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martes, 30 de abril de 2013

Colombia: La paz del modelo y el congreso para la paz.


“La palabra sin acción es vacía, la acción sin la palabra es ciega, la palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad, son la muerte” (Pensamiento Nasa). Esta es la frase que debería recoger lo sucedido en el Congreso para la Paz realizado la semana pasada en Bogotá.

Este texto recoge el principio del mandar obedeciendo, que debería orientar todo espacio de reflexión y debate colectivo. Principio de la diversidad de perspectivas y posiciones que deben ser respetadas y escuchadas para tejer desde abajo. En este sentido, el Congreso para la Paz, hijo del Congreso de los Pueblos, nacido en el espíritu de construir colectivamente un país de los pueblos sin dueños, debe evitar a toda costa, que solo unos y unas hablen por los diversos pueblos y procesos. En coherencia con esta principio y comprometidos con el Congreso por la Paz desde abajo, planteamos la siguiente lectura de la que tenemos absoluta convicción en camino a que la palabra y la acción de los pueblos en el espíritu de la comunidad no tengan dueños.

En los cuatro días del Congreso las mesas temáticas fueron los espacios más “fructíferos” en la construcción de una propuesta real de paz: las intervenciones giraban en torno a romper los paradigmas del modelo neoliberal en el que está sumergido el país; y desde el debate y la reflexión, los distintos pueblos que acudieron a este llamado, dialogaron y compartieron sus experiencias con la diversidad y las diferencias que a cada pueblo caracteriza. Las siete mesas planteadas fueron: Economía para la vida digna; Política para la vida digna; Caminos de vida, justicia y paz (modelo de justicia); Tierras, territorios y soberanías; Derechos de los pueblos para la vida digna; Cultura, identidad y ética de lo común; Internacional: integración solidaria de los pueblos

Sin embargo, quedó un sin sabor y un enorme vacío en las conclusiones de cada mesa. Inicialmente porque la estructura de los siete puntos invita a hacer el debate, pero NO a que este debate sea en sí mismo la invitación a acciones concretas y reales frente a la problemática de fondo: el modelo económico. Partiendo desde este punto, es imprescindible resaltar toda vez que sea necesario, los cinco puntos de la Minga de Resistencia Social y Comunitaria 1 realizada en el 2008, que a diferencia del Congreso para la Paz, plantea un accionar y un rechazo real frente al modelo de muerte que violenta la integridad de los pueblos y sus territorios:

1. Rechazamos los Tratados de Libre Comercio.

2. No más terror y guerra.

3. Derogación de toda la legislación de despojo.

4. Cumplimiento de Acuerdos y Convenios.

5. Creación de Mecanismos de Soberanía, Paz y Convivencia.

Se siente la necesidad de actuar: “accionar más que hablar”, reafirmaron las comunidades participantes del Congreso para la Paz, teniendo en cuenta la coyuntura actual de las negociaciones en La Habana y el proceso histórico que conlleva esto para el país. Pero sobre todo, frente al posible pos-conflicto, es decir, ¿cómo se preparan las distintas comunidades indígenas, afros, campesinas y demás sectores sociales a fines a un proceso de paz construido desde la base?, que evidentemente, contrasta con la “paz” que se gesta entre el gobierno y las FARC-EP (proceso al que pronto se le unirán las demás insurgencias), y que en el único punto en el que coinciden, es en la dejación de las armas, por parte de la insurgencia. Acuerdo que aunque no implica por ningún motivo la paz que anhelamos desde abajo, es un paso necesario para que nos podamos levantar a construir nuestra paz.

Nos parece también contradictorio que en el Congreso para la Paz, por un lado, se hable de construir la paz desde las comunidades y desde procesos que resisten la arremetida del aparato del modelo económico. Desde y con los pueblos movilizados de todas las regiones del país que se encontraron para compartir y tejer propuestas diversas. Desde la conciencia de la gente que en las mesas identificara las estrategias del gobierno para acallar las luchas. Además de la corrupción, la judicialización, la persecución del Estado a cualquier tipo de oposición, la imposición de leyes de invasión y despojo, la impunidad y la destrucción de la Madre Tierra. Y por otro lado, el Congreso para la Paz, habla de la participación de los sectores populares en las negociaciones realizadas en La Habana. Sentimos que no se puede mezclar el agua con el aceite, porque la guerra de estos actores armados continúa, la población sigue en medio del fuego cruzado, la lista de muertos y víctimas sigue en aumento y la sangre sigue corriendo en nuestros territorios.

Ni el Gobierno ni las FARC-EP hablan en nombre de la gente, por ende no hablan de la paz. Cada uno tiene sus intereses particulares, y estos intereses giran en torno a los “Tratados de Libre Comercio” y al capital extranjero. Un ejemplo claro de esto, es que la insurgencia se jacta de hablar de las Zonas de Reserva Campesina-ZRC en nombre de los campesinos. Pero una cosa son las ZRC planteadas por los campesinos, por las cuales han muerto y luchado toda la vida, y otra muy distinta, son las “ZRC” planteadas por las FARC, que en realidad son Zonas de Desarrollo Empresarial-ZDE. En un posible pos-conflicto, las ZRC pasarían a ser incorporadas a las ZDE de acuerdo a la Ley 160 (Articulo 82) 2. Esto implicaría el acceso del capital privado a las zonas baldías consideradas como Zonas de Reserva Campesina y que estos territorios sean blanco de la voracidad de un modelo agroindustrial, afianzado en el capitalismo extractivista comercial agrario y la proletarización del campesino.

Sabemos que la dejación de la armas no es por ningún motivo paz. La guerra sigue. Frente a todas las estrategias planteadas por el gobierno como el fuero penal militar, el plan de consolidación territorial, las locomotoras del desarrollo, la privatización de los recursos naturales y los servicios y la destrucción de la Madre Tierra. Los pueblos que buscamos y estamos en una construcción de la paz, debemos estar preparados para las consecuencias de estas negociaciones. El llamado pos-conflicto es inminente.

Los que luchamos por la libertad de nuestros territorios, por la soberanía alimentaria y en sí por nuestros derechos, todo en defensa de la Madre Tierra. Nos preparamos en caminar la palabra hacia un plan para la vida, un plan de vida, que por ningún motivo obedezca a intereses de burócratas, ya sean del gobierno, de las insurgencias que negocian o no en la Habana, o de cualquier otro que camine al ritmo del modelo económico, con las banderas de los TLC, del despojo y de la destrucción de la Madre Tierra. Por esta razón, desde el pueblo Nasa, se debe mandar obedeciendo a la máxima autoridad que es la comunidad por medio de la asamblea.

Así como la marcha por la paz se convirtió para las estructuras establecidas en un desfile de políticos y burócratas de todos los partidos y grupos insurgentes, mientras miles de personas marcharon por la construcción de paz desde abajo y duradera. Fue evidente que la “paz” que hablan ellos es una y la de los pueblos es otra. En el Congreso para la Paz sucedió algo similar con las paradójicas intervenciones de un comandante del ELN, a través de un video y con la intervención de las FARC-EP, a través de un comunicado, que manifestaban su apoyo a comunidades indígenas, afros, campesinos y sectores populares. Comunidades a las que ellos mismos dan muerte y siguen acabando en el territorio.

Los únicos con autoridad y los mayores conocedores de la paz son los pueblos que viven la guerra provocada por los grandes capitales económicos. Son estos primeros quienes deben caminar este pensamiento Nasa: “La palabra sin acción es vacía, la acción sin la palabra es ciega, la palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad, son la muerte”.

Tejido de Comunicación ACIN

(1) ¿Qué palabra camina la Minga? Revista Deslinde

(2) Carlos Median Gallego. Zonas de Reserva Campesina (ZRC) vs Zonas de Desarrollo Empresarial (ZDE). (en linea) Ver aquí

viernes, 7 de septiembre de 2012

Colombia: La paz, nuevo “objetivo militar”.



*La sociedad civil exige participación

· * Una negociación diferente a la de Caguá

Por Marcela Aguila y Sergio Ferrari*, desde Suiza



Desde Bogotá, el presidente Juan Manuel Santos y desde La Habana, el líder insurgente, comandante Timochenko, confirmaron en las últimas horas su disposición a poner término al último conflicto armado de América Latina y uno de los más viejos del mundo, y anunciaron su hoja de ruta: primero Noruega, luego Cuba.
El Programa Suizo para la Paz en Colombia (SUIPPCOL) saluda el anuncio, pide un “preacuerdo humanitario”, que incluya el inmediato cese de hostilidades, y reclama la participación de la sociedad civil en las negociaciones.

¿Es pertinente que las conversaciones de paz se realicen en el extranjero? ¿Los países facilitadores electos son los óptimos? ¿Un cese al fuego es condición sine qua non para el éxito del diálogo? ¿Cómo sería el día después de un acuerdo de paz?

Especialistas en el tema analizan el contexto actual, los antecedentes y las perspectivas de un diálogo de paz que el Gobierno del presidente Santos y la insurgencia (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC y Ejército de Liberación Nacional ELN) iniciarán en la primera quincena de octubre, según el anuncio del martes 4 de septiembre.

Optimismo, pesimismo… 
“Soy optimista”, anota Jean Pierre Gontard, profesor jubilado del Instituto de Estudios Superiores Internacionales y del Desarrollo (IHEID ) y otrora mediador entre las FARC y Bogotá. El diálogo “ha sido preparado con mucho cuidado”, en los aspectos políticos y legales, por una y otra parte.

Enzo Nussio, catedrático suizo de la Universidad de los Andes, en Bogotá, alude a los detractores: “Está bien que haya personas críticas porque eso ayuda a ser prudente. Mi optimismo, en parte, se basa en el escepticismo de muchos de los colombianos, porque mientras seamos escépticos de que eso pueda funcionar o no, creo que hay mejores posibilidades de que realmente funcione”.

SUIPPCOL, que reúne a un centenar de organizaciones sociales, considera que la decisión de negociar “es la oportunidad para construir un proceso de diálogo en el cual se involucre, decididamente, a las organizaciones sociales y de víctimas”.

“Los recientes acuerdos (…) son el producto no solo de la voluntad y decisión de esos actores sino también del ambiente y “presión” que sectores importantes de la sociedad civil han venido desarrollando”, asienta Diego Pérez, co-coordinador de SUIPPCOL en Colombia.

Ese esfuerzo ha estado encaminado a que “la razón, el diálogo, la negociación, se coloquen por encima de la fuerza, la militarización y el desconocimiento del derecho a la paz que asiste constitucionalmente a colombianos y colombianas”, puntualiza.


La construcción de la paz desde abajo


Diego Pérez recuerda que desde hace una década, SUIPPCOL trabaja en la construcción de propuestas desde las bases de las organizaciones de mujeres campesinas, indígenas y afrodescendientes que viven en los territorios de guerra.

Entre esas entidades, la Ruta Pacífica de Mujeres y la Red de Iniciativas para la Paz emitieron un comunicado en el que manifiestan su beneplácito por el acercamiento entre las partes beligerantes y sostienen que “en los diálogos de paz la sociedad civil debe participar activamente”.

Desde junio pasado, ambas ONG promueven la campaña “Es hora de parar la guerra, la llave de la paz también es nuestra” para propiciar encuentros con los grupos armados para exigirles el respeto a la población civil y a sus bienes. En particular: “el destierro de toda práctica de violencia sexual, el cese del reclutamiento y vinculación de niños y niñas y adolescentes en el conflicto armado, así como la liberación inmediata de menores de edad reclutados de manera forzada”.

Promueve igualmente la no utilización de minas antipersonal y la erradicación de las minas instaladas así como el no desplazamiento forzado de la población, entre otros temas esenciales que afectan a numerosas comunidades del país.

Para SUIPPCOL es menester “que se acuerde lo más pronto posible un preacuerdo humanitario que incluya el cese de hostilidades y el alto al fuego entre las partes, para blindar el proceso de quienes quieren que esta iniciativa fracase y continuar con el negocio de la guerra”.

A diferencia del Caguán…


Dos analistas destacan el favorable contexto del acercamiento entre las partes. Para ellos, las condiciones son muy otras a las que rodearon las prolongadas negociaciones anteriores (1999-2002) que finalmente naufragaron y cuya “trama” pidió evitar el dirigente de las FARC, Rodrigo Londoño (Timochenko) en su mensaje desde la capital cubana.

Electo presidente en 1998 bajo la bandera de la paz, Andrés Pastrana acordó a las FARC una zona de despeje militar de 42 mil kilómetros cuadrados en el Caguán (en los occidentales departamentos del Meta y Caquetá).

“Las FARC eran mucho más fuertes, más grandes que ahora. Habían pasado de una guerra de guerrillas a una guerra de movimientos, con la ocupación y control de territorios. Estaban tomando pueblos enteros. Hoy, aunque hay un ligero aumento en sus acciones, están mucho más debilitadas”. Precisa Enzo Nussio y agrega que esa fortaleza llevó a Pastrana a entregar lo que pedían “de pronto, el gobierno fue demasiado ingenuo y demasiado generoso”.

Gontard conviene igualmente que los diálogos del Caguán obedecieron más bien a un intento electorero. “Fueron a ver a Marulanda (dirigente entonces de las FARC) y sacaron la foto con Pastrana, y así empezó todo”. En el Cagúan, continúa, ambas partes querían ganar tiempo: el gobierno para desarrollar y modernizar al ejército y las FARC para reclutar más gente y capacitarla.

“No hubo preparación”, subraya y destaca que el papel de la comunidad internacional fue limitado al de mero testigo, amén de que a la opinión pública le molestó el hecho de que las FARC siguieran con sus secuestros y utilizaran la zona de despeje como centro de actividades ilícitas.

Sentimiento de traición


Recuerdan ambos la experiencia del proceso previo al del Cagúan, en 1982, cuando las FARC fundaron un brazo político, la Unión Patriótica, muchos de cuyos miembros fueron asesinados por fuerzas de la derecha y paramilitares. “Las FARC se sintieron traicionadas y llegaron al Caguán con mucha desconfianza”, subraya Nussio.

Hoy, la memoria de esa situación está menos fresca, además de que también se ha resuelto otra exigencia de las FARC: el desmantelamiento de los paramilitares, inclusive si la guerrilla reprocha que ese proceso no ha sido concluido íntegramente.

Nuestros interlocutores celebran igualmente la decisión de que las conversaciones de paz tengan lugar fuera del territorio colombiano (Noruega en una primera etapa y más tarde Cuba). “Eso da más tranquilidad a la opinión pública que podría temer la repetición de los errores del Caguán”, destaca Nussio.

Pragmatismo



Para el gobierno colombiano, la elección de ambos países, también es una señal de buena disposición. Nussio considera que la animadversión entre el ex presidente colombiano, Álvaro Uribe y el dirigente venezolano, Hugo Chávez, habría impedido la participación de Caracas.

“Pero Santos es muy pragmático y quiere hacer la paz usando las oportunidades que le brinda la historia. Me parece loable que reconozca el valor de ambos países (Cuba y Venezuela). Son momentos históricos que hay que aprovechar”.

Con respecto a la posición de que un cese al fuego sería condición insoslayable para el avance de las negociaciones de paz, el profesor de la Uni Andes no está de acuerdo. Considera que, por el contrario, podría resultar contraproducente, ya que podría representar una barrera demasiado alta para empezar las negociaciones”.

“Los que van a negociar son partes de un conflicto y el lenguaje que se habla en un conflicto es el lenguaje de la violencia”, explica. El poder de negociación de cada parte es justamente el de las armas. “Y aunque suene paradójico, es perfectamente racional desde ese punto de vista de un actor armado, en un conflicto armado, mostrar su capacidad militar durante las negociaciones, lo que puede llevar a un aumento de la violencia cuando empiece el proceso”.


*Marcela Aguila y Sergio Ferrari

Fuente: Apia Virtual