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domingo, 19 de marzo de 2017

20 millones de personas en riesgo de inanición necesitan alimentos, no bombas.



El mundo se enfrenta a la catástrofe humanitaria más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Veinte millones de personas corren riesgo de morir de hambre en Yemen, Somalia, Nigeria y Sudán del Sur. La respuesta del presidente Donald Trump ante esta situación ha sido cerrarles la puerta en la cara a los refugiados y recortar los fondos de asistencia humanitaria, al tiempo que propone una importante ampliación de fondos para el ejército estadounidense.

António Guterres, nuevo secretario general de Naciones Unidas, dijo recientemente: “Millones de personas apenas logran sobrevivir entre la desnutrición y la muerte, vulnerables a enfermedades y epidemias, obligados a matar a sus animales para comer y consumir los granos almacenados para la siembre del año que viene”. Guterres continuó: “Estas cuatro crisis son muy diferentes, pero tienen una cosa en común. Todas son evitables. Todas provienen de diferentes conflictos, para los cuales se necesita que hagamos mucho más en cuanto a prevención y resolución”.

Mientras Naciones Unidas se apresura a recaudar los 5.600 millones de dólares necesarios para evitar el peor impacto de estas crisis, el gobierno de Trump recorta los fondos del Departamento de Estado de Estados Unidos y, según el borrador de una orden ejecutiva obtenido por el periódico The New York Times, también los de Naciones Unidas. La orden, tal como está redactada (aunque todavía no fue firmada ni emitida oficialmente) indica “al menos un 40% de reducción general” de las contribuciones voluntarias de Estados Unidos a programas de la ONU como el Programa Mundial de Alimentos, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y Unicef. “Francamente, esta es una actitud infantil que no es digna de la única superpotencia del mundo”, escribió Stewart M. Patrick, un ex funcionario del Departamento de Estado durante el gobierno de George W. Bush, que ahora integra el Consejo de Relaciones Exteriores.

Esta actitud, que podría calificarse de infantil, tiene un impacto letal en la población infantil real. Siete millones de personas en Yemen corren peligro de inanición, de las cuales 2,2 millones son niños. Cerca de medio millón de esos niños están “grave y agudamente desnutridos”, lo que implica que ya han sufrido daños de desarrollo, posiblemente de por vida, debido al hambre.

El director de la sede estadounidense del Consejo Noruego para Refugiados, Joel Charny, dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Si la guerra continúa, mucha gente morirá de hambre. No creo que haya ninguna duda al respecto. Tenemos que hallar la forma de que la guerra termine”.

Para ello habría que empezar por ponerle fin a la entrega de armamento a Arabia Saudí, que bombardea Yemen sin piedad. En su lugar, el presidente Trump se reunió el martes en la Casa Blanca con el príncipe heredero de Arabia Saudí y ministro de Defensa, Mohammed bin Salman, donde presuntamente habrían hablado de reanudar la venta de proyectiles guiados de precisión a la dictadura saudí. Amnistía Internacional instó a Trump a bloquear las nuevas ventas de armas. La organización emitió una declaración, en la que escribió: “Armar a los gobiernos de Arabia Saudí y Bahréin representa el riesgo de ser cómplice de crímenes de guerra, y hacerlo mientras simultáneamente se prohíbe a las personas viajar a Estados Unidos desde Yemen sería aun más inadmisible”.

La guerra en Yemen es considerada mayormente como un conflicto de poder entre Arabia Saudí e Irán, donde Estados Unidos, bajo el gobierno de Obama y ahora con mayor intensidad bajo el de Trump, brinda armamento a los saudíes y apoya logísticamente su bombardeo a Yemen. “Cabe destacar que esto no comenzó el 20 de enero. Esta es una política llevada a cabo por Estados Unidos desde hace cierto tiempo", dijo el funcionario humanitario Joel Charny en referencia a la asunción de mando de Trump y las políticas de Obama. A lo largo de sus dos mandatos, el presidente Obama le vendió armas a Arabia Saudí por un récord de 115.000 millones de dólares. Solo suspendió las ventas después de que un avión saudí atacara un funeral yemení con una serie de bombardeos sucesivos, que dejaron un saldo de 140 muertos y 500 heridos.

Millones de personas más se enfrentan al hambre y a una dolorosa muerte por inanición en Somalia, Sudán del Sur y Nigeria. Según Charny, en Sudán del Sur, pese a las ganancias por el petróleo y su tierra fértil, “los conflictos políticos no resueltos al interior de la clase gobernante de Sudán del Sur, que se remontan a la década de 1990 y quedaron disimulados durante la lucha por la independencia, ahora comenzaron a resurgir” y han conducido al país a la hambruna. En el noreste de Nigeria, el conflicto armado entre el grupo Boko Haram y el gobierno hace que la entrega de ayuda humanitaria sea muy peligrosa. Respecto a Somalia, donde la hambruna amenaza a poblaciones que pueden ser alcanzables por el debilitado gobierno central y las agencias de ayuda humanitaria, Charny expresó comentarios más optimistas: “Si podemos movilizar rápidamente alimentos y dinero en efectivo, podremos superar la situación en Somalia… si nos ponemos en marcha”.

Evitar la situación de hambruna en estos cuatro países es posible. El presidente Trump debería financiar totalmente los envíos de alimentos –no los envíos de armas– y liderar la tan necesaria diplomacia para evitar la inmensa catástrofe de 20 millones de muertes terribles a causa del hambre. Eso es lo que haría grande a Estados Unidos.

© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.


Fuente: rebelión.org

lunes, 6 de marzo de 2017

Una hambruna sin precedentes en África


La amenaza de hambrunas en Nigeria, Somalia, Yemen y Sudán del Sur preocupa a la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que calcula que 37 países, 28 de ellos en África, requieren de ayuda alimentaria externa.

“Esta es una situación sin precedentes. Nunca antes nos habíamos enfrentado a cuatro amenazas de hambruna en varios países simultáneamente”, aseguró el director general adjunto de la FAO, Kostas Stamoulis.

“Hay que actuar rápido y proporcionar no solo ayuda alimentaria sino también apoyo a los medios de vida para asegurar que estas situaciones no se repiten”, pidió.
En un comunicado divulgado ayer, la FAO, cuya sede central se encuentra en Roma, advirtió sobre las graves dificultades para acceder a los alimentos en las zonas que sufren conflictos civiles y donde se registran además sequías, como ocurre en África oriental.

Según el informe Perspectivas de cosechas y situación alimentaria, “alrededor de 37 países requieren ayuda alimentaria externa, 28 de ellos en África, como consecuencia de los efectos persistentes de las sequías provocadas por El Niño el año pasado sobre las cosechas”.

En Sudán del Sur se declaró formalmente una situación de hambruna, “mientras que en el norte de Nigeria, Somalia y Yemen, la seguridad alimentaria es también motivo de gran preocupación”, denuncia la entidad de Naciones Unidas.

En Sudán del Sur alrededor de 4,9 millones de personas sobre una población de once millones, han sido clasificadas como en situación de crisis, emergencia o hambruna.
En el norte de Nigeria, 8,1 millones de personas se enfrentan a condiciones de inseguridad alimentaria aguda y en Yemen, donde se estima que 17 millones de personas -dos tercios de la población- padecen inseguridad alimentaria, casi la mitad de ellos necesitan ayuda de emergencia.

En Somalia, el conflicto, la inseguridad civil y la sequía se han unido para hacer que haya más del doble de personas -ahora unos 2,9 millones- padeciendo grave inseguridad alimentaria respecto a hace seis meses.


Fuente: AFP-NA


domingo, 26 de febrero de 2017

Sudán del Sur se hunde en una catástrofe evitable.


100.000 personas se enfrentan a la hambruna en el Estado de Unity. Por segunda vez, tras la crisis de 2011 en el Cuerno de África, se ha declarado oficialmente el estado de hambruna en un país. Un total de 4,9 millones de personas, el 42% de la población del país, necesitan urgentemente asistencia alimentaria.

La ONG Acción contra el Hambre hace un llamamiento urgente para que los líderes políticos pongan fin al conflicto en Sudán del Sur en respuesta a la declaración oficial de hambruna en el Estado de Unity, donde alrededor de 100.000 personas enfrentan niveles catastróficos de hambre e inminente riesgo de muerte. Según la alerta que emitieron el 20 de febrero el gobierno de Sudán del Sur, la Clasificación sobre la Fase de Seguridad Alimentaria Integrada (IPC, según sus siglas en inglés) y el Comité Mundial de Emergencias del IPC, del que forma parte Acción contra el Hambre, la gravedad de la actual crisis no tiene precedentes. Un total de 4,9 millones de personas, el 42% de la población del país, necesitan urgentemente asistencia alimentaria y, según ha declarado Naciones Unidas, se estima que un millón de personas en otras partes del sur del país están al borde de la hambruna, de acuerdo a la clasificación IPC.

“La declaración de hambruna en los condados de Leer y Mayendit, en el estado de Unity no es una sorpresa”, señala Olivier Longué, Director General de Acción contra el Hambre. “Como sabemos por décadas de experiencia, las hambrunas son causadas por el hombre. Las señales de alerta estaban ahí. Y sin embargo, ante este crítico escenario, la respuesta humanitaria internacional es vergonzosamente insuficiente. El personal humanitario sufre frecuentes amenazas a su seguridad y el compromiso político para poner fin a la crisis sigue siendo insuficiente”.

En diciembre de 2013 estalló la guerra civil en Sudán del Sur. A pesar de que se negoció un acuerdo de paz en 2015, la violencia volvió a estallar en abril del mismo año. Gran parte de la población del Estado de Unity fue desplazada y los actores humanitarios no pudieron acceder a las zonas más afectadas. Desde entonces, la agitación política y el conflicto continuo, combinado con la inseguridad generalizada, la inflación, el déficit alimentario y una economía inestable, han contribuido a una emergencia humanitaria en espiral.

Mediante equipos de vigilancia y evaluación se han llevado a cabo varias evaluaciones técnicas en el Estado de Unity y en otras regiones del país, cuantificando la prevalencia de la desnutrición aguda que supera con creces los umbrales de emergencia. “El análisis del IPC y los datos nos señalan claramente dónde se necesita la asistencia humanitaria a gran escala de manera más intensa: en las áreas directamente afectadas por el conflicto”, afirma la Directora de Programas de Acción contra el Hambre, Rebeckah Piotrowski. “Tenemos las herramientas para anticipar y tomar medidas antes de que sea demasiado tarde. Es inaceptable que la comunidad internacional espere a que las crisis se deterioren dramáticamente antes de movilizar una respuesta adecuada”.

Según la alerta del IPC, la asistencia humanitaria a lo largo de 2016 “no sólo mantuvo sino que mejoró la seguridad alimentaria” en muchas zonas. Sin embargo, el bloqueo del acceso que impide que las organizaciones humanitarias lleguen a las poblaciones “sigue siendo un importante reto en el suministro de ayuda” y la recolección de datos sobre las necesidades en las áreas más afectadas. En lugares como el norte de Bahr el Ghazal, donde hemos podido llegar hasta las comunidades y mantener una presencia significativa, nuestros programas han mejorado los niveles de seguridad alimentaria y han reducido la prevalencia de la desnutrición. “En las emergencias, cada vez más complejas y prolongadas, debemos hacer algo más que mantener a la gente viva”, indica Longué. “Por supuesto, actualmente nuestras prioridades más inmediatas en Sudán del Sur están dirigidas a salvar vidas y aliviar el sufrimiento. Pero también debemos pensar en la respuesta posterior y salir de la respuesta de emergencia tradicional. Tenemos que planificar las soluciones que ayudan a trazar un itinerario en el que las comunidades puedan reconstruir y ser más resilientes a las crisis”.

Hoy, Sudán del Sur ha llegado a un punto sin salida. Los actores humanitarios están sobrecargados ante las abrumadoras necesidades, la falta de fondos y un entorno volátil. Es evidente que los actores humanitarios son incapaces de resolver la crisis en sí, pero se les deja trabajar para satisfacer las necesidades de las poblaciones afectadas sin acceso a ellas, sin financiación y sin suministros.

Desde Acción contra el Hambre apremian a la comunidad internacional y a todas las partes en el conflicto para que:

.pongan fin al conflicto
.se movilice una financiación flexible y a largo plazo que permita a los agentes humanitarios la estructuración de una programación para satisfacer las necesidades cuando existan ventanas de acceso
.se financie totalmente la respuesta de emergencia y se mantenga activa esta fuente
.se permita el acceso incondicional y sin obstáculos a las zonas actualmente inaccesibles en el Estado de Unity

Sin una solución política y un acceso seguro e incondicional a las poblaciones necesitadas, el sufrimiento aumentará y más niños morirán. Sudán del Sur está ahora entrando en la "temporada de escasez", cuando las reservas de alimentos se agotarán aún más drásticamente antes de la próxima cosecha. A menos que se movilice inmediatamente una respuesta humanitaria a gran escala, el IPC prevé que la situación en el Estado de Unity, así como en el estado de Bahr el Ghazal del norte, se deteriorará aún más durante los próximos seis meses. El mundo comparte la responsabilidad colectiva de actuar hoy para evitar que el país se hunda aún más en la tragedia. "El momento para actuar es ahora: no podemos fallar al pueblo de Sudán del Sur".

Fuente: 21Rs.es

lunes, 26 de diciembre de 2016

La inseguridad alimentaria es un agente de conflictos violentos.

Agricultoras de la aldea de Nshi-o-doh en Ndu, en la Región del Noroeste de Camerún. Crédito: Monde Kingsley Nfor/IPS

Por Dominique Von Rohr

IPS, 23 de diciembre, 2016.- Unas 2.000 millones de personas viven en países donde la violencia, los conflictos y la fragilidad de las instituciones son comunes; una inestabilidad política a menudo relacionada con la inseguridad alimentaria. La escalada de enfrentamientos en Siria, Yemen y Sudán del Sur deja a un número creciente de personas en situaciones imposibles.
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“Los conflictos dejaron a unas 56 millones de personas a situación de crisis o de emergencia en materia de inseguridad alimentaria”, se lamentó Kimberly Flowers, directora de Global Food Security Project, en la Conferencia John McGovern, convocada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Pero desde la crisis por el precio de los alimentos de 2007-2008, cuando el número de personas con hambre aumentó a 1.000 millones de personas, que afectó a uno de cada seis habitantes del planeta, las autoridades comenzaron a prestar atención al problema a este problema.

Durante el gobierno del presidente Barack Obama, Estados Unidos invirtió 6.600 millones de dólares en “Alimentar el futuro”, un programa de desarrollo de largo plazo para reducir la pobreza y el hambre. La iniciativa procura enseñar a los agricultores de países en desarrollo nuevas técnicas agrícolas, formas de aumentar la productividad y mejorar la nutrición.

Flowers subrayó que en ese país, el enfoque de la seguridad alimentaria no varía de un partido a otro. El Congreso legislativo aprobó la Ley de Seguridad Alimentaria Global en el verano boreal pasado, que garantiza que el hambre y la pobreza seguirán siendo una prioridad en materia de política exterior.

“La seguridad alimentaria es real y basada en la evidencia. El Congreso comprende la importancia de atender este asunto”, observó.

La incertidumbre instalada tras la elección de Donald Trump en muchos terrenos, no cambiará el hecho de que la ley de Seguridad Alimentaria Global garantiza que las inversiones continuarán por dos años más.

Por primera vez, los servicios de inteligencia estadounidenses reconocieron la relación entre inestabilidad política e inseguridad alimentaria, y estimaron que el riesgo que plantea a muchos países, aumentará en los próximos 10 años por las perturbaciones que la producción, el transporte y el mercado ocasionarán a la disponibilidad de alimentos a escala local.

“La inseguridad alimentaria es tanto causa como consecuencia de conflictos”, dijo Flowers en la conferencia, antes de considerarla un “imperativo para la seguridad nacional”.

La falta de acceso a los alimentos puede servir como instrumento estratégico para la guerra.

“Las poblaciones hambrientas tienen más probabilidades de expresar su frustración con las autoridades en problemas, perpetuando un ciclo de inestabilidad política y socavando el desarrollo económico a largo plazo”, explicó.

Los autores de un informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA), señalaron que la inseguridad alimentaria eleva el riesgo de quiebres democráticos, conflictos civiles, protestas, enfrentamientos y disputas comunitarias.

En Siria, el presidente Bashar al Assad y el Estado Islámico emplean los alimentos o su falta como tácticas de guerra, impidiendo la llegada de asistencia humanitaria a la población u ofreciendo alimentos a cambio de que se unan a sus filas.

Además, la guerra devastó a la agricultura y le costó al país 35 años de desarrollo. La producción alcanzó un mínimo histórico, y los agricultores apenas si pueden quedarse en sus tierras, cuanto menos cultivarlas.

En Nigeria, la inseguridad alimentaria aumenta por la inestabilidad política y, en especial, afecta a las áreas donde opera Boko Haram.

Sus acciones “impiden la producción de alimentos; colocaron minas en tierras cultivables, roban ganado y expulsan a la población civil, que deja tierras sin cultivar”, indicó Flowers. Eso hace que algunas zonas se queden sin su cosecha, y en las que quedan alimentos, los precios se disparan.

En Venezuela, la inseguridad alimentaria se relaciona con la mala gestión económica, pues “90 por ciento de los venezolanos se quejan de que los alimentos son demasiado caros”, apuntó Flowers.

Otrora un país rico con un autoridades fuertes, la dependencia de Venezuela en los ingresos del petróleo dejó a la economía al borde del colapso tras la caída pronunciada de los precios de los combustibles fósiles. Además, la respuesta del gobierno a una población que cada vez tiene más hambre, fue autoritaria y represiva.

En Sudán del Sur, los conflictos entre el gobierno y los grupos de oposición tuvieron tal impacto en la economía que los precios de los alimentos se dispararon.

La falta de alimentos y de asistencia alimentaria desempeñó un papel en la lucha contra la insurgencia. Alrededor de 95 por ciento de la población sursudanesa depende de la agricultura para vivir, “pero no hay infraestructura estatal de respaldo”, añadió Flowers.

“La peligrosa combinación de conflicto armado, infraestructura frágil y alza de precios de los alimentos básicos puede derivar en condiciones de hambruna”, observó.

Los dos primeros de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, adoptados por la comunidad internacional en 2015, apuntan a erradicar la pobreza y el hambre, aunque queda la duda de si podrán lograrse en un contexto de inestabilidad política y de conflictos permanentes.

“Los ODS subestiman las dificultades de ayudar a más de 1.000 millones de personas a recuperar el camino sostenible del crecimiento económico y reconstruir un tejido social roto en un plazo de 15 años”, remarcó Flowers.

Creer que es posible eliminar por completo el hambre y la pobreza dentro de los próximos 14 años no es realista. Pero el esfuerzo de poner en práctica los ODS tendrá un impacto sostenible en los países que necesitan ayuda.

Por ejemplo, en lo que respecta a la seguridad alimentaria, se pronostica que “el número de personas que la sufren disminuirá de forma significativa, 59 por ciento para 2026”, indicó.

Flowers detalló que las variables más importantes para disminuir la inseguridad alimentaria son un gobierno fuerte y priorizar la agricultura en la agenda de desarrollo.

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Traducido por Verónica Firme
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Importante: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net


Fuente: Servindi

viernes, 17 de enero de 2014

Sudán del Sur: los niños en grave peligro.

Una mujer sostiene a su bebé de 3 meses dentro de su tienda en un campamento a las afueras de Juba, la capital de Sudán del Sur.

Los niños de Sudán del Sur están siendo víctimas de la violencia y el desplazamiento masivo por elconflicto inter-étnico que se desató en este joven país, en diciembre. Se enfrentan a un grave peligro porque o se encuentran en medio de los combates o han huido de sus casas y necesitan, urgentemente,alimentos, refugio y protección. 

Los enfrentamientos han dejado al menos un millar de muertos y más de 410.000 desplazados internos, de los que más de la mitad (211.325) son niños menores de edad. Unos 66.500 de estos desplazados se encuentran refugiados en las bases de la misión de paz de Naciones Unidas en Sudán del Sur (UNMISS). Además, hay 74.300 refugiados en países vecinos.
UNICEF está especialmente preocupado por los niños y los civiles desplazados en áreas de difícil acceso, debido a los intensos combates. Se enfrentan a la escasez desesperada de alimentos y agua, y la falta de instalaciones de saneamiento plantea un alto riesgo de enfermedades. Los niños más pequeños son especialmente vulnerables a los efectos de la diarrea, que puede convertirse rápidamente en algo muy peligroso para ellos. 

Las familias pasan los días sin refugio en medio del intenso calor y el sol, y durmiendo a la intemperie durante las frías noches.
El trabajo de UNICEF y sus aliados en Sudán del Sur
UNICEF está respondiendo con rapidez a la crisis humanitaria en Sudán del Sur. En los primeros tres meses de 2014 se va a centrar en las necesidades de los desplazados. A causa de las restricciones de acceso y seguridad, la respuesta inicial se ha dirigido a los desplazados internos que están en las bases de la ONU o en áreas que son accesibles.
UNICEF trabaja en estrecha colaboración con otras agencias de la ONU y organizaciones aliadas para conseguir el acceso humanitario a otras áreas y ampliar sus servicios, lo más rápidamente posible. 

UNICEF trabaja en Sudán del Sur desde 1989. Actualmente, hay 154 miembros de UNICEF, pero ya se están desplegando más operarios para reforzar los programas humanitarios en el país 

La ayuda de UNICEF se está canalizando en las instalaciones de la ONU en Juba (UN House) y en el complejo de la UNMISS en Tomping. Unas 210.000 personas han recibido hasta la fecha algún tipo deayuda.
Agua, higiene y saneamiento: suministro de agua potable para 87.500 desplazados y más de 400 letrinas construidas en Juba. 
Salud y nutrición: vacunación de 32.846 niños contra el sarampión y 32.079 contra la polio, distribución de suplementos de vitamina A para más de 19.200, pastillas antiparasitarias y galletas de alto contenido energético, y seguimiento y tratamiento de los casos de desnutrición aguda grave, en niños menores de cinco años, en los campamentos de la ONU.
Protección infantil: identificación y documentación de niños separados en Juba. Hasta ahora se haidentificado a 189 niños separados, de los que 30 han sido reunificados con sus familias. Por otra parte, UNICEF y la UNMISS están investigando el posible reclutamiento y uso de niños por las distintas partes involucradas en el conflicto. 
Educación: planificación con aliados para apoyar la vuelta al cole de los niños desplazados, con motivo del inicio del nuevo curso académico en febrero.

Sudán del Sur: se necesitan fondos
UNICEF necesita urgentemente una ayuda adicional de 31,9 millones de dólares (unos 23,4 millones de euros) para atender las necesidades humanitarias críticas de la población vulnerable desplazada por el conflicto, de aquí a marzo.

Si quieres colaborar con Sudán del Sur, puedes contribuir a nuestro Fondo de Emergencia