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lunes, 14 de agosto de 2017

Los líderes mundiales decepcionan de nuevo en Hamburgo.

Acto simbólico de Oxfam ante la Cumbre del G20 en Hamburgo en julio de 2017. Imagen de Mike Auerbach. OXFAM

La cumbre del G20 en Hamburgo acaba de terminar. Amenazaba con ser el G20 más tenso de la historia y se ha convertido seguramente en el más irrelevante. La hostilidad de Trump sobre temas como el cambio climático y el proteccionismo comercial han arrancado la rabia de los manifestantes en las calles de Hamburgo, como hacía tiempo que no se veía ante este tipo de cumbres, y han cooptado el resto de la agenda. ¿Hacia donde mira entonces el G20? En un mundo en el que tan sólo 8 personas (8 hombres) concentran tanta riqueza como los 3.600 millones más pobres, los líderes mundiales siguen sin mirar de frente la lucha contra la desigualdad extrema.

La gran crisis financiera de 2008 fue la razón del resurgir del G20 de sus cenizas, para “refundar el capitalismo” incluso y “acabar con la era de los paraísos fiscales”. Pero la ambición de entonces no vino de la mano de un mandato verdadero que traspasara los puros intereses nacionales. Las decisiones en el G20 se toman por consenso y basta con el bloqueo unipersonal y unilateral de un país, para generar parálisis total. El G20 sigue siendo un espacio global, pero cada vez menos multilateral. Y en esta parálisis de liderazgo político, la lucha contra los paraísos fiscales ha recibido un duro golpe en la nuca.

Los jefes de Estado de estas 20 principales economías del mundo acaban de ratificar una lista negra de paraísos fiscales en la que tan sólo figura un país: Trinidad y Tobago. Una isla del Caribe Sur, con algo más de 1 millón de habitantes que es famosa por haber inventado el Calipso y poco más. ¿Será cierto que hemos acabado con los paraísos fiscales ya? ¿Nos podemos colgar esta medalla? Parece difícil de creer, apenas un año después de que estallaran los Papeles de Panamá, de que grandes marcas como Google o Apple (entre otras) nos sigan sorprendiendo con sus sofisticados engranajes fiscales, o de que los titulares de toda la prensa internacional sigan levantando escándalo tras escándalo. Es absurdo pensar que el problema de los paraísos fiscales se reduce a un solo territorio.

Llamarlo “lista” es todo un eufemismo, casi una broma de mal gusto. De hecho, a los Jefes de Estado les ha debido de entrar hasta el pudor, porque lo han escondido en medio de un comunicado tibio y apocado, que evita incluso llamarlo “lista”. Pero lo cierto es que es toda una declaración de intenciones con la que dan carpetazo a la necesidad de impulsar avances más en profundidad en la lucha contra la evasión y elusión fiscal. Es absurdo pensar que el problema de los paraísos fiscales se reduce a un solo territorio. Más absurdo es no verlo como lo que son realmente, un complejo y oscuro entramado, con el que juegan en red grandes fortunas y grandes empresas para usar a su antojo las inconsistencias de cada uno de ellos. Los mismos Papeles de Panamá nos dieron la prueba.

Por ridículo que parezca, el problema fundamental sigue siendo qué entendemos por paraíso fiscal. La definición de la OCDE, a quien el G20 da el mandato de elaborar esta lista, se limita sólo a considerar el tema de la transparencia, dejando fuera criterios fundamentales como toda la batería de políticas basadas en la competencia fiscal agresiva o incluso la baja o nula tributación. Un tipo nominal en el Impuesto de Sociedades del 0% ni siquiera es un indicador para la OCDE cuando ya está incorporado al menos entre los criterios de la lista que aborda la Comisión Europea.

Hace unos meses, Oxfam publicó “Guerras Fiscales”, un informe con una metodología que establece un ranking de los 15 países más agresivos para la tributación empresarial. Por orden de importancia son: Islas Bermudas, Islas Caimán, Países Bajos, Suiza, Singapur, Irlanda, Luxemburgo, Curazao, Hong Kong, Chipre, Las Bahamas, Jersey, Barbados, Mauricio, y las Islas Vírgenes Británicas. Y lo son porque tienen una batería sin fin de prácticas nocivas, no cuentan con una legislación anti-evasión fiscal consistente, no aplican retenciones para gravar la sangría de préstamos intragrupo, dividendos o royalties…o simplemente, tienen un tipo en el impuesto de sociedades del 0% o extremadamente bajo.

Tan solo 4 de estos territorios están en la lista española. Y sin embargo, 2 de cada 3 euros de inversión que llegó a nuestro país el año pasado lo hizo a través de alguno de estos 15 países (el 67% del total de la inversión extranjera que llega a España), lo que supone unas pérdidas estimadas de al menos 1.550 millones de euros. Y la inversión de salida desde nuestro país hacia estos territorios agresivos y opacos se ha multiplicado por 3 prácticamente en el último año, y atraen más del doble de inversión que América Latina o 43 veces más que China.

Así es que mientras en Hamburgo nos quedábamos atentos a Trump y sus pequeños juegos de hostilidades, fuera se abre una verdadera batalla campal en lo fiscal por un modelo que antepone la agresividad fiscal como bandera de la competitividad comercial y empresarial. En esta guerra hemos perdido una batalla y el precio lo seguirán pagando los ciudadanos del mundo entero. Los países del G20 han pasado de tener tipos nominales en el Impuesto de Sociedades entorno al 40% hace 25 años a situarse por debajo del 30% hoy en día. La reforma fiscal norteamericana no hará sino acelerar esta carrera a la baja en la tributación empresarial, con un efecto dominó que afectará a todos los países. En España, hemos pasado en los últimos 10 años del 35% al 25%. En Europa, el promedio no llega ni al 23% mientras Reino Unido, Hungría, Suiza, Luxemburgo o Bélgica ya han anunciado recortes considerables y en Francia, está en el programa del Presidente Macron.

El economista Jacques Attali (asesor del expresidente francés François Mitterand durante más de 10 años, reconvertido ya en mentor de Macron) decía que si el G20 no existiera, habría que inventarlo. Quizás sea el momento.

Fuente: elpais.com

domingo, 4 de diciembre de 2011

En Caracas hoy nace la CELAC: ¿El futuro sustituto de la OEA?



Ernesto Carmona
Jefes de Estado y cancilleres de 33 países de América Latina y el Caribe muestran hoy y mañana en Caracas su voluntad política de constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el nuevo foro de integración continental que excluye a EEUU y Canadá. Con el andar del tiempo, la Celac terminará -en los hechos prácticos- por anular a la anacrónica Organización de Estados Americanos (OEA), básicamente concebida en su tiempo como instrumento para el manejo de un “patio trasero” que vivió un siglo 20 azotado por dictaduras impuestas y apoyadas por el socio principal.
La Celac será una representación política más genuina de los pueblos de América Latina y el Caribe que hablan diferentes lenguas, poseen variadas culturas, como países tienen distintos tamaños y con diversos matices socio-económicos y políticos abordan una lucha común permanente por mejorar sus condiciones de vida. La diversidad tras objetivos políticos comunes le dará un nuevo sentido independiente a la palabra “integración”, diferente a los designios rapaces de naciones grandes que sólo buscan mercados y materias primas baratas a través de sus transnacionales. También quedan fuera de juego las ex metrópolis ibéricas, España y Portugal, sumergidas hoy en sus propias dificultades.
Breve historia
La Celac remontó un largo camino propio, desde que en los ’80 se constituyó el Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela) para promover la paz centroamericana ante los conflictos armados internos en El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En los ’90 devino en el Grupo de Río, que continuó la labor de Contadora con más países involucrados, como Argentina, Brasil, Colombia, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela, que incorporaron de a poco a naciones de la Comunidad del Caribe (Caricom), en una trayectoria de 22 cumbres que abordaron situaciones clave de la región.
El paso siguiente fue la Cumbre sobre Integración y Desarrollo de América Latina y el Caribe (CALC), impulsada desde el Grupo de Río por el entonces presidente brasilero Luiz Inacio Lula Da Silva, para articular procesos propios de integración y desarrollo frente a los desafíos de la crisis financiera de los países desarrollados, la crisis económica y la crisis alimentaria. El primer encuentro cumbre de la CALC en Brasil, en 2008, incluyó representaciones del Mercosur, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Grupo de Río.
La Celac estará formada por Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Panamá, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.
Diversidad ideológica
Lo esencial es que Caracas cobija un encuentro de mandatarios ideológicamente tan disímiles como el chileno Sebastián Piñera, el venezolano Hugo Chávez, el colombiano Manuel Santos, el ecuatoriano Rafael Correa, el mexicano Felipe Calderón, el peruano Ollanta Humala, el nicaragüense Daniel Ortega, la argentina Cristina Fernández y muchos otros surgidos de elecciones impecablemente libres.
Los coordinadores de los 33 países fundadores prepararon del 28 de noviembre al 1 de noviembre los documentos que serán adoptados en la Cumbre del viernes y sábado: la Declaración de Caracas, que proclama el nacimiento de la organización, el Plan de Caracas, que fija los lineamientos a seguir para que la Comunidad cumpla sus objetivos, el estatuto de funcionamiento y procedimientos y 18 comunicados que incluyen aspectos educativos, ambientales y de desarrollo social. La opinión mayoritaria se inclinó por darle a la Celac el carácter de foro de integración, sin burocracia funcionaria y complementaria de instancia como Unasur y la propia OEA.

El borrador de los Cancilleres establece que los órganos de la Celac serán la Cumbre de Jefes de Estado, la reunión de Cancilleres, la Presidencia pro tempore, la reunión de coordinadores nacionales, las reuniones especializadas y la tríada integrada por el Estado que ostenta la Presidencia, el precedente y el sucesor. La reunión de Jefes de Estado será la instancia suprema de la Comunidad y deben reunirse ordinariamente en el país que ostente la Presidencia.
Los Cancilleres resolvieron por unanimidad que Cuba sea sede de la Cumbre 2013 y Costa Rica en 2014. Al acordarse en México el embrión de la Celac en 2010, se decidió que la siguiente Cumbre 2012 fuera en Chile. La designación de Cuba para 2013 fue un acto de justicia sin reparos con un país excluido de la OEA entre 1962 y 2009. Entre otros, el peruano Rafael Rocangiolo dijo que “constituye una reivindicación histórica indispensable por lo que ha sido la historia en estas décadas y por lo que Cuba significa como símbolo de la causa de América Latina y el Caribe”.
Los cancilleres estuvieron de acuerdo en que la Celac puede fortalecer la región ante la crisis financiera mundial, pero aún ni está definido si las decisiones se alcanzarán por consenso o mayoría calificada. El canciller chileno Alfredo Moreno opinó que América Latina y el Caribe “han mostrado que pueden progresar en un momento en el que otros países más desarrollados han tenido dificultades”. Dijo que estos países se han preparado “sumando fuerzas”, actuando en mecanismos como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y ahora lo harán desde la Celac “aprovechando que hay mercados que están creciendo”.
El tema subyacente fue la supervivencia de la OEA. El canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, afirmó que la Celac reemplazará a la OEA, idea compartida por el presidente anfitrión, Hugo Chávez. “Ese es el destino de la Celac, llegar a sustituir a la OEA (…), los temas de la región deben tratarse en la región”, dijo Chávez. Para Patiño surge una oportunidad de mejorar el diálogo regional y abordar temas como la presencia colonial de Estados Unidos en Guantánamo, tema que no se puede tratar en la OEA.
Según Chávez, “a medida que pasen los años, [la Celac] dejará atrás a la vieja y desgastada OEA”, fundada en 1948 por iniciativa de EEUU. La OEA “es un organismo mellado por lo viejo, por el desgaste de los años, muy lejos del espíritu de nuestros pueblos, de la independencia, de la integración de América Latina”, apuntó el venezolano.
La canciller mexicana, Patricia Espinosa, cree que la OEA, asentada en Washington, y la Celac “son esfuerzos de cooperación y diálogo complementarios”. Para el canciller uruguayo Luis Almagro, la OEA y la Celac “son dos cosas absolutamente diferentes”. Indicó que la OEA “incluye a una potencia mundial con una instancia de diálogo diferente”, mientras que el nuevo organismo ofrece una visión latinoamericana y caribeña “para lograr mejores oportunidades para la región”.
Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.
Fuente: ApiaVirtual