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lunes, 3 de febrero de 2014

¿Cuál es el lugar de lo religioso en el mundo?


Leo Boff

Por más que la sociedad se mundanice y, en cierta forma, se muestre materialista, no podemos negar que en los tiempos actuales se está dando una vuelta vigorosa de lo religioso, de lo místico y de lo esotérico. Tenemos la impresión de que existe cansancio del exceso de racionalización y funcionalización de nuestras sociedades complejas. La vuelta de lo religioso solamente revela que en el ser humano existe una búsqueda de algo mayor. Hay un lado invisible en lo visible que nos gustaría sorprender. Quién sabe si allí se encuentra un sentido secreto que sacia nuestra búsqueda incansable de algo que no sabemos identificar. En ese horizonte no confesional quizás tenga sentido hablar de lo religioso o de lo espiritual. Sufrió todo tipo de ataques pero consiguió sobrevivir. La primera modernidad lo veía como algo premoderno, un saber fantástico que debía dar lugar al saber positivo y crítico (Comte). Luego fue leído como una enfermedad: opio, alienación y falsa conciencia de quien todavía no se ha encontrado o si se ha encontrado, se ha vuelto a perder (Marx). Después, fue interpretado como la ilusión de la mente neurótica que busca pacificar el deseo de protección y hacer soportable el mundo contradictorio (Freud). Más adelante, fue interpretado como una realidad que por el proceso de racionalización y de desencanto del mundo tiende a desaparecer (Weber). Por fin, algunos lo tenían como algo sin sentido, pues sus discursos no tienen objeto verificable ni falsificable (Popper y Carnap).

Estimo que el gran equívoco de estas distintas interpretaciones reside en el hecho de situar lo religioso en un lugar equivocado: dentro de la razón. Las razones comienzan con la razón. La razón en sí misma no es un hecho de razón. Es una incógnita. Ya rezaba la sabiduría de los Upanishad: «aquello por lo cual todo pensamiento piensa, no puede ser pensado». Tal vez en este «no pensado» se encuentra la cuna de lo religioso, es decir, de aquellas instancias exorcizadas por la racionalidad moderna: la fantasía, el imaginario, aquel fondo de deseo del cual irrumpen todos los sueños y las utopías que pueblan nuestra mente, entusiasman los corazones, encienden la espoleta de las grandes transformaciones de la historia. Su lugar reside en aquello que el filósofo Ernst Bloch llamaba principio esperanza.

Es propio de estas instancias –de lo utópico, de la fantasía y del imaginario– no adecuarse al dato racional concreto. Antes bien, contestan el dato, pues sospechan que el dato es siempre hecho; tanto el dato como el hecho no son todo lo real. Lo real es aún mayor. A lo real pertenece también lo potencial, lo que todavía no es pero puede llegar a ser. Por eso, la utopía no se antagoniza con la realidad; revela la dimensión potencial e ideal de esta realidad. Ya decía el sabio E. Durkheim en la conclusión de su famosa obra Las formas elementales de la vida religiosa: «la sociedad ideal no está fuera de la sociedad real; es parte de ella». Y concluía: «solamente el ser humano tiene la facultad de concebir lo ideal y añadirlo a lo real». Yo diría, de detectarlo dentro del dato real, haciendo que este real en el cual está lo ideal, sea siempre mayor que el dato que tenemos en nuestra mano.

Es en el interior de esta experiencia de lo potencial, de lo utópico, donde irrumpe el hecho religioso. Por eso decía Rubem Alves, quien mejor ha estudiado en Brasil el “enigma de la religión” (título de su libro): «La intención de la religión no es explicar el mundo. Ella nace justamente de la protesta contra este mundo que puede ser descrito y explicado por la ciencia. La descripción científica, al mantenerse rigurosamente dentro de los límites de la realidad instaurada, sacraliza el orden establecido de las cosas. La religión, por el contrario, es la voz de una conciencia que no puede encontrar descanso en el mundo así como es y tiene como proyecto trascenderlo».

Por esta razón, lo religioso es la organización más ancestral y sistemática de la dimensión utópica, inherente al ser humano. Como bien decía Bloch: «donde hay religión, hay esperanza» de que no todo está perdido. Esta esperanza es un amor por aquello que todavía no es, “la convicción de realidades que no se ven” como dice la Epístola a los Hebreos (11,1), pero que son el fundamento de lo que se espera.

Quien vio con lucidez esta singularidad de lo religioso fue el filósofo y matemático Ludwig Wittgenstein que dijo: en el ser humano no existe solo la actitud racional y científica que siempre indaga cómo son las cosas y para todo busca una respuesta. Existe también la capacidad de extasiarse: «extasiarse no puede expresarse por una pregunta; por eso tampoco existe ninguna respuesta». Existe lo místico: «lo místico no reside en cómo es el mundo, sino en el hecho de que exista». La limitación de la razón y del espíritu científico reside en el hecho de que ellos no tienen nada sobre lo cual callar.

Lo religioso y lo místico terminan siempre en el noble silencio, pues no existe en ningún diccionario la palabra que lo pueda definir.

Hasta aquí hemos hablado de lo religioso en su naturaleza sana. Pero puede enfermar y ahí nace la enfermedad del fundamentalismo, del dogmatismo y de la exclusividad de la verdad. Como toda enfermedad remite a la salud, lo religioso debe ser analizado a partir de su salud y no de su enfermedad. Entonces lo religioso sano nos hace más sensibles y humanos. Su retorno sano es urgente hoy, pues nos ayuda a amar lo invisible y a hacer real aquello que todavía no es, pero puede ser.

Fuente:koinonia

viernes, 9 de diciembre de 2011

Jesús, visto por otras religiones.


BBC Mundo les pregunta a representantes del Hinduismo, el Budismo, el Judaísmo y el Islam cómo perciben a Jesús.


A pocos días de que los cristianos celebren el nacimiento de Jesucristo, BBC Mundo le pregunta a seguidores del Hinduismo, del Budismo, del Judaísmo y del Islam cómo perciben a Jesús.
Hinduismo
"Jesús es una figura muy respetada en el Hinduismo", le dijo a BBC Mundo el vocero en España de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, Juan Carlos Ramchandani, cuyo nombre hindú es Krishna Kripa Dasa.
De acuerdo con el sacerdote de la tradición Vaishnava, en una de las escrituras sagradas del Hinduismo, el Bhavyshya Purana (que data de hace 3.000 años aproximadamente), se anuncia el nacimiento de Jesús con el nombre de Isha.
"Esta escritura predice que va a llegar un enviado de Dios, que llamamos avatar. En sánscrito significa 'aquel que desciende', es decir, que desciende del mundo espiritual al mundo material con un mensaje divino, de amor y de paz".
De acuerdo con Ramchandani, muchas de las enseñanzas del Cristianismo tienen influencia de la tradición hindú: amar al prójimo, servirle al semejante, actuar sin violencia.
"El hindú practicante, ya sea de origen asiático u occidental, siempre va a tener un respeto hacia la figura de Jesús como un maestro, un ser iluminado".
José Luis Meza, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana de Colombia, le explicó a BBC Mundo que hay una corriente de pensamiento dentro del Hinduismo que encuentra paralelismos entre Jesús e Ishwara, uno de los múltiples nombres de Dios en el Hinduismo.
"Los hinduistas parten del principio de que es demasiado ingenuo pensar que Dios se ha revelado una única vez, a través de un único personaje y a un solo pueblo. Por eso, lo común, para ellos, es que Dios se esté revelando en distintas formas y continuamente", señaló el experto.
Budismo
"Para muchos budistas, Jesús fue un ser iluminado, un gran maestro. Yo siento a Jesús más cerca por su humanidad; no lo veo como un dios. Su mensaje de amor me acerca a él, pero si lo veo como un dios, su figura se hace tan lejana que jamás lo podré imitar", le dijo a BBC Mundo, José Castelao, reverendo Toan Sunim del templo Zen de la Ciudad de México.
Las enseñanzas del Budismo, cuyo fundador fue Siddhartha Gautama (el Buda), se difundieron en India 500 años antes del nacimiento de Jesús.
"Cuando al Buda le preguntaban sobre Dios o sobre dioses, guardaba silencio. No está en el hombre la capacidad de entender la existencia o no de un dios. El problema del Budismo es cómo reducir nuestro sufrimiento por un lado y cómo desarrollar sabiduría por el otro", explicó Castelao.
En el Budismo, existen personas como Jesús que, en el proceso de "despertar", han logrado cultivar excepcionales capacidades mentales, una gran sabiduría y profundos sentimientos de amor y de compasión hacia el prójimo.
"A estos individuos se les conoce como Budas o Bodhisattvas, es decir, seres despiertos, héroes o guerreros espirituales", le explicó a BBC Mundo, Tony Karam, director de la Casa del Tibet de México.
De acuerdo con el especialista en estudios budistas, el Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano, asegura que "contemplar a Jesús de Nazaret bajo la óptica de estos modelos humanos nos ayudaría a entender su naturaleza".
Judaísmo
La tradición judía subraya que Jesús fue nació, vivió y murió como judío. En la visión monoteísta judía es imposible que una persona sea sinónimo de Dios.
"Jesús es percibido como un maestro y un rabino", le dijo a BBC Mundo, Marcelo Polakoff, presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana.
"Lo que plantea una diferencia entre el Judaísmo y el Cristianismo tiene que ver no con la figura de Jesús en el sentido histórico, sino con la idea de Jesús como un mesías. Compartimos la idea de Jesús, pero diferimos en la idea de Cristo", señaló el rabino.
En el Judaísmo, Jesús no es considerado el Mesías porque las expectativas que planteaban los profetas para la llegada del Mesías no se vieron realizadas, según le explicó a BBC Mundo, Gustavo Kraselnik, vocero de la Congregación Kol Shearith Israel de Panamá.
"Lo que sabemos del Jesús histórico es relativamente poco", indicó el rabino Kraselnik. "Es difícil de precisar lo que dijo o lo que hizo el Jesús histórico. Si tomamos los relatos del Nuevo Testamento, vemos que muchas de sus enseñanzas coinciden con las que habían manifestado algunos de los fariseos más prominentes de su tiempo".
Jesús tampoco es considerado un profeta para los judíos, pues la profecía terminó 400 años antes de la época de Jesús. "El último profeta, en la tradición judía, fue Malaquías", indicó Polakoff.
Islam
En el Islam, Jesús (Isa en árabe) es considerado -como Abraham, Moisés, Mahoma- uno de los más grandes profetas de la humanidad.
"Jesús, la paz esté con él, fue el hijo de María y no de Dios", le enfatizó a BBC Mundo Muhammadali Ibrahim Bokhari, supervisor general de la Asociación de la Liga Mundial Musulmana, desde Caracas.
"Creemos que Jesús fue un siervo de Dios, igual que creemos que su madre fue una santa sierva de Dios. Ninguno de los dos son socios de Dios en la administración del Universo", acotó.
En el Islam, Jesús no es visto como un intercesor ante Dios. Fue un ser humano a quien -de acuerdo con esta religión- no se le reza ni se le pide nada.
"Jesús es mencionado abundantemente en diferentes suras o capítulos del Corán (libro sagrado del Islam que le fue revelado al profeta Mahoma seis siglos después del nacimiento de Jesús)", le dijo a BBC Mundo Hassen Cabrera, miembro de la Junta Islámica de España.
"Existen varios epítetos para nombrar a Jesús: Espíritu de la santidad, El Ungido", indicó Cabrera.
En el Corán, se reconoce la habilidad de Jesús para hacer milagros.
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