Mostrando entradas con la etiqueta maría. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maría. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de abril de 2016

María era protestante.


La virgen María creía en las cinco solas de la Reforma protestante.
Damas y caballeros, hermanos y hermanas, tengo algo emocionante que contaros hoy. ¡María era protestante! “¿Qué? ¿Cómo? ¿Pero estás bien de la cabeza, Will?” Tranquilos, calmaos un poco. Me explico. Sé perfectamente que María vivió quince siglos antes de que sucediera la grandiosa Reforma protestante. 

Sé que la palabra ‘protestante’ no fue usada para aludir a los evangélicos hasta el 1529. Y también sé que María nunca se topó con Lutero ni Zuinglio ni Calvino por la calle. No obstante, cuando digo que María era protestante, me refiero a que su doctrina era cien por cien evangélica. 

“¿Qué? ¿Cómo? ¿Pero te falta un tornillo, Will?” Tranquilos. Ahora viene la exposición. Nos vamos a enfocar en diez versículos poderosos que se hallan en Lucas 1:46-55. Se trata de una sección del Nuevo Testamento conocida como el Magníficat en la cual María alaba al Señor por la noticia de que ha de ser madre del “Hijo del Altísimo” (1:32). 

En aquella alabanza, la virgen se refiere (inconscientemente) a lo que hoy día conocemos como las ‘cinco solas’ de la Reforma protestante. Aquí están: 

 01.- Sola Scriptura El principio formal de la Reforma fue ‘Sola Scriptura’, es decir, que la suprema norma de fe y conducta para el creyente es la bendita Palabra de Dios. Es fácil observar cómo el cántico de María está repleto de citas bíblicas. Es como si María hubiera sacado sus palabras de alabanza directamente de 1 Samuel 2:1-10. Además de 1 Samuel hay alusiones a los Salmos y al libro de Génesis en tan solo diez versículos. Cuando proclama que Dios, “esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos” (vv. 51-52), podría haber estado pensando en Faraón, Coré, Amán, Nabucodonosor, Belsasar o en algún otro rey malvado de Israel o Judá. Con todo, a pesar de su juventud, María era una mujer versada en las Escrituras y se gozó en dar a conocer el contenido de las mismas. 

 02.- Sola gratia El cántico de María se centra en las proezas y maravillosas hazañas del Todopoderoso. Mira la cantidad de cosas que Dios hace en estos pocos versículos: “Ha mirado la bajeza de su sierva”, “me ha hecho grandes cosas”, “Hizo proezas con su brazo”, “Esparció a los soberbios”, “Quitó de los tronos a los poderosos”, “Exaltó a los humildes”, “Colmó de bienes a los hambrientos”, “Envió vacíos a los ricos”, “Socorrió a Israel”, “Se acordó de la misericordia de la cual habló”. ¡Diez acciones divinas en cuestión de diez versículos! María se regocijó en la soberanía, la grandeza y la fidelidad del Omnipotente. Es su pura gracia la que le lleva a levantar a “siervas” como María para glorificar su nombre. María sabía que el milagro de la encarnación no tenía nada que ver con su supuesta bondad ni potencial humano sino únicamente con la gracia de la Roca de Israel. 

 03.- Sola fide La fe es omnipresente en el Magníficat de María. Es la fe de Dios en María la que produce su gran alegría en el Señor, la que le hace gloriar en su bajeza humana y la que le hace recordar las preciosas promesas del Señor. “Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre” (vv. 54-55). Es decir, María ubicó el nacimiento del Mesías dentro del contexto del pacto que Dios había hecho con Abraham siglos antes. La fe se aferra celosamente a las promesas del Altísimo. En palabras de J.C. Ryle, “Aprendamos del ejemplo de esta santa mujer a asirnos con firmeza de las promesas de la Biblia, pues esto es de la mayor importancia para conservar nuestra paz interior”. 

 04.- Solus Christus Como acabamos de comentar, María se gozó en la noticia de que el Cristo iba a nacer ya que Dios iba a cumplir la promesa que había hecho a Abraham. Cristo es el cumplimiento de todas las promesas de Dios. Cristo es el Sí y el Amén del Señor. Gracias a su fe en la promesa de Dios, María pudo levantar en alto el nombre de “Dios mi Salvador” (v. 47). En el Evangelio de Lucas, los términos relacionados con la salvación se emplean una y otra vez para referirse al ministerio de Jesús. Lucas 19:10 es un buen ejemplo: “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. María entendió que la salvación de Dios alcanza al ser humano a través de la simiente de Abraham, a saber, Jesucristo. María se regocijó en el fruto de su vientre porque aquel hijo iba a ser luz para revelación a los gentiles “y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:32). La alabanza de María era una alabanza cristológica. 

 05.- Soli Deo gloria María no quería darle la gloria a nadie sino solo a Dios por su tremenda obra de salvación. ¡Toda la gloria para el Señor! ¡A Él, a Él y sólo a Él! Empieza María diciendo, “Engrandece mi alma al Señor” (v. 46). A lo largo de los siglos, éste ha sido el clamor del pueblo protestante: ¡sólo a Dios sea la gloria porque sólo Él es digno, sólo Él es santo! “Santo es su nombre y su misericordia es de generación en generación a los que le temen” (vv. 49-50). 

Si María estuviera entre nosotros hoy, no soportaría que nadie se gloriase en otra cosa que no fuera el Rey de gloria. Conclusión Con todo lo antedicho, queda claro a la luz del Magníficat que la madre del Señor Jesús, María –esposa de José- estaría totalmente de acuerdo con las cinco solas de la Reforma protestante. Se gloriaría en la ‘Sola Scriptura’ porque vivía saturada de la Palabra; en ‘Sola gratia’ porque reconoció que todo lo bueno desciende de Dios; en ‘Sola fides’ porque confiaba en lo que Dios había profetizado; en ‘Solus Christus’ porque a través del Hijo del Todopoderoso recibió el perdón de sus múltiples pecados; y en ‘Soli Deo gloria’ porque sólo quería vivir con el fin de darle al Señor toda la gloria que le correspondía. Así que sí, estoy bien de la cabeza. Y no, no me falta ningún tornillo. Y vuelvo a recordaros una vez más lo que hemos visto hoy: María, por lo menos en su doctrina, era cien por cien evangélica. ¡María era protestante! Ahora que lo sabes, ¿por qué no se lo cuentas a alguien? ¡Adelante! 

domingo, 10 de enero de 2016

"La estrella de Belén no brilla en cielo contaminado"


Juan Masia, sj

"Mateo no describió una cabalgata, sino una peregrinación de buscadores del camino de la vida"

"Hallan al Salvador unos extranjeros, antes que los representantes del poder político y la religión oficial"

Son las seis de la mañana -hora de Tokyo- cuando estoy preparando la homilía. Interrumpo unos minutos para zapear por internet -diez de la noche, hora de Madrid-, a ver de qué se habla en mi país en la víspera de Epifanía. Me sorprende el debate de los tertulianos, unos a favor de festivales laicos y otros de procesiones religiosas. Me parece que a ambos, progresistas y tradicionales, se les escapa lo mejor de la narración fundacional cristiana de los Peregrinos de Oriente.


Al día siguiente, los resúmenes de prensa madrileños me confirman la desazon que me produjo el debate mediático. Ante unaCabalgata de Reyes con menos rasgos tradicionales, había división de opiniones. Para unos, la cabalgata era una actualización bienvenida. Para otros, se trataba de una pérdida lamentable de tradiciones. Creo que ambas partes desafinan. Ni la cabalgata llamada laica, ni la que se supondría religiosa concordarían con la interpretación audaz del evangelista.

Mateo, en su narración mítico-poética, no describió una cabalgata, sino una peregrinación de buscadores del camino de la vida. Persiguen una estrella, para hallar al Enviado, merecedor de título real, porque guiará al Reino de la Vida. Estos caminantes -que no eran ni tres, ni reyes, ni adivinos, ni consta cómo se llamasen-, son unas personas en búsqueda de la salvación que ha de venir, anunciada a quienes puedan otear estrellas y dejarse orientar por luz que no encandila.

Mateo, en su evangelio, escribió el guión para un "telefilme de Epifanía", la trilogía: peregrinos de Oriente, huída a Egipto y matanza de inocentes. Adornó el montaje con imágenes bíblicas y citas proféticas: Belén, casa de pan; Egipto, tierra de Éxodo; Raquel, madre desconsolada de víctimas.

Si lo hubiera escrito hoy, quizás el evangelsita habría enfocado su cámara para destacar en primer plano el cadáver de un niño devuelto por las olas a la orilla mediterránea tras el naufragio de la patera, o una familia de José, María y Jesús refugiados huyendo del bombardeo.


El símbolo clave en el capítulo segundo del evangelio según Mateo es la estrella: dónde se oculta, dónde aparece y a quién apunta. Este relato de Epifanía subversiva no es cuento para niños, sino estímulo de fe crítica y liberadora para adultos.

¿Dónde y a quiénes se manifiesta Jesús? En Belén, no en Jerusalén. A los de fuera, antes que a los de dentro. Hallan al Salvador unos extranjeros, antes que los representantes del poder político y la religión oficial. Al llegar a Jerusalén se oculta la estrella. Luces de la capital y aire contaminado no dejan ver estrellas. No es la capital, sino la aldea, el centro de la historia, al que apunta una estrella. Hoy día no se posaría el lucero sobre Wall Street o el servidor de Internet, ni sobre las oficinas del Banco Vaticano.

Preguntan los peregrinos: ¿Dónde está el que ha sido Enviado para "reinar"? Pero Jesús, rey sin poderes reales, predicará un reino sin fronteras. Su reino, no de este mundo, pero sí liberador de este mundo, romperá el muro entre los de dentro y los de fuera; rechazará el exclusivismo de presuntos pueblos escogidos.

¿Oro e incienso? Explican los exegetas que Mateo pone del revés un himno nacionalista de la época, que rezaba así: "Vendrán de todas partes a la capital, trayendo oro e incienso". Mateo invierte ese exclusivismo centralista: en vez de acudir de todas partes a la capital, habrá que salir de ella y descubrir el símbolo de la aldea y el establo. En vez de incensar en palacios dorados, será en la sencillez local, donde un joven matrimonio humilde acuna a su primogénito recién engendrado por ellos con la ayuda del Espíritu de Vida.

Por cierto, que la imagen del pesebre la elige Mateo por ser el lugar del alimento, a la vez que lo más cálido de la choza, apropiado para presentar al Enviado, que merecerá llamarse "pan de vida". "Encuentran al niño con María, su madre", dice Mateo. En una época y sociedad en que la mujer no contaba, donde todo lo era el padre, al que se solía mencionar primero, Mateo pone a María por delante. Sin comentarios...

"Volved por otro sendero", les dice un sueño a los peregrinos. Para que no crean ingenuamente que se construye el Reino de los cielos firmando acuerdos de compromisos con Herodes. Mateo ha centrado la trama en el tema del rechazo a la adoración. Herodes representa el rechazo al Salvador. Los peregrinos representan la adoración. En la historia del arte cristiano atinan en la expresión del mensaje los cuadros que plasman la Adoración de la Epifanía, más que los que filman desfiles reales.

Este año, después de la misa de Epifanía, saludé a un matrimonio japonés amigo, que venía acompañado por sus hijos, niño de tres años y niña de cuatro. Estaban contemplando el Belén a la entrada de la iglesia de San Ignacio, en Tokyo. El padre y la niña habían juntado sus manos y estaban inclinando su cabeza ante el Portal. La madre acababa de llamar la atención al hijo pequeño, que intentaba corretear: "Ven aquí, primero tenemos que hacer ogamu (que significa, en japonés, adorar)". "¿Qué es ogamu?", dijo el niño. Y su madre le tomó las manos entre las suyas e hicieron juntos la reverencia al Niño Jesús, mientras le decía: "Así, le adoramos como hicieron los peregrinos de Oriente, arrodillados en el portal de Belén".

Viendo a esta madre que enseña a rezar a su hijo, pensé que en ese momento se estarían formando infinidad de nuevas conexiones de sinapsis en el cerebro del niño para despertar en su espíritu la capacidad de vivir buscando y siguiendo la estrella de Belén desde Oriente y Occidente. Fue para mí la mejor Epifanía, que no cabalgata real, sino peregrinar de búsqueda y adoración.

Para leer todos los artículos del autor, pincha aquí:



domingo, 8 de diciembre de 2013

Nuestra Señora de Walsingham, la Nazaret de Inglaterra.




Aunque el santuario de Nuestra Señora de Walsingham sea de origen medieval, 1997 marca el centenario del retorno de la devoción en ese conocido centro mariano de Walsingham, en Norkfolk, Inglaterra.

El “Nazaret de Inglaterra” es un lugar santo que goza de gran estima entre los cristianos del país.

Según la leyenda, una viuda rica de la nobleza, Lady Richedis, es quien lo construyó.

Un manuscrito del siglo XV relata “la balada de Walsingham” y explica cómo la noble viuda deseaba honrar a Nuestra Señora: María le respondió pidiéndole que construyera una capilla y la condujo “en espíritu” a Nazaret para mostrarle el lugar donde el arcángel Gabriel la había saludado y después la hizo que tomara las medidas de la casa para que pudiera reproducirlas en Walsingham.

La Virgen María le explica también que en ese lugar el pueblo celebraría la Anunciación, fuente de la Redención de la humanidad y que ella encontraría ayuda para todo lo que necesitaría.

Tres veces Lady Richedis tuvo tal visión y escuchó esta petición. Eso confirmó su deseo de hacerle construir una capilla. Sin embargo, las dimensiones relativas a la construcción no le parecían claras ni a ella ni a los constructores. Viendo que estos no avanzabn en los trabajos, Lady Richedis pasó la noche en oración.

Los ángeles terminaron la construcción de la capilla de Walsingham

Sus súplicas recibieron una respuesta inmediata ya que Nuestra Señora hizo que los ángeles terminaran la construcción en el lugar que ella quería, aproximadamente a unos 200 pies de donde los obreros habían comenzado los trabajos.

A través de los años, varios milagros fueron atribuidos a N.S. de Walsingham, incluido el que salva al rey Eduardo I de la caída de una pared de cemento.

En el siglo XIV, la Casa milagrosa de Norfolk fue sustituida por la Casa Santa de Loreto, en Italia, cerca de Ancona. Según una leyenda, la casa natal de la Virgen en Nazaret habría sido transportada por los ángeles de Palestina a Fiume (antes en Yugoslavia). Como no conseguían atraer atención y veneración, los ángeles la transportaron sin éxito a otros dos lugares, cerca de Recanati, en Italia. Finalmente, en 1295, la Casa Santa de María fue llevada a Loreto, cerca del Mar Adriático.

Finalmente, la basílica histórica de Walsingham fue erigida entre el siglo XV y XVI.

Cuando la revuelta protestante se amplificó, el fervor y la devoción a María bajó en Inglaterra. Hasta ese momento Walsingham había sido un lugar de peregrinación popular.

En 1534, el prior y los canónigos de Walsingham firmaron el Acta de Supremacía convirtiéndose así en los primeros a someterse bajo la autoridad de Enrique VIII. Durante los siglos venideros, el santuario se deteriora y su gloria de antaño fue completamente olvidada.

En el siglo XIX, la devoción a Nuestra Señora de Walsingham vuelve a renacer

En el siglo XIX una rica señora inglesa, Charlotte Boyd, comienza la restauración del santuario de la misma manera que antes, en el siglo XVI otra dama rica lo había hecho.

Para los peregrinos que viajan de Londres a Walsingham la última estación es una capilla situada aproximadamente a una milla y conocida como la Slipper Chapel (capilla de la pantufla) porque los peregrinos se quitaban los zapatos antes de caminar la última milla, y llegaban al santuario descalzos.

El pequeño edificio del siglo XIV servía de establo a los animales antes que Charlotte Boyd no hubiese tenido la idea de restaurarlo. Antes que su plan se concretizara, ella se convirtió al catolicismo y hacia 1890 compra la capilla y la regala a la Abadía de Downside.


La Cofradía Nuestra Señora de la Redención tomó a su cargo la restauración de una estatua esculpida de la Virgen con el Niño y fue colocada en su lugar de honor. Esta se encuentra hoy en King’s Lynn.


Hace más de un siglo (el 20 de agosto de 1897) una procesión de peregrinos, que va de King’s Lynn a la “capilla de la pantufla” marca el regreso de la devoción pública en Nuestra Señora de Walsingham.


Sin embargo, durante más de una generación la Iglesia católica muestra poco entusiasmo por el santuario. Se da como razón que durante el siglo XIX muchos católicos de Inglaterra y de Irlanda no apoyaban las tentativas del Cardenal Manning y de otros para promover las devociones públicas, procesiones, etc. Los fieles estaban acostumbrados a ser más reservados en la manifestación de la oración y consideraban tales prácticas como importaciones extranjeras.


Un santuario mariano con vocación ecuménica


La amplitud del proyecto anglicano suscita un despertar de los Católicos y estos multiplican sus esfuerzos para animar la devoción a Nuestra Señora de la Pantufla. Actualmente el santuario católico se ha desarrollado mucho, sobre todo después de la construcción de la capilla de la Reconciliación.

Hoy los dos santuarios con sus hoteles respectivos son muy populares y muy frecuentados.

Antes, anglicanos y católicos no reconocían públicamente su existencia respectiva en Walsingham. Las señales de la vieja ciudad indicaban “Santuario de N.S. de Walsingham., en una dirección y “Santuario de la Redención”, en otra.

Después las cosas cambiaron y hace ya unos quince años, cuando el Papa Juan Pablo II visitó Inglaterra, celebró la misa en una iglesia de Wembley donde un cuadro de la Virgen Walsingham estaba sobre el altar.

El cuadro fue colocado conjuntamente por el director del santuario católico y la administración del santuario anglicano.

Después de eso, anglicanos y católicos se reconocieron recíprocamente en sus publicaciones y en sus actividades.

Las relaciones ecuménicas, debido un poco a motivos de celos, fueron algo tensos durante un momento , pero ahora se vive un periodo de calma. El actual administrador anglicano, Martin Warner, considera el estado de las cosas actuales como “raíces que se hunden durante el invierno”. Es optimista y cree que se dará un entendimiento cordial entre las iglesias católicas y protestantes.
Algunos católicos ingleses constatan una dificultad en lo que concierne a la doctrina y a la devoción marianas.

Hoy, la Iglesia católica tiene una generación de sacerdotes y de profesores que ha recibido poca formación en mariología y practica sólo una devoción simbólica a Nuestra Señora, sin embargo, se espera que los profesores y sacerdotes yendo a Walsingham o a otros sitios marianos puedan hablar con fervor a los fieles cuyo corazón desborda de fe y de amor por la Madre de Dios. 
Numerosas celebraciones han tenido lugar en el santuario de Walsingham. Un nuevo vitral sobre la Anunciación, realizado por Alfred Fisher, ha sigo agregado en la “Capilla de las Pantuflas” . Otro fue ofrecido por la Cofradía de Nuestra Señora de la Redención.

Nuestra Señora del Mar, “Stella Maris”

Para marcar esas donaciones impotartes, un año de liturgias especiales, conciertos, espectáculos fue inaugurado, algunos de tema mariano.

Nuestra Señora de Walsingham es conocida bajo el nombre de “Virgen del Mar”. Una leyenda medieval cuenta que ella socorre a los marinos en peligro. La hostelería de los peregrinos anglicanos lleva el nombre de “Stella Maris”, Estrella del mar. Es una de las advocaciones más antiguas de la Virgen.

Walsingham que está a algunas millas de la costa de Norkfolk, es un lugar de oración y de sanaciones, representa la salvación ante las tempestades y naufragios, y ofrece las aguas calmas de un puerto tranquilo frente a todas las pruebas.

Podríamos de nuevo hablar de Inglaterra de "Ours Lady’s Dowry", como herencia de Nuestra Señora.