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lunes, 1 de agosto de 2016

La verdadera sombra del olimpismo es el dólar, no el doping.


dice el experto Benjamín Ruiz Loyola


Por Mónica Maristain julio 31, 2016 - 12:04 am • 0 Comentarios


Mientras ya está en Río de Janeiro el diezmado equipo olímpico ruso, sometido al juicio de lo que se ha dado en llamar “doping de Estado”, el deporte de alto rendimiento enfrenta en Brasil una débil contienda con la ausencia de atletas de primer nivel como la saltadora de garrocha Yelena Isinbayeva.

Ciudad de México, 31 de julio (SinEmbargo).- El jueves pasado partió el diezmado equipo olímpico ruso, rumbo a Río de Janeiro, donde tendrá lugar la II edición de los Juegos Olímpicos, entre el 5 y el 21 de agosto próximos.

Sometidos al escrutinio internacional de lo que se ha dado en llamar “doping de Estado”, los 270 atletas volaron junto a sus técnicos y asistentes a Brasil para participar en la cita olímpica, rodeados por la sombra del dopaje que ha puesto en jaque no sólo la competencia, sino también de los criterios con el Comité Olímpico Internacional analiza y combate este flagelo que no es patrimonio exclusivo de Rusia.


Precisamente, “la doble campana” de las “seudo-medallas” que serán otorgadas a los “seudo-atletas”, ha denunciado la saltadora de garrocha Yelena Isinbayeva, la gran ausente junto con el tenista Roger Federer (por lesión) y el futbolista Lionel Messi, de esta importante contienda deportiva.

Isinbayeva, una de las mejores atletas rusas de los últimos tiempos, perdió el recurso que presentó ante la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) y definitivamente no podrá competir en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.


La doble campeona olímpica y triple oro mundial de salto con garrocha había pedido a la IAAF un permiso especial para competir como atleta neutral en Río, después de que el ente rector del olimpismo hubiera excluido de los Juegos a todo el equipo ruso por los continuos escándalos de doping.


Isinbayeva, de 34 años, nunca dio positivo por doping.

En los Juegos de Río sólo podrá competir una atleta rusa, Daria Klishina, saltadora de longitud, quien consiguió la autorización de la IAAF, debido a que entrena desde hace años en Estados Unidos.

Yelena Isinbayeva, una de las grandes ausencias en los Juegos Olímpicos de Río. Foto: Facebook


UNA CURIOSA POLÍTICA DE EXCLUSIÓN

A último momento, el Comité Olímpico Internacional (COI) resolvió no excluir totalmente a Rusia de los Juegos Olímpicos y dejó en manos de las federaciones internacionales de cada deporte la decisión.

Así, la Unión Ciclista internacional (UCI) autorizó aa once ciclistas rusos a participar en los Juegos Olímpicos, mientras que otros tres integrantes del equipo no podrán tomar parte de las competencias de Río de Janeiro por tener antecedentes de doping.

Esta medida de la UCI, aplicada a un deporte cuya sospecha de dopaje trasciende las fronteras nacionales (baste ver el caso del estadounidense Lance Armstrong, sólo la punta de un oscuro iceberg, como sabemos), resulta más política que ejemplificadora. Toma a Rusia como chivo expiatorio de un problema –el del doping- que mancha la trayectoria de casi todos los ciclistas de alto rendimiento contemporáneos.

En una medida similar, la Federación Internacional de lucha libre (UWW) hoy a 16 de los 17 integrantes del equipo ruso a participar de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 y sólo el luchador Viktor Lebedev no podrá tomar parte del certamen, por haber dado positivo en un control durante el campeonato mundial juvenil de 2006.

El lugar de Lebedev, en la categoría hasta 57 kilogramos, será ocupado por un luchador bielorruso, de acuerdo a lo que informó la UWW.



EL DOPAJE DE ESTADO


Mientras las autoridades deportivas de Rusia niegan que en ese país haya tenido lugar un dopaje de Estado, el universo olímpico recuerdas siniestros casos en la historia, como los ya conocidos de la Alemania Oriental y Bulgaria, sin que podamos realmente asegurar que las trampas de la química fueron usadas durante la Guerra Fría sólo por los países ubicados detrás de la Cortina de Hierro.

Es decir, no hay por un lado un deporte impoluto, libre del dopaje y por el otro una actividad deportiva sostenida sólo por el uso de sustancias ilegales. El asunto es mucho más complejo que eso y los dirigentes internacionales, atados a compromisos políticos más que deportivos, no parecen ser los más adecuados para resolver el problema del doping en el alto rendimiento.

De unos 390 deportistas que deberían viajar a Río, el castigo afecta a 112. De los 68 atletas, sólo la saltadora de longitud Daria Klishina, que entrena en Estados Unidos, podrá competir, unas cifras que ponen en duda la verdadera legitimidad de los Juegos Olímpicos, en lo que el Presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha considerado “una campaña dirigida contra nuestros deportistas”.

“Nos han convertido en una Corea del Norte. Nos atacan de todas partes y no podemos hacer nada”, dijo el entrenador de la atleta Yelena Isinbayeva, Yevgeni Trofimov, mientras que el patinador sobre hielo Sergey Lisin apeló a los sentimientos de agravio para redoblar esfuerzos en los Juegos, donde pidió que cada medalla ganada venga acompañada del apéndice: “Ganó en Río pese a que era ruso”.

La jugadora de balonmano Anna Sen, en tanto, prometió “pelear por los deportistas que fueron excluidos”.


¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE DOPING?


El doping en el siglo XXI no parece ser un flagelo de otros tiempos. Por el contrario, el dopaje genético, imposible de detectar por ahora, es la gran amenaza que se cierne en la mayoría de atletas de todo el mundo, como asegura en entrevista con SinEmbargo el experto Benjamín Ruiz Loyola, profesor titular de la carrera de Química Orgánica en la UNAM, químico de profesión y diplomado en la especialidad de periodismo científico.


¿De qué drogas hablamos en el doping deportivo del siglo XXI?


–Hablamos de las de siempre más otras alternativas. Las de siempre tienen que ver con aumentar el rendimiento con las hormonas de crecimiento, los esteroides. Ya que se han conocido muchas de estas sustancias químicas, que se detectan y se castiga a quienes las utilizan, lo que hacen los laboratorios es reproducir nuevas hormonas hasta que éstas comienzan a ser detectadas y así… También hablamos de la posibilidad del dopaje genético y creo que eso es lo que va a ser más difícil de poder manejar.



¿El doping siempre va delante de los controles oficiales?


–Sí, lamentablemente es una realidad a la que se ha llegado por el hecho de que los verdaderos deportistas compiten no sólo por una corona de laureles sino por miles millones de dólares. Ese es el mayor atractivo de la competencia de alto rendimiento hoy.


–Lo curioso es que países que no tienen posibilidades de ganar medallas, como muchos latinoamericanos, también recurren al dopaje…


–Porque aunque no sea una situación de carácter mundial, el tener los primeros lugares en su propio país, les da por lo menos prestigio.


¿El problema del dopaje pone en duda las marcas quebradas en las últimas décadas?


–No, no diría eso, porque cuando se ha demostrado que los competidores habían recurrido a sustancias prohibidas, se los ha despojado de las marcas y de las medallas. Como ha pasado con el campeón de ciclismo Lance Armstrong, que tuvo que admitir que había recurrido al dopaje.


–Aunque no fue ni será el único en el ciclismo


–Lo que pasa que ese fue un caso que él negó durante mucho tiempo y por eso se volvió paradigmático. Al final tuvo que admitir el doping.


¿Diría usted que el doping es la gran sombra del deporte moderno?


–No, creo que la gran sombra del deporte es el dólar. El dopaje es un reto para los propios atletas, pues debe haber ética para no consumir sustancias no autorizadas. Lo que ocurre en realidad es que el deporte se ha comercializado mucho y la figura de los deportistas destacados se ha vuelto verde no de laureles sino de billetes. El dinero condiciona no sólo el deporte olímpico, como vimos al destaparse la cloaca de la FIFA. Todo se reduce a la falta de ética profesional. El dopaje es un elemento más de esa carencia de moral. En la marcha, por ejemplo, los jueces suelen sancionar cosas que sólo ellos vieron y eso también es un grave problema para el deporte de alto rendimiento.


Unos Juegos Olímpicos sin la presencia de los atletas rusos parecen unos Juegos disminuidos, ¿verdad?


–Bueno, yo esperaría que se revisara la sanción a algunos atletas como la pertiguista Yelena Isinbayeva (no ocurrió, como sabemos), porque efectivamente su ausencia restará de una primera figura a la competencia de salto con garrocha. No quiero decir que ella es la que iba a ganar el oro sí o sí, pero sin duda hablamos de una atleta estelar que al no participar dejará incompleta la prueba de su especialidad. Lo mismo podemos decir con otros atletas rusos, quienes tienen razón en decir que no se han drogado, pero es muy difícil creer que no sabían que había en Rusia un dopaje de Estado. Al no haberlo denunciado, se convierten en cómplices aunque sea por omisión.


Es dudoso ese concepto de “doping de Estado”, porque convierte a Rusia en el único país que ejerce presión estatal sobre sus deportistas, cuando sabemos que no es así


–Nuevamente tenemos que hablar de la falta de ética. El deporte debería estar fuera de la política y con estas sanciones a Rusia vemos que no es así. Recordemos de todos modos que Bulgaria fue durante mucho tiempo la reina en el levantamiento de pesas y muchos de sus competidores habían consumido esteroides. Luego está todo lo que se supo de Alemania Oriental, lo que quiero decir es que este concepto de “doping de Estado” no es nuevo en el deporte olímpico. Lo que es nuevo es castigar el dopaje de Estado. Me parece que lo que habría que hacer es una investigación mucho más amplia y castigar no solamente a un país a unos meses antes de los Juegos Olímpicos. Es absurdo que ahora se estén cuestionando resultados de China 2008 y Londres 2012. ¿Por qué recién ahora, a poco tiempo de Río 2016?


¿Cómo cree que será la participación mexicana en Río?


–Lamentablemente el deporte en México no ha sido debidamente impulsado y lo que hay son grandes fallas. Las federaciones no actúan con la debida ética profesional. Una cuestión de carácter político muestra a los dirigentes hacer como que apoyan a nuestros deportistas, pero la realidad es que eso no sucede. Si nos fijamos, la mayoría de las medallas que ha ganado México ha sido ganada por deportistas individuales, como en la marcha, el taekwondo, por ejemplo. Son casos individuales, con la excepción del equipo de futbol, un garbanzo de a libra. El deporte en México es fruto de un esfuerzo individual y no de un trabajo organizado que colabore con un proyecto colectivo. Mientras el deporte sea un factor político, no vamos a avanzar. Los políticos aparecen para colgarse las medallas, diciendo que ellos impulsaron esos logros, pero sólo son palabras al viento.

Fuente: sinembargo


domingo, 30 de agosto de 2015

Sin embargo, la cultura también es política.


Extracto de la  Revista SD | La cultura en un país en guerra: violencia modifica la agenda.
Por Mónica Maristain agosto 30, 2015

Decía el nazi Joseph Goebbels, en una frase que se hizo tristemente célebre: “Cuando oigo la palabra ‘cultura’ saco el revólver”, lo que muestra la gran potencia política y de transformación que poseen la literatura, la música, la pintura y todo eso que la humanidad conoce como “bellas artes”.
¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si aquella Feria Internacional del Libro de Acapulco hubiera trasladado su sede a la Escuela Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, cuna de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala?
¿Cuál hubiera sido el efecto de una sociedad que suele caracterizar –en general– por la anestesia, tan grande es el dolor de los hechos que a diario nos conmocionan?

A la Normal de Ayotzinapa asistieron el pasado 18 de julio actores, escritores y cineastas mexicanos, encabezados por Juan Villoro y Elena Poniatowska, para apadrinar a 117 nuevos maestros rurales egresados de la generación 2011-2015.

La noche del 26 de septiembre de 2014, cuando desaparecieron a los 43 estudiantes, se cernía en el clima de un acontecimiento cultural de honda esencia y de un hecho político militante a todas luces necesario, al punto de que los retratos pintados en óleo de los 43 jóvenes sirvieron de escenario a un acto por demás emotivo.

“Esta lucha ha sido la más difícil y larga. Muchos nos han abandonado y ahora nos culpan de esos hechos, pero en el mundo son millones los que ahora están con nuestro dolor, y seguimos a pesar de los miedos de nuestros padres, porque somos familiares o amigos de los que seguimos esperando su regreso (…) Nunca vamos a olvidar que nos faltan 43 y vamos a seguir con la exigencia de vida”, dijo entonces el secretario general del Comité Ejecutivo Estudiantil, Eduardo García Maganda.

“43 desaparecidos, han muerto otros, han desaparecidos camaradas. Su mirada que se queda, sus manos ya no están. Sus voces las necesitamos, la sangre de los caídos traerá algo nuevo porque callarse no quita el dolor”, dijo el director de la Normal Rural, José Luis Hernández de Rivera.

“Siguen adelante a pesar de tener todo en contra. El delito mayor hoy en México es ser joven, ustedes maestros van a enseñar a leer y a exigir, y defenderse, en un país en donde se sabe leer todo se cuestiona, un país que sabe leer aprende a reclamar lo suyo. Si se lo proponen, serán ilimitados, a su lado todos podemos echarnos a volar”, expresó Elena Poniatowska.

“No olvidar el dolor pero convertirlo en un futuro. Hoy, de las 32 normales rurales solo quedan 17; esto nos muestra la amenaza a estas rurales, solo la resistencia ha mantenido abiertas estas normales. Me parece increíble que en este estado se tenga que luchar para los que buscan enseñar a leer”, precisó Juan Villoro, en un acto al que también dijeron presente el actor Héctor Bonilla, el académico Armando Bartra Verjés, el cineasta Gabriel Retes Balzaretti, el periodista Luis Hernández Navarro, el caricaturista Rafael Barajas Durán “El Fisgón” y la intelectual feminista Marta Lamas.

AYOTZINAPA, EL TERRENO DE LA IGNOMINIA


El 22 de octubre de 2014 cientos de personas marcharon hasta el Zócalo del DF como parte de la Como parte del día de acción global por Ayotzinapa. Foto: Cuartoscuro

Ayotzinapa es y será por mucho tiempo el terreno de la ignominia de un México torturado y torturador. Un terreno al que decidió hacer suyo el escritor zacatecano Tryno Maldonado (autor, entre otros de Temporada de caza para el león negro y Teoría de las catástrofes), quien se trasladó a Iguala para permanecer durante varios meses dando clases a los normalistas.

El resultado fueron varios textos publicados en la revista emeequis y que narran la fuerte experiencia vivida en ese territorio donde la Guerra del Narco, la corrupción de las autoridades y los crímenes innombrables, demenciales, cobran un estado icónico para describir cabalmente la tierra de sangre en que nos hemos convertido.

“Lo que encontré en Ayotzinapa fue la mayor lección de vida que he recibido”, escribe Tryno Maldonado.

“Impartí talleres, lavé ollas, limpié los pisos de la Normal, ayudé en la cocina del campamento, cargué víveres, hice brigadas con los padres, participé en casi todas las marchas y me enfrenté al lado de los normalistas y familiares de los normalistas desaparecidos a la violencia ejercida por el Gobierno mexicano en distintos niveles y formas: desde el robo de mis notas personales y escritos por parte de infiltrados del gobierno; el acoso de los policías de todos los órdenes, hasta el franco ataque de los elementos del ejército, cuando al lado de los padres normalistas desaparecidos, marchamos en enero a las puertas de las instalaciones del 27 Batallón de Infantería en Iguala, el último lugar donde se tuvo la geolocalización del teléfono celular de Julio César Palotzin, uno de los 43 estudiantes desaparecidos”, escribe Tryno en una de sus columnas para emeequis.

Para el joven escritor (nacido en Zacatecas en 1977), no hay que dejar desvanecer Ayotzinapa, pues con ello nos quitarán “la dignidad de todo un pueblo”, el nuestro, el mexicano.

Hay que decir en este punto que la Feria Internacional del Libro en Acapulco tuvo la semana pasada su edición y en dicho marco el periodista y escritor Sergio González Rodríguez presentó el libro Los 43 de Iguala, editado por Anagrama.

“Tengo frente a mí –escribe el autor–, sobre mi mesa de trabajo, fotografías, documentos, informes, transcripciones judiciales, testimonios, grabaciones, videos acerca de la crueldad extrema que aconteció una noche de verano en una ciudad al sur de México, la cual, por un entrecruzamiento avieso de sucesos, predestinaciones, azares, intenciones, se convierte en un ejemplo exacto de la vigencia de lo perverso bajo la apariencia de lo normal: allí donde confluyen el poder y el contrapoder del orden global”, escribe el también autor deHuesos en el desierto.

“Debo hablar –afirma González Rodríguez– de lo que nadie quiere ya hablar. Contra el silencio, contra la hipocresía, contra las mentiras, habré de decirlo. Y lo hago porque sé que otros como yo, en cualquier parte del mundo, comparten esta certeza: el influjo de lo perverso ha devorado la civilización, el orden institucional, el bien común”, agrega.

¿QUÉ HACER? ¿QUÉ NO HACER?


Una de las imágenes retratadas en la inauguración de la Feria Internacional del Libro Universitario, en Xalapa. Foto: Cuartoscuro

La periodista española Laura García Arroyo, radicada desde hace 15 años en México y conocida entre otras cosas por su trabajo en el programa televisivo La dichosa palabra, organiza todos los años “El librotón”.

“El Librotón es un día del año en el que se recolectan libros que la gente ya no quiere. La idea es que si un libro te ha dado una enseñanza, una experiencia significativa, es muy bonito que la puedas compartir con otra persona”, contó la profesional en entrevista conSinEmbargo.

Los libros van dirigidos a dos bibliotecas del Valle del Mezquital, en Hidalgo, donde se promueven además diversas actividades que tienen que ver con la cultura, para combatir la deserción escolar en una zona semiárida y desértica, marcada por la emigración hacia los Estados Unidos.

La economía castigada de la zona no vence a los pobladores, quienes luchan para estimular la vida comunitaria por medio de la creación de un Centro Cultural en la localidad de Santiago de Anaya, que Laura amadrina.

“Me acerqué a ellos y participé de un Festival de las Palabras que hacen anualmente, también realizan encuentros de gastronomía, muchas cosas destinadas a estimular la vida de la juventud y de la comunidad en general, para que se ilusionen y puedan quedarse allí a desarrollar su trabajo y con ello hacer crecer la región”, explicó.

¿Constituyen actos semejantes una manera más concreta de acercarse con la cultura a las comunidades más vulnerables, que son las que más necesitan los libros, la música, las bellas artes?

Se cita El Librotón para compararlo con el malogrado Hay Festival, otro centro de atención en este debate de la cultura en guerra, toda vez que se llevaba a cabo en Xalapa, en el Estado de Veracruz, hoy tristemente conocida como “tierra asesina de periodistas”, merced a la política de ensañamiento hacia el ejercicio de la libertad de expresión por parte del cuestionado Gobernador priísta Javier Duarte de Ochoa.

El 6 de octubre de 2014, a pocos días de que se conociera la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, los intelectuales reunidos en Xalapa, en el marco del Hay Festival, se pronunciaban en una nota que publicáramos en SinEmbargo.

“Todo el país será una fosa común”, destacaba entonces la escritora Ana García Bergua.

Entre todas las declaraciones sobresalió la de Rosa Maldonado, del Colectivo por la Paz Región Xalapa, “una casi abogada y fundamentalmente ciudadana”, tal como se presentó aSinEmbargo, quien no se mostró sorprendida por los hechos de Iguala, “puesto que suceden aquí también, en el Estado de Veracruz, casi todos los días”.


“Es una política del Estado la represión y la desaparición forzada de personas para acallar movimientos sociales que luchan por la educación o el medioambiente. Se trata de una política que nos ha perjudicado mucho y que infunde el terror en la población”, afirmó la militante.

“Lo que ha pasado en Iguala es vista por los movimientos sociales en los diferentes Estados de la República como una consecuencia lógica de la política represiva de las autoridades. No nos sorprende, desafortunadamente. Acabo de recibir, aquí, en Xalapa, la llamada avisando la desaparición de una joven de 24 años. Sucede todo el tiempo”, afirmó.

En dicho contexto, se presentó cual estrella de rock el escritor británico Salman Rushdie, rodeado de guaruras y otorgando a la prensa unos 15 minutos de oro para dar tres o cuatro declaraciones que fueron reproducidas por todos los medios nacionales.

Sobresalió entonces una anécdota que quedará para la historia: un joven periodista de un famoso periódico del DF montó en cólera y maltrató a la encargada de prensa del Hay Festival porque no arbitró los medios para que él llegara a tiempo a la conferencia del autor de Los versos satánicos.

A un costado, mientras todo esto sucedía, se acercó a SinEmbargo un grupo de muchachos para pedirle que como medio contara “los crímenes contra activistas y periodistas que suceden en Veracruz a diario”.

¿Estaría allí Nadia Vera, la activista asesinada en la Colonia Narvarte, junto al reportero Rubén Espinosa y otras tres muchachas? ¿Estaría allí el propio Rubén?

El Hay Festival, en una reacción tardía de los organizadores provenientes de Inglaterra –tal vez incapaces de reaccionar inmediatamente ante una realidad que desconocían– dejó de hacerse en Xalapa y se comenta que la próxima edición mexicana se llevará a cabo en el Distrito Federal.


¿Qué periodismo es ese que pierde la compostura por Salman Rusdhie pero ignora los ataques y el sufrimiento de los acosados en el mismo territorio donde toda la banalidad de la fama literaria expresa su lado más pirotécnico?

Frente a la suspensión del Hay Festival en Xalapa, numerosos intelectuales de la zona se pronunciaron en contra y entre ellos la directora de la Feria Universitaria de Xalapa, la también escritora Magali Velasco.

“Lamentamos, finalmente, que colegas veracruzanos críticos de la situación, tanto por miedo como por temor a represalias, no hayan firmado la carta. Ellos serán quienes tengan la última palabra en el diálogo al que fuimos invitados. No seré una autoridad en el ámbito periodístico y cultural de la talla de la mayoría de señores y señoras que firman como responsables de esta campaña, pero sí soy veracruzana y, como otros veracruzanos con los que conversé esta mañana, no recibí la invitación al diálogo. Aunque nadie pida mi opinión, ejerzo mi derecho”, escribía Velasco.

“Cuando viví en Ciudad Juárez, sobre todo en el calderonismo, también fui testigo de propuestas de cancelación de congresos universitarios en protesta por la violencia y por los feminicidios; como una forma de repudio a la ingobernabilidad, escritores y personajes declinaron participar en foros. Aquí en Xalapa y allá en Juárez la sensación es la misma: de castigo. El resto de la comunidad termina privada y condenada a la invisibilidad, al silencio. No he visto grandes cambios con estas iniciativas. Todo lo contrario. Espacios ganados para la cultura, el arte, los saberes, son abandonados y difícilmente vuelven a activarse. Y mientras, la situación en nuestro país se torna cada día más indignante y dolorosa. ¿El costo político para el Gobernante en turno? Desfachatadamente mínimo”, agregaba.

“Qué bien que personajes impresionantes como Noam Chomsky presten atención a un fragmento de tierra mexicana golpeada una y otra vez por el cinismo y la tiranía. Tendríamos que firmar la carta contra la celebración de un Hay Festival en Veracruz (el quinto en 2015) y exigir a la vez, entonces y siendo congruentes con los argumentos expuestos por lo firmantes, que no se celebre en ninguna otra ciudad de México porque, ¿en dónde sí hay garantía del respeto a la vida y a la libre expresión?

No se me olvida que 43 muchachos fueron asesinados, tampoco el asesinato de Regina Martínez Pérez que cumple 3 años este abril. Habría que replantear cómo celebrar festivales de cultura, artes y literatura en un país como el nuestro. Habría que replantear también los eventos de la Ciudad de México”, desafiaba la joven intelectual veracruzana.


El 20 de noviembre del año pasado, durante la convocatoria de paro nacional, en Xalapa, Veracruz. Foto: Cuartoscuro

“Desde mi breve experiencia, los espacios para la discusión y para el encuentro como las Ferias de libro, como otros festivales, como el de Chihuahua del que fui testigo de su formación, o el Cervantino, sí sirven, claro que sirven. Y claro que reciben subsidio de las instituciones. Están obligadas a hacerlo. No les dejemos el espacio, no les permitamos que nos retiren, no les demos la grandiosa oportunidad de cerrar lo que con tanto esfuerzo tanta gente ha invertido trabajo y alma. Llámenlo naif, optimismo patético, también hay enojo y cansancio y obligación ética. Un Gobernador no debería ser la reducción metafórica/esperpéntica de una comunidad”, clamaba.

Esta es la cultura en tiempos de guerra, la misma que hizo que durante muchos años recientes en Monterrey, cuna de una importante Feria del Libro, los escritores fueran escoltados a presentar sus libros y conminados a no salir del hotel por nada del mundo, merced a los bloqueos que se hicieron hábito en la querida capital regia.

La misma cultura que en acontecimientos culturales ya institucionalizados como la Feria Internacional del Libro en Guadalajara o la FILO de Oaxaca produce un efecto de una plena libertad de expresión donde los intelectuales participantes pueden decir lo que se les antoje, incluso en contra de las propias ferias.

Tal es el caso de Juan Villoro, quien en 2012, cuando el invitado de honor a la FIL fue Israel, no dudó en llamar “territorio ocupado” al encuentro librero más importante del continente y uno de los más relevantes del mundo.

“Fue muy molesta esta idea de frontera vedada con la implementación de unas medidas de seguridad que no sé si fueron necesarias”.

En la misma línea se pronunció el también escritor mexicano Ignacio Padilla, al marcar “la falta de disenso” en una feria “militarizada”, caracterizada como nunca por medidas estrictas de seguridad, detector de metales en todos los accesos, vallas alrededor de la Expo Guadalajara, destinadas a proteger la presencia de Israel como país invitado de honor.

“Sabíamos que si Israel era el invitado las medidas de seguridad iban a ser excesivas. Con respecto al Ejército en la calle, creo que todo México está militarizado. Lo que no pensaba encontrar en una fiesta de los libros es esa ostentación de armas por partes de las fuerzas de seguridad y a la que lamentablemente nos estamos acostumbrando en este país”, dijo entonces el joven autor del Crack.

Ambos pronunciaron sus opiniones en la propia FIL, sin que ninguna autoridad tomara represalias por ello, porque a nadie a estas alturas se le daría por pensar o afirmar que en tan prestigioso encuentro de las letras caben la censura o la persecución.

¿Es así en todas las ferias de la República?

¿Hay que animar actos culturales que no pongan como eje central el tema de la libertad de expresión, la persecución a quienes piensan diferente y los crímenes que se acumulan a diario como en una verdadera maquinaria de la muerte?

El debate está en el aire. Corresponde nutrirlo y propiciarlo. No menos de eso se merecen tantas víctimas en nuestro querido México contemporáneo.

Fuente: sinembargo.mx