miércoles, 6 de julio de 2016

“Corrupción”: relación entre el poder y el lucro.



José M. Castillo, teólogo

Ya he dicho, en este blog, que el espinoso asunto de la “corrupción” es un problema no solamente político, sino además religioso. Ahora doy un paso más. Y digo que la “corrupción” es el ataque más directo y más grave que podemos hacer al sistema político, económico, social, cultural y religioso en que vivimos. Quiero decir, por lo tanto, que si no se controla y se suprime el virus de la “corrupción”, ese virus acabará liquidando el sistema de sociedad, de convivencia y de creencias en el que vivimos. O sea, si este problema no se ataja de raíz, lo más probable es que la sociedad en que vivimos no tendrá futuro. Y conste que no sería la primera vez que esto ocurre. Ya tendríamos que haber aprendido, de los antiguos imperios, que se hundieron precisamente cuando menos lo esperaban sus tranquilos ciudadanos, los “corruptos” de entonces.

Me explico. El conocido historiador irlandés (profesor en Oxford) Peter Heather, en su voluminoso estudio sobre “La caída del Imperio Romano”, nos informa de que, en el siglo IV, no se percibía ningún signo de que aquel imperio estaba “a punto de derrumbarse”. Y, sin embargo, el derrumbe, cuando nadie lo esperaba, no tardó en producirse. Por supuesto, y como es sabido, los ejecutores del derrumbe fueron los “bárbaros”, que vinieron de fuera del imperio. Pero la verdadera causa de aquel derrumbe estuvo dentro, en el imperio mismo, cuando en aquel imperio de siglos se traspasaron con creces “los límites de la gobernanza”.

Sencillamente, se produjo lo que se ha denominado “la corrupción del sistema romano”. Que no fue otra cosa que el destrozo de la relación normal (y honesta) entre el poder y el lucro. Quienes eran designados para ocupar cargos de poder, utilizaban aquel poder, no para servir al imperio y sus ciudadanos, sino para robar a la gente indefensa. Esto ocurrió cuando el nepotismo resultó ser un componente del sistema. La cosa era tan simple como destructiva. Por lo general “el nombramiento para un cargo se aceptaba como una oportunidad para hacer el agosto, y se daba poco menos que por descontado que se produciría un moderado grado de malversación” (P. Heather). Lo cual, dicho de forma más clara y contundente, significa que, si para algo se inventó el Derecho romano fue para defender y asegurar la propiedad, al tiempo que, si para algo se ejercía el poder y los cargos públicos, era para robar esa propiedad a quienes les correspondía.

Como es lógico, en un imperio en el que se había instalado semejante contradicción, tal imperio se veía minado en sus cimientos y en sus raíces. Y así fue. Es verdad que hubo emperadores, como fue el caso de Valentiniano (364-375), que tomaron enérgicas medidas contra la “corrupción”, pero ni siquiera Valentiniano trató de cambiar el sistema. Porque lo decisivo no era castigar determinados casos de corrupción, sino atajar la raíz de tales comportamientos en todo cuanto se movía utilizando el poder y sus privilegios, no para servir a los ciudadanos, sino para robar a tales ciudadanos. Pero eso no se podía evitar desde el momento en que los cargos públicos en aquella sociedad no eran ocupados por las personas más competentes y honestas, sino por quienes gozaban de la desmedida preferencia que el emperador (y sus más allegados) daban a sus parientes, amigos o personas del propio partido, que eso – ni más ni menos – viene a ser el nepotismo. Pero, es claro, un sistema que funciona así, termina por destrozar sus propios cimientos. En el caso del antiguo Imperio, porque allí ya no mandaban los más competentes, sino los más ladrones. Allí, ya no funcionaba la correcta relación “poder – derecho”, sino la incorrecta relación “poder – lucro”. Y de sobra sabemos que, tal como funciona la condición humana, cuando el poder se emplea a fondo, no para defender el derecho de todos, sino el lucro de algunos, no ya los defraudados, sino el sistema entero se destroza a sí mismo.

¿Es esto lo que tenemos ahora entre nosotros y con nosotros? Mucho me temo que efectivamente es así. No ya sólo por lo que ha ocurrido en los últimos años y en las últimas elecciones generales. La cosa viene desde mucho antes. No sabría fijar desde cuándo. En cualquier caso, es evidente que llevamos ya varias décadas en las que hemos ido viendo y viviendo cómo hemos pasado del hambre a la opulencia. Pero este cambio, tan deslumbrante (a primera vista), se ha hecho y se mantiene a base de ocultar y camuflar una realidad de la que nos tienen que dar cuenta y explicación todos los que, desde el poder, han gestionado con más eficacia el “lucro” de ellos mismos que la “igualdad y la dignidad” de todos.

Y si esto ha sucedido así, es porque los cargos públicos han sido ocupados, no por los más honestos y competentes, los que se habían currado el cargo en unas pruebas exigentes y en unas oposiciones, sino por los más allegados y amiguetes de quien ha gestionado el poder mayor, sea cual sea su nombre o su color. En una sociedad gestionada así, se hace trizas la relación “poder – lucro”. Con esto quiero decir que el problema capital, que tenemos que afrontar en nuestro país en este momento, no está en acertar si debe mandar la derecha, el centro o la izquierda, si lo mejor es que nos gobierne este partido político o el otro. Eso es importante, por supuesto. Pero hay algo previo, que es lo que más urge resolver. Reducir al máximo posible la designación “a dedo” de cargos públicos. Solamente así podremos estar seguros de que quienes nos gobiernan ejercerán el poder, no para enriquecerse, sino para gestionar una sociedad más igualitaria, más humana y más justa.

Y todavía – si se me permite -, una observación. Cuando escribo algo, no puedo olvidar que he dedicado, y sigo dedicando, mi vida a la religión, a la Iglesia, a la teología. Por eso, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué papel ha desempeñado en todo este asunto la Iglesia? No quiero despachar esta pregunta tan grave lanzando las diatribas de siempre contra el clero y sus representantes. El problema es mucho más complicado. Si la Iglesia tiene alguna razón de ser, es porque prolonga en el tiempo y hace presente en cada lugar el Evangelio, la forma de vivir y las convicciones que nos dejó aquel modesto galileo, que fue Jesús de Nazaret.

Pues bien, si la Iglesia es eso y para eso, la pregunta que hay que hacerse (me parece a mí) es ésta: ¿Qué presencia ha tenido y tiene en España el Evangelio de Jesús? Si lo de Jesús significa algo para nosotros, es evidente que el Evangelio fue sumamente crítico con el uso que se hace del poder y del dinero. Pero de sobra sabemos que la Iglesia, en España, ha dado muestras, en demasiadas situaciones, de vivir más interesada en asegurar su dinero y su poder, que en identificar sus intereses con los intereses de los que carecen de poder y de dinero. La consecuencia ha sido que muchos ciudadanos de este país ven en la Iglesia religión y poder. Pero, ¿ven Evangelio? ¿sienten a Jesús presente entre nosotros? El día que esta pregunta tenga respuesta, ese día empezaremos seguramente a ver muchas cosas de otra manera.

martes, 5 de julio de 2016

Más ciudadanía para el desarrollo sostenible en América Latina.


Niñas en una escuela rural de la Amazonia de Perú, que como el resto del alumnado de América Latina y el Caribe necesitan que los países de la región alcancen las metas de los objetivos de desarrollo sostenible para poder vivir en sociedades más iguales e inclusivas. Crédito: Milagros Salazar/IPS

Por Alicia Bárcena y Carlos de Miguel

En un contexto mundial de pérdida de dinamismo e inestabilidad del sistema económico, creciente desigualdad, riesgo para la paz, la seguridad y una grave crisis ambiental, se hace evidente que el estilo dominante de desarrollo en América Latina y el Caribe es insostenible.

A la degradación del medio ambiente y los ecosistemas y la depredación de los recursos naturales, asociados a las dinámicas insostenibles de producción y consumo y la concentración urbana, se suman los retos globales como el cambio climático cuyos impactos afectan sobremanera a nuestra región.

La amplia gama de desafíos que enfrenta la región nos ha llevado en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) a subrayar la importancia de construir pactos para la igualdad y un futuro sostenible. Hemos señalado que estos pactos no serán posibles sin democracias más participativas y transparentes en las que los ciudadanos estén profundamente involucrados en las decisiones sobre el tipo de sociedad que se desea construir.

La Agenda 2030 con sus 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), aprobados en septiembre de 2015 por las Naciones Unidas es universal e indivisible y expresa el consenso internacional en torno a un nuevo estilo de desarrollo. La Agenda es un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad. Tiene también por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de libertad.

Este plan será implementado por todos los países y partes interesadas mediante una alianza de cooperación que aglutinará a los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, el sistema de las Naciones Unidas y otras instancias. Requerirá, por tanto, de acciones y coaliciones en el nivel nacional, regional y mundial.

En el ámbito nacional, los países deberán avanzar en el establecimiento de una arquitectura institucional que permita efectivamente implementar un enfoque integrado para el desarrollo de nuestras naciones. Los países de nuestra región han comenzado a dotarse de estas arquitecturas.

Ejemplos de ello son los recientemente creados Consejo nacional para la implementación de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de Chile, la Comisión interinstitucional de alto nivel para el alistamiento y la efectiva implementación de la Agenda de Desarrollo Post 2015 y sus objetivos de desarrollo sostenible de Colombia, y el sistema de coordinación nacional establecido en el Brasil.

La arquitectura regional de seguimiento y examen de los avances de la implementación de la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe, en tanto, corresponde al recientemente creado Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible, que funcionará bajo los auspicios de la CEPAL.

El Foro permitirá generar puentes entre lo global y lo regional, reforzar la coherencia y la coordinación en el nivel regional, promover la colaboración y brindar orientación en materia de políticas, fomentar la creación de capacidades nacionales, albergar exámenes nacionales voluntarios, identificar brechas, retos y metas compartidas en el nivel regional e impulsar el aprendizaje entre pares, entre otros.

Esta arquitectura regional de seguimiento y examen de los avances de la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe se fortalece con el acuerdo regional para la cabal aplicación del Principio 10 que bajo el liderazgo de Chile y Costa Rica, negocian actualmente 21 países de nuestra región y se espera esté concluido a fines de este año.

Tanto la Agenda 2030 como el acuerdo regional sobre el Principio 10 han puesto énfasis en el círculo virtuoso entre derechos de acceso, protección ambiental y derechos humanos, enfatizando que la participación informada y la transparencia contribuyen a mejorar las políticas ambientales y por ende la protección ambiental, lo que a su vez permite el cumplimento con derechos sustantivos como el derecho de toda persona a un medio ambiente sano, a la vida y a la salud.

El acuerdo regional aspira a establecer obligaciones para que los Estados de América Latina y el Caribe mejoren sus leyes, políticas, instituciones y prácticas para garantizar que los derechos de las personas a la información, la participación y la justicia en asuntos ambientales, consagrados en el Principio 10 de la Declaración de Río, sean respetados e implementados cabalmente.

El momento para profundizar la aplicación cabal del Principio 10 no podría ser más oportuno. Los derechos de acceso consagrados en este principio están en el corazón de la Agenda 2030 y permean y se manifiestan en todos los objetivos de desarrollo sostenible.

Los ODS vinculan expresamente el bienestar humano con la calidad ambiental y la paz.

Cinco objetivos abordan temas ambientales (objetivo 6 sobre gestión sostenible del agua; 12 sobre modalidades de consumo y producción sostenibles; 13 sobre cambio climático; 14 sobre océanos y mares; 15 sobre uso sostenible de los ecosistemas terrestres) y el bienestar con base en el medio ambiente está presente en las metas de todos los demás objetivos.

Adicionalmente, el objetivo 16 que promueve sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, demanda garantizar la igualdad en el acceso a la justicia, instituciones eficaces, responsables y transparentes y la adopción de decisiones inclusivas, participativas y representativas. También pide garantizar el acceso público a la información y promover leyes y políticas no discriminatorias para el desarrollo sostenible.

De este modo, no es casual que así como el bienestar con base en el medio ambiente esté presente en todos los ODS, la igualdad de derechos y oportunidades, el acceso oportuno a la información, la promoción de la educación para el desarrollo sostenible, la participación plena y efectiva, el fortalecimiento de la participación de comunidades directamente afectadas, la planificación y gestión participativas son aspectos destacados en la nueva agenda a lo largo de sus 17 objetivos y 169 metas.

En este contexto, los estándares que se adopten en el acuerdo regional sobre el Principio 10 así como los mecanismos que se establezcan para asegurar su cumplimiento serán elementos centrales del esquema de rendición de cuentas de la Agenda 2030 y las instancias de fortalecimiento de capacidades y cooperación Sur-Sur apoyarán la participación de todos los actores de la sociedad en la implementación del plan de acción establecido.

El proceso, que cuenta con la CEPAL como secretaría técnica, es un ejemplo de cómo los países de nuestra región pueden, bajo un enfoque de concertación, autonomía, progresividad, cooperación y fortalecimiento de capacidades enfrentar desafíos globales y reforzar la gobernanza ambiental regional contribuyendo al progreso social y económico así como a la sostenibilidad ambiental.

Nuestra región está dando una lección al mundo, escribiendo un nuevo capítulo en materia de fortalecimiento de la democracia ambiental.

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Este artículo fue publicado originalmente en Notas de la CEPAL número 88, del mes de junio. Revisado por Estrella Gutiérrez.

Fuente: Servindi

lunes, 4 de julio de 2016

¿Ordenación de las mujeres? Para cuál Iglesia, para cuál teología?




“Incluso antes de su sacerdocio adopción como un derecho de las mujeres, no creo que el actual gobierno de la Iglesia Católica, tenemos que reflexionar sobre las condiciones del derecho a declararse y los límites del actual modelo de sacerdocio. Si bien este modelo también ofrece algunos servicios a la comunidad cristiana, también está libre de varias responsabilidades hacia la construcción de significados y organización plural de la vida cristiana “, refleja Ivone Gebara , religioso, filósofo y teólogo. 


Aquí está el artículo.

Mi reflexión, aunque abierto a un contexto internacional de la Iglesia Católica Romana se encuentra más particularmente en el contexto de América Latina, en cierta medida menos involucrados en el tema de la ordenación de las mujeres . Nunca hemos sido asiduos combatientes que dicen. Sin embargo, las últimas semanas en medio del contexto político nacional con problemas, una cantidad significativa de textos sobre el tema ha sido publicada por las redes sociales, especialmente los católicos.

Del mismo modo, la reflexión en varios sitios nacionales en la ordenación de las mujeres y la posible creación de una comisión de estudio en el Vaticano para eldiaconado femenino ha ocupado un espacio significativo. Para una parroquia al este de la ciudad deSao Paulo organizado para informar a una discusión sobre el tema. Muchos textos se han publicado historias de mujeres que de acuerdo a los oficiales de la Iglesia Católica fueron ordenadas ilegítimamente y por lo tanto excomulgadas.

Se estima que más de doscientas mujeres están en esta situación hoy y entre ellas también hay unos pocos obispos, ordenados en secreto por obispos refractarios a las órdenes del Vaticano. La cuestión de la ordenación de las mujeres vuelve a salir de las catacumbas y comienza a ver la luz del día, aunque envuelto en mil dificultades derivadas de los grupos más diversos y divergentes posiciones.



Una cuestión crítica

Reconozco que la realización de la ordenación de mujeres sería un paso que, de acuerdo a algunas personas, podría solucionar en parte una situación de desigualdad en la sociedad pública y, especialmente, en la Iglesia Católica Romana.

Sin embargo, debe quedar claro que para muchos adeptos y la ordenación de los fans de la mujer es sólo la afirmación de un “derecho” de ambos sexos para representar a Jesucristo delante de la comunidad y no necesariamente una reivindicación feminista.

En otras palabras, se trata de pensar sólo en la integración de la mujer al oficial sacerdocio que guarda la misma manera de pensar y de vivir la Iglesia.

Crítica a la autoridad católica de no abrir espacios a las mujeres cuando piden es ser el servicio de la Iglesia en diferentes tipos de trabajo y especialmente en el ministerio ordenado.

Sólo quiero abrir algunos elementos de reflexión por delante a esta cuestión de la solución de complejo a la vez.

En mi opinión, el problema fundamental radica precisamente en la consideración del derecho de las mujeres a menudo tomado de manera simplista.
Lo que hace un cierto cuando la institución en la que usted quiere tener derechos es uno que niega o no es compatible con muchos de los derechos de las mujeres?
¿Qué significa tener el derecho a una institución cuya ideología teológica sigue valorando y fomentar el poder masculino a expensas de una mayor participación y diversos servicios de visión, carismas y poderes?
¿Qué significa tener el derecho a la ordenación de las mujeres cuando hay una vista del sacerdocio eminentemente masculina, anacrónico y un simbolismo teológico masculino secular?
Lo que significa que justo cuando los demás derechos están descartarse frontalmente?
No admisión en el sacerdocio ordenado traer respuestas a estas cuestiones difíciles?

La teología sacerdotal actual

Desde la teología sacerdotal sacerdotes actuales están recubiertos no sólo de poderes simbólicos, pero los poderes políticos y sociales que les permitan orientar la vida y para manipularlos o dominan ellos.

A menudo se utilizan las escrituras como deberían y justifican sus decisiones como si fueran emanaciones evangélicos. No hay duda de que siempre hay excepciones y no quieren olvidarse de ellos. Pero lo más común es que los sacerdotes de enfoque una autoridad en las personas y en especial a las mujeres mantener y justificar en muchas maneras en las jerarquías que dominan la tierra. Esta concentración excesiva de poder impide el ascenso y la organización de varios ministerios o servicios desde y en nombre de las comunidades cristianas.

Además, el modelo de sacerdote que se presenta es el sacerdocio de Jesús en la interpretación judaizante que parece cada vez más distante de las acciones y las inspiraciones que se encuentran en los Evangelios. En lugar de renunciar al poder que pone en evidencia y junto a sus compañeros seculares fortaleció la alianza entre política, económica y religiosa de los siglos.

Imponer decisiones y muchos actúan sin respeto, sobre todo cuando se refiere a la sexualidad femenina .

Reconozco el papel social y cultural de los sacerdotes, chamanes, santas madres y los padres, los imanes en las diferentes religiones y su evolución en la historia contemporánea. Estos actores y agentes sociales no sólo son los únicos “guardianes” de la tradición religiosa a la que pertenecen, pero son los líderes que deberían tener el corazón pegado a las necesidades de sus comunidades.

Así, la participación de los miembros de los servicios y la construcción de significados actualizados serían una responsabilidad compartida. Esto requiere un diálogo constante y el intercambio de conocimientos y competencias para responder a los desafíos siempre nuevos del contexto en el que vivimos.

En este sentido no declararse la extinción de papel personas más preparadas o líderes éticos en relación con el contenido y las tradiciones religiosas, pero estas personas sólo deben tener su autoridad legítima en que están en relación con los problemas experimentados por la comunidad.


la reforma política de la Iglesia Católica

En esta perspectiva no creo que las mujeres deben fortalecer un modelo desacerdocio jerárquico masculina y la ordenación o aceptar de una teología jerárquica también en su contenido y simbología principalmente masculina .

En el proceso histórico actual no hablar de ” reforma política en la Iglesia Católica “, lo que en mi opinión es necesario y útil. Es como si la política y la organización actual de la Iglesia se derivaron directamente de Dios, de acuerdo con la voluntad de Jesús y reportaron inmutable en los diferentes siglos de historia y en diferentes culturas en las que se implantó el cristianismo.

Hablando de “reforma política de la Iglesia Católica” también significahablar de una reforma de las teologías que sustentan estas políticas personaje masculino patriarcales centralizados. Y la reforma de la teología casi revelar lo obvio, es decir, la existencia no sólo de muchas teologías e interpretaciones, pero entre la vida cotidiana y ordinaria teologías que sustentan la organización de la Iglesia en los diferentes niveles.

En concreto me refiero a que una cosa es la vida de todos los días y otra cosa es lateoría política teológica de una organización religiosa con sus leyes y principios, en especial con la diversidad de las personas que participan.

La supuesta uniformidad de los dogmas, la legalidad de la ley canónica escrita, a pesar de su utilidad, ir contra el pluralismo de situaciones y creencias presentes en diferentes culturas y momentos de la historia. La Iglesia jerárquica no siempre se respeta, pero a menudo luchó como negación de la verdadera doctrina revelada por Dios.

En este contexto, también se puede hablar de teologías feministas y su crítica del centralismo religiosao y eminentemente masculino corte su simbolismo religioso. Denunciaron insistentemente abusan del poder religioso, especialmente en relación con la apropiación indebida de la decisión sobre nuestros cuerpos. Ellos han reinterpretado rica y contextualizada la Biblia y la teología con el fin de responder a los retos actuales de nuestro mundo.

Estas teologías son rechazadas o ignoradas por los responsables de la casi absolutatradición masculina desde que escapó del guión establecido por esta tradición.
teología feminista

Yo sospecho que gran parte del movimiento a favor de la ordenación de las mujeres que no funciona en la línea crítica adoptada por muchas teologías feministas. Ellos sólo buscan la igualdad de género en los ministerios sin lugar a dudas las bases teológicas de apoyo y la Iglesia la política actual.

En general, sólo visualizar el derecho de las mujeres a ejercer el ministerio en la Iglesia Católica por defecto, la iglesia “universal” ya se constituyó el punto de vista de su organización jerárquica. Es como si sólo para convertirse en la actualidad en las filas sacerdotales, las mujeres podrían cambiar algo con su presencia el panorama real, la representación visual y formal de su hasta ahora único varón.

No ignore la importancia de la representación visual de las acciones, pero sólo esto no cambia dentro de nuestras convicciones. Debe quedar claro
qué comportamientos sociales, políticos y eclesiales que deben acompañar a la ordenación de mujeres.
¿Qué nuevas políticas se llevará a la Iglesia,
que propondrá directrices cuando los nuevos “sujetos”, hembra, pasando a formar parte de sus cuadros de dirección y liderazgo de las comunidades en los diferentes niveles.


Estas son las demandas que las mujeres deben hacer para no tener algo como un favor de los eclesiásticos o un acto magnánimo de la concesión de nosotras las mujeres simples.

Opino de esa manera porque sé que algunas de las sacerdotisas, los pastores y los candidatos al sacerdocio femenino y mi impresión aunque limitada y discutible, lleva a la percepción de que no puede un cambio cualitativo y significativo en la estructura actual de la Iglesia Católica. Muchos simplemente hacer que elsacerdocio , pero no exponga ni requieren las condiciones de su lado a esta realización.

Ellos funcionan como si la Iglesia debe reconocer que eran, sobre todo el episcopado y el papado, instituciones ministeriales masculino.Que son éstas las que les debe conceder el permiso para servir a la comunidad. Ellos, sin saberlo, se convierten o se consideran menos Iglesia identificándola con la jerarquía que gobierna.

Algunas de estas mujeres sacerdotisas tienen obras de punta con poblaciones marginadas y ligeramente reorganizado por ellas.Algunos incluso tienen doctorados en teología y estudió en las universidades de renombre internacional. Y, sin embargo, esta formación no es reconocida por los prelados.
Puedo entender la emoción y el deseo de muchas mujeres a verse a sí mismos en el altar, a sentir que presiden una misa públicamente y tener algo de poder en la comunidad.
Incluso puedo evaluar la emoción que algunos narrado encienda el anfitrión y decir “este es el cuerpo de Cristo” como un sueño de la infancia a la espera de ser realizado.
O la emoción de sentirse llamado “pastores”, “vientres” (?), Presbiteras o diaconisas en una parroquia. N

No condeno, pero yo creo que podríamos ir más allá y requieren mucho más en un diálogo que debe ser entre iguales, no entre la parte superior e inferior.


Afectos y poderes absolutos y nacionales

En esta edición de las mujeres ‘s de la ordenación no es un hecho igualmente importante que no siempre se considera.

Es el hecho de que el cristianismo en su forma católica sea una religión organizada de las fuertes emociones culturales, donde el circuito de los afectos revela una especie de división social de los poderes que reproduce la sociedad en la que vivimos.

La figura masculina de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es el poder socio-emocional absoluta , mientras que las figuras femeninas como María y muchos santos son del poder absoluto doméstico, cuidador, cálido, protector y curativo.

La representación sacerdotal masculina aparece asociada demasiado emocionalmente con el poder político absoluto masculino, aunque el poder a menudo eficaz y decisivo en lo inmediato es el femenino. Sabemos que el orden masculino sigue una dogmática jerarquía masculina en el fondo, comienza con la imagen de Dios el poder de padre entrega a su Hijo único, que envía el Espíritu y se perpetúa simbolizado por sacerdotes masculinos.
Somos las mujeres , con el advenimiento del feminismo , el pensamiento crítico y la teología feminista plural, dispuesto a mantener esta jerarquía masculina anacrónica?
Estaríamos dispuestos a mantener la diferencia entre hombre y mujer como la irregularidad de las capacidades que se expresa también en la brecha salarial en el servicio a las comunidades?
Estaríamos dispuestos a mantener la división social del afecto y poderes mecánica y naturalizada? Un pequeño ejemplo nuestra atención.

Hoy en día en muchas diócesis existe una brecha salarial entre sacerdotes y monjas y laicos por servicios similares … La brecha salarial más allá de las necesidades de cada uno refleja una vez más el mantenimiento del privilegio de jerarquías masculinas dentro de la Iglesia.
La revolución de los significados en curso en los tiempos de hoy no estaría indicando la necesidad de dejar las afirmaciones dogmáticas del pasado y abrir nuevas posibilidades de repensar la herencia cristiana de nuestros días?
La expansión de la lucha plural de los derechos humanos no se implica también a derechos más amplios en la Iglesia en la diversidad de sus comunidades, organizaciones y ministerios?


Naturalización

Otro aspecto importante de esta cuestión se refiere al peligro de naturalizarmos comportamiento masculino y femenino creyendo que todos ellos pertenecientes a uno u otro sexo e incluso transexuales, se comportaría de la misma manera.


Naturalización significa hacer ciertos comportamientos como pre-determinado por la naturaleza o Dios y decir, por ejemplo, que la vocación sacerdotal de las mujeres es el cuidado diario y no lee en las políticas públicas a favor del bien común.

Eso fue lo que se cree, por ejemplo, en muchos países en el momento lucha sufragista de las mujeres. Ya no podemos creer que hay tareas o específicamente trabajos masculinos y otros específicamente femenino como si tuviéramos identidades y comportamientos ya están pre-asignados a estas identidades de trabajo predefinidas.

En cierto modo estas actitudes son similares a las de Jean Jacques Rousseau y siglos más tarde a la positivista de Auguste Comteque quería educar a las mujeres sobre la base de los hombres y la familia buscada para preservarlos de la política y los vicios de la vida social en beneficio de la sociedad, los esposos y la educación de los niños.

Además, consideraban moralmente las mejores mujeres que en los hombres hasta que las víctimas absueltos que les reserve un lugar que no era más que una reproducción tal vez mejoró la naturalización de los comportamientos sociales de género. Hoy en día nos están siendo testigo de las reflexiones y actitudes similares pero con diferentes tonos y justificaciones. Estos necesitan ser deconstruido para que nuestra cara humana mezclada aparece en su complejidad y la ambigüedad.

La historia

En este contexto “petición” de la ordenación de las mujeres no podemos olvidar también las persecuciones que prelados y oficiales de la Iglesia Católica Romana y ejercían el ejercicio en relación con las mujeres. Acusándolas de brujas o usurpadores del poder de pensar que debería ser sólo los hombres fueron condenadas a muerte o perseguidas y castigadas por su vida.
De Ipazia de Alejandría (asesinada por orden de la futura San Cirilo de Alejandría )
la Marguerite Porette (condenada al fuego)
la Juana de Arco (condenada al fuego)
y Juana Inés de la Cruz (condenada y prohibida a escribir y enseñar) y, por no hablar de las muchas figuras contemporáneas, femeninas masacrados por atreverse a penetrar en los tribunales de conocimiento teológico eran miles.

No recordar estas historias y también olvidar que en los veinte y veinte – en primer lugar las teologías feministas repensados gran parte de la tradición cristiana, pero que el pensamiento es conocido más allá mínimamente menudo rechazado por los dueños del poder y el conocimiento religioso?

La negativa a pensar en otra forma es a menudo característico de las jerarquías religiosas y políticas …

Nos pasó a olvidar que algunas figuras principales de nuestra historia actual que proponga la ‘ingenuidad’ la necesidad de una “teología de la mujer » o una «teología femenina ‘ignorando por completo la ruta realizada por siglos de historia y particularmente la historia de estos últimos 40 años? Y la mayoría ni siquiera aceptan que habla de feminismo dentro de la Iglesia …

Continuar utilizando un concepto de igualdad abstracta, la igualdad ante Dios, no para hacer frente a la situación real de la violencia y la explotación experimentado por las mujeres . Es desafortunado …

Nos pasó a olvidar el interrogatorio de hoy, cartas de advertencia, advertencias alas religiosas , los teólogos y filósofos que aceptan el don de pensar la vida como parte del servicio al Movimiento de Jesús? Todo está vinculado a todo. Una reclamación no es una sola aplicación de un conjunto.


La ordenación de las mujeres se inscribe en este contexto complejo de ideas y creencias que gobiernan las mentes y los corazones de oficina y mantiene las estructuras organizativas anacrónicas. No puede haber un entorno derecha aislado en el que hay que afirmar y vivió.


situación ideal?

Muchas personas pueden reclamar a buscar una situación ideal para el ejercicio público de la hembra sacerdocio ordenada . De alguna forma.

Sólo estoy llamando para ayudar a reflexionar sobre cuestiones nuevas y viejas que algunas soluciones que parecen ocultar justa y equitativa de las complejidades reivindicaciones fortalecimiento de un poder patriarcal jerárquica y en el que siguen viviendo, alimentos y piensos en otras vidas.

Incluso antes de su sacerdocio adopción como un derecho de las mujeres, no creo que el actual gobierno de la Iglesia Católica, que tendrá que reflexionar sobre las condiciones del derecho a declararse y los límites del actual modelo de sacerdocio.

Si bien este modelo también ofrece algunos servicios a la comunidad cristiana, también está libre de varias responsabilidades hacia la construcción de significados y organización plural de la vida cristiana. Así que estoy en contra de laordenación de las mujeres como la concesión, en el estilo actual, porque esto también es restrictiva y perjudicial para los hombres y las mujeres.

Me di cuenta, aunque muy limitado, la historia de las mujeres en la IglesiaCatólica Romana y el gran camino de luchas que atraviesan en el cristianismo. Dado que la participación estrecha e íntima en el Movimiento de Jesús hasta hoy hemos sostenido y vivido la fe, la esperanza y la caridad, sabiendo de nuestras entrañas que la caridad sigue siendo el más grande.

Es ella y desde ella que juega modelos sacerdotales tradicionales en la configuración actual del mundo es probable que mantener e incluso ampliar los poderes autoritarios mucho tiempo debería haber sido revisado y cambiado a la luz del reconocimiento de otros / as y mi dicha mi diferente. Todo esto es sólo una invitación a pensar …


Ivone Grabara

domingo, 3 de julio de 2016

Perdonar no es olvidar.



En el año de la Misericordia, mucho se habla y se escribe del perdón, de reconciliación y de la dimensión política de la misericordia. Estas líneas, que recogen cuatro puntos más uno sobre el perdón, quieren ser parte de esa conversación.[1]

1. Perdonar no es olvidar

Perdonar no es olvidar, al menos no necesariamente, no como imposición externa. Quizás a veces la persona ofendida o agredida, por su momento y situación vital, escoge olvidar como mal menor. Propiamente, perdonar sería recuperar y sanar la memoria de lo acontecido. Poder rememorarlo sin los sentimientos de rabia, odio, rencor… para poder empezar de nuevo, para poder seguir adelante sin un futuro hipotecado y lastrado permanentemente por las heridas del pasado. Pero perdonar no es negar esos sentimientos dolorosos tan naturales y comprensibles. Muchos documentos sobre el perdón invitan a no negar los sentimientos de rechazo y dolor que causa el recuerdo de los hechos dolorosos. Perdonar es un proceso de sanación que requiere reconocer y trabajar esos sentimientos, que pueden ser reorientados en una fuerza que ayude a la víctima a convertirse en superviviente: es decir, a ser señora de su pasado, a decidir qué y cómo quiere recordar lo ocurrido, de modo que pueda vivir con sentido su presente. No se trata de erradicar los recuerdos dolorosos, sino de darles un espacio capaz de regenerar y sanar, y construir un futuro libre de la hipoteca del pasado. El olvido impuesto es una nueva victimización de los afectados. Las víctimas merecen la memoria.

2. La “víctima” ha de ser la protagonista

El centro del proceso de perdón ha de estar orientado a la persona o colectivo agredido, ofendido, vejado… Son las “víctimas” las que inician este proceso y marcan los tiempos. Son las víctimas quienes deciden interrumpir el círculo de “agravio por agravio” para darse y dar una oportunidad de comenzar de nuevo. Etimológicamente, la palabra perdón y el verbo perdonar se refieren a un ejercicio gratuito y “excesivo” por parte de quien lo ejerce.Perdonar es una decisión proactiva y de gran generosidad por parte de la víctima. En ese sentido no puede ser una imposición “social”, no se puede urgir por conveniencia política, ni se puede apresurar el proceso. No se puede imponer desde fuera la obligación de pasar página y olvidar, desde una “política del olvido” o un ejercicio de “amnesia colectiva”. Parte del proceso del perdón y el primer paso para una posible reconciliación social, es reconocer la verdad de lo ocurrido, honrar la memoria de las víctimas. Esto es particularmente importante cuando, quizás, toda la “restitución” que los supervivientes pueden obtener es el que se conozca qué ocurrió con sus seres queridos. Las víctimas han de tener un papel preeminente en las decisiones que se tomen en los procesos de reparación, en las medidas que se adopten para restituir la memoria, y se han de considerar medidas activas que mejoren su situación socioeconómica si ésta se ha visto afectada por las agresiones o la violencia sufrida.

3. Perdonar no es negar la justicia o las consecuencias legales

Para que haya perdón y para que se inicie un proceso de reconciliación, es necesario que se reconozca el daño causado. Es necesario que los victimarios pidan perdón y muestren arrepentimiento por sus acciones. ¿El perdón puede ser otorgado sin esto? Ciertamente, porque depende de la generosidad de las “víctimas” (hay un cuaderno de CJ con casos de perdón de familiares de víctimas de ETA, con testimonios de perdón impresionantes en este sentido), pero no habrá un proceso real de sanación social, de restauración de heridas, de reconciliación. La justicia (civil, legal) nunca podrá compensar el dolor causado, pero al menos evitará que los victimarios sigan causando dolor y es un ejercicio social el reconocer que víctima y victimario no están en el mismo plano. La justicia que pide el perdón es una justicia restaurativa, que implique a la víctima, al victimario y a sus entornos sociales en un proceso de reconciliación. Pero este proceso requiere, como primer paso, el cese de las injusticias y el reconocimiento de lo ocurrido. En este proceso las víctimas no pueden ser relegadas a “testigos de cargo”, a pruebas de que algo ocurrió. Han de ser consideradas agentes políticos activos.

4. El perdón tiene una dimensión “social”

El presente y el futuro están de algún modo condicionados por lo vivido. Víctimas y verdugos en cierto sentido nunca dejarán de serlo. Es necesaria una dimensión social y política del perdón porque la infracción cometida, el delito, la ofensa, también lo tienen. No sólo sufren las víctimas directas de la violencia, la opresión, el bullying, los abusos… siempre hay “daños colaterales”: las familias y las relaciones sociales de las personas implicadas se ven afectadas. Por esto, requiere una cultura del perdón que va más allá de la conveniencia política o de las restituciones legales y técnicas (que son necesarias). La sociedad no puede sanar sus heridas en falso. Parte del proceso de curación es a veces reabrir heridas mal cerradas para limpiarlas y que puedan cicatrizar bien. Recuperar un relato lo más objetivo posible, lo más fiel a la verdad posible, ayuda no sólo a honrar a las víctimas sino a construir el futuro de la sociedad desde una base más sólida, no con historias partidistas, normalmente escritas por los vencedores como nueva forma de humillación a los vencidos, o como medio de asegurar su impunidad. Por último, un proceso político de perdón y reconciliación no puede dejar de lado a los victimarios, que también forman parte de la sociedad. Para poder liberar el presente de la carga dolorosa del pasado, es necesario implicar a víctimas y victimarios en un proceso complejo de diálogo, reconocimiento, reconciliación y construcción de un presente diferente. Es necesario un proceso comunitario y colectivo de sanación, porque toda la sociedad puede compartir el dolor por lo ocurrido y un cierto sentimiento de “culpa” por haber permitido la violencia, por no haber denunciado, o como sentimiento subsidiario de pertenecer a la sociedad en que estos hechos violentos ocurrieron. El olvido no es pues una opción en los procesos políticos del perdón, que requieren un proceso de duelo y de restitución a la población o personas afectadas.

4 +1. La dimensión cristiana del perdón[2]

Muy brevemente, añadir la perspectiva de la tradición cristiana respecto al perdón. La raíz del perdón cristiano no es otra que la experiencia de haber sido perdonados por Dios. Sólo Dios es compasivo y misericordioso. El creyente que ha sido tratado con misericordia se siente urgido a perdonar. Es la invitación de Jesús: “Sed perfectos como vuestro padre Dios es perfecto”… sed compasivos, sed justos, sed misericordiosos, porque vuestro Padre Dios os ha tratado con misericordia. Son múltiples los textos del evangelio en los que Jesús actúa la misericordia y el perdón de Dios, y da así ejemplo a sus discípulos. El perdón de Jesús se sitúa por encima de la ley religiosa de su época, porque la ley no puede constreñir las entrañas misericordiosas del Dios de la vida. Pero el perdón religioso, cristiano, no anula la justicia civil. La complementa, la acompaña, la sitúa y la excede. El perdón religioso puede ser un proceso interno de la persona que le permite iniciar y acompañar procesos de perdón y reconciliación social. Puede ser un ejercicio de víctima y victimario de perdonar y de pedir perdón respectivamente. En última instancia, en cristiano, el perdón es abandonar el derecho a la justicia última (no la terrena y penúltima) en manos de Dios. Es renunciar a vengarse, a odiar, a guardar rencor. Es, en Dios, dar la oportunidad a la otra persona a rehacerse, a nacer de nuevo.

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[1] Basado en Jesús Sanz: “Perdonar es hacer las paces”, J.A. Zamora “La dimensión política del perdón” y el magnífico libro de Alejandro Rodríguez “La paz y la memoria”.

[2] Lo titulo 4+1 porque no está en el mismo plano discursivo o conceptual que los puntos anteriores. No es más ni menos, es distinto. Y me ciño a la cristiana porque es la tradición que mejor conozco y por la brevedad del post.

sábado, 2 de julio de 2016

Cuando el poder extractivo captura el Estado



El reciente libro de Francisco Durand ya se encuentra disponible para su libre descarga en internet. Se trata de "Cuando el Poder Extractivo captura el Estado. Lobbies, puertas giratorias y paquetazo ambiental en Perú",

La publicación presentada esta semana cuenta con el auspicio de la organización de cooperación solidaria Oxfam y ha sido puesta a disposición del gran público gracia a su publicación virtual en formato PDF.

El libro ha despertado un gran interés debido a que aborda el delicado tema de las relaciones de poder e influencia que las empresas, principalmente las extractivas, ejercen sobre el aparato legal y del estado.

El texto de 95 páginas describe el fenómeno de la captura política del Estado y cómo tiene efectos diferenciados. Por un lado favorece y fortalece a la élite económica y por otro afecta negativamente a grupos sociales vulnerables.

Entre sus multiples consecuencias se encuentrann: debilita la neutralidad y la capacidad fiscalizadora del Estado y erosiona su legitimidad, fortalece la concentración de poderes políticos, impide al Congreso cumplir un rol legislativo proactivo, limita la deliberación democrática y afecta el acceso a recursos materiales y a oportunidades para los pobres.

El valioso documento concluye señalando que la sociedad podría evitar estos costos y funcionar mejor con menos concentración de riqueza, mayor equilibrio de poderes, acceso alternativo a los medios de comunicación y mayor vitalidad organizativa y capacidad propositiva de la sociedad civil.
Paquetazo ambiental

La publiicación dedica un capítulo al análisis de la ley 30230, conocida como “paquetazo ambiental”, un controvertido conjunto de normas de índole ambiental, social y tributario sobre las cuales diversos sectores afectados exigen su derogatoria.

Tal como señala un fragmento del libro: “Frente a la abundancia de zonas grises entre lo legal y lo ilegal, lo legítimo e ilegítimo, lo correcto y lo arbitrario, Durand aborda y analiza de manera detallada la captura política en el Perú a partir de un hecho concreto: la aprobación en el año 2014 de la Ley 30230, o el llamado “paquetazo ambiental”, durante el gobierno de Ollanta Humala".

"A través de un detallado mapeo de actores, el autor explica el proceso de aprobación de dicha ley, develando la indebida influencia y las alianzas que se tejieron entre el poder económico, mediático y político, así como los costos para el Estado y la sociedad debido a la falta de transparencia y equidad en su aprobación” prosigue la presentación.

Para obtener el libro en su versión digital, debe ingresar al siguiente enlace:

Nota relacionada al tema de Servindi:

A continuación compartimos la introducción:




Francisco Durand. Foto: Servindi
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Introducción

Este trabajo estudia el fenómeno de captura política. Se intenta explicar qué factores determinan la captura política en un gobierno y qué mecanismos concretos se combinan en un determinado momento para permitir que las corporaciones, en particular las extractivas, tengan influencia desmedida sobre determinadas ramas del aparato burocrático, al punto de producir una ley que las beneficia y, al mismo tiempo, va en desmedro de las instituciones públicas y grupos sociales vulnerables.

Existe un creciente interés internacional en investigar la captura del Estado debido a que refuerza el poder de las élites, concentra los recursos materiales, tiende al abuso de poder, debilita la legitimidad de las autoridades y genera consecuencias negativas para quienes son excluidos de la toma de decisiones. Si bien las modalidades de captura varían según países y niveles de desarrollo, este problema es hoy de preocupación universal (1)

Su estudio es también importante para llenar un vacío. La mayor parte de los trabajos sobre captura política (noción más amplia) o captura del Estado (centrada en el aparato burocrático), en sus distintas modalidades, se concentra en discutirla en abstracto, como fenómeno sistémico, sin generar suficientes estudios de casos que permitan explicar en qué instituciones, cuándo y cómo ocurren los procesos de captura. El trabajo como el que aquí se presenta es un esfuerzo por cerrar la brecha de evidencias existente en las publicaciones sobre el tema.

Este documento, además, estudia la captura corporativa en un contexto específico y a partir de un caso ilustrativo, en tanto asume que, dada la opacidad del fenómeno, hay gobiernos y momentos en los que es posible observarlo con mayor nitidez. Una adecuada selección de casos es, por ello, de fundamental importancia para avanzar en estos estudios. Para tal fin, consideramos que como la captura política se explica sobre la base de datos cualitativos y relaciones de poder, la metodología más adecuada es aquella que permite hacer un seguimiento de actores y especificar sus relaciones en una secuencia de hechos temporales (2)

El gobierno de Ollanta Humala (Perú 2011-2016) llegó al poder con una agenda de cambio social y crítica a las élites económicas, pero luego se alió con ellas y abandonó a sus seguidores, a quienes prometió representar, lo cual dio lugar a un debate nacional sobre captura política. Estudiamos el caso de la Ley 30230, aprobada en 2014 para eliminar trabas burocráticas a las grandes inversiones extractivas con el fin de “estimular las inversiones”, puesto que nos permite ilustrar con mayor claridad que otros casos cómo opera esta captura corporativa al identificar el contexto y los mecanismos que entran en acción para que las élites económicas tengan una influencia desmedida en ciertas decisiones que las favorece.

El trabajo se divide en seis secciones. En la primera, se realiza un breve balance de la literatura sobre captura del Estado, referida a actores económicos en países latinoamericanos. En la segunda, se discuten los factores estructurales que configuran un sistema de captura: la concentración de poderes económicos en una élite económica extractivista, el “decretismo” político y la debilidad de la sociedad civil. En la tercera, se discuten los mecanismos de captura usados por los actores para influir en los gobiernos: financiación de campañas, lobby y “puerta giratoria”. En la cuarta, se estudia el caso peruano durante el gobierno de Humala y la manera cómo se inicia una secuencia de hechos producida por la Ley 30230. La quinta parte analiza las reacciones de la sociedad civil y estima el variado impacto de la ley. El trabajo finaliza con reflexiones acerca del fenómeno de captura, basadas en las constataciones encontradas en el estudio del caso. Se presenta también un anexo metodológico sobre la captura corporativa a partir de la experiencia del caso peruano.

La presente investigación se desarrolló gracias a la colaboración de Oxfam en Perú, y contó con la asistencia del sociólogo Emilio Salcedo en tareas de investigación y elaboración de cuadros y gráficos. Las conclusiones del trabajo son responsabilidad única del autor.

Notas:

(1) Oxfam America, “Expert Event on Political Capture and Inequality”, Oxfam America, Washington D. C., January 27-28, 2016.

(2) Esta metodología se conoce como “process tracing analysis” . Ver, al respecto, David Collier, “Understanding Process Tracing”, PS: Political Science vol. 44, N° 4 (2011): pp. 823-30

Fuente: servindi org