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sábado, 26 de diciembre de 2015

Cada vez que nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano.




Estamos en época de Navidad, pero el aura no es de Navidad, sino más bien de Viernes Santo. Tantas son las crisis, los ataques terroristas, las guerras que las potencias belicosas y militaristas (EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania) conducen juntas contra el estado islámico, destruyendo prácticamente Siria, con una muerte espantosa de civiles y niños, como la misma prensa ha mostrado, la atmósfera contaminada de rencores y espíritu de venganza en la política brasileña, por no hablar de los niveles astronómicos de corrupción: todo esto apaga las luces de Navidad y ensombrece los pinos que deberían crear el ambiente de alegría y de inocencia infantil que todavía existe en toda persona humana.

Quién pueda ver la película Niños Invisibles, en siete escenas diferentes, dirigidas por directores de renombre como Spike Lee, Katia Lund, John Woo, entre otros, puede darse cuenta de las vidas destruidas de los niños en muchas partes del mundo, condenados a vivir de la basura y en la basura; y sin embargo, hay escenas conmovedoras de camaradería, de pequeñas alegrías en los ojos tristes, y de solidaridad entre ellos.

Y pensar que son millones en el mundo de hoy y que el propio niño Jesús, según las Escrituras, nació en un pesebre para animales, porque no había lugar para María, cercana al parto, en ninguna posada en Belén. Él se mezcló con el destino de todos estos niños maltratados por nuestra falta de sensibilidad.

Más tarde, ese mismo Jesús ya adulto dirá: "quien recibe a estos hermanos míos más pequeños, a mí me recibe". La Navidad tiene lugar cuando se da esta acogida, como la que el Padre Lancelotti organiza en São Paulo para cientos de niños de la calle bajo un viaducto, que contó durante años con la presencia del presidente Lula.

En medio de todas estas desgracias en el mundo y en Brasil, me viene a la mente una pieza de madera con una inscripción pirograbada que un interno de un hospital psiquiátrico de Minas me dio durante una visita que hice allí para animar al personal. En ella está escrito: «Cuando nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano».

¿Puede haber un acto de fe y esperanza mayor que este? En algunas culturas de África se dice que Dios está de manera especialmente presente en los que nosotros llamamos "locos". Por eso son adoptados por todos y todos cuidan de ellos como si fueran un hermano o una hermana. Así se integran y viven en paz. Nuestra cultura los aísla y no los reconoce.

La Navidad de este año nos remite a esta humanidad ofendida y a todos los niños invisibles cuyos padecimientos son como los del niño Jesús, que ciertamente en el invierno de los campos de Belén temblaba en el pesebre. Según una antigua leyenda, se calentó con el aliento de dos caballos viejos que, en recompensa, adquirieron después completa vitalidad.

Vale la pena recordar el significado religioso de la Navidad: Dios no es un viejo barbudo con ojos penetrantes, ni un juez severo que juzga todas nuestras acciones. Es un niño. Y como niño no juzga a nadie. Sólo quiere vivir y ser querido. Del pesebre viene esta voz: «¡Oh, criatura humana, no temas a Dios! ¿No ves que su madre ha envuelto sus pequeños brazos? Él no amenaza a nadie. Más que ayuda, necesita ser ayudado y llevado en brazos».

Nadie mejor que Fernando Pessoa entendió el significado humano y la verdad del niño Jesús:

Él es el Niño Eterno, el Dios que faltaba. Es tan humano que es natural. Es el Divino que sonríe y juega. Por eso sé con toda seguridad que él es el Niño Jesús verdadero. Es un niño tan humano que es divino. Nos llevamos tan bien los dos, en compañía de todo, que nunca pensamos el uno en el otro… Cuando me muera, Niño mío, déjame ser el niño, el más pequeño. Tómame en tus brazos y llévame a tu casa. Desnuda mi ser cansado y humano. Acuéstame en la cama. Cuéntame historias, si me despierto, para que me vuelva a dormir. Y dame tus sueños para que juegue, hasta que nazca cualquier día que tú sabes cuál es.

¿Se puede contener la emoción ante tanta belleza? Por esto, todavía, a pesar de los pesares, podemos celebrar discretamente la Navidad.

Termino con este otro mensaje que tiene significado y que me encanta: «Todo niño quiere ser hombre. Todo hombre quiere ser rey. Todo rey quiere ser "dios". Sólo Dios quiso ser niño».

Abracémonos unos a otros como quien abraza al Divino Niño que se esconde en nosotros y que nunca nos abandonó. Y que la Navidad sea todavía una fiesta discretamente feliz.


lunes, 19 de diciembre de 2011

A la busca y captura de Jesús.


El Evangelio de Marcos silencia toda referencia al nacimiento o a los primeros años de Jesús. Mucho más temprano que Mateo y Lucas, y muy próximo a los hechos, Marcos configuró el esqueleto de su obra ciñéndose únicamente a ciertos sucesos históricos, los más determinantes en la andadura de Jesús y los más significativos para la comprensión de su proyecto.
Entre ellos, encontramos la primera nota sobre la familia de Jesús. No es idílica. Sí, en cambio, esclarecedora para conocer el pensamiento de sus miembros respecto al hombre de Nazaret y su mensaje:
  • “Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano pues decían que había perdido el juicio” (Mc 3,21).
El breve apunte resulta chocante por su acento despectivo. Mateo y Lucas lo omitieron sin más. Jesús aparece tachado de elemento peligroso por supuesta demencia. No es lo que el lector espera. Tampoco responde al criterio actual más extendido acerca de los familiares del principal protagonista del evangelio. Pero la anotación de Marcos no busca sorprender, sino servir de correa de transmisión al mensaje mostrando el posicionamiento real de cada personaje respecto a él.
La concisión del texto avisa de su profundidad. Escanearlo permite penetrar con detalle en su hondo calado.
LOS SUJETOS
Los protagonistas de la acción están descritos con una fórmula intencionadamente imprecisa: Los suyos. El contexto aporta claridad suficiente para identificar a los sujetos principales del grupo aludido:
  • “Llegó su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar” (v.31).
A pesar del dato, el conjunto no se reduce a madre y hermanos. La expresión usada por Marcos para referirse a la totalidad del mismo: los suyos (οἱ παρ᾿ αὐτοῦ) tiene un sentido amplio. Indica proximidad (“los junto a él”) y posesión (“los de él”). Invita a pensar, además de en sus familiares directos, en personas próximas a él por parentesco o vecindad, con pretendida capacidad para interferir en sus planes.
Pero lo más curioso de esa fórmula: “los de él” (οἱ παρ᾿ αὐτοῦ) es su evidente contraste con otra, “los con él” (οἱ μετ᾿ αὑτοῦ), que arranca en el relato anterior a este que comentamos (3,14) y Marcos utilizará a partir de ahí como expresión técnica para identificar al grupo de discípulos (4,36; 5,18. 37.40).
Cada colectivo ha quedado definido. Los de él no coinciden con los con él.
LA ACCIÓN
Marcos traza el movimiento emprendido por los familiares con un simple verbo: “se pusieron en camino” (ἐξῆλθον) que implica decisión compartida, alude a distancia del lugar donde se halla Jesús y supone una finalidad concreta.
EL OBJETIVO
Los familiares tienen como único objetivo la busca y captura de Jesús.
No han faltado traducciones que dulcifican el sentido de la expresión griega empleada por Marcos, κρατῆσαι αὐτόν (“echarle mano”), descargando al verbo de su patente agresividad. Proponen lecturas como: “hacerse cargo de él”. El rebaje canta. Baste saber que se trata del mismo verbo utilizado repetidamente en la escena del apresamiento de Jesús (Mc 14,44.46.49).
Es legítimo admitir la intención protectora de los familiares. Pero esa misma idea confirma que, además de conocer su proyecto y el peligro que representaba, el clan familiar se opuso radicalmente a él y actuó con determinación para abortarlo.
LA RAZÓN
La praxis de Jesús ha llevado a su familia a una evidente conclusión. La ponen de manifiesto (“decían”; ἔλεγον):
  • “que había perdido el juicio”.
Con ese diagnóstico tan escueto justifican una actuación coercitiva Para ellos, la cabeza de Jesús no controla su actividad. Se sienten, por tanto, legitimados para controlarle a él.
Respecto al dictamen sobre la demencia de Jesús, conviene observar la llamativa coincidencia de sus familiares con los líderes llegados desde Jerusalén:
  • “Los letrados que habían bajado de Jerusalén iban diciendo (ἔλεγον):
  • Tiene dentro a Belcebú” (v.22).
También desde la capital se detectó el peligro. Líderes y familiares acuden a neutralizarlo. Unos, mediante el uso de medios efectivos: la publicidad engañosa (3,22-30); otros, con los medios a su alcance: obligándole a regresar al redil familiar tradicional.
EL MOTIVO
La pregunta surge con inmediatez: ¿Qué acción tan arriesgada ha llevado a cabo Jesús para merecer tan enérgicos movimientos contra él?
El inicio del versículo que analizamos obliga a indagar sobre dicha acción:
  • “Al enterarse” (καὶ ἀκούσαντες).
Con este apunte de Marcos, la pregunta anterior cobra dinamismo: ¿Qué han oído? ¿Cuál es la noticia?
El verso anterior no aclara la cosa, aunque algo sugiere:
  • “Fue a casa, y se reunió de nuevo tal multitud de gente que no podían ni comer” (v.20).
Casa alude a colectivo de personas. La casa mencionada aquí, a distancia de la conformada por el clan familiar (los de él), señala el espacio propio de sus amigos, los con él, y aparece ejerciendo un atractivo especial sobre un enorme gentío. La multitud pertenece a la casa institucional, la casa de Israel.
La concentración de las masas a las puertas de la casa no explica directamente la razón que ha motivado la alarma en familiares y líderes de la capital. Tampoco justifica el juicio compartido por ellos sobre la locura de Jesús. Pero sí subraya la existencia de un reciente acontecimiento cuya repercusión social ha elevado el nivel de preocupación de unos y otros.
En su enfrentamiento con la ideología oficial, que Jesús no rehuye:
  • “Él los convocó” (v.23),
el Galileo mencionará otra casa. Se trata de la ocupada por el sistema poderoso (“el fuerte”):
  • “Pero no, nadie puede meterse en la casa del fuerte y saquear sus bienes si primero no ata al fuerte; entonces podrá saquear su casa” (v. 27).
El sistema de poder, el fuerte, se ha fortalecido a costa de debilitar al pueblo. Su poder parece inviolable. Solo cabe inutilizar al sistema con una alternativa que evidencie mayor fortaleza que la suya. Jesús ha dado con la clave. Quien libera demuestra superar al poder que hace esclavos. Una casa alternativa caracterizada por la libertad y la igualdad declara la impotencia del fuerte. La libertad y la igualdad bloquean al fuerte y posibilitan saquear su casa.
El saqueo de la casa del fuerte está representado por la multitud atraída por las expectativas que ofrece una realidad alternativa: la casa del Galileo y los con él.
LA CLAVE
La familia de Jesús y los representantes de la ideología oficial consideraron que la locura de Jesús desestabilizaba el orden establecido, el que representaba la cordura con la que unos y otros estaban alineados.
Los movimientos de los personajes colectivos, multitud, familia y líderes apuntan a un suceso hondamente subversivo como desencadenante de sus actuaciones.
Encontramos tal acontecimiento en el relato precedente:
La Constitución de los Doce (Mc 3,13-19).
La Constitución de los Doce está lejos de ser un asunto de organización interna de los discípulos. La lectura de la Constitución de los Doce como ordenamiento de una estructura de poder religioso olvida la resonancia que tuvo tal movimiento estratégico de Jesús y se desentiende de la agresividad con que familia y representantes de la ideología oficial respondieron a él.
El fuerte atractivo de la constitución de los Doce reside en su novedad social, una realidad capaz de proporcionar la solución definitiva al régimen de esclavitud padecido por el pueblo.
Los líderes intentan desacreditar a Jesús ante ese pueblo porque comprenden que, perdiendo el control sobre la gente, el poder se les va de las manos.
La decisión de los de él, madre, hermanos y otros allegados, informa de que no basta la proximidad. Ser de los con élentraña haber optado por su proyecto.
Fuente: ATRIO

lunes, 24 de octubre de 2011

Díez–Alegría: La aventura de una conciencia.


El miércoles pasado, en la Universidad de Valencia, presidida por la estatua del humanista Luis Vives, se adelantó tres días la celebración del Centenario de Díez-Alegría. En el acto, que fue promoviso y moderado por ATRIO, el profesor Juan José Tamayo, uno de los pocos teólogos con Cátedra de Teología en una universidad pública española, evocó su figura con una intervención que ha resumido en esta “tribuna” que hoy publica también El País.
En fecha tan memorable como el 22 de octubre, centenario del nacimiento de José Mª Díez-Alegría, me gustaría evocar el impacto que su persona dejó en mí y las lecciones que de él aprendí tras casi cuatro décadas de amistad y colaboración.
  • 1. La primera y más importante fue la esperanza, más aún, la esperanza contra toda desesperanza. Una esperanza vivida en comunidad. Por eso con su amigo Pedro Laín Entralgo podía hablar de co-esperar. No fue, empero, la suya una esperanza ingenua o infantil, fácil y bobalicona, que desembocara en una confianza ciega, sino, por utilizar la terminología de Bloch, docta spes, en alianza con la razón, enraizada en la historia, con la mirada puesta en el futuro, en el horizonte de la libertad, sabedora de los riesgos del camino y consciente de los fracasos, tropiezos y desviaciones de la meta. Pero una esperanza que salía reforzada de los fracasos.
  • 2. La segunda lección fue el profetismo en su doble vertiente de denuncia y anuncio, de crítica y propuesta de alternativas. Siguiendo la estela de los viejos profetas de Israel y de Jesús de Nazaret denunció las injusticias causadas por el capitalismo, objeto fundamental de su crítica en no pocas de sus obras, siendo una de las más emblemáticas De la propiedad privada a la socialización. Y lo hizo sin temo a las consecuencias represivas de la jerarquía eclesiástica y del poder político. La vida de Díez-Alegría, su pensamiento itinerante, su modo de estar en el mundo y su manera de entender el cristianismo constituyen un ejemplo luminoso de profetismo en la ciudad secular, en sintonía con la utopía de “otro mundo posible” de los Foros Sociales Mundiales.
  • 3. Hay una tercera lección de la que fue pionero: la serena aproximación al marxismo en plena España franquista donde reinaba en un clima antimarxista visceral. El marxismo jugó un papel fundamental en la conformación del pensamiento y en la vida de Díez-Alegría, pero no como sistema dogmático, sino como método de análisis de la realidad, teoría de la revolución y guía ética para ubicarse en el lugar de la marginación. Ese fue uno de los campos de reflexión y de debate en el que brilló con luz propia junto a intelectuales de talla mundial como Bloch, Garaudy, Mury, Lombardo-Radice, Gardavski, Sacristán, Machovec, Girardi, Rahner, Metz, Moltmann y otros. El ideal cristiano y el marxista coinciden en la construcción de una sociedad sin clases. En esto, afirmaba, no hay contradicción entre ambos ideales.
  • 4. Diez-Alegría no fue  un creyente crédulo, sino crítico, pero no desde fuera y de forma malhumorada e iconoclasta, sino desde dentro y con ánimo constructivo. Su crítica se dirigió a la  religión y, más en concreto, al cristianismo “realmente existente”, a la Iglesia católica, que consideraba el gran fracaso del cristianismo jesuánico. Cuando cumplió 97 años hizo estas estremecedoras declaraciones sobre la Iglesia secuestrada por los poderosos: “Pienso que la Iglesia católica en su conjunto ha traicionado a Jesús. Esta Iglesia no es la que Jesús quiso sino la que han querido a lo largo de la historia los poderosos del mundo. Estas son las ideas que ahora tengo, sordo y medio ciego, esperando la muerte con mucha esperanza y con mucho humor”.  El principal artículo de su Credo era la fe en Jesús liberador. “Creo que Jesús dio su vida por propugnar la liberación de los pobres y oprimidos, por oponerse al egoísmo, a la injusticia y a la explotación.
  • 5. La libertad de conciencia y la libertad de expresión fueron la quinta lección maravillosamente formuladas y ejemplarmente razonadas en muchos de sus escritos desde antes incluso del concilio Vaticano II, pero, sobre todo, practicadas en los conflictos que le tocó vivir, por ejemplo, con motivo de la publicación de su libro Yo creo en la esperanza, a principios de los años 70 del siglo pasado, y a la hora de abandonar la Compañía de Jesús, aunque solode iure, porque de facto vivió siempre en residencias de jesuitas. La apelación a la conciencia fue lo más revolucionario de su vida y de su pensamiento, su modo de ser, su estilo de vida y su criterio de actuación ante las instituciones y las jerarquías religiosas y políticas. Sin levantar la voz, con buenos modales y elegancia.
“La aventura de una conciencia” es el certero subtítulo de la biografía de Pedro Miguel Lamet Díez-Alegría, jesuita sin papeles (Temas de Hoy, Madrid, 2005), que ofrece múltiples ejemplos de la libertad y la objeción de conciencia del teólogo.Libertad de conciencia y derechos humanos. Vida y pensamiento de José Mª Díez-Alegría es el título de la tesis doctoral de Juan Antonio Delgado de la Rosa, luego convertida en libro (ADG-N LIBROS, Valencia, 2010). Dos obras que recomiendo por su rigor y objetividad en el acercamiento a este “jesuita sin papeles”.
Diez-Alegría elevó a la categoría de virtudes, no sé si cardinales o teologales (en esto no quiero ser heterodoxo), la esperanza, el profetismo, la aproximación al marxismo, el sentido crítico y la apelación a la conciencia.
Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Otra teología es posible (Herder, Barcelona, 2011).
Fuente: ATRIO