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domingo, 28 de julio de 2013

El llamado al evangelio social del papa Francisco.


Bernardo Barranco V. La Jornada, México, 26 julio 2013

Con suavidad y sutileza, el mensaje social del papa Francisco se va robusteciendo conforme avanza su visita en Brasil. El Papa llegó a un país convulsionado por protestas sociales que reclaman mayor coherencia a una clase política que se ha vuelto torpe para dialogar con los legítimos cuestionamientos de la ciudadanía.

Brasil, a decir de muchos expertos, ha vivido una gran expansión económica pero una contracción política en la última década. El PT en el gobierno se ha engolosinado con sus logros y ahora no sabe cómo dialogar con una revolución ciudadana gestada por las redes sociales. Ibope acaba de publicar la caída en la aprobación del gobierno de Dilma Rousseff de 55 por ciento a un dramático 31 por ciento. Sin duda, esta especial circunstancia favorece los mensajes del Papa, pues pueden empatar con los reclamos de justicia social, contra la corrupción, a favor de la renovación de un sistema político gangrenado por el favoritismo y la corrupción. Así lo expresó Francisco en la favela Varginha, en el complejo de Manguinhos: A ustedes, queridos jóvenes, que tienen una especial sensibilidad frente a las injusticias, a menudo se sienten decepcionados con la noticia que hablan de la corrupción, con políticos y gente que, en lugar de buscar el bien común, buscan su propio beneficio, dijo el pontífice ante miles de fieles que acompañaron a su discurso. A todos ustedes, repito: no se desanimen, no pierdan la esperanza, no dejen que se apague la esperanza.

Marco Politi, probablemente el vaticanista italiano más respetado, indicó que Francisco en Brasil proseguirá y profundizará su Evangelio social. Desde que fue elegido ha venido denunciando las nuevas formas de esclavitud, la explotación, la desigualdad. Politi precisa: El papa Francisco es un fruto inesperado de la Teología de la Liberación porque es un representante de la llamada Teología Popular, que no es marxista ni politizada, pero que sí denuncia con fuerza los horrores de la miseria, la desigualdad y sus mecanismos económicos.

Ayer, Francisco denunció que la actual civilización mundial ha ido más allá, se pasó de rosca en el culto al dios del dinero, excluyendo los dos polos de la vida de las personas: las personas mayores y los jóvenes. Ante 40 mil jóvenes argentinos, en la catedral de Río de Janeiro, el Papa denunció una especie de eutanasia cultural con los viejos y de los jóvenes: El porcentaje de jóvenes que no tienen trabajo, ningún trabajo, es demasiado alto y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad del trabajo. Esta civilización nos está llevando la excluir estas dos puntas que son nuestro futuro, expresó en un improvisado mensaje.

Para Leonardo Boff, Francisco recupera para la Iglesia la denuncia y los temas sociales olvidados y hasta combatidos por los últimos pontífices. El posicionamiento sobre lo social puede operarse una ruptura con los anteriores pontífices, es el evangelio social de Francisco más que la Teología de la Liberación. Juan Pablo II libró contra una durísima batalla que dejó muchas víctimas, pactos con las dictaduras, corrupción eclesial en la curia que ha venido decantado su decadencia varios años después de su fallecimiento.
En Brasil podemos estar asistiendo al tránsito de un conjunto de gestos y símbolos lanzados desde Roma en los últimos cuatro meses por Francisco a una postura programática de su gobierno pontifical. Si desde el Vaticano, Francisco ha venido anunciando con señales la descosificación de la figura papal y de todo el viejo oropel monárquico y esclerotizado de la Iglesia que la ponía por encima a los pastores de los fieles, ahora, pareciera que desde el evangelio social, Francisco propone una renovación a la Iglesia. Que no es otra cosa que retomar el espíritu del Concilio, relativiza las discusiones hermenéuticas de Ratzinger sobre la correcta interpretación y en los hechos está proponiendo dejarse llevar por los clamores y anhelos del pueblo. Palabra teológica que tanto gusta al Papa. Paradójicamente, Mario Bergoglio ha sido el único de los últimos cinco papas que no participó en el Concilio. Cuando éste se inaugura en 1962, el joven Bergoglio tenía 25 años y ni siquiera estaba ordenado sacerdote.

Algunos vaticanistas ha registrado no sólo los gestos de Francisco, sino sus silencios. Ya habíamos señalado que Francisco no ha puesto mucho énfasis en la discusión sobre los homosexuales, las nuevas parejas, el aborto y los temas en los que Benedicto XVI había venido insistiendo de manera recurrente. No creo que el actual Papa se atreva a abandonar dicha agenda pero no absolutizarla. Pero Francisco es un papa del Tercer Mundo, su sensibilidad es muy diferente a la de los clérigos de los países ricos y prospero del área noratlántica. Por ello, sí creo que Francisco introducirá con mayor fuerza la agenda social y la crítica al sistema económico mundial que está produciendo víctimas en todo el planeta, especialmente en las expectativas frustradas de los jóvenes. Si Benedicto XVI priorizó Europa como escenario de sus mayores esfuerzos pastorales y culturales, me parece que Francisco retomará su acento en África, Asia y América Latina como sus mayores prioridades geoeclesiales.

Ante los jóvenes argentinos, les dijo: "Quiero que salgan a las calles para armar lío, quiero lío en las diócesis que también salgan. Quiero que la Iglesia salga también a las calles, quiero que nos defendamos de todo lo que es mundano, comodidad, instalación, clericalismo y de estar cerrados en nosotros mismos. Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir. Si no salen se convierten en una ONG y la Iglesia no puede ser una ONG."

Fuente: ATRIO

jueves, 10 de noviembre de 2011

Papa Ratzinger: bajo la lupa.


Bernardo Barranco V. / La Jornada 09/11/2011


Los vaticanistas Andrea Tornielli y Paolo Rodari publicaron en Roma, en agosto de 2010, el libro Attacco a Ratzinger. Accuse e scandali, profezie e complotti contro Benedetto XVI, que editorial Planeta tradujo con un nuevo título que resume la actitud de los autores: En defensa del Papa. En poco menos de 400 páginas, los vaticanistas abordan los principales episodios críticos del pontificado de Benedicto XVI. Desde su cátedra en la Universidad de Ratisbona, donde lamenta la violencia genética del Islam; el perdón a los obispos lefebvrianos que termina abortando; la crisis diplomática con los países europeos por las declaraciones del Papa sobre el preservativo en su primer viaje a África; el terrible manejo de los abominables casos de pedofilia, el tratamiento del caso Maciel y del cardenal austriaco Groër, abusador de seminaristas, o la reinterpretación de las profecías marianas de Fátima y Civitavecchia. Aunque en la introducción los autores tratan de deslindarse del enfoque del complot internacional por odio contra el papa Ratzinger, ése es el centro de la defensa de un pontífice contestado y golpeado duramente por la opinión pública mundial y por los polos progresistas y ultraconservadores de la propia Iglesia.
En el libro se narran periodísticamente las denuncias, los escándalos, conspiraciones y profecías contra Benedicto XVI. Más que análisis o enfoques sociológicos sobre las desventuras del Papa, Rodari y Tornielli narran sistemáticamente los episodios. Los autores se preguntan por qué se ha querido anestesiar el mensaje de Benedicto XVI, tachándolo de Papa retrógrado. Sin embargo, dicen los autores en la introducción, se olvidan sus esfuerzos en grandes temas como la pobreza, la globalización o la familia. Así como sus duras palabras contra el capitalismo salvaje o la invitación a la caridad y la fraternidad. ¿Se puede afirmar que existe una estrategia orquestada detrás de cada uno de estos ataques? ¿O más bien es consecuencia de una ausencia de dirección y de estrategia comunicativa de la gente más próxima al pontífice? ¿Este ataque tiene su origen sólo fuera de la Iglesia o nace también en el interior de los ambientes eclesiales? Ante el mundo entero, especialmente el año 2010, la Iglesia ha ido de un escándalo a otro, destacando los casos de pederastia que han llenado las páginas de los principales periódicos de todo el mundo. Los autores tienen un punto de partida que no lo reconocen abiertamente : hay una estrategia para lanzar el mayor descrédito a la Iglesia y el papado en particular. El objetivo, dentro y fuera de los círculos de la Iglesia, parece ser sólo Joseph Ratzinger, a quien no perdonan ser la mayor tutela de la fe y la tradición. Así, el libro tiene un guión, que analiza las diferentes tormentas en tres instancias: a) los errores de comunicación de la Santa Sede; b) la agresiva prensa secular que está permanentemente a la caza de los errores del pontificado, y c) el papel esencial de los católicos hostiles a Benedicto XVI que hacen coro y hasta apoyan las agresiones. Criticar el manejo mediático y las torpezas de la oficina de prensa de la Santa Sede es poco ético por parte del vaticanista Andrea Tornielli, ya que insistentemente se ha rumorado en los pasillos de Roma que él precisamente ocuparía la plaza del atormentado jesuita Federico Lombardi.
El libro no aporta nada nuevo ni tiene una verdadera defensa de un pontificado zarandeado por su terquedad de enarbolar un absolutismo ético y teológico frente a un mundo que cambia y que rebasa vertiginosamente las verdades adquiridas. El libro también responde a una serie de textos críticos e investigaciones documentales que ponen en evidencia la grave crisis por la que atraviesa la estructura y la cúpula vaticana. Traemos a colación el estupendo trabajo de Jason Berry, Render unto Rome, que hace unos meses fue publicado en Nueva York por Crown Publishers, en torno a los escándalos de abuso sexual y su impacto demoledor en las diócesis estadunidenses. El autor rastrea la utilización de recursos financieros para la indemnización de las víctimas, permite a Berry descubrir los mecanismos, la riqueza y la manera en que se administran los recursos en la Iglesia católica. El libro describe el funcionamiento legal y financiero de los fondos de la Iglesia, en Estados Unidos y la Santa Sede; se pone de manifiesto la evidente opacidad de la jerarquía católica para el manejo del dinero, en especial de los donativos. Devela altos niveles de corrupción, especialmente en las altas esferas de la curia romana. El libro relata en particular la actuación corrosiva de Marcial Maciel, fundador de los legionarios de Cristo, quien además de ser un excepcional recaudador de fondos fue un gran corruptor de la curia para convertirla en cómplice y principal encubridora. Documenta negocios encubiertos de familiares cercanos a Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, y la propia Iglesia. Fraudes detectados por la FBI. Por supuesto, Jason Berry también documenta la entrada en escena de Maciel, el señor de la prosperidad, quien desde 1947, cuando pretendió conocer al papa Pío XII, Marcial Maciel irrumpe en Roma con una actitud corruptora; llegó con un sobre de 10 mil dólares, una fortuna para la época, para poder acceder al pontífice. El dictamen es claro: la crisis del caso Maciel es al mismo tiempo la crisis de la propia curia romana. Por ello su solución se ha venido dosificando casi por goteo. Porque el actuar de los legionarios, en particular de Maciel, se hace con prácticas de corrupción, ocultamiento y complicidad delictuosa con actores centrales de la cúpula del Vaticano, al que por cierto no escapa el propio Benedicto XVI.
Dos lecturas del Vaticano; dos posturas político religiosas en juego y dos narrativas periodísticas.

Fuente: Chacatorex