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viernes, 23 de diciembre de 2016

Memoria migrante en la primera Navidad.


PUERTO RICO-

Jorge Zijlstra Arduin-

Desde la trinchera de la pastoral y con una profunda convicción respecto a la acción de Dios en la historia les propongo rescatar la memoria migrante presente en algunas narrativas del nacimiento de Jesús.

Al acotar la reflexión en los límites de la primera navidad, no entraremos en temáticas relacionadas a Jesús como amigo de migrantes, o su valorización del extranjero en tantos gestos, historias y parábolas, lo cual resultaría muy valioso. Sin embargo, la propuesta es acercarnos al texto bíblico en la búsqueda del sentido y la esperanza que fortalezca los pasos de fe del pueblo migrante.

DIOS DESDE EL MARGEN

Jesús nace en tiempos de desplazamientos y de censo (Lc. 2:1). El censo era un instrumento del imperio Romano para asegurar el recaudo de los impuestos a Roma. Sin embargo Lucas describe el nacimiento de Jesús en el contexto de un censo en Israel, cuyo fin sería contar a cada tribu y familia, para así requerirles sus aportaciones de acuerdo al número de miembros de cada grupo. Hay discusiones sobre el dato histórico del censo en el evangelio, sin embargo, es sabido que en tiempos de Jesús se cobraban impuestos para el imperio, para las clases dominantes de Israel y también para sostener el Templo y las elites religiosas.

El censo era la más cruda estrategia para asegurar el financiamiento de un sistema colonial e imperialista de opresión propuesto desde el poder y apoyado desde las elites nacionales. El sistema aseguraba de esta manera el dominio y los privilegios de unos pocos mediante la explotación de las mayorías pobres del pueblo, entre los que contamos a la familia de Jesús.

Hoy la realidad no es muy diferente. El nacimiento de Jesús resulta una buena noticia para las personas que más sufren porque da vuelta la historia. Jesús no nace en el palacio, ni en Jerusalén, ni en Roma: nace entre los pobres. El llanto de un niño humilde en un establo marginal anuncia el nacimiento de un tiempo nuevo anunciado por Dios desde los profetas. El nacimiento de Jesús en los márgenes de la sociedad da espacio para la afirmación de la esperanza del pueblo, porque es evidencia de un Dios que interviene en la historia y lo hace desde las personas más humildes. Otro mundo es posible: Dios no se olvida de su pueblo que sufre, Dios nace entre ellos, Dios tiene planes buenos para la humanidad. Emmanuel -Dios con nosotros- se hace carne en la historia desde la pobreza y la miseria de un establo, bajo el cuidado de aquella pareja de jóvenes que en pocos días serían migrantes, como su hijo. Y así Jesús resulta ser el mayor de los migrantes, porque siendo del cielo bajó humildemente a la cuna de la humanidad (Flp. 2:5-8) para ser abrazado con la ternura de María y José y recibido con entusiasmo por las personas que trabajaban en los campos (Lc. 2:1-20).


El nacimiento de Jesús es el gran misterio y la revolucionaria revelación de un Dios que baja a la humanidad -que migra- con un amor radical y un compromiso extremo, claro desde su primera cuna y su primer techo pobre, prestado y no apto para personas.

Jesús nació en un corral (Lc. 2:7), en la máxima pobreza, donde duermen los que no tienen techo, donde nacen los animales y se atienden las crías más débiles en los primeros días. Jesús nació en aquel lugar, donde si alguna madre da a luz, es sin dudas una madre pobre, marginal, discriminada y sin lugar en la sociedad; posiblemente una mujer migrante, violentada o esclava. Dios es así, claro y solidario. Él eligió nacer identificado con las personas humildes.

Nació entre las y los pobres y no por casualidad. Porque a Dios le importa todo aquello que el mundo desprecia (1a Co. 1:37-31).


Por esto la comunidad que sigue a Jesús busca encarnar la fe en el servicio a las personas marginadas y oprimidas. Jesús nació en los márgenes no por razón el imperio de la justicia desigual del mundo, o por el sometimiento de Dios a la voluntad humana, o por algún tipo de legitimación de la pobreza y el sistema de exclusión que la provoca. Jesús nación en las afueras y entre los pobres porque a Dios le pareció bien dejar en claro por dónde pasa la vida y por dónde la misericordia entrañable de su amor. El espíritu de Jesús es para las personas que sufren, para las que están cautivas, para quienes no tienen futuro ni esperanza (Lc. 4:18-19). Jesús trae un mensaje de esperanza para las multitudes pobres, para los pueblos oprimidos: Dios es solidario y está encarnadamente comprometido con las persona que no tienen trabajo, con las multitudes obligadas a emigrar, con la familia sin techo y con los pueblos a los que se les quiere negar el futuro y la esperanzas (Is. 9: 1-7).

Esto es lo que implica el nacimiento de Jesús en los márgenes de la sociedad, en un pesebre, expuesto a la posibilidad de muerte, a la violencia de la migración y a la precariedad de la vida de las y los pobres de ayer y de todos los tiempos. Jesús nació como tantos niños y niñas que hoy vienen al mundo en contextos de hambre, injusticias, guerras, migración y dolor. Hoy hay millones de personas buscando un lugar que asegure la vida y el desarrollo de las nuevas generaciones; personas de carne y huesos, desplazados y migrantes que se confrontan -como María y José- con la cruda realidad de que no hay lugar para ellos en el albergue (Lc 2:7).

Y esto no es fruto de casualidades o coincidencias, o voluntad de Dios: “Un niño murió en un rancho, no fue por casualidad siglos de hambre y de miseria, de injusticia y de maldad amasaron esta historia que hoy volvemos a llorar. Un niño murió en un rancho, no fue por casualidad. Hace casi dos mil años la primera Navidad un niño nació muy pobre, sin más cuna que un pajar. Los hombres lo rechazaron, no le hicieron un lugar, el niño nació en un rancho, no fue por casualidad. Esta noche es noche buena, y mañana Navidad y la misa ha de reunirnos en banquete de amistad con qué cara comeremos de este vino y de ese pan de ese pan hecho de carne entregada a los demás de ese vino hecho de sangre de toda la humanidad” (Luis Amezaga)-

En navidad recordamos al Dios que nace, pero también recordamos a los niños que mueren en las guerras, en los bombardeos de las grandes potencias, en los ataques terroristas, o en la ruta desesperada de la migración en búsqueda de una esperanza al otro lado del Mediterráneo, o en tantos otros rincones del planeta donde enfrentan la muerte buscando la vida.


En navidad celebramos la vida y alentamos a la esperanza, pero no podemos dejar a un lado la dolorosa memoria migrante de tantas muertes con rostro de jóvenes, de niños y niñas, de madres y padres que buscan pan y futuro al alto costo de sus vidas. Sus historia no fueron tan distintas a la que encarnó Jesús, que a días de nacer migró, esta vez a Egipto, para huir del opresor (Mt. 2:13-14).

MIGRANTE DESDE LA CUNA

Por esto en Adviento necesitamos rescatar la memoria migrante de la navidad, como reserva de sentido e identidad imborrable de un Dios que nace en el reverso de la historia y en la antítesis de los opresores.

Para el pueblo de Israel la memoria siempre resultó un elemento crucial. De igual manera, en las comunidades de fe y seguimiento de Jesús, hacemos de la memoria al punto culmine de nuestras celebraciones cada vez que, reunidos, compartimos la copa y el pan en memoria de Él (1a Co. 11: 23-27). Desde la memoria subversiva del que fue crucificado por vivir como Dios quería, comemos y bebemos unidos en el espíritu de Jesús. En Él alimentamos el compromiso y nutrimos las esperanzas de un mundo nuevo por venir (Ap. 21:1-4). Su espíritu nos compromete con su reino de vida plena para la humanidad y para toda la creación (Ro. 8:22-23). En las narrativas de Jesús podemos encontrar muchas evidencias de una memoria de migrantes que sale a relucir en los lugares menos pensados o en los más evidentes.

En este sentido quiero invitarles a repasar la genealogía de Jesús y releer algunos aspectos de su historia de migrante, según consignada en Mateo 1: 1-17. Ya sabemos del interés de Mateo en resaltar la realeza y señorío de Jesús como el Cristo y demostrar ante el pueblo judío que él es el Mesías esperado. Por eso la genealogía de Jesús -según Mateo- resalta a David y Abraham como lo más destacado de su ascendencia. “Jesucristo hijo de David, hijo de Abraham” (v 1). Desde el inicio de su evangelio Mateo vincula a Jesús con los dos grandes personajes de la historia de Israel, con los cuales Dios Dios hizo pacto (2a S. 7:8-16, Gn. 12:1-3). En el caso de David es una promesa sobre la continuidad de su dinastía y un reinado que no tendrá fin. “Tu casa y tu reino se mantendrán permanentemente ante mí y tu trono quedará consolidado para siempre” (2a S. 7:16, LP-H).

En el caso de Abraham resulta importante notar que la promesa de bendición inicia con un llamado a la migración: “El Señor dijo a Abran: Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y dirígete a la tierra que yo te mostraré. Te convertiré en una gran nación, te bendeciré y haré famoso tu nombre, y servirás de bendición para otros. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan. ¡En ti serán benditas todas las familias de la tierra!” (Gn. 12:1-3, LP-H) Ahí están las raíces que nutren la esperanza del pueblo, la historia de Jesús y nuestra historia como parte de un pueblo migrantes y peregrino. El pueblo de Israel definía su identidad migrante con orgullo y con memoria activa.

Ejemplo de esto son las indicaciones sobre cómo presentarse al altar del Señor confesando la la identidad migratoria: “Un arameo errante era mi padre. Bajó a Egipto y allí vivió como emigrante con un puñado de personas convirtiéndose en una nación grande, fuerte y numerosa. Pero los egipcios nos maltrataron, nos hicieron sufrir y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros antepasados, y él escuchó nuestras súplicas y vio nuestra miseria, nuestras fatigas y nuestra opresión. Por eso el Señor nos sacó de Egipto con gran poder y destreza sin igual, con terribles portentos, señales y prodigios; nos condujo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. 10 Por eso ofrezco ahora los primeros frutos que produce esta tierra que tú Señor, me has dado” (Dt. 26:5-10, LP-H)).

En la genealogía de Jesús también resulta significativa la memoria de un único dato histórico mencionado por nombre -y en dos ocasiones-: “la deportación a Babilonia” (Mt. 1:11-12). Deportación implica destierro, desplazamiento forzado y migración; y pone otra vez de relieve el componente migratorio del pueblo de Dios y las dificultades que conlleva la migración cuando tiene el agravante de la violencia, las guerras y la explotación. El nacimiento de Jesús en el contexto del desplazamiento forzado de su familia por el censo y en medio de un pueblo con una profunda memoria migrante rescata la identidad del migrante de nuestros días; a la vez que resalta la fe de un pueblo que ve la acción de Dios incluso en los momentos más difíciles de la historia.


Así, hoy podemos comparar los sufrimientos del Israel migrante o cautivo, con los dolores y padecimientos de millones de migrantes estigmatizados por un excéntrico personaje poderoso que tiene es su agenda la “brillante” idea de resolver los problemas de su país construyendo un muro de separación, para así “salvar” a su nación del peligro de los extranjeros y migrantes.

Como si el problema de la sociedad moderna fueran las personas que migran y no los multimillonarios que acaparan los recursos de las minorías con injusticias y explotación. Sería importante recordar que los códigos legales de Israel, reflejados en el Antiguo Testamento, proveen para el resguardo, la protección, la hospitalidad y la justicia, tanto al extranjero que está de paso, como al que reside en el país.

Y volviendo al tema de las genealogías destaquemos que las mismas: “desempeñaron un rol muy importante para el pueblo judío, igual como hacen para muchas personas hoy en día. [porque las genealogías y las historias sobre nuestros antepasados..] Nos cuentan acerca de quiénes somos y de dónde venimos. [a la vez que] Preservan, por medio de sus relatos, un registro de los valores de nuestras familias de generación en generación.” Joseph Castleberry.

Las genealogías despiertan las memorias y nos remontan al principio, a las raíces. En la genealogía de Jesús, según Mateo en el versículo 1 y 18, aparece en el texto griego la palabra “génesis” (origen, nacimiento) en directa referencia a libro del Génesis. Y así como el libro de los orígenes presentaba el “génesis del cielo y la tierra” (Gn. 2:4) Mateo nos presenta en 1:1-17 “el libro del génesis de Jesús” que concluirá en 28:20 con la consumación (sunteleia) del mundo. La consumación de los tiempos, en el paradigmático texto del Juicio a las naciones (Mt. 25:31-46), incluye la acogida al forastero como una de las señales del espíritu de Jesús que debe estar presente en la comunidad de quienes le siguen. “Porque cuando tuve hambre, ustedes me dieron de comer; cuando tuve sed, me dieron de beber; cuando tuve que salir de mi país, ustedes me recibieron en su casa” (Mt. 25:34 TLA).

¿Y TU ABUELA DÓNDE ESTÁ?

“El primer génesis de Jesús es su genealogía desde Abraham hasta José. Son 42 generaciones exactas (seis veces siete generaciones). Con Jesús comienza la última generación (1:17). Mateo sitúa así a Jesús en la historia de Israel, desde Abraham hasta José. El eje en este génesis de Jesús son sólo hombres. Es un génesis totalmente patriarcal. (P. Richard) Sin embargo, la genealogía de Jesús conserva la memoria activa y reivindicatoria de cuatro mujeres a quienes podríamos denominar ‘las abuelas de Jesús’.

En la genealogía de Jesús, además de María, figuran llamativamente: Tamar, Rajab, Rut y la mujer de Urías el Hitita, que ni siquiera es presentada con su nombre, pero que todo Israel sabe, que su nombre era Beltsabé. Esta cuatro mujeres con sus historias migrantes, rompen el patriarcalismo de la genealogía de Jesús. Cada una de ellas son extranjeras. Tamar es aramea (Gn. 38); Rajab es cananea (Jos. 2); Rut, moabita (Rt.); y Betsabé muy probablemente era hitita, como el esposo que le asesinaron (2a S. 11-12) por pedido del Rey David que quería quedarse con ella (2a S. 11:15).

Llamativamente cada una de ellas -junto a los padres de sus hijos- tienen historias no muy convencionales que podrían escandalizar a los más conservadores de la sociedad. Sin embargo su presencia en la genealogía de Jesús las reivindica como protagonistas de la historia de Israel, como objeto de derechos y como parte fundamental e imprescindible de la historia de nuestra salvación. Se puede profundizar más en esto, pero por lo pronto resaltemos que cada una de ellas nos trae la memoria de la migración, la historia compleja de las y los migrantes. Cada una de ellas, son parte vital de la historia Jesús y de esa familia humana en la que se encarna para hacernos familia de Dios. Porque como lo afirma Pablo “Ya no son, por tanto, extranjeros o advenedizos. Son conciudadanos de un pueblo consagrado, son familia de Dios” (Ef. 2:19. LP-H). Somos parte de la familia humana de Dios que incluye -en forma destacada,-la presencia y las historias de varones y mujeres migrantes.

Este es un dato muy importante, porque las mujeres migrantes, ayer y hoy son doblemente discriminadas y generalmente son mujeres trabajadoras y jefas de hogar que deben hacer lo posible y lo imposible para sobrevivir y para asegurar el futuro propio y de su prole.


Para las y los migrantes hoy es una buena noticia saber que la genealogía de Jesús incluye mujeres, migrantes, pobres, marginadas y a las cuales se les asigna algún tipo de “mala reputación” pero que son parte de la historia de la salvación. Por lo cual, al estar ahí sus nombres y sus historias, hay una reivindicación de su condición; a la vez que una confirmación que sus historias -muchas de ellas muy dolorosas- no estaban ocultas de los ojos y la acción del Dios que revierte la historia y que pone al descubierto las “historias no oficiales” que necesitan ser reivindicadas.

Sobre las abuelas de Jesús Ivone Richter Reimer dice: “Son cuatro mujeres. Cuatro tradiciones de mujeres. Historia de salvación en cuanto procesos salvíficos que pasan por la historia y por los cuerpos de esas mujeres. Hacen parte de sus experiencias, denuncias y esperanzas. Son rescatadas como tradición de mujer y es así que van a hacer parte de la vida y de la memoria de la(s) comunidad(es) de Mateo, y es por eso que van a entrar en el Evangelio de Mateo, bien al inicio.

Todas ellas —Tamar, Rajab, Rut y Betsabé— son mujeres marginadas dentro de estructuras de poder patriarcal. Todas ellas van (re)creando espacios de poder en la contramano de la historia oficial. Esa tradición de mujer es tan importante para la comunidad y el Evangelio de Mateo, porque así otras extranjeras, prostitutas, adúlteras, pueden reflejarse en ellas. Pueden mirar hacia esa tradición de la historia salvífica y (re)construir su vida en solidaridad con aquellas personas que, en la contra- mano de la historia, fueron acogidas también por Jesús y viven en seguimiento de él”. (Ivone Richter Reimer)

Por otra parte, el Evangelio de Mateo en 1:18-25 nos presenta el otro génesis de Jesús, el del Espíritu Santo, que le es revelado a María.

SU MAMÁ TAMBIÉN MIGRÓ Esas cuatro mujeres son las que preparan el camino a María, la madre de Jesús, y a través de quien Jesús y también el Espíritu, irrumpen en la historia, en un nuevo y definitivo comienzo (génesis). María, una joven judía pobre, prometida en casamiento a un joven carpintero del linaje de David, quedó embarazada en condiciones de apariencia vergonzosa para su sociedad y dio a luz lejos de su casa, obligada a una migración interna, a causa del censo, pero también alejada de los comentarios, las miradas y los prejuicios de sus vecinos. María fue visitada por sabios que, interpretando los signos de su tiempo, buscaban al rey que estaba por nacer. Con las herramientas de su ciencia y la visión de las estrellas, descubrieron lo que toda la creación estaba revelando, un acontecimiento cósmico, único: el nacimiento de Dios en la tierra. Aquellos extranjeros, peregrinos, caminaron desde otras latitudes con el firme propósito de adorar a Jesús (Mt.2:2) y ofrendarle como rey, profeta y sacerdote (Mt. 2:11).

Lucas nos recuerda que a la fiesta de la vida también acudieron los pastores, marginales, pobres, que cuidaban los rebaños a las afueras de la sociedad, al otro lado de la muralla, excluidos de la sociedad, privados del descanso y que fueron sorprendidos por Dios, en el lugar de sus trabajos y afanes. Allí en la oscuridad de la noche el resplandor de la gloria de Dios los arropó y oyeron la voz del mensajero angelical que les invitaba a celebración por el cumplimiento de la promesa mesiánica anticipada por los profetas.


“No tengan miedo, porque vengo a traerles una buena noticia, que será causa de gran alegría para todo el pueblo. En la ciudad de David les ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esta será la señal para que lo reconozcan: encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. En aquel mismo instante apareció junto al ángel una multitud de otros ángeles del cielo, que alababan al Señor y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que gozan de su favor!” (Lc. 2: 10-14, LPH). Y a pocos días del alumbramiento, el pequeño se encontró en peligro y José supo oír -como los sabios del oriente- el mensaje de Dios y huyó a Egipto, con María y con el niño -una nueva migración forzada- para proteger la vida amenazadas por el gobernante opresor (Mt. 2: 13-15).

Y así continúa la historia; ayer María y hoy nosotros hacemos memoria. Memoria del nacimiento y memoria de las y los migrantes. Los que luchan y sobreviven y los que mueren. Los que buscan sus raíces y mastican sus nostalgias del mundo nuevo que Jesús vino a empezar y los que sufren porque no ven las claras señales de una liberación esperada, que es inminente (Is. 43:18-19). María, dice el evangelio de Lucas (2:19), guardaba todas esas cosas en su corazón, para hacer memoria de ellas, para recordarlas, del latín recordare, es decir para volverlas a pasar por el corazón.

Que así sea hoy entre nosotros. Rescatemos a las y los migrantes en esta navidad, para que la gloria del cielo resplandezca en la tierra y traiga paz a quienes buscan con buena voluntad el mundo nuevo que encarnó Jesús.

El autor es Reverendo, 1er Vice Presidente, Consejo Latinoamericano de Iglesias – CLAI Moderador, Presbiterio de San Juan, Iglesia Presbiteriana (USA) – PCUSA.

viernes, 19 de junio de 2015

Los mártires de Charleston: Indignación y algo más.

Exterior de la iglesia en Charleston, llena de flores en homenaje a las víctimas

ESTADOS UNIDOS
Chicago-

Por Carmelo Alvarez.

Esta fe nos puede dar valor para enfrentar las incertidumbres del futuro. (Martin Luther King Jr. Discurso, Premio Nobel de la Paz, 1964)

Es con una profunda sensación de amargura (que no puedo transformar en odio) que tomo esta mañana la palabra escrita. Conozco la Iglesia Africana Metodista Episcopal de Estados Unidos. Su historia se remonta a las luchas de Richard Allen y Absalón Jones y otros, contra la esclavitud en el siglo XVIII y nos ubica hoy en esta encrucijada de atropello, odio racial y violencia brutal, contra el corazón de la espiritualidad afroamericana en Estados Unidos y todos y todas las creyentes que intentamos vivir una fe iluminada.

Esta congregación de Charleston tiene tras sí una larga historia de lucha y resistencia contra el racismo y a favor de la reconciliación. Por algo le llaman, “Mother Emanuel” (Iglesia Emanuel), emblema de una presencia edificante en el sur de Estados Unidos, más que centenaria. Quisiera destacar, entonces, las dimensiones testimoniales de este suceso y las implicaciones que tiene. Subrayaré el martirio de estos hermanos y hermanas como un referente primordial de lo que pasa y ha pasado en Estados Unidos con los que profesamos ser creyentes y somos personas de diversas razas y culturas. Planteo un sentido de indignación, destacando las manifestaciones del racismo en la sociedad norteamericana, la responsabilidad moral y espiritual que tenemos para superar las fuerzas del mal que nos asedian. Y la necesidad urgente de un llamado a la reconciliación.

El martirio es la expresión más auténtica del testimonio cristiano. Es una expresión pública de la fe y su eficacia. Evidentemente los y las mártires de Charleston son una prueba clara de ello. A un grupo de creyentes (de diversas edades) a la búsqueda de Palabra de Dios para la vivencia cotidiana de esa fe, les sorprende la muerte, fruto de una violencia implacable y una mente desquiciada. ¡Y nos dejan un legado valiosísimo para profundizar en nuestros propios compromisos y desafíos! Asumo que esta congregación, ya enmarcada como faro luminoso del Evangelio, ahora amplía su visión y su misión en medio de la crisis que vivimos. Esa es otra dimensión de lo que significa el seguir a Jesús hasta las últimas consecuencias. El martirio se asume, nos llega. Muchas veces nos sorprende, y nos duele. Pero ahí está la profundidad del Evangelio que desde la cruz de Jesucristo, por su resurrección, nos coloca en la dinámica del reinado de Dios y sus valores. Destacamos a los mártires no sus victimarios.

La indignación profética está fundamentada en el llamado ineludible de Dios a una misión compleja y conflictiva. Tenemos una larga tradición judeo-cristiana que nos impele y reclama. Y en esa tradición profética afortunadamente podemos nombrar desde Jeremías, Isaías, Amós, Oseas hasta Jesús, Martin Luther King, Jr., Dorothy Day, Reies López Tijerina, César Chávez, Dolores Huerta, Antulio Parrilla, Oscar Romero, Julia Esquivel, y muchos y muchas más que forman parte de una gran “nube de testigos”.

Un elemento esencial de la indignación profética es el juicio de Dios ante los acontecimientos injustos, los pecados personales y colectivos, incluyendo la apatía, la indiferencia y el cinismo. Aunque seamos tentados y tentadas a claudicar debemos asumir esa vocación profética al servicio del pueblo y bajo la dirección de Dios. En la hora decisiva Dios sigue hablando, nos continúa cuestionando y nos ofrece el antídoto contra toda desesperanza: el amor esperanzado hacia un futuro distinto y mejor. En sociedades más justas.

El racismo tiene una larga historia en Estados Unidos. No es nunca algo accidental o pasajero. Cala profundo en la psiquis y el comportamiento de la sociedad como tal. Se expresa en ideologías que intentan justificar lo injustificable. Busca perpetuarse en estructuras culturales, educativas, sociales, religiosas y políticas, en un sistema reproductor de leyes injustas (como nos enseñara elocuentemente Martin Luther King, Jr.) con antivalores que solo promueven el odio. Así se va creando el ambiente de división, con la consabida marginación y desprecio a lo diferente y distinto. A ello se une el miedo colectivo, también propiciado por actitudes de intolerancia e incomprensión, con la consecuente proliferación de grupos radicales violentos y racistas, desafortunadamente reclamando “principios cristianos”.

Entonces, hay que resaltar la fuerza moral y espiritual en el compromiso por la paz con justicia para toda la creación. De la indignación profética pasamos a la ética activa en el amor, en la construcción de nuevos espacios para la convivencia humana. Las iglesias, particularmente las norteamericanas en esta hora crucial, deben levantar un mensaje de esperanza y asumir los retos de ser agentes morales, espirituales y éticos en una sociedad tan conflictuada.

El camino de la reconciliación es la respuesta. En contextos de profunda división, la búsqueda de unidad es clave. Dios en su gran misericordia vuelve a insistir en la fuerza de su amor. Nos pide que trabajemos para derrumbar las barreras del mal, la violencia, la segregación y los atropellos que nos rodean. Construir jardines de confraternidad y círculos de amistad son proyectos deseables. En el cristianismo la verdadera comunión propicia la solidaridad, el afecto, la aceptación de los otros y las otras.

La palabra del profeta Martin Luther King Jr. nos vuelve a iluminar:

Cuando dejemos que la libertad nos llame, cuando dejemos que nos llame desde todos los pueblos y aldeas, desde todos los estados y todas la ciudades, entonces podremos impulsar y hacer emerger el día en que los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, católicos y protestantes, podrán unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ¡Por fin libres! ¡Por fin libres! ¡Gracias al Dios Todopoderoso por fin somos libres! (Juan María Alponte, Los liberadores de la conciencia. Lincoln, Gandhi, Luther King, Mandela (México: Aguilar, 396).

En medio de nuestra consternación, asombro y congoja hemos de resaltar el gesto martirial de las hermanas y los hermanos de Charleston. Con nuestra indignación profética y una ética radical de compromiso por la paz, la cordura y la sensatez, debemos marcar el mapa hacia una ruta que nos permita soñar, para construir una sociedad de plena humanidad en los Estados Unidos y todo el mundo. La llamada de la libertad nos obliga. Seremos agentes de transformación con fuerza, imaginación y certeza. ¡Yo me comprometo y lo busco!

martes, 6 de enero de 2015

Ni eran reyes ni eran tres.


Mateo 2, 1-12

Por Lisandro Orlov

Ya no es posible acercarnos a un texto de las Escrituras con actitud inocente. La duda y la sospecha como metodología interpretativa es sumamente útil como para comprender e interpretar los silencios, las ausencias y los énfasis de un texto. Todo escrito tiene siempre una doble función de revelar y ocultar, de inducir y llevar a sus lectores en una determinada línea de pensamiento. No hay escrito alguno que sea inocente.

Es por ello que tenemos que preguntarnos qué tiene que ver este texto del evangelio, central a la celebración de la Epifanía con la epidemia del vih. Si analizamos la intencionalidad de todo el Evangelio de Mateo podemos colocar este fragmento en una perspectiva mayor y más amplia. Aquellos que estaban destinados a ser los instrumentos principales del proceso de liberación iniciado por Dios, por problemas interpretativos de las Escrituras, no pueden comprender ese proceso. La forma en que están leyendo la historia de la salvación les ha hecho ciegos y sordos a los acontecimientos de la Navidad. No pueden comprender la forma paradójica en que ese Dios que reconocen y alaban, adopta para manifestarse. Estamos nuevamente frente a un problema hermenéutico. El problema es la forma en que utilizamos las Escrituras para interpretar la realidad del presente de Dios.

Ya habíamos hecho de los pastores, grupos sumamente sospechoso y estigmatizado por los grupos de poder intelectual, religioso y político de su tiempo, un idílico y lírico grupos de buenos muchachos que le quitó todo escándalo al hecho que sean justamente ellos los primeros en recibir la buena noticia de la Encarnación de Dios. Era necesario quitarle todo aspecto escandaloso al relato para que no produjera en nosotros y nosotras ninguna reacción peligrosa. El primer grupo que se acerca al Niño de Belén es un grupo considerado indigno de tal regalo y un grupo realmente peligroso para la defensa de los valores tradicionales.

Ahora es necesario hacer el mismo proceso con el siguiente grupo. Estos magos de oriente que se aproximan al pesebre son también un grupo sospechoso y estigmatizado por toda la tradición religiosa de todos los tiempos. Leyes, sabiduría y profetas advierten en contra de todos los magos, de entonces y de ahora. En realidad estos señores son aquello que hoy llamaríamos astrólogos y muy lejos de ser astrónomos. Están más cerca de los que redactan horóscopos que los científicos que estudian los misterios del universo. Estos magos son también un grupo muy mal visto por los que interpretan las Escrituras. Nuevamente el escándalo y para evitar esa lamentable situación los hemos transformado en reyes cuando en realidad son unos sospechosos charlatanes. Por más que en las reuniones sociales hablemos de los signos del zodíaco, de los resultados de horóscopos diversos, que entretienen nuestras frivolidades, ninguno de nosotros y nosotras tomamos muy en serio esas predicciones y adivinanzas. Exactamente ocurría con los magos del oriente y del occidente, del norte y del sur. No son sabios, ni reyes ni sabios: son magos con toda la carga que aún hoy le damos a esta afirmación. Muy buenos para animar fiestas infantiles pero que ninguno de nosotros tomaríamos muy en serio, excepto Dios en forma sorprendente.

Estas personas, cuyo número permanece en el misterio más profundo y que hemos hecho que sean tres porque tres son los regalos, proceden de un grupo que está fuera de la comunidad de fe. Otro escándalo. Dios se revela a aquellos grupos que por diversas razones se han colocado o los hemos colocado fuera de los límites de la comunidad de fe. Esta manifestación a estos magos pone en tela de juicio que la salvación no exista más allá de las hipotéticas fronteras que hemos establecido para limitar la acción de Dios a los grupos que consideramos políticamente correctos. Esta realidad puede tener una fuerza sumamente importante para fundamentar nuestra acción pastoral, nuestra reflexión bíblica y la construcción de nuevos paradigmas teológicos. La acción de Dios va más allá de todo lo que podemos comprender y lo peor, más allá de los que podemos tolerar.

Este texto justifica, fundamente y nos compele a continuar nuestra acción pastoral y de acompañamiento con todos los grupos vulnerables al estigma y la marginación que producen nuestras propias comunidades de fe cuando hacen lecturas incompletas y tradicionales de las Escrituras. Este texto y la llegada de estos magos sospechosos a las ortodoxias del poder político y de la sabiduría religiosa establecida, nos ayudan a explicar, fundamentar y continuar con nuestro diálogo con cuanto grupo excluído y marginados por sociedades y comunidades de fe. Es necesario recuperar el escándalo de este texto y dudar y sospechar de lecturas tradicionales que los han esterilizado.

El texto del profeta Isaías nos ayuda a enmarcar esta reflexión. Allí se nos habla de la situación de exiliados que por diversos motivos se mantienen lejos del espacio de vida a la cual pertenecen. Allí se los alienta a retornas a aquellos espacios a los que pertenecen y que les pertenecen. Igualmente muchos de las personas y grupos en situación de vulnerabilidad a la epidemia del vih viven exiliados de nuestras comunidades y en nuestra acción pastoral queremos alentarles a retornar y ocupar el espacio de dignidad que les pertenece. Ya no son más “los otros y las otras”. Desde siempre, desde la Encarnación, desde la llegada de los sospechosos y divertidos magos, todas las personas y grupos vulnerables al estigma y la descalificación de los poderosos políticos y religiosos, son de los nuestros y de las nuestras. Se ha roto para siempre esa forma extraña de hablar de ellos y nosotros, de ellas y nosotras. El objetivo de todo este Evangelio de Mateo es mostrarnos que Dios ha abierto hace tiempo su Reino a todos y todas en una forma que va más allá de lo que podemos comprender y aceptar. Es el escándalo de la radical inclusión de Dios. De eso trata este texto y eso nos cuesta reconocer. Por ello y como una consecuencia para protegernos tenemos que adornarlos y pensar que no son pobres magos sino reyes y que además de tener sangre azul son generosos magos.

Indudablemente estos magos están algo confundidos y ellos mismo no han comprendido totalmente la acción de Dios. Realmente los astros, la naturaleza, los pocos y bonitos ríos y lagos que aún no han sido contaminados, ni los cielos con o sin nubes nunca pueden revelar la verdadera naturaleza de la forma de revelarse de Dios. Ni astros ni flores nos pueden revelar a este Dios que para revelarse escoge el esconderse en aquello que nos cuesta aceptar. Si bien la estrella no los dirige hacia el centro del poder político, ellos igualmente y por una concepción teológica tradicional, es decir, desde una teología de la gloria van al palacio porque piensan que allí conocen todo. Es siempre esa tentación de buscar ser validados y reconocidos por los centros de poder. Ese poder busca el asesoramiento de teólogos y estudiosos funcionales al sistema, que siempre los hay en gran cantidad. Conocen las Escrituras pero no las entienden ni las aplican. Su conocimiento de las Escrituras es un obstáculo a la comprensión de los signos de los tiempos. La epidemia del vih y la situación de vulnerabilidad en que viven personas y grupos es un signo de los tiempos que exige comprensión desde caminos no tradicionales. Para entender esta realidad debemos alejarnos de estos grupos de poder y caminar hacia los pesebres que la epidemia del vih y sida nos revela y donde se han detenido todas las estrellas de Dios que nos hablan de una nueva forma de comprender su voluntad.

Para la revisión de vida

¿Dónde vemos en nuestra realidad y en el contexto de la pandemia del vih y sida, signos de esperanza y luz? ¿Estamos orando para que Dios se revele en algún espacio en especial? ¿Cuál?

Para la reunión de grupo

¿Nuestra invitación a formar parte de nuestras comunidades de fe a personas y grupos en situación de vulnerabilidad al vih o sida es parte de un proceso de liberación, de inclusividad y de relectura bíblica?

Para la oración de las y los fieles

Con la alegría de saber que la Palabra se ha hecho carne, oremos en paz por la iglesia y todas las comunidades de fe, por aquellos exiliados de nuestras comunidades y por toda la creación de Dios.

(Se hace un breve silencio:)

Por la iglesia, para que radiante y renovada por la alegría y la fe en el nacimiento paradójico del Salvador, pueda guiar y servir con esta luz de la Epifanía, luz de tu manifestación en el rostro y la vida de las personas y situaciones de vulnerabilidad y poder construir juntos un espacio donde tu gracia y tu amor nos den unidad. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por todos aquellos y aquellas que tienen poder y autoridad en la sociedad y en la iglesia, para que puedan ser guiados por tu sabiduría y tu compasión, para que puedan buscar siempre y en todo lugar el bienestar de los que han sido estigmatizados y excluidos por nuestros prejuicios, nuestra equivocada comprensión de tu voluntad y para que todos busquemos tu perdón y renovación. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por los países y las regiones de la tierra, divididas por el odio y el prejuicio, pera que ellos y nosotros podamos caminar los senderos de paz y reconciliación, Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por todos aquellos y aquellas que viven en soledad, exclusión, temor y miseria, para que sobre ellos y ellas pueda brillar la luz de tu amor que todo lo repara y cura, y para que sientan la mano amiga y fraterna de nuestra comunidad de fe, que se abre con gozo para recibirles incondicionalmente. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

Por todos aquellos y aquellas que se reúnen en esta iglesia, como tus hijos e hijas, para que brillen como el rostro de Dios, y que puedan iluminar los caminos y senderos que llevan a afirmar nuestra fe y compromiso para hacer de este nuevo año, un tiempo de la alabanza que nace del reconocer la dignidad de toda tu creación. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.

(Aquí se pueden incluir otros motivos de intercesión:)

Por todos los santos y santas que comparten la eterna luz de Cristo, para que sus ejemplos de fe, de amor y de vida, guíen los pasos y las acciones de tu pueblo para que continuemos siendo escándalo para los que oprimen y excluyen. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.



Confiando en tu misericordia, nos encomendamos a nosotros mismos y a todos aquellos y aquellas que nos has encomendado que cuidemos, por aquel que nació para escándalo y temor de tiranos e injustos líderes de los pueblos. Señor, libera al pobre que suplica, y al humilde que está desamparado.



Oración comunitaria

Camino de la Epifanía, tu revelaste a tu Hijo a todos los pueblos por la guía de una estrella. Guíanos ahora a nosotros y nosotras por la luz de la fe para reconocer tu presencia en nuestras vidas y en las vidas de las personas que viven con vih o con sida, y llévanos por los caminos que conducen a la plenitud de tu Reino de justicia. Te lo pedimos por tu Hijo, Jesucristo, nuestro hermano y amigo, que vive contigo y con tu pueblo, y con el Espíritu de servicio, siempre un Dios con nosotros y nosotras, ahora y siempre.

Amén.

Pastor Lisandro Orlov, Pastoral Ecuménica VIH-SIDA

Fuente: alc-noticias