jueves, 9 de marzo de 2017

Mujeres de América Latina son cada vez más pobres.


Mujeres de la región son cada vez más pobres y, en el sector rural, todavía prevalecen brechas importantes en el acceso a tierras, crédito, insumos productivos y oportunidades de trabajo decente.

Servindi, 08 de marzo, 2017.- Aunque la pobreza general de la región ha disminuido, la pobreza de las mujeres aumentó. Según el índice de feminidad de la pobreza por cada cien hombres indigentes en América Latina y el Caribe hay 121 mujeres indigentes.

En el Día Internacional de la Mujer la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca la necesidad de empoderar a las mujeres e invertir en actividades que aumenten significativamente su productividad.

Solo de esta manera se podrá disminuir de forma significativa el hambre y la malnutrición y avanzar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), indicó la FAO.
Situación preocupante de la mujer rural


Además, las mujeres rurales sólo poseen una fracción de la tierra, el crédito, los insumos productivos y la educación en comparación a los hombres.

Un estudio de seis países halló que el porcentaje de propietarias mujeres es mayor en México (32,2, %) y en Paraguay (29,7%), mientras que en Nicaragua y Honduras el porcentaje sólo alcanza el 20% y 14% respectivamente.

“El acceso de las mujeres a la tierra y otras formas de propiedad es esencial, ya que les permite gozar de derechos humanos críticos como la seguridad alimentaria, la salud, el acceso al agua, a un trabajo decente y un hogar seguro”, señaló Claudia Brito, Oficial de Género de la FAO.
Cerrar las brechas de género

En enero de este año, América Latina y el Caribe dio un gran paso hacia el cierre de la brecha de género, cuando la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) adoptó la estrategia de género del mayor acuerdo regional de lucha contra el hambre, el Plan SAN CELAC.

“Para lograrlo todos los países deben incorporar el enfoque de igualdad de género en sus políticas públicas, garantizar su efectiva implementación y convertirlo en un tema del más alto nivel político”, sostuvo Brito.
Inequidades en el mercado laboral y rural

Aunque representan el 20 por ciento de la mano de obra agrícola en América Latina y el Caribe, los censos agrícolas indican que en América Latina las mujeres a cargo de una explotación agrícola (mayoritariamente granjas para cultivo) van del 8% en Belice y Guatemala a no más de un 30% en Chile, Jamaica y Saint Lucia.

Sin embargo, por lo general los predios encabezados por mujeres son más pequeños y en tierras de menor calidad.

Un estudio de la FAO que analizó las cadenas de valor de la yuca (Belice), quinua (Bolivia), maíz (Guatemala) y el cultivo del algodón a nivel regional desde una perspectiva de género encontró que en el ámbito rural las mujeres realizan una gran parte de las actividades en la finca, además del trabajo doméstico y el cuidado no remunerado en los hogares.

Según el estudio, la participación de las mujeres es más marcada en actividades que involucran tiempo y esfuerzo físico, como plantar, desmalezar y cosechar. Contrariamente, participan menos en los eslabones de la cadena productiva asociados a la generación de mayores ingresos.

El estudio “Mujeres de Algodón” identificó diversos factores de desigualdad en las cadenas de valor de dicho cultivo en Argentina, Bolivia, Colombia, Paraguay y Perú, como el limitado acceso a créditos y esquemas de apoyo financiero, su falta de control sobre las ganancias obtenidas, y su bajo poder de decisión sobre bienes productivos.

Fuente: Servindi

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo. Un largo camino de luchas entre olvidos y esperanzas.


Manuel Humberto Restrepo Domínguez

Los imperdonables olvidos

Las significativas revoluciones de 1776 en América y de 1789 en Europa, dejaron conscientemente por fuera de las declaraciones de derechos a los esclavos y a las mujeres. El levantamiento del pueblo de Virginia, se selló en el parlamento, (creado a instancias del pacto de Bill Of Rigths, que limitó la potestad del rey en materia de impuestos, confiscaciones y asesinato), con una declaración de derechos del pueblo contra la dominación Británica. El principio fundamental de la declaración fue que todas las personas tenían derechos naturales inherentes y por tanto merecían su libertad e independencia, pero olvidaron a los cerca de 600.000 esclavos, que virtud de las leyes de sometimiento, continuaron siendo simples mercancías. Los propietarios según la ley no tenían límite de compra y venta de esclavos y poseían de 10 a 12 cada uno, a quienes continuaron tratando como animales sin alma, raptados del continente africano. Al pueblo de Virginia llegaron justamente los primeros 19 esclavos en 1619 traídos por comerciantes holandeses como parte de un botín de más de 12 millones de estas mercancías humanas que enriquecieron a América. Fue gracias a los levantamientos contra tal barbarie y no en virtud de leyes de abolición que obtuvieron su libertad.

En la Europa de las guerras y de la lucha por la libertad de cultos, fue sellado en las calles de Paris, el primer gran pacto de clases antagónicas, para reconocerse humanos, iguales y libres, dejando cada una para si la mejor parte de su poder. La una dejó la propiedad privada y la otra su derecho de resistencia y rebelión ante la tiranía. La declaración de derechos del hombre y del ciudadano de 1789, dejó en el centro la figura masculina del varón y propietario. Allí también quedaron en el olvido los esclavos y las mujeres. En 1794 fue abolida la esclavitud en Francia y apenas en 1926 declarada para todo el mundo, por la Sociedad de Naciones, como una práctica ilegal. Las mujeres que estuvieron en las luchas de parís, se levantaron rápidamente en rebeldía a cuestionar el texto de la declaración de derechos personales y universales, que la dejaba por fuera y formularon su propia declaración de derechos de la mujer y la ciudadana, en 17 artículos, leídos en 1791 en la tribuna pública, por Olimpe de Gouges, que por tal acto de sublevación enseguida fue guillotinada y algunas de sus compañeras como Rosa Locombe, encerradas en hospicios acusadas de locura.

La historia oficial ha hecho caso omiso de estos hechos en un estratégico y consciente olvido, ejercitado desde unas estructuras elitistas de poder, que a pesar de las innumerables declaraciones y conquistas, se resiste a entender que ser iguales y libres implica construir el poder político y distribuir la riqueza social en colectivo, sin ventajas, sin ansias de dominación, colonización, explotación, ni sometimiento de unos por otros. De la esclavitud del siglo XVIII, se pasó a la Trata de Personas o moderna esclavitud, del Siglo XXI, con cifras de más de 70 millones de personas en esta condición. De la mujer el silencio se mantuvo hasta 1972, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, después de múltiples revueltas y grandes movilizaciones a lo largo de los siglos XIX y XX, declaró a 1975 como el año de la mujer y al 8 de marzo como el día internacional de la mujer trabajadora, que ratificó en 1977 instando a los estados del mundo a reconocer conforme a sus costumbres y tradiciones un día de reconocimiento a los derechos de la mujer y la paz internacional.

La larga carrera de lucha por el derecho a ser reconocidas humanas

La larga carrera de lucha social, de grupos, colectivos, comunas y activistas en el camino de humanización encontró al final del Siglo XVIII, a una Francia convertida en potencia política, a Inglaterra victoriosa en sus guerras civiles contra el absolutismo y a Holanda trazando un camino de tolerancia religiosa y política. Este marco de triunfos contra el oscurantismo, de derrota de la era feudal y de compuertas abiertas para redefinir al ser humano libre de humillaciones y crueldad, afianzó las condiciones para que las mujeres levantaran su voz en las tribunas, anunciaran controversias con sus escritos y se dispusieran a enfrentar el olvido provocado por el capitalismo naciente que se resistía a abandonar las prácticas de sumisión y enajenación del modelo patriarcal. Las mujeres pusieron a prueba toda su capacidad de lucha y de expresiones de libertad para proponer y promover el reconocimiento de la mujer en los derechos.

De entre esa multiplicidad de ejemplos, me referiré brevemente a una mujer: Mary Wollstonecraff. De clase media, filosofa y escritora Británica, que se enfrentó al poder reinante a través de sus escritos, señalando que ninguna mujer es inferior en nada a un hombre y que es la falta de oportunidades de una falsa educación que se le ofrece la que la desiguala y le permite a los hombres mantener la sumisión y tratarlas como seres subordinados y no como parte de la especie humana. Su libro llamado Vindicación de los derechos de la mujer, pregunta ¿por qué sí las mujeres no son una manada de seres frívolos y efímeros, se les mantiene en la ignorancia bajo el engañoso nombre de inocencia? Cuestiona a Rousseau, -de quien su obra si fue ampliamente difundida-, reprochándole que sus escritos insistan en una educación para el hombre que lo capacite para el logro de sus prácticas de virtud y de independencia y otra para la mujer que la prepare para los quehaceres de la casa y para dar placer a sus esposos. Pone en conocimiento que a las niñas se les enseñaba a llevar una casa, manejar técnicas de conversación y de arreglo personal que les sirviera para ser institutrices como mucho. En el ensayo sobre la educación de las hijas de 1887, convoca a entender que la educación debe comenzar en el pecho materno, lo que resultaba profundamente revolucionario, porque las clases privilegiadas consideraban desde la antigüedad que las mujeres eran solo hembras que no debían amamantar a sus críos si no dejar que el instinto los distanciara de su animalidad, mientras que el cuerpo del bebe era atado a tablas rígidas para que logrará la posición erecta.

Wollstonecraff, considera que las clases altas son infantiles y se opone a aceptar que sea normal que su padre maltrate a su madre y que las mujeres de los sectores populares apenas existan en la condición de servidumbre, expuestas al maltrato. La naciente clase media le ofrecía a las mujeres la posibilidad de acceder a oficios como costureras, modistas o dependientas, mientras que el foro político, los negocios, la economía, la administración, el derecho, la marina o el ejército eran cosa de hombres. Ellas no podían tener sueños, ni hacer públicos sus deseos e inconformidades, menos aún trazar por cuenta propia su propio destino, su realización como mujeres solo se podía obtener en la casa, con un marido, unos hijos y guardando un eterno silencio. Wollstonecraff de manera personal renuncia a casarse, intenta abrir una escuela, lee a Locke y a Rousseau y participa como testiga directa de la revolución francesa y de las movilizaciones de mujeres en rebeldía, que estuvieron en la conquista del primer gran pacto de derechos que aun así las dejo afuera.

Como Wollstonecraff son decenas, cientos y miles de mujeres olvidadas y negadas por la historia, que en pasado y en presente, mantienen la memoria de que los derechos no caen del cielo, ni se deben a los gobernantes, ni son simples leyes de garantía, definidas por expertos de oficina. La gran conquista humana en términos de derechos es el reconocimiento pleno de la existencia política de la mujer como ser humano, dueña de sus conductas, de su destino, de su cuerpo y de sus sueños, rebelde y libre para construir nuevos mundos sin sumisiones, ni dominaciones.

El guardado patriarcal de la sumisión

Las declaraciones iniciales de derechos humanos, Americana de 1776 y del hombre y ciudadano de 1789, guardaron muy adentro de sus contenidos algunas inconcebibles explicaciones expuestas por hombres liberales ilustrados de la época que dijeron cosas como que: La mujer debe dedicarse a las ocupaciones domésticas, tiene escasa instrucción, su único poder que puede ejercer sobre el hombre es el de su sexo y sus conflictos solo pueden ser domésticos (Bentham, condecorado como ciudadano honorario por la naciente república francesa). El dominio del hombre sobre la mujer está por fuera del ámbito político como también lo están la subordinación conyugal, la autoridad del varón y la sumisión de la mujer (Locke). Hay dos esferas en la sociedad, una publica para los hombres y otra privada para las mujeres y; a un monarca le puede resultar indiferente reinar sobre hombres o mujeres con tal que obedezcan, pero en una república se necesitan hombres en la base de sus constituciones (Rousseau). La educación de las mujeres es el mayor absurdo de la época (Stendhal). Solo eran ciudadanas las que servían mejor a la republica quedándose en casa y dejando hacer la revolución a los hombres (Proudhom, Louis).

En el seno de la revolución francesa con este espíritu de que la subordinación de la mujer es un asunto natural, normal y legítimo, 4 mujeres fueron llevadas al cadalso el 30 de octubre de 1793, acusadas de ser malas mujeres, pretender hacer cosas de hombres y de abandonar tareas propias de su sexo. Ese mismo día fueron prohibidas todas las organizaciones femeninas. J. Sieyès, uno de los teóricos principales de la constitución francesa, definió que la diferencia entre ciudadanos activos y pasivos era que los primeros eran varones y los otros eran niños, sirvientes, extranjeros y mujeres.

En el fondo de la letra y el contenido se mantuvo en estas declaraciones el espíritu del principio constituyente de que en la familia el hombre es la protección y la mujer la obediencia, que sigue ahí convertido en la barrera infranqueable del poder para limitar el acceso a los bienes materiales y simbólicos indispensables para realizar a plenitud sus derechos a trabajar, actuar, disponer de dinero y tomar sus propias decisiones sin intermediación de los hombres y sin la injerencia de la sociedad, que desde el siglo XIX le confirió el poder absoluto al varón consagrado a través de la familia.

Colorario de homenaje

El 8 de marzo es un día cuyo significado y sentido hace parte de las conquistas humanas por el reconocimiento de los seres humanos como tales y sobre todo para las mujeres que exigen respeto por parte de las estructuras del poder excluyente y discriminatorio que se empeñan en impedir la realización de su dignidad en igualdad de condiciones y libertades como parte de la civilización y no solo como encargadas de parir y ser objeto de deseo. El 8 de marzo es un día para hacer memoria, seguir buscando la verdad de los olvidos y las manipulaciones y sumando fuerzas para derribar los muros que impiden la emancipación, tanto del sistema patriarcal y sus estructuras de poder autoritario, como del capitalismo indolente que todo lo convierte en mercancía.


P.D. Bienvenidas las mujeres que se alzaron en armas y hoy ponen sus esperanzas en la rebelión desarmada; Bienvenidas las mujeres víctimas de la guerra evitable que nunca se evitó; Bienvenidas las mujeres que convierten las celdas de venganza en trincheras de esperanzas; Bienvenido otro 8 de marzo de esperanzas...Feliz día a las mujeres incansables en sus luchas... mis estudiantes y mis colegas...

Fuente: alainet.org

martes, 7 de marzo de 2017

Estas mujeres no podrán celebrar su día el 8 de marzo.

"La violencia contra las mujeres y las niñas es una violación de los derechos humanos, una pandemia de salud pública y un serio obstáculo para el desarrollo sostenible", denunció el exsecretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Crédito: Belinda Mason.
Por Baher Kamal
IPS, 6 de marzo, 2017.- 
Esta es una historia que no debería tener que escribirse – la de cientos de millones de dadoras de vida cuya producción y productividad han sido sistemáticamente cuantificadas en pormenorizadas estadísticas, pero cuya abnegación, sufrimiento humano y denegación de derechos solo son objeto de palabras. 
Es la historia de las mujeres que ven a sus hijos e hijas morir mientras huyen de las guerras, o que son secuestradas para vender sus órganos, o que fueron reclutadas como niñas combatientes.
Es la historia de esas mujeres que caen presas de traficantes que las venden como esclavas sexuales. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito informa que las mujeres y las niñas constituyen 71 por ciento de las víctimas de trata de personas.
De mantenerse la tendencia actual, las mujeres tardarán 170 años en conseguir la misma remuneración que los hombres. 
 
Y es la historia de esas mujeres y niñas que se convierten en víctimas de violencia abominable perpetrada por sus familiares varones. De aquellas cuyos empleadores violan continuamente sus derechos como trabajadoras, y que incluso son asesinadas por sus parejas. En algunos países, siete de cada 10 mujeres serán golpeadas, violadas, abusadas o mutiladas durante su existencia, según denunció ONU Mujeres.
También es la historia de millones de jóvenes que se ven obligadas a contraer matrimonio y quedar embarazadas de forma precoz, y de aquellas sometidas a mutilación genital femenina (MGF).
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce esta práctica como una violación de los derechos humanos, tortura y una forma extrema de violencia. La MGF le niega a las mujeres y las niñas su dignidad y causa dolor y sufrimiento innecesarios, con consecuencias que perduran para toda la vida e incluso pueden ser fatales, recuerda el secretario general del foro mundial, Antonio Guterres.
África y la región árabe se encuentran entre los lugares donde se practica la MGF. La Unión Africana considera que es una práctica sumamente dolorosa que viola los derechos humanos básicos.
Su impacto sobre las niñas y las mujeres es multifacético y afecta a diversos aspectos de sus vidas, incluido su bienestar físico, psicológico y social, y las cicatrices persisten durante el resto de sus vidas.
Es la historia de millones de niñas sin acceso a la educación, y cuando pueden acceder, la mayoría abandona por la falta de servicios sanitarios. Un estudio realizado por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos entre 2009 y 2014 confirmó miles de ataques contra escuelas en 70 países al menos, muchos de los cuales recibieron represalias por defender la educación de las niñas.
Es la historia de casi dos tercios de los habitantes del mundo, que sufren una insuficiencia en el acceso a los servicios de salud reproductiva y de maternidad.
El Fondo de Población de las Naciones Unidas hace hincapié en que el acceso universal a la salud reproductiva afecta a muchos aspectos de la vida. Tiene que ver con las relaciones más íntimas de las personas, incluida la negociación y la toma de decisiones dentro de esas relaciones, y con la interacción con los proveedores de salud con respecto a las opciones anticonceptivas.
También es la historia de muchachas muy jóvenes que son secuestradas por grupos terroristas para saciar brutalmente sus apetitos sexuales, como ha sido el caso de Boko Haram en Nigeria.
Y es la historia de las mujeres indígenas que cuidan de lo que queda de sus tierras, que custodian 80 por ciento de la biodiversidad del planeta , pero cuyos derechos y conocimientos ancestrales son ignorados e incluso desdeñados.
Es la historia de las mujeres agricultoras que producen hasta 80 por ciento de los alimentos, pero no tienen derecho a poseer sus tierras, insumos agrícolas, recursos ni pequeños créditos.
Y de esos millones de trabajadoras domésticas cuyos derechos recién empezaron a reconocerse, aunque no se apliquen lo suficiente.
Y es la historia de una creciente desigualdad. La organización no gubernamental Oxfam calcula que, de mantenerse la tendencia actual, las mujeres tardarán 170 años en conseguir la misma remuneración que los hombres, por no hablar de que la mitad de la riqueza del planeta se encuentra en los bolsillos de apenas ocho personas, todos ellos hombres.
El Día Internacional de la Mujer se conmemora el 8 de marzo con el lema “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030.”
La ONU asegura que será “un momento para reflexionar sobre los progresos realizados, considerar cómo acelerar la Agenda 2030, impulsar la aplicación efectiva de los objetivos de la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y niñas”.

La ONU apuesta a un mundo en el que todas las mujeres y niñas tengan igualdad de oportunidades y derechos para 2030. Crédito: ONU Mujeres.

El organismo mundial fijó varios objetivos clave de la Agenda 2030:
Para el año 2030, asegurar que todas las niñas y niños completen una educación primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad.
Para 2030, asegurar que todas las niñas y niños tengan acceso a una atención, cuidado y educación preescolares de calidad para prepararlos para la educación primaria.
Poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y niñas de todo el mundo.
Eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y niñas en las esferas pública y privada, incluida la trata y la explotación sexual y de otros tipos.
Eliminar todas las prácticas nocivas, como el matrimonio infantil, el matrimonio prematuro y forzado y la mutilación genital femenina

La ONU también señala que el mundo laboral está en transformación, con importantes consecuencias para las mujeres.

“Tenemos la globalización, la revolución tecnológica y digital y las oportunidades que estas traen, y por otro lado, la creciente informalidad del trabajo, medios de subsistencia e ingresos inestables, nuevas políticas fiscales y comerciales e impactos ambientales, todo lo cual debe abordarse en el contexto del empoderamiento económico de las mujeres”, añade.

Todas estas palabras y buenos deseos suenan geniales.

Sin embargo, el Día Internacional de la Mujer representará, ante todo, otra bofetada en el rostro de la humanidad que todavía no puede – ¿o no quiere? – honrar debida y efectivamente a aquellas que son las dadoras de vida.

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Traducido por Álvaro Queiruga
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Fuente: Inter Press Service: http://www.ipsnoticias.net/2017/03/estas-mujeres-no-podran-celebrar-su-dia-el-8-de-marzo/

IMPORTANTE: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net

Fuente: Servindi

lunes, 6 de marzo de 2017

Una hambruna sin precedentes en África


La amenaza de hambrunas en Nigeria, Somalia, Yemen y Sudán del Sur preocupa a la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que calcula que 37 países, 28 de ellos en África, requieren de ayuda alimentaria externa.

“Esta es una situación sin precedentes. Nunca antes nos habíamos enfrentado a cuatro amenazas de hambruna en varios países simultáneamente”, aseguró el director general adjunto de la FAO, Kostas Stamoulis.

“Hay que actuar rápido y proporcionar no solo ayuda alimentaria sino también apoyo a los medios de vida para asegurar que estas situaciones no se repiten”, pidió.
En un comunicado divulgado ayer, la FAO, cuya sede central se encuentra en Roma, advirtió sobre las graves dificultades para acceder a los alimentos en las zonas que sufren conflictos civiles y donde se registran además sequías, como ocurre en África oriental.

Según el informe Perspectivas de cosechas y situación alimentaria, “alrededor de 37 países requieren ayuda alimentaria externa, 28 de ellos en África, como consecuencia de los efectos persistentes de las sequías provocadas por El Niño el año pasado sobre las cosechas”.

En Sudán del Sur se declaró formalmente una situación de hambruna, “mientras que en el norte de Nigeria, Somalia y Yemen, la seguridad alimentaria es también motivo de gran preocupación”, denuncia la entidad de Naciones Unidas.

En Sudán del Sur alrededor de 4,9 millones de personas sobre una población de once millones, han sido clasificadas como en situación de crisis, emergencia o hambruna.
En el norte de Nigeria, 8,1 millones de personas se enfrentan a condiciones de inseguridad alimentaria aguda y en Yemen, donde se estima que 17 millones de personas -dos tercios de la población- padecen inseguridad alimentaria, casi la mitad de ellos necesitan ayuda de emergencia.

En Somalia, el conflicto, la inseguridad civil y la sequía se han unido para hacer que haya más del doble de personas -ahora unos 2,9 millones- padeciendo grave inseguridad alimentaria respecto a hace seis meses.


Fuente: AFP-NA


domingo, 5 de marzo de 2017

Contra el machismo cultural y el feminismo fanático.



El expresidente (uruguayo) escribió sobre los feminicidios y el "todos y todas"

El dos veces presidente de la República, Julio María Sanguinetti, consideró que la propuesta de instaurar la figura del "feminicidio" para castigar con mayor dureza a quienes matan a una mujer, no servirá para atacar el problema.

"Las leyes deben ser asertivas, no simbólicas. El feminicidio ya está comprendido en el artículo 311 del Código Penal, no hay vacío legal. Y una nueva figura puede incluso complicar antes que ayudar. Los cambios —imprescindibles— deben producirse en el campo de la cultura, que es la raíz de este problema que ha engendrado tantas tragedias. (...) Como es difícil oponerse dada la buena motivación inspiradora, seguramente saldrá en el Parlamento, pero no se equivoquen los movimientos feministas: no significará nada", escribió Sanguinetti en el semanario digital Correo de los Viernes en una columna titulada "La cultura machista".

El exmandatario consideró "natural" la reacción de las organizaciones feministas ante el asesinato de mujeres a manos de hombres con los que tenían algún tipo de vínculo. Pero dijo que se debe asumir que la pelea contra el machismo no es sencilla porque es necesario poner en marcha un cambio cultural que requiere "un enorme esfuerzo educativo".

"No hay nada más persistente que la mentalidad y en la nuestra está, desgraciadamente, el predominio masculino. Las cuatro religiones monoteístas establecieron la subordinación femenina, pero mientras las judeo-cristianas fueron cambiando ante el empuje del liberalismo, la musulmana persiste en esa idea (y de un modo tan radical que indigna). La filosofía liberal y democrática fue logrando, en los dos últimos siglos, un gran avance, pero con enormes resistencias", señaló Sanguinetti.

Recordó además que el voto de las mujeres se alcanzó en Europa después de las guerras "porque, dada su enorme contribución entre 1914 y 1918, era imposible negarse".

"Es notorio que todavía hoy el tema es desafiante y cuesta. Basta salir a la calle y observar cómo se trata a las mujeres, tanto por los demás automovilistas, como por esos presuntos limpiavidrios de los semáforos, para advertir que el machismo está ahí, delante de nuestros ojos", observó Sanguinetti.


Pero advirtió que "los movimientos feministas han batallado mucho aunque no siempre bien, porque en ocasiones sus excesos rozan el ridículo y, en vez de abogar por la buena causa, logran lo contrario".

"El 'todas y todos' cuando desde siempre se iniciaron los discursos diciendo 'señoras y señores', ha sido, a nuestro juicio, un retroceso. El fanatismo semántico llegó hasta una ministro española, que en una comisión se dirigió a los "miembros y miembras" para solaz de los machistas, que pudieron reírse a sus anchas. Cuando aparecieron en nuestro país niñas musulmanas con su velo en las escuelas públicas, dijimos que debía prohibirse, porque era aceptar un símbolo de la subordinación femenina. Las autoridades educativas resolvieron lo contrario, incurriendo en un lamentable extravío de la laicidad y una contribución —involuntaria pero muy expresiva— de la degradación de la condición femenina. Esa sí que es 'una señal' y nuestra voz fue solitaria en el reclamo", sostuvo.

Por último, Sanguinetti recomendó: "Hay que batallar y seguir batallando. Los hombres algún día entenderán que, siendo hijos de una madre que les dio vida, ninguna otra mujer será su propiedad sino lo contrario, su compañera si es su cónyuge o bien su responsabilidad y alegría si es una hija o una nieta. En el plano público, las 'señales' más importantes deben venir desde lo simbólico, en las parejas notorias, sean artistas o políticos, que en su actitud de respeto hacia sus cónyuges, hagan docencia. Y ni hablar de maestros, mujeres u hombres, docentes en general, que han de inspirar a los muchachos a sentirse más hombres respetando y queriendo, que agraviando o mandoneando. En una palabra, sacarse de la mente la idea de que quien comprende y sigue a su mujer no es 'un pollerudo' sino lo contrario, un ser maduro, consciente de su fuerza, que necesita de la fuerza de 'la otra' para que la vida valga la pena ser vivida".