viernes, 18 de septiembre de 2015

Un cristiano secular.


Redacción de Atrio

Don Cupitt es el autor de este ensayo. Don es un conocido filósofo de la religión, inglés, de 81 años, más conocido por sus libros, conferencias e intervenciones en la televisión que por su pertenencia como sacerdote a la Iglesia anglicana. Porque su pensamiento va más allá de cualquier confesión y dogma. Por eso interesa. Y el promotor de un simposio de teología interreligiosa, José María Vigil, tradujo esta comunicación y la publicó en la revista de la Pontificia Universidad Católica de Minas en Brasil, HORIZONTE. En el mismo número de Marzo se publicaron artículos de nuestro conocidos Roger Lenaers, John S. Spong, Juan Masiá y Dramuid O’Murchu. Encajan estas ideas y reflexiones con lo que vamos buscando en ATRIO, una lectura secular del Evangelio de Jesús sin aguarlo sino entendiéndolo. 

Soy un cristiano secular, una persona comprometida con el pensamiento crítico y una persona para quien sólo hay un mundo, y es este mundo; sólo una vida, y es esta vida.



Nuestra lengua se desarrolló con el fin de servir a los propósitos de nuestra vida en este mundo, nuestro mundo cotidiano; y no podemos salirnos del mundo de esta vida y decir algo sensato sobre un supuesto mundo eterno o sobrenatural ahí arriba. Desde que la novela es nuestra forma literaria más popular, parece que estamos dando ya por sentado el humanismo secular. Los personajes de Jane Austen son todos ellos anglicanos; pero el mundo en que viven ya se ha vuelto completamente secular.

Si ello es así, bien podemos pensar que el cristianismo es la religión más difícil de modernizar de todas, porque está mucho más comprometido que cualquier otra fe respecto a un elaborado sistema de creencias sobre el mundo sobrenatural, del que creemos haber venido, con el que nos relacionamos a diario, y al que retornaremos finalmente: el mundo de Dios, del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; en mundo de San Miguel y los nueve coros de los ángeles; el de la Santísima Virgen y los miles de santos. Un mundo en el que las personas creen en muchos tipos de asistencia sobrenatural, como curaciones, regalos de cuya asistencia sobrenatural la gente encuentra de muchas formas, como curaciones, dones de la divina gracia, o conocimiento sobrenatural impartido a nosotros por revelación, iluminación o inspiración. Todo este aparato fue elaborado poco a poco en relación con el gran mito cristiano de la Creación del cosmos, la Caída y la Redención; una historia que comienza con Dios en la eternidad, con su primera creación, la de los ángeles, y con la rebelión de Lucifer y sus aliados, y que finalizará con el cierre del Infierno y el triunfo final de los bienaventurados en el Cielo.

Todo el conjunto de esta poderosa teología sobrenatural estaba todavía en pie cuando Carlos II llegó al trono inglés restaurado en 1660. La Biblia seguía siendo todavía la fuente principal de información sobre la cosmología y la prehistoria. En su Libro de Oraciones y en los principales escritos de John Milton y John Bunyan la antigua «civilización basada en la religión» todavía parecía más o menos intacta. Milton estaba muy bien informado sobre la ciencia moderna, pero debió de pensar que la versión protestante de la antigua fe tenía futuro; de lo contrario no habría arriesgado su propia reputación en la redacción de El paraíso perdido.

Poco después, en 1679, Isaac Newton publicó su gran libro, que con el tiempo iba a convertir la física matemática en la nueva Reina de las Ciencias, mientras el tradicional conocimiento dado por Dios que hasta entonces difundían los teólogos fue desplazado por el nuevo conocimiento, elaborado por el ser humano y probado críticamente. Este cambio costó mucho tiempo, en parte porque la cosmología de Newton no era histórica: no incluía la historia de cómo el universo y el sistema solar habían comenzado a existir y habían llegado a su forma actual. Pero entonces, en 1755, Kant y Laplace presentaron conjuntamente una teoría plausible sobre la formación del sistema solar, y después, la geología y la biología dieron un gran paso adelante hacia la creación de un gran relato científico: una historia y una teoría sobre todo lo que ha existido hasta el momento, mucho más razonable y coherente que el viejo relato cristiano.

Sin embargo, el sobrenaturalismo tradicional persistió, hasta que dos grandes acontecimientos ocurrieron en Alemania. En 1781, la Crítica de la razón pura de Kant, fruto de una década de trabajo de un genio, significó el mejor intento de mostrar cómo la mente humana finita es capaz de conocimiento científico objetivo. En el proceso de Kant criticó de manera concluyente la vieja creencia de que pertenecemos a un orden sobrenatural eterno del ser, más allá del mundo de la experiencia. En efecto, Kant puso fin a la creencia de que la existencia de Dios puede ser probada, y desde 1800 ningún filósofo importante ha creído con plena ortodoxia en el antiguo Dios de los filósofos.

Luego vino la crisis de la crítica bíblica. En las universidades alemanas de finales del siglo XVIII los eruditos comenzaron a aplicar al estudio de la Biblia los nuevos y rigurosos métodos de la historia crítica. El proceso es demasiado largo como para contarlo aquí, pero el mayor evento temprano fue la publicación de La vida de Jesús críticamente examinada (1835-6), de David Friedrich Strauss, que mostró cómo un profeta judío y maestro del siglo primero fue siendo mitificado poco a poco en las mentes de sus seguidores. La vieja creencia ingenua de que “la Biblia es la Palabra de Dios” –o, en la frase católica típica, «tiene a Dios por autor»– se hizo insostenible.

Desde entonces, hemos llegado gradualmente a darnos cuenta de que todo el sistema de la doctrina cristiana es una construcción humana, un tanto azarosa, con una historia del todo humana, y que la Biblia, cuando se lee con atención, en realidad no enseña, ni siquiera sería compatible con la doctrina ortodoxa. Por ejemplo, sólo un escritor del Nuevo Testamento presenta a Jesús como la encarnación de un ser celestial preexistente en forma humana, Juan concretamente. Pero incluso en el Evangelio de Juan, el Señor Encarnado no es co- igual a Dios. De hecho, ningún libro del Nuevo Testamento enseña las doctrinas totalmente ortodoxos, ya sea de la Trinidad o la Encarnación. Esas doctrinas no fueron reveladas por Dios en la Biblia, sino que son el resultado de los debates humanos y las luchas por el poder en los tiempos posteriores.

¿Cómo han reaccionado las Iglesias a todo esto? Los conservadores han decidido rechazar la razón crítica y entrar en la contra-cultura. Ponen un gran énfasis en la autoridad y en la fe, que para ellos se ha convertido (como ha dicho un bromista) en un don sobrenatural que les capacita para creer cosas sabiendo que no son ciertas. Los liberales insisten en que se mantienen lúcidamente críticos, mientras todavía se aferran con un cierto recelo a la fe oficial de la iglesia; Rowan Williams es el exponente más conocido de este punto de vista, y el mejor ejemplo de sus dificultades. Un poco más a la izquierda está un tercer grupo, los que reconocen que todo es un gran mito humanamente evolucionado, pero que contiene puntos de vista y los valores religiosos preciosos, y que continúa siendo el mejor mito para vivir. Este punto de vista es asumido por un gran número de sacerdotes y laicos y es sostenido explícitamente por esos «Mares de la Fe»* no realistas que permanecen en las Iglesias.

Estas tres respuestas cristianas a la modernidad están en tensión y resultan irónicas. Todas ellas evidencian una disonancia entre el mundo de las creencias religiosas y el mundo del conocimiento moderno, que ninguna de ellas puede resolver por completo. La religión tradicional que hemos heredado está muriendo rápidamente, y ello se debe a que está demasiado en desacuerdo con lo que ahora sabemos que es verdad. O debemos abandonarla por completo y convertirnos en budistas, o podemos inventar una nueva religión secular, o tal vez podríamos intentar una metamorfosis del cristianismo que lo transforme en una forma de humanismo religioso secular.

Soy sacerdote anglicano desde hace más de 50 años, y he llegado a adoptar una posición como la de este tercer tipo. A veces lo llamo «reinocentrismo» [en inglés, literalmente, “Reino-teología”], queriendo señalar que, originalmente, Jesús predicó la llegada del Mundo Definitivo, la era prometida de la realización humana en el Reino de Dios en la Tierra. Lo que vino, en cambio, fue la Iglesia, que surgió entre las luchas por el poder entre los primeros clérigos, Pedro, Santiago y Pablo, hacia el año 50. Y sus esfuerzos por explicar la catástrofe de la horrorosa muerte de Jesús. Afirmaron que Dios había exaltado a Jesús al mundo sobrenatural, lo que significaba que, después de todo, al viejo mundo se le iba a conceder un período extra de tiempo durante el cual la Iglesia (gobernado por el clero) reclutaría un ejército multiétnico de creyentes que podría purificarse y mirar hacia arriba expectante para el regreso a la tierra de Jesús glorioso, para establecer el último Mundo, el Reino mesiánico en la tierra. Jesús había dicho: « ¡El reino comienza ahora!». La Iglesia dijo: «No: ha sido pospuesto: ustedes van a vivir bajo disciplina todavía durante bastante tiempo».

Así, este nuevo cristianismo eclesiástico, desde el principio estuvo completamente preocupado por el mundo sobrenatural, que era a la vez el Mundo de Arriba y el Mundo por Venir: y estuvo tan preocupado con su auto-purificación que casi todas sus principales figuras fueron célibes los primeros 1500 años. Enseguida, Jesús, muy intensamente mitificado, se convirtió en el Cristo divino, un ser celestial, el Hijo eterno de Dios, y en los credos, la vida real de Jesús y su mensaje se reduce a una simple coma que separa «nacido de la Virgen María» de «padeció bajo el poder de Poncio Pilato». El cristianismo era tan de otro mundo, que vio este mundo y esta vida como completamente sin valor. Todavía en el Libro de Oraciones de 1662 –que todavía tiene muchos admiradores– los participantes en un funeral agradecían a Dios por llevar la persona fallecida “fuera de las miserias de este mundo pecaminoso».

Hoy todo ha cambiado, porque hemos perdido recientemente los últimos vestigios de la creencia en un futuro Mundo Mejor. Hoy día los funerales son un ritual del final de la vida. Celebran la vida de la persona fallecida, porque ya no creemos en el Juicio Final ni en la vida individual después de la muerte. Al mismo tiempo, también hemos renunciado a todas las formas de la esperanza liberal o socialista en un mundo mejor dentro del futuro histórico. La creencia liberal en la «perfectibilidad del hombre» y la creencia socialista en la sociedad comunista futura están muertas. Ahora nos damos cuenta de que ya estamos viviendo en el último mundo que conoceremos. Este lenguaje que hablo, este mundo en torno a mí, y esta vida que vivo en conjunto constituyen lo que en mi manera de hablar yo llamo «todo». Es todo lo que hay para mí: y tengo 79 años. Pronto dejaré de ser.

Esta toma de conciencia que yo llamo «el reloj despertador», hace que el Cristianismo de la Iglesia parezca tan engañado como los terroristas suicidas que piensan que se van al cielo… Al igual que Andrew Marvell, me siento “carro alado del tiempo, inexorable’; la muerte está respirando junto a mi cuello. ¿Cómo vamos a vivir, que ahora sabemos que estamos cerca del final de nuestro mundo? Tal como yo lo veo, el Jesús original, anunció la llegada del último Mundo, y enseñó la ética apropiada. No tenemos tiempo para los sentimientos negativos de ansiedad, o la envidia, el odio, ni para la abrigar rencores. No hay tiempo para cualquier tipo de ley–ética. Deberíamos vivir la vida con toda intensidad, y sobre todo con generosidad, gastándonos a nosotros mismos en el amor como si no hubiera un mañana, porque no lo hay.

La enseñanza moral del Jesús original, reconstruida críticamente, era totalmente centrada en las relaciones humanas y en la libre auto-expresión humana, o, como ahora lo llamaríamos, la «auto-realización». Jesús parece ser sorprendentemente secular, algo difícil de explicar hasta que recordamos que en el Mundo Definitivo «no hay Templo», como dice el Apocalipsis de Juan, no hay un sistema religioso, ni una divinidad bien enfocada y concreta. En el Reino, Dios se dispersa en un «brillo» universal, una inteligibilidad luminosa en la que no hay oscuridad y todo lo que es fácil de ver. Es un mundo puramente humano en el que todos son iguales, y todo corazón está abierto. No hay más allá y por lo tanto no hay ulterioridad, ni engaño o duplicidad, porque podemos tratar de engañar a la gente sólo si somos capaces de imaginar un futuro en el que podamos sacar provecho de nuestro engaño. No somos almas inmortales, con un futuro a muy largo plazo: no somos más que nuestra propia vida de nuestras propias vidas breves. No debemos ser acaparadores, porque no podemos hacerlo con éxito. En cambio, debemos derramarnos a nosotros mismos sobre la vida, sin reservas. Como dice el dicho popular dice: «O lo usas, o lo pierdes». No te escondas, sal como sale el sol para derramarse y gastarse… ¡Arde como él! No hagas comparaciones, ni reclames tus derechos. Lo que has de hacer hazlo bien, ¡arde!

He tratado de indicar muy brevemente cómo la enseñanza reconstruida del Jesús original, analizado correctamente, puede inspirar a una nueva religión humanitaria de la vida ordinaria al liberarnos de nuestra ansiedad moderna acerca de la transitoriedad y la muerte. Hasta ahora, a menudo se ha afirmado que la ética de Jesús no era practicable, por lo menos hasta que llegue el Reino. Pero, por el contrario, he tratado de sugerir que es una ética necesaria. Nuestra mayor necesidad es únicamente reconciliarnos con nuestra propia fugacidad y entre los unos y los otros, y el remedio es lo que yo llamo «solaridad» [al estilo del sol]: la generosidad total y amor a la vida.

¿Qué pasa con el argumento de que, así como la búsqueda del Santo Grial era inalcanzable para los caballeros de Arturo y llevó a la destrucción de la Mesa Redonda, igualmente la ética de Jesús original resultaría inalcanzable para los seres humanos normales? Al contrario, el argumento de Jesús es precisamente que, a menos que podamos aprender a ser supergenerosos, nunca podremos esperar construir la paz entre los humanos en la tierra. La justicia humana no es suficiente. Para un ejemplo moderno, en Irlanda del Norte muchas personas sencillas saben que no habrá plena reconciliación a menos que la gente pueda encontrarse en la calle o compartir en una mesa con sus antiguos enemigos acérrimos. Muchos de ellos ya lo están haciendo, porque es una necesidad moral.

No cometamos el error habitual de suponer que Jesús enseñó un amor justo y recíproco para con el vecino. Incorrecto: eso no es Jesús, es Moisés; y Jesús insiste en que eso no es suficientemente bueno. Él enseñó el amor a los enemigos, el amor no correspondido, el amor sin límite. Él era un rebelde, y no es de extrañar que en el Concilio de Trento la Iglesia censuró su doctrina del «amor puro». Desde el principio la Iglesia se basó en el rechazo del Jesús original secular. Durante todo el período eclesiástico se ha argumentado que, debido al Pecado Original, los seres humanos no pueden vivir la ética de Jesús en esta vida. En su lugar, tienen que vivir bajo la disciplina de una ley civil y religiosa estrictamente aplicada. Pero Jesús dijo que podemos y debemos ir mucho más allá de las ideas humanas ordinarias del derecho y la justicia, y hoy lo hacemos. Consideremos, por ejemplo, la donación gratuita a los extranjeros de la sangre y otros órganos. Las personas son capaces de vivir el Sermón de la Montaña, lo viven.

Un punto final. En un pequeño libro llamado Ética solar (1995) presenté una defensa filosófica del emotivismo ético y expresivismo, de modo que se pueda sostener al margen de Jesús. Yo no lo necesito a él como una autoridad; acabo de señalarlo como el primer maestro que pasó a hacer las cosas bien.

Pero yo no voy a volver a hacer la religión lógicamente dependiente de cualquier pretensión dudosamente histórica. Nagarjuna (ca. 150-250 aec.) hizo un cambio de pensamiento similar acerca de la enseñanza del Buda.

En resumen, Jesús había predicado la llegada del Reino. Era el momento de empezar a vivir la vida del Último Mundo, como si estuviéramos ante el final del tiempo. Y ésa es la posición en la que me encuentro a mí mismo, un cristiano laico en el final de mi mundo. A veces he llamado a mi religión «Vacío y Brillo»,

«humanismo radical vacío», «la religión de la vida», y «reinocentrismo». No es nada muy especial; es donde los post-cristianos occidentales estamos ahora. Y, más bien, me gusta: no me estoy quejando.

Fuente: Atrio

jueves, 17 de septiembre de 2015

¿“Extrema crudeza” o extrema hipocresía?



Darío Mollá. El periódico que a nivel estatal representa la izquierda (¿?) “políticamente correcta” de este país decía el pasado jueves que no publicaba la foto del niño sirio muerto en una playa de Turquía por su “extrema crudeza”. Políticamente correcto, claro… pero, sinceramente, a mi esta no publicación me suena a más “extrema hipocresía”… Porque la “extrema crudeza” no está en una foto que refleja la realidad, sino en la realidad que la foto refleja.

La “extrema crudeza” es la del sufrimiento de muchos miles de personas que tienen que huir de su país por una guerra incomprensible, sostenida por años ante la pasividad del mundo, y que tras sufrir un durísimo exilio se encuentran en el mejor de los casos con la inhumanidad de Europa, y en los casos más dramáticos con muertes que nos horrorizan.

La “extrema crudeza” es la de la ineficacia culpable de los gobiernos europeos, liderados por un señor de Luxemburgo (cuya vida quizá sí conozca episodios de “extrema crudeza”), la de la indiferencia de tantos líderes y personas con responsabilidad y posibilidad de hacer algo y que sólo hacen declaraciones que se lleva el viento, la de todos aquellos/as ciudadanos/as que prefieren mirar hacia otra parte… para no ver escenas de “extrema crudeza”.

La “extrema crudeza” es la del nivel de bajeza moral al que ha llegado una Europa que en este momento está renegando de sus principios más sagrados, de su propia historia, de las leyes y convenciones que ella misma se ha dado… La “extrema crudeza” de un egoísmo tanto más acentuado cuando mayor es el grado de bienestar.

La “extrema crudeza” es la de un sistema económico y político capaz de generar tanto sufrimiento, incapaz de hacer justicia con gentes y pueblos, movido por un interés enfermizo, repelente en las justificaciones hipócritas de lo que hace o no hace… Un sistema que sostiene tiranos y capaz de movilizarse por el petróleo pero no por las personas.

“Extrema crudeza”… ¡Va, seamos serios! La crudeza de lo que está pasando, y que, gracias a Dios, una fotógrafa pudo captar y compartir. Ante esa “extrema crudeza” creo que mis palabras se quedan cortas, muy cortas…

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Crisis humanitaria: Solidaridad abajo, negocios arriba.



Pasada la conmoción mediática provocada por la oleada de inmigrantes, comienza a cobrar forma lo que hay detrás del fenómeno: desde las guerras e invasiones desatadas por la OTAN en Medio Oriente hasta el interés del gran empresariado alemán para hacerse con mano de obra barata para impulsar sus exportaciones.

La población europea oscila entre dos reacciones extremas: la solidaridad y el rechazo. Fueron muchas las manos tendidas en diversos países hacia los extranjeros que buscan un lugar a la sombra del desarrollo europeo, mostrando un sentimiento internacionalista que se mantiene vivo pese a la criminalización de los medios. Pero los fascistas también mostraron las uñas, dispuestos a saltar a la yugular de los nuevos migrantes, culpables para ellos de todos los males que aquejan al viejo continente.

La principal noticia de esta semana fue el anuncio Ángela Merkel de que su país se compromete a recibir a 500.000 refugiados cada año, lo que en su opinión cambiará profundamente el país. Este año aceptará unos 800.000 extranjeros, cuatro veces más que el anterior. Lejos quedan los demás países europeos. Según el plan del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, todo el continente debería acoger a 120.000 refugiados como “un primer paso”.

Por su parte, el presidente de la Unión Europea, Donald Tusk, advirtió que “la ola de migración no es un incidente aislado sino el principio de un éxodo real, lo que significa que tendremos que tratar con este problema en los próximos años” (Pagina 12, 9 de setiembre de 2015).

Sin embargo el país donde la llegada masiva de refugiados amenaza profundizar la crisis es Grecia. El ministro de Migraciones dijo que la isla de Lesbos está “a punto de explotar”. Unas 30.000 personas se encuentran en varias islas del mar Egeo, 20.000 de ellas sólo en Lesbos cuya población apenas sobrepasa los 80.000 habitantes.

SOLIDARIDAD ABAJO. La iniciativa del papa Francisco de que cada parroquia reciba un refugiado es, apenas, la expresión de un sentimiento fraterno que atraviesa buena parte del continente. Mientras el gobierno español sigue empeñado en reducir la cantidad de refugiados a recibir, “una ola de rebeldía crece tanto en los ayuntamientos como en las calles y pide la apertura de fronteras y la acogida de las personas refugiadas que tratan de buscar asilo en Europa” (Diagonal, 9 de setiembre de 2015).

Decenas de ciudades españolas se han sumado a la red impulsada por la alcaldesa Ada Colau desde Barcelona, denominada “ciudades refugio”, donde se “organizan censos de miles de familias dispuestas a ofrecer su casa para la acogida, listados de profesionales que puedan dar apoyo psicosocial, legal, sanitario, lingüístico o de otro tipo, habilitación de espacios municipales”, entre otras.

Más allá de la respuesta institucional, han nacido grupos autoorganizados como la iniciativa alemana Refugees Welcome. “El 3 de septiembre, una reunión organizada por la Asociación de Sin Papeles de Madrid para canalizar la frustración e indignación ciudadana en propuestas de acción, acabó desbordando las expectativas y se convirtió en una asamblea multitudinaria que tuvo que ser trasladada a una plaza de la capital y que ha sembrado el germen de un movimiento organizado desde abajo que busca ir más allá del asistencialismo” (Diagonal, 9 de setiembre de 2015).

SOS Racisme, Stop Mare Mortum, Refugiados Bienvenidos, la Red Asturiana de Familias de Acogida de Refugiados son algunas de las plataformas que reclaman la apertura de fronteras y la libertad de movimientos. El ayuntamiento de Barcelona anunció que no hará distinción entre refugiados de diversos países ni entre éstos y los migrantes, abriendo un debate que minimiza las diferencias entre guerras y crisis económicas como causantes del traslado masivo de personas hacia Europa.

“Ya es hora de empezar a cambiar el concepto de persona refugiada y ampliarlo también a los refugiados por motivos económicos”, señala la portavoz de Stop Mare Mortum. En su opinión, la Unión Europea es responsable por la venta de armas a países en conflicto y el impulso de políticas económicas que están en la base de la migración masiva.

Sin embargo, el diario británico Sunday Express alertó que “más de cuatro mil terroristas del Estado Islámico llegaron a Europa haciéndose pasar por refugiados” (Russia Today, 7 de setiembre de 2015). Según el medio, el destino de buena parte de los supuestos terroristas sería Alemania y Suecia, cuestión que al parecer conocen los servicios de seguridad de los países europeos. La ultraderecha encuentra así un punto de apoyo a sus campañas xenófobas que, con toda seguridad, crecerán en los próximos meses.

NEGOCIOS ARRIBA. “Si somos capaces de integrarlos rápidamente en el mercado laboral, no sólo estaremos ayudando a los refugiados, sino también a nosotros mismos”, dijo el jefe de la poderosa Federación de la Industria Alemana Ulrich Grillo (Business Insider, 7 de setiembre de 2015). El principal patrón alemán es un fuerte partidario de la inmigración ante el creciente envejecimiento de la población europea.

Según un informe de la Unión Europea, citado por el diario italiano La Repubblica, en Europa hay cuatro personas en edad de trabajar por cada jubilado pero en 2050 habrá sólo dos si las cosas no cambian (Pagina 12, 9 de setiembre de 2015). El continente tendrá necesidad de 42 millones de “nuevos ciudadanos que paguen sus impuestos y contribuciones, para que la población anciana pueda seguir cobrando su jubilación y otros beneficios”.

Pero los industriales hacen además otros cálculos. El desempleo en Alemania se encuentra actualmente en su nivel más bajo desde la reunificación, pero se estima que faltan 140.000 ingenieros, programadores y técnicos en la industria, mientas en el sector de la salud el faltante de mano de obra calificada es de unas 40.000 plazas sólo para este año. El think tank Prognos anticipa que “la escasez de trabajadores cualificados se elevará a 1,8 millones en 2020, y hasta 3,9 millones en 2040, si no se hace nada” (Business Insider, 7 de setiembre de 2015).

Antes de contratar y formar a un inmigrante las empresas deben demostrar que no hay candidatos alemanas para ese puesto. Pero una vez tomada la decisión, “quieren una garantía de que un aprendiz que adquieren no será deportado de un día para otro”. El Estado, por su parte, financia el aprendizaje del idioma alemán.

“Las personas que llegan aquí como refugiados deben convertirse rápidamente en nuestros vecinos y nuestros colegas”, dijo el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales Andrea Nahles, cuyo ministerio flexibilizó las reglas para que los extranjeros puedan trabajar como temporarios en prácticas.

Dos tercios de los refugiados son migrantes económicos y sólo el tercio restante provienen de países en guerra: Siria (20 por ciento), Afganistán (7 por ciento) e Iraq (3 por ciento), aunque otras fuentes aseguran que la mitad de los que cruzan el Mediterráneo son sirios (Russia Today, 10 de setiembre de 2015). La inmensa mayoría no son familias sino hombres solos de 18 a 34 años. En ese tramo de edad y género espera reclutar sus nuevos trabajadoras la gran empresa alemana, la más robusta del continente.

Grillo lo dice sin vueltas: “Me distancio muy claramente de los neonazis y de los racistas que se reúnen en Dresde”, dijo a fines del año pasado. “Debido a nuestra evolución demográfica, garantizamos el crecimiento y la prosperidad con la inmigración” (AFP, 23 de diciembre de 2014). Lo que no dice es que los salarios que pagan a los inmigrantes son mucho más bajos que los perciben sus conciudadanos.

Pero la política alemana está despertando recelos en los demás países de la Unión, que no se muestran entusiasmados con las propuestas de abrirse a los migrantes.

La candidata de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, culpó a Alemania por sus políticas que afectarán al conjunto de la Unión Europea. “Alemania está tratando de bajar los salarios y de reclutar esclavos a través de la inmigración masiva”, dijo en Marsella (Russia Today, 7 de setiembre de 2015). Agregó que el país de Merkel “busca gobernar nuestra economía y quiere obligarnos a aceptar cientos de miles de solicitantes de asilo”, dijo Le Pen, adelantando que Francia no abrirá sus puertas a la “miseria del mundo”.

Parece evidente que la cohesión europea será puesta a prueba por la masividad de la inmigración, ya que no todo parecen congeniar con la apuesta alemana y los más siguen temiendo que la fractura social se profundice en la sumatoria de crisis e inmigración.


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Fuente: alainet.org

martes, 15 de septiembre de 2015

La economía verde no salva al capitalismo.



– Desafíos desde los movimientos de justicia ambiental.

Por Ashish Kothari, Federico Demaria y Alberto Acosta*

“El buen vivir (es) una oportunidad para construir otra sociedad sustentada en una convivencia ciudadana en diversidad y armonía con la Naturaleza, a partir del conocimiento de los diversos pueblos culturales existentes en el país y el mundo” José María Tortosa

Ante el empeoramiento de las crisis civilizatoria –social, ecológica y económica- en las últimas décadas han emergido con cada vez más fuerza dos grandes tendencias: la una persigue la justicia ambiental, y la otra, la justicia social. Dos fuerzas, por lo demás, complementarias.

Estas fuerzas enfrentan los enfoques del desarrollo sostenible y la economía verde, que dominarán la próxima cumbre sobre el clima de París, así como la construcción de los objetivos de desarrollo sostenible post-2015. Sabemos que estas tan publicitadas opciones no han logrado ni van a lograr una armonización del crecimiento económico, con el bienestar social y la protección del medio ambiente. Esta es una ecuación por lo demás imposible desde cualquier punto de vista.




Los paradigmas de la ecología política, sustentados en la justicia ambiental y en la justicia social, comprometidos con la vida de la Tierra y de la Humanidad, por el contrario, abogan por cambios estructurales. Desafían el predominio del desarrollo, cuestionando especialmente el crecimiento económico y la irracionalidad de una economía basada en los combustibles fósiles. Enfrentan el capitalismo, cuyas aberraciones sociales y ambientales se han agudizado en su versión extrema: la neoliberal. Simultáneamente proponen una radicalización de la democracia, que no puede reducirse exclusivamente a la democracia representativa.
Los límites de la economía verde

Si nos fijamos en la política ambiental internacional de las últimas cuatro décadas, sus principios renovadores, expuestos en la década de los años setenta, han desaparecido.

Así las cosas, hace poco, el documento final de la Cumbre Río 2012 + 20, “El Futuro Que Queremos”, no identificó las raíces históricas y estructurales de la pobreza, el hambre, la insostenibilidad y la inequidad. No se dice nada de los efectos nocivos derivados de la centralización del poder del Estado, los monopolios capitalistas, el colonialismo, el racismo y el patriarcado. Sin diagnosticar de quién es o a qué se debe esa responsabilidad, es inevitable que cualquier solución propuesta no sea suficiente frente a los graves retos de la crisis civilizatoria que enfrentamos.

Aun más, el informe no reconoce que el crecimiento económico infinito es imposible en un mundo finito. Conceptualiza el capital natural como un “activo económico fundamental”, abriendo aún más las puertas para la mercantilización de la Naturaleza, vía el llamado capitalismo verde. No rechazó el consumismo desenfrenado. Por lo contrario, se puso muchísimo énfasis en los mecanismos de mercado, en la tecnología y simplemente en una mejor gestión como base para los cambios políticos, económicos y sociales que el mundo demanda. Lo que, como es fácil comprender, no rendirá los frutos esperados.

En contraste, una diversidad de movimientos por la justicia ambiental y social, recogiendo conocidas y nuevas visiones del mundo, proponen soluciones eficaces, que necesariamente tendrán que ser estructurales. Estas respuestas forman parte de una larga búsqueda de alternativas de vida fraguadas en el calor de las luchas de la Humanidad por la emancipación y la vida misma en diversas regiones del mundo. A diferencia del desarrollo sostenible, que cree falsamente que puede ser de aplicación universal, estos enfoques alternativos no pueden ser reducidos a un solo modelo. Estas nociones de vida, en consecuencia, son heterogéneas y plurales. Representan posibilidades para una vida en armonía de los seres humanos en la comunidad, de las comunidades con otras comunidades, de individuos y comunidades en y con la Naturaleza.

Incluso el Papa Francisco en la “Encíclica Laudato Si” -al igual que otros líderes religiosos como el Dalai Lama- ha sido explícito en la necesidad de redefinir el progreso:

“Para que surjan nuevos modelos de progreso, necesitamos «cambiar el modelo de desarrollo global», […] No basta conciliar, en un término medio, el cuidado de la naturaleza con la renta financiera, o la preservación del ambiente con el progreso. En este tema los términos medios son sólo una pequeña demora en el derrumbe. Simplemente se trata de redefinir el progreso. […] muchas veces la calidad real de la vida de las personas disminuye –por el deterioro del ambiente, la baja calidad de los mismos productos alimenticios o el agotamiento de algunos recursos– en el contexto de un crecimiento de la economía. En este marco, el discurso del crecimiento sostenible suele convertirse en un recurso diversivo y exculpatorio que absorbe valores del discurso ecologista dentro de la lógica de las finanzas y de la tecnocracia, y la responsabilidad social y ambiental de las empresas suele reducirse a una serie de acciones de marketing e imagen.”

Igualmente explicita es la reciente “Declaración islamica sobre el cambio climatico global”cuando dice:“Reconocemos la descomposición (fas?d) que los humanos han causado en la Tierra debido a nuestra incesante búsqueda del crecimiento económico y el consumo.”

Decepciona la incapacidad o falta de voluntad política de las Naciones Unidas para reconocer los defectos fundamentales del sistema económico y político dominante en la actualidad y para prever una agenda verdaderamente transformadora hacia un futuro sostenible y equitativo. Sin embargo, es entendible. El todo no podrá ser mejor que las partes, sobre todo en una organización representada por gobiernos –en su mayoría- al servicio del capitalismo. A pesar de eso, y conscientes de las limitaciones existentes en este escenario, valoramos que la sociedad civil siga presionando para incidir en la agenda de los objetivos del desarrollo sostenible objetivos de desarrollo sostenible post-2015, imaginando y promoviendo visiones y caminos fundamentalmente alternativos.
Alternativas radicales, alternativas de vida

La crítica no es suficiente. Necesitamos nuestras propias narrativas. Es urgente desmontar el concepto de desarrollo y abrir la puerta a una multiplicidad de ideas y visiones del mundo, sean nuevas o viejas.

En este empeño surgen propuestas -con diversos nombres y variedades que vienen desde los pueblos indígenas de diversas regiones de América del Sur- como el Buen Vivir (sumak kawsay o suma qamaña), una cultura de vida en armonía del ser humano consigo mismo, de los seres humanos en sus comunidades, de las comunidades entre si, y de los seres humanos y sus comunidades con la Naturaleza. El Ubuntu en Sudáfrica, con su énfasis en la reciprocidad humana: “Yo soy porque nosotros somos, y ya que estamos, por lo tanto yo soy”. De la democracia radical ecológica oswaraj ecológico en la India, con su enfoque en la autonomía y el autogobierno. Y por cierto, del decrecimiento que propone la posibilidad de poder vivir bien con menos y en equidad en todo el mundo, sin sostener los privilegios de pocos grupos humanos.

Estas visiones del mundo difieren marcadamente de la noción actual de l tradicional concepto del progreso y del desarrollo, tanto como del crecimiento económico . Proponen en su lugar la noción del buen vivir o vivir bien, que no puede ser confundido con ladolce vitade unos pocos a costa del sacrificio de la mayoría y de la Naturaleza. Estas opciones de vida pueden tener elementos diferentes, pero expresan valores fundamentales, valores comunes, como la solidaridad, la armonía, la reciprocidad, la relacionalidad, la diversidad, la integralidad y la unidad con la naturaleza.

Existen valores, experiencias, pero sobre todo miles de iniciativas que ponen en práctica elementos de lo que podría ser dicha gran transformación socio-ecológica. Podríamos mencionar la recuperación de los territorios indígenas y de las formas de vida ancestrales en América; los movimientos zapatista y kurdo por el autogobierno; las múltiples y diversas formas de economía solidaria y popular, como son las cooperativas de productores y consumidores; las ciudades en transición y sus propuestas para construir un Buen Vivir urbano; las monedas comunitarias como opciones de emancipación del centralismo econominicista; el manejo comunitario de la tierra, el agua y los bosques; los movimientos de democracia directa en América Latina y en el sur de Asia; la agricultura (agro)ecológica y la construcción de sistemas de energía renovable descentralizada en todo el mundo, entre otros.

Muchos de estos proyectos forman una base para la política de transformación concreta como el que pudo haber impulsado SYRIZA en Grecia o que podría alentar sobre todo desde los gobiernos autónomos descentralizados PODEMOS en España. Son elementos de un proyecto revigorizado, de abajo hacia arriba, sustentado en la solidaridad comunitaria, en la redistribución de la riqueza y en la desmercantilización de los bienes comunes y de la Naturaleza, empezando por el agua. Estos elementos configuran la base para construir una alternativa al perverso plan de austeridad neoliberal e inclusive al plan de crecimiento keynesiano.

Seguir por la senda capitalista agudizará crisis multifacética y sistémica. Las respuestas planteadas desde el poder, como las de la economía verde, no solo que no brindan soluciones reales, sino que agudizan los problemas. Por lo que como no puede ser de otra forma, la gente en todas partes de la Tierra se resistirá y seguirá construyendo alternativas válidas. De allí surgirá la gran transformación, con la que, por su potencial político movilizador, podremos dar vuelta la página definitivamente.

En síntesis, es imperioso disolver el tradicional concepto del progreso en su deriva productivista-consumista-extractivista y del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo con su visión mecanicista de crecimiento económico. Por eso precisamos alternativas al capitalismo, que aunque parezcan hoy un sueño imposible, deberán servir de base para construir democráticamente una civilización democrática.


Nota sobre los autores:

– Ashish Kothari es miembro de Kalpavriksh (Pune, India) y co-autor de “ Churning the Earth ” (Penguin, 2012).

– Federico Demaria es miembro de Research & Degrowth , investigador del ICTA de la UAB(Barcelona, España) y co-editor de “ Decrecimiento: vocabulario para una Nueva Era ” (Icaria, 2015).

Alberto Acosta es investigador de la Flacso (Quito, Ecuador), expresidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008) y autor de muchos libros, como “ El Buen Vivir ” (Icaria, 2013).

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Fuente: Rebelión. Tomado de The Guardian: http://www.theguardian.com/sustainable-business/2015/jul/21/capitalism-alternatives-sustainable-development-failing?CMP=share_btn_tw (Este artículo ha sido traducido al inglés, francés, turco, polaco, italiano…)

Fuente: Servindi

lunes, 14 de septiembre de 2015

Decálogo para la solidaridad con las personas refugiadas.


CEAR

1.- El derecho de asilo es un derecho humano regulado en la normativa internacional. España y los países de la Unión Europea han firmado las convenciones y tratados que les obligan a acoger y brindar protección a las personas necesitadas de protección internacional. La atención y la acogida de las mismas es una obligación de los Estados en cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de asilo, no un acto de voluntad altruista. Las iniciativas solidarias y la voluntad de actuar desde el impulso de la ciudadanía ante esta situación no debe ser una excusa de los Estados para incumplir sus compromisos y obligaciones ni de detraer los recursos que deben aportar.

2.- Que la lógica humanitaria del sufrimiento y la emoción no sustituya a la lógica de la justicia y los derechos. Las personas refugiadas huyen de la violencia y la persecución y tienen derecho a recibir una adecuada protección y una acogida digna. La protección de las personas refugiadas es un derecho y una obligación contemplada en los tratados internacionales y europeos de derechos humanos, no una dádiva voluntaria o altruista, sino una forma de que todas y todos tengamos derechos. El derecho de asilo es un derecho humano universal que todos tenemos y que es inseparable de otros derechos como el derecho a una vivienda digna, a un trabajo, a una educación, a la salud, a la integridad física y psíquica.

3- Es momento de que cuestionemos el enfoque de las políticas de migración y asilo, así como la fortificación de una Europa que parece haber olvidado la base de la solidaridad y del respeto a los derechos humanos sobre el que fue construida. Es momento de que actuemos exigiendo a los responsables políticos que cumplan con sus obligaciones de acogida y protección de las personas refugiadas así como la creación de espacios de diálogo entre las administraciones públicas competentes y las organizaciones sociales especializadas para buscar soluciones conjuntas a esta situación.

4.- Partamos de lo existente y no construyamos desde cero. Ante una situación de emergencia como la actual, es imprescindible que el trabajo con las personas refugiadas se sustente sobre el principio de acción sin daño, desde un trabajo coordinado, basado en la experiencia, lecciones aprendidas y conocimiento técnico de la red de acogida que funciona en España desde hace más de 30 años y sin que la urgencia del momento se caracterice por intervenciones que contrariamente a lo que se espera, ahonden en la situación de vulnerabilidad de las personas. Es importante reforzar la red de acogida existente y posibilitar que la sociedad civil se implique uniendo esfuerzos y evitando que se generen acciones paralelas.

5.-Debemos huir del asistencialismo y articular respuestas conjuntas desde las administraciones, las organizaciones sociales y la ciudadanía comprometida. La respuesta estará orientada a favorecer una atención integral y fomentar la autonomía de las personas refugiadas y se buscarán modelos de acción social inclusivos que permitan coordinar la respuesta.

El objetivo de la acogida no es solo dotar de solución habitacional a las personas, sino atender de forma integral y especializada: existen necesidades de atención psicológica derivadas de la persecución, la violencia y dificultades vividas en el lugar de origen y/o en el trayecto de huida. Concurren necesidades de asistencia jurídica para el acceso al procedimiento de solicitud de asilo y el seguimiento del proceso hasta el reconocimiento del derecho. La elaboración de itinerarios integrales de inserción para poner a disposición las herramientas necesarias para el aprendizaje del idioma, formación, acompañamiento en el acceso a formas de consecución de medios de vida, etc. Es necesario que las personas acogidas dispongan de una red de atención social especializada y con conocimiento en esta materia que generen un proceso de trabajo conjunto orientado a la consecución de soluciones duraderas a la situación de desplazamiento forzado.

6.- Este proceso debe ir acompañado por un trabajo de monitoreo y seguimiento del cumplimiento de las obligaciones que tiene España y la Unión Europea con las personas refugiadas, de modo que permita avanzar en la defensa del Derecho de Asilo denunciando los incumplimientos de la normativa internacional, europea y nacional.

7- No podemos olvidar la necesidad de entender y tomar conciencia sobre qué es el desplazamiento forzado en el mundo, su origen y causas, dimensión y herramientas para abordar la atención a personas que se encuentran en búsqueda de protección internacional, sin ahondar en la victimización ni el dolor generado por la huida y la persecución. Un sistema de acogida integral debe incorporar un eje de trabajo en materia de sensibilización sobre la cuestión dirigido, no solo a la ciudadanía en general, sino al resto de agentes clave que trabajan con las personas refugiadas: funcionarios y trabajadores públicos de servicios sociales, sanitarios, educativos, judiciales, laborales, etc.

8.- Es necesario articular vías para la participación de la ciudadanía de modo organizado y coordinado asegurando una metodología de trabajo que asegure la dignidad, el bienestar y la autonomía de las personas refugiadas. Han de incorporarse mecanismos de participación, retroalimentación y acompañamiento que eviten, al mismo tiempo, que se genere desánimo o decepción de los ciudadanos y ciudadanas por no poder encauzar su deseo de dar una respuesta solidaria a la situación de estas personas.

9.- Las muestras de solidaridad deben orientarse hacia el acompañamiento a las personas refugiadas y la cooperación en sus procesos de incorporación a la vida
social cotidiana, una solidaridad de proximidad: acompañar a los recursos para que se conozcan y se sepa cómo actuar en ellos, redes de encuentro interpersonal, espacios de ocio y convivencia, acogida entre pares en la escuela, etc. siempre partiendo de la premisa de que la solidaridad no es un acto de caridad, sino de transformación social. La cobertura puntual de necesidades materiales básicas (vivienda, comida…) ha de ir acompañada por procesos que impulsen la autonomía de las personas refugiadas haciéndolas participes y protagonistas de su propio proceso.

10.- Existen asociaciones y redes de personas refugiadas y migrantes que han servido para fortalecer y empoderar a las personas en búsqueda de protección internacional. La cooperación con estas asociaciones, las redes de apoyo mutuo, el fomento del asociacionismo y el empoderamiento de las personas acogidas debe ser una de las líneas de trabajo para superar también los modelos de carácter más asistencialista y trabajar desde un enfoque de restitución de derechos.