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martes, 18 de junio de 2013

Los organismos ecuménicos latinoamericanos y caribeños: entre la crisis y el desafío.




por Carmelo Álvarez

Escribo esta reflexión a escasos días de la culminación de la 6ta. Asamblea General del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI) celebrada en La Habana, Cuba. He asistido ininterrumpidamente a todas las asambleas del CLAI desde 1978 en Oaxtepec, México. Allí pronuncié una de las ponencias bajo el tema, “La iglesia en América latina: entre la crisis y el desafío”. Fue una gran oportunidad para exponer mi visión sobre lo que acontecía en Latinoamérica y el Caribe en aquellos tiempos. Eran momentos cruciales de dictaduras militares en Suramérica y con guerras cruentas en Centroamérica. Ocupaba la cátedra de historia de la iglesia en el Seminario Bíblico Latinoamericano en San José, Costa Rica. Había sido elegido rector de la institución en julio de 1978, y se me invitó a compartir mis preocupaciones y sueños.

Mi lectura teológica y misional en aquellos días estaba entrecruzada por la urgencia de defender la vida y discernir las señales de los tiempos. Eran tiempos aciagos y con grandes incertidumbres, pero cargados de mucha expectación y esperanza. Buscábamos respuestas y derroteros que nos abrieran horizontes. No podemos ocultar que vivíamos angustiados sobre todo porque muchos hermanos y hermanos eran torturados, desaparecidos y asesinados. Tenían nombre y apellido, los conocíamos en persona. Ello se añadía a nuestra zozobra.

A 35 años de aquella asamblea donde decidimos iniciar el proceso hacia “el CLAI en formación”, el horizonte ha cambiado, porque tenemos otras expectativas y quizás otras angustias. Sin embargo, seguimos creyendo que aquél proyecto era viable y debe seguir siendo viable. Por otro lado, nos percatamos de que los entusiasmos de aquél momento se han disipado. Quizás estemos ante la presencia de agotamientos y fatigas propios de organismos ecuménicos que pueden estar perdiendo vigencia. El CLAI no es el único organismo ecuménico regional o internacional que padece esta crisis.

En los días que estuvimos en la Asamblea del CLAI en La Habana escuchamos sobre la seria crisis financiera y estructural que padece la Conferencia de Iglesias del Caribe, organismo contemporáneo del CLAI, fundado en aquella década de los 70 del siglo XX. Una situación lamentable para una organización que ha cumplido un papel fundamental en la vida ecuménica del Caribe.

Lo que apuntamos sobre la Conferencia de Iglesias del Caribe lo podemos señalar en la Conferencia Cristiana de Asia y el Consejo de Iglesias de África. Además, el propio Consejo Mundial de Iglesias ha ido erosionando su vigencia e impacto, en medio de un mundo más globalizado, plural, y por ende, más complejo. Loy y las que hemos participado por mucho tiempo de la vida del CMI notamos la disminución de su convocatoria y proyección en tiempos de mayor efervescencia de diversidad de movimientos religiosos en el mundo con agendas más conservadoras y en muchos casos fundamentalistas. El Consejo Nacional de Iglesias de Cristo de Estados Unidos padece una crisis muy similar. Incluso, su papel como instancia de diálogo y espacio de encuentro ha sido silenciado o co-optado por otras fuerzas sociales y políticas que controlan la agenda pública, en un ambiente más secularizado y culturalmente menos influido por el otrora dominio liberal sobre la cultura dominante norteamericana. Hay muchas voces, muchas veces en una confusión de lenguajes como en la torre de Babel, que impide descifrar cuáles son los caminos apropiados para salir de la confusión.

La intención de mi análisis no pretende dar lecciones, ni siquiera ofrecer soluciones definitivas en tiempos de transición. No obstante, creo que puedo atisbar algunos derroteros y rumbos que nos podrían ayudar. Cuando estuvimos en Oaxtepec, México, el CLAI en formación expresó que debíamos responder a los sectores postergados u olvidados. Ello incluía a los sectores indígenas, las mujeres y los niños y jóvenes. Aunque esas categorías siguen vigentes hoy más que nunca hay que seguir expandiendo a los sujetos marginados e invisibilizados, y responder con la mayor claridad posible a los asuntos ecológicos y económicos. El futuro de la especie humana y del planeta están en juego, y con carácter de emergencia.

La diversidad de movimientos religiosos en Latinoamérica y el Caribe amerita no postergar por más tiempo plantearnos qué implica ser iglesias hoy y cómo ofrecer espacios de encuentro. No se trata sólo de conocer sociológicamente el asunto de la identidad eclesial, es saberse responsables, con fuerza ética, de nuestra respuesta a los acuciantes problemas que afectan a nuestro pueblo latinoamericano y ofrecer una alternativa coherente desde la fe. Si se quiere, es pasar de la justificación por la fe, sin negarla, a la justicia para todos y todas, incluyendo toda la creación (Elsa Tamez).

Por lo tanto, es un llamado a la conversión. He aprendido con humildad con las iglesias pentecostales, que si nos postramos ante Dios contritos y auténticamente humillados, el Espíritu nos guiará a la verdad. Y la verdad que es Jesucristo siempre la necesitamos.

Percibí en la 6ta. Asamblea del CLAI un ambiente de ambición por el poder como nunca antes lo había experimentado. Debo ser sincero, me pareció hasta a ratos, enfermizo. No soy ingenuo, la ambición en la vida tiene su lugar, y en la vida cristiana debe ser fuente que disponga para el servicio y la solidaridad. Pero si nos agotamos en la búsqueda del poder por el poder no somos fieles al llamado de Jesús para luchar por el reinado de Dios y no para nuestras agendas particulares. La hora de Latinoamérica y el Caribe lo exige.

En medio de esta crisis dejemos que el Espíritu nos guie.

Autor/a: Carmelo Álvarez


Carmelo Álvarez, misionero y profesor de la historia del cristianismo. Es conferencista y asesor teológico como consultor en educación teológica en Latinoamérica y el Caribe, nombrado por la Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Cristian (Discipulos de Cristo) y la Iglesia Unida de Cristo en Estados Unidos.

Fuente: Lupa Protestante

    jueves, 1 de diciembre de 2011

    Mensaje de las organizaciones basadas en la fe con servicio en VIH para el Día Mundial del Sida 2011.



    Nosotros y nosotras, miembros de diversas organizaciones y comunidades cristianas de Venezuela, en un ambiente de diversidad y ecumenismo, interpelado/as y animado/as por la realidad de estigmatización y discriminación de las personas con VIH y sida y otros grupos vulnerables;
    el caminar que otras organizaciones sociales y religiosas han desarrollado en la promoción y defensa de los DD.HH de estos grupos; y, fundamentalmente, la fe en Jesús de Nazaret, presente en la realidad de sus vidas, y en su evangelio escandaloso de justicia e inclusión; queremos comunicar a los miembros de las distintas iglesias y/o comunidades de fe, a los grupos activistas en DD.HH en VIH y sida y a la sociedad en general, nuestra disposición y compromiso de participar en ese caminar que muchas personas y grupos en el mundo ya han iniciado en la construcción de sociedades más justas, inclusivas, libre de estigmas y discriminaciones.
    En consecuencia:
    1.       Valoramos el camino de lucha que muchas organizaciones y grupos han realizado por la creación de espacios sociales donde a las personas afectadas por el VIH le sean reconocidos y respetados sus derechos, el cual ha sido un itinerario lleno de logros, obstáculos, esperanzas, sudor y lágrimas, en el que muchas personas han entregado la vida para que otras tengan vida.
    2.       Reconocemos que nuestra participación como comunidades de fe en ese camino se ha dado de manera tímida y, en la mayoría de los casos, ausente. En otras palabras, nuestros ámbitos han cerrado el espacio para acompañarles y animarles. Nuestros paradigmas y prejuicios, nuestras propias prácticas de estigmatización y discriminación  nos han llevado a mantenernos al margen de sus luchas y hasta condenadores de las mismas. En tal sentido, reconocemos que no hemos sido fieles al Jesús de nuestra fe. No nos hemos atrevido a contemplar la realidad de discriminación y exclusión que viven las personas con VIH y sida desde su mirada y, por tanto, no hemos continuado en el presente su práctica escandalosa y liberadora.
    3.       Por tanto, nos disponemos a sumarnos en ese camino por el reconocimiento, la defensa y la reivindicación de sus derechos, teniendo a Jesús de Nazaret como nuestro referente teológico, a través de quien miramos,  sentimos y participamos en esa  realidad.
    4.               Nos comprometemos, en tal sentido,  a:
    Formarnos como comunidades de fe en la cultura del VIH y la Diversidad Sexual, rehaciendo nuestra práctica teológica y pastoral desde la inclusión (Juan 3,3).
    Acompañar sin prejuicios a  las personas que viven con VIH y a otros grupos vulnerables, desde una escucha activa y constante, reconociendo su dignidad humana (Marcos 10, 51).
    Crear espacios en nuestras iglesias para la formación, atención y acompañamiento de las personas afectadas por el VIH desde la práctica inclusiva de Jesús (Lc 8, 1-3; Jn 4, 1-27; Hch 8, 26-40).
    Formar redes de apoyo con colectivos que trabajan en VIH y Diversidad Sexual, para articular esfuerzos orientados a  la promoción y defensa de los derechos humanos, basados en los principios de corresponsabilidad, sinergia y complementariedad (Mc 9, 38-40).
     Vincularnos con instituciones educativas (escuelas, liceos y universidades) en el desarrollo de actividades de formación en VIH: prevención y atención, Derechos Humanos, Diversidad Sexual… (Mt 5, 1-12)
    Romper el silencio y alzar nuestra voz ante las diversas situaciones de discriminación a los grupos vulnerables  (VIH y GLBTI) que acontecen en el día a día, practicando el anuncio y la denuncia desde la perspectiva inclusiva de  Jesús (Mc 2,27; 3, 1-6).
    Organizar celebraciones ecuménicas por el Día Mundial del Sida anualmente (Lucas 14, 15-24).
    Realizar contraloría social de los programas y acuerdos en materia de derechos humanos en VIH y sida asumidos por las instituciones del Estado y de las comunidades de fe a nivel nacional e internacional (Lucas 20, 9-19).
    5.     Estos compromisos los asumimos desde la fe y la esperanza, porque creemos en el Dios de la vida. La muerte no es el horizonte que define la realidad de las personas afectadas por el VIH y sida. Nuestra pastoral inclusiva pretende promover proyectos de vida, y de vida en abundancia (Juan 10,10).
    Acción Ecuménica y Organizaciones Basadas en la Fe con Servicio en VIH de Venezuela