iglesia estructurada con su propia corporeidad histórica y una Iglesia desarticulada y espiritualista, sino entre una Iglesia que con el poder social e incluso político se pone en relación de conveniencia con otros poderes sociales y políticos y esa misma Iglesia que, como pueblo de Dios unificado por el Espíritu y hecho cuerpo en la historia, se pone directamente al servicio del Reino: una Iglesia seguidora de Jesús.

En esa Iglesia seguidora de Jesús hay obispos, tal vez haya conferencias episcopales, hasta incluso una conferencia general de obispos como Medellín.
Hay congregaciones religiosas, parroquias, cartas pastorales, etc. Esta Iglesia siempre estuvo viva, contribuyó y contribuye a la liberación de los más oprimidos.

Pero existe la otra vertiente de la Iglesia, la Iglesia mundana y secular, que se configura según los poderes y los dinamismos de un mundo de pecado, que vive de espaldas al pueblo de Dios. Cuando se rechaza la Iglesia institucional, es esta Iglesia mundana la que se rechaza, y se rechaza con razón .

Vale la pena notar que el autor usa la expresión “pueblo de Dios” solamente cuando habla de la Iglesia de los pobres, y se siente incapaz de usar la misma expresión cuando habla de la Iglesia prisionera de los poderes del mundo. De hecho, solamente la Iglesia de los pobres puede tener conciencia de ser pueblo de Dios. Una vez que la consideración se aleja de los pobres, la expresión “pueblo de Dios” se torna irrelevante, vacía de contenido. Quien vive como pueblo son los pobres, o por los menos solamente ellos tienen condiciones para ser pueblo de Dios. Los otros son fieles, “laicos”, individuos aislados, cada uno contribuyendo para su salvación eterna.

Entre las dos vertientes, la Iglesia debe escoger, definirse. No definirse ya quiere decir haberse definido. Si guarda silencio, es señal de que escogió la alianza con los poderes. Quien está con los poderosos nunca reconoce que está con los poderosos: se queda callado, porque no puede o no quiere decir que está con los pobres.

Por eso la expresión “pueblo de Dios” es tan importante. Ella significa una opción, la opción de Medellín. Quien está con los poderes no puede tener una preocupación por el pueblo. No necesita del pueblo y el pueblo incomoda su vida. Quiere ser el mismo, de acuerdo con el modelo neoliberal, y nada más. Pueblo quiere decir realidad humana corporal, materia, histórica, angustia y esperanza. Quien tiene poder ve en el pueblo solamente un sujeto que limita la libertad individual, la libertad de los poderosos, que es dependencia de la voluntad de poder.

No podemos tener la ilusión de pensar que la Iglesia toda podría hacer la opción por la vertiente de los pobres. Basta que esa Iglesia de los pobres pueda subsistir. Desde el inicio del cristianismo existen las dos vertientes, y ellas van a permanecer hasta el fin del mundo. Sin embargo, el desafío es no desanimarse nunca y continuar luchando para la conversión permanente de la Iglesia, justamente porque sabemos que esa lucha durará hasta el fin de los siglos.

Lo que se esperaría del próximo pontificado [escrito antes de 2005 y B16. ¡Qué desilusión tuvo el buen José y muchos con él!] sería una mayor aproximación de la Iglesia con el pueblo de Dios: una Iglesia de los pobres. Para fundamentar esto, ¿sería demasiado esperar a alguien con la visión de mundo de Juan XXIII?

Fuente: ATRIO