Mostrando entradas con la etiqueta hinduismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hinduismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de octubre de 2018

Holi: la fiesta hindú de los colores.


El Holi es una celebración hindú que se realiza todos los años. Esta fiesta es conocida mundialmente por su colorido y tradicional lanzamiento de polvos, llamados Gulal.

El hinduismo celebra de esta manera la llegada de la primavera y la victoria del bien sobre el mal.

A esta celebración se la conoce en Occidente como la Fiesta de los Colores y es la ceremonia hindú con más fama del hemisferio.

El evento se realiza en dos partes: Holika Dahan y Rangwali Holi. El Holika Dahan se lleva a cabo la noche anterior a la celebración del Rangwali Holi y consiste en hacer una fogata con madera que simboliza la quema de Holika, que encarna la maldad. La gente baila y canta alrededor del fuego.

Al día siguiente, se lleva a cabo el Rangwali Holi. Es entonces cuando la gente sale a la calle para comenzar a lanzar polvos de colores, unos a otros.

Durante este día se reúnen familiares y amigos, dejando las diferencias sociales de lado, siendo un momento propicio para perdonar. Las diferencias de etnia o casta, tan importantes en la India, también se dejan de lado y el significado de ser rico o pobre, joven o mayor desaparece por un día. La tolerancia, la alegría y el respeto mutuo son los pilares del Rangwali Holi.

Hay lugares de la India donde la celebración es más tradicional. En la región de Baj, la celebración dura 16 días y se efectúan distintas actividades. En Mathura, donde nació Krishna, se realiza una “puya” especial con ofrendas y adoraciones a Krishna.


La “puya” es un homenaje religioso en el que se presentan respetos a una deidad, se utilizan para ello inciensos, lámparas de aceite y flores aromáticas, entre otras cosas.

La fiesta de Holi se sincroniza con la luna, por esta razón las fechas de celebración varían año tras año. En este 2018, Rangwali Holi tendrá lugar el 2 de marzo.

viernes, 27 de enero de 2017

La hospitalidad con los refugiados en el hinduismo.


Javier Ruiz Calderón (Shánkara)

El hinduismo es una religión de emigrantes. Alrededor del año mil AEC llegaron a la India unas tribus indoeuropeas procedentes del norte de Asia que probablemente habían abandonado su lugar de origen buscando mejores climas. Se instalaron en el norte de la India, donde se mezclaron con los nativos dando lugar a la religión híbrida —como todas— que actualmente conocemos como el hinduismo.

La India ha sido un hogar para los refugiados de todas las religiones y sectas. A lo largo de milenios han ido llegando al subcontinente oleadas de personas que huían de la persecución política y religiosa, no solo de los países vecinos (los actuales Pakistán, Bangla Desh, Tíbet y Sri Lanka) sino también de Afganistán, Irán, Irak, Somalia, Sudán y hasta Uganda. Eso se debe en parte a que la tolerancia de la diversidad característica del hinduismo hace que le resulte más fácil acoger a los que llegan de otras latitudes.

Merece la pena citar extensamente a este respecto el final de la intervención de Swami Vivekananda en el parlamento de las religiones de Chicago de 1893, documento inaugural del hinduismo moderno:
«Me enorgullezco de pertenecer a una religión que ha enseñado al mundo tanto la tolerancia como la aceptación universal. No sólo creemos en la tolerancia universal, sino que aceptamos que todas las religiones son verdaderas. Me enorgullezco de pertenecer a una nación que ha amparado a los perseguidos y refugiados de todas las religiones y todas las naciones de la tierra. Me enorgullezco de deciros que hemos acogido en nuestro seno los restos más puros de los israelitas, que vinieron al sur de la India y hallaron refugio con nosotros el mismo año en que la tiranía romana hizo pedazos su templo santo. Me enorgullezco de pertenecer a la religión que ha protegido y sigue sosteniendo lo que queda de la gran nación zoroástrica. Os voy a citar, hermanos, unos versos de un himno que recuerdo haber repetido desde mi primera infancia, que recitan todos los días millones de seres humanos: «Como todos los diferentes ríos nacidos en lugares diferentes mezclan sus aguas en el mar, del mismo modo, Señor, los diferentes caminos que toman los hombres debido a sus tendencias diversas, aunque parezcan distintos, sinuosos o rectos, todos llevan a Ti».

A los mencionados por el swami habría que añadir más recientemente los refugiados tibetanos, los rohingyas de Mianmar, etc.
Esta tradicional apertura a lo diferente y a lo ajeno sigue vigente en el estado laico actual. Aunque la India no haya firmado la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y no cuente con una ley nacional sobre refugiados, la constitución protege los derechos humanos de los refugiados y los solicitantes de asilo, que tienen acceso a los servicios de salud y cuyos hijos pueden asistir a la escuela.

Sin embargo, en el hinduismo siempre han coexistido un ala abierta, tolerante y acogedora y un ala intolerante y cerrada al diálogo con las demás religiones, en especial con el islam y el cristianismo, a los que considera religiones extranjeras e invasoras, lo que ha dado lugar a conflictos con esas comunidades. En esta línea se encuentra el partido que está en el poder en estos momentos, el «nacionalhinduista» BJP, cuyo primer ministro, Modi, ha declarado que la India es el hogar natural de todos los hindúes (no de todas las personas de origen indio) y que todos ellos serán bien recibidos en ella cuando lo necesiten. Eso hace que se tienda a acoger con los brazos abiertos a los refugiados hindúes, pero no tanto a los que no pertenecen a esa tradición, en especial a los de las religiones que se ven como adversarias. Lo que piensa en el fondo este hinduismo integrista es que la India es una civilización esencialmente hindú, y que las demás religiones pueden ser más o menos toleradas, pero de ninguna manera tratadas en pie de igualdad.

En las escrituras hindúes no hay mucha doctrina explícita sobre la manera correcta de tratar a los refugiados. Sin embargo, en las epopeyas —el Mahabhárata y el Ramáyana— se plantean narrativa y concretamente toda clase de cuestiones éticas, y queda claro que a los emigrantes que se comportan noblemente hay que tratarlos con la misma hospitalidad con que se debe acoger a las personas que llegan a nuestro hogar familiar. De hecho, los principales protagonistas de ambos relatos —los cinco hermanos Pándava y Rama y su familia, respectivamente— pasan años exiliados, lejos de su hogar y de su país, y se elogia abiertamente el comportamiento de las personas que, sabiendo quiénes son o sin saberlo, los reciben generosa y hospitalariamente.

Veamos, pues, lo que dicen las escrituras hindúes sobre el modo correcto de recibir a los visitantes. El Código de Manu, principal texto sobre el dharma (deber) del hinduismo, dice que, como siempre hay que ser generoso y compasivo con todos los seres vivos, al átithi (el visitante, «el que no se queda»), sea conocido o desconocido, hay que honrarlo y tratarlo con veneración, recibiéndolo aunque llegue a una hora inconveniente, y ofrecerle sin dilación un asiento, agua, comida lo mejor cocinada posible y conversación agradable. Solo se debe comer cuando el visitante haya acabado de hacerlo. Hay que prepararle un lugar para descansar, servirle adecuadamente y despedirse de él cuando se vaya. Todo esto en la medida de las posibilidades de cada uno. El Código de Manu no es un texto en absoluto igualitario, y por eso insiste en que el modo de recibir al visitante debe adaptarse a su nivel social, tratándose mejor a las personas de casta más elevada, pero no excluyendo de este buen trato a los siervos, las mujeres, los enfermos y las personas dependientes. Pero matiza que habría que abstenerse de ser hospitalario con las personas malvadas e hipócritas, incluidos los heréticos y los racionalistas —a los que la sociedad hindú de principios de la Era Común veía como pecadores de la peor especie—, así como cuando se tratara de una muchedumbre a la que sería imposible recibir adecuadamente.

El prestigioso intelectual hindú Satya Vrat Shastri trata el tema del «Respeto a los visitantes» en las páginas 235-240 de su libro Human values. Definitions and Interpretations, vol. I (Calcuta, Bharatiya Vidya Mandir, 2013), donde, citando una docena de textos tanto religiosos como literarios, da una versión actualizada del mismo asunto. Empieza enunciando el principio fundamental: átithi devo bhava: «que el visitante sea un dios para ti». Al visitante hay que tratarlo como si fuera Vishnu (Dios). Repite con otras palabras lo dicho por Manu, y añade que el átithi no es un invitado conocido (abhyágatas), sino un desconocido que llega a nuestro hogar y que, aunque haya que recibir con generosidad a cualquiera que llegue, conviene tener cuidado con los desconocidos y ser precavido con aquellos cuyos motivos no estén claros, para que no abusen de nuestra hospitalidad.

Tanto el hinduismo antiguo como el moderno, pues, predican una actitud hospitalaria, aunque prudente, con aquellos que llegan a nuestro hogar. Que esto no es una mera teoría sino una realidad práctica, lo demuestran los consejos sobre la etiqueta en la India que se leen www.protocolo.org, y que resumo a continuación: Los indios dan mucho valor al trato de sus invitados. Son unos excelentes anfitriones. Son tan atentos con los invitados y con los forasteros que estos pueden sentirse un poco abrumados por la gran cantidad de personas que los invitan a los más diversos eventos o actos tanto sociales como familiares. Generalmente, cuando alguien llega a la casa de una familia india a la que ha sido previamente invitado, es habitual que le pongan un pequeño collar o guirnalda de flores en señal de bienvenida. Para ellos el invitado es el «rey» de la casa y por ello se le trata lo mejor posible, con toda clase de atenciones. Tanto es así, que los errores que puede cometer el visitante en cuanto a las normas de comportamiento y etiqueta de la India le serán disculpadas.

Nunca hay que dar gracias por la comida, pues se considera un insulto agradecer algo que se ha ofrecido generosa y gratuitamente. Para ellos, dar las gracias por la comida es como pagar por ella, y pueden interpretarlo como una ofensa. La mejor manera de agradecerles la invitación es corresponderles con otra comida de características similares a la que ellos ofrecieron. Esa invitación significa que se valora la buena relación que se tiene con ellos.
Cualquiera que haya viajado a la India puede confirmar lo hospitalarios y generosos que son los indios con los forasteros. Hasta las familias más humildes se desviven para compartir de lo que no tienen con los desconocidos que aparecen por la zona donde viven. Recuerdo una familia musulmana que nos invitó a entrar en su chabola y se gastó lo que para ellos era un dineral para comprarnos una coca cola.

Así pues, en resumen: la hospitalidad para con los invitados y visitantes es una norma tanto del hinduismo como de la cultura india en general. Esa actitud debe extenderse a la manera en que hay que tratar a los refugiados, que son una clase de visitantes (átithis): personas desconocidas que llegan a donde vivimos y que necesitan que los acojamos y los atendamos de la mejor manera posible.

lunes, 3 de febrero de 2014

¿Cuál es el lugar de lo religioso en el mundo?


Leo Boff

Por más que la sociedad se mundanice y, en cierta forma, se muestre materialista, no podemos negar que en los tiempos actuales se está dando una vuelta vigorosa de lo religioso, de lo místico y de lo esotérico. Tenemos la impresión de que existe cansancio del exceso de racionalización y funcionalización de nuestras sociedades complejas. La vuelta de lo religioso solamente revela que en el ser humano existe una búsqueda de algo mayor. Hay un lado invisible en lo visible que nos gustaría sorprender. Quién sabe si allí se encuentra un sentido secreto que sacia nuestra búsqueda incansable de algo que no sabemos identificar. En ese horizonte no confesional quizás tenga sentido hablar de lo religioso o de lo espiritual. Sufrió todo tipo de ataques pero consiguió sobrevivir. La primera modernidad lo veía como algo premoderno, un saber fantástico que debía dar lugar al saber positivo y crítico (Comte). Luego fue leído como una enfermedad: opio, alienación y falsa conciencia de quien todavía no se ha encontrado o si se ha encontrado, se ha vuelto a perder (Marx). Después, fue interpretado como la ilusión de la mente neurótica que busca pacificar el deseo de protección y hacer soportable el mundo contradictorio (Freud). Más adelante, fue interpretado como una realidad que por el proceso de racionalización y de desencanto del mundo tiende a desaparecer (Weber). Por fin, algunos lo tenían como algo sin sentido, pues sus discursos no tienen objeto verificable ni falsificable (Popper y Carnap).

Estimo que el gran equívoco de estas distintas interpretaciones reside en el hecho de situar lo religioso en un lugar equivocado: dentro de la razón. Las razones comienzan con la razón. La razón en sí misma no es un hecho de razón. Es una incógnita. Ya rezaba la sabiduría de los Upanishad: «aquello por lo cual todo pensamiento piensa, no puede ser pensado». Tal vez en este «no pensado» se encuentra la cuna de lo religioso, es decir, de aquellas instancias exorcizadas por la racionalidad moderna: la fantasía, el imaginario, aquel fondo de deseo del cual irrumpen todos los sueños y las utopías que pueblan nuestra mente, entusiasman los corazones, encienden la espoleta de las grandes transformaciones de la historia. Su lugar reside en aquello que el filósofo Ernst Bloch llamaba principio esperanza.

Es propio de estas instancias –de lo utópico, de la fantasía y del imaginario– no adecuarse al dato racional concreto. Antes bien, contestan el dato, pues sospechan que el dato es siempre hecho; tanto el dato como el hecho no son todo lo real. Lo real es aún mayor. A lo real pertenece también lo potencial, lo que todavía no es pero puede llegar a ser. Por eso, la utopía no se antagoniza con la realidad; revela la dimensión potencial e ideal de esta realidad. Ya decía el sabio E. Durkheim en la conclusión de su famosa obra Las formas elementales de la vida religiosa: «la sociedad ideal no está fuera de la sociedad real; es parte de ella». Y concluía: «solamente el ser humano tiene la facultad de concebir lo ideal y añadirlo a lo real». Yo diría, de detectarlo dentro del dato real, haciendo que este real en el cual está lo ideal, sea siempre mayor que el dato que tenemos en nuestra mano.

Es en el interior de esta experiencia de lo potencial, de lo utópico, donde irrumpe el hecho religioso. Por eso decía Rubem Alves, quien mejor ha estudiado en Brasil el “enigma de la religión” (título de su libro): «La intención de la religión no es explicar el mundo. Ella nace justamente de la protesta contra este mundo que puede ser descrito y explicado por la ciencia. La descripción científica, al mantenerse rigurosamente dentro de los límites de la realidad instaurada, sacraliza el orden establecido de las cosas. La religión, por el contrario, es la voz de una conciencia que no puede encontrar descanso en el mundo así como es y tiene como proyecto trascenderlo».

Por esta razón, lo religioso es la organización más ancestral y sistemática de la dimensión utópica, inherente al ser humano. Como bien decía Bloch: «donde hay religión, hay esperanza» de que no todo está perdido. Esta esperanza es un amor por aquello que todavía no es, “la convicción de realidades que no se ven” como dice la Epístola a los Hebreos (11,1), pero que son el fundamento de lo que se espera.

Quien vio con lucidez esta singularidad de lo religioso fue el filósofo y matemático Ludwig Wittgenstein que dijo: en el ser humano no existe solo la actitud racional y científica que siempre indaga cómo son las cosas y para todo busca una respuesta. Existe también la capacidad de extasiarse: «extasiarse no puede expresarse por una pregunta; por eso tampoco existe ninguna respuesta». Existe lo místico: «lo místico no reside en cómo es el mundo, sino en el hecho de que exista». La limitación de la razón y del espíritu científico reside en el hecho de que ellos no tienen nada sobre lo cual callar.

Lo religioso y lo místico terminan siempre en el noble silencio, pues no existe en ningún diccionario la palabra que lo pueda definir.

Hasta aquí hemos hablado de lo religioso en su naturaleza sana. Pero puede enfermar y ahí nace la enfermedad del fundamentalismo, del dogmatismo y de la exclusividad de la verdad. Como toda enfermedad remite a la salud, lo religioso debe ser analizado a partir de su salud y no de su enfermedad. Entonces lo religioso sano nos hace más sensibles y humanos. Su retorno sano es urgente hoy, pues nos ayuda a amar lo invisible y a hacer real aquello que todavía no es, pero puede ser.

Fuente:koinonia

sábado, 20 de julio de 2013

“Concilio de las religiones” podría ser convocado por el Papa en Río.



El papa podría anunciar en Río la convocatoria de un “Concilio de las religiones”.

Según confidencias hechas por el papa al rabino argentino, Abraham Skorka durante su encuentro con el viejo amigo en Roma semanas atrás, su deseo es el de llamar a Roma o a Asís a representantes de todas las religiones para “rezar juntos” proponiendo una reconciliación universal.

No podría llamarse canónicamente un concilio, pero en realidad lo que el papa Francisco desea organizar en Roma es algo muy parecido y al mismo tiempo original.Y podría anunciarlo a los jóvenes en Río la semana próxima.

Francisco piensa convocar a líderes y fieles de todas las confesiones religiosas para, juntos, sin ideologías marcadas, bajo el lema de la“cultura del encuentro”, buscar nuevos caminos de reconciliación y de paz entre los creyentes del planeta.
Y ese anuncio podría hacerlo en Río al cerca de un millón de jóvenes que ya están llegando de  58 países diferentes para celebrar con el papa Francisco la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)
Brasil posee un sentimiento religioso plural y ecléctico, una cultura de la fe sin fundamentalismos ni guerras de religión. Saldrán a aplaudir al papa no sólo católicos sino también evangélicos, judíos, seguidores de las religiones africanas del candomblé y espiritistas.
Sería un momento propicio, según algunos obispos de Brasil, para anunciar ese encuentro universal de religiones en Roma. El papa tiene la palabra.
Desde que el exarzobispo de Buenos Aires Bergloglio fue elegido sucesor de Pedro, se barajó en el ámbito de los teólogos la posibilidad de que Francisco pudiera convocar un nuevo Concilio Ecuménico a los 50 años del Vaticano II.

Francisco y Skorka
Según confidencias hechas por el papa al rabino argentino,  Abraham Skorka durante su encuentro con el viejo amigo en Roma semanas atrás, su deseo es el de llamar a Roma o a Asís a representantes de todas las religiones para “rezar juntos” proponiendo una reconciliación universal.
Podría hacerlo después de una visita que desea hacer a Tierra Santa a finales de año en busca también de un abrazo entre Israel y Palestina.
La originalidad de ese posible encuentro de todas las religiones concebido por Francisco consistiría no en una discusión teórica o ideológica sobre lo que hoy divide a los diferentes credos del mundo y a las mismas iglesias cristianas entre sí, desgarradas un día de Roma por motivos de abusos de poder e incomprensiones por parte del papado, que creó la infalibilidad pontifícia y decretó la obligatoriedad del celibato eclesiástico obligatorio.
El papa le hizo una confidencia al rabino Skorka que salió visiblemente emocionado del encuentro con su amigo: “No ha cambiado, es el mismo hombre sencillo, piadoso y humilde que yo conocí en Buenos Aires” dijo a un repórter a la salida del encuentro y que en Brasil recogió un programa de Globo News.
Según Francisco, lo trágico de los fundamentalismos es que “se olvidan del cuerpo” en aras de la ideología, y eso tanto en el campo religioso como en el político, dijo.
Por eso, para él la única vía de salida para un ecumenismo que siempre ha fracasado es lo que él llama la “cultura del encuentro”, el mirarse a los ojos los unos a los otros, o según expresión suya “tocar con mano que corre la misma sangre por cristianos, judíos, musulmanos o por los seguidores de cualquier otra religión”. Y al mismo tiempo aceptar que “todos pecamos”, y por ello, todos necesitamos pedir pedir y alcanzar perdón.
Para el papa, si nos convencemos de que “llevamos la misma sangre en nuestras venas” de seres humanos e hijos de Dios, significa que “somos una sola familia”. Y en ese caso, por qué seguir divididos, se pregunta.
Y según Francisco hay una sola clave para ese feliz encuentro entre diferentes, pero todos hermanos, la “humildad”.
Ningún tipo de arrogancia, de querer ser o aparecer superior a los otros, podrá hacer avanzar el abrazo entre religiones. La victoria estará en las manos de los que sean capaces de perdonar y de pedirse perdón porque, según le dijo Francisco al rabino amigo, “Dios perdona siempre a quién sabe perdonar”.
La única experiencia parecida a la que proyecta Francisco, fue la del ya remoto encuentro en la década de los 80, entre líderes de diferentes credos y religiones, incluso animistas, celebrado en Asís por el entonces Papa Juan Pablo II, que llegó a ser criticado por el que sería su sucesor como papa, el cardenal Ratzinger, que era responsable entonces por la Congregación de la fe.
Estuve presente entonces a aquel encuentro y fue, en verdad, algo nuevo. Recuerdo a grupos de fieles de religiones animistas africanas hacer sus cultos en el interior de iglesias católicas,algo visto como una especie de profanación y sacrilegio por monseñores y teólogos conservadores de la Curia.
En una conversación de Francisco con Skorka, el papa defendió aquella polémica reunión ecuménica de Asís, y llegó a decir que en aquella ocasión hubo hasta quién “llegó a burlarse” de Juan Pablo II, refiriéndose a la parte más fundamentalista de la Iglesia católica.
No cabe duda de que si Francisco llevara a cabo esa idea de convocar una especie de Concilio de las religiones, su resultado podría ser inesperado dada la actitud con la que esta vez se presenta el líder de los católicos ante los hermanos de fe separados: bajo el manto de la humildad y dispuesto a pedir perdón por los pecados del pasado perpetrados por el papado que hoy él representa.
“Donde aparezca responsabilidad de Roma, Francisco pedirá perdón y exigirá a la Iglesia reparaciones”, comentó Skorka después de su encuentro con el papa. Algo muy diferente a la vieja doctrina católica de “fuera de la Iglesia no hay salvación”, que ha siempre paralizado toda tentativa de reunificación incluso por parte de los cristianos separados.
No acaso, Francisco aún no se ha llamado a si mismo “papa” sino “obispo de Roma”, como para significar que es uno más, “primus inter pares” entre los obispos del mundo. Y así podría presentarse ante los responsables de las demás religiones del planeta.
La teología tradicional, fundamentalista, y exclusivista que considera a Dios como una propiedad, puede prepararse a ser derrotada. Francisco es humilde, pero no ingenuo. Sabe donde pisa y por ahora lo está haciendo cortando por lo vivo como en su actitud contra las mafias del dinero que se habían adueñado del Vaticano, algo que había hecho Jesús con la mafia del templo de Jerusalén.
A Skorka, considerada la persona que más sabe de los sentimientos de Francisco dada su larga amistad de años con él, le preguntaron los periodistas si no tenía miedo de que pudieran atentar contra su vida los que ven que les está desbaratando el viejo poder y la vieja pompa del Vaticano. “Dios lo protegerá”, se limitó a decir el rabino que ha demostrado más esperanza en los resultados positivos de la visita de Francisco a Israel que en todas las ya casi infinitas tentativas político-diplomáticas, llevadas a cabo en vano hasta hoy, para resolver el problema entre judíos y palestinos.


Papa Francisco y presidente de Israel

viernes, 9 de diciembre de 2011

Jesús, visto por otras religiones.


BBC Mundo les pregunta a representantes del Hinduismo, el Budismo, el Judaísmo y el Islam cómo perciben a Jesús.


A pocos días de que los cristianos celebren el nacimiento de Jesucristo, BBC Mundo le pregunta a seguidores del Hinduismo, del Budismo, del Judaísmo y del Islam cómo perciben a Jesús.
Hinduismo
"Jesús es una figura muy respetada en el Hinduismo", le dijo a BBC Mundo el vocero en España de la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, Juan Carlos Ramchandani, cuyo nombre hindú es Krishna Kripa Dasa.
De acuerdo con el sacerdote de la tradición Vaishnava, en una de las escrituras sagradas del Hinduismo, el Bhavyshya Purana (que data de hace 3.000 años aproximadamente), se anuncia el nacimiento de Jesús con el nombre de Isha.
"Esta escritura predice que va a llegar un enviado de Dios, que llamamos avatar. En sánscrito significa 'aquel que desciende', es decir, que desciende del mundo espiritual al mundo material con un mensaje divino, de amor y de paz".
De acuerdo con Ramchandani, muchas de las enseñanzas del Cristianismo tienen influencia de la tradición hindú: amar al prójimo, servirle al semejante, actuar sin violencia.
"El hindú practicante, ya sea de origen asiático u occidental, siempre va a tener un respeto hacia la figura de Jesús como un maestro, un ser iluminado".
José Luis Meza, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana de Colombia, le explicó a BBC Mundo que hay una corriente de pensamiento dentro del Hinduismo que encuentra paralelismos entre Jesús e Ishwara, uno de los múltiples nombres de Dios en el Hinduismo.
"Los hinduistas parten del principio de que es demasiado ingenuo pensar que Dios se ha revelado una única vez, a través de un único personaje y a un solo pueblo. Por eso, lo común, para ellos, es que Dios se esté revelando en distintas formas y continuamente", señaló el experto.
Budismo
"Para muchos budistas, Jesús fue un ser iluminado, un gran maestro. Yo siento a Jesús más cerca por su humanidad; no lo veo como un dios. Su mensaje de amor me acerca a él, pero si lo veo como un dios, su figura se hace tan lejana que jamás lo podré imitar", le dijo a BBC Mundo, José Castelao, reverendo Toan Sunim del templo Zen de la Ciudad de México.
Las enseñanzas del Budismo, cuyo fundador fue Siddhartha Gautama (el Buda), se difundieron en India 500 años antes del nacimiento de Jesús.
"Cuando al Buda le preguntaban sobre Dios o sobre dioses, guardaba silencio. No está en el hombre la capacidad de entender la existencia o no de un dios. El problema del Budismo es cómo reducir nuestro sufrimiento por un lado y cómo desarrollar sabiduría por el otro", explicó Castelao.
En el Budismo, existen personas como Jesús que, en el proceso de "despertar", han logrado cultivar excepcionales capacidades mentales, una gran sabiduría y profundos sentimientos de amor y de compasión hacia el prójimo.
"A estos individuos se les conoce como Budas o Bodhisattvas, es decir, seres despiertos, héroes o guerreros espirituales", le explicó a BBC Mundo, Tony Karam, director de la Casa del Tibet de México.
De acuerdo con el especialista en estudios budistas, el Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano, asegura que "contemplar a Jesús de Nazaret bajo la óptica de estos modelos humanos nos ayudaría a entender su naturaleza".
Judaísmo
La tradición judía subraya que Jesús fue nació, vivió y murió como judío. En la visión monoteísta judía es imposible que una persona sea sinónimo de Dios.
"Jesús es percibido como un maestro y un rabino", le dijo a BBC Mundo, Marcelo Polakoff, presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana.
"Lo que plantea una diferencia entre el Judaísmo y el Cristianismo tiene que ver no con la figura de Jesús en el sentido histórico, sino con la idea de Jesús como un mesías. Compartimos la idea de Jesús, pero diferimos en la idea de Cristo", señaló el rabino.
En el Judaísmo, Jesús no es considerado el Mesías porque las expectativas que planteaban los profetas para la llegada del Mesías no se vieron realizadas, según le explicó a BBC Mundo, Gustavo Kraselnik, vocero de la Congregación Kol Shearith Israel de Panamá.
"Lo que sabemos del Jesús histórico es relativamente poco", indicó el rabino Kraselnik. "Es difícil de precisar lo que dijo o lo que hizo el Jesús histórico. Si tomamos los relatos del Nuevo Testamento, vemos que muchas de sus enseñanzas coinciden con las que habían manifestado algunos de los fariseos más prominentes de su tiempo".
Jesús tampoco es considerado un profeta para los judíos, pues la profecía terminó 400 años antes de la época de Jesús. "El último profeta, en la tradición judía, fue Malaquías", indicó Polakoff.
Islam
En el Islam, Jesús (Isa en árabe) es considerado -como Abraham, Moisés, Mahoma- uno de los más grandes profetas de la humanidad.
"Jesús, la paz esté con él, fue el hijo de María y no de Dios", le enfatizó a BBC Mundo Muhammadali Ibrahim Bokhari, supervisor general de la Asociación de la Liga Mundial Musulmana, desde Caracas.
"Creemos que Jesús fue un siervo de Dios, igual que creemos que su madre fue una santa sierva de Dios. Ninguno de los dos son socios de Dios en la administración del Universo", acotó.
En el Islam, Jesús no es visto como un intercesor ante Dios. Fue un ser humano a quien -de acuerdo con esta religión- no se le reza ni se le pide nada.
"Jesús es mencionado abundantemente en diferentes suras o capítulos del Corán (libro sagrado del Islam que le fue revelado al profeta Mahoma seis siglos después del nacimiento de Jesús)", le dijo a BBC Mundo Hassen Cabrera, miembro de la Junta Islámica de España.
"Existen varios epítetos para nombrar a Jesús: Espíritu de la santidad, El Ungido", indicó Cabrera.
En el Corán, se reconoce la habilidad de Jesús para hacer milagros.
BBC Mundo.com - Todos los derechos reservados. Se prohíbe todo tipo de reproducción sin la debida autorización por escrito de parte de la BBC.