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viernes, 6 de enero de 2017

Necesitamos rastreadores de estrellas.


por José María Segura. 

Necesitamos rastreadores de estrellas, soñadores de caminos, alumbradores de un futuro nuevo. Necesitamos ilusionarnos, necesitamos personas que al ver al cielo lean signos y señales nuevas. Necesitamos creyentes, gente de fe, en su tradición creyente, en Dios, en la vida, en el ser humano, en la dignidad de las personas… necesitamos personas que sean capaces de alumbrar la noche…

Necesitamos esa gente loca del #NOalosCIEs que se reúnen para gritar con canciones y con silencios, con marchas y vigilias, que los niños de Dios no han nacido para ser enrejados y que ningún ser humano es ilegal, que la dignidad de las personas no se negocia.

Necesitamos Reyes y Reinas magas tuiter@s que se movilizan en redes y envían regalos a niños/as con familias que no podrán asumirlos estas navidades; necesitamos jóvenes inquietos/as que pasarán el 5 repartiendo regalos a estos pequeños en lugar de en sus casas…

Necesitamos gente posada que está ahí en el día a día denunciando, sirviendo, acompañando… calladamente a familias sin recursos, a gente de la calle, a mujeres prostituidas, a menores no acompañados, a familias que no pueden pagar un hotel durante el ingreso hospitalario de un familiar…

Necesitamos perdedores de tiempo. Personas que escuchen a nuestros mayores, que están solos (¡que son nuestros!), y que cuiden de nuestros pequeños/as desamparados (¡tuyos y míos!), que jueguen con ellos, que les permitan ser niños/as, que les ayuden a soñar y les acompañen en el camino de vivir sus sueños.

Necesitamos caminantes, personas que se pongan en camino en medio de la noche, siguiendo sus sueños de un futuro más justo y más humano… porque un niño que ha nacido es la señal, un niño en medio de un pesebre, una patera, un campo de refugiados, ¡en medio de un bombardeo!

Necesitamos profetas, personas que ven el sueño de Dios para la humanidad con ojos abiertos y son capaces de denunciar las injusticias y movilizarse por un mundo más humano…

Necesitamos gente de brazos abiertos que se pasa horas en barcos en el día y en la noche, que pasa horas oteando el horizonte, escrutando radares, buscando signos de vida en el mar, en la noche, en el desierto, en pateras, en “bestias” metálicas…

Necesitamos personas que se la jueguen por otras personas… como esos benditos Cascos Blancos que se meten entre las ruinas en medio de los bombardeos, o ese payaso que dio la vida en Syria por hacer reír a los más pequeños.

Necesitamos personas de alma cansada y pies descansados que desobedezcan leyes inmorales que condenan a vidas indignas a personas que sólo buscan vivir, que huyen de la violencia constante, la miseria rampante y la muerte muy probable…

Necesitamos objetores de conciencia que se solidaricen con quienes vienen de lejos y se han dejado la salud por el camino, y necesitamos las mareas que los apoyan…

Necesitamos madres y abuelas en todas las plazas de mayo, mujeres valientes que mantienen alerta la esperanza, viva la memoria y claman por la justicia de quienes les fueron arrebatados.

Necesitamos #BeautifulTroubleMakers, necesitamos poetas, cantantes, artistas, que sean disidentes, que nos hagan poner el corazón de puntillas, que nos saquen de lo que se vende, se espera, se asume…

Necesitamos personas Estrella para recordarnos que dentro de cada uno de nosotros hay un niño/a capaz de soñar, capaz de ternura, capaz de sorprenderse y de reírse de todo y de uno mismo, capaz de decir “¿por qué no..?” y movilizarse por un sueño compartido en el que el mundo sea un poco más de todos.

Sí. Necesitamos a los Reyes Magos, necesitamos rastreadores de estrellas, seguidores de sueños, oteadores de horizontes en la noche, soñadoras de ojos abiertos, abuelos de plazas de mayo, mareas, almas inquietas, creyentes…

Necesitamos Personas.

Fuente: cristianismeijusticia

martes, 5 de enero de 2016

Ni tres, ni reyes, ni magos.


Aquellos misteriosos personajes orientales, superando todas las diferencias culturales y demás dificultades, se pusieron de acuerdo para localizar a Jesús.

AUTOR Antonio Cruz 

El relato evangélico no especifica que los reyes magos fueran tres. Mateo sólo escribe “unos magos”, con lo cual deja abierta la puerta a la especulación. Tampoco que fuesen reyes o que se dedicasen a hacer magia, en el sentido moderno del término que supone sacar conejos de una chistera. Su número se dedujo sobre todo de los presentes que ofrecieron -oro, incienso y mirra- pero esto no resulta del todo concluyente para determinar cuántos eran en realidad. De manera que los populares personajes, Melchor, Gaspar y Baltasar, que reaparecen en España escalando balcones la fría noche del cinco de enero, son pura invención del folklore posterior. Una tradición -eso sí- que produce felicidad a los niños y a todos aquellos que subsisten a expensas del consumismo exacerbado que caracteriza nuestra sociedad.

Es curioso comprobar cómo el ser humano disfruta haciendo conjeturas indemostrables. Trescientos años después de Cristo, la cantidad de los magos que adoraron a Jesús variaba sin parar. Algunos afirmaban que sólo habían sido dos. En los frescos rudimentarios de las catacumbas de Roma, durante el siglo IV d.C., aparecen unas veces cuatro magos y otras hasta seis. La Iglesia siria y armenia creía que lo lógico es que hubieran sido doce ya que ese era un número singular en las Escrituras: el de las tribus de Israel y también el de los apóstoles. Sin embargo, los coptos de Egipto estaban convencidos de que debieron ser sesenta los magos de Oriente que se pusieron de acuerdo para buscar al rey de los judíos. Ante semejante progresión aritmética de magos, tuvo que intervenir Orígenes en la primera mitad del siglo tercero para centrar las cosas y determinar que lo más sensato era quedarse sólo con tres, en base a los tres regalos mencionados en el evangelio de Mateo.

Los nombres propios de estos tres personajes aparecieron por primera vez en un mosaico bizantino del siglo VI d.C. localizado en la ciudad italiana de Rávena. No se sabe quién se los inventó pero, desde luego, Baltasar, Melchor y Gaspar no aparecen en la Biblia. Algunos dicen que quizás Baltasar podría ser una europeización de Belsasar, el último rey del imperio babilónico. Pero lo cierto es que la etimología de tales nombres no está clara. Tradiciones posteriores afirman que se convirtieron en discípulos de Tomás; que se hicieron obispos y murieron como mártires; que sus reliquias fueron llevadas a la ciudad alemana de Colonia, donde aún hoy se conservarían en un relicario bizantino de la catedral. En fin, leyenda sobre leyenda para construir un castillo de naipes sin fundamento alguno.

Por supuesto, tampoco fueron reyes. A alguien se le debió ocurrir que las connotaciones paganas de unos magos que venían del Oriente dejaban mucho que desear. ¡Cómo pretendían unos gentiles agoreros adorar al Niño! Tertuliano, en el siglo III y basándose en una tradición anterior, fue el primero en decir que se trataba de reyes sabios. Esta denominación les proporcionaba mayor prestigio, al mismo tiempo que les alejaba del denostado mundo de la magia y la adivinación. Sin embargo, el evangelio emplea expresamente al término “magos”. ¿Quiénes eran tales magos en realidad? Muy probablemente se trataba de “sacerdotes” pertenecientes a las tradiciones religiosas de origen medo-persa. Eran profesantes del zoroastrismo cuyo oficio se podría comparar al de los levitas en Israel. Se dedicaban al culto, a los ritos de esa religión y a la astrología. Actuaban de mediadores entre la divinidad y los seres humanos.

Hay una cita en el Antiguo Testamento que se refiere expresamente a estos magos que vivían en el reino babilónico de Belsasar. Fueron contemporáneos de Daniel y también aspiraban a interpretar sueños y presagios. Sin embargo, el poder de sus predicciones resultó inferior al que Dios le concedió a Daniel. Tuvo que ser la propia reina quien advirtiera al rey: “En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos” (Dn. 5:11). Resulta pues que el propio Daniel, el cuarto de los profetas mayores de Israel, llegó a ser jefe de los magos o sacerdotes del rey Nabucodonosor. Estos magos solía vestir de blanco y portaban en la cabeza un gran turbante que les cubría también las mejillas. Adoraban a los cuatro elementos fundamentales: aire, tierra, agua y fuego. Hoy diríamos que eran unos ecologistas radicales ya que se oponían a toda forma de contaminación de dichos elementos físicos. Según cuenta el historiador griego Heródoto, los cadáveres no se quemaban para no contaminar el aire; tampoco se enterraban para no contaminar la tierra; no se podían arrojar al mar ni quedar expuestos al aire por la misma razón. Lo que se hacía con ellos era ofrecerlos a las alimañas sobre las llamadas “torres del silencio”. 

No es extraño pues que, como consecuencia de la proximidad geográfica, estos sacerdotes hubieran oído hablar acerca de la esperanza de un Mesías libertador que restauraría al pueblo hebreo. El judaísmo era una religión bien conocida en todo Oriente, así como su anhelo tradicional de un soberano que habría de reinar sobre todo el mundo. Por lo tanto, es comprensible que semejante conocimiento, unido a la señal astronómica descubierta en el firmamento, fuera lo que movilizara a estos astrólogos paganos en su viaje a Jerusalén.

La conclusión evangélica de tal historia es que aquellos misteriosos personajes orientales, superando todas las diferencias culturales y demás dificultades, se pusieron de acuerdo para localizar a Jesús. Encontraron la casa, vieron al niño junto a su madre María, se postraron, lo adoraron y le ofrecieron sus presentes. De la misma manera hoy, más de dos mil años después, todavía existen criaturas que acuden a los pies de Cristo, lo descubren por primera vez en su vida y deciden adorarlo eternamente. Postrarse para siempre ante su persona. Inclinar la vida entera y consagrarla en señal de amor, aceptación y respeto. Esta es la verdadera adoración que no cesará jamás. Toda la vida del cristiano está llamada a ser como un continuo acto de adoración que no terminará con la muerte. Se trata de algo para la eternidad, pues tiene al Creador del tiempo como su objeto fundamental. De manera que no debemos dejar de adorar a Dios, a través de nuestra existencia cotidiana, porque es así como él nos perfecciona.

Es probable que, después de todo, los Tres Reyes Magos ni fueran tres, ni reyes, ni tampoco practicasen la magia. Sin embargo, acertaron al descubrir lo más maravilloso y real que el ser humano puede llegar a conocer de manera personal: a Jesucristo, el Hijo del Altísimo.

martes, 6 de enero de 2015

Ni eran reyes ni eran tres.


Mateo 2, 1-12

Por Lisandro Orlov

Ya no es posible acercarnos a un texto de las Escrituras con actitud inocente. La duda y la sospecha como metodología interpretativa es sumamente útil como para comprender e interpretar los silencios, las ausencias y los énfasis de un texto. Todo escrito tiene siempre una doble función de revelar y ocultar, de inducir y llevar a sus lectores en una determinada línea de pensamiento. No hay escrito alguno que sea inocente.

Es por ello que tenemos que preguntarnos qué tiene que ver este texto del evangelio, central a la celebración de la Epifanía con la epidemia del vih. Si analizamos la intencionalidad de todo el Evangelio de Mateo podemos colocar este fragmento en una perspectiva mayor y más amplia. Aquellos que estaban destinados a ser los instrumentos principales del proceso de liberación iniciado por Dios, por problemas interpretativos de las Escrituras, no pueden comprender ese proceso. La forma en que están leyendo la historia de la salvación les ha hecho ciegos y sordos a los acontecimientos de la Navidad. No pueden comprender la forma paradójica en que ese Dios que reconocen y alaban, adopta para manifestarse. Estamos nuevamente frente a un problema hermenéutico. El problema es la forma en que utilizamos las Escrituras para interpretar la realidad del presente de Dios.

Ya habíamos hecho de los pastores, grupos sumamente sospechoso y estigmatizado por los grupos de poder intelectual, religioso y político de su tiempo, un idílico y lírico grupos de buenos muchachos que le quitó todo escándalo al hecho que sean justamente ellos los primeros en recibir la buena noticia de la Encarnación de Dios. Era necesario quitarle todo aspecto escandaloso al relato para que no produjera en nosotros y nosotras ninguna reacción peligrosa. El primer grupo que se acerca al Niño de Belén es un grupo considerado indigno de tal regalo y un grupo realmente peligroso para la defensa de los valores tradicionales.

Ahora es necesario hacer el mismo proceso con el siguiente grupo. Estos magos de oriente que se aproximan al pesebre son también un grupo sospechoso y estigmatizado por toda la tradición religiosa de todos los tiempos. Leyes, sabiduría y profetas advierten en contra de todos los magos, de entonces y de ahora. En realidad estos señores son aquello que hoy llamaríamos astrólogos y muy lejos de ser astrónomos. Están más cerca de los que redactan horóscopos que los científicos que estudian los misterios del universo. Estos magos son también un grupo muy mal visto por los que interpretan las Escrituras. Nuevamente el escándalo y para evitar esa lamentable situación los hemos transformado en reyes cuando en realidad son unos sospechosos charlatanes. Por más que en las reuniones sociales hablemos de los signos del zodíaco, de los resultados de horóscopos diversos, que entretienen nuestras frivolidades, ninguno de nosotros y nosotras tomamos muy en serio esas predicciones y adivinanzas. Exactamente ocurría con los magos del oriente y del occidente, del norte y del sur. No son sabios, ni reyes ni sabios: son magos con toda la carga que aún hoy le damos a esta afirmación. Muy buenos para animar fiestas infantiles pero que ninguno de nosotros tomaríamos muy en serio, excepto Dios en forma sorprendente.

Estas personas, cuyo número permanece en el misterio más profundo y que hemos hecho que sean tres porque tres son los regalos, proceden de un grupo que está fuera de la comunidad de fe. Otro escándalo. Dios se revela a aquellos grupos que por diversas razones se han colocado o los hemos colocado fuera de los límites de la comunidad de fe. Esta manifestación a estos magos pone en tela de juicio que la salvación no exista más allá de las hipotéticas fronteras que hemos establecido para limitar la acción de Dios a los grupos que consideramos políticamente correctos. Esta realidad puede tener una fuerza sumamente importante para fundamentar nuestra acción pastoral, nuestra reflexión bíblica y la construcción de nuevos paradigmas teológicos. La acción de Dios va más allá de todo lo que podemos comprender y lo peor, más allá de los que podemos tolerar.

Este texto justifica, fundamente y nos compele a continuar nuestra acción pastoral y de acompañamiento con todos los grupos vulnerables al estigma y la marginación que producen nuestras propias comunidades de fe cuando hacen lecturas incompletas y tradicionales de las Escrituras. Este texto y la llegada de estos magos sospechosos a las ortodoxias del poder político y de la sabiduría religiosa establecida, nos ayudan a explicar, fundamentar y continuar con nuestro diálogo con cuanto grupo excluído y marginados por sociedades y comunidades de fe. Es necesario recuperar el escándalo de este texto y dudar y sospechar de lecturas tradicionales que los han esterilizado.

El texto del profeta Isaías nos ayuda a enmarcar esta reflexión. Allí se nos habla de la situación de exiliados que por diversos motivos se mantienen lejos del espacio de vida a la cual pertenecen. Allí se los alienta a retornas a aquellos espacios a los que pertenecen y que les pertenecen. Igualmente muchos de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia del vih viven exiliados de nuestras comunidades y en nuestra acción pastoral queremos alentarles a retornar y ocupar el espacio de dignidad que les pertenece. Ya no son más “los otros y las otras”. Desde siempre, desde la Encarnación, desde la llegada de los sospechosos y divertidos magos, todas las personas y grupos vulnerables al estigma y la descalificación de los poderosos políticos y religiosos, son de los nuestros y de las nuestras. Se ha roto para siempre esa forma extraña de hablar de ellos y nosotros, de ellas y nosotras. El objetivo de todo este Evangelio de Mateo es mostrarnos que Dios ha abierto hace tiempo su Reino a todos y todas en una forma que va más allá de lo que podemos comprender y aceptar. Es el escándalo de la radical inclusión de Dios. De eso trata este texto y eso nos cuesta reconocer. Por ello y como una consecuencia para protegernos tenemos que adornarlos y pensar que no son pobres magos sino reyes y que además de tener sangre azul son generosos magos.

Indudablemente estos magos están algo confundidos y ellos mismo no han comprendido totalmente la acción de Dios. Realmente los astros, la naturaleza, los pocos y bonitos ríos y lagos que aún no han sido contaminados, ni los cielos con o sin nubes nunca pueden revelar la verdadera naturaleza de la forma de revelarse de Dios. Ni astros ni flores nos pueden revelar a este Dios que para revelarse escoge el esconderse en aquello que nos cuesta aceptar. Si bien la estrella no los dirige hacia el centro del poder político, ellos igualmente y por una concepción teológica tradicional, es decir, desde una teología de la gloria van al palacio porque piensan que allí conocen todo. Es siempre esa tentación de buscar ser validados y reconocidos por los centros de poder. Ese poder busca el asesoramiento de teólogos y estudiosos funcionales al sistema, que siempre los hay en gran cantidad. Conocen las Escrituras pero no las entienden ni las aplican. Su conocimiento de las Escrituras es un obstáculo a la comprensión de los signos de los tiempos. La epidemia del vih y la situación de vulnerabilidad en que viven personas y grupos es un signo de los tiempos que exige comprensión desde caminos no tradicionales. Para entender esta realidad debemos alejarnos de estos grupos de poder y caminar hacia los pesebres que la epidemia del vih y sida nos revela y donde se han detenido todas las estrellas de Dios que nos hablan de una nueva forma de comprender su voluntad.

Para la revisión de vida

¿Dónde vemos en nuestra realidad y en el contexto de la pandemia del vih y sida, signos de esperanza y luz? ¿Estamos orando para que Dios se revele en algún espacio en especial? ¿Cuál?

Para la reunión de grupo

¿Nuestra invitación a formar parte de nuestras comunidades de fe a personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih o sida es parte de un proceso de liberación, de inclusividad y de relectura bíblica?

Para la oración de las y los fieles

Con la alegría de saber que la Palabra se ha hecho carne, oremos en paz por la iglesia y todas las comunidades de fe, por aquellos exiliados de nuestras comunidades y por toda la creación de Dios.

(Se hace un breve silencio:)

Por la iglesia, para que radiante y renovada por la alegría y la fe en el nacimiento paradójico del Salvador, pueda guiar y servir con esta luz de la Epifanía, luz de tu manifestación en el rostro y la vida de las personas y situaciones de vulnerabilidad y poder construir juntos un espacio donde tu gracia y tu amor nos den unidad. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por todos aquellos y aquellas que tienen poder y autoridad en la sociedad y en la iglesia, para que puedan ser guiados por tu sabiduría y tu compasión, para que puedan buscar siempre y en todo lugar el bienestar de los que han sido estigmatizados y excluidos por nuestros prejuicios, nuestra equivocada comprensión de tu voluntad y para que todos busquemos tu perdón y renovación. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por los países y las regiones de la tierra, divididas por el odio y el prejuicio, pera que ellos y nosotros podamos caminar los senderos de paz y reconciliación, Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por todos aquellos y aquellas que viven en soledad, exclusión, temor y miseria, para que sobre ellos y ellas pueda brillar la luz de tu amor que todo lo repara y cura, y para que sientan la mano amiga y fraterna de nuestra comunidad de fe, que se abre con gozo para recibirles incondicionalmente. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por todos aquellos y aquellas que se reúnen en esta iglesia, como tus hijos e hijas, para que brillen como el rostro de Dios, y que puedan iluminar los caminos y senderos que llevan a afirmar nuestra fe y compromiso para hacer de este nuevo año, un tiempo de la alabanza que nace del reconocer la dignidad de toda tu creación. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

(Aquí se pueden incluir otros motivos de intercesión:)

Por todos los santos y santas que comparten la eterna luz de Cristo, para que sus ejemplos de fe, de amor y de vida, guíen los pasos y las acciones de tu pueblo para que continuemos siendo escándalo para los que oprimen y excluyen. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.



Confiando en tu misericordia, nos encomendamos a nosotros mismos y a todos aquellos y aquellas que nos has encomendado que cuidemos, por aquel que nació para escándalo y temor de tiranos e injustos líderes de los pueblos. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.



Oración comunitaria

Camino de la Epifanía, tu revelaste a tu Hijo a todos los pueblos por la guía de una estrella. Guíanos ahora a nosotros y nosotras por la luz de la fe para reconocer tu presencia en nuestras vidas y en las vidas de las personas que viven con vih o con sida, y llévanos por los caminos que conducen a la plenitud de tu Reino de justicia. Te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro hermano y amigo, que vive contigo y con tu pueblo, y con el Espíritu de servicio, siempre un Dios con nosotros y nosotras, ahora y siempre.

Amén.

Pastor Lisandro Orlov, Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Fuente: alc-noticias

martes, 7 de enero de 2014

Magos de Oriente… Una misión que continúa.



Recogiendo tradiciones ancestrales y experiencias nuevas, el Evangelio de Mateo cuenta la historia de unos “magos” (expertos, adivinos, sabios) de Oriente que vinieron a Jerusalén buscando al Rey de los Judíos, para ofrecerle sus respetos y servirle.
Habían visto la luz de su “estrella” e imaginaron la riqueza de su corte, y de esa forma, dejándolo todo vinieron, se cercioraron preguntaron… No le hallaron donde le esperaban, en el templo de Gran Dios de la Ciudad, ni en el Pretorio del Emperador, ni en las escuelas de los Grandes Rabinos eruditos.

Así vienen ahora, miles y millones de “magos” de oriente y occidente, del norte y del sur, buscando a un Rey Justo que pueda protegerles, dándoles dignidad, y un salario suficiente, y una casa… No vienen en camellos, sino como polizontes, en barcos o trenes “piratas”.
[MURO DE BELE´N]
Buscan a un Rey Justo, en el Vaticano de Roma o en el Palacio de Oriente de Madrid, en la CE o en la USA… pero no encuentran su verdadero lugar, nadie les acoge… Cierran las entradas con muros y soldados, matan a los niños y mayores que sobran… y así muchos mueren o tienen que marcharse de nuevo (como los magos de la historia), sin haber “adorado” al Nuevo Rey, que es un niño.

Esa es la historia de fondo de esta fiesta de la Epifanía de Jesús, vulgarmente fiesta de los Magos, o incluso de los Reyes Magos (cuando el unido Rey del relato es el Niño al que orienta la Estrella, en brazos de su madre.
Siga leyendo quien quiere descubrir otros matices. Las imágenes están tomadas de los muros de Belén en la actualidad, con algo de humor, con mucha esperanza. Buen día a todos.
Introducción
o

La fiesta del 6 de enero, día de los Magos (llamados de ordinario Reyes), que vienen de Oriente para adorar al Niño se llama, litúrgicamente, Epifanía. Es la fiesta de la “revelación de Dios”, su manifestación suprema, en la vida de Jesús, un hombre que nace para “alumbrar” a otros hombres. Ha sido durante siglos la fiesta principal de la Navidad, mejor dicho, la Navidad en sí, como expresión de la Luz de Dios que alumbra a los hombres. Es una fiesta de ilusión creadora, pues los “reyes” no son reyes, sino buscadores de Dios, hombres atentos a la voz de la estrellas… Tampoco son “magos” en sentido vulgar, sino visitantes que vienen de lejos queriendo encontrar (y compartir) la verdad… Ellos nos preguntan. Podemos y debemos responderles.
Esta es una fiesta que se abre al conocimiento más hondo de la venida de Dios entre los hombres. Es una fiesta que se ha concretado en general en una ilusión de niños: la fiesta de la Cabalgata de los Magos de la Paz, que quieren que el niño viva, que todos los niños vivan y tengan ilusiones y regalos, fantasía y gozo que inunda también a los varones. Quiere ser la fiesta en que los niños pueden ser los Reyes de la casa y la ciudad, día en que la vida es un regalo. Ésta es una fiesta en la que pueden hacerse reflexiones infinitas. Aquí me contentaré con presentar el texto de la Biblia y ofrecer una breve evocación, de tipo erudito, evocando en este fondo la misión de la iglesia, llamada a ofrecer a los pueblos el don de Dios que es Jesús (el amor de la vida, la vida de amor), desde la tradición del judaísmo, conforme a la visiòn del evangelio de Mateo.
Magos somos nosotros
Esta es la fiesta del Dios que atrae en amor a los hombres, la fiesta de la Epifanía o manifestación de su misterio desde Jerusalén, en el principio del evangelio. Cuando parece que todo está definitivamente cerrado vienen unos Magos para abrir las puertes de la vida. Cuando parece que el cielo está negro, brilla una luz para aquellos que quieren seguir caminando
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: – ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. La enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: – En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo Israel.” Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que les precisara el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles: – Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría, entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes se marcharon a su tierra por otro camino (Mt 2, 1-12).
Herodes mata a los niños de Belén, asesina a los inocentes para seguir reinando (como nuestra cultura que mata a unos 40.000 mil niños cada día para seguir reinando…). Pero queda uno, Jesús, que podrá reinar, para que nunca más mueran los niños inocentes. Y que, sobre todo, la certeza iluminada de que los magos somos (tenemos que ser) nosotros, encargados de ofrecer a los niños un mundo donde sea posible la vida, la ilusión de la vida.

Debemos hacernos Magos

Nosotros, los mayores, tenemos que hacer de magos, para decir a los niños que hay estrellas que guían a la Navidad, en la ruta de la vida, que sigue abierta.
1. Nosotros, los mayores, somos responsables directos o indirectos de los 40.000 niños de Belén y sus alrededores (todo el mundo) que mueren de hambre cada día, asesinados por un sistema que sólo se busca a sí mismo. Nosotros, los magos, debemos crear un mundo donde ningún niño-Dios muera abandonado.
2. Nosotros, los magos, debemos enseñar a los niños (con nuestro ejemplo solidario) que la vida es un don, que el oro del mundo es un regalo, para todos los hombres y mujeres del mundo: que la economía de la tierra está al servicio de la vida y la ilusión de todos, desde China, la India y Persia (tierras de los magos) hasta el extremo del occidente. Que no nos mataremos por oro ni petróleo, sino que lo compartiremos, para bien de todos los niños
3. Nosotros, los magos, tenemos que decir a los niños con nuestro ejemplo y nuestra vida hecha regalo que la vida es gozo y gloria, es incienso de admiración y de ternura, de intimidad orante y de cercanía. Tenemos que decirles que no buscaremos la gloria del poder, la victoria de la imposición, el incienso de la mentira, sino que buscaremos y compartiremos el incienso del amor que puede celebrarse en intimidad de familia. Les diremos que habrá siempre un perfume a su lado (a nuestro lado), al lado de todos los hombres y mujeres, que podrán comer y gozarse y soñar…
4. Nosotros los magos tendremos que enseñar a los niños que la vida está hecha también de mirra. La mirra es perfume de amor (de enamorados), pero también es bálsamo de muerte (se emplea para honrar a los cadáveres). La mirra es como una flor preciosa que nos puede acompañar en la vida, en el crecimiento de cada día, en la comunión de cada noviazgo, en la tristeza y esperanza de cada despedida… Que cada muerte sea tiempo de amor, esperanza de amor (y no fruto de violencia).
Que esta fiesta sea fiesta de todos los días del año… Que la cabalgata de esta noche sea signo de la cabalgata de la vida que iniciamos con ilusión cada mañana… ¿Pedimos otras cosas a los magos? ¡Claro! Pedimos la paz para sus países simbólicos: China, India, Persia (sobre todo Persia). Pedimos la paz para nuestros políticos. Aquellos Magos del tiempo de Jesús no se arreglaron con los “herodes de turno”, los matadores de niños… ¿Podrá haber hoy magos que sean capaces de dialogar con los herodes del terror o, por menos, de impedirles que maten?
Sigue una reflexión más teológica
El Jesús de los Magos: Rey de los judíos, Dios universal

Los magos vienen a Jerusalén porque han visto en oriente la estrella del Rey de los judíos… Ese tema nos sitúa en el centro de una extensa tradición astro-lógica (-nómica) que vincula al ser humano (y especialmente al salvador) con un (=el) Astro del cielo: es como luz en el firmamento y futuro de la historia. Por eso, allí donde ha nacido el Rey de los judíos ha debido encenderse una luz, se expande una esperanza de salvación sobre la tierra. Esa luz atrae a los “magos”, que vienen hacia Jerusalén, iniciando la marcha de los pueblos hacia el futuro de su plena humanidad. Por eso, como venimos suponiendo, este pasaje debe interpretarse en la línea que lleva al mesianismo universal de Mt 28, 16-20.
Los magos preguntan por el Mesías en Jerusalén, pero no lo encuentran allí (en la ciudad del templo, donde habita un rey de este mundo), sino en Belén, capital donde se centran y cumplen las promesas. De esa forma, este segundo capítulo de Mt, con su procesión de pueblos buscando al mesías, puede entenderse ya como anuncio de la culminación pascual del evangelio: una prolepsis de lo que será la misión final cristiana, interpretada aquí en forma centrípeta (desde el modelo de la gran peregrinación de pueblos hacia el centro de la tierra, que es Jerusalén).
– La venida de los magos responde de la tradición israelita: los pueblos paganos de Oriente vienen hacia Jerusalén, para adorar al Rey de los judíos, que ha nacido ya, pues ha surgido su Estrella. Ellos, los magos, son signo de un camino de búsqueda y fe universal, que desborda el nivel israelita, tanto por su origen como por su meta. Por su origen: la fuerza que les lleva hacia Jesús no es la ley de Israel, sino la luz o estrella de su propia religión (de su paganismo). Por su meta: tras adorar a Jesús no quedan allí, para formar parte del pueblo judío, sino que vuelven a sus tierras, como indicando que el camino y luz del Rey israelita ha de interpretarse desde sus propias tradiciones religiosas y culturales.
– El envío final del evangelio (Mc 28, 16-20) empalma con los magos, pero invierte y completa su sentido: no son ellos (magos gentiles) los que deben buscar en Jerusalén al Rey israelita, para encontrar al Niño de Belén y marchar por otro camino hacia su tierra; son los mismos cristianos quienes deben expandir la experiencia mesiánica ia todos los pueblos de la tierra, como enviados del Cristo pascual, desde la montaña de su resurrección (en Galilea, no en Jerusalén). Los cristianos ya no esperan la venida de los pueblos, como parece haber hecho la iglesia primera de Jerusalén y la tradición de las comunidades judeo-cristianas, cuya dotrina ha recogido (y superado) Mt en su evangelio, sino que deben ir a las naciones (y no sólo a las de oriente), llevando la buena nueva del discipulado, de la comunicación fraterna, poniéndose así en manos de la cultura y vida de los pueblos.
Epifanía, fiesta misionera
De esa forma se distinguen y completan los dos tipos de cristología y misión que han definido el comienzo de la iglesia: una centrípeta (los gentiles vienen a adorar al Dios israelita, revelado en su mesías) y otra centrifuga (los enviados del Cristo pascual salen a ofrecer en todas las direcciones su visión del discipulado). La primera tradición (Mt 2) es más judía y puede entenderse como principio del evangelio. La segunda (Mt 28, 16-20) es más pascual, expresando mejor la novedad cristiana. Entre ambas se extiende el evangelio, que ahora interpretamos como relato de transformación cristológica y misionera. Ambos modelos resultan paradójicos:
– Los magos (gentiles) buscan en Jerusalén al Rey de los judíos, como suponiendo que deben aceptar sus leyes nacionales (la forma de vida israelita). Vienen pero no encuentran al Rey en Sión, sino en Belén; no lo descubren honrado y victorioso, sino escondido y perseguido; por eso tienen que volver a su país, no pueden quedarse en Judea, ni cultivar de una forma nacional el mesianismo. Ese retorno de los magos es un signo del carácter todavía incompleto de la vida y obra de Jesús.
– Los discípulos de Jesús llevarán su mensaje y vida (su discipulado), pero no desde Jerusalén sino desde la montaña de la pascua de Galilea (Mt 28). No van para retornar a Jerusalén (donde estaría el centro de la iglesia establecida), sino para ofrecer su fermento de vida (su discipulado) en todos los pueblos de la tierra. Son portadores del mensaje-vida de Jesús, pero no una forma nacional judía (o cristiana) de existencia, de manera que deben aceptar el esquema de vida (cultura, religión fundante) de los pueblos hacia donde se dirigen.
El evangelio de Mateo (=Mt) elabora una cristología del camino misionero. Por eso irá mostrando, a partir del relato de los magos, que buscan al Rey de los judíos, la expansión del mensaje y vida de Jesús a todas las naciones para ofrecerles el discipulado. Este Jesús pascual no quiere adoctrinar a los humanos, ni imponer sobre la tierra unos esquemas culturales o sacrales. De manera sorprendente, sus testigos van sin libros (no llevan unas normas escritas de conducta, aunque se inspiran en la experiencia israelita). Van sin una lengua sagrada, sin tablas de leyes y preceptos. Simplemente llevan la experiencia de la pascua, que les capacita para entender la vida de Jesús, revelación de Dos y fuente de amor para todos los humanos.

Cristología centrípeta: Rey de los judíos (Mt 2, 2)

Conforme a la esperanza israelita, la Ciudad-Santuario de Sión y la Tierra de Israel son el centro del universo, hacia el que un día vendrán los pueblos y reyes de la tierra, para reconocer la soberanía de Yahvé (cf. Is 42, 1-6; 51, 4-5; 56, 1ss etc.). Esta visión expresa la certeza esperanzada y muy gozosa de que Dios se manifiesta de un modo salvador en Israel, expandiendo desde allí su soberanía. Pero ella incluye también elementos de triunfo partidista, como si Dios quisiera ofrecer un premio especial a los judíos en cuanto tales, de manera que los otros pueblos resultan secundarios o subordinados.
El templo de Jerusalén debá ser foco y centro de la manifestación de Dios, en línea de mesianismo real: Dios mismo ha ofrecido su triunfo al rey mesías, haciéndole portador de su soberanía sobre el mundo. Pues bien, los magos de oriente han venido según esta esperanza de los buenos israelitas y de muchos judeocristianos de Jerusalén y la diáspora: unos y otros sabían que los pueblos de la tierra han de venir trayendo sus dones, para culminar su camino en Sión.
Por eso, más que la apertura misionera de la iglesia a los pueblos de la tierra, los judeocristianos destacaron la venida de los pueblos a la iglesia: enriquecidos por Jesús, sus discípulos debían mantenerse fieles a la herencia nacional, esperando en la casa israelita (junto al templo) la venida de los pueblos. Pues bien, Mt 2 empieza aceptando esa esperanza, para transformarla de manera muy significativa:
1. Jesús, Mesías de Dios, no está encerrado en el templo y ley de Jerusalén (no está en el Vaticano), sino abierto en Belén para todos los que vengan. No es Rey que impone su derecho en Sión, sino Niño necesitado, en brazos de su madre. No es Sacerdote que expande la sacralidad divina desde el tabernáculo del templo, sino niño amenazado, que debe exilarse en Egipto, asumiendo así la historia del autentico Israel, Hijo de Dios (cf. 2, 15).
2. Los representantes religiosos y sociales de Israel no han venido a Belén para adorar al Rey de los judíos. Ellos conocen de algún modo el misterio (saben que el mesías debe nacer en Belén), pero no quieren buscarle, ni le ofrecen el tesoro de su vida (cf. 2, 11), pues están fijados en sus sacralidades nacionales y sociales. Esta es la paradoja de un mesías de Israel que los israelitas no aceptan. La subida mesiánica de los pueblos hacia Jerusalén queda truncada, pues Jerusalén no les reciba.
3. Herodes rey no acepta el mesianismo de Jesús y decide matarle. De manera consecuente, la venida de los magos se inscribe en un contexto de persecución: el rey de turno persigue al verdadero Rey de los judíos, obligándole a exilarse, mientras los buscadores mesiánicos de oriente vuelven a sus tierras por otro camino. De esa forma, el Israel histórico de Herodes queda en manos de su propia violencia destructora (relato de los inocentes). Eso significa que la búsqueda de los pueblos que quieren adorar en Jerusalén al Rey Mesías ha fracasado, pues el Mesías no se encuentra allí.
4. A pesar de todo, el camino de los magos forma parte del mesianismo de Jesús: los gentiles le han buscado ya y le siguen buscando, para ofrecerle el homenaje de sus dones, el oro de la realeza, el incienso de la sacralidad, la mirra del perfume gozoso. Entendido así, este relato puede interpretarse como expresión de la paradoja evangélica, en la línea de Mt 11, 20-24 (lamento de Jesús por las cudades galileas que no se han convertido al evangelio). Esta es una cristología fracasada: el conjunto de los judíos no ha querido aceptar a su rey mesiánico, les gentiles han tenido que marcharse… Pero al fondo de ese fracaso, leyendo Mt 2 a la luz de Mt 28, 16-20, emerge una cristología abierta y triunfadora, paralela a Rom 9- 11: el rechazo de la misión judía ha dejado las puertas abiertas para la apertura universal del evangelio.