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sábado, 22 de septiembre de 2012

No abandones al que te corrige y exhorta - san Agustín, obispo, Sobre los pastores.


Del Sermón de san Agustín, obispo, Sobre los pastores (Sermon 46, 11-12: CCL 41, 538-539)


OFRECE EL VENDAJE DEL CONSUELO


El Señor azota, dice la Escritura, a todo el que por hijo acoge. ¿Y tú te atreves a decir: «Quizás a ti no te azotará»? Si a ti no te azota quedarás sin duda excluido del número de sus hijos. «¿Pero acaso -continuarás diciendo- azota absolutamente a todos sus hijos?» Sin duda alguna, azota a todos sus hijos, como azotó a su propio Unigénito. Su Unigénito, en efecto, aquel único Hijo engendrado de la misma sustancia que el Padre, igual al Padre por su condición divina, el Verbo, por quien fueron creadas todas las cosas, no tenía en sí mismo posibilidad de ser probado ni azotado. Pero para poder ser azotado se revistió de carne. Si, pues, Dios no perdonó ni a su propio Hijo que no había conocido el pecado, ¿piensas que va a dejar sin pruebas a los hijos adoptivos que conocieron el pecado? El Apóstol dice, en efecto, que hemos sido hechos hijos de adopción para ser coherederos del Hijo único, para ser la herencia de él, como se dice en el salmo: Pídemelo: te daré en herencia las naciones. De ello nos da, pues, un ejemplo cuando nos hace participar en los sufrimientos de su Hijo.


Pero, a fin de que el débil no desfallezca al oír hablar de las pruebas que se avecinan, el pastor no debe ni alentarlo con falsas esperanzas ni atemorizarlo con miedos indebidos. Debe decirle: Prepárate para las pruebas. Y, si al oír estas palabras la oveja empieza a desfallecer y a temer hasta tal punto que ya no se atreve a acercarse, el pastor debe recordarle aquello otro: Fiel es Dios para no permitir que seáis tentados más allá de lo que podéis. Anunciar y recordar las pruebas que se avecinan es como curar a las ovejas enfermas; hablar de la misericordia de Dios, que hace superar las pruebas, al que se asusta desmesuradamente es como vendar las heridas.


Hay algunos, en efecto, que al oír hablar de pruebas futuras se preparan con mayor empeño y buscan con qué remediar su debilidad. Creen que no es suficiente la ayuda que pueden recibir de los fieles y se fortalecen recordando la gloria de los mártires. Pero hay, en cambio, otros que, al oír hablar de las pruebas futuras que necesariamente tiene que soportar el cristiano y de las que están exentos los que no lo son, se descorazonan y claudican.


Ofrece, pues, el vendaje del consuelo y cura a la oveja herida. Dile: «No temas; no te abandonará en tus pruebas aquel en quien has puesto tu fe. Fiel es Dios para no permitir que seas tentado más allá de lo que puedes resistir.» No pienses que soy yo quien te dice esto, lo afirma aquel Apóstol que dice también: ¿Queréis tener pruebas de que Cristo habla por mí? Por tanto, cuando oyes las palabras que acabas de escuchar oyes al mismo Cristo, escuchas al pastor que apacienta a Israel. Pues a Israel también se le dijo: Les diste a comer llanto con medida. Lo que dice el Apóstol: No permitirá Dios que seáis tentados más allá de lo que podéis, es lo mismo que afirma el profeta al hablar de un llanto con medida. No abandones, por tanto, al que te corrige y exhorta, al que te atemoriza y te consuela, al que te hiere y te sana.


RESPONSORIO Sal 43, 23; Rm 8, 37; Sal 43, 12


R. Por tu causa, Señor, estamos siendo asesinados continuamente, nos tratan como a ovejas de matanza. * Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado. V. Nos entregas como ovejas al matadero y nos has dispersado por las naciones. R. Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquel que nos ha amado.


ORACIÓN.


OREMOS, Señor Dios, creador y soberano de todas las cosas, vuelve a nosotros tus ojos de bondad y haz que te sirvamos con todo el corazón, para que experimentemos los efectos de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén


CONCLUSIÓN


V. Bendigamos al Señor. R. Demos gracias a Dios.

jueves, 29 de marzo de 2012

Poema y sermón del silencio cómplice ante el nazismo.



Martin Niemöller. Pastor luterano alemán (1892-1984)
Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.


Este poema, que se han reproducido en diversas versiones, ha sido atribuido normalmente en lengua española al drama­turgo Bertold Brecht. Pero su autor es el pastor protestante Martin Niemöller quien tras un pasado de heroísmo en la primera guerra (su libro Del submarino al púlpito fue un éxito en 1933) y tras una pri­mera acogida entusiasta del nazismo, se dio cuenta pronto de lo que le pedía su fe cristiana.
En mayo de 1934 estuvo entre los fundadores de la Iglesia Confesante –Beken­nende Kirche– junto con Dietrich Bonhöffer y Karl Barth.
Pero, párroco de una importante feligresía en el centro de Berlin, Niemöller se mantuvo titubeante. Cuando Bonhoeffer exhortó a los cristianos a ayudar a los ju­díos, Niemöller le contestó que la iglesia tenía que preocuparse de su propia segu­ridad antes de alzar la voz por otros.
Pero su oposición al régimen fue haciéndose cada vez más decidida y el mismo Hítler, furioso por la actitud de abierta rebeldía del otrora elogiado héroe de guerra, ordenó su arresto el 1º de julio de 1937.
A partir de entonces, pasó ocho años en cárceles y campos de concentración na­zis, con cuatro años de aislamiento, hasta que las tropas aliadas lo liberaron en 1945. Unas semanas antes habían ahorcado con cuerdas de piano a Dietrich Bonhöeffer.
En enero de 1946, los representantes de la Iglesia Confesante se reunieron en Frankfort para debatir su actitud en los tiempos de la dictadura y Niemöller subió al púlpito para pronunciar un sermón que después repietiría muchas veces. En la Semana Santa celebrada ese año en en Kaiserslautern dijo entre otras cosas en su sermón titulado ¿Qué hubiera dicho Jesucristo?:
Sí, Hitler atacó a los comunistas, pero ¿no eran ateos y revolucionarios?
Y sí, aniquiló a los incapacitados y los enfermos, pero ¿no eran una carga para la sociedad?
Y. claro, exterminar a los judíos era deplorable, pero los judíos no son cristianos, ¿verdad?
Y lo de los países ocupados era una lástima, pero por lo menos eso no ocurrió en Alemania ¿no es cierto?
Ninguna excusa justificaba todo eso.
No podemos negar la necesidad de expiación con la excusa de que “me habrían matado si hubiera hecho algo”.
Preferíamos mantener silencio. Está absolutamente claro que no somos inocentes y me pregunto una y otra vez: ¿qué habría pasado si en el año 1933 ó 1934, 14.000 pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte? Si hubiéramos dicho: “No es correcto que Hermann Göring simplemente meta en campos de concentración a 100.000 comunistas para que mueran”. Puedo imaginar que tal vez 30.000 ó 40.000 cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a 30 ó 40 millones de personas, porque eso es lo que el silencio nos costó.








Irónicamente, Martin Niemöller jamás escribió las palabras exactas del poema por el cual es famoso y que expresa sin embargo lo esencial de su predicación tras la guerra. La versión que citamos al principio es la versión aprobada por su viuda.
Fuente: Atrio
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