Mostrando entradas con la etiqueta pecadores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pecadores. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de julio de 2013

El Papa cree que «no hay que tener miedo de renovar las estructuras de la Iglesia.


El Papa ha defendido la necesidad de renovar las estructuras de la Iglesia Como el herrero que calienta al rojo el hierro antes de empezar a darle forma, el Papa Francisco ha dedicado cuatro meses a preparar el cambio en el Vaticano, empezando por un cambio de actitud, para pasar después a un cambio de personas y, en una tercera fase, a un cambio de estructuras.

Una y otra vez da señales de libertad: al escoger su residencia, al simplificar las ceremonias, al dar su «luz verde» a la canonización de Juan XXIII dispensando del requisito de un segundo milagro, al organizar un viaje relámpago el próximo lunes a la isla de Lampedusa para rezar por los inmigrantes que mueren en el intento de cruzar el Mediterráneo y visitar a los internados en centros de acogida, etc.

JUAN VICENTE BOO EFE

El sábado, en su última misa de las siete de la mañana en la Casa Santa Marta –antes de suspender esos encuentros por dos meses-, el Santo Padre fue rotundo: «En la vida de la Iglesia hay estructuras antiguas, caducas. ¡Es necesario renovarlas!».

Sin miedo a la renovación La renovación forma parte de la esencia de la iglesia, comenzando con la de cada persona al recibir el bautismo: «Es una primera renovación de las estructuras. La Iglesia siempre ha ido adelante así, dejando que el Espíritu Santo renueve las estructuras de la Iglesia. ¡No hay que tener miedo a eso!».

Entre los fieles se contaba un buen grupo de reclutas de la Guardia Suiza, en general poco dados a la innovación y la espontaneidad, que le miraban asombrados.

El Papa subrayó que la Iglesia ha estado renovándose «desde el primer debate teológico sobre si para ser cristiano había que adoptar todas las costumbres judías o no. ¡Y dijeron que no! Los gentiles pueden entrar como lo que son, gentiles».

El peso de la rutina, el formalismo y la burocracia se notan demasiado en el Vaticano. Por eso el Papa invito a pedir a la Virgen «la gracia de no tener miedo a la renovación que realiza el Espíritu Santo, de no tener miedo a dejar caer las estructuras caducas, que nos aprisionan».

«No sepuede ser cristiano a trozos» Como siempre, el Santo Padre ponía en primer lugar la renovación de las personas, insistiendo en que nadie puede decir «yo soy un buen cristiano. Todos los domingos voy a misa desde las 11 al mediodía. Y hago esto y lo otro…como si fuese una colección. La vida cristiana no es un collage, es una totalidad armoniosa y la crea el Espíritu Santo».

Con mucha frecuencia Francisco habla de coherencia, de unidad de vida entre la fe cristiana que se profesa y el modo en que se actúa en el trabajo, la familia y la sociedad. El sábado insistió en que la fe, el encuentro con Jesús, «renueva nuestro corazón y nos lleva a un estilo de vida diferente, que domina la totalidad de nuestra vida. No se puede ser cristiano a trozos, cristiano part-time. ¡El cristiano part-time no sirve! Hay que serlo a tiempo pleno».

Sus palabras ponían el colofón a tres meses de homilías tempraneras y breves en las que ha hablado a más de un millar de empleados del Vaticano, y saludado a cada uno de ellos al terminar la misa.

El Papa ha dicho que «hay tres tipos de cristianos: los pecadores, los corruptos y los santos. Los pecadores somos todos, los corruptos son los que no reconocen su pecado y no quieren cambiar». Ha denunciado con vigor el «carrerismo» de los eclesiásticos y la hipocresía, advirtiendo que «hacen mucho daño a la Iglesia». Es mejor que se vayan. El cambio de actitud está servido.

Fuente: forojuanpabloII

miércoles, 22 de mayo de 2013

No hay santos de izquierdas.




En la tumba del Óscar Arnulfo Romero, en los sótanos de la catedral de San Salvador, se arremolinan unas monjas vestidas de blanco. Su uniforme de fe contrasta con la piedra negra de una tumba protegida por los símbolos de los cuatro evangelios y el báculo del difunto. Un hombre llamado Honorio, que cumplió los 70, es el encargado de dar la bienvenida a los foráneos, narrarles las idas y venidas del cuerpo, que yace en su tercer enterramiento, y los hechos que rodean al arzobispo. Horacio camina con dificultad. Dice que dejó las muletas por milagro del protector de los pobres. Mientras llegan los nuevos prodigios sobrevive de las monedas que recibe.

“En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”. Esta fue la última homilía completa de monseñor Romero antes de morir asesinado por las balas de la extrema derecha el 24 de marzo en 1980. Los que le mataron se sentían fuertes, impunes; tanto que continuaron matando. Más de 80.000 muertos en la guerra civil. Se firmó la paz. No hubo justicia. Otra transición que se basa en el olvido, en el desprecio de las víctimas.

En la plaza de la catedral va y viene un tráfico denso. Se respira humo. A la derecha, las tiendas de los vendedores, un termómetro de la pobreza. Esa plaza sin apenas gente bajo una solana de justicia. La memoria que viene caliente con Óscar Romero proyecta imágenes de los funerales, de las explosiones y disparos que causaron el pánico y la muerte de nuevos inocentes. De esa memoria vienen las fotos de cientos de zapatos abandonados en la huida.

En el campus de la Universidad Nacional de San Salvador se escucha el último discurso a través de unos altavoces. Los jóvenes se educan en no olvidar los referentes morales en una tierra que vivió horrores y violencias. El nombre de Óscar Romero y su obra sobreviven el paso del tiempo. Más allá de la avenida que le dieron y el respeto que se le profesa en El Salvador.

La presencia en Roma del papa Francisco empuja la esperanza de que este jesuita con sensibilidad social desatasque el proceso de beatificación de un arzobispo que murió denunciando las injusticias.

No hay muchos santos recientes de los pobres, más allá del lejano y célebre Francisco de Asís y otros de menos renombre. Los últimos dos papas optaron por santos conservadores, como los españoles que murieron en la guerra civil. Nada de veleidades con los iconos de la teología de la liberación, con los prelados progresistas, con los que no se callaban.
Romero, y otros como él en Latinoamérica, podrían ser un camino para que la Iglesia católica recupere la prédica entre los más necesitados. Otros esperan reconocimiento, como Ignacio Ellacuría y los otros cinco jesuitas asesinados el 16 de noviembre de 1989, también en El Salvador.

Son asuntos abiertos, pertenecen a la memoria histórica.

Tampoco es beato y mucho menos santo oficial de la iglesia en la que llegó a ser obispo el brasileño Elder Cámara, quien consagró su vida a los pobres, a la denuncia de la injusticia. “Cuando vives rodeado de miseria acabas preñado de ella”, dijo en una entrevista.

Ni Cámara ni Romero tuvieron aliados en el Vaticano. El primero mantuvo sus diferencias con Pablo VI; el segundo con Juan Pablo II, que le pidió prudencia. ¿Qué tipo de prudencia se puede tener ante la injusticia y el asesinato, ante los escuadrones de la muerte?

jueves, 10 de noviembre de 2011

Papa Ratzinger: bajo la lupa.


Bernardo Barranco V. / La Jornada 09/11/2011


Los vaticanistas Andrea Tornielli y Paolo Rodari publicaron en Roma, en agosto de 2010, el libro Attacco a Ratzinger. Accuse e scandali, profezie e complotti contro Benedetto XVI, que editorial Planeta tradujo con un nuevo título que resume la actitud de los autores: En defensa del Papa. En poco menos de 400 páginas, los vaticanistas abordan los principales episodios críticos del pontificado de Benedicto XVI. Desde su cátedra en la Universidad de Ratisbona, donde lamenta la violencia genética del Islam; el perdón a los obispos lefebvrianos que termina abortando; la crisis diplomática con los países europeos por las declaraciones del Papa sobre el preservativo en su primer viaje a África; el terrible manejo de los abominables casos de pedofilia, el tratamiento del caso Maciel y del cardenal austriaco Groër, abusador de seminaristas, o la reinterpretación de las profecías marianas de Fátima y Civitavecchia. Aunque en la introducción los autores tratan de deslindarse del enfoque del complot internacional por odio contra el papa Ratzinger, ése es el centro de la defensa de un pontífice contestado y golpeado duramente por la opinión pública mundial y por los polos progresistas y ultraconservadores de la propia Iglesia.
En el libro se narran periodísticamente las denuncias, los escándalos, conspiraciones y profecías contra Benedicto XVI. Más que análisis o enfoques sociológicos sobre las desventuras del Papa, Rodari y Tornielli narran sistemáticamente los episodios. Los autores se preguntan por qué se ha querido anestesiar el mensaje de Benedicto XVI, tachándolo de Papa retrógrado. Sin embargo, dicen los autores en la introducción, se olvidan sus esfuerzos en grandes temas como la pobreza, la globalización o la familia. Así como sus duras palabras contra el capitalismo salvaje o la invitación a la caridad y la fraternidad. ¿Se puede afirmar que existe una estrategia orquestada detrás de cada uno de estos ataques? ¿O más bien es consecuencia de una ausencia de dirección y de estrategia comunicativa de la gente más próxima al pontífice? ¿Este ataque tiene su origen sólo fuera de la Iglesia o nace también en el interior de los ambientes eclesiales? Ante el mundo entero, especialmente el año 2010, la Iglesia ha ido de un escándalo a otro, destacando los casos de pederastia que han llenado las páginas de los principales periódicos de todo el mundo. Los autores tienen un punto de partida que no lo reconocen abiertamente : hay una estrategia para lanzar el mayor descrédito a la Iglesia y el papado en particular. El objetivo, dentro y fuera de los círculos de la Iglesia, parece ser sólo Joseph Ratzinger, a quien no perdonan ser la mayor tutela de la fe y la tradición. Así, el libro tiene un guión, que analiza las diferentes tormentas en tres instancias: a) los errores de comunicación de la Santa Sede; b) la agresiva prensa secular que está permanentemente a la caza de los errores del pontificado, y c) el papel esencial de los católicos hostiles a Benedicto XVI que hacen coro y hasta apoyan las agresiones. Criticar el manejo mediático y las torpezas de la oficina de prensa de la Santa Sede es poco ético por parte del vaticanista Andrea Tornielli, ya que insistentemente se ha rumorado en los pasillos de Roma que él precisamente ocuparía la plaza del atormentado jesuita Federico Lombardi.
El libro no aporta nada nuevo ni tiene una verdadera defensa de un pontificado zarandeado por su terquedad de enarbolar un absolutismo ético y teológico frente a un mundo que cambia y que rebasa vertiginosamente las verdades adquiridas. El libro también responde a una serie de textos críticos e investigaciones documentales que ponen en evidencia la grave crisis por la que atraviesa la estructura y la cúpula vaticana. Traemos a colación el estupendo trabajo de Jason Berry, Render unto Rome, que hace unos meses fue publicado en Nueva York por Crown Publishers, en torno a los escándalos de abuso sexual y su impacto demoledor en las diócesis estadunidenses. El autor rastrea la utilización de recursos financieros para la indemnización de las víctimas, permite a Berry descubrir los mecanismos, la riqueza y la manera en que se administran los recursos en la Iglesia católica. El libro describe el funcionamiento legal y financiero de los fondos de la Iglesia, en Estados Unidos y la Santa Sede; se pone de manifiesto la evidente opacidad de la jerarquía católica para el manejo del dinero, en especial de los donativos. Devela altos niveles de corrupción, especialmente en las altas esferas de la curia romana. El libro relata en particular la actuación corrosiva de Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo, quien además de ser un excepcional recaudador de fondos fue un gran corruptor de la curia para convertirla en cómplice y principal encubridora. Documenta negocios encubiertos de familiares cercanos a Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, y la propia Iglesia. Fraudes detectados por la FBI. Por supuesto, Jason Berry también documenta la entrada en escena de Maciel, el señor de la prosperidad, quien desde 1947, cuando pretendió conocer al papa Pío XII, Marcial Maciel irrumpe en Roma con una actitud corruptora; llegó con un sobre de 10 mil dólares, una fortuna para la época, para poder acceder al pontífice. El dictamen es claro: la crisis del caso Maciel es al mismo tiempo la crisis de la propia curia romana. Por ello su solución se ha venido dosificando casi por goteo. Porque el actuar de los legionarios, en particular de Maciel, se hace con prácticas de corrupción, ocultamiento y complicidad delictuosa con actores centrales de la cúpula del Vaticano, al que por cierto no escapa el propio Benedicto XVI.
Dos lecturas del Vaticano; dos posturas político religiosas en juego y dos narrativas periodísticas.

Fuente: Chacatorex