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miércoles, 5 de septiembre de 2018

El ignorado vínculo entre pobreza y migración.


por Manfred Nolte. 

El Banco Mundial fija en la actualidad un ingreso personal mínimo de 1,90 dólares/día (57 dólares/mes) como umbral de la pobreza absoluta. Los dólares se valoran en paridad de poder adquisitivo, porque un dólar tiene una capacidad mayor de compra en un país pobre que en otro desarrollado.

Según el referido criterio monetario, la evolución de la pobreza ha ido decreciendo en el planeta. En 1981, el 42,3% de la población mundial se situaba por debajo de dicho nivel. En 2013, último dato publicado, el porcentaje ha descendido y se instala en el 10,7%. En este progreso ha jugado también la evolución de la población mundial (denominador), pero en conjunto la pobreza (numerador) afecta a un menor número absoluto de personas. Hasta ahí un logro positivo, que los llamados ‘Objetivos de desarrollo sostenible’ (ODS) de Naciones Unidas quieren redoblar hasta la erradicación de la indigencia en todas sus formas para el año 2030 (Objetivo nº 1). Más allá de la pobreza absoluta se halla el índice de pobreza relativa, referida en cada país a unos baremos relacionados con el nivel inferior en un porcentaje determinado de la mediana de rentas del país, pero no es el tema de hoy.

Seguiremos con la pobreza absoluta y con el objetivo de su alivio y erradicación. Tomando el índice de 2013 (10,7 %) llegamos a una estimación aproximada de 769 millones de personas que en estos momentos luchan en el mundo por la mera supervivencia por debajo del nivel de la pobreza definida por el Banco Mundial. Su ubicación principal está en el África subsahariana (390 millones), la India (260 millones), China e Indonesia (25 millones).

Si establecemos ahora un escalón superior, y ampliamos el umbral indicado de pobreza hasta los 3,80 dólares día (114 dólares/mes), la pobreza aumenta en 1.500 millones adicionales de persona. De hecho, en 2013, 4.000 millones de personas, más de la mitad del planeta, contaban con ingresos diarios comprendidos entre los 1,90 y los 10 dólares.

Sumados estos 1.500 a los 769 millones arriba citados llegamos a la cifra de 2.269 millones de personas situadas por debajo del nivel de los 114 dólares mes, una pobreza aún insoportable a todos los efectos de los parámetros occidentales.

Estas cifras guardan una relación directa con la migración.

En el cómputo de pobreza anterior queda incluido un altísimo porcentaje de aquellos emigrantes que huyen por motivos distintos a los estrictamente políticos –los exiliados políticos- y que están clasificados como emigrantes económicos. Huyen de sus países respectivos buscando mejorar sus niveles de vida y acercarlos a los de los ciudadanos occidentales. Escapan básicamente de la desesperanza en aras de encontrar una vida digna, una vida mejor.

Sobra decir que el refugiado político merece consideración especifica dada la cobertura jurídica que le ha sido otorgada por el ‘estatuto universal al asilado’ en la Convención de Ginebra de 1951.

De modo que el tema central es que sigue sin asumirse el nexo existente entre migración y pobreza y consecuentemente la necesidad de la búsqueda de soluciones a la pobreza absoluta en el mundocomo clave de solución, a su vez, de los movimientos migratorios. El problema de la migración va mucho más allá de las dolorosas anécdotas puntuales de vallas asaltadas, rescates subastados o playas avistadas. La dificultad se sitúa en buscar apoyo económico a 2.269 millones de personas que viven en situación de extrema precariedad. Un problema al que se enfrentan los países de acogida y los países de salida sin una interpretación comprensiva, que difícilmente se avista en el futuro próximo.

Al margen de los pregonados ‘Planes Marshall’ para los países en desarrollo, Naciones Unidas ya aprobó unánimemente los criterios de promoción para huir de la trampa de la pobreza, en Monterrey (2002) y Doha (2008), pero desgraciadamente las decisiones de su Asamblea General no son vinculantes.

Los países centrales no tienen políticas de inmigración, sino controles que se refieren a la limitación del número y manera de los flujos migratorios. Por referirnos a Europa, las diferentes comunicaciones y desarrollos normativos que se han ido produciendo desde 1999 son notables, y han supuesto un paso voluntarioso hacia la construcción de una política europea de inmigración y asilo, incardinándose en los principios de los derechos y libertades fundamentales del acervo europeo. Sin embargo, estos avances están tropezando frontalmente con las resistencias proteccionistas de varios países europeos que han dinamitado la configuración de espacios supranacionales para tratar el tema migratorio en la Unión Europea.

El proteccionismo retrasa o contiene una ola mínima del movimiento migratorio, pero ignora el descomunal problema de 2.269 millones de personas que anhelan la llegada –en palabras de Jorge Bergoglio- de la globalización de la esperanza.

sábado, 21 de octubre de 2017

Artesanas y artesanos de la paz.


Clara Temporelli. 

¿Cómo desatar los nudos de la guerra y la violencia? ¿Cómo encontrar salidas en estos laberintos que se agudizan y complican con el tiempo? García Márquez en “Cien años de soledad” expresa: “No imaginaba que era más fácil empezar una guerra que terminarla”. La Palabra nos anima al afirmar: “la cuerda de tres hilos no es fácil de romper” (Qo. 4,12), el papa Francisco nos da pistas de cómo hacer esa cuerda de la paz que perdure en el tiempo y pueda quedar a un lado el círculo de violencia sostenido por la injusticia. Desde inicios de este año 2017 en su mensaje del 1 de enero, para la Celebración de la 50 Jornada mundial de la Paz, propone que nos comprometamos con la “acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, a construir comunidades no violentas, que cuiden la casa común”.

Como buen artesano trenza una línea de continuidad con sus predecesores: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI[1]; recupera frases de sus propios discursos[2]; crea el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral[3]; pone como ejemplos de la no violencia a la Madre Teresa de Calcuta, a Mahatma Gandhi, a Khan Abdul Ghaffar Khan, a Martin Luther King, a Leymah Ghowee y miles de mujeres liberianas que evitaron la guerra en su país; señala las estrategias de la paz como “manual” ofrecido por Jesús en el Discurso de la montaña (Mt 5,3-10), las ocho bienaventuranzas ofrecen un perfil de la persona buena, auténtica (que es mansa, misericordiosa, trabaja por la paz, tiene hambre y sed de justicia, y puro el corazón); considera que los desacuerdos e incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón[4]. La no violencia ha de ser el estilo de vida cotidiano y políticamente mundial.

Para Francisco, no se trata de negar la realidad, todo lo contrario: es necesario ver, juzgar y actuar, ser conscientes que el siglo XX fue herido por guerras mundiales, conflictos bélicos donde el ser humano comprobó su poder destructor. A pesar de ello este nuevo siglo nos encuentra en una tercera guerra mundial por sectores, ocasionando el sufrimiento de miles y miles de personas en diversos países y continentes a través del terrorismo, la criminalidad, los ataques armados impredecibles. Además de los abusos contra los emigrantes y las víctimas de la trata, la devastación del medio ambiente…[5]

En este mes de septiembre (07 al 10), el papa ha hecho una intensa, profunda y conmovedora visita a Colombia, como Pastor y Artesano de la paz. Ha penetrado en sus selvas lluviosas, sus páramos, sus sierras, sus playas; ha alabado al Señor por las maravillas de este país, segundo del mundo en biodiversidad, con una inmensa variedad de flora y fauna, de ricas culturas, con diversas etnias, con personas acogedoras y bondadosas, con tesón y valentía para oponerse a la violencia y sobreponerse de ella; con el deseo firme de querer poner fin a una guerra iniciada hace 52 años.

En prolongación con su tarea por la paz se pronuncia sin miedo, su palabra cargada de fe ilumina las tinieblas con una luz que nos hace humanos, su humanidad evangelizada se anuncia como compañía, cercanía, escucha a las víctimas, a los victimarios, a los sufrientes, para compartir sus dolores, llorar con ellos, y dar ánimo a todos (gobernantes, jerarquía eclesiástica, laicas/os, sacerdotes, religiosas/os, jóvenes…). Asume el desafío de construir la paz en Colombia desde el mensaje pacífico y pacificador de Jesús. Se involucra desde que en junio de 2015 recibiera a su presidente Juan Manuel Santos en el Vaticano y le ofreciera su ayuda si lo necesitaban, lo que vuelve a ratificarle en su visita a Cuba (19 al 22 de septiembre de 2015). El 16 de diciembre de 2016, luego del Acuerdo de Paz (26/08/16) y del plebiscito negativo (02/10/16), se reúne en el Vaticano con Santos y el ex presidente Uribe, para que expongan sus diferencias y continuar trabajando en el “acuerdo”… Santos con firmeza resaltó al papa: “necesitamos su ayuda”.

Es claro que Santos no logró explicar en detalle cómo el dinero destinado a la guerra se reutilizaría para fomentar el desarrollo agrícola y redistribuir recursos, de qué modo se reconocerá el abuso cometido con las mujeres y se promoverá la igualdad con los hombres, qué significa establecer una “Justicia Especial para la Paz”. Fallas utilizadas por Álvaro Uribe.

Después del plebiscito se tomaron en cuenta algunos reclamos, entre ellos el recorte de las inversiones sociales. Sin embargo, no se modificó la puesta en marcha de la “Justicia Especial para la Paz”, que analizará los delitos cometidos. Quedarán en la lupa guerrilleros, paramilitares y Fuerzas Armadas, bajo los criterios de verdad, justicia, reparación y no repetición. Se dictarán amnistías o indultos siempre que los hechos no tengan la calificación de crímenes de lesa humanidad. Pero aún no se investigó el material de 15.000 paramilitares que declararon quiénes los financiaban. En el imaginario vuelve lo sucedido con la Unión Patriótica, movimiento político impulsado por las FARC entre 1982 y 1986, en medio de los diálogos de paz durante el gobierno de B. Betancur, que fue arrasado por los paramilitares y hubo más de 4.000 militantes asesinados.

La paz supone enfrentar con decisión los poderes regionales, políticos y económicos que mantienen su posición gracias al ejercicio de la violencia y al accionar de bandas armadas. Por esto ante todo conflicto es necesario pensar quiénes ganan y quiénes pierden, en este caso con la paz.

El año próximo Colombia elegirá presidente. El gobierno de J.M. Santos experimenta un debilitamiento, mientras se fortalece Uribe y su partido Centro Democrático, que afirma que el primer acto de gobierno (si gana las elecciones) será hacer trizas el Acuerdo final con las FARC.

El Pontífice así como alaba las maravillas hechas por Dios en Colombia, también denuncia su situación de pecado: “Pienso en el drama lacerante de la droga, que atenta contra la dignidad de la persona y rompe la imagen del Creador presente en ella… Condeno con firmeza esta lacra, que hombres sin escrúpulos sostienen… busquen los modos de acabar con el narcotráfico… Pienso también en otros dramas como la devastación de la naturaleza y en la contaminación, la explotación laboral, el blanqueo de dinero, la especulación financiera, el sistema económico y social que expone a la pobreza a millones de seres humanos, la prostitución, la trata de seres humanos, delitos y abusos contra menores, la esclavitud, los emigrantes… No es posible vivir en paz sin hacer nada con aquello que corrompe la vida y atenta contra ella”[6]. Es necesario con “manos y obras” (Pedro Claver) desatar los nudos de la violencia, desenredar su compleja madeja, y entretejer una cuerda triple que no se rompa fácilmente (Qo.4,12) crear una cultura de la vida y del encuentro para ello propone tres gruesos hilos:
Dar el primer paso en el encuentro personal entre las partes, con un diálogo reparador, clarificador, diciendo no a la venganza, y evitando la repetición de los crímenes.
Asumir la verdad que es inseparable de la justicia. Verdad es confesar, declarar y reconocer.
Pedir y ofrecer el perdón, para curar heridas y construir puentes, pues se valora más la relación y la paz que el conflicto.

***

[1]Juan XXIII exaltó “el sentido y el amor de la paz fundada sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la libertad, sobre el amor” en Pacem in terris citado por Paulo VI quien advirtió “el peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por fuerzas espantosas y mortíferas” Mensaje sobre la Jornada Mundial de la Paz 1968. Juan Pablo II en Centesimus annus (1991), puso en evidencia que el cambio crucial de los pueblos, de las naciones y de los estados se realiza “a través de una lucha pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y de la justicia” (Homilía en la canonización de la beata Madre Teresa de Calcuta, 4 de septiembre de 2016, n.23) y concluía “Ojalá los hombres aprendan a luchar por la justicia, renunciando a la lucha de clases en las controversias internas, así como a la guerra en las internacionales” (ibid). A su vez Benedicto XVI consideró que: “El amor a los enemigos constituye el núcleo de la revolución cristiana” “es la carta magna de la no violencia cristiana”, “es responder al mal con el bien –Rm12, 17-21-“ Angelus, 18 de febrero de 2007. Cf. Mensaje para la Celebración de la 50 Jornada Mundial de la Paz, 01/01/2017

[2] Discurso en el Encuentro Mundial de los Movimientos Populares “ninguna religión es terrorista” (07 de noviembre de 2016); Encuentro Interreligioso en Bakú que el nombre de Dios no sea “profanado ni mercantilizado por los odios y los conflictos humanos” (02 de octubre 2016); en la Jornada Mundial de la Paz en Asís “… sólo la paz es santa no la guerra”, hace un llamamiento al desarme, a “la prohibición y abolición de las armas nucleares”, y pide que se detenga la violencia doméstica y los abusos a mujeres y niños” (02 de septiembre de 2016)

[3] Su labor iniciada el 01 de enero de 2017 estará focalizada en los emigrantes, los necesitados, enfermos, excluidos, marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, entre otros…

[4] Cf. Exhort. Ap. Postsin. Amoris laetitia, 90-130

[5] Cf. Papa Francisco, Discursos en su visita a Colombia (7-10/09/2017)

[6] Homilía en Cartagena (10/09/17)

jueves, 13 de julio de 2017

Espiritualidad y mística de la ecología integral.


Agustín Ortega. 

Como conclusión o síntesis de sus Ejercicios Espirituales (EE), San Ignacio presenta la “contemplación para alcanzar amor” (EE 230-237), en donde se manifiesta toda una sensibilidad ecológica, espiritual y mística. 

Tal como ha desarrollado el Papa Francisco en su encíclica Laudato Si’ (LS), por ejemplo en su último capítulo, con una espiritualidad ecológica integral. “Dios habita en las criaturas, en los elementos dando ser, en las plantas vejetando, en los animales sensando, en los hombres dando entender; y así en mí dándome ser, animando, sensando, y haciéndome entender; asimismo haciendo templo de mí seyendo criado a la similitud y imagen de su divina majestad; otro tanto reflitiendo en mí mismo, por el modo que está dicho en el primer puncto o por otro que sintiere mejor. De la misma manera se hará sobre cada puncto que se sigue. [236] El tercero considerar cómo Dios trabaja y labora por mí en todas cosas criadas sobre la haz de la tierra, id est, habet se ad modum laborantis. Así como en los cielos, elementos, plantas, fructos, ganados, etc., dando ser, conservando, vejetando y sensando, etc. Después reflectir en mí mismo. [237] El quarto: mirar cómo todos los bienes y dones descienden de arriba, así como la mi medida potencia de la summa y infinita de arriba, y así justicia, bondad, piedad, misericordia, etc., así como del sol descienden los rayos, de la fuente las aguas” (EE 235-237).

Se nos presenta pues una espiritualidad estética en la búsqueda de Dios en todas las cosas, una mística de la vida, naturaleza e historia. Con la oración-contemplación de la belleza en la acción de Dios que se manifiesta y actúa en toda la creación, en esa casa común que nos ha regalado como es el planeta. Es el Dios que ha destinado la tierra con sus frutos y bienes para cuidarlos, fecundarlos y que se compartan entre toda la humanidad de forma justa, con equidad y al servicio del bien común más universal. Tal como se significa en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. “Para la experiencia cristiana, todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva: «el Cristianismo no rechaza la materia, la corporeidad; al contrario, la valoriza plenamente en el acto litúrgico, en el que el cuerpo humano muestra su naturaleza íntima de templo del Espíritu y llega a unirse al Señor Jesús, hecho también él cuerpo para la salvación del mundo»” .

En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia, que tiende a manifestarse de modo sensible, logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura. El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo». La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo». Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado” (LS 235-236)

Como se observa, en la línea de la teología y la filosofía o de las ciencias, como nos transmitió de forma muy significativa el jesuita T. de Chardin, se visibilizan las claves para una espiritualidad en una antropología y ecología integral. Con la ética, principios y valores morales tal como nos enseña el pensamiento social de la iglesia, expresado por la LS. Tal como fue anticipado de forma pionera por los santos como San Francisco o San Ignacio, auténticos maestros y testigos de esta sabiduría espiritual, mística y ecológica global. Una antropología y ecología con la ética del cuidado de la vida y de la justiciaen todas sus dimensiones: personal, psicológica, ética, social, ambiental y espiritual. Una conversión ecológica con el servicio y compromiso por unas relaciones fraternas, solidarias y justas con los otros, con los pobres, con esa casa común que es el planeta y con el Dios de la vida revelado en Jesucristo. Es el Dios Trinitario, entraña y modelo de estas relaciones fraternas y de comunión solidaria.

“Las Personas divinas son relaciones subsistentes, y el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones. Las criaturas tienden hacia Dios, y a su vez es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa, de tal modo que en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente. Esto no sólo nos invita a admirar las múltiples conexiones que existen entre las criaturas, sino que nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización. Porque la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas. Así asume en su propia existencia ese dinamismo trinitario que Dios ha impreso en ella desde su creación. Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad” (LS 240).

Toda esta espiritualidad y teología es la base del humanismo ético y cristiano que promueve el conocimiento de lo real, el desarrollo solidario e integral. Como nos muestra el jesuita mártir I. Ellacuría y el pensamiento latinoamericano, se trata de ser honrado con lo real. Haciéndonos cargo de la realidad, del clamor de los pobres y de la tierra que impulsa esta ecología integral con el amor civil, caridad política y justicia socio-ambiental para transformar la realidad con su cultura, relaciones humanas y estructuras sociales. “El amor, lleno de pequeños gestos de cuidado mutuo, es también civil y político, y se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso por el bien común son una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a «las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas». Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor». El amor social es la clave de un auténtico desarrollo: «Para plasmar una sociedad más humana, más digna de la persona, es necesario revalorizar el amor en la vida social –a nivel político, económico, cultural–, haciéndolo la norma constante y suprema de la acción». En este marco, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos mueve a pensar en grandes estrategias que detengan eficazmente la degradación ambiental y alienten una cultura del cuidado que impregne toda la sociedad. Cuando alguien reconoce el llamado de Dios a intervenir junto con los demás en estas dinámicas sociales, debe recordar que eso es parte de su espiritualidad, que es ejercicio de la caridad y que de ese modo madura y se santifica” (LS 231)

Todo este pensamiento social y ética con la ecología integral nos transmite los valores y principios del bien común, del destino universal de los bienes y la dignidad del trabajo. Con un estilo de vida sobrio, solidario y sostenible con la pobreza evangélica como iglesia pobre con los pobres; frente al egoísmo e individualismo insolidario y posesivo con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y del tener, del consumismo y hedonismo. En contra de la tecnocracia (LS 106-114) que convierte al mercado, la propiedad y el capital, como es la banca-finanzas, en falsos dioses que de forma relativista e idolátrica, con su utilitarismos y competitividad, se imponen sobres estos valores y principios que, con toda esta ética y ecología integral, es lo más importante. Una espiritualidad y mística de la ecología integral que se fecunda en la alegría y en la acción de gracias, en la misericordia y compasión al servicio de la fe, cultura y justicia con los otros, con los pobres de la tierra y con el planeta.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Pastores y reyes, trayectos navideños.


En casa hemos puesto el Belén. Las cabras de plástico ya desafían la gravedad encaramadas en montañas de corcho, los patos nadan confiados sobre un sólido río de papel de plata y el molino mueve pausadamente las tres aspas que aún conserva. Salvo terremotos imprevistos al golpear accidentalmente el aparador en el que lo montamos (seísmos que cada año dejan tullido a algún personaje), las únicas figuras que se mueven en nuestro Belén son los Reyes Magos. Como manda la tradición, cada día los Magos de Oriente avanzan unos milímetros en dirección al pesebre animados por la energía invisible de manos infantiles; el resto de figuras ya han llegado a sus destinos y esperan pacientes a que sus Majestades Reales completen su camino.

Los trayectos geográficos de los protagonistas de Belén esconden enseñanzas teológicas que suele pasar desapercibidas. Por de pronto, no es verdad que las figuras permanezcan estáticas. A excepción del caganer que, por razones obvias, no puede desplazarse; todas las demás (hasta los peces que “beben en el río”) son convocadas al meeting point de un desangelado establo en el que tendrá lugar el acontecimiento que cambiará el rumbo de toda la humanidad. Lo de desangelado es un decir porque, según Lucas, a poca distancia de allí una legión del ejército celestial (unos cinco mil ángeles, querubín arriba, querubín abajo), envueltos en la claridad de la gloria del Señor, anunciaban una gran noticia a unos pastores que pasaban la noche al raso: “En la ciudad de David había nacido un salvador, el Mesías, el Señor”. Los pastores debían estar muy cerca porque fue escuchar el anuncio celestial y salir corriendo a toda prisa hacia Belén, al menos así lo dejó escrito el evangelista.

Los pastores, seres marginales de vidas itinerantes que no cumplían los preceptos legales del descanso sabático ni los ritos de pureza exigidos por la Ley, eran vecinos de la Buena Noticia. Aquellos trabajadores precarios estaban cerca –muy cerca– del lugar en el que acontecía la salvación. Más lejos y perdidos andaban los Magos de Oriente; enredados entre oros, inciensos y mirras tuvieron que interpretar el significado del tenue resplandor de una estrella lejana. Ni un triste serafín de tercera se dignó pasarse por Oriente para facilitarles las coordenadas GPS del pesebre. A tientas, leyendo mapas estelares, preguntando en cada rotonda, con la lentitud de quienes viajan por la vida cargados hasta los topes, llegaron por fin a Belén gracias a las indicaciones ¡de Herodes!: “Todo recto, en el segundo oasis girar a la derecha y cuando encontréis al niño mándame un selfie con él que yo también quiero ir a rendirle homenaje”. La cercanía, la claridad resplandeciente, la rapidez y la alegría pletórica de unos. La lejanía, la luz trémula, la lentitud y los cálculos estratégicos de otros.

Celebrar la Navidad es desplazarse geográfica y vitalmente en busca de ángeles anunciadores. Es pasar la noche a la intemperie junto a los pastores de los que nadie espera nada. Es el sinsentido de un Dios desahuciado que nace en un establo, en el lugar preparado para los animales. En Alepo, en las costas de Lesbos, en Yemen, en las fronteras de Somalia, en Nigeria, en Ciudad Juárez, en el CIE de Aluche…, cerca de pesebres ruinosos donde según los Herodes de la historia no puede nacer nada bueno se han visto legiones de ángeles desgañitándose en un canto tan absurdo como divino: cerca, muy cerca nacerá la Esperanza envuelta en pañales. Ojalá que unas manos infantiles muevan milímetro a milímetro nuestras vidas y nos pongan junto a los pastores, al lado de aquellos y aquellas que nos llevan la delantera en el camino del Reino; porque solo oliendo a oveja se puede celebrar la alegría de una Esperanza que sabe a requesón, manteca y vino. ¡Feliz Navidad!

lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Fue Jesús un anarquista?


Victor Codina. 

Esta es la pregunta que surge al leer al teólogo católico holandés-brasileño Eduardo Hoornaert. El autor parte de la situación de miseria del campesinado ruso en tiempo de los zares y de las diversas reacciones de Marx y Bakunin. Ambos se indignan ante la miseria del pueblo, pero mientras Marx propone la toma del poder y la dictadura del proletariado en orden a una sociedad sin clases, Bakunin desconfía radicalmente del Estado, pues en vez de buscar el bien del pueblo, se corrompe. Hoornaert dice que la historia da la razón a Bakunin, el poder del Estado se corrompe: Stalin, Hitler, Mussolini, Franco, Salazar… e incluso el PT del Brasil. En este contexto el autor se interroga sobre si Jesús fue anarquista como afirman algunos historiadores judíos. Hasta aquí Hoornaert.

Jesús en efecto aunque tenía autoridad, no tuvo poder económico ni político, rechazó ser elegido rey, criticó a los gobernantes que oprimen al pueblo y se hacen llamar bienhechores, privilegió a los pobres y murió en la cruz. Pero al mismo tiempo Jesús eligió a 12 apóstoles y a su cabeza Pedro, para que llevasen adelante su proyecto del Reino.

Es peligroso y anacrónico proyectar sobre Jesús categorías ideológicas de otros tiempos. Jesús no fue comunista ni anarquista, no se movió por ideologías sino por el Espíritu y el evangelio del Reino de Dios. Pero lo que sí queda claro es que tanto el Estado como la Iglesia deben continuamente cuestionarse para no corromperse y han de convertirse continuamente al Reino de Dios.

domingo, 3 de julio de 2016

Perdonar no es olvidar.



En el año de la Misericordia, mucho se habla y se escribe del perdón, de reconciliación y de la dimensión política de la misericordia. Estas líneas, que recogen cuatro puntos más uno sobre el perdón, quieren ser parte de esa conversación.[1]

1. Perdonar no es olvidar

Perdonar no es olvidar, al menos no necesariamente, no como imposición externa. Quizás a veces la persona ofendida o agredida, por su momento y situación vital, escoge olvidar como mal menor. Propiamente, perdonar sería recuperar y sanar la memoria de lo acontecido. Poder rememorarlo sin los sentimientos de rabia, odio, rencor… para poder empezar de nuevo, para poder seguir adelante sin un futuro hipotecado y lastrado permanentemente por las heridas del pasado. Pero perdonar no es negar esos sentimientos dolorosos tan naturales y comprensibles. Muchos documentos sobre el perdón invitan a no negar los sentimientos de rechazo y dolor que causa el recuerdo de los hechos dolorosos. Perdonar es un proceso de sanación que requiere reconocer y trabajar esos sentimientos, que pueden ser reorientados en una fuerza que ayude a la víctima a convertirse en superviviente: es decir, a ser señora de su pasado, a decidir qué y cómo quiere recordar lo ocurrido, de modo que pueda vivir con sentido su presente. No se trata de erradicar los recuerdos dolorosos, sino de darles un espacio capaz de regenerar y sanar, y construir un futuro libre de la hipoteca del pasado. El olvido impuesto es una nueva victimización de los afectados. Las víctimas merecen la memoria.

2. La “víctima” ha de ser la protagonista

El centro del proceso de perdón ha de estar orientado a la persona o colectivo agredido, ofendido, vejado… Son las “víctimas” las que inician este proceso y marcan los tiempos. Son las víctimas quienes deciden interrumpir el círculo de “agravio por agravio” para darse y dar una oportunidad de comenzar de nuevo. Etimológicamente, la palabra perdón y el verbo perdonar se refieren a un ejercicio gratuito y “excesivo” por parte de quien lo ejerce.Perdonar es una decisión proactiva y de gran generosidad por parte de la víctima. En ese sentido no puede ser una imposición “social”, no se puede urgir por conveniencia política, ni se puede apresurar el proceso. No se puede imponer desde fuera la obligación de pasar página y olvidar, desde una “política del olvido” o un ejercicio de “amnesia colectiva”. Parte del proceso del perdón y el primer paso para una posible reconciliación social, es reconocer la verdad de lo ocurrido, honrar la memoria de las víctimas. Esto es particularmente importante cuando, quizás, toda la “restitución” que los supervivientes pueden obtener es el que se conozca qué ocurrió con sus seres queridos. Las víctimas han de tener un papel preeminente en las decisiones que se tomen en los procesos de reparación, en las medidas que se adopten para restituir la memoria, y se han de considerar medidas activas que mejoren su situación socioeconómica si ésta se ha visto afectada por las agresiones o la violencia sufrida.

3. Perdonar no es negar la justicia o las consecuencias legales

Para que haya perdón y para que se inicie un proceso de reconciliación, es necesario que se reconozca el daño causado. Es necesario que los victimarios pidan perdón y muestren arrepentimiento por sus acciones. ¿El perdón puede ser otorgado sin esto? Ciertamente, porque depende de la generosidad de las “víctimas” (hay un cuaderno de CJ con casos de perdón de familiares de víctimas de ETA, con testimonios de perdón impresionantes en este sentido), pero no habrá un proceso real de sanación social, de restauración de heridas, de reconciliación. La justicia (civil, legal) nunca podrá compensar el dolor causado, pero al menos evitará que los victimarios sigan causando dolor y es un ejercicio social el reconocer que víctima y victimario no están en el mismo plano. La justicia que pide el perdón es una justicia restaurativa, que implique a la víctima, al victimario y a sus entornos sociales en un proceso de reconciliación. Pero este proceso requiere, como primer paso, el cese de las injusticias y el reconocimiento de lo ocurrido. En este proceso las víctimas no pueden ser relegadas a “testigos de cargo”, a pruebas de que algo ocurrió. Han de ser consideradas agentes políticos activos.

4. El perdón tiene una dimensión “social”

El presente y el futuro están de algún modo condicionados por lo vivido. Víctimas y verdugos en cierto sentido nunca dejarán de serlo. Es necesaria una dimensión social y política del perdón porque la infracción cometida, el delito, la ofensa, también lo tienen. No sólo sufren las víctimas directas de la violencia, la opresión, el bullying, los abusos… siempre hay “daños colaterales”: las familias y las relaciones sociales de las personas implicadas se ven afectadas. Por esto, requiere una cultura del perdón que va más allá de la conveniencia política o de las restituciones legales y técnicas (que son necesarias). La sociedad no puede sanar sus heridas en falso. Parte del proceso de curación es a veces reabrir heridas mal cerradas para limpiarlas y que puedan cicatrizar bien. Recuperar un relato lo más objetivo posible, lo más fiel a la verdad posible, ayuda no sólo a honrar a las víctimas sino a construir el futuro de la sociedad desde una base más sólida, no con historias partidistas, normalmente escritas por los vencedores como nueva forma de humillación a los vencidos, o como medio de asegurar su impunidad. Por último, un proceso político de perdón y reconciliación no puede dejar de lado a los victimarios, que también forman parte de la sociedad. Para poder liberar el presente de la carga dolorosa del pasado, es necesario implicar a víctimas y victimarios en un proceso complejo de diálogo, reconocimiento, reconciliación y construcción de un presente diferente. Es necesario un proceso comunitario y colectivo de sanación, porque toda la sociedad puede compartir el dolor por lo ocurrido y un cierto sentimiento de “culpa” por haber permitido la violencia, por no haber denunciado, o como sentimiento subsidiario de pertenecer a la sociedad en que estos hechos violentos ocurrieron. El olvido no es pues una opción en los procesos políticos del perdón, que requieren un proceso de duelo y de restitución a la población o personas afectadas.

4 +1. La dimensión cristiana del perdón[2]

Muy brevemente, añadir la perspectiva de la tradición cristiana respecto al perdón. La raíz del perdón cristiano no es otra que la experiencia de haber sido perdonados por Dios. Sólo Dios es compasivo y misericordioso. El creyente que ha sido tratado con misericordia se siente urgido a perdonar. Es la invitación de Jesús: “Sed perfectos como vuestro padre Dios es perfecto”… sed compasivos, sed justos, sed misericordiosos, porque vuestro Padre Dios os ha tratado con misericordia. Son múltiples los textos del evangelio en los que Jesús actúa la misericordia y el perdón de Dios, y da así ejemplo a sus discípulos. El perdón de Jesús se sitúa por encima de la ley religiosa de su época, porque la ley no puede constreñir las entrañas misericordiosas del Dios de la vida. Pero el perdón religioso, cristiano, no anula la justicia civil. La complementa, la acompaña, la sitúa y la excede. El perdón religioso puede ser un proceso interno de la persona que le permite iniciar y acompañar procesos de perdón y reconciliación social. Puede ser un ejercicio de víctima y victimario de perdonar y de pedir perdón respectivamente. En última instancia, en cristiano, el perdón es abandonar el derecho a la justicia última (no la terrena y penúltima) en manos de Dios. Es renunciar a vengarse, a odiar, a guardar rencor. Es, en Dios, dar la oportunidad a la otra persona a rehacerse, a nacer de nuevo.

***

[1] Basado en Jesús Sanz: “Perdonar es hacer las paces”, J.A. Zamora “La dimensión política del perdón” y el magnífico libro de Alejandro Rodríguez “La paz y la memoria”.

[2] Lo titulo 4+1 porque no está en el mismo plano discursivo o conceptual que los puntos anteriores. No es más ni menos, es distinto. Y me ciño a la cristiana porque es la tradición que mejor conozco y por la brevedad del post.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Esclavitud del siglo XXI, la trata de personas.


Clara Temporelli.
 
El 30 de julio de 2015 fue el Día Mundial contra la trata de personas, un fenómeno que afecta a millones de personas “en 137 Estados se ha explotado a víctimas de por lo menos 127 países ya sea como punto de origen, tránsito o destino” -estimación de Naciones Unidas- , problemática denunciada reiteradamente por el Papa Francisco como “un crimen contra la humanidad” […] “es necesaria una responsabilidad común y una voluntad política más fuerte para vencer en este frente” […] “Una intervención legislativa adecuada en los países de origen, tránsito y llegada, pues facilitar la regularidad de las migraciones, puede reducir el problema”; preocupado por este flagelo añade en abril de 2014 “la trata de personas es una herida abierta en el cuerpo de la sociedad contemporánea, una llaga en el cuerpo de Cristo”.

La trata de personas es una actividad delictual a gran escala, interrelacionada con otros delitos globalizados y organizados, como el tráfico de drogas y de armas. La trata ocupa, como actividad económicamente rentable, el segundo lugar detrás del tráfico de drogas y por encima del tráfico de armas. Según la Organización Internacional del Trabajo, la trata afecta cada año a unas 2.500.000 personas entre mujeres, hombres, niños y niñas en todo el mundo, es un negocio que genera unos 7.000 millones de dólares anuales. Hay que destacar queun 80% de las víctimas son mujeres y niñas, por lo que se convierte en una problemática de género y en una grave violación a los Derechos humanos que al mismo tiempo, suele implicar la violación de otros derechos como:

Derecho a

– no sufrir esclavitud o servidumbre forzada, ni prácticas de tortura u otras formas de trato inhumano o degradante
– la salud
– una vivienda digna en condiciones de seguridad
– no ser discriminado por razón de género
– un trabajo justo y con condiciones favorables
– la vida

Según la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada (Protocolo de Palermo) define a la trata de personas como “la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

La intención detrás de esta definición es facilitar la convergencia en los enfoques nacionales en relación con el establecimiento de infracciones penales nacionales que apoyen la cooperación internacional eficaz en la investigación y el enjuiciamiento de casos de trata. Otro objetivo del Protocolo es proteger y asistir a las víctimas con pleno respeto de sus derechos.

La Vida Religiosa en América Latina intenta formar redes contra la trata, esta lucha requiere que se contemplen las múltiples aristas de este fenómeno. Prevención y procuración de justicia son elementos importantes, más no suficientes, si no se considera con el mismo tesón el plano de la protección y la asistencia a las víctimas así como ofrecer una oportunidad de reiniciar su vida. Esto supone un compromiso interinstitucional en el que la cooperación entre entidades religiosas, públicas y sociedad civil resulta fundamental.

“Un grito por la vida”; “Red Kaway” y “Red Ramá”, son redes lideradas por mujeres consagradas, pertenecientes a la CLAR, que han decidido tomar como prioridad el combatir este crimen y se han propuesto articular las respuestas que religiosas y religiosos están dando en el continente. Desde el año 2012 la CLAR impulsa la reflexión sobre esta problemática y sus acciones en 22 países donde la Vida Religiosa se encuentra presente. Se van generando compromisos desde una lectura crítica de la realidad iluminada por la reflexión teológica.

Es un asunto que también ha preocupado a la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), en un Congreso que tuvo lugar en Roma en el año 2008 declararon: “Denunciamos el crimen de la Trata de personas que constituye una grave ofensa contra la dignidad humana y una seria violación de los Derechos Humanos”.

En el año 2004 la UISG constituyó la “Red Talithakum”, de carácter mundial (supone 21 redes en 75 países de los cinco continentes). A nivel sudamericano, la “Red Kaway” –palabra quechua que significa ¡Vive!, ¡Vive ya!- congrega a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. La “Red Ramá” integra a la mayor parte de los países de Centroamérica y de las Antillas: Belice, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Uruguay y Panamá. Y “Un Grito por la vida”, está presente en el amplio territorio brasilero.

Estas redes articulan sus acciones con centros de derechos humanos, pastorales y otras redes de vida consagrada que actúan en el resto de América Latina y otros continentes. Realizan actividades de formación, concientización, debates, denuncias, prevención, asistencia a las personas afectadas. Realizan encuentros, talleres, congresos, campañas a nivel local, regional, nacional. En cada país buscan coordinarse con organizaciones civiles, organismos estatales e iglesias locales.

Una esperanza desde la Palabra de Dios

Una vez más los gritos de dolor toman el cuerpo femenino. La vida de la esclava egipcia Agar puede iluminar el caminar de las víctimas de la esclavitud y de quiénes se solidarizan con ellas. Agar nos revela al Dios que no desampara y su nombre: [Agar] dijo: “tu eres Él-Roi, el Dios que me ve” (Gén 16,13).

Como bien sabemos en la historia de Abraaham y Sara observamos que a pesar de las repetidas promesas de Dios, Sara no ha tenido hijos y ya llevan diez años viviendo en Canáan. Sara duda de la palabra de Dios y decide una solución: su marido poseerá a su esclava, ella adoptará al hijo que nazca de esa unión y suya será su descendencia.

Las cosas no salen bien. Agar queda embarazada y logra lo que Sara no consigue. Sara experimenta sentimientos negativos y violentos: siente rabia, celos, ira; llevada por ellos y por el orgullo de Agar, que embarazada, mira por encima a “su señora”, comienza a maltratarla. Agar tiene claro que no cuenta con ninguna protección, pues Abraham se debe a su mujer, y siente un profundo temor. Confusa y llena de dudas prefiere huir. Así es como se encuentra en medio del desierto, en plena soledad. Cuando el vigor de Agar se ha extinguido, se cruza “un ángel”, quien la encuentra cerca de una fuente. Agar bebe, el ángel la envía de regreso a la casa de Sara y le promete también a ella una gran descendencia.

Ante la figura del ángel podemos preguntarnos: ¿se encontró con una persona o con su propia voz interior? Como quiera que fuera Agar ve con lucidez dos cosas: no puede huir de Sara, pues está sola, sin derechos y sin medios. No tiene posibilidad alguna de sobrevivir ni ella ni el niño. Pero ha sido bendecida: tendrá un hijo, un regalo especial para su vida. Por lo tanto decide tener su hijo y regresar al lado de Abraham y Sara. Agar vuelve sobre sus propios pasos, depone su orgullo porque ama la vida de su hijo y la suya propia.

Pasa el tiempo y tampoco para Agar y su hijo Ismael (“Dios ha escuchado”), llega la paz. En el capítulo 21 del Génesis se narra que Sara queda embarazada y nace Isaac. Sara no puede vivir bien con la situación que ella misma ha provocado. Se ha entablado una espiral de violencia. No soporta que Ismael e Isaac jueguen juntos, se lleven bien y puedan un día compartir la promesa de Dios hecha a Abraham sobre su descendencia y sus posesiones… Así que exige a su marido que expulse a Agar y a su hijo. Abraham, a pesar de querer a Ismael, le da a Agar un odre con agua, pan y los envía al desierto. El drama continúa. Agar no quiere ver a su hijo morir, lo coloca debajo de unas matas, se sienta a cierta distancia y llora desconsoladamente.

La vida de Agar con el embarazo se ha convertido en sufrimiento: ha sido despreciada, maltratada, humillada y enviada a morir al desierto junto a su hijo. Nuevamente aparece un ángel, que alivia a Agar en su desesperación: “Levántate, toma al niño, ¡Dios está contigo!”. Y encuentra una fuente. Ambos están a salvo. Agar cría a su hijo en el desierto, quien tendrá una gran descendencia. Ella será el origen de un gran pueblo, porque “Dios ha escuchado su aflicción”, porque Dios es EL –Roi, “el que ve”.

La esclavitud y la muerte son derrotadas por una libertad y una vida abiertas al futuro. El Señor nos prepara, para que como Él nos pongamos en contacto con tantos gemidos, llantos y gritos de la humanidad. Las redes de la vida consagrada contra la Trata nos muestran cómo, gracias a Dios, nos hacemos sensibles a los gritos de las “periferias existenciales”. Dios que ve y escucha, da fuerza y valor para enfrentar semejante crimen, conscientes de que se expone la vida por amor a estas víctimas.

domingo, 5 de julio de 2015

El Ramadán es la Navidad cristiana.


Jaume Flaquer. 

El islam es tan omnipresente en los medios de comunicación que pocos ignoran que ha comenzado el mes sagrado del islam, el Ramadán, pero solo un reducido número de personas sabe realmente qué celebran los musulmanes.

El creyente ayuna de comida, agua y relaciones sexuales desde la salida del sol hasta el ocaso. Lo más exigente, sin duda, es la prohibición del agua cuando el mes de Ramadán cae en verano. El calendario lunar que sigue el islam tiene unos once días menos que el solar, por ello cada año se avanza esta fiesta respecto al nuestro. Dentro de unos quince años, cuando caiga en invierno, será mucho más llevadero.

Mientras, los musulmanes que pueden, especialmente en los países árabes, intentan cambiar las rutinas diarias: comen y beben lo más posible justo antes de la salida del sol, se van a la cama para pasar la mayor parte del día durmiendo, se ponen a trabajar a medio día, pausan el trabajo para romper el ayuno en la puesta de sol, y lo reemprenden hasta altas horas de la noche.

El cumplimiento escrupuloso lleva a ciertas profesiones a trabajar solo de noche, como los dentistas, por temor a que una gota de agua invalide el día de ayuno. Los enfermos y los viajeros están exentos pero tendrán que recuperar los días perdidos en otro momento del año.

La radicalidad de este ayuno recuerda al de la cuaresma de otros tiempos, o el que aún se vive en el mundo Oriental. En la liturgia copta (de Egipto) más de un tercio del año se practica el ayuno…

Ciertamente, Muhammad, según la tradición, se inspiró en estos ayunos para reglamentar el islámico pero si miramos más de cerca el mes sagrado veremos que su sentido está más cercano a nuestra Navidad que a nuestra la Cuaresma.

¿Qué celebran los musulmanes? El descenso del Corán sobre el corazón de Muhammad. El Libro Sagrado empezó a descender versículo a versículo, por medio del ángel Gabriel, en el mes de Ramadán del año 611 d.C. A lo largo de su vida, hasta su muerte en el 632 d.C., fue recibiendo todo el Libro por partes. Él, cuando volvía en sí después de haber caído en trance, repetía fielmente la recitación que había escuchado del ángel. Los compañeros del Profeta memorizaron estas comunicaciones divinas, las compilaron y las escribieron décadas después. Ésta es la teoría de la revelación del islam que se proyecta también hacia los profetas anteriores, porque el islam también cree que Moisés y Jesús recibieron un Libro, la Torah y el Evangelio respectivamente, y que estas revelaciones tuvieron también lugar en el mes de Ramadán. Es un mes, pues, en que los cielos se abren para la comunicación de Dios con el hombre.

El sentido teológico del Ramadán es equivalente al del tríptico de tres celebraciones cristianas: la Encarnación, Navidad y Epifanía, que son un despliegue del descenso de la Palabra para hacerse hombre. De esta manera, el Corán y el Cristo juegan en ambas religiones un rol teológico similar. No en vano, las ortodoxias de ambas Tradiciones determinaron después de vivas discusiones que la Palabra (personal en el caso cristiano y textual en el caso del islam) existía en Dios desde la eternidad y que no había sido creada.

El ayuno se convierte así no solo en un ejercicio de concienciación y asimilación a los pobres de este mundo sino en un símbolo de la desposesión total del yo para llenarse únicamente de la Palabra que desciende de arriba. El cristiano está llamado a cristificarse y el musulmán a identificarse con el Texto sagrado. La tradición islámica recuerda que Muhammad era un Corán viviente.

El hecho de que las dos religiones celebren lo mismo en las fiestas de Ramadán y de Navidad ha hecho que las dos tengan también un significado antropológico similar además del teológico.

En ambas fiestas, las calles se llenan de luces, se dan regalos a los niños y se potencia la solidaridad y la bondad. Igual que en Navidad la gente se enternece con más facilidad ante la interpelación diaria que suponen los pobres de nuestras ciudades, el musulmán es especialmente generoso en Ramadán. Este altruismo se va educando año tras año cuando a final de mes todo cabeza de familia debe dar como limosna (zakat) unos cinco euros por cada persona que esté a su cargo.

Finalmente, ambas fiestas son fiestas familiares. Aquel “vuelve a casa, vuelve, por Navidad” del famoso anuncio de turrones de hace años es vivido también por la comunidad musulmana. Por la noche las familias se juntan para cenar festivamente juntas. Los parientes lejanos se reencuentran de nuevo. ¡Y la televisión aprovecha para lanzar nuevas telenovelas, más blanquecinas que rosadas!

Y por ello, porque es una fiesta familiar, alcanza fácilmente el corazón, y la comunidad musulmana está deseosa de vivirla y revivirla anualmente. No en vano la práctica del Ramadán alcanza al 80% de los musulmanes de nuestro país mientras que el precepto de la oración no es seguido por más de un 50%. Es una fiesta con un componente sociológico importante como la Navidad porque la sociedad, más allá de las creencias, ha de celebrar y recordarse la importancia de la fraternidad, la bondad y la solidaridad.