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lunes, 25 de julio de 2016

Protestantismo latinoamericano analiza su pasado y futuro.

Foto de grupo del encuentro de la FTL en Wheaton Foto: Gene Green

Consulta de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) en Norteamérica, en Wheaton.

Los núcleos de la región Norteamérica de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) se reunieron para una consulta teológica en Wheaton del 30 de junio al 2 de julio. La reunión giró alrededor de la temática del histórico congreso de iglesias y organizaciones misioneras protestantes que se realizó en Panamá en 1916, en lo que se considera como el primer gran encuentro de protestantes latinoamericanos en el siglo XX. 

Se trataba de celebrar dicho congreso y revisar el impacto histórico que tuvo y sus repercusiones en la historia del protestantismo latinoamericano, visto con la perspectiva de un siglo. Se consideró también la significación de dicho evento para el futuro, ahora que el pueblo evangélico de América Latina está participando en la misión global con el envío de misioneras y misioneros a otras partes del mundo. 

Participaron 8 mujeres y 28 varones, representando a los núcleos de Chicago, Cleveland/Chattanooga, Los Ángeles, Miami y Phoenix, la mayoría de los cuales tienen una larga trayectoria en la FTL. Se unieron a ellos dos miembros de la FTL de otras regiones: Samuel Escobar que vive en España y Tomás Gutiérrez del Perú. 

FTL, Wheaton 2016 / G. Green 

En la buena tradición de la FTL, las ponencias fueron preparadas de antemano y circuladas para su consideración previa a la consulta, lo cual facilitó la reflexión colectiva y la redacción de conclusiones. 

Escobar ofreció una breve referencia misionológicaa la conferencia misionera protestante de Edimburgo 1910, en la cual por influencia anglo-católica no se permitió la participación de misiones que trabajaban en países considerados cristianos como los de América Latina, católicos, o los de Europa oriental, ortodoxos. El esfuerzo por corregir tamaño error histórico se manifestó en la convocación del Congreso de Panamá, como expuso Juan Martínez del Seminario Fuller en el análisis histórico de su ponencia: Panamá 1916 - Sus raíces y sus frutos en el mundo evangélico,comentada por Lindy Scott del WithworthCollege. 

Pasado y presente fueron objeto de la reflexión en dos ponencias, la de Samuel Pagán, biblista y profesor del Centro de Estudios Bíblicos en Jerusalén :Panamá 1916 y 2016: Lecturas, comprensiones y aplicaciones del mensaje de la Biblia,y la del historiador Tomás Gutiérrez Sánchez, Protestantismo y democracia en América Latina: La incidencia del congreso de Panamá en las sociedades latinoamericana scomentada por Oscar García-Johnson del Seminario Fuller. 


 FTL, Wheaton 2016 / G. Green 

La mirada se dirigió al futuro en dos ponencias. La de Alexandra Zamora, promotora de misiones y organizadora de la consulta :El rostro del mundo misionero tiene rasgos latinos, comentada por Wilmer Estrada-Carrasquillo del Seminario Bíblico Pentecostal en Cleveland Tennessee y por Sídney Rooy, historiador y uno de los fundadores de la FTL. Zamora examinó la realidad de la presencia latinoamericana en las misiones a nivel global y el desafío que se presenta a los evangélicos de habla hispana en Norteamérica. Por su parte Elizabeth Conde-Frazier, Decana Académica en Esperanza College de Filadelfia, expuso su ponencia: La misión evangelizadora de la educación cristiana, que fue comentada por Gretchen Abernathy, quien colabora en la publicación dela revista semestral de la FTL en inglés Journal of LatinAmerica Theology, que dirige Lindy Scott. FTL, Wheaton 2016 / G. Green Durante la reflexión en las plenarias y en pequeños grupos un tema que se fue imponiendo fue el de la identidad del protestantismo latinoamericano y en particular la del pueblo evangélico de habla hispana en Norteamérica. 

Este tema tiene particular importancia cuando se piensa en la vocación específica de la FTL en Estados Unidos, donde los hispanos constituyen una minoría creciente con su problemática misional y pastoral inconfundible. FTL, Wheaton 2016 / G. Green Los asistentes constituídos en Asamblea decidieron pedir a Alexandra Zamora que continuase como Secretaria Regional de la FTLy encargar la publicación de los materiales de la consulta en castellano a Oscar García-Johnson y Juan Martínez, esperando que el Journal de la FTL las publique en inglés. En un momento culminante de la consulta los pastores Silvina y Javier Kosacki dirigieron la celebración de la cena del Señor al son de música latinoamericana. 

sábado, 16 de julio de 2016

Misericordia y protestantismo.



¿Cuándo encontraré un Dios misericordioso?
(Martín Lutero)

La gran pregunta de arranque de lo que supuso para Europa la Reforma Protestante no fue tanto que Martín Lutero clavase sus 95 tesis sobre la puerta de la Catedral de Wittemberg, un 31 de octubre, para dar inicio a un debate teológico, sino su propia experiencia personal ante esta búsqueda del Dios misericordioso.

Es cierto que se ha fijado el episodio de las 95 tesis, por su contenido y significado, como la fecha que se celebra anualmente como inicio de la Reforma, no obstante, tanto en los precursores de la Reforma como Juan Hus (1372-1415) en Bohemia o John Wyclif (1320-1384) en Inglaterra, como en los reformadores posteriores lo importante era la autenticidad en la relación con Dios.

Martín Lutero (1483-1546) entendió un día que Dios no era un juez que pesaba en su balanza los méritos humanos, sino un Padre, que en su misericordia, quería sacar a su criatura de su caída y hacerla participar de su santidad y de su felicidad. Descubrió que el corazón de Dios es la bondad, la misericordia y la gracia.

Los reformadores desde diferentes ángulos y fuentes, Lutero (reformador en Alemania) se inspiraba principalmente en el apóstol Pablo, Bucero (reformador en Estrasburgo) en los evangelios oOecolampadio (reformador en Basilea) en los escritos joánicos, llegan a la misma conclusión: Dios es amor. Esta convicción se impone en ellos para enfrentarse a la teología nominalista y escolástica de la época, rígida y dogmática, para subrayar la importancia de la gratuidad, de la gracia, en su relación con Dios.
Predicarán a favor de un Dios muy distinto al que se predicaba en la Edad Media, más sostenido en el miedo y el pago de indulgencias, que apuntaba al Dios-Juez implacable, ante el que solo podían encontrarse a través de las mediaciones, fundamentalmente de la iglesia. Las personas solo podían enfrentarse a sus angustias, y en la época eran notables, a través de remedios relacionados con el sacrifico, de sumisión, económico o de absolución sacerdotal. Las reliquias o los santos ofrecen un contacto casi físico con la divinidad. Posteriormente la Iglesia Católica ha hecho también su propia reforma o “aggiornamento”, sin embargo algo de ese acento perdura.

Paul Tillich, teólogo alemán del s. XX, señala que este acento se sitúa sobre la realidad de la presencia de Dios en ciertos lugares, objetos, instituciones, textos y ceremonias. A través de ellos Dios tiene un rostro concreto y se hace tangible. El acento de la reforma protestante es iconoclasta, rompe con la imagen, pero también con el dogmatismo, eclesiocentrismo, ritualismo y sacramentalismo. La presencia de Dios no es material sino espiritual. La relación con Dios es un acontecimiento por medio del Espíritu y no por medio de una institución. Tillich señala que ambos acentos se necesitan y son complementarios, aunque de manera conflictiva.

Este cambio de acento, como en la experiencia existencial de Lutero, se produce en los reformadores protestantes insistiendo en el Dios de amor. Subrayaran diferentes aspectos, por ejemplo Zwinglio(reformador de Zurich) insiste en el buen pastor (Juan 10, 11-14), Martín Bucero cambiará en todas las liturgias de Estrasburgo la invocación de Dios por la formula bíblica de “Padre”. Juan Calvino(reformador de Ginebra) dice que lo que importa es contemplar el rostro benigno de Dios: “Si tenemos la menor chispa de la luz de Dios, que nos descubre su misericordia, somos suficientemente iluminados para tener una firme seguridad”.

Para el protestantismo la relación con la misericordia de Dios es una palabra de liberación, de perdón que ofrece confianza y compromiso. Los reformadores buscaran confrontar a cada persona con la Palabra de Dios, en la Biblia, la predicación y los sacramentos, para que cada uno encuentre una relación saludable con Dios, una relación auténtica. Es a partir de esta relación, por medio de la acción del Espíritu, que la misericordia se traduce en compromiso con la humanidad, para que la igualdad, la justicia, la ética y la paz alcancen a toda criatura. Apelarán a la libertad de conciencia, como compromiso responsable con ese Dios de amor, y al sacerdocio universal de todos los creyentes, como compromiso comunitario e igualitario, para la transformación de la sociedad en la perspectiva del Reinado de Dios.

Un ejemplo claro de esta misericordia y su extensión a toda criatura fue la Declaración de Barmen(1934), a cuyo Sínodo asistieron por ejemplo Karl Barth o Dietrich Bonhoeffer, que afirmó que “la Iglesia es una comunidad de hermanos unidos en el amor de Cristo y rechaza cualquier doctrina que pretenda que deje esta convicción para supeditar su mensaje a los vaivenes de la política (Efesios 4, 14-16)”. Frente a la barbarie del nazismo, la misericordia –amor de Cristo– no permitía a la iglesia ser cómplice del desprecio por la vida de algunos seres humanos, judíos, por ejemplo.

Hoy necesitamos de este compromiso con la misericordia de Dios para no ser cómplices de ninguna clase de barbarie, por cierre de fronteras, exclusión social o cualquier otro tipo de discriminación. Lutero encontró al Dios de misericordia e hizo de Él su bandera en el compromiso a favor de la libertad cristiana.

Publicado en la revista “Entre Paréntesis” (13 de julio de 2013)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Evangelio, protestantismo y capitalismo.



En los años 70 del siglo pasado, poco antes de morir Franco, en mi plena adolescencia y recién descubierto el mensaje del Evangelio y experimentado una crucial conversión a Cristo, ser cristiano era entrar en una dinámica de alienación, un alien en la lucha entusiasta y clandestina por la libertad y la justicia social que alentaba en muchos jóvenes universitarios y reconocidos intelectuales españoles. Era el auge de la ideología marxista, que desde hacía una década en América Latina inundaba toda la vida intelectual de las universidades latinoamericanas, al decir de Pablo Guadarrama, sin que hubiera una esfera de las ciencias sociales que no se hubiese visto influenciada por ella[1].

Para tratar de responder, o de situarse ante esta fe político-social que entusiasmaba a las mentes más progres e influyentes de la época, los dirigentes evangélicos más avezados escribían o traducían tratados sobre la problemática del “hombre cristiano y el hombre marxista”, “entre Marx y Cristo”, con el fin de dar respuesta a desazones y preguntas inquietantes por parte de los creyentes más concienciados social o intelectualmente.

Era difícil evitar un cierto sentido de inferioridad, o de no saber realmente a qué atenerse en esos años de convulsión social, cambios políticos y golpes militares.

Hasta la misma iglesia católica romana, hegemónica en España desde el año 39, experimentó una especie de “invierno eclesial”[2]. Frente a la entrada en la vida pública de las cuestiones políticas y sociales, la fe cristiana aparecía poco atractivo y encima sonaba a irrelevante. Para los más leídos, y un buen número de intelectuales españoles, que habían leído u oído hablar de Max Webber, La ética protestante y el espirítu del capitalismo (publicado originalmente en 1904/1905, 1920 se publicó en España en julio de 1969, traducido por Luis Legaz Lacambra, y editado por Ediciones 62)[3], la obra no dejaba dudas sobre el efecto causal, la conexión entre protestantismo y capitalismo. Incluso algunos evangélicos dieron por buena esta interpretación de la obra de Webber, por otra parte, todo un modelo de buen trabajo y de investigación rigurosa. Un ejemplo a seguir.

Como consecuencia de esta aceptación acrítica de la simbiosis entre protestantismo y capitalismo, muchos nos quisieron saber nada del protestantismo que conducía a ese hijo indeseable del capitalismo, y reivindicaron la vuelta a los orígenes, al puro Evangelio de Jesucristo, sin mediaciones históricas, como la Reforma. Para los católicos progres, el protestantismo encima de ser limitado doctrinalmente, era una avanzadilla del capitalismo sajón, y concretamente estadounidense, de sus misioneros, a algunos de los cuales se vinculaba con la CIA.

El profesor José Luis Abellán, que debió de leer las tesis de Webber muy por encima, concluyó que el catolicismo representa la “teología de la pobreza”, frente a la “teología de la riqueza” del protestantismo. Un cuento largo de explicar[4].

Webber no dijo que con el protestantismo surgió el capitalismo como algo nuevo en la historia, ni ninguna barbaridad de este tipo. Lo que dice es que, frente a un capitalismo, presente en la historia desde tiempos inmemoriales, de tipo oriental, de ostentación, lujo y derroche, con el protestantismo surge un capitalismo de tipo empresarial, productivo, emprendedor y ahorrativo, al que se deben las grandes empresas de las que hoy nos beneficiamos todos, desde la invención y producción de un simple paraguas a la de una locomotora.

De hecho, cuando cambian las tornas, la década de los 80, y colapsa el sistema del “comunismo real” de la URSS, los neoliberales comienzan a ser el paradigma emergente. En 1990, la revista Newsweek proclamaba que “10,000 hombres de Harvard, una nueva generación de tecnócratas entrenados en los Estados Unidos están reestructurando la economías de América Latina”. El mismo artículo describía el entorno mundial: “[…] el socialismo y el paternalismo económicos están sitiados;viva [en castellano en el original] la economía de mercado. En América Latina, líderes democráticos han asumido el poder desde Tijuana hasta Tierra del Fuego en los últimos cinco años”[5].

Son los años de los gobiernos antisociales de Margaret Thatcher en Gran Bretaña, de Ronald Reagan en Estados Unidos y de la desbandada política e intelectual de la izquierda stalinista después de la caída del muro de Berlín (1989).

En esta nueva coyuntura, Jacques Paternot y Gabriel Veraldi, publican un estudio mediante el cual intentan demostrar que hay que trasladar el origen del capitalismo de la ética protestante al catolicismo medieval, de modo que la gloria sea de la Iglesia católica, una vez quitado el aguijón, el papel malo, del capitalismo[6].

¿Qué queda entonces de esta vaina?

En la misma línea de Webber, de quien era amigo, el sociólogo y economista Werner Sombart, quien, por cierto, publicó en 1902 El Capitalismo Moderno (Der modern Kapitalismus), que apareció nada menos que en seis volúmenes, dedicó muchos estudios a este tema: Luxus und Kapitalismus (1921, traducción al español:Lujo y capitalismo. Sequitur, Madrid 2009); Der Bourgeois: zur Geistesgeschichte des modernen Wirtschaftsmenschen (1913. Traducción al español: El burgués: contribución a la historia espiritual del hombre económico moderno. Alianza, Madrid 1993); y Die Juden und das Wirtschaftsleben (1911). Traducción al español: Los judíos y la vida económica. Ediciones Cuatro Espadas, Buenos Aires, 1981, donde atribuye a los judíos, en lugar de a los protestantes, el nacimiento del capitalismo moderno[7]. Pero es en su obra sobre el burgués, donde se esclarecen muchos de los puntos en disputa sobre el papel asignado a la ética protestante en el génesis del capitalismo. Como hizo Webber, también Sombart recurre a los mismos autores puritanos: Baxter, Hutcheson, Boston…, para mostrar la unanimidad de los teólogos protestantes de la época en su condena de la acumulación de riquezas. La moral puritana en ningún momento favoreció la idea del enriquecimiento sin escrúpulos[8]. Cierto que entre los puritanos se dieron grandes empresarios capitalistas, “pero dudo mucho que su grandeza se deba a la moral puritana y no a las característica personales y a las leyes del destino”[9].

Es más, dice Sombart, el protestantismo se anuncia en principio, y en toda la línea, como un serio peligro para el capitalismo y, en especial, para la mentalidad económica capitalista. “No podía ser de otra forma. El capitalismo vive —se mire como se mire y se le valore como se le valore— de una mezcla de elementos profanos y terrenales, por lo cual cuanto más ponga los ojos el hombre en los placeres de este mundo, más adeptos encontrará esta doctrina, mereciendo en cambio el odio y la condenación de aquellas personas para las que la vida terrenal no es sino una preparación para el más allá. Toda profundización del sentimiento religioso provoca necesariamente una indiferencia hacia los asuntos y problemas económicos, e indiferencia hacia el éxito económico, la cual indiferencia significa debilitamiento y descomposición del espíritu capitalista”[10].

Como amonestaba Richard Baxter a sus congregantes: “Cuidad de no hallar demasiada complacencia en el éxito y en el florecimiento de vuestro negocio, como aquel de quien habla San Lucas 12:20: Insensato, esta misma noche te arrancarás de las manos tus tesoros”[11].

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[1] Pablo Guadarrama González, “Humanismo y socialismo en la óptica del pensamiento marxista en América Latina”, Estudos Avançados, vol. 11 no. 30 São Paulo May/Aug. 1997.

[2] Invierno eclesial que, por cierto, se ha acentuado con el paso de los años. Cf. Víctor Codina, Sentirse Iglesia en el invierno eclesial (Cristianismo y Justicia, Barcelona 2006); Alfonso Gálvez, El invierno eclesial (Shoreless Lake Press, USA 2011).

[3] Por cierto, Luis Legaz Lacambra (1906-1980), era un católico muy cercano a Escrivá de Balaguer, y estaba especializado en filosofía de derecho. No se olvide que la teología de la vocación laboral del Opus Dei no está muy lejos del calvinismo en ese punto.

[4] A esta discusión dediqué un capítulo (“Economía, pobreza y consumo”) de mi libro Filosofía y cristianismo. CLIE, Barcelona 1997.

[5] Ricardo Yoselevsky, “Una nota sobre el desarrollo de las ciencias sociales en América Latina”, Perfiles Latinoamericanos, vol. 23 no. 45 México ene./jun. 2015

[6] Jacques Paternot y Gabriel Veraldi, ¿Está Dios contra la economía? Planeta, Barcelona 1991.

[7] “En el derecho judío se rompe el rígido principio del monopolio comercial para dar paso a la “libertad comercial». Dios quiere la libertad de comercio y el libre ejercicio de las profesiones” (W. Sombat).

[8] Werner Sombart. El burgués. Contribución a la historia espiritual del hombre económico moderno, p. 271. Alianza, Madrid 1993.

[9] Ib., p. 272.

[10] Ib., p. 261.

[11] R. Baxter, Christian Directory, I, 219 (original 1673, reeditado por Soli Deo Gloria Publications, Ligonier, 1990).



Alfonso Ropero Berzosa

Director Editorial de CLIE. Dr. en Filosofía (Sant Alcuin University College, Oxford Term, Inglaterra). Autor de Filosofía y cristianismo; Introducción a la filosofía; La renovación de la fe en la unidad de la Iglesia; Mártires y perseguidores.