martes, 16 de febrero de 2016

Cinco guerreras se unen para encontrar el Herceptin de sus quimioterapias.


“Nos han mencionado distintas personalidades en Twitter, muchas más de mil cuentas. Le escribí al Presidente Nicolás Maduro y a los parlamentarios (…) Estamos en programas de radio y en el noticiero de Televen, pero a pesar de todo aún no hemos conseguido el primer donante”, señala Yasmari Bello. Junto a Anna María, Leidimar Pereira, Chati y otra paciente con cáncer de mama que prefirió mantenerse en el anonimato, iniciaron el viernes 5 de febrero una campaña mediática en búsqueda de Herceptin, medicamento indicado para sus tratamientos de quimioterapia.


Bello, de 39 años, señala que decidieron emprender la acción ese día porque se cumplían tres semanas desde que la Farmacia de Alto Costo del Seguro Social ubicada en Los Ruices, Caracas, no les facilitaba el fármaco, que tampoco se encontraba en otros establecimientos especializados como Badan. “En mi última quimio recibí una donación de una paciente y el doctor me advirtió que fuera buscando el próximo porque había quienes se le estaba suspendiendo el tratamiento pues no contaban con el Herceptin”, indica Yasmari.
En un año Yasmari necesita cerca de 18 dosis de Herceptin y en Colombia, por ejemplo, tan solo una se acerca a los 3 mil dólares. “Para mí, que soy profesional y he trabajado toda mi vida es imposible pagar eso”, señala con impotencia. Además, asegura que prefiere ser tratada aquí en su país, por sus médicos que han llevado su caso desde el principio.
A ella le corresponde la quimio cada 21 días porque es la última parte del tratamiento, pero hay pacientes que incluso deben recibirla una vez por semana.  “Ya yo pasé por una masectomía, radioterapia, me faltan 6 meses de quimio y continuar con la quimio oral por 5 años. Lo cierto es que estoy superando el cáncer, pero si paro el medicamento puedo recaer”, comenta con pesar. Yasmari teme que dos años de batalla ininterrumpida y teme que  se vayan por la borda y el cáncer vuelva a su cuerpo. Comenta que ha sufrido físicamente los efectos secundarios: vómitos, mareos, pérdida de uñas y cabello, hemorragias, dolores, moretones, además ha pasado por infinidad de exámenes de sangre y de otros tipos, ha tenido que soportar los efectos psicológicos de decaimiento y depresión, pero a pesar de todo intenta mantenerse positiva.
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Anna María y otras pacientes, en cambio, siquiera han podido recibir la primera sesión a falta de la medicación. “A ella le tocaba el 4 de febrero y la perdió, y a otra esta semana y tampoco podrá empezar”, comenta Bello. No comenzar las quimio, es igual de grave que pararla a mitad de camino, según indican los médicos.
Entregada a los demás
Mucho antes de saber que padecía la enfermedad, Yasmari fue voluntaria para levantar los ánimos de los pequeños en la unidad de oncología del J.M de los Ríos. Por años los alentó disfrazada de payaso o a través de sus charlas motivacionales, pero nunca imaginó que luego sería ella quien atravesaría esa situación. “Soy amiga de todos los niños del hospital y ahora es mi turno”, dice pensativa. Ella trabaja en Toyota y debido a la enfermedad lo hace medio tiempo y desde casa. Ha aprovechado el tiempo para realizar meditaciones, yoga y actividades físicas que le permitan relajarse y crecer espiritualmente.

“La gente me vi sin pelo y se motiva a continuar. Me gusta ayudar incluso a quienes no están enfermos para advertirles que el estrés no los lleva a nada bueno”, apunta. Actualmente, sirve de sostén de muchas de sus compañeras que la llaman llorando y ella les intenta dar consuelo. “El cáncer no nos puede vencer, pero tampoco se puede esperar”, subraya. Es por ello que se queja de tener que estar mendigando los medicamentos en el Seguro Social.
La situación país tampoco ayiuda. “No es sano para nosotras tener que hacer colas para cocinar e ir a farmacias y que no consigamos ni lo básico. A mí me han traído del extranjero sueros, antivomitivos, gasas, etc”, señala. Además, recuerda que en una oportunidad el año pasado la clínica le prestó parte de la medicación porque en la Farmacia del IVSS le dieron fármacos sin registro sanitario y próximos a vencerse, lo que alertó a su médico. Ahora sería imposible porque no se hallan en ningún otro lugar.
El ánimo de Yasmari es contagioso. Dice que parte importante de su recuperación se debe al apoyo de su familia, de sus amigos y de su pareja. “No nos hemos casado por vanidad mía, no quería hacerlo sin cabello”, añade sonriente. Recomienda a todos los enfermos que pasan por esta situación buscar el apoyo de sus seres queridos y tener una actitud positiva y proactiva. “Ponerse en las manos de Dios y de los médicos”, aconseja.
Crisis humanitaria
El 26 de enero de este año, la Asamblea Nacional decretó una crisis humanitaria por el tema de los medicamentos. En teoría, esta medida facilita que organizaciones no gubernamentales internacionales como la Cruz Rojapuedan gestionar la donación de fármacos desde otras latitudes. Hasta la fecha se desconoce de algún trato, en parte porque desde el Ejecutivo no se le ha hecho eco de esta declaración. Desde el Ministerio para la Salud no se han pronunciado públicamente al respecto y el presidente del Instito de Seguros Sociales, Carlos Rotondaro, aseguró en reunión con Ongs que aún el estatus del abastecimiento de medicamentos estaba en “amarillo”. Federaciones del gremio farmacéutico calculan que para esta época falta un 80% de los fármacos.

lunes, 15 de febrero de 2016

La santidad de resistir con aguante.


Eduardo de la Serna
Adital


Aporte a la espiritualidad de la resistencia

El pueblo de Dios, a lo largo de su historia, padeció muy diferentes situaciones. La confianza en Dios guiaba a los autores de los escritos sagrados, pero los momentos históricos ponían más de una vez en crisis esa fe.

El ejemplo más evidente, por lo dramático, es el comenzado a poco de comenzar el sometimiento bajo los Seléucidas griegos. La confianza de que Dios premia al bueno y castiga al malo (teología de la retribución) ya había sido puesta en crisis por el Qohelet y, más dramáticamente aún, por el libro de Job. Pero esa crisis no significaba que hubiera una respuesta. Podríamos decir que muchos tenían claro la insatisfacción de la teología tradicional pero no había, aún, propuestas novedosas.

La persecución – especialmente por parte de Antíoco IV, Epífanes (año 168 a.C.) terminó de derrumbar la pertinencia de esta teología. Lo que cualquiera podía experimentar era que a los malos les iba bien, y a los justos no solamente les iba mal, sino que incluso eran asesinados. ¿Y Dios?, ¿no va a decir nada? Nace aquí en algunos círculos un nuevo aporte teológico: la esperanza en la resurrección (entendida en un primer momento como "revivificación”). Pero se crea o no en esto, los sectores religiosos sostienen la importancia de mantener la fidelidad, sea con la expectativa personal de resucitar, o sea como la convicción de que el pueblo de Dios resistirá, sabrá resurgir.

El libro apócrifo conocido como 4 Macabeos insiste particularmente en esto tomando el ejemplo que se encuentra en el libro deuterocanónico 2º Macabeos al referir al anciano Eleazar y a la madre y sus siete hijos. La palabra que subyace es la piedad (eusebéia) que lleva a estos grandes testigos a "perseverar” (hypomonê): "promovieron el derrocamiento de la tiranía en nuestra nación al vencer al tirano con su perseverancia, de modo que nuestra patria fue purificada por ellos” (1,11). "Tu arrogante y tiránico propósito es vencido por nuestra resistencia a causa de la piedad” (dià tên eusebeían êmôn hypomonês, 9,30). Con terminología ciertamente machista se dirige a la madre diciendo: "madre de nuestro pueblo, valedora (ekdiké) de la ley, defensora de la piedad (eusebeía), vencedora de tu batalla interior (splagjnôn). ¡Oh mujer más noble que los varones (arrenôn) en fortaleza y más viril que los varones (andrón) en resistencia (hypomonên)!” (15,30). "Madre piadosa (hyeropsyjê [única vez en LXX]), tienes en Dios la esperanza (elpida) firme de tu perseverancia!” (17,4). La clave, como dijimos radica en la eusebeía, "piedad”, es término fundamental en 4 Macabeos (x46 de los x72 de toda la Biblia, x15 en el NT, x1 en Hch, x4 en 2 Pe y x10 en las cartas Pastorales, como puede verse es un término tardío en el NT).

Es interesante que en medio de las dificultades (thlypsis), persecución y martirio esta piedad se manifiesta es la perseverancia. El término también se traduce como resistencia, aguante, paciencia y hasta también esperanza. En los evangelios sólo lo encontramos (x2) en Lucas (8,15; 21,19).

En Pablo es una característica de la esperanza (1 Tes 1,3). En la segunda carta a los Corintios, donde Pablo quiere mostrarse como un "apóstol crucificado” para mostrar su asimilación a Jesús y su mensaje tres veces insiste en el aguante en las dificultades (1,6; 6,4; 12,12) mostrándolo como característica del apóstol (sin dudas en contraste con los infiltrados que se exaltan a sí mismos y se aprovechan de la comunidad y sus bienes). Las dificultades padecidas las ha vivido con "aguante”, como repite en Romanos (2,7; 5,3.4; 15,4.5), la "salvación es en esperanza… y esperar lo que no vemos es aguardar con paciencia” (hypomonê, 8,24-25).

Del mismo modo es una característica de los tiempos finales para los discípulos de Pablo (Col 1,11; 1 Tim 6,11; 2 Tim 3,10; Tit 2,2; cf. 2 Tes 1,4; 3,5). De un modo semejante lo utiliza el autor de la carta a los Hebreos (10,36; 12,1; cf. Sgo 1,3.4; 5,11) y – también uniéndola a la "piedad” el autor de 2 Pedro (1,6).
Pero – como era de esperar – el término adquiere una particular densidad en el libro del Apocalipsis (x7).
El autor afirma compartir con los destinatarios las "tribulaciones y el reino y la resistencia” (en tê thlipsei kaì basileia kaì hypomonê; 1,9). En las siete cartas a las Iglesias a tres de ellas las felicita (aunque tenga a su vez otras críticas) por su hypomonê, resistencia en la dificultad (2,2.3.19; 3,10): en la primera (Éfeso) le dice una serie de cualidades pero repite la "paciencia” hasta "sufrir sin desfallecer”; en la segunda (Tiatira, cuarta iglesia) también destaca una serie de cualidades (en estos casos son sus "obras”, erga, en este caso obras que sobrepasan las primeras [en Éfeso, en cambio, le pide volver a su "obra” primera]); en la tercera (sexta iglesia, Filadelfia) donde también conoce su "erga”, obras. Aquí repite que "ya que has guardado mi recomendación de ser paciente (hypomonê) también yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra”.
Como se ve, en las situaciones de conflicto que le tocan vivir a las comunidades, el autor rescata como obra principal (o una de ellas) la resistencia de la comunidad.

Ya en el cuerpo del texto, el Dragón (= el Diablo, como es frecuente en la literatura apocalíptica) da autoridad para obrar en su nombre a la Bestia (= el imperio romano). Este perseguirá a los cristianos, y muchos morirán en la cárcel o a espada, "aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos” (13,10). Dios tomará partido claro contra los que adoran a la Bestia (= los participantes en el culto al emperador) y serán atormentados. Nuevamente repite que se requiere "la paciencia de los santos, de los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (14,12).

El término "santo/s” es importante en el Apocalipsis (x25). Se refiere a Cristo (3,7; 4,8 [citando Is 6,3] 6,10; a los ángeles (14,10), la "ciudad santa” (11,2) y sobre todo la comunidad fiel. Fiel en sus oraciones (5,8; 8,3), sus buenas obras (19,8) y su sangre derramada por el Imperio (16,6; 17,6; 18,24). Los santos participan de la santidad de Jesús, asociados a su muerte participan de su resurrección. Ante el sufrimiento y la muerte lo que los caracteriza es – precisamente – la paciencia, la resistencia (a veces asociada a grandeza, paciencia, makrothymía, cf. Col 1,11).

Partiendo de todo esto podríamos destacar que la resistencia propiamente dicha no es necesariamente virtuosa. Podemos aludir a la "resistencia de los materiales”, por ejemplo y aludir a una simple cualidad física. O psicológica. La tozudez puede no solamente no ser virtuosa sino incluso ser un defecto preocupante. Y necio.

La resistencia pasa a engrosar la lista de las grandes obras cuando lo que la causa es a su vez grande: la piedad, las obras de los santos… O también resistir a lo que se opone al plan de Dios.
"La gloria de Dios es que el pobre viva” repetía mons. Romero parafraseando a san Ireneo. Dios vive en los últimos de la historia hasta el punto de hacer de ellos "vicarios de Cristo”. El pobre es un sacramento vivo de Cristo, y es a Él a quien se hizo o dejó de hacer el bien ayudando o desentendiéndose de su situación.

La situación de los pobres en nuestra comunidad, en nuestra Patria es el criterio fundamental, el "test” de fidelidad al Evangelio. Y la resistencia junto a ellos, en especial cuando todo parece indicar que el mundo entero se desinteresa de su suerte, es evangelio vivo, especialmente cuando también en este aguante los seguidores de Jesús padecen persecución, crítica o calumnia. Es resistir con aguante junto a los pobres, junto a Cristo. Se trata de la cruz, la de Cristo, la de los crucificados de la historia, y también la de la calumnia y la persecución.

Cuando lo que provoca esta "resistencia” es la fe, bíblicamente se habla de firmeza, de poner la confianza en el Dios de la vida y la historia. Es en Dios que se afirma la existencia, y es en favor de los hermanos y hermanas que tiene sentido la resistencia y el aguante.

Cuando la idolatría del Dios dinero lleva a desentenderse de los pobres, los excluidos, los débiles es la confianza en Dios la que mueve a una resistencia comprometida. Es el sufrimiento de los crucificados el que compromete en el aguante. Son los pobres los vicarios de Cristo, y es a él a quien se hace o deja de hacer lo hecho a los "pequeños hermanos”. Es Jesús, es el pobre el que hace que "resistir con aguante” sea santo. Sea de los santos.

Pero queda todavía un paso más. Esa "vida creyente”, esa resistencia en muchas ocasiones parece inhumana o imposible. El testimonio de los mártires es buen ejemplo de ello. El "teólogo del Espíritu”, que es Pablo, nos da un aporte fundamental. En una de sus clásicas "cadenas” afirma que
"nos jactamos (kaujáomai) hasta en las tribulaciones (thlypsis), sabiendo que la tribulación engendra la paciencia (hypomonê); la paciencia, virtud probada (dokimê); la virtud probada, esperanza (elpís), y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”. (Rm 5:3-5).

Y más adelante insiste:

"de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios”. (8:26-27).

El espíritu se manifiesta en contraste con la debilidad (astheneía). Es sabido que el "espíritu” es la fuerza que viene de Dios para sostener (synantilambanô, venir en nuestra ayuda, se hace cargo de nuestra debilidad, el camino de los llamados a seguir su voluntad y sus caminos. Con nuestras capacidades ni siquiera sabemos cómo pedir (proseújomai), de allí que el espíritu intercede (hyperentugjanei, única vez en la Biblia) con "gemidos” (la otra vez que se encuentra en el NT – Hch 7,34 – traduce el término "clamores” (cf. Ex 2,24; 6,5). Estos gemidos no son la voz de un bebé, sino los gritos del dolor, la opresión y el sufrimiento y por eso son "inexpresables” (alálêtos, también única vez en la Biblia, literalmente: "sin palabras”). Pero por eso es que Dios "no puede” permanecer indiferente ante el "clamor”.

El verbo "investigar / sondear / escrutar” (eraunáô) no es muy frecuente en la Biblia (x6) y suele referirse a la voluntad de Dios. En este caso, "el que escruta los corazones” (= Dios) conoce las aspiraciones íntimas del espíritu. "Conocer / tender” (frónêma) es también poco frecuente (x2 en 2 Mac y x4 en Romanos) aunque depende hacia dónde se tienda (la carne o el espíritu, 8,6). En este caso se refiere a tender hacia el espíritu, por lo que la "intercesión” (entugjanô) es "según (kata) Dios” y "en favor (hyper) de los santos” (es decir, los miembros del pueblo de Dios). El espíritu, don por excelencia de Dios para los tiempos nuevos, nos hace tender en sentido contrario a lo que nos separa de Dios; por el contrario, nos hace tender a la vida, interceder coherentemente con la voluntad de Dios. Es el espíritu el que nos permite "resistir” en medio de las dificultades. Dios siempre es Dios de vida. Esa resistencia es virtuosa porque mira y busca la voluntad de Dios (= el reino), y es posible "por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.


Fuente: Adital

Eduardo de la Serna

Cura argentino, coordinador del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres.
https://www.facebook.com/GrupodeCuraseOPP/?fref=ts

domingo, 14 de febrero de 2016

Asegurar derechos indígenas garantiza éxito en mitigación climática.

Indígena Venezuela/foto: la jornada

Los socios y colaboradores de la coalición internacional Iniciativa para los Derechos y Recursos (RRI) reafirmaron que la seguridad de derechos para los pueblos indígenas y las comunidades locales es un principio fundamental para el éxito de cualquier estrategia de mitigación del cambio climático.

En tal sentido la RRI llamó a establecer alianzas de trabajo más sólidas con estas poblaciones locales, durante la vigésimo primera sesión de la Conferencia de las Partes de la CMNUCC (COP 21), celebrada en París.

Los donantes, gobiernos, inversionistas y organizaciones internacionales presentes aceptaron ampliamente que la seguridad de derechos a la tierra para los pueblos indígenas y las comunidades locales es una estrategia eficaz para la mitigación del cambio climático.

Asimismo, respaldaron la realización de diversas actividades y mesas redondas, en las cuales se destacaron una variedad sin precedentes de nuevas herramientas y estrategias dirigidas a garantizar los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades.

En ellas se incluye a la plataforma LandMark, el Fondo Internacional sobre Tenencia de la Tierra y los Bosques, el Llamamiento Mundial a la Acción sobre los Derechos a la Tierra de los Pueblos Indígenas y las Comunidades, las directrices para empresas del Grupo Interlaken y una serie de productos de Sistemas TMP, desarrollados para ayudar a los inversionistas a gestionar los riesgos relativos a la tenencia.

Una enorme deuda territorial

Investigaciones que la RRI realizó en 2015 revelaron que a pesar de que los pueblos indígenas viven en el 50 por ciento de la superficie terrestre, únicamente se reconoce el 10 por ciento de las tierras en el ámbito mundial como propiedad comunitaria.

Durante el 2016 RRI anunció que continuará promoviendo iniciativas e instituciones para ayudar a salvar la brecha existente entre la extensión de tierras en manos de las comunidades en la práctica y el área en las que los gobiernos reconocen esos derechos.

En tal sentido la RRI se ha fijado una nueva meta: salvar la brecha existente en cuanto al reconocimiento, a fin de que al menos el 50 por ciento de los bosques del mundo en desarrollo estén formalmente bajo el control comunitario para el año 2030.

El compromiso de RRI

La Iniciativa para los Derechos y Recursos (RRI) apoya a los pueblos indígenas y comunidades locales que habitan en los bosques y otras áreas rurales de los países en vías de desarrollo, ayudándolos a garantizar y obtener los derechos de posesión, control y beneficio sobre los recursos naturales que han utilizado por generaciones.

La misión de la RRI es apoyar a las comunidades locales y pueblos indígenas en sus luchas contra la pobreza y la marginación, mediante la promoción de un mayor compromiso y acción global con las reformas políticas, legales y de mercado que garanticen sus derechos a poseer, controlar y beneficiarse de los recursos naturales, especialmente de la tierra y los bosques.


Fuente: Servindi

sábado, 13 de febrero de 2016

Antoine de Saint-Exupéry, la vida del espíritu y la ética de la Tierra.



Leonardo Boff

Si es verdad que los trastornos climáticos son antropogénicos, es decir, tienen su génesis en los comportamientos irresponsables de los seres humanos (menos de los pobres y mucho más de las grandes corporaciones industriales), entonces es claro que la cuestión es antes ética que científica. Es decir, la calidad de nuestras relaciones con la naturaleza y con la Casa Común no eran y no son adecuadas y buenas.al Papa Francisco en su inspiradora encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la Casa Común (2015): “Nunca maltratamos y herimos nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos… Esas situaciones provocan los gemidos de la hermana Tierra, que se unen a los gemidos de los abandonados del mundo, con un clamor que reclama de nosotros otro rumbo” (n.53).

Ese otro rumbo implica, urgentemente, una ética regeneradora de la Tierra. Esta ética debe estar fundadamentada en algunos principios universales, comprensibles y practicables por todos. Es el cuidado esencial, que es una relación amorosa con la naturaleza; es el respeto por cada ser porque tiene un valor en sí mismo; es la responsabilidad compartida por todos acerca del futuro común de la Tierra y de la humanidad; es la solidaridad universal por la cual nos ayudamos mutuamente; y, por último, es la compasión por la cual hacemos nuestros los dolores de los otros y de la propia naturaleza.

Esta ética de la Tierra debe devolverle la vitalidad vulnerada a fin de que pueda continuar regalándonos todo lo que nos ha regalado siempre durante todos los tiempos de nuestra existencia sobre este planeta.

Pero no es suficiente una ética de la Tierra. Necesitamos acompañarla de una espiritualidad. Esta hunde sus raíces en la razón cordial y sensible. De ahí nos viene la pasión por el cuidado y un compromiso serio de amor, de responsabilidad y de compasión con la Casa Común.

El conocido y siempre apreciado Antoine de Saint-Exupéry, en un texto póstumo escrito en 1943, Carta al General “X”, afirma con gran énfasis: “No hay sino un problema, solamente uno: redescubrir que hay una vida del espíritu que es aún más alta que la vida de la inteligencia, la única que puede satisfacer al ser humano” (Macondo Libri 2015, p. 31).

Otro texto, escrito en 1936, cuando era corresponsal de “Paris Soir” durante la guerra civil española, lleva como t “Es preciso dar un sentido a la vida”. En él retoma el tema de la vida del espíritu. Para eso, afirma, “necesitamos entendernos recíprocamente; el ser humano solamente se realiza junto con otros seres humanos, en el amor y en la amistad; sin embargo, los seres humanos no se unen aproximándose los unos a los otros, sino fundiéndose en la misma divinidad. Tenemos sed, en un mundo convertido en desierto, sed de encontrar compañeros con los cuales compartir el pan” (Macondo Libri 2015, p.20). Y termina la Carta al General “X”: “Tenemos tanta necesidad de un Dios” (op.cit. 36).

Efectivamente, sólo la vida del espíritu satisface plenamente al ser humano. Ella es un bello sinónimo para espiritualidad, a veces identificada o confundida con religiosidad. La vida del espíritu es más, es un dato originario de nuestra dimensión profunda, un dato antropológico como la inteligencia y la voluntad, algo que pertenece a nuestra esencia.

Sabemos cuidar de la vida del cuerpo, hoy un verdadero culto celebrado en tantas academias de gimnasia. Los psicoanalistas de varias tendencias nos ayudan a cuidar de la vida de la psique, de cómo equilibrar nuestras pulsiones, los ángeles y demonios que nos habitan, para llevar una vida con relativo equilibrio.

Pero en nuestra cultura prácticamente olvidamos cultivar la vida del espíritu que es nuestra dimensión más radical, donde se albergan las grandes preguntas, se anidan los sueños más osados y se elaboran las utopías más generosas. La vida del espíritu se alimenta de bienes no tangibles como el amor, la amistad, la compasión, el cuidado y la apertura al infinito. Sin la vida del espíritu divagamos por ahí, desenraizados y sin un sentido que nos orienta y que hace la vida apetecible.

Una ética de la Tierra no se sustenta sola por mucho tiempo sin ese supplément d’âme que es la vida del espíritu. Ella nos convoca a lo alto y a acciones salvadoras y regeneradoras de la Madre Tierra. Ética y vida del espíritu son dos hermanas gemelas inseparables.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y escribió Saber cuidar: ética de lo humano-compasión por la Tierra, Vozes 1999.

viernes, 12 de febrero de 2016

La Cuaresma.



Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Los tiempos litúrgicos no son períodos estancos, que celebramos una vez al año, y se suceden uno tras de otro, con experiencias que ya no se repetirán. Esos períodos nos sirven para resaltar experiencias y vivencias existenciales que son, generalmente, frecuentes en la vida, que no avisan, y que no tienen reservado tiempo, cronológico o climatológico, en que esas experiencias sean más probables. Para entender muy fácilmente lo que quiero decir, es importante distinguir dos niveles en la vivencias existenciales:

1º, el nivel de la realidad. Por ejemplo, en ésta, la realidad, la experiencia del dolor, del fracaso, de la limitación, de la insatisfacción, sucede cuando llega, no tiene ni fechas, a no ser que sean el recuerdo de algo que ya sucedió con fecha y hasta hora, ni épocas. Pasa cuando pasa, por motivos y causas que pueden, o no, directa o indirectamente, tener relación con el sujeto que la padece.

2º, el nivel de la celebración. Éste sí, lo escoge la actividad humana. La alegría desbocada, la farra y el desenfreno puede suceder en multitud de ocasiones y de variables, pero los hombres nos ponemos de acuerdo para celebrarlos, por ejemplo, en los días previos al inicio de la cuaresma, en el carnaval. Lo mismo sucede con el nivel celebrativo de lo que he recordado en el párrafo anterior: el dolor, la enfermedad, el fracaso, la muerte, puede suceder en cualquier momento, pero lo celebramos, y ahora entramos en el ámbito de la Liturgia cristiana en un tiempo concreto, que llamamos la Cuaresma.

Cada tiempo litúrgico celebra una experiencia humana relevante, que a todos los seres humanos les llegará algún día. Así, afirmamos que en el Adviento celebramos el paso del tiempo, que nos empuja a determinados momentos, convertidos muchas veces en objetivos, como el acabar la carrera, el casarse, el comprar una casa, etc. Así como también el modo humano, profundamente variable de “pasar el tiempo”. En las parroquias que me han tocado en mi vida pastoral, desde que me ordené, hace ya 48 años, excepto una vez, en que no lo hice, siempre, con esa excepción, el primer Domingo de Adviento les cito la obra teatral de Samuel Beckett, “Esperando a Godot”, que nos ayuda a caer en la cuenta de lo que celebramos más profundamente en ese tiempo litúrgico, y que no es simplemente, como a veces afirmamos ingenuamente una preparación de la Navidad, sino un ejercicio consciente, meditado e iluminado por la Palabra de Dios, sobre nuestra manera de pasar el tiempo, y de esperar algún acontecimiento decisivo para nuestra vida. Entre otras cosas nos ayudará a discernir si perdemos o no el tiempo, como los que esperan desgraciadamente a Godot.

Siempre hemos oído que la Cuaresma es, mientras esperamos la Pascua, una seria reflexión sobre el dolor, el desasosiego, la incertidumbre, el fracaso, la vejez, la muerte. Evidentemente, sin el necesario y maravilloso contrapeso de la Pascua, el ejercicio cuaresmal sería inocuo y contraproducente. Pero el peligro es, como ha sucedido hasta nuestros días, exactamente hasta el Concilio Vaticano II, que el modo, las formas y tradiciones de celebrar la Cuaresma ha desviado la atención, del foco principal, a lo secundario y anecdótico. Todavía hay curas que el domingo pasado, informando de la celebración del miércoles de ceniza, alertaban a sus fieles de los detalles del cumplimiento del ayuno y la abstinencia, en un desprecio del Concilio, o en una actitud inconsciente y desinformada. Yo prefiero esta segunda alternativa.

Evidentemente, como me decía un feligrés, buena persona, pero burguesón y vividor él, con un cinismo soportable, porque era entre amigos, con aquello del asco, que se produce cuando abunda la confianza, pues me reconocía: “Me encanta la abstinencia de los viernes de Cuaresma, que mi abuela y mi madre lo ampliaban a todos los viernes del año, porque así teníamos un motivo magnífico para comer una buena merluza de pincho con almejas, y, en los buenos tiempos, una cazuela de angulas”. Por lo menos, aunque fuera cínicamente, ese antiguo amigo tomaba conciencia de la hipocresía que se puede encerrar en algunas prácticas de penitencia. Y no digamos cuando para librarse de alguna de ellas se podía pagar un tributo pecuniario.

La Cuaresma, como tiempo litúrgico cristiano, solo tiene sentido si la vivimos con la guía e iluminación de la Palabra de Dios, y con la cercanía de los hermanos de la Comunidad. Los sacrificios, sin la Palabra, y sin compartir solidariamente con los hermanos “las alegrías, los gozos, las amarguras y las desventuras”, no nos sirven para nada.