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domingo, 29 de abril de 2012

Leo Boff: Mejoras al modelo de sostenibilidad vigente.



Para ser sostenible, el desarrollo ha de ser económicamente viable, socialmente justo y ambientalmente correcto. Ya hemos sometido a crítica este modelo estándar. Pero debemos ser justos. Ha habido analistas y pensadores que se han dado cuenta de las insuficiencias de este trípode y le han añadido otros pilares complementarios. Veamos algunos.
Gestión de la mente sostenible. Para que exista un desarrollo sostenible es importante construir previamente un nuevo esquema mental, llamado por su formulador, el profesor Evandro Vieira Ouriques de la Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro, gestión de la mente sostenible. Intenta rescatar el valor de la razón sensible, por la cual el ser humano se siente parte de la naturaleza, se impone un autocontrol para superar el productivismo y el consumismo, y busca un desarrollo integral y no solo económico, que contiene dimensiones de lo humano. Es un avance innegable. Sería mejor si entendiese la Tierra-Humanidad-Desarrollo como un único y gran sistema interconectado, fundando un nuevo paradigma.
Generosidad: Rogério Ruschel, editor de la revista electrónica \"Business del Bien\", añadió otro pilar: la categoría ética de la generosidad. Ésta se funda en un dato antropológico básico: el ser humano no es solo egoista y busca su bien particular, es mucho más un ser social que coloca los bienes comunes por encima de los bienes paticulares o los intereses de los otros al mismo nivel que los suyos propios. Generoso es quien comparte , quien distribuye los conocimientos y experiencias sin esperar nada a cambio. Una sociedad es humana cuando más allá de la justicia necesaria incorpora la generosidad y el espíritu de cooperación de sus ciudadanos.
Para Ruschel la generosidad se opone frontalmente al lema básico del capital especulativo greed is good, es decir, la ganancia es buena. No es buena sino perversa, porque casi ha hundido todo el sistema económico mundial. En la generosidad hay algo de verdadero porque es específicamente humano. En la afortunada metáfora del periodista Marcondes de la ONG “Envolverde” hay que distinguir la generosidad de la simple filantropía, de la responsabilidad social y de la sostenibilidad. La primera, da el pez a quien tiene hambre; la responsabilidad social enseña a pescar; la sostenibilidad cuida el río que permite pescar y, con el pez, matar el hambre. Sin embargo, nos parece que la generosidad sola es insuficiente. Reclama otras soluciones como la superación de la desigualdad, la forma de consumo y la atención a la comunidad de vida, que necesita también ser alimentada y conservada.
La cultura: En 2001 el australiano John Hawkes lanzó «el cuarto pilar de la sostenibilidad: la función esencial de la cultura en la planificación pública». En Brasil ha sido mérito de Ana Carla Fonseca Reis, fundadora de la empresa “Búsqueda de Soluciones” y autora del libro Economía de la Cultura y Desarrollo sostenible, haberla asumido, difundiéndola a través de muchos cursos y conferencias. Este aspecto de la cultura es fundamental, porque encierra principios y valores ausentes en el concepto estándar de sostenibilidad. Favorece el cultivo de las dimensiones típicamente humanas como la cohesión social, el arte, la religión, la creatividad y las ciencias. Deja atrás la obsesión por el lucro y armoniza mejor con la lógica de la naturaleza. Sucede que esta dimensión de la cultura ha sido secuestrada por los intereses comerciales. Solo será realmente eficaz cuando, liberada, funde una relación creativa con la naturaleza.
La neuroplasticidad del cerebro: Los científicos se dan cuenta de que la estructura neuronal del cerebro es extremadamente plástica. A través de comportamientos críticos al sistema consumista, se pueden generar hábitos de moderación y respetuosos con los ciclos de la naturaleza. El cerebro coevoluciona según la evolución exterior, dándose así una relación de interdependencia.
Y finalmente, el cuidado esencial: yo mismo he desarrollado la categoría del cuidado como esencial para la sostenibilidad. Entiendo el cuidado, expuesto en dos textos –El cuidado esencial: ética de lo humano-compasión por la Tierra (1999) y El cuidado necesario (2012)–, como una constante cosmológica y biológica. Los detalles pueden leerse en los libros mencionados.
En esta fase de búsqueda de formas más adecuadas que garanticen la sostenibilidad de la Tierra y el futuro de nuestra especie, toda contribución es bienvenida y aporta siempre alguna luz.

Fuente: Koinonia

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Juventud para la eco-justicia.



“Juventud para la eco-justicia” es un programa de formación patrocinado por el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y la Federación Luterana Mundial (FLM).
Su objetivo es  capacitar a a los jóvenes para que sean  impulsores del cambio en las iglesias, organizaciones religiosas y redes de todo el mundo.
Actualmente se efectúa un  seminario  en el Centro Pastoral de Glenmore en Durban, Sudáfrica,  del 26 de noviembre al 10 de diciembre de 2011. Jóvenes entre  18 y 30 años de edad tendrán dos semanas de formación e inmersión en el contexto de las negociaciones internacionales sobre el cambio climático, denominado COP 17, que se lleva a cabo en Durban.
En el Seminario se abordará los vínculos entre la justicia socioeconómica y medioambiental en el contexto de las negociaciones de las Naciones Unidas. En los meses posteriores al seminario, los 25 participantes se comprometen  en promover y concretar proyectos en los países de donde provienen. Desde la Argentina participa Malena Lozada Montanari, miembro de la Iglesia Metodista de Flores, ciudad de Buenos Aires.
El CMI posee una amplia experiencia en abordar los vínculos entre la justicia, la paz y la integración de la creación. Entre sus programas se encuentra la Red Ecuménica del Agua, La Campaña por la Justicia Climática y Pobreza, riqueza, ecología.
Por su parte la FLM inició recientemente un programa experimental de intercambio en línea entre jóvenes de todo el mundo, llamado La Tierra Te Necesita, que reúne más de 100 grupos de jóvenes de 45 países que abordan el tema de la justicia ecológica mediante actividades concretas
“Los jóvenes, impulsores de la eco-justicia” también está vinculado a redes ecuménicas de jóvenes como la Federación Universal de Movimientos Estudiantiles Cristianos  (FUMEC) y el Consejo Ecuménico de Jóvenes (EYCE, por sus siglas en inglés). Tanto la FUMEC como el EYCE han lanzado en los últimos meses sendas campañas centradas en la justicia medioambiental.
El Dr. Guillermo Kerber, uruguayo, responsable  del programa de Cambio Climático del CMI, sostiene que  "La política del CMI en materia de cambio climático refleja la comprensión ecuménica de que el cambio climático es una cuestión de justicia al establecer las dimensiones ecológica, económica, cultural y política de la crisis del cambio climático, exigir un enfoque holístico del problema y poner énfasis en las perspectivas éticas y bíblicas”  + (PE)

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Fuente: ECUPRES