Mostrando entradas con la etiqueta octavio paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta octavio paz. Mostrar todas las entradas

sábado, 5 de abril de 2014

Intertextualidad, afinidad y búsqueda: Dos poemas de Octavio Paz sobre Dios y sus antecedentes en Cernuda.



Leopoldo Cervantes-Ortiz

In memoriam Manuel Ulacia Altolaguirre 

Tan sólo Dios vela sobre nosotros,
Árbitro inmemorial del odio eterno.
L. CERNUDA, “Elegía española (II)”

el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres
O.PAZ, “Piedra de sol”

1. Los poetas modernos frente a lo divino

La poesía moderna se ha desentendido de lo divino de varias maneras. Ya sea por medio de un ataque soterrado a la religión, a las iglesias instituidas y a todo aquello que suene a sagrado, o por la más absoluta indiferencia. La Iglesia, como imagen institucional y vehículo de lo sagrado, encarnaba la incomprensión que las búsquedas artísticas encontraban en los medios ligados a lo religioso. La necesaria emancipación del arte, fruto de los impulsos de la ideología burguesa triunfante en Occidente, logró, en el caso de la poesía, una mayor independencia que le permitió indagar, a su modo, en las profundidades del ser sin ser molestada, ni mucho menos dirigida, por los agentes o censores religiosos. Nombres como los de Baudelaire, Byron o Víctor Hugo se volvieron sinónimos, para las instituciones religiosas, del peligro que representaba para sus eventuales lectores la liberación del arte de la tutela religiosa. El grito nietzscheano referido a “la muerte de Dios”, anticipado por la obra de Jean Paul, evocaba el regreso programático de las divinidades paganas, aunque con otro rostro, muy diferente al del Dios cristiano, auya larga agonía, literal y simbólica, había ayudado a incubar, también, la agonía del ser humano.

Escribir poesía de tono religioso, para los poetas modernos, resultaba impensable, a menos que se hiciera con ironía y con una profunda conciencia de lo que estaba sucediendo en el ámbito estético. Pongamos el ejemplo de Bertolt Brecht, quien cuenta en un poema lo sucedido cuando Alfred Döblin, un escritor judío digno de su admiración, confesó públicamente su conversión al catolicismo:

Cuando uno de mis dioses más importantes festejaba
su 10 000º aniversario,
llegué con mis amigos y mis alumnos para honrarlo,
y ellos danzaron y cantaron delante de él
recitándole sus versos.
La atmósfera era estridente.
a fiesta llegaba a su fin.
Entonces entró el Dios celebrado al escenario
que pertenece a los artistas
y declaró en alta voz
delante de mis amigos y alumnos bañados en sudor
que había recibido una iluminación y que entonces
se volvió religioso y con prisa inigualable
colocó sobre sí una ridícula autoridad clerical,
dobló sus rodillas e inició
sin vergüenza un incómodo himno,
que hirió los sentimientos de sus irreligiosos oyentes,
entre los cuales estaban algunos jóvenes.
Desde hace tres días
no em atrevo a salir,
ni a mirar de frente a mis amigos y alumnos,
tanta es mi vergüenza.[1]

La propia imagen religiosa es usada por el principio del escepticismo objetivando la negación de lo religioso. Uno de los temores subyacentes a actitudes como ésta consiste en suponer que la literatura nuevamente volverá a ser vocero de la Iglesia y de sus corifeos, pues, como señala bien Melo de Magalhães:

Para este aspecto de la crítica de la literatura a la religión, es preciso destacar tres cosas: 1) Se confirma la necesidad de aceptar el proceso de secularización del lenguaje religioso, haciendo de éste un medio para satirizar el mensaje de la religión, culminando en una sátira de las visiones religiosas del mundo mediante conceptos y referencias de la tradición religiosa. 2) Un segundo aspecto de esta actitud de rechazo se da mediante una crítica de la ideología que resalta el aspecto psicopatológico. La religión es expresión de flaqueza, oriunda del miedo vital. Quien se vuelve religioso no está en armonía con la vida, sucumbió a la crisis y a los conflictos que la vida produce. 3) El texto de Brecht apunta también hacia un distanciamiento radical entre literatura y religión. El escenario le pertenece al artista, y Döblin infringió esta regla por confundirlo con el púlpito, y al teatro con un templo. La religión y el arte deben estar separados y para Brecht un gran artista como Döblin obliga al arte a confesarse religioso, dejando así que el “Dios celebrado” del arte ceda su lugar al clérigo eclesiástico. Quien se vuelve religioso deja de ser un artista que pueda ser tomado en serio. He ahí el principio de esta crítica.[2]

Como se ve, los poetas modernos experimentan el proceso de secularización como una liberación de los lastres religiosos, no solamente para la vida cotidiana, sino, sobre todo, para la práctica del oficio poético. Al usar el lenguaje religioso como un recurso satírico, enriquecen y complementan su lenguaje con un mecanismo que funcionaba de una manera restringida en la religión, pero que ahora va a entrar al circuito polisémico de la poesía, saliendo de las limitaciones dogmáticas. Por otro lado, la escritura de poesía religiosa es vista como algo extraño debido a que la poesía ha pretendido suplantar, desde el romanticismo, la visión sagrada del mundo, pero sin las estrecheces que una doctrina impuesta le obligue a seguir. En este sentido, la modernidad es una continuación de los impulsos surgidos desde el siglo xviii y que se consolidaron en el siglo XIX.

Descargar ensayo completo pulsando aquí



1] B. Brecht, Gesammelte Werke, vol. II, Frankfurt am Main, Surhkamp, 1967, p. 67, cit. por A. C. de Melo Magalhães, “Notas introdutórias sobre teologia e literatura”, en Cadernos de Pós-Graduação/Ciencias da Religião, Instituto Metodista de Ensino Superior, São Paulo, Brasil, núm. 9, 1997, p. 9. Versión de L.C.-O.


[2] A.C. de Melo Magalhães, op. cit., p. 10.

Foto de Octavio Paz: Jonn Leffmann

Leopoldo Cervantes-Ortiz
Oaxaca, México, 1962. Licenciado (STPM) y maestro en teología (UBL). Pasante de la maestría en Letras Latinoamericanas (UNAM). Médico (IPN), editor en la Secretaría de Educación Pública y coordinador del Centro Basilea de Investigación y Apoyo (desde 1999) y de la revista virtual elpoemaseminal (desde 2003).

Fuente: Lupa Protestante

miércoles, 17 de julio de 2013

El silencio interior.



Jaume Patuel, 17-Julio-2013

El silencio es un tema aunque paradoxal se habla mucho hoy en día. Parece querer recuperar una situación de antaño, Un valor, como se dice hoy en día, que responde a una necesidad vital. No es algo superficial sino una necesidad para poder vivir con más armonía, tranquilidad y paz interior. Otros dirían para obtener o conseguir la felicidad.

El silencio no es tanto ausencia de ruidos exteriores, que hay muchísimo, sino un poder traspasar por encima de las sensaciones, las emociones, los sentimientos como los pensamientos. Un encuentro con el mundo interior. Este mundo tan olvidado, descuidado y sobre todo, negado. El contacto es comprometedor. Un compromiso de tener que responder a muchos interrogantes. Interrogantes hechos desde siempre: ¿Qué es la vida? ¿Qué es el amor? ¿Qué es la muerte? ¿Qué es la amistad? ¿Qué es la felicidad? ¿Quién es Dios? Y para sintetizarlo: ¿Qué es la realidad o lo real?

El yo intenta dar respuestas pero el fragor exterior entre ellos, las cantidades de teorías explicaciones no son satisfactorios. Todo son mapas. Y el silencio interior permite sentirse en su propio territorio. Territorio del cual han de emerger las palabras que formularán la explicación, pero una explicación vivida, propia, existencial y personal. El encuentro en el silencio, el encuentro en el paisaje. El encuentro en el vacío, pero lleno al mismo tiempo. El encuentro en y con el Fondo sin ninguna Forma. Y el fondo genera la propia forma.

Así se puede comprender el valor del Silencio. Un silencio escalonado, consciencial. Según la capacidad de cada subjetividad. Capacidad educada desde la infancia, más que llenar cabezas de respuestas a preguntas nunca formuladas. La estética, la sensibilidad, la delicadeza son aproximaciones a ver sin los ojos y a vivir sin respirar esta Fundaría o Ultimidad que siempre es y está: Antes de nacer y después de morir. ES AHÍ.

Tan importante es este silencio que intencionadamente se ha tomado como eslogan de propaganda para vender coches. Como bien se sabe, para muchas personas, que su tiempo pasa en el volante, puede ser la celda de ermitaño o del monje o para otros la discoteca ambulante. Pero sí que se valora “el silencio y paz interior” que pueda dar la compra de un vehículo. ¿Quién lo aprovecha? Es cierto y afirmado y confirmado por la psicología de las profundidades. La estructura psíquica de todo Ser Humano es estructura de Deseo, estructura de Anhelo, estructura de Búsqueda. Tendencia hacia el Absoluto (No-ligado). Pero, entonces, esta búsqueda en el silencio, es un valor también para otras dimensiones de nuestro vivir cotidiano.

Un silencio que genera una escala de valores, una axiología que no es fruto de la codicia ni de la ambición, La codicia y la ambición son manifestaciones tan claras que se pueden ver como la sociedad actual, al menos la occidental, está ahí y es víctima de ello. Sin Silencio no emerge la Palabra liberadora. la Palabra liberadora es dinámica, generosa, comprometida, altruista. Todo se puede resumir con la palabra tan usada, pero tan vital: Amor, que atraviesa el mundo neuronal, el emocional, el cognitivo y lleva más allá. Al Fondo.

Todo trabajo interior como todo tratamiento psíquico tienen que dar las posibilidades de apertura o obertura hacia el mundo interior, donde los ruidos, las tempestades no ahoguen este acercamiento.

La crisis actual económica, ciertamente con graves consecuencias a niveles individuales como grupales o familiares, no deja por ello de ser superficial (de superficie, no de ligereza). Crisis predicha o predicada, pero no escuchada. Una crisis de total falta de axiología, de valores, de ética, de comprensión y respeto a la dignidad de todo Ser Humano.

O en palabras de Octavio Paz:

y a Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al Silencio
en donde los silencios enmudecen.

Jaume PATUEL i PUIG

Pedapsicogog i psicoanalista



Fuente: Atrio

jueves, 17 de mayo de 2012

México: El indigenismo de Carlos Fuentes.


Por Alejandro Maciel
A la memoria de Carlos Fuentes*
Es errónea la visión del indigenismo en buena parte de la sociedad mexicana. La aceptación de las culturas no se consigue a través de la falsa postura, ni con la hipocresía de las costumbres. La conciliación de los viejos rencores no se consigue con el trillado apretón de manos, ni con el beso de la muerte. La clave radica en la aceptación de que el pasado también es presente, y que el futuro seguirá la misma línea de pasado presente, eternamente hasta el final de los tiempos.
Así lo entendió el recién fallecido escritor Carlos Fuentes, hombre que fusionó con maestría las formalidades de una lengua mestiza con la claridad de una cosmogonía endémica de estas tierras. Un genio de la prosa que con el brote chisporroteante de su pluma dibujó un lado distinto del indigenismo en México, lejos del ámbito guerrillero de la lucha político-social. A diferencia de otros, comprendió que el indígena exige ser parte en la construcción de una identidad nacional y al mismo tiempo preservar sus costumbres.
La obra de Carlos Fuentes, gestada en más de 50 años de carrera literaria, forma parte del movimiento indigenista que, años atrás, comenzaron escritores como José Vasconcelos, Juan Rulfo, Rosario Castellanos, Agustín Yáñez, Octavio Paz, Alfonso Caso, Manuel Gamio, Leopoldo Zea, Fernando Benitez y mucho otros artistas plásticos, etnólogos, historiadores y humanistas.
Malva E. Filer, en su ensayo Los mitos indígenas en la obra de Carlos Fuentes, afirma que “la trayectoria de Carlos Fuentes revela, como una de sus constantes, la convicción de que México debe integrar sus componentes indígenas y europeos, sus raíces históricas y su modernidad, y elaborar con lo mejor y más perdurable de ellos su propia y auténtica cultura”
Algunas obras de Fuentes están colmados de imágenes de un indigenismo vivo, perdurable, siempre presente en la cultura mexicana pese al intento occidentalizador de borrar las raíces culturales. Logra mezclar la cosmogonía indígena con su historia, en una fusión que no es más que el deseo exasperante del escritor por rescatar el pasado de la muerte.
Quizás el ejemplo más próximo a lo anterior es su célebre novela La región más transparente, en la que Fuentes personifica la mitología prehispánica. Ixca Cienfuegos hace referencia al hombre leproso que, dentro del mito de la creación del sol, se arrojó al fuego y resurgió en el cuerpo del astro luminoso. También Teódula Moctezuma mantiene fuertes similitudes con la Cuatlicue, diosa azteca de la creación y la destrucción.
En el cuento Chac-Mool, escrito en 1952, se encuentra una crítica nada sutil hacia la violencia con que los indígenas fueron arrancados de su cultura para imponerles otra: “El cristianismo, en su sentido cálido, sangriento, de sacrificio y liturgia, se vuelve una prolongación natural y novedosa de la religión indígena. Los aspectos caridad, amor y la otra mejilla, en cambio, son rechazados. Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres para poder creer en ellos.”
“A diferencia de Octavio Paz, quien insistía en mirar al pasado para la comprensión de la actualidad, Fuentes insiste en estudiar el presente con todas sus partes integradoras. Es decir, un México actual en el que los indígenas no son antigüedades de museo, sino partes vivas de la sociedad presente”
Otro ejemplo es su novela La muerte de Artemio Cruz, en la que las atmósferas son recreadas a partir de un pasado netamente indígena, donde los personajes son hijos de dioses también indígenas, creados a su imagen y semejanza, donde los astros fueron creados por los hombres de la tierra, en donde todo existe porque los ojos del pueblo pueden mirarlo y nombrarlo, bajo su marco cultural.
Continúan los ejemplos: su libro de ensayos Tiempo Mexicano, la novela Una familia lejana y otros cuentos, entre los que destacan Cambio de piel, Por boca de los dioses y Los días enmascarados. En todos ellos, el culto religioso prehispánico no se pierde ni se difumina; consigue cohabitar en una realidad que no le corresponde, porque le fue impuesta.
El indigenismo en Carlos Fuentes no existe a través de sus recurrentes recursos folclóricos, ni a través de las palabras maíz, indio, Quetzalcóatl, sol o lluvia. Radica en su forma de perfilar al indígena dentro de un mundo que le pertenece y al cual tiene derecho: el México donde se conectan las raíces del pasado con el cielo del presente, donde en una misma tierra cohabitan dos culturas hermanas y donde la inclusión suede por orden natural.
Es el indígena en la obra de Fuentes una figura victoriosa, como el sobreviviente de una guerra aún sin terminar, que consigue reintegrarse a su pueblo sin dificultad alguna. A diferencia de Octavio Paz, quien insistía en mirar al pasado para la comprensión de la actualidad, Fuentes insiste en estudiar el presente con todas sus partes integradoras. Es decir, un México actual en el que los indígenas no son antigüedades de museo, sino partes vivas de la sociedad presente.
La valía del trabajo de Carlos Fuentes va todavía más lejos: desdibuja las fronteras de la censura y el saneamiento cultural, justo donde México encuentra el mayor de sus conflictos personales. Un país que no consigue entender que el tiempo es una espiral, siempre arrastrando el pasado consigo. Que no comprende que todo tiempo perdura, gracias a la asimilación de las culturas precedentes y que se adaptan a la novedad de las formas. Un México que no se concibe como tal, renuente de sus principios, en la perpetua negación de su mestizaje irrevocable.
—
*El escritor mexicano Carlos Fuentes murió el martes 15 de mayo a los 83 años de edad.
—-
Fuente: Blog: Análisis de Políticas de Comunicación: http://analisiscomunicacion2012.blogspot.com/2012/05/el-indigenismo-en-carlos-fuentes.html

Otras noticias: