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domingo, 2 de diciembre de 2018

La reforma de la OMC, el medio ambiente y otras claves del documento del G20.

Foto ilustrativa Ralf Hirschberger / www.globallookpress.com

El documento final que los líderes del G20 han suscrito en la Ciudad de Buenos Aires (Argentina) destaca objetivos básicos en materia de empleo, medio ambiente, comercio internacional, niñez y políticas de igualdad de género que las principales potencias del mundo se comprometen a cumplir. 

El clima 

Tras mucha expectativa, las naciones firmantes asumen la responsabilidad de continuar con las metas planteadas en el Acuerdo de París, aunque EE.UU. permanece como Estado no firmante del convenio. Como novedad, el país norteamericano afirma que continuará su desarrollo económico "mientras protege el medio ambiente". 

Las naciones tomaron nota del calentamiento global, que aumentó en promedio 1,5 grados la temperatura planetaria, y destacan la particular vulnerabilidad que padece la región caribeña ante los constantes tornados e inundaciones. "Alentamos transiciones energéticas que combinan el crecimiento con la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero", dice el documento.

La reforma de la OMC

Sobre el sistema financiero, los 20 países más importantes subrayaron que apoyan "el trabajo en curso del Fondo Monetario Internacional (FMI), el Grupo Banco Mundial (GBM) y el Club de París".

Por otro lado, el documento enfatiza la necesidad de reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC).

"El comercio y la inversión internacional son motores importantes del crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de empleo y el desarrollo. Reconocemos la contribución que el sistema multilateral de comercio ha hecho para ese fin", destacan los líderes. Sin embargo, señalan que "actualmente el sistema no está cumpliendo con sus objetivos y hay margen de mejora", por lo que se muestran de acuerdo en "la reforma necesaria de la OMC para mejorar su funcionamiento" y adelantan que revisarán el progreso en la próxima cumbre.
La niñez y la igualdad de género

Además, por primera vez los jefes de Estado añadieron al texto disposiciones vinculadas a los más pequeños, situación que ya ha sido celebrada por organizaciones como Unicef. Concretamente, el G20 asume la responsabilidad de impulsar el programa llamado Desarrollo de la Primera Infancia "como medio para construir capital humano, romper el ciclo de pobreza intergeneracional y estructural". Asimismo, el plan plantea la "reducción de las desigualdades, especialmente donde los niños pequeños son los más vulnerables".



En sintonía, los líderes repasaron que la enseñanza es un derecho humano, pero resaltaron "la importancia de la educación de las niñas". Además, se hizo fuerte hincapié en la igualdad de género: "Es crucial para el crecimiento económico y el desarrollo justo y sostenible. Estamos avanzando en nuestro compromiso de reducir la brecha de género en la fuerza laboral a las tasas de participación en un 25% para 2025, pero se necesita hacer más". Sobre ese punto, el G20 se compromete a "reducir la brecha salarial de género" y a "promover el empoderamiento económico de las mujeres".
Los refugiados y los migrantes

En el texto también hubo lugar para los refugiados y migrantes, aunque no se desarrollaron políticas claras al respecto: "Enfatizamos la importancia de las acciones compartidas para abordar las causas de raíz del desplazamiento y para responder a las crecientes necesidades humanitarias". Según se lee en el texto, el tema será abordado durante la próxima presidencia del grupo. 

El terrorismo

Los líderes también reafirmaron su "fuerte condena del terrorismo en todas sus formas y manifestaciones" y su compromiso con "la implementación total de la Declaración de los Líderes del G20 de Hamburgo sobre la lucha contra el terrorismo". En este sentido, anunciaron su intención de intensificarán sus esfuerzos "en la lucha contra el terrorismo y su proliferación financiera". En la misma línea instaron a la industria digital a "trabajar juntos para luchar contra la explotación de Internet y de las redes sociales con fines terroristas".

viernes, 30 de noviembre de 2018

Argentina G20: lo que debes saber para entender la reunión de líderes mundiales.


CNN Español

¿Qué es y para qué sirve esta cumbre de líderes mundiales?
¿Qué es el G20?

El G20 nació en 1999 como una reunión técnica de ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales, según se explica en su propia página web. Según la misma, "en plena crisis económica de 2008, se convirtió en lo que es hoy: un espacio clave de discusión y toma de decisiones en el que participan los máximos líderes mundiales y las principales economías".

Se trata del "principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política", continúa la página web, que indica que los temas de discusión abordan "los grandes desafíos globales" con el objetivo de "generar políticas públicas que los resuelvan", añade.


¿Qué países forman parte del G20?

El Grupo de los 20 está compuesto por las principales economías del mundo: la Unión Europea y 19 países más: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía.

Según su página web, en conjunto, sus miembros "representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional".

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¿Van a las reuniones países que no sean miembros del G20?

Además de España, que es un invitado permanente de las reuniones del G20, la organización explica que todos los años el país que preside el foro también elige otros invitados. Para 2018 Argentina invitó a Chile y Países Bajos.

Asimismo, la organización del foro indica que los países que presiden organizaciones regionales como la Unión Africana, la Nueva Asociación para el Desarrollo de África y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático son invitados regulares del foro. Este año, estos grupos regionales están representados por Ruanda, Singapur y Senegal, respectivamente. La comunidad del Caribe (CARICOM) también fue invitada por Argentina y está representada por Jamaica, según la web del G20.

El presidente de Argentina, Mauricio Macri, durante un discurso en la ceremonia de apertura de la presidencia de su país en el G20. (Crédito: JUAN MABROMATA/AFP/Getty Images)
¿Cómo trabaja el G20?

El G20 trabaja en reuniones. Hay más de 50 que son potenciadas por grupos de trabajo y discusiones entre los miembros permanentes y los invitados. Las reuniones se celebran durante varios meses y concluyen con la cumbre de líderes, que este año será en noviembre. En este último encuentro los mandatarios "firman una declaración final con la que se comprometen a abordar y colaborar en los temas tratados", explica la web del G20.



Estos encuentros se hacen a partir de dos canales: el Canal de Finanzas, que encabezan los ministerios de Hacienda y el Banco Central, y el Canal de Sherpas, coordinado por Jefatura de Gabinete de Ministros y del que participan ministerios de distintas áreas. En este último los temas son los diferentes a las finanzas: compromiso político, lucha contra la corrupción, desarrollo, igualdad de género, comercio y energía, etc.

Ministros de Finanzas en la sede del Banco Monetario Internacional. (Crédito: ANDREW CABALLERO-REYNOLDS/AFP/Getty Images)


¿Tiene el G20 sede o funcionarios?

No. "Toda la organización y la coordinación logística de las reuniones está a cargo del país que preside el grupo", indica la web de la organización.
¿Qué implica que Argentina presida el G20?

La organización del foro indica en su web que, como es un encuentro sin organización central, ésta la ejerce el país anfitrión: es el que organiza las reuniones, define la agenda de prioridades a debatir y a quiénes invitar. "Su rol es crítico para la eficacia del foro", indica el G20.

Así, este año Argentina tiene por objetivo poner el foco del debate en América Latina. "Aprovechar el gran potencial económico de Latinoamérica y el Caribe para avanzar hacia la erradicación de la pobreza", es su gran prioridad, según se explica en la página web.

El G20 2018 tendrá el trabajo y su futuro como prioridad. Esto implica "pensar en una educación que brinde igualdad de oportunidades; infraestructura para el desarrollo; y un futuro alimentario sostenible", señala la web.

lunes, 14 de agosto de 2017

Los líderes mundiales decepcionan de nuevo en Hamburgo.

Acto simbólico de Oxfam ante la Cumbre del G20 en Hamburgo en julio de 2017. Imagen de Mike Auerbach. OXFAM

La cumbre del G20 en Hamburgo acaba de terminar. Amenazaba con ser el G20 más tenso de la historia y se ha convertido seguramente en el más irrelevante. La hostilidad de Trump sobre temas como el cambio climático y el proteccionismo comercial han arrancado la rabia de los manifestantes en las calles de Hamburgo, como hacía tiempo que no se veía ante este tipo de cumbres, y han cooptado el resto de la agenda. ¿Hacia donde mira entonces el G20? En un mundo en el que tan sólo 8 personas (8 hombres) concentran tanta riqueza como los 3.600 millones más pobres, los líderes mundiales siguen sin mirar de frente la lucha contra la desigualdad extrema.

La gran crisis financiera de 2008 fue la razón del resurgir del G20 de sus cenizas, para “refundar el capitalismo” incluso y “acabar con la era de los paraísos fiscales”. Pero la ambición de entonces no vino de la mano de un mandato verdadero que traspasara los puros intereses nacionales. Las decisiones en el G20 se toman por consenso y basta con el bloqueo unipersonal y unilateral de un país, para generar parálisis total. El G20 sigue siendo un espacio global, pero cada vez menos multilateral. Y en esta parálisis de liderazgo político, la lucha contra los paraísos fiscales ha recibido un duro golpe en la nuca.

Los jefes de Estado de estas 20 principales economías del mundo acaban de ratificar una lista negra de paraísos fiscales en la que tan sólo figura un país: Trinidad y Tobago. Una isla del Caribe Sur, con algo más de 1 millón de habitantes que es famosa por haber inventado el Calipso y poco más. ¿Será cierto que hemos acabado con los paraísos fiscales ya? ¿Nos podemos colgar esta medalla? Parece difícil de creer, apenas un año después de que estallaran los Papeles de Panamá, de que grandes marcas como Google o Apple (entre otras) nos sigan sorprendiendo con sus sofisticados engranajes fiscales, o de que los titulares de toda la prensa internacional sigan levantando escándalo tras escándalo. Es absurdo pensar que el problema de los paraísos fiscales se reduce a un solo territorio.

Llamarlo “lista” es todo un eufemismo, casi una broma de mal gusto. De hecho, a los Jefes de Estado les ha debido de entrar hasta el pudor, porque lo han escondido en medio de un comunicado tibio y apocado, que evita incluso llamarlo “lista”. Pero lo cierto es que es toda una declaración de intenciones con la que dan carpetazo a la necesidad de impulsar avances más en profundidad en la lucha contra la evasión y elusión fiscal. Es absurdo pensar que el problema de los paraísos fiscales se reduce a un solo territorio. Más absurdo es no verlo como lo que son realmente, un complejo y oscuro entramado, con el que juegan en red grandes fortunas y grandes empresas para usar a su antojo las inconsistencias de cada uno de ellos. Los mismos Papeles de Panamá nos dieron la prueba.

Por ridículo que parezca, el problema fundamental sigue siendo qué entendemos por paraíso fiscal. La definición de la OCDE, a quien el G20 da el mandato de elaborar esta lista, se limita sólo a considerar el tema de la transparencia, dejando fuera criterios fundamentales como toda la batería de políticas basadas en la competencia fiscal agresiva o incluso la baja o nula tributación. Un tipo nominal en el Impuesto de Sociedades del 0% ni siquiera es un indicador para la OCDE cuando ya está incorporado al menos entre los criterios de la lista que aborda la Comisión Europea.

Hace unos meses, Oxfam publicó “Guerras Fiscales”, un informe con una metodología que establece un ranking de los 15 países más agresivos para la tributación empresarial. Por orden de importancia son: Islas Bermudas, Islas Caimán, Países Bajos, Suiza, Singapur, Irlanda, Luxemburgo, Curazao, Hong Kong, Chipre, Las Bahamas, Jersey, Barbados, Mauricio, y las Islas Vírgenes Británicas. Y lo son porque tienen una batería sin fin de prácticas nocivas, no cuentan con una legislación anti-evasión fiscal consistente, no aplican retenciones para gravar la sangría de préstamos intragrupo, dividendos o royalties…o simplemente, tienen un tipo en el impuesto de sociedades del 0% o extremadamente bajo.

Tan solo 4 de estos territorios están en la lista española. Y sin embargo, 2 de cada 3 euros de inversión que llegó a nuestro país el año pasado lo hizo a través de alguno de estos 15 países (el 67% del total de la inversión extranjera que llega a España), lo que supone unas pérdidas estimadas de al menos 1.550 millones de euros. Y la inversión de salida desde nuestro país hacia estos territorios agresivos y opacos se ha multiplicado por 3 prácticamente en el último año, y atraen más del doble de inversión que América Latina o 43 veces más que China.

Así es que mientras en Hamburgo nos quedábamos atentos a Trump y sus pequeños juegos de hostilidades, fuera se abre una verdadera batalla campal en lo fiscal por un modelo que antepone la agresividad fiscal como bandera de la competitividad comercial y empresarial. En esta guerra hemos perdido una batalla y el precio lo seguirán pagando los ciudadanos del mundo entero. Los países del G20 han pasado de tener tipos nominales en el Impuesto de Sociedades entorno al 40% hace 25 años a situarse por debajo del 30% hoy en día. La reforma fiscal norteamericana no hará sino acelerar esta carrera a la baja en la tributación empresarial, con un efecto dominó que afectará a todos los países. En España, hemos pasado en los últimos 10 años del 35% al 25%. En Europa, el promedio no llega ni al 23% mientras Reino Unido, Hungría, Suiza, Luxemburgo o Bélgica ya han anunciado recortes considerables y en Francia, está en el programa del Presidente Macron.

El economista Jacques Attali (asesor del expresidente francés François Mitterand durante más de 10 años, reconvertido ya en mentor de Macron) decía que si el G20 no existiera, habría que inventarlo. Quizás sea el momento.

Fuente: elpais.com

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cataclismo griego ¿Miedo a la democracia?



Las cancillerías europeas, la UE por supuesto, hasta Obama ha intervenido. Las bolsas se hunden y ni sus animosos repuntes pueden con la terrible verdad: el presidente griego, Yorgos Papandreu, osa proponer que sea la sociedad a la que representa la que decida si quiere más ajustes o no, si quiere el plan de la UE. Y no se sabe aún si también planteará si seguir con el euro o volver al dracma. Con algunas excepciones y matices, los más influyentes medios condenan la medida. Un país que supone el 2% del PIB de la UE la va a hundir entera, ha dejado “sin hoja de ruta” al G20. Por Dios, qué calamidad. Irritación, lamentos, error craso, monumental… sorpresa (¡Cómo no!, siempre se “sorprenden”). Pero en Junio, cuando se negociaban las condiciones de su segundo “rescate” por parte de UE y FMI, Papandreu avisó que consultaría a los griegos. Lo publicaron medios internacionales, aunque se diría que en general lo que le pase a la gente no interesa, y no se le dio mayor importancia.

Veamos. La cuna de la democracia llevaba en las últimas décadas un camino un tanto desvariado. Son ciertos sus problemas estructurales y los ciudadanos admiten con desgana que “robaron todos los políticos”, alertando de cuán grave es dejar pasar estas conductas, incluso los propios griegos se atribuyen parte de culpa. Ahora bien, la crisis se desata cuando en octubre de 2009 el Partido Socialista griego gana las elecciones y su líder, Yorgo Papandreu, revela que se ha encontrado unas cuentas catastróficas dejadas por los varios gobiernos conservadores que le han antecedido. En concreto, cifra el déficit presupuestario anual en el 12,5 % del PIB, en lugar del 3,7 % del que se hablaba. Luego hemos sabido con profusión que Goldman Sachs (y concretamente su vicepresidente, Mario Draghi, hoy flamante nuevo presidente del Banco Central Europeo) los ayudó a maquillar sus cifras desde 2001 para que pudieran entrar en el euro y que la UE jamás investigó su veracidad. Pero, eso sí, ahora coge la vara del castigo con inusitada rapidez. Divulgado el secreto, las agencias de calificación se aprestan a rebajar la nota de la deuda griega, ya desde diciembre de 2009, hasta dejarla en “bono basura”. Hay fuego, corramos a echar gasolina.

En enero de 2010 el ejecutivo de George Papandreu anuncia un plan de ajuste que incluye rebajas de salarios a funcionarios, recortes de partidas presupuestarias, una reforma para combatir la evasión fiscal… y un plan de privatizaciones. Los griegos comienzan a manifestarse en la calle y lo harán sin descanso desde entonces sin que apenas nos lleguen noticias de ello. Convocan una primera huelga general que paraliza el país. El gobierno también se rebela entonces: Papandreu acusa a la UE de doble moral y a Italia, Francia y Bélgica de falsear también sus estadísticas. Luego llega el primer rescate de 110.000 millones de euros. A cambio de muchas más “reformas” que incansablemente promovía Angela Merkel para que no les faltara de nada a los bancos alemanes, tan laboriosos, no como los vagos mediterráneos (que trabajan más horas, con menos medios aportados por las empresas, sueldos notablemente más bajos y en condiciones sociales de bienestar mucho peores). Y, desde luego, más “ambiciosos” planes de privatización —así los califican en Bruselas y en la prensa— para vender a particulares un patrimonio que forma parte incluso de la historia de la humanidad. Pero no será suficiente, nunca lo es. La economía griega no deja de menguar y su deuda pública acumulada no cesa de crecer: ya se estima que representaba, en el primer rescate, el 158 % del PIB. Los recortes a asalariados y pensionistas no dan abasto para pagar a los acreedores privados, cada vez a mayor interés, y la “austeridad” nunca reactiva el crecimiento económico. Por el contrario, agudiza la crisis. No desde luego para quienes se lucran de ella.

Papandreu, no solamente ha puesto en práctica los planes de “reforma” requeridos, sino que llegó a mandar gasear a los manifestantes al punto que los médicos alertaron de que el nivel de toxicidad alcanzado por su abultado número podía ser letal. Recordemos que los griegos llevan casi dos años de protestas y que ahí siguen pese a todo. Se han ganado a pulso que se les tenga en cuenta. Y es que todo tiene un límite, porque a cambio de un segundo rescate que inicialmente supone la entrega de 8.000 millones de euros, se exigen muchas más “reformas”, insoportable mermas para entendernos. Ya pasan hambre algunos griegos, han aumentado las cifras de suicidios. Y el paro: desde que se despeñó el sistema financiero (él solito y por su culpa) en 2008 el desempleo ha pasado en Grecia del 7.2% al 16,6%, como cuenta, entre otros muchos jugosos detalles, Ramón Lobo.

El dinero puesto a disposición entonces por los gobiernos a los bancos lo cifró la propia UE en3,7 billones de euros –aunque luego en esos ajustes “contables” haya ido dando otras cifras, esas cosas que pasan ahora- , ha habido otro fondo de rescate de 750.000 euros, y ahora se les ha beneficiado con 100.000 millones de euros más que pueden no ser los últimos. ¡Y todo lo que se les ha pedido es que cuenten (por si acaso) con un 9% de dinero bueno!

¿Cómo es posible por otro lado que con tanto ajuste y tanta “privatización” Grecia deba cada día más? Ah, porque paga los intereses al 18.5% (fue una de las últimas cifras que encontré pero ya lo paga más caro), mientras, por ejemplo, Alemania que tiene una deuda pública superior a la española, los paga al 2%. O sea que se especula con la deuda, y por eso no quiere Angela Merkel que se establezcan eurobonos. “El resultado de aplicar los planes de ajuste (severos recortes de gasto público, privatizaciones, moderación salarial…) ha sido recaudar 1.900 millones de euros menos y gastar 2.700 millones de euros más. Eso no recorta el déficit, lógicamente, sino que lo incrementa (…). Ante esto, la “troika” ha pedido una vuelta de tuerca más: más recortes, más privatizaciones, más ajuste en definitiva. Y Grecia ha dicho “que paren, que se baja” , explicaba hace meses ya el economista Alberto Garzón que, mira por donde, también se enteró de que Papandreu pretendía consultar a los griegos.

Quien sepa sumar y relacionar conceptos tiene materia con estos datos reunidos para que se vean bien (que por cierto he sacado en su mayoría de mi libro “La energía liberada” que sale dentro de una semana). Pero de todo la nueva vuelta de tuerca de la desfachatez es esta revolución desatada entre los poderosos porque el presidente de Grecia apele a la democracia convocando un referéndum. Todos esos que protestan ¿aún mantienen que el sistema que han podrido es una democracia? Porque si es así deberían explicarnos sus argumentos. Hace falta mucha caradura, con los gravísimos errores de la UE, el G20 y la política en general, para culpar de ningún hundimiento a un pequeño país. Y sobre todo para semejante ira porque se consulte a los ciudadanos… que son los ponen a los políticos en sus poltronas.