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miércoles, 18 de octubre de 2017

El FMI insta a subir impuestos a los más ricos para frenar la desigualdad.


El FMI, organismo económico que defiende los intereses del gran capital internacional, empieza a expresar una cierta inquietud por los riesgos que la situación de creciente desigualdad social puede suponer. Así afirma: “Algo de desigualdad es inevitable en una economía de mercado, pero una desigualdad excesiva puede hacer desmoronarse la cohesión social, conducir a una polarización política y, en última instancia, reducir el crecimiento económico”. Fiscalidad progresiva (que paguen algo más los ricos) y renta básica (que, a diferencia de los salarios, los paga el Estado y no los empresarios) son algunas de las recetas que empiezan a barajar.

La desigualdad económica ha crecido en los tres mayores países del mundo: China, India y EEUU, por lo que es importante recurrir a una “fiscalidad progresiva”, incluido el aumento de impuestos a las rentas más altas y la renta básica universal, que favorezca la redistribución, indicó el FMI.

“Es importante enfatizar que la desigualdad ha crecido en los mayores países del mundo: China, India y EEUU”, dijo Vitor Gaspar, director del Departamento de Asuntos Monetarios del Fondo Monetario Internacional (FMI), en rueda de prensa.

Aunque precisó que la “desigualdad entre países se ha reducido”, Gaspar advirtió de que el “desequilibrio de ingresos en el seno de los países, especialmente en los avanzados, ha aumentado notablemente en los últimos 30 años”.

A juicio del Fondo, esta creciente brecha de ingresos tiene peligrosos efectos.

“Algo de desigualdad es inevitable en una economía de mercado, pero una desigualdad excesiva puede hacer desmoronarse la cohesión social, conducir a una polarización política y, en última instancia, reducir el crecimiento económico”, subrayó el informe fiscal.

Para atajar esta tendencia, el Fondo señaló que “una fiscalidad y transferencias progresivas son componentes claves para una redistribución más eficaz”, y destacó que “hay espacio fiscal en los países avanzados a aumentar los tipos impositivos máximos en las rentas más altas”, sin que ello frene el crecimiento económico.

Gaspar puso como ejemplos exitosos los programas de transferencia condicionada de dinero adoptados en Brasil y México.

Además, reconoció como un “debate importante” el de la renta básica universal, que ofrecería un salario continuo a los ciudadanos.

Este opción puede ayudar a reducir “significativamente la desigualdad y pobreza”, pero el Fondo matizó que sólo es aconsejable en un contexto de amplios recursos fiscales.

El informe financiero del Fondo se da a conocer en el marco de la asamblea anual del organismo en Washington, y donde se revisaron al alza las previsiones de crecimiento global al 3,6 % este año y 3,7 % en el próximo en un ambiente de marcado optimismo.


sábado, 4 de febrero de 2017

Proteccionismo versus globalización.


Manfred Nolte 

La globalización, que no es sino un neologismo de lo que los clásicos de la economía quisieron instruir acerca del libre comercio y la libre circulación de factores, y que hoy se traduce en una creciente integración de los países del planeta añadiendo a la de bienes y capitales, la libertad de la información, se somete en estos momentos a la ley del péndulo de la opinión pública mundial –y ha pasado a ser, en apenas unos meses, de heroína del progreso, del crecimiento y del bienestar mundial a villana a la que se atribuyen todos los males de la crisis, del estancamiento de las economías desarrolladas, de la creciente desigualdad económica y de la injusticia social.

En particular se ha incluido como soflama principal en el librillo de los movimientos populistas de todo índole hasta el punto de que constituye un raro patio de vecindad donde se congregan ideologías dispares que apenas tienen por lo demás nada en común. El descrédito de la globalización conviene a radicales de izquierdas y a extremistas de derechas, a nacionalistas explícitos o encubiertos, a xenófobos racistas intransigentes, a involucionistas de diversa filiación. Con ellos conviven otros agentes menos revanchistas y más moderados, aquellos que convienen que si bien la globalización ha sido en el pasado una fuente innegable de progreso y bienestar, ha sesgado su trayectoria beneficiosa, que en la actualidad es necesario enmendar o refundar. Sea como fuere nos ubicamos en el tránsito de la percepción de un fenómeno que de una indiscutible positividad ha pasado a ser una política cuestionada y para muchos, como se ha dicho, fundamentalmente desacreditada.

El rechazo de la globalización conduce de forma natural a otra política, ampliamente utilizada en circunstancias históricas pretéritas como es el proteccionismo –un concepto decimonónico ya olvidado- y en su versión más tajante el aislacionismo. Si abrir nuestras puertas a terceros, bien sea en materia de tráfico de mercancías, de servicios, de capitales o de personas, se ha vuelto contra nuestros intereses, cerraremos dichas esclusas en la medida en la que nos convenga para restablecer el equilibrio quebrantado y restituir el bienestar de los nacionales de un país o del segmento particular de una sociedad que ha sido vulnerado. El último episodio de carácter global tuvo lugar en los años treinta del siglo pasado y fue protagonizado por el Presidente Hoover. Para combatir la gran crisis del 29 Hoover enrocó a Estados Unidos en una vorágine de aranceles y cupos que no solo ahondó la crisis nacional sino que condujo a la ruina a todos sus socios comerciales. La dinámica de la acción-reacción condujo a los socios comerciales de Estados Unidos a represaliarse con análogas medidas tarifarias y proteccionistas. Como consecuencia de todo ello la economía americana cayó un 25% en un plazo de cuatro años, y con ella la de las grandes potencias occidentales. La llegada al poder del demócrata F.D. Roosevelt revirtió las consecuencias deflacionistas del proteccionismo y puso a Estados Unidos y a la economía mundial rumbo a una nueva era de crecimiento.

El delirio proteccionista ha rebrotado en nuestros días con virulencia de la mano del UKIP y una mayoría del pueblo británico. Pero sobre todo y con particular estruendo y una mímica desproporcionada de la mano del recién nombrado líder de los Estados Unidos, el Sr. Donald Trump. El particular boletín oficial del estado del mandatario americano que constituyen sus redes sociales no ha escatimado proclamas en demérito y demonización de la globalización. Por la fisuras de la globalización se habrían colado en Norteamérica todos sus acérrimos enemigos. Ante este descarado caballo de Troya –siempre según Trump- “tenemos que proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, atracando nuestras compañías y destruyendo nuestros puestos de trabajo. La protección conducirá a una gran prosperidad y fortaleza, siguiendo dos simples reglas: compra ‘americano’ y contrata ‘americano’. Recuperaremos nuestras fronteras, recuperaremos nuestros trabajos, recuperaremos nuestros sueños. Vamos a reconstruir nuestro país con manos americanas, con mano de obra americana. La riqueza de nuestra clase media ha sido arrebatada de sus hogares y distribuida por todo el mundo. Eso es el pasado”.

El gran bofetón que el mandatario americano propina al librecambismo –supresión de acuerdos, deportaciones, vallas etc.- obliga a evidenciar aspectos del máximo interés para todos los ciudadanos del mundo, porque a todos afecta hoy en día lo que suceda en la primera potencia económica y militar del planeta.

El primero, que todos los segmentos de la población mundial han ganado con la globalización. Branko Milanovic y su ya estelar ‘curva del elefante’ han hecho inventario de los últimos treinta años: la media global del PIB per cápita del periodo creció un 25%. El veinte por ciento de los más pobres un 40%. El cinco por ciento de los más ricos un 60%. El 60% de la población de los países emergentes un 70%. Y el intervalo entre el 75 y el 90% de los más favorecidos, las clases medias occidentales, apenas un 5%.

El segundo consiste en el recordatorio de que la globalización ha sido muy beneficiosa también para los países pobres y en desarrollo. Fijémonos que es Estados Unidos y no México quien repudia la globalización. Los cientos o miles de empleos que la industria automovilística americana ha prometido crear a punta de pistola del Sr. Trump serán otros tantos cientos o miles que dejarán de crearse en México o en otros centros de coste más bajo y más competitivo para la exportación. Añádase a este argumento el efecto de las deportaciones en términos de provisión de puestos de trabajo. A los doce millones de mexicanos que residen en Estados Unidos hay que sumar una comunidad de origen mexicano de algo más de 30 millones.

El tercero, que las desigualdades registradas dentro de los países no tienen su causa directamente en la globalización sino en la falta de competencia de los gobiernos de turno para formar mano de obra capacitada (ganadores) en detrimento de la mano de obra no capacitada (perdedores de la globalización).

El cuarto, que a pesar de que la clase media americana ha ganado muy poco con la globalización, su paro es virtualmente inexistente y su nivel de vida es de los más altos del mundo, un 50 por ciento superior al de Europa o Japón. Por otra parte la tecnología americana domina el planeta, su industria financiera es puntera y sus universidades lideran el ranking mundial de notoriedad.

Finalmente, recordar que la retórica de ‘America first’ (primero, América) tiene el tufillo de una declaración de guerra económica. Pero el proteccionismo unilateral no contemplará un escenario de terceros países con los brazos cruzados. El mundo de hoy está íntimamente relacionado y la exposición exterior de la balanza de pagos de Estados Unidos es muy significativa. A la guerra de contingentes puede unirse otra de divisas. Como ha señalado la Canciller Merkel nadie puede ganar la batalla del proteccionismo. Tampoco Estados Unidos.

sábado, 5 de marzo de 2016

La desigualdad económica en el mundo.



Roberto Torres Collazo

Adital

La desigualdad ha aumentado en el mundo ha declarado el reciente informe de Oxfam. En el 2010 las riquezas estaban en manos de 388 personas y en el 2015 las mismas pasaron a los bolsos de 62 personas. Estas poseen tanta riqueza como 3,600 millones, la mitad de la población mundial.
El informe Oxfam también ha demostrado recientemente que apesar de que la mitad más pobre mundial emite alrededor de 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, son las personas más pobres quienes viven en zonas más vulnerables al cambio climático que sufren las peores consecuencias. En otras palabras, las desigualdades económicas están relacionadas con el cambio climático.

El informe explica los posibles factores que nos han llevado a esta situación. Señala a los salarios que se han estancado y el de los altos ejecutivos se han disparado.
La mayoría de los trabajadores de todo el mundo peor remunerados son las mujeres. La globalización financiera, el fundamentalismo del mercado, los paraísos fiscales que son ciudades o paises donde las grandes coorporaciones-multinacionales guardan sus fondos libres de impuestos. La evasión fiscal y los cabildeos que llevan a cabo las poderosas empresas para obtener privilegios fiscales así como para frenar el avance de alternativas energéticas más limpias y sostenibles. La corrupción, falta de regulaciones del sector financiero, las privatizaciones, entre otros, son factores que han contruibuido a las desigualdad económica.

Los factores son síntomas, no la causa. A nuestro juicio, el principal causante es el sistema capitalista mundial dirigido desde Washington, las coorporaciones-multinacionales, la banca y en el Fondo Monetario Internacional donde se ha organizado la economía mundial para beneficios de unos pocos, mientras las mayorías sufren.

No son pocos los gobiernos que se someten a sus intereses. Por mucho tiempo se nos dijo que el neoliberalismo, la máxima extensión del capitalismo, nos beneficiaría a todos. Y que las crisis económicas son parte de ciclo económico, pero resulta que ha a partir de crisis del 2007 la crisis se ha globalizado.

Desde 1990 hasta el 2010 se redujo la pobreza extrema, lo cual fué positivo, no obstante, si durante ese periodo de tiempo la desigualdad dentro de los paises no hubiese aumentado, otros 200 millones de personas habrían salido de la pobreza, una cifra que podría haberse incrementado hasta alcanzar 700 millones de personas si las personas más pobres se hubiesen beneficiado más del crecimiento económico que los sectores más pudientes.
Hay que fundar una nueva economía sostenible y solidaria. Solidaria que responda la mayoría de las personas y no para beneficios de unos pocos. No se puede poner parches a la economía vigente.
En la mitología griega, la Hidra de Lerna era un terrible monstro de múltiples cabezas. De nada servía cortalas, porque una y otra vez volvían a brotar. Para acabar con Hidra, Hércules tuvo que lanzarle una flecha en el corazón. No se puede reformar la actual economía, si no cambiar la economía mundial. Una economía que sea sostenible.
En la Isla de Pascua, en el pacífico sur, sus habitantes se dedicaron durante generaciones a talar sus bosques para edificar enormes y sofisticadas estatuas, los moai. La desforestación de la isla llevó a su colapso ecológico y humano: sin árboles, no podían por ejemplo, construir canoas para ir a pescar. Esto último podría pasar a gran escala si no cuidamos la tierra.
Roberto Torres Collazo
Portorriquenho residente em Boston e comentarista internacional


2. Desafíos de la cuarta revolución industrial

por Carlos Ayala Ramírez

Adital
OPINIÓN
27.01.2016
[ Mundo ]

Recién acaba de finalizar el Foro Económico Mundial, que anualmente reúne a jefes de Estado, grandes empresarios y agentes financieros, y premios Nobel; es decir, personas que tienen poder para incidir en la conducción política, económica y social del mundo. Este año, el tema central del encuentro fue la cuarta revolución industrial, que, según Klaus Schwab, fundador y director del Foro, cambiará fundamentalmente la manera de trabajar y de comunicarnos.

Se trata de la Industria 4.0, en la que la producción será totalmente automatizada, conectada y coordinada por computadoras. Como se sabe, el término fue acuñado por el Gobierno alemán para describir un tipo de fábrica donde todos los procesos están interconectados por Internet.

Para los organizadores del Foro, los aspectos de mayor impacto de esta revolución a nivel de logística y de cadena de suministro serán la impresión en 3D, la robotización de los almacenes y la distribución de productos mediante drones. En consecuencia, el reto y objetivo del encuentro fue la búsqueda de soluciones al desequilibrio causado por el avance de las nuevas tecnologías y por la aparición de nuevos modelos empresariales.

En el Foro se habló también de cinco riesgos mundiales para el próximos año y medio: (1) falta de mitigación y adaptación al cambio climático; (2) armas de destrucción masiva; (3) crisis del agua; (4) migraciones involuntarias a gran escala; y (5) impacto del precio de la energía en los negocios.

Ahora bien, aunque los organizadores del evento hablaron de plantear respuestas frente a lo que ellos consideran son los grandes desafíos de la actualidad (léase baja inflación, hundimiento del precio del petróleo y disminución de la cotización de las materias primas, pasando por la crisis de refugiados europea y la expansión del terrorismo), las voces críticas y éticas han señalado otros temas y desafíos que no suelen ser centrales en la agenda de las élites mundiales, pero que afectan a millones de seres humanos, especialmente a los que viven en los países denominados “en desarrollo”, a los cuales se les exige una pronta e ineludible adaptación a las dinámicas que derivan del mundo rico.

Una de esas voces críticas es la organización Oxfam, que coincidiendo con el Foro Económico Mundial en Davos presentó su informe “Una economía al servicio del 1%”. En el documento se denuncia que los sistemas económicos están beneficiando cada vez más al 1% de la población más rica.

Según Oxfam, la desigualdad extrema en el mundo está alcanzando cotas insoportables. Actualmente, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta. El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha, dejando sin esperanza a cientos de millones de personas. Asimismo, el entramado mundial de paraísos fiscales permite que una minoría privilegiada oculte en ellos 7,6 billones de dólares.

Oxfam analizó 200 empresas, entre ellas las más grandes del mundo y las socias estratégicas del Foro Económico Mundial, y revela que 9 de cada 10 tienen presencia en paraísos fiscales. En 2014, la inversión dirigida a ellos fue casi cuatro veces mayor que en 2001.

Este sistema mundial de evasión y elusión fiscal está desviando recursos esenciales para garantizar el estado de bienestar de los países ricos, además de privar al resto de los recursos imprescindibles para luchar contra la pobreza, asegurar la escolaridad infantil y evitar que sus habitantes mueran a causa de enfermedades que pueden curarse con facilidad.

Desde un espíritu ético y profético, el papa se dirigió a los organizadores del Foro exhortándoles, en primer lugar, a no olvidarse de los pobres. Este es, según Francisco, el principal desafío de los líderes del mundo de los negocios. Señaló que “quien tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los más pobres para que puedan acceder también a una condición de vida acorde con la dignidad humana, mediante el desarrollo de su potencial humano, cultural, económico y social”.

Al referirse a los albores de la cuarta revolución industrial, manifestó que han sido acompañados por la creciente sensación de que será inevitable una drástica reducción del número de puestos de trabajo. La “financialización” y “tecnologización” de las economías, puntualiza el papa, han producido cambios de gran envergadura en el campo del trabajo: menos oportunidades para un empleo digno, reducción de la seguridad social, aumento de desigualdad y pobreza.

Frente a los profundos cambios que marcan época, Francisco propone a los líderes mundiales un reto y una necesidad. El reto, garantizar que la futura cuarta revolución industrial, resultado de la robótica y de las innovaciones científicas y tecnológicas, no conduzca a la destrucción de la persona humana— remplazada por una máquina sin alma— o a la transformación del planeta en un jardín vacío para el disfrute de unos pocos elegidos. Y la necesidad, crear nuevas formas de actividad empresarial que fomenten el desarrollo de tecnologías avanzadas y sean capaces de utilizarlas para crear trabajo digno para todos, sostener y consolidar los derechos sociales y proteger el medioambiente.

Finalmente, sentencia el obispo de Roma — en la más auténtica y genuina tradición cristiana —, es el hombre quien debe guiar el desarrollo tecnológico, sin dejarse dominar por él. Cuidar la casa común y la persona es lo primero.

Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA


3. ‘Es un mito creer que la gente va renunciar al consumismo’

Con Gilles Lipovestsky nace una nueva categoría de pensamiento donde el hiperconsumismo y el hiperidividualismo forjan una sociedad hipermoderna.

Gilles Lipovetsky, filósofo francés. Internacional

POR: Cristóbal Vásquez
febrero 25 de 2016 – 

¿Qué hay después de la posmodernidad? Según el filósofo francés Gilles Lipovetsky, la hypermodernidad. Una nueva categoría de pensamiento donde las opciones de identidad abundan y el rol de los medios, la publicidad, el consumo van formando una cultura hiperindividualista que plantea grandes retos al rol de la mujer, a la relación entre personas, la publicidad y a la sostenibilidad entre el consumo y la estabilidad del planeta, entre otros.

En diálogo exclusivo para Portafolio, el famoso filósofo, sociólogo y escritor francés habla sobre los retos de lo que cataloga como la Hipermodernidad, una sociedad llena de opciones y modelos.

¿Cuál es el rol de la mujer en lo que usted llama hipermodernidad?

El rol es nuevo porque durante toda la modernidad, las mujeres fueron excluidas de la esfera política y los ámbitos creativos más importantes. Entonces lo que podemos llamar la hipermodernidad es cuando las mujeres conquistan el derecho y la posibilidad de ocupar los mismos lugares que los hombres.

Pero, ¿qué retos tiene la mujer en su liberación?

La mujer hipermoderna quiere seguir siendo mamá pero al mismo tiempo ser exitosa en su vida profesional. Esta es una gran oportunidad para la humanidad porque ellas que son la mitad de la población del mundo van a convertirse en actores principales. La pregunta clave es ¿cómo van a acceder las mujeres a las verdaderas responsabilidades en el mundo empresarial? Creo que esto es posible si se transforman las lógicas de la organización.

No creo en el machismo, no creo que sea eso lo que impide que las mujeres sigan creciendo, pero en cambio sí creo que es la manera cómo funcionan las organizaciones. Estas son hechas para los hombres, no para las mujeres.

¿Se podría plantear la liberación femenina como vehículo para llegar al hiperconsumo?

El hiperconsumo es para todos: hombres, niños y viejos. Pero hay un verdadero problema, y las mujeres lo saben, con el tema de la autonomía y tiene relación con la belleza, ahí es diferente a los hombres. El 80% de las mujeres son las que compran normalmente. Por ende, el problema del hiperconsumismo se presenta efectivamente en el consumo de cosméticos, en todo lo que toque el cuerpo y la alimentación, y muchas mujeres se rigen por un prototipo de belleza en el que ellas no se reconocen.
“La belleza exige estar en forma, pero la mayoría de las mujeres fracasan en el intento y se culpabilizan”.


Ahí hay una contradicción porque el hipermodernismo es normalmente la multiplicación de los modelos y la inexistencia de los modelos estándar, menos uno, que es el de la belleza femenina. La belleza exige estar en forma, pero la mayoría de las mujeres fracasan en el intento y la mayoría de ellas se culpabilizan gastando grandes montos de dinero en esto.

Entonces nos encontramos con un case excepcional, porque en todas partes hay una diversidad de modelos, menos en los temas de belleza. En nuestro modelo cultural no se puede ser bella y gorda al mismo tiempo. No estoy seguro de que eso vaya a cambiar.

¿Es de una sociedad desorientada tratar de llenar sus vacíos por medio del consumo?

No, el consumo es más bien lo que viene a arreglar la vida desorientada. Una gran parte del consumo hoy es de tipo terapéutico. Cuando estamos deprimidos vamos al centro comercial, pero es verdad que también la lógica del hiperconsumo crea desorientación.
Por ejemplo en relación a la alimentación, hoy hay varios modelos, uno que dice que hay que comer sano, ligero, biológico, pero al mismo tiempo hay que darse placer. Es contradictorio y estresante.

A partir de esas contradicciones, ¿cómo podemos tener relaciones personales tranquilas?

Creo que podemos tener relaciones excelentes entre las personas. Simplemente que la sociedad hipermoderna no para de diversificar los gustos y las aspiraciones de la gente, por eso creo que hay toda cantidad de divorcios, por-que la gente cambia.

¿Por qué tanto cambio?

Porque somos una sociedad móvil con una oferta permanente y por ende no tenemos un lugar definitivo en la sociedad. Todo cambia y la gente cambia también; como todo cambia, la relación entre las personas no funciona. Esta es una de las razones por las que la gente vive u momento y después se separa.
“La manera como funcionan las organizaciones está hecha para los hombres y no para las mujeres”.


¿La sociedad de la información está afectando la forma de relacionarse entre personas?

Sí, la influencia, pero no tanto como lo dicen. Yo no creo en la idea de que la publicidad manipula. No creo en eso. La publicidad aporta muchas cosas y da muchas ideas y opciones, pero no manipula, eso no es verdad. Eso es algo erróneo que nos han vendido.

La publicidad nunca lo hará comprar algo que usted no quiere, nunca. Si a usted no le gusta esquiar, puede mirar mucha publicidad sobre los centros deportivos de invierno durante todo un año, pero no iría nunca de vacaciones.

¿Cree que hay un equilibrio entre el hiperconsumo y el mantenimiento del planeta?

Ese es el gran problema, evidentemente. Ahí hay dos opciones notablemente opuestas. Están los ecologistas radicales que consideran que vamos directamente hacia la catástrofe porque el planeta no podrá con 9 billones de consumidores en el mundo, entonces no podremos desarrollar un hiperconsumismo sostenible.

¿Cuál sería el otro extremo?

Hay posibilidades de actuar, hay que invertir enormemente en la investigación de energías renovables porque es un mito creer que la gente y las naciones van a renunciar al consumismo. Renunciar a esto es propio de naciones ricas, pero hay millones de personas que esperan abrir la puerta al consumismo y pedirles que paren el hiperconsumismo cuando ni siquiera han empezado a consumir es ilógico.

La India, los países africanos y los chinos no quieren sino eso. Es una ilusión creer que van a renunciar de manera racional. No hay otra opción que invertir el máximo de nuestras energías y inteligencia en sistemas de producción de energía limpia y reciclaje que nos permitan vivir sin austeridades imposibles de cumplir.

Cristóbal Vásquez

Fuente 1: Adital
Fuente 2: Redes Cristianas

martes, 2 de febrero de 2016

¿Tiene la desigualdad económica efectos en la justicia climática?

Foto: Colectivoeconomico

Considerando que el 99 por ciento de la población mundial no puede generar un nivel de riqueza y consumo como el que caracteriza al 1 por ciento más rico del planeta, es necesario pensar en alternativas de solución sostenibles, sostiene Antonio Peña Jumpa, luego de analizar un reciente informe sobre la desigualdad elaborado por la organización internacional Oxfam.

"(...) es indispensable que la extrema desigualdad económica se detenga. Es necesario abordar sus causas desde una perspectiva social y de justicia climática" indica el docente de la Universidad Católica del Perú.

"Una alternativa de solución es la rotación equitativa del capital y sus beneficios en el conjunto de personas que habita el planeta (...). Otra alternativa es la sustitución del capital como eje o motor de la economía mundial, por otro elemento o concepto como el trabajo, el prestigio o la solidaridad." concluye.

El informe “Una economía al servicio del 1%” difundido el 18 de enero ha sido criticado por el diario El Comercio en su editorial del 24 de enero, dando lugar a una serie de reflexiones sobre la necesidad de "superar el paradigma del desarrollo económico basado en la idea del crecimiento perpetuo de la economía de un país y del mundo" apunta Peña Jumpa.

A continuación el artículo de Antonio Peña Jumpa:



Vulnerabilidad económica y desastre global: Cómo la desigualdad económica tiene efectos en la justicia climática

Por Antonio Peña Jumpa*

31 de enero, 2016.- ¿Tiene la desigualdad económica mundial efectos en el cambio climático global? ¿Son las libertades económicas los instrumentos más eficientes para enfrentar la desigualdad económica y evitar la catástrofe climática que nos envuelve? ¿Está relacionada la desigualdad económica mundial con la justicia o injusticia climática?

Las anteriores preguntas surgen como reflexión tras la lectura del último informe temático de la Organización No Gubernamental (ONG) internacional OXFAM denominado “Una economía al servicio del 1%” (18 de enero de 2016), contrastada o criticada en la editorial de un diario de circulación nacional en el Perú (El Comercio del 24 de enero de 2016).

Si bien el informe y la crítica no tratan el tema del cambio climático, y menos de la justicia o injusticia climática, creemos que sus contenidos están muy bien relacionados con dicho tema.

Veamos a continuación la presentación del problema sobre la desigualdad económica descrita por OXFAM y criticada en la editorial del diario El Comercio, para luego absolver las preguntas relacionadas con la justicia climática.

El informe temático de OXFAM, basado en información cuantitativa de la entidad financiera Credit Suisse y otras entidades internacionales, denuncia lo siguiente:

“La desigualdad extrema en el mundo está alcanzando cotas insoportables. Actualmente, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 99% restante de las personas del planeta. El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha, dejando sin esperanza a cientos de millones de personas pobres. El entramado mundial de paraísos fiscales permite que una minoría privilegiada oculte en ellos 7,6 billones de dólares. Para combatir con éxito la pobreza es ineludible hacer frente a la crisis de desigualdad” (Resumen inicial del informe, ibídem).

Además OXFAM suma como datos específicos los siguientes:

- “En 2015, solo 62 personas poseían la misma riqueza que 3,600 millones [de personas] (la mitad más pobres de la humanidad). (…) en 2010 eran 388 personas.

- “La riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en 45% en apenas 5 años, algo más de medio billón de dólares (542.000 millones) desde 2010, hasta alcanzar 1,76 billones de dólares.

- “Mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo período, un desplome del 38%”

(OXFAM, ibid).

Frente a los datos presentados, la editorial del diario El Comercio asume una posición crítica, aunque simplemente argumentativa. Sus autores no cuestionan las cifras del informe de OXFAM, aunque asumen otra interpretación frente a la desigualdad y la pobreza considerando que son las libertades económicas los instrumentos más eficientes para reducir la pobreza. Una parte del texto editorial que resume esta interpretación es la siguiente:

“La idea de que la riqueza es un pastel ya dado y solo hace falta repartir en porciones ‘justas’ entre los miembros de una sociedad no ha hecho sino llevar a ciertos políticos y organizaciones no gubernamentales (ONG) a conclusiones equivocadas. El problema, por supuesto, es que aquellos que conceptúan la desigualdad como el principal catalizador de la pobreza suelen partir de la premisa de que la riqueza de unos es, necesariamente, consecuencia de la pobreza de otros.

(….)

“No es el caso, sin embargo, que la nueva riqueza haya ido a parar a los bolsillos de quienes ya eran los más pudientes, ni mucho menos que [aquella] pueda ser ‘absorbida’, como arguye el estudio [de la ONG OXFAM]. El capital, a fin de cuentas, no es una cantidad fija que pasa de mano en mano sino, por el contrario, es dinámico, por lo que el mercado premia a los emprendimientos y la creatividad de quienes permiten agrandar el pastel.

“Mark Zuckerberg, por ejemplo, es una de las personas más ricas del planeta y el artífice de un proyecto de acogida mundial: Facebook, cuyo valor hace poco más de una década era inexistente….” (El Comercio, ibid).

El texto citado de la editorial del diario El Comercio muestra una interpretación diferente del concepto de riqueza en la humanidad, y del origen y desarrollo del capital y la pobreza, pero no demuestra alguna diferencia respecto a los datos presentados por el informe de OXFAM.

En ella se suma como argumento que la pobreza no es producto de la desigualdad económica, por lo que sus autores descartan que los no ricos o pobres de hoy, en términos de OXFAM el 99% de la población mundial, sean la consecuencia del acrecentamiento de la riqueza de los ricos también de hoy, en términos de OXFAM el 1% de la población mundial.

Para ello, resaltan que el capital es tan dinámico que a través de los emprendimientos y la creatividad puede generarse más capital o riqueza y nuevos ricos.

Más allá de la discusión que podamos tener sobre la interpretación de las causas y desarrollo de la desigualdad económica y la pobreza del mundo, incluyendo al Perú, importa resaltar, como reconoce el mismo diario, que tal desigualdad extrema existe.

Los datos citados por OXFAM son contundentes y nos conducen a debates y a nuevas formas de interpretación para entender sus retos o gravedad.

En tal sentido, nos proponemos relacionar dichos conceptos y datos con el tema del cambio climático y, específicamente, con el tema de la justicia climática. Retomemos nuestras preguntas iniciales.

1. ¿Tiene la desigualdad económica mundial efectos en el cambio climático global?

La desigualdad económica sí tiene efectos en el cambio climático. Esta afirmación se fundamenta en una simple razón: la desigualdad económica está basada, dentro de una economía de mercado u otra similar, en la acumulación de capital, y al depender ésta del consumo masivo en la población produce inevitablemente efectos en nuestro medio ambiente.

Esto significa que el deseo de acumulación o enriquecimiento de los más ricos en el mundo está relacionado con el consumo excesivo en la población y con ello con la afectación de nuestro ambiente climático.

Por el deseo de acumular se conquistan nuevos espacios territoriales de consumidores, se explotan los recursos naturales y se industrializan éstos para el consumo mundial, favoreciendo a los dueños del capital que son particularmente el 1% de la población mundial.

Esta conquista, explotación e industrialización tiene en su naturaleza la puesta en funcionamiento de muchos vehículos, maquinarias, explosivos y energía o combustible para conseguir productos o servicios que son consumidos masivamente.

Es a través de esta puesta en funcionamiento y consumo que se producen ingentes cantidades de desechos y, sobretodo, crecientes cantidades de dióxido de carbono.

En los desechos y la abundancia de dióxido de carbono se encuentra la base de la contaminación ambiental, pero sobretodo el origen del calentamiento global y el cambio climático global.

2. ¿Son las libertades económicas los instrumentos más eficientes para enfrentar la desigualdad económica y evitar la catástrofe climática que nos envuelve?

Las libertades económicas son un componente de la economía de mercado. Sin embargo, si las libertades económicas se aplican por el ser humano sin un mínimo de planificación o programación o regulación, devienen en generadoras de mayor desigualdad y, consecuentemente, de catástrofe climática.

Esto se explica por la siguiente razón: quien tiene capital busca multiplicar este capital y para ello tiene las condiciones en una sociedad con economía de mercado capitalista o similar de conseguir fácilmente dicha multiplicación.

Los inversionistas que llegan a países como el Perú vienen convencidos que por un dólar que inviertan conseguirán más de un dólar de retorno. Muchas veces el retorno es 2 o 3 dólares, y otras veces de hasta 10 o 20 dólares anuales.

El retorno de capital invertido dependerá ciertamente de muchos factores: la oportunidad del negocio, la innovación o creatividad, pero también de la corrupción.

Los inversionistas extranjeros o nacionales nunca actúan por solidaridad o sentido social en sus negocios, siempre lo hacen por ganancias (acumulación).

Si las libertades económicas permiten la acumulación sin límites, generan mayor desigualdad y, en consecuencia, mayor calentamiento y cambio climático.

Con estas libertades económicas es que se conquista, explota e industrializa las economías de un lugar determinado, se pone en funcionamiento un sistema de consumo masivo, y se produce ingente cantidad de desechos y dióxido de carbono que termina en el calentamiento global y el cambio climático.

Es excepcional que una persona por su emprendimiento y creatividad, como es el caso del creador del Facebook, aparezca como un nuevo actor económico rico.

En el mercado de capitales, y más aún con libertades económicas sin control o poco reguladas, lo común o normal es que los capitalistas ricos ya constituidos sean los que sigan acumulando capital y reproduzcan condiciones de desigualdad con los efectos antes comentados.
3. ¿Está relacionada la desigualdad económica mundial con la justicia o injusticia climática?

La relación entre desigualdad económica y justicia climática es evidente a partir de las respuestas previas y de la siguiente apreciación geográfica: el 1% de la población mundial identificada como más rica o titulares del mayor capital vive en aquellas ciudades y países que más dióxido de carbono producen.

Son ellos, con sus respectivas redes familiares o amicales, los mayores consumidores del confort en viviendas, vestidos, alimentos, transporte y servicios públicos y privados, que producen la mayor emisión de dióxido de carbono.

Al concentrarse la producción del dióxido de carbono en aquellas ciudades y países donde habitan los más ricos al lado de quienes les rodean y ansían ser como ellos, es que se manifiesta la injusticia climática.

Desde aquellos lugares deviene la desigualdad económica del mundo y de cada país, y desde esta desigualdad se reproducen las causas generadoras de contaminación ambiental y el calentamiento global, y con esto las desigualdades climáticas o injusticia climática.

Los que menos contaminan no solo pertenecen al grupo de la población con menos ingresos (el 99% de la población mundial), sino que además sufren los mismos o mayores efectos del cambio climático ocasionados por quienes viven en mejores condiciones económicas o son identificados como los más ricos del mundo (el 1% de la población mundial).

Pero, además, la relación entre desigualdad económica y justicia o injusticia climática tiene en su base una gran contradicción sin solución desde un punto de vista económico.

De un lado, el 1% de la población mundial, identificado como ricos por OXFAM, explota y consume para su beneficio los mayores recursos naturales y procesados de nuestro planeta.

Este beneficio incluye paralelamente la producción de desechos y emisión de gases con efecto invernadero desde los lugares que habitan.

De otro lado, el 99% de la población mundial, identificada como pobre o no rica por OXFAM, está excluida de este nivel de beneficios y, paralelamente también, de la producción de desechos y gases. 

Frente a ello, la solución económica simple, que incluso puede leerse tras la editorial del diario El Comercio, es que ese 99% de la población mundial acceda, con creatividad, innovación y otros medios que acrecienten la riqueza económica, al mismo nivel de explotación, consumo y beneficio del 1% rico en la población. Sin embargo, esta solución es falsa, por su imposibilidad física y social.

Como se ha expuesto y comprobado en diferentes foros del mundo, es imposible que el conjunto de la población mundial tengamos el nivel de consumo y beneficios de quienes mejor viven y que, recíprocamente, más contaminan nuestro planeta.

Si el 99% de la población mundial identificada como no rica o pobre accede a los niveles de acumulación, confort y consumo del 1% de la población identificada como rica, paralelamente ocasionaría un incremento proporcional en desechos y gases con efectos invernadero.

El resultado sería un rápido calentamiento global, con cambios climáticos abruptos, la destrucción de nuestros ecosistemas, y desastres globales. En suma, destruiríamos nuestro hábitat en la Tierra.
¿Qué hacer?

Tomando conocimiento que el 99% de la población mundial no puede generar un nivel de riqueza y consumo como el que caracteriza al 1% más rico de nuestro planeta, es necesario pensar en alternativas de solución sostenibles.

De ahí que, a la fecha, solo podamos afirmar, coincidiendo con el informe de OXFAM que es indispensable que la extrema desigualdad económica se detenga. Es necesario abordar sus causas desde una perspectiva social y de justicia climática.

Una alternativa de solución es la rotación equitativa del capital y sus beneficios en el conjunto de personas que habita el planeta, entendiendo que el capital es dinámico y que todas las personas tienen derecho al uso, gestión y disfrute del mismo.

Otra alternativa es la sustitución del capital como eje o motor de la economía mundial, por otro elemento o concepto como el trabajo, el prestigio o la solidaridad.

Estas sugerencias tienen tras de sí el paradigma del desarrollo humano sostenible basado en el bienestar de las personas y sus comunidades.

Se busca superar el paradigma del desarrollo económico basado en la idea del crecimiento perpetuo de la economía de un país y del mundo.

Sin embargo, no dejemos de considerar que se tratan de ideas pendientes de desarrollar y experimentar.

Aunque hay grupos sociales que históricamente han vivido bajo acciones de desarrollo humano sostenible, como es el caso de las comunidades originarias del mundo, es un reto adaptar estas acciones al conjunto de la humanidad.

Pero, si no es posible que la población mundial, particularmente el 1% identificado como el más rico de la población, comprenda las limitaciones que produce el actual contexto de extrema desigualdad y la necesidad de contrarrestarlas con alternativas diferentes, cabe recurrir a la antigua receta de aplicar medidas tributarias.

Solo que esta vez se aplicarían estas medidas tributarias en forma local y global al mismo tiempo, con el consenso, apoyo y la coerción mundial.
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*Antonio Peña Jumpa es docente del Departamento de Derecho de la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP). Ph.D en Leyes por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica).

Fuente: Servindi