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miércoles, 4 de octubre de 2017

Ecuador identifica “biopiratas” de sus recursos genéticos.


Algodón de Darwin (Gossypium darwinii). Imagen: www.darwinfoundation.org/es/

Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, Israel, Bélgica, Francia, Reino Unido e Irán encabezan la lista de países que más han pirateado recursos genéticos de Ecuador.

Estas naciones acumulan más del 80 por ciento del total de patentes identificadas para diversos productos desarrollados a partir de especies endémicas del Ecuador a las que accedieron ilegalmente.

Al presentar el primer informe de biopiratería (23 de junio), René Ramírez, jefe de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), señaló que estos países no pidieron autorización al Estado ecuatoriano para acceder a los 16 recursos genéticos presentes en 128 patentes generadas en el mundo.


“Ecuador considera abusivo, ilegítimo e ilegal el patentamiento de invenciones desarrolladas a partir de recursos genéticos endémicos del país que no han contado con permisos del Estado” Primer informe sobre biopiratería 

Entre las especies “biopirateadas”, identificadas en el estudio se incluyen el tomatillo de Galápagos (Solanum cheesmaniae), la calabaza ecuatoriana (Cucúrbita ecuadorensis) y el algodón de Darwin (Gossypium darwinii), por su resistencia a las plagas; las algas pardas de Galápagos (género Ochrophyta), para tratamientos de la piel, artritis y obesidad; las perlas negras (Capsicum annuum), para la conservación de células madre, entre otros.
Calabaza ecuatoriana (Cucúrbita ecuadorensis). Imagen: Wikipedia

“Ecuador considera abusivo, ilegítimo e ilegal el patentamiento de invenciones desarrolladas a partir de recursos genéticos endémicos del país que no han contado con permisos del Estado”, concluye el estudio que analizó 6.452 especies endémicas.

Hernán Núñez, director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI), aseguró durante la presentación que Ecuador presentará solicitudes de nulidad de las patentes revisadas en el informe basándose en mecanismos jurídicos y diplomáticosde la Constitución ecuatoriana.

También se realizará un monitoreo periódico para ver qué patentes están siendo solicitadas a escala mundial y se promoverá la posición del país sobre el uso de los recursos endémicos.

La Senescyt y el IEPI están impulsando el Código Ingenios para establecer derechos relativos al acceso, uso y aprovechamiento de la biodiversidad y saberes tradicionales, actualmente en discusión en la Asamblea Nacional.

Para el director del Centro de Investigación de Anfibios Jambatu, biólogo Luis Coloma, tener este diagnóstico “es un avance”, pero advierte que el control de la biopiratería no depende solo del Ecuador sino de la voluntad y las legislaciones de otras naciones.

En tal sentido, “es esencial que todos los países ratifiquen su apoyo y sean parte del Convenio sobre Diversidad Biológica (1993) y el Protocolo de Nagoya”, explica a SciDev.Net el investigador y añade que Estados Unidos, Japón, Francia, Australia, Irán e Israel, entre otros, aún no lo han suscrito o renovado.

Coloma considera indispensable que el Estado ejecute proyectos a gran escala con universidades e instituciones de investigación para completar el inventario de la diversidad biológica del Ecuador.

“La investigación de la biodiversidad (incluida la humana) del Ecuador requiere de esfuerzos gigantescos. Estamos lejos siquiera de completar su inventario. No más del 10 por ciento ha sido inventariado y mucho menos estudiado”, subraya.
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miércoles, 27 de enero de 2016

Biopiratería: La biodiversidad y los conocimientos ancestrales en la mira del capital.


Aunque la piratería todavía se mantenga en algunos lugares, su ocaso en los mares no significó su fin. Ahora sufrimos los embates de otra piratería: la biopiratería, desembozada o no, ilegal o no, que se mantiene presente en el mundo de la ciencia y la tecnología, con duros impactos en nuestras vidas.


Compiladores: Alberto Acosta y Esperanza Martínez

Agosto de 2015

Esta forma de piratería ahora se consolida con acuerdos asimétricos, como los Tratados de Libre Comercio (TLC), que institucionalizan la usurpación de conocimientos en nombre de un inexistente libre comercio, conocimientos que luego regresan en forma de paquetes tecnológicos o de recetas incuestionables e irrepetibles, es decir, patentadas. Esa ha sido y es la práctica imperial que ha dominado y domina el mundo.

De eso se trata este libro, cuya lectura resulta indispensable para comprender esta faceta expoliadora de la globalización capitalista.

Para acceder a la publicación (PDF) haga clic en el enlace a continuación y descargue el archivo:

sábado, 29 de agosto de 2015

Los piratas de los montes.




La biopiratería es la práctica en la que grandes empresas patentan recursos utilizados por pueblos indígenas para comercializar. Esta actividad es amparada por el sistema mundial de patentes, aunque múltiples tratados internacionales intentan limitarla.


Por Gaspar Grieco *

“En la naturaleza está nuestro alimento y nuestra medicina”, es una de las principales consignas que esgrimen los pueblos indígenas en sus múltiples reclamos por territorio en América latina. La ayahuasca, la maca peruana, la kava y el frijol amarillo son algunas de las hierbas que integran su dieta y forman parte de sus remedios tradicionales desde hace siglos. Sin embargo, las grandes corporaciones multinacionales hoy se apropian de esos recursos sin compartir los beneficios.

La actividad en la que los grandes laboratorios se adueñan de los recursos naturales y de los saberes de los pueblos indígenas alrededor del mundo es conocida como biopiratería, y a través del sistema de patentes que prima en el mundo occidental, estos piratas cuentan con una gruesa armadura.

El reconocido genetista y presidente de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética (Unesco), Víctor Penchaszadeh, opina que “los países centrales, que controlan la economía mundial y las reglas que ellos imponen a través de la Organización Mundial de Comercio, son los que impulsan a sus corporaciones trasnacionales a apropiarse de los recursos biológicos de los países periféricos, para su beneficio económico, político y militar”.

La Organización Mundial del Comercio, en sus Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (Adpic), establece en su artículo 27 que “las patentes podrán obtenerse por todas las invenciones, sean de productos o de procedimientos, en todos los campos de la tecnología, siempre que sean nuevas, entrañen una actividad inventiva y sean susceptibles de aplicación industrial (...) las patentes se podrán obtener y los derechos de patente se podrán gozar sin discriminación por el lugar de la invención, el campo de la tecnología o el hecho de que los productos sean importados o producidos en el país”.

Este tipo de legislación protege a quien patenta un nuevo producto; el problema radica en que los pueblos indígenas no establecen sus criterios de esta forma. “El sistema de patentes es un invento de los países del norte para proteger los derechos de las empresas de los países del norte. La propiedad comunitaria de la tierra y los conocimientos tradicionales propios de los pueblos originarios no se protegen por medio de patentes. Simplemente es un sistema que no sirve”, manifiesta Claudio Iglesias Darriba, abogado especialista en marcas colectivas y funcionario del Ministerio de Cultura de la Nación.

Para proteger a los pueblos indígenas de los biopiratas, la Argentina cuenta con un extenso marco legal y está suscripta a numerosos pactos internacionales. Uno de los más celebrados es la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada por la Asamblea General en 2007, y el Convenio sobre la Diversidad Biológica (1992), que brega por la protección de los recursos genéticos y de la utilización de esos recursos por parte de las comunidades indígenas.

“La legislación es bastante completa, pero no hay que olvidar que estamos luchando con un sistema de patentes muy arraigado con leyes que funcionan perfectamente en los países del norte y sería ilusorio pensar que podemos reemplazarlas”, advierte Iglesias Darriba y diferencia a quienes con “esfuerzo y trabajo patentan una marca” de los “monopolios que se manejan de forma ilícita”.

Siguiendo esta lógica, Penchaszadeh se muestra cauto: “La Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética se guía en sus acciones por los lineamientos de la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos de la Unesco de 2005. De esta manera se opone a la biopiratería. Sin embargo, si bien sus acciones contribuyen a difundir la necesidad de que los estados continúen avanzando en medidas colectivas contra la biopiratería, no dispone del poder ni los medios para limitarla”.

El tesoro del pirata

La kava (Piper methysticum) era tradicionalmente utilizada por los grupos indígenas de las islas del Pacífico como desintoxicante para aliviar el estrés, pero luego de que varios laboratorios la patentaron en la década del ’90, hoy es vendida en múltiples formas en tratamientos para la caída del cabello por empresas de cosmética. Los indígenas de las islas del Pacífico nunca participaron de las ganancias que genera.

El cupuaçu (Theobroma grandiflorum) es un árbol pequeño localizado en la selva tropical brasileña cuya fruta ha sido alimento para habitantes indígenas y para animales. La compañía japonesa Asahi Foods la patentó y registró el nombre de la planta como una marca para varias clases del producto en Japón, en la Unión Europea y en Estados Unidos.

La lista continúa y pueden nombrarse cientos de casos en el mundo, pero la biopiratería no se limita al patentamiento de recursos naturales, ya que también se hace de los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios para el tratamiento de esos recursos.

La antropóloga, doctora en Ciencias Naturales e investigadora principal del Conicet María Leila Pochettino explica que “un país puede tener una planta que se puede utilizar para curar el cáncer, otro país tiene el desarrollo tecnológico y pueden hacer un convenio, desarrollan el medicamento y los beneficios se comparten. El problema es que las comunidades originarias que experimentaron con las plantas a lo largo de milenios no forman parte de un país, o los países en donde se asientan no les reconocen sus derechos”.

Limitar la biopiratería a nivel nacional también genera complicaciones, debido a que muchos pueblos originarios extienden su territorio por sobre las fronteras de los países. Por ejemplo, la gran nación mapuche se extiende entre Chile y Argentina, mientras que los guara- níes se asientan entre Argentina, Paraguay y Brasil.

De la península de Florida hasta el norte argentino crece una planta que fue utilizada históricamente por los grupos indígenas para infecciones urinarias, para combatir parásitos y para tratar patologías en la piel, entre otros usos. Los laboratorios se enteraron, pero le dieron otro uso. “Hace unos diez años, tuvo siete patentes en Estados Unidos para medicamentos inmunoestimulantes, que se usan para tratamientos de cáncer y sida. Entonces, ¿quiénes son los poseedores de los saberes o de estas plantas?”, se pregunta Pochettino.

Hoy, los científicos que trabajan en los grandes laboratorios ya no recorren los montes en busca de plantas desconocidas, sino que los desarrollos están basados en la manipulación genética de especies ya conocidas, para encontrar nuevos usos y optimizar recursos.

Memorias del despojo

La búsqueda en la naturaleza a la solución de los problemas de salud, alimento y abrigo es remota. Las célebres expediciones de Marco Polo o Darwin en busca de nuevas plantas y animales conformaron lo que se conoce como bioprospección. Sin embargo, sería erróneo presentar a la bioprospección como el antecedente de la biopiratería ya que esta última supone la protección jurídica a los biopiratas por parte de los países industrializados.

Uno de los ejemplos más emblemáticos de biopiratería es el caso del caucho (Hevea brasiliensis). A finales del siglo XIX, el inglés Henry Wickham seleccionó las mejores semillas de aldeas indígenas para llevárselas de contrabando a Inglaterra. La consecuencia fue desastrosa: en 1919, Brasil, que había disfrutado del comercio del caucho, sólo abastecía la octava parte del consumo mundial. Medio siglo después, Brasil compraba en el extranjero más de la mitad de caucho que necesitaba.

Según Iglesias Darriba, “en Estados Unidos, históricamente, fueron los privados los que instaron al desarrollo mientras que el Estado se limitó a consentir a través de los registros que pudieran llevar adelante estas prácticas sin la suficiente averiguación de los antecedentes del caso”. En Europa, en cambio, “son empresas subsidiadas por los propios estados en las antiguas colonias las que se encargaron del despojo de recursos”, completa.

Con respecto a los tratados y convenios internacionales firmados con el fin de limitar los alcances de la biopiratería, Pochettino opina que son insuficientes por no haber contado con la participación de los pueblos indígenas. “Yo creo que lo central es que estas comunidades tengan participación en cada uno de los convenios que se firmen de ahora en adelante, que estén al tanto de lo que se espera y de cómo se van a utilizar los saberes que poseen y la biodiversidad”, reflexiona.

De esta manera, a pesar de que el extenso marco legal intenta limitar la biopiratería, el modelo extractivista continúa vigente. Pero la lucha constante de los pueblos indígenas no cesa y aquella histórica consigna en la que expresan que en la naturaleza está su comida y medicina sigue impregnando sus pancartas y el color de sus wiphalas.

* Agencia CTyS.

Fuente: Página 12

sábado, 29 de diciembre de 2012

La diversidad como un mal a eliminar: biopiratería.


Babel
La diversidad como un mal a eliminar: biopiratería
Javier Hernández Alpízar

Los procesos de la vida son procesos de diversificación. La diversidad parece ser una estrategia de la vida para perpetuarse, enriquecerse, mejorarse, desplegar su don. Por el contrario, los procesos industriales modernos son procesos de uniformización, homogenización, en combate contra toda diversidad. Y miren que los uniformes y lo militar son casi sinónimos.

La diversidad de la vida se potencia y afirma con la diversidad cultural, sexual, intelectual. Por el contrario, la subcultura del lucro tiene que someter y destruir la diversidad para hacer crecer el negocio: Toda diversidad, incluida ahora la biológica, es para el mercado y la industria que le manufactura mera materia prima “inerte” o un estorbo a destruir, mediante procesos como la guerra, el etnocidio, el genocidio, los monocultivos o la simple expansión de la propiedad privada a los seres vivos, desde sus genes a la “biomasa”, mediante la legislación, impuesta por organismos multilaterales, empresas transnacionales y estados metrópoli, de los “derechos de propiedad intelectual”.

En términos de la vida, las manipulaciones genéticas no aportan nada excepto riesgos, pero expropian el saber de los pueblos del mundo. La biopiratería se “legaliza” mediante el registro de patentes de “derechos de propiedad intelectual” que no son sino la versión moderna del derecho canónico por el cual una bula papal dio “el derecho” a los gobiernos europeos de conquistar, colonizar y saquear las tierras de América, África, Asia y Oceanía.

Los técnicas transgénicas son herramientas que permiten la colonización de la vida y los seres vivos, uno de los nuevos negocios de la “economía verde”, otra gran patraña ideológica (recientemente promovida incluso por la Bienal Internacional de Diseño en México, por ejemplo), pero con ella las compañías como Monsanto, aportan tanto a la humanidad como aportaron el agente naranja a los campos de Vietnam o los pesticidas a la salud de los niños en los campos de monocultivo, como la soya en Argentina. Y cuidado porque en México el maíz transgénico amenaza con destruir la base de la cultura mesoamericana y la vida digna de ese nombre de toda Mesoamérica. (Cf: La película El mundo según Monsanto:  
La industrialización y homogenización el mundo es una guerra a la biodiversidad y a toda diversidad, una guerra contra la vida para convertirla en valor de cambio o en valor de uso corrompido solamente como envoltura del valor de cambio monopolizado por el capital.

Así como las primeras oleadas colonizadoras destruyeron cuanto pudieron de los pueblos del mundo, ahora la biodiversidad es destruida y fagocitada por el mecanismo que ellos llaman patentes y derechos de propiedad intelectual pero que técnicamente debería llamarse “biopiratería”. Y moralmente, “robo”.

Estas reflexiones son apenas algunas de las más evidentes que saltan a la vista de una lectura del libro Biopiratería. El saqueo de la naturaleza y el conocimiento, de la física, ecologista, feminista y activista de la resistencia civil pacífica contra la biopiratería y el colonialismo actual Vandana Shiva, libro publicado en español por Icaria- Antrazyt en 1997.

El libro da para muchas reflexiones a todos aquellos que defienden la diversidad: anticapitalistas, anarquistas, ecologistas y ambientalistas, feministas y defensores de la diversidad sexual y de los derechos humanos de los pueblos indígenas del mundo, a todos los opositores a la piratería de los saberes colectivos, sociales y comunitarios expropiados por patentes de “derechos de propiedad intelectual”, a los impulsores el software libre, por ejemplo. Ya que la diversidad es la única forma en que el mundo puede tener futuro, pues el proceso homogenizador de la industria y sus monocultivos es un proceso más bien tanático: la versión moderna del Rey Midas que convierte la diversidad de la vida en dinero: materia muerta y abstractas pero elevadas cifras de la destrucción mostradas como logros.

Defender la agricultura y las semillas criollas o nativas de cada lugar contra los monocultivos es tan importante como defender la diversidad intelectual, filosófica y cultural contra los monocultivos del pensamiento, unidimensionales, hegemonizantes e intolerantes, el fundamentalismo de la técnica y el libre mercado, la industria y la guerra.

No es casual que la estrategia de defensa con la que Vandana Shiva se compromete al lado de los campesinos de la India sea la no violencia gandhiana: defender la vida se hace mediante métodos que buscan preservar la vida, no contestando al fundamentalismo liberal con otros fundamentalismos. La guerra misma es una herramienta del proceso capitalista contra la diversidad, en México ya deberíamos haberlo aprendido. Máxime cuando desde México fue emitido el mensaje “Por un mundo donde quepan muchos mundos”, un programa anticapitalista desde la raíz.

Compartimos unos breves párrafos del capítulo “Hacer las paces con la diversidad” para darnos una idea de la calidad de la reflexión de Vandana Shiva: “En estos tiempos de “limpieza étnica”, a medida que el cultivo de lo uniforme invade la naturaleza y la sociedad, hacer las paces con la diversidad está convirtiéndose en una necesidad imperiosa de supervivencia.

“El cultivo de lo uniforme es un componente esencial de la globalización, que presupone la homogeneidad y la destrucción de la diversidad. El control global de las materias primas y de los mercados exige una uniformidad de culturas y cultivos.

“Esta guerra a la diversidad no es del todo nueva. La diversidad se ha visto amenazada siempre que la diversidad se ha percibido como un obstáculo. La violencia y la guerra tienen sus raíces en el tratamiento de la diversidad como una amenaza, un mal, una perversión, y fuente de desorden. Dado que es imposible someter los sistemas diversos a un control central, la globalización pretendería convertir la diversidad en mal, y en deficiencia.” 

Biopiratería, junto con otros libros como Las guerras del agua y Ecofeminismo (escrito junto con Maria Mies), hacen parte de una verdadera semilla intelectual, moral y de activismo en defensa de la diversidad, la vida y el futuro del planeta, la semilla que aporta desde la India Vandana Shiva. En internet pueden encontrarse videos con entrevistas y conferencias de la autora, algunos de sus escritos se publican en Rebelión: 
Su pensamiento está en consonancia con espacios como las páginas Biodiversidad en América Latina y el Caribe: 
Red en defensa del maíz: http://redendefensadelmaiz.net , 
y con la película Semillas de libertad: http://vimeo.com/49018060#at=0

Fuente: Chacatorex