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martes, 23 de junio de 2015

El sueño imposible de Martin Luther King.


Germán Gorráiz López, analista

El 3 de abril de 1.968, víspera de su asesinato, el Premio Noble de la Paz y activista de los derechos civiles, reverendo Martin Luther King ,declaró a su seguidores “ …He visto la tierra prometida. Quizá no pueda llegar con vosotros pero deseo que sepáis que nosotros, como pueblo, conseguiremos la tierra prometida”, con lo que se adelantaría casi medio siglo a la elección de un Presidente afroamericano. Así, por primera vez en la Historia de EEUU, en 2008 es elegido como Presidente de la Nación un negro debido al voto de las minorías latina y afroamericana, con lo que los partidos tradicionales del establishment habrían cambiado su estrategia electoral para captar un voto que en el horizonte del 2050 será mayoritario.

Así, según la Oficina del Censo de EEUU, hacia el 2043 los blancos dejarán de ser la mayoría de la población estadounidense y serán desplazados por la suma de la población hispana que aumentaría de 53,3 millones en la actualidad a 128,8 millones en 2060 y la afroamericana, que pasaría los 41,2 millones actuales a los 61,8 millones previstos por las proyecciones.

Sin embargo, según un artículo de la publicación canadiense Global Research, 47,8 millones de estadounidenses vivirían bajo el umbral de la pobreza y deberían utilizar los cupones de alimentación (SNAP por sus siglas en inglés), para satisfacer sus necesidades alimenticias, lo que se traduce en un aumento del 70 por ciento desde 2008 debido a la elevada tasa de desempleo y pobreza que se habría ensañado con las minorías latina y afroamericana. Así, desde el inicio de la recesión en 2008, 28,2 millones de personas se inscribieron en el SNAP y unos 10 millones de niños vivirían en la pobreza extrema, según dicha publicación. Por otra parte, la reducción en el Presupuesto del 2015 de cerca de 85.000 millones de dólares, ha obligado al Programa Especial de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Infantes y Niños (WIC) a eliminar beneficios a casi 600.000 madres, lactantes y niños, según la publicación canadiense.

Además, la tasa de paro de EEUU en el mes de Mayo subió hasta el 5,5 % y continúa el endemismo crónico de altas tasas de desempleo en la población afroamericana (17%), cifra que se triplicaría en cuanto atañe a la población joven negra (51%), con los consiguientes efectos colaterales de marginalidad, economía sumergida e incremento de los índices de delincuencia. que se elevaría hasta cifras ionosféricas en lo que respecta a la población joven pues seguiríamos hablando de 8,7 millones de desempleados (superior a la población de Chicago), a lo que habría que sumar los 6,7 millones que trabajan a tiempo parcial por las condiciones de sus empresas o por motivos económicos (comparable al total de vecinos de Detroit y Baltimore) y los 2,2 millones que no buscan empleo (equivalente a Baltimore), con lo que la frase icónica de Luther King “I have a dream” (Tengo un sueño) continúa como una utopía inalcanzable en la distópica sociedad estadounidense del siglo XXI.

La distopía afroamericana y la vigencia de las ideas de Jeremiah Wright

Una distopía sería “ una utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antagónicos a los de una sociedad ideal” y se ubican en ambientes cerrados o claustrofóbicos. Así, Detroit sería un escenario distópico de naturaleza real (no ficitica) y el paradigma del mayor éxodo masivo de población sufrido por una ciudad moderna durante los los últimos 70 años , éxodo motivado por la conjunción de razones económicas (la corrupción generalizada de las autoridades municipales y el hecho de que los altos impuestos por vivir dentro del área metropolitana se reducían drásticamente en el extrarradio) y raciales. Así, Detroit habría pasado de tener en el área metropolitana 1, 8 millones de habitantes en 1960 ( 90 % de raza blanca) a 700.000 en el 2012 (84% de raza afroamericana), movimiento migratorio centrífugo conocido coloquialmente como “white fligt “ (vuelo blanco) ya que la mayoría de la población que emigraba a los extrarradios era de raza blanca y de clase media y alta, quedando la población de color confinada al este de la ciudad en una zona irónicamente denominada “Paradise Valley” (Valle paraíso).

Nos encontraríamos pues ante un escenario distópico, donde el 36% de la población viviría por debajo del umbral de la pobreza y con la tasa de delincuencia más alta de todo EEUU, favorecido por la lacerante falta de inversiones en los servicios públicos y la existencia de miles de solares y viviendas abandonados vacíos que deberán ser derruidos por el Ayuntamiento. Además, la drástica recaudación de impuestos obligará a recortar todavía más los programas de asistencia social, subir los impuestos y privatizar la mayoría de servicios públicos debido al déficit acumulado y al nivel de los bonos emitidos ya que no pueden imprimir dinero para financiar sus déficits como lo hace la nación, situación extrapolable a otras muchas ciudades de mayoría afroamericana. Así, la ciudad de Camden, en Nueva Jersey, la segunda ciudad con mayor tasa de criminalidad de Estados Unidos, se vio abocada a despedir al 45% de sus fuerzas del orden, con lo que la conjunción de tasas de paro estratosféricas ( superiores al 15 %), drástica reducción de los programas de asistencia social para una población de facto subsidiada y la actuación desmesurada y con claros tintes racistas de las fuerzas de orden público,

El reverendo Wright en un sermón pronunciado en el 2001 en la parroquia de la United Church of Christ de Chicago expresó la necesidad de una metanoia colectiva de la sociedad estadounidense “que transforme las guerras militares imperiales en guerras políticas internas contra el racismo y las injusticias de clase”, para lo que propuso una redistribución fundamental de la riqueza a través de la reasignación del presupuesto público. Citando el “regalo de la Administración de George W. Bush de 1.300 billones de dólares en exenciones de impuestos para los ricos”, replicó con una propuesta de financiación pública de asistencia médica universal y de reconstrucción del sistema educativo para ponerlo al servicio de los pobres.

Asimismo, en una conferencia pronunciada en la Universidad Howard (Washington) en el 2006 afirmó: “Este país se fundó y está dirigido según un principio racista (…) Creemos en la superioridad blanca y en la inferioridad negra (…) más que en el propio Dios”, según un extracto publicado por The Wall Street Journal. Obama, hijo espiritual del Reverendo Wright y deudor del título de su libro “La Audacia de la Esperanza,”, se vio forzado a renegar de su paternidad ideológica y no dudó en desmarcarse de la influencia de su mentor religioso ante los ataques recibidos siendo todavía senador, pero en su libro “Los Sueños de mi padre” , habla sobre la actitud vital de la población afroamericana , marcada por el estigma generacional de “una segregación racial que ha caracterizado el devenir norteamericano” según sus palabras, herida sin cicatrizar que posiblemente vuelva a abrirse y estallar en el final de su segundo mandato.

El racismo policial y el papel de las Fraternidades

Tras la muerte del adolescente afroamericano Trayvon Martin por el vigilante George Zimmerman ( absuelto de los cargos de asesinato), el profesor de Estudios Culturales y Negros en la Universidad Duke, Mark Anthony Neal afirmó:”Lo primero que aprendimos es que no hemos superado el asunto de la raza. En la elección de 2008 se tenía la esperanza de que haber elegido a Obama nos permitiría trascender las cuestiones de raza”, pero la deriva totalitaria sufrida por EEUU durante el mandato de George W. Bush provocó que en nombre de la sacro-santa seguridad del Estado se llegara en la práctica a anular el principio de inviolabilidad ( habeas corpus) de las personas, instaurando de facto el principio de “presunción de culpabilidad” en lugar del primigenio de “presunción de inocencia”, lo que habría quedado como estigma imborrable en las fuerzas de seguridad de los EEUU y tendría su reflejo en la prepotencia, brutalidad y el desprecio racial que destilan las intervenciones policiales en las grandes ciudades de EEUU, elementos constituyentes de la llamada “perfección negativa”, término empleado por el novelista Martín Amis para designar “la obscena justificación del uso de la crueldad extrema, masiva y premeditada por un supuesto Estado ideal”. Así, tras la muerte todavía sin aclarar del joven afroamericano de 18 años Mike Brown por disparos de un policía blanco en Ferguson (Missouri) , la población afroamericana volvió a rememorar la década de los 60 y la lucha por las libertades civiles encabezada por el reverendo Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz (“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”).

Según elinformador.com.mx, casi la totalidad de las nueve hermandades históricamente negras, (conocidas como ”Las Nueve Divinas”), nacieron del conflicto racial en el país y fueron fundadas en los campus universitarios a principios de la década de 1900 cuando los estudiantes negros se enfrentaban a prejuicios raciales y a la exclusión. Así, según Gregory Parques, profesor asistente en la Escuela de Derecho de la Universidad Wake Forest y miembro de la fraternidad Alpha Phi Alpha. “hubo un momento en que las fraternidades negras estaban en la vanguardia de la lucha por los derechos civiles, pero esos días se han perdido en la memoria” pues la mayoría de sus dirigentes estarían sedados y adormecidos debido a las cuantiosas aportaciones que reciben de los fondos federales.

Sin embargo, la persistencia de la violencia policial contra la población afroamericana y la práctica impunidad de la policía (cuyo penúltimo exponente sería el asesinato de 9 personas en la iglesia metodista afroamericana de Charleston (Carolina del Sur) entre los que se incluye el senador demócrata Pinckney), hará oscilar en sus valores la otrora monolítica actitud de las Fraternidades de permanecer al margen de las protestas violentas. Así, fraternidades negras como Omega Psi Phi, Alpha Phi Alpha y Beta Phi Sigma y las hermandades Zeta Phi Beta y Gamma Sigma Rho han hecho un llamamiento a sus miembros para que se unan a las protestas contra las actuaciones policiales, con lo que podríamos asistir al agigantamiento mediático del líder activista pro-derechos civiles Jesse Jackson y a una nueva gran marcha pacífica sobre Washington (Martin Luther King, 1.963), no siendo descartable una posterior reedición de los violentos disturbios raciales del verano de 1963 que podría hacer que las áreas metropolitanas con altas tasas de población afroamericana ( New Orleans, Washington, St-Louis, Los Ángeles, Atlanta, Cleveland y Chicago) estallen en violentos disturbios callejeros donde se entremezclarán las demandas sociales con las de segregación racial, olvidando las enseñanzas de Martin Luther King (“La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve”) y quedando postergado “sine die” su sueño utópico de ver sentados en la misma mesa a los hijos de blancos y negros en las praderas de Georgia.


viernes, 19 de junio de 2015

Los mártires de Charleston: Indignación y algo más.

Exterior de la iglesia en Charleston, llena de flores en homenaje a las víctimas

ESTADOS UNIDOS
Chicago-

Por Carmelo Alvarez.

Esta fe nos puede dar valor para enfrentar las incertidumbres del futuro. (Martin Luther King Jr. Discurso, Premio Nobel de la Paz, 1964)

Es con una profunda sensación de amargura (que no puedo transformar en odio) que tomo esta mañana la palabra escrita. Conozco la Iglesia Africana Metodista Episcopal de Estados Unidos. Su historia se remonta a las luchas de Richard Allen y Absalón Jones y otros, contra la esclavitud en el siglo XVIII y nos ubica hoy en esta encrucijada de atropello, odio racial y violencia brutal, contra el corazón de la espiritualidad afroamericana en Estados Unidos y todos y todas las creyentes que intentamos vivir una fe iluminada.

Esta congregación de Charleston tiene tras sí una larga historia de lucha y resistencia contra el racismo y a favor de la reconciliación. Por algo le llaman, “Mother Emanuel” (Iglesia Emanuel), emblema de una presencia edificante en el sur de Estados Unidos, más que centenaria. Quisiera destacar, entonces, las dimensiones testimoniales de este suceso y las implicaciones que tiene. Subrayaré el martirio de estos hermanos y hermanas como un referente primordial de lo que pasa y ha pasado en Estados Unidos con los que profesamos ser creyentes y somos personas de diversas razas y culturas. Planteo un sentido de indignación, destacando las manifestaciones del racismo en la sociedad norteamericana, la responsabilidad moral y espiritual que tenemos para superar las fuerzas del mal que nos asedian. Y la necesidad urgente de un llamado a la reconciliación.

El martirio es la expresión más auténtica del testimonio cristiano. Es una expresión pública de la fe y su eficacia. Evidentemente los y las mártires de Charleston son una prueba clara de ello. A un grupo de creyentes (de diversas edades) a la búsqueda de Palabra de Dios para la vivencia cotidiana de esa fe, les sorprende la muerte, fruto de una violencia implacable y una mente desquiciada. ¡Y nos dejan un legado valiosísimo para profundizar en nuestros propios compromisos y desafíos! Asumo que esta congregación, ya enmarcada como faro luminoso del Evangelio, ahora amplía su visión y su misión en medio de la crisis que vivimos. Esa es otra dimensión de lo que significa el seguir a Jesús hasta las últimas consecuencias. El martirio se asume, nos llega. Muchas veces nos sorprende, y nos duele. Pero ahí está la profundidad del Evangelio que desde la cruz de Jesucristo, por su resurrección, nos coloca en la dinámica del reinado de Dios y sus valores. Destacamos a los mártires no sus victimarios.

La indignación profética está fundamentada en el llamado ineludible de Dios a una misión compleja y conflictiva. Tenemos una larga tradición judeo-cristiana que nos impele y reclama. Y en esa tradición profética afortunadamente podemos nombrar desde Jeremías, Isaías, Amós, Oseas hasta Jesús, Martin Luther King, Jr., Dorothy Day, Reies López Tijerina, César Chávez, Dolores Huerta, Antulio Parrilla, Oscar Romero, Julia Esquivel, y muchos y muchas más que forman parte de una gran “nube de testigos”.

Un elemento esencial de la indignación profética es el juicio de Dios ante los acontecimientos injustos, los pecados personales y colectivos, incluyendo la apatía, la indiferencia y el cinismo. Aunque seamos tentados y tentadas a claudicar debemos asumir esa vocación profética al servicio del pueblo y bajo la dirección de Dios. En la hora decisiva Dios sigue hablando, nos continúa cuestionando y nos ofrece el antídoto contra toda desesperanza: el amor esperanzado hacia un futuro distinto y mejor. En sociedades más justas.

El racismo tiene una larga historia en Estados Unidos. No es nunca algo accidental o pasajero. Cala profundo en la psiquis y el comportamiento de la sociedad como tal. Se expresa en ideologías que intentan justificar lo injustificable. Busca perpetuarse en estructuras culturales, educativas, sociales, religiosas y políticas, en un sistema reproductor de leyes injustas (como nos enseñara elocuentemente Martin Luther King, Jr.) con antivalores que solo promueven el odio. Así se va creando el ambiente de división, con la consabida marginación y desprecio a lo diferente y distinto. A ello se une el miedo colectivo, también propiciado por actitudes de intolerancia e incomprensión, con la consecuente proliferación de grupos radicales violentos y racistas, desafortunadamente reclamando “principios cristianos”.

Entonces, hay que resaltar la fuerza moral y espiritual en el compromiso por la paz con justicia para toda la creación. De la indignación profética pasamos a la ética activa en el amor, en la construcción de nuevos espacios para la convivencia humana. Las iglesias, particularmente las norteamericanas en esta hora crucial, deben levantar un mensaje de esperanza y asumir los retos de ser agentes morales, espirituales y éticos en una sociedad tan conflictuada.

El camino de la reconciliación es la respuesta. En contextos de profunda división, la búsqueda de unidad es clave. Dios en su gran misericordia vuelve a insistir en la fuerza de su amor. Nos pide que trabajemos para derrumbar las barreras del mal, la violencia, la segregación y los atropellos que nos rodean. Construir jardines de confraternidad y círculos de amistad son proyectos deseables. En el cristianismo la verdadera comunión propicia la solidaridad, el afecto, la aceptación de los otros y las otras.

La palabra del profeta Martin Luther King Jr. nos vuelve a iluminar:

Cuando dejemos que la libertad nos llame, cuando dejemos que nos llame desde todos los pueblos y aldeas, desde todos los estados y todas la ciudades, entonces podremos impulsar y hacer emerger el día en que los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, católicos y protestantes, podrán unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ¡Por fin libres! ¡Por fin libres! ¡Gracias al Dios Todopoderoso por fin somos libres! (Juan María Alponte, Los liberadores de la conciencia. Lincoln, Gandhi, Luther King, Mandela (México: Aguilar, 396).

En medio de nuestra consternación, asombro y congoja hemos de resaltar el gesto martirial de las hermanas y los hermanos de Charleston. Con nuestra indignación profética y una ética radical de compromiso por la paz, la cordura y la sensatez, debemos marcar el mapa hacia una ruta que nos permita soñar, para construir una sociedad de plena humanidad en los Estados Unidos y todo el mundo. La llamada de la libertad nos obliga. Seremos agentes de transformación con fuerza, imaginación y certeza. ¡Yo me comprometo y lo busco!

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Luchar contra el racismo donde sea y bajo cualquier disfraz que se presente.



Nelson Mandela
Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1993, que recibió junto con el entonces presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk

Madiba y su camino hacia la libertad

Su majestad, el rey. Su alteza real, estimados miembros del Comité Noruego del Nobel, honorable primer ministro, señora Gro Harlem Brundtland, ministros, miembros del Parlamento y embajadores, compañeros galardonados, señor F. W. De Klerk, distinguidos invitados, amigos, damas y caballeros.
Quiero extender un agradecimiento de corazón al Comité Noruego del Nobel por acogerme como ganador del Premio Nobel de la Paz.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para felicitar a mi compatriota y también galardonado, presidente F. W de Klerk, quien recibe conmigo este alto honor.

Juntos nos hemos unido a dos sudafricanos distinguidos; el fallecido Albert Lutuli, y su santidad, el arzobispo Desmond Tutu, cuyas fundamentales contribuciones a la lucha pacífica contra el maligno sistema del apartheid fueron justamente premiados por ustedes al concederles el Premio Nobel de la Paz.

No sería presuntuoso de nuestra parte si también añadimos, de entre nuestros predecesores, el nombre de otro notable ganador del Premio Nobel de la Paz, el asesinado reverendo Martin Luther King Jr.

Él también luchó y murió sin cejar en el empeño de hacer una contribución para encontrar una solución justa a algunas de las grandes interrogantes que hoy enfrentamos los sudafricanos.

Hablamos aquí del reto de las dicotomías de la guerra y la paz, la violencia y la no violencia, del racismo y la dignidad humana, la opresión y la represión, la libertad y los derechos humanos, la pobreza y liberación de los que padecen carencias.

Nos encontramos hoy aquí como nada menos que representantes de millones de los nuestros que se han atrevido a levantarse contra un sistema social cuya esencia misma es la guerra, la violencia, el racismo, la opresión, la represión y el empobrecimiento de un pueblo entero.

También me encuentro aquí como representante de millones de personas en todo el globo: el movimiento antiapartheid, los gobiernos y organizaciones que se han unido con nosotros, no para combatir a Sudáfrica como país ni a ninguno de sus habitantes; sino para oponerse a un sistema inhumano y exigir el fin inmediato del crimen contra la humanidad que es el apartheid.

Esos incontables seres humanos, tanto dentro como fuera de nuestro país, tuvieron la nobleza de espíritu de impedirle el paso a la tiranía y la injusticia sin buscar una ganancia egoísta. Reconocieron que el daño contra uno es un daño contra todos, y por lo tanto, actuaron unidos para defender la justicia y la decencia humana fundamental.

Gracias a su valor y persistencia de muchos años, hoy podemos, incluso, prever la fecha en que toda la humanidad se reunirá para celebrar una de las más notables victorias humanas de nuestro siglo.

Cuando llegue ese momento, nos regocijaremos juntos por la victoria común sobre el racismo, el apartheid y el mandato de la minoría blanca.

Ese triunfo finalmente cerrará una historia de 500 años de colonización en África que comenzó con el establecimiento del imperio portugués.

De la misma forma, quedará marcado un gran paso hacia adelante en la historia que servirá como consigna común a los pueblos del mundo para luchar contra el racismo, donde quiera que ocurra y bajo cualquier disfraz que se presente.

En la punta sur del continente de África, se prepara una hermosa recompensa, un regalo invaluable que llegará a aquellos que sufrieron en el nombre de la humanidad y que sacrificaron todo por la libertad, la paz, la dignidad humana y la justicia entre los hombres.

Esta recompensa no se medirá en dinero, ni podrá valuarse con el precio de los metales raros y piedras preciosas que reposan en las entrañas de la tierra africana en la que permanecen las huellas de nuestros ancestros.

Se medirá con la felicidad y el bienestar de los niños que son, al mismo tiempo, los ciudadanos más vulnerables de cualquier sociedad y uno de nuestros mayores tesoros.

Estos niños podrán, al fin, jugar en el campo ya sin sufrir la tortura del hambre y la enfermedad, ni amenazados por la escoria de la ignorancia y el abuso, ni tendrán ya que involucrarse en actividades cuya gravedad excede las demandas que corresponden a su corta edad.

Ante esta distinguida audiencia, nos comprometemos a que la nueva Sudáfrica luchará sin tregua en lograr los propósitos definidos en la Declaración Mundial sobre la Sobrevivencia, Protección y Desarrollo de los niños.

La recompensa de la que hablamos también se medirá con la felicidad y bienestar de las madres y padres de estos niños, quienes vivirán sin el temor de ser robados, asesinados por motivos políticos o monetarios, o humillados porque son mendigos.

Ellos serán liberados de la pesada carga de la desesperación que llevan en el corazón, surgida de la pobreza, el hambre y el desempleo.

El valor de ese regalo es para todos aquellos que han sufrido, deberá y será medido con la felicidad y bienestar de los ciudadanos de nuestro país que derribará los muros inhumanos que los dividen.

Estas grandes masas darán la espalda al grave insulto contra la dignidad humana que definió a algunos como amos y a otros como sirvientes, y transformó en depredadores a aquellos cuya sobrevivencia dependía de la destrucción del otro.

El valor de nuestra recompensa compartida deberá y será medido con la paz gozosa que triunfará porque la humanidad común que une a negros y blancos en una sola raza humana dirá a cada uno de nosotros que viviremos como hijos del paraíso.

Así viviremos, porque crearemos una sociedad que reconoce que todos los hombres hemos nacido iguales, con derecho a la misma calidad de vida, libertad, prosperidad, derechos humanos y buen gobierno.

Una sociedad así jamás permitirá que vuelva a haber prisioneros de conciencia ni que se violen los derechos humanos de persona alguna.

Tampoco debe permitirse que otra vez las vías hacia el cambio pacífico sean bloqueadas por usurpadores que robarán el poder del pueblo con el fin de satisfacer sus propósitos indignos.

En relación a estas materias, llamamos al gobierno de Birmania (hoy Myanmar) para que dejen en libertad a nuestra compañera Nobel de la Paz, Aun San Suu Kyi, y la involucren en un diálogo serio que beneficie a la población del país.

Oramos porque aquellos que tienen el poder cedan cuanto antes y permitan que ella use su talento y energía en beneficio de su nación y de la humanidad como un todo.

Y alejándome de las asperezas y tribulaciones políticas de nuestro propio país, quiero aprovechar esta oportunidad para unirme al Comité Noruego del Nobel para rendir homenaje a mi compañero de galardón, el señor F. W de Klerk.

Él tuvo el valor de admitir la terrible injusticia que se cometía en nuestro país y nuestro pueblo con la imposición del sistema del apartheid.

Él tuvo la visión de comprender y aceptar que todo el pueblo sudafricano debía negociar como participantes igualitarios en el proceso con el que se determinarían qué futuro deseamos.

Aún hay algunos en nuestra nación que equivocadamente creen que pueden hacer una contribución a la causa de la justicia y la paz aferrándose a arcaísmos que, se ha constatado, sólo llevan al desastre.

Conservamos la esperanza de que ellos también sean bendecidos con la razón suficiente para darse cuenta de que la historia no puede negarse y que una nueva sociedad no puede ser creada reproduciendo un pasado repugnante que sólo ha sido retocado y escondido bajo una nueva fachada.

También quisiéramos aprovechar la ocasión para homenajear a los numerosos movimientos democráticos de nuestro país, incluidos los miembros del Frente Patriótico, quienes jugaron un papel central en llevar a nuestro país a la transformación democrática que hoy vivimos.

Nos hace felices que muchos representantes de estas formaciones, incluyendo personas que están o estuvieron al servicio de estructuras “nacionales” vinieron con nosotros a Oslo. Ellos también deben recibir el aplauso del Nobel de la Paz.

Vivimos con la esperanza de que al tiempo que Sudáfrica lucha para reinventarse, se convierta también en un microcosmos; en un nuevo mundo que está por nacer.

Este debe ser un mundo de democracia y respeto por los derechos humanos, un mundo libre de los horrores de la pobreza, el hambre, la privación y la ignorancia; sin la amenaza y la escoria de las guerras civiles, las agresiones externas y sin la carga que implica la tragedia de millones de personas obligadas a convertirse en refugiados.

Este proceso en el que Sudáfrica y el sur del continente como un todo están enfrascados, nos piden y nos urgen a fluir con la corriente y convertir a la región en un ejemplo viviente de lo que toda la gente con conciencia desea para el mundo.

No creemos que este Premio Nobel de la Paz tenga la intención de reconocer hechos que ocurrieron y quedan en el pasado. Escuchamos las voces que nos dicen que este premio es un llamado a todos aquellos, a través del universo, que buscaron poner fin al sistema del apartheid.

Comprendemos su llamado, y dedicaremos el resto de nuestras vidas para utilizar la experiencia única y dolorosa de nuestro país para demostrar, en la práctica, que la condición normal de la existencia humana es la democracia, la justicia, la paz; sin racismo, sin sexismo; con prosperidad para todos, con un ambiente saludable, con igualdad y solidaridad entre los pueblos.

Movidos por ese llamado e inspirados por el honor que nos han conferido, llevaremos a cabo todo lo posible que contribuya a la renovación de nuestro mundo para que nadie, en un futuro, sea llamado “un miserable de esta tierra”.

Que jamás las futuras generaciones digan que la indiferencia, el cinismo y el egoísmo nos hicieron fracasar en el intento de lograr los ideales humanistas representados por el Premio Nobel de la Paz.

Que la lucha de todos nosotros sirva para constatar que Martin Luther King Jr. tuvo razón cuando afirmó que la humanidad ya no debe estar trágicamente ligada a la noche sin estrellas que son el racismo y la guerra.

Que los esfuerzos de todos nosotros demuestren que él no era un soñador que sólo habló de la belleza de la hermandad y la paz genuinas; que son más preciosos que los diamantes, la plata y el oro.

¡Que comience esta nueva era!

Gracias.

Tomado de nobelprize.org

* Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1993, que recibió junto con el entonces presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk

Traducción: Gabriela Fonseca

NELSON MANDELA

martes, 24 de septiembre de 2013

Después de 50 años de la marcha de Martin Luther King, ¿Quién marcha en USA?


Por Gisella Evangelisti*

23 de setiembre, 2013.- Los afroamericanos habían llegado en 250.000 de todo el país, en buses, trenes, coches, hacia Washington, el corazón del poder, ese 28 de agosto del 1963, desafiando las autoridades. Vestidos de fiesta, como les había recomendado el reverendo Martin Luther King. Pedían trabajo digno y libertad: “Jobs and Freedom”, habían escrito en grandes pancartas.
¿Cómo era posible que una mujer ganase 5 dólares la semana limpiando casa de una familia que ganaba 100 mil dólares al año?

¡Están llegando los comunistas! Hoteles e instituciones cerraron sus puertas con candados. 4000 entre soldados de base área y naval, más policía local, agentes de FBI y del servicio de inteligencia del ejército, vestidos de paisanos, esperaban a los manifestantes en estado de pre alarma. Se preveían incidentes, como habían pasado en Harlem, Newark, Watts o Detroit. A John Lewis, presidente del Comité de Coordinación de Estudiantes No violentos, (SNCC en su sigla inglés) que pedía “Libertad Ya!”, le tocó bajar el tono de su inflamado discurso.

El policía John Collins, que ahora tiene 78 años, estaba asignado a acompañar al atril Martin Luther King, el último de los ponentes de ese día. Los dos intercambiaron por unos instantes una mirada. “Me di cuenta de qué tipo de persona se trataba: comprensivo, honesto. Esto me reordenó la mente”, recuerda Collins. Martin Luther King comenzó su oración con su famoso: “I have a dream”.“Sueño un mundo donde blancos y negros se den la mano, donde mis hijos puedan tener un futuro mejor. Un mundo sin pobreza, sin racismo, sin guerra…” Muchos se secaron unas lágrimas. El policía Collins, escuchando sus palabras, pensó: “¿Por qué el mundo entero no puede ser así? ¿Por qué cada uno de nosotros no puede apostar a la no violencia y al amor?” Después del discurso, blancos y negros se dieron la mano y cantaron We shall overcome. “Venceremos, algún día”. No hubo sombra de incidentes. “Una farsa, un circo”, definió la manifestación para los derechos civiles Malcom X, el leader del movimiento Black Panters, (Panteras Negras), que apostaba a una revolución más radical contra el sistema capitalista.

La época era dura, la organización racista del Ku Klux Klan atacaba y mataba niggers, (términos despectivo para “negros”): dos meses después de la marcha, John Kennedy fue asesinado, y cinco años más tarde, tras el asesinato de Martin Luther King, hubo revueltas en 100 ciudades. Al nuevo presidente Lyndon B.Johnson le tocó firmar a regañadientes unas leyes contra el segregacionismo, y sobre todo el Voting Rights Act, que facilitaba el derecho al voto para la población negra. La guerra en Vietnam terminó en 1973 con la retirada del ejército estadounidense, con un saldo de 58000 bajas, 300 000 heridos, centenas de miles ex soldados adictos a drogas y con problema de adaptación a la vida civil. El Vietnam por su lado había tenido entre 3,8 y 5,7 millones de víctimas, sobre todo civiles, porque los estadounidenses habían descargado sobre el pequeño país más bombas que en toda la segunda guerra mundial, y utilizado agentes químicos como el napalm. John Kerry, un teniente de espesa cabellera, que había participado en la guerra, y ahora jefe de la diplomacia estadounidense, testimonió sobres sus horrores. Pero esos no terminaron con la derrota de Estados Unidos. Pol Pot, el líder maoísta del vecino país de Camboya, fue responsable de 200.000 ejecuciones de intelectuales y de la muerte por desnutrición o por trabajos forzados de un cuarto (casi dos millones) de sus conciudadanos de Camboya.

Todo esto tenía que pasar todavía, cuando los afroamericanos confluyeron hacia Washington, vestidos de fiesta, cantando gospels e himnos de esperanza. “Yo nací gracias a esa histórica marcha”, cuenta al Washington Post, Dana Milbank, la hija de dos estudiantes veinteañeros que se conocieron y enamoraron frente al Lincoln Memorial, el 28 de agosto del 63.

La chica creció escuchando canciones de Joan Baez y Bob Dylan. En su habitación había un afiche que decìa: “La guerra no es saludable para los niños y otras cosas vivientes”. Recuerda también el boicot a la Nestlé por impulsar el uso de leche en polvo en países pobres (con desastrosas consecuencias, por no ser usada con agua hervida), y las grandes manifestaciones contra la guerra del Vietnam. “Estas eran las luchas de la generación de mis padres. También en la mía, la de los que nacimos a final de los Sesenta, han habido nobles causas, como la lucha contra la discriminación de los gays, o la defensa del medio ambiente, pero ninguna ha capturado mi generación, o requerido el tipo de sacrificio que pidió el movimiento por los derechos civiles de los Sesenta. La amenaza de la guerra fría hasta la caída de la URSS para nosotros era teórica, en realidad hemos crecido sin amenazas, sin desafíos e inspiraciones. Cuando hubo los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre del 2010, y estábamos preparados a defender la nación, el presidente Bush nos dijo de ir de compras”, sostiene Dana.

Han pasado 50 años, desde ese inolvidable agosto del 63. Para recordarlo, hace unos veinte días, el 24 agosto del 2013, frente al Lincoln Memorial de Washington se han congregado unas cien mil personas, afroamericanos en su mayoría, llevando pancartas de asociaciones, universidades, movimientos gays. Había bandas juveniles de músicos, y unas pintorescas abuelas, ataviadas con grandes sombreros floreados, las “abuelas indignadas”, cantaban antiguas canciones de lucha contra la esclavitud. Compañías de gaseosas y de agua distribuían gratuitamente botellas. Era un día caluroso y festivo. La gente, ahora como antes, se refrescaba los pies en el gran espejo de agua frente al Lincoln Memorial.


La sociedad estadounidense, mientras tanto, ha cambiado. Ya no hay la venenosa dualidad blancos- negros de los Sesenta, sino un caleidoscopio de colores. Los latinos han superado los afroamericanos, y los asiáticos han entrado con fuerza: en 2012, casi la mitad de los niños menores de 5 años eran no-blancos, entonces se prevé que en futuro disminuirá la importancia de los republicanos, tradicionalmente blancos, rurales, regionales. En el mundo, China ha superado Estados Unidos en la producción de manufacturas, y está construyendo una flota de gran calado para la navegación oceánica. Mientras tanto, ¿cuánto ha cambiado la vida de los afroamericanos el tener un presidente mulato, hijo de un keniota y una estadounidense blanca? ¿Para qué luchan ahora? Preguntamos a algunos de los manifestantes.

“Por cierto, unos cuantos de nosotros los black han logrado entrar en puestos de mando en administraciones públicas o privadas, pero el grueso de la población negra sigue en desventaja, como reconoce el mismo presidente Obama”, explica Jacob Presley, un manifestante del Progressive Labor Party. “A los black nos tocan escuelas pésimas, por lo tanto seguimos condenados al subempleo y trabajos precarios. El problema es que el capitalismo neoliberal, en vez de mejorar la vida de la población negra a nivel de la blanca, está empeorando la vida de la clase media blanca, pues con la crisis desencadenada por la especulación financiera y la disminución de las ganancias de los empresarios, se están atacando los salarios. Mientras las rentas de los 400 más ricos billonarios se ha vuelto estratosférica, en cualquiera de los Mc Donald’s o Burger Kings, seguimos trabajando como burros, sin seguridad ni contratos…”

Nda. Pancarta, “Sueño con un salario mínimo”.

Hay más. “Vivimos en barrios hacinados y violentos: es un círculo vicioso. El mayor número de homicidas y de victimas de homicidios son negros. La mayoría de huéspedes de las cárceles son negros”, agrega David Wallace, un informático que lleva una pancarta contra el aislamiento en la cárcel, un sistema punitivo inhumano y desesperante. “Tenemos un sistema judicial absurdo. Puedes terminar preso por una tontería, como usar unos gramos más de droga de la permitida, y si tienes algún ulterior pequeño delito en tu historial, como haber respondido agresivamente a un policía, o peleado con un vecino, pueden meterte a una celda de por vida. Has oído bien, de por vida. Aislándote por cuanto tiempo les dé la gana. La industria carcelaria es un negocio, manejada por empresas, con muy pocos programas de rehabilitación”.

Unos hechos recientes han indignado la opinión pública. El 26 febrero del 2012 Trayvon Martin, un chico afroamericano que caminaba desarmado en Sanford, Florida, con un polo con capucha, fue perseguido por un vigilante de barrio que bajó del coche y acabò asesinàndole. Un año después, el vigilante, George Zimmerman fue declarado inocente: “Pensé que era un maleante, por cómo iba vestido”, se disculpó. En cambio, Marissa Alexander, una joven afroamericana de Jaksonville, Florida, que para defenderse del marido (un maltratador abusivo que estaba a punto de acuchillarla), había tomado la pistola de él y le había disparado al aire, sin lastimarlo, fue condenada en 2010 a 20 años de prisión. Una condena que también le separa de sus tres hijos.

Obama en un primer momento salió a comentar el trágico episodio de Trayvon, declarando que hay que obedecer a los jueces. Pero después de una semana de sit in y protestas de grupos de afro americanos en 100 ciudades a lo largo del país se lo pensó mejor y llegó a emocionar sus conciudadanos diciendo: “Yo también, de joven, hubiera podido ser Trayvon. ¿Quién, nacido con piel oscura, no se ha encontrado con miradas hostiles o alguna vez en un ascensor, con una mujer que se guarda el bolso nerviosa, como si estuvieras por robarla?” Aunque no creció en barrios negros, sino en Indonesia y Hawaii en familias multiculturales, y después con sus abuelos blancos, Obama de joven se había metido en los barrios más problemáticos de Chicago para apoyar la organización comunitaria.

Ahora, mucha gente de su color está decepcionada con su actuación como presidente o lo disculpa, pues “una sola persona no puede cambiar todo un sistema”. O, mejor dicho, piensa que hay cambiar el sistema. En estos últimos años, tres grandes temas políticos están al orden del día: la reforma sanitaria, la nueva ley migratoria, y una ley para reducir el uso de las armas. Obama ha obtenido escasos resultados en las tres, sin contar el fallido intento de subir el salario mínimo, a causa del obstruccionismo del Congreso en mano a los republicanos, según denunció en la conmemoración oficial de Martin Luther King, el 28 de agosto. Cualquier intento de reforma en estos temas cruciales está destinado a meses y meses de discusión que llevan a un paso adelante y dos atrás.

El peor de ellos, sobre todo porque se da en la mayor democracia del mundo, es el recorte, en la práctica, de los derechos de voto a los pobres, latinos o afroamericanos, que no puedan permitirse conseguir, por falta de tiempo o de dinero, una cédula de identidad como documento esencial para votar. Es la nueva regla que se está imponiendo en algunos estados del Sur después de un fallo del Tribunal Supremo: una trampa de los republicanos para quitar votos a los demócratas.

Congreso estadounidense.

“El sistema político estadounidense es esclerótico, siendo bloqueado entre dos partidos políticos, los demócratas y los republicanos, prácticamente con la misma fuerza”, comenta Pilar Weiss, una joven analista política que ha apoyado la campaña de Obama y trabaja capacitando asociaciones en temas de ciudadanía.

“Los demócratas son favorables a ampliar la reforma sanitaria, para que uno no tenga que morir como un perro en la calle, si no puede pagarse el hospital con un costoso seguro médico. Son más sensibles al tema de los derechos humanos, y a que más gente pueda tener una casa y un trabajo decente. Los republicanos en cambio quieren un estado reducido al mínimo, donde no haya que pagar impuestos. Para ellos, los ricos son los que han triunfado por tener una mentalidad de ganadores: los demás, los que protestan o exigen más derechos, sólo son “perdedores”. Del estado, lo más importante es que exista un fuerte ejército, para mantener el poderío estadounidense en el mundo.

“Tengo una vecina muy amable”, cuenta Pilar. “Cheryl está siempre dispuesta a ayudarme cuando llego cargada con las bolsas de la compra, o cuando me falta un limón. Pero sus razonamientos me dan escalofríos. Es miembro del Tea Party, un grupo de republicanos radicales.

Pancarta, “Amo a mi país, le temo al Gobierno”.

“¿Para qué dar medicinas y asistencia pública a cualquiera de estas madres solteras negras, que hacen hijos con una pareja tras otra, tratando de retenerla? Mejor ayudar directamente a alguien que conocemos, por ejemplo una señora fiel de nuestra iglesia, Catherine, que padece leucemia”, afirma Cheryl. “Preferimos hacer donaciones a nuestras iglesias, como hacen nuestros políticos(cuyas campañas electorales son a su vez financiadas por compañías petroleras, farmacéuticas, alimentarias o de armas para que hagan leyes favorables a ellas). Nosotros después los agradecemos con el voto, y la iglesia ayudará a la pobre señora Catherine, que todos conocemos. Al menos sabemos a quién va el dinero”, sostiene Cheryl. Pero mira que vuelta dá la ayuda que debería llegar a la pobre Catherine, si ese día las compañías de armas, las farmacéuticas, etc., los diputados, las iglesias y los fieles se despiertan generosos, con ganas de hacer “caridad”. ¿Y si se despiertan cabreados? Aguanta tu leucemia, Catherine, y sigue rezando.

“Obviamente, Cheryl se considera buena patriota creyendo que Estados Unidos debe seguir siendo el policía en el mundo. Nuestras guerras según ella siempre han sido “justas”, no solo cuando se trató de parar a Hitler, sino también cuando se las hizo para derrocar gobiernos democráticos e imponer dictadores crueles, en zonas importantes para nuestros negocios, o con petróleo abundante. Y se conmueve en los desfiles del “Día del Veterano de guerra”, cuando llegan por millares nuestros boys, los ex soldados que recorren las amplias avenidas de Washington manejando poderosas Harley Davidson, saludados por la gente. Vienen recontra decorados “a lo macho”, con tatuajes o cadenas, y pañuelos de piratas en la cabeza. Cuanto le gustan, a mi vecina Cheryl. Ella cree que pueden defender América no sólo de los comunistas, sino hasta de los ovnis, comunistas y no. En fin.

“Tampoco podemos estar orgullosos del culto a las armas en nuestro país, donde casi no hay películas donde no disparen o maten, como algo normal”, opina Pilar. “¿Ves estas mansiones, con sus bellísimos jardines abiertos? Te sorprenderá que no tengan rejas o guachimanes, como se ve en América Latina. ¿Es que no tienen miedo a agresiones? No. Prueba a acercarte más de lo debido, y te descargarán en contra un entero arsenal. “Ellen tiene su arma”, leemos en un afiche publicitario, “Obama quiere quitársela”. O sea, el malo de Obama estaría promoviendo una ley para reducir el uso de armas y quitar a la pobre Ellen de la publicidad (una joven con aire de esforzada profesional) el gusto a participar en un saludable y emocionante tiroteo, con verdadero derrame de sangre, y no de salsa de tomate como en las películas.

Padres, masacre en la escuela de Sandy Cook (Reuters).

“Pero algo está cambiando en la opinión pública, por suerte”, concluye Pilar. “Obama ha sido elegido, entre otros motivos, por su promesa de poner fin a una década de guerras (aunque haya seguido con Afghanistan, con Guantanamo, con los drones, y con una política antiterrorista que espía a todo el mundo…), pues hay problemas de sobra de que ocuparse en el país. Después de tantos asesinatos de niños y adolescentes por mano de desequilibrados, finalmente se está formando un movimiento de madres que quieren sensibilizar la opinión pública contra el excesivo uso de armas en el país. Se trata todavía de un movimiento inicial, que esperamos se consolide. Lamentablemente los republicanos, que tienen el listado de los propietarios de armas, en unas horas pueden hacerles 4000 llamadas, para que presionen sobre los políticos y no toquen su sagrado derecho a poseer armas”.

Sí, hay movilizaciones en el país, aunque no se logre formar todavía un gran movimiento nacional, como el de los años Sesenta, sostiene entre otros también John Lewis, el antiguo líder de los Estudiantes No Violentos que en 1963 pedía ¡Libertad Ya! , cuando pedir derechos civiles significaba arriesgarse la vida. Por ejemplo, los jóvenes “Dream Defenders” de Florida, mayoritariamente morenos, han ocupado el Capitolio pidiendo el fin de los continuos registros y encarcelamientos de masa realizados por la policía. Pero el famoso movimiento contra la especulación financiera, “Occupy Wall Street”, ha sido removido rápidamente de plazas y aceras por la prohibición de ocupar espacios públicos. Las manifestaciones sindicales son programadas en sus objetivos y alcances; los activistas son arrestados por dos o tres horas y registrados, de acuerdo con la policía, en un juego de roles. Lo importante es que salga en los periódicos, y se difundan los resultados.

En cuanto a John Lewis, a quien en el ’65 unos policías rompieron el cráneo, ha seguido con su espíritu de luchador no violento, como diputado demócrata, pronunciándose contra el NAFTA (tratados de “libre comercio” entre países norteamericanos ), contra la guerra de Iraq o a favor de los derechos de los gays.

Muro de frontera entre Estados Unidos y Mèxico.

¿Qué pasa ahora con los inmigrantes? Otro tema candente en Estados Unidos es el de la reforma migratoria. Noam Chomsky recuerda que hasta 1994 la circulación entre México y Estados Unidos era casi libre. Pero la firma del NAFTA, que penalizaba los campesinos mexicanos privilegiando las multinacionales estadounidenses, hizo prever una gran ola de migrantes, y Bill Clinton ordenó militarizar la frontera. Ahora, los republicanos tratan de asustar la opinión pública con la idea que si se regularizan los indocumentados con una nueva reforma inmigratoria, llegará una avalancha de mexicanos, que bajarán los salarios en Estados Unidos. Sin embargo, desde una década el flujo de los trabajadores que regresan a México está superando el de los que entran, pues ahora existen en el país sureño, mejores oportunidades de educación y trabajo.

Al contrario, legalizar los trabajadores extranjeros obligaría las empresas a dar salarios decentes, y ellos contribuirían a la economía nacional pagando impuestos: una ventaja para todos. Según el Center of American Progress, legalizar los 11 millones de trabajadores indocumentados que existen en EEUU agregaría 1, 5 trillión a la economía en los próximos diez años. Sin contar el tremendo aporte de los talentos extranjeros a gran parte de las compañías norteamericanas: para dar sólo unos ejemplos, un cofundador de Google es un ruso, el fundador de eBay es hijo de un iraní, el cofundador de Yahoo es emigrado de Taiwán. Según los sondeos, también la opinión pública es favorable a crear un procedimiento accesible a la legalización de los millones de inmigrantes que ahora viven en la incertidumbre, pero como se ha visto, la batalla política en el Capitolio no está todavía ganada.

Velas frente a la Casa Blanca, por la reforma inmigratoria.

Brillan unas velas, de noche, frente a la Casa Blanca. Hay un sit in con cantos y oraciones, en estos días, para decir NO a la guerra en Siria. En la tensión de la semana pasada, cuando Obama había anunciado, contra viento y mareas, su intención de atacar el país medio oriental “para castigar a Asad” (terminando con destrozar del todo un país ya destruido por la guerra civil, y un pueblo sin culpa por tener un tirano) le había llegado, como un mensaje en botella, la carta de ex soldado estadounidense. “El país está harto de guerra”.

Sí, el país y el mundo están hartos de guerras, podemos confirmarlo, señor Presidente. Y quizás, que al final, también la belicosa Cheryl no se lo esté pensando mejor, pues muchos republicanos están en contra de esta guerra. Pero para que explote la paz, muchas y muchas velas más, deben seguir brillando en la noche.
—-
*Gisella Evangelisti es escritora y antropóloga italiana. Nació en Cerdeña, Italia, estudió letras en Pisa, antropología en Lima y mediación de conflictos en Barcelona. Trabajó veinte años en la Cooperación Internacional en el Perú, como representante de oenegés italianas y consultora del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, en inglés) en países latinoamericanos. Es autora de la novela “Mariposas Rojas”.
Otras noticias:

Fuente: Servindi

jueves, 29 de agosto de 2013

Martin Luther King, un sueño casi cumplido.

Martin Luther King se dirige a cientos de miles de personas el 28 de agosto de 1963: “Tengo un sueño”. / FILIP SCHULKE | BRUCE DAVIDSON / MAGNUM PHOTOS

En 1963, una marcha por los derechos civiles de los negros en EE.UU recorrió Washington DC
El doctor King, un excelente predicador, pronunció ante más de 200.000 personas uno de los discursos más brillantes de todos los tiempos: ‘I have a dream’, exclamó. Y la historia cambió




Martin Luther King se dirige a cientos de miles de personas el 28 de agosto de 1963: “Tengo un sueño”. / FILIP SCHULKE | BRUCE DAVIDSON / MAGNUM PHOTOS
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Hace solo 50 años, en Estados Unidos, los negros, ese era su nombre, no afroamericanos, eran linchados por fanáticos blancos. En los Estados del Sur, el Ku Klux Klan quemaba sus propiedades y bombardeaba sus iglesias, y las cruces de esta organización racista ardían amenazantes por las noches; la segregación racial se practicaba en universidades y escuelas, en las estaciones de autobuses y trenes todavía había salas separadas para las dos razas, también estaban segregados los lavabos públicos. La abrumadora mayoría blanca, algo que también pertenece ya al pasado, mantenía a los negros como ciudadanos de segunda violentando los derechos humanos y la doctrina de la libertad sobre la que se había construido el país; la policía utilizaba la máxima brutalidad e incluso el crimen contra los negros; eran frecuentes las desapariciones de luchadores por los derechos civiles mientras hacían campaña por Estados sureños como Alabama y Misisipi, que luego aparecían torturados y asesinados, a manos de los mismos sheriffsencargados de mantener el orden. Un negro había muerto de­sangrado en Alabama porque el conductor, blanco, de la ambulancia que acudió a la llamada se negó a recogerle.

Es importante recordar esta realidad para comprender lo que supuso la Marcha sobre Washington que el 28 de agosto de 1963 movilizó a unas 200.000 o 300.000 personas, en su inmensa mayoría negros, que caminaron por el Mall de la capital federal, desde el obelisco erigido en recuerdo de Washington, el primer presidente del país, hasta el Memorial de Lincoln, el presidente que acabó con la esclavitud, auténtica catedral civil de Estados Unidos. La minoría negra llevaba tiempo organizándose y saliendo a la calle dividida entre los que predicaban la vía pacífica de Gan­dhi, para los que los agravios sufridos por los negros podían resolverse, sin violencia, dentro del sistema, y un sector extremista, no despreciable, que propugnaba utilizar la fuerza; estos últimos, capitaneados por Malcolm X, arengaban a los jóvenes negros con la incendiaria consigna: Burn, baby, burn. El verano de 1963, el año en el que Richard Burton y Elizabeth Taylor se enamoraron en el rodaje de Cleopatra, los Beatles realizaron su primera gira por Estados Unidos y el general De Gaulle vetaba la candidatura de Reino Unido al Mercado Común, fue muy caliente y las ciudades estadounidenses comenzaron a arder en los primeros disturbios raciales. El escritor de color James Baldwin advertía en The New Yorker:“El precio de la liberación de los blancos es la liberación de los negros”. Estados Unidos tenía 189 millones de habitantes, y el libro más vendido era Las sandalias del pescador, de Morris West.


La minoría negra llevaba tiempo saliendo a la calle dividida entre pacifistas y extremistas

Ocupaba la Casa Blanca el joven presidente Kennedy, que había comprendido la necesidad de afrontar la polarización racial, que consideraba una cuestión moral irresuelta, “tan vieja como las Escrituras y tan clara como la Constitución americana”. JFK había solicitado al Congreso que promulgara una ley de derechos civiles comprometiéndose a que “la raza no tenga sitio en la vida o en la ley del país”. Optimista, creía que un gran cambio estaba al alcance de la mano y era la hora de hacer esa revolución pacíficamente. No llegaría a verla: tres meses después caería asesinado en Dallas. Fue su sucesor, un presidente sureño, Lyndon Johnson, quien sacó adelante la Ley de Derechos Civiles y la ley que garantizaba el voto igual para los negros. “Su causa”, explicó, “debe ser la nuestra, porque no solo son los negros, sino todos nosotros quienes debemos superar el abrumador legado de la intolerancia y la injusticia”. No se cumplieron los temores de violencia en la Marcha del 28 de agosto. Los manifestantes sorprendieron por su disciplina y 5.900 policías asistieron, tensos, a una manifestación pacífica; los 4.000 soldados y marines listos por si acaso no fueron llamados. Los congregados portaban pancartas en las que exigían ¡Derechos civiles efectivos, ya! Unos jovencísimos Bob Dylan y Joan Baez cantaron a coroWhen the ship comes in. Pero el himno sonoro de la Marcha fue el We shall overcome (Venceremos)



Miles de manifestantes abarrotan el National Mall de Washington DC, durante la marcha celebrada en favor de los derechos civiles. / BRUCE DAVIDSON

Quien hizo historia ese día fue un joven reverendo negro, líder de los derechos civiles para su raza, el doctor Martin Luther King, un extraordinario predicador que pronunció el discurso I have a dream (Yo tengo un sueño), que resuena aún a la altura de la oratoria más inspiradora de todos los tiempos. Esas cuatro palabras han quedado grabadas en el disco duro de la memoria universal como un mensaje de esperanza e igualdad. Pronunciado bajo un silencio casi religioso en las escalinatas del Memorial Lincoln, a la sombra de la estatua en mármol del presidente también asesinado, King llamó a comparecer a la conciencia de Estados Unidos. “Tengo un sueño de que un día esta nación se levantará para convertir en realidad el verdadero significado de su credo: ‘Mantenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres son creados iguales’. Sueño que un día en las rojas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos amos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad. Sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel”. La América blanca recibió las palabras de King como una ofensa, pero el movimiento de los derechos civiles recibió un empujón que mucho después resultaría imparable. Pero antes el sueño del 28 de agosto de 1963 se teñiría de violencia y retroceso en muchas ocasiones. Martin Luther King no llegó a verlo: fue asesinado de un disparo en la cabezaen 1968 en el motel Lorraine de Memphis. La muerte del discípulo de Ghandi desató la mayor oleada de disturbios, incendios y saqueos de la historia del país, que afectó a 168 ciudades; solo en Washington fueron incendiados 711 edificios, algunos de ellos a pocas manzanas de la Casa Blanca; los negros fueron llamados a coger sus armas y 55.000 soldados fueron necesarios para restablecer el orden.



Sueño que un día en las rojas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos amos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad”

Martin Luther King

Hoy, medio siglo después de la Marcha sobre Washington, Estados Unidos ya no es el país binario, blanco y negro. La raza no es la cuestión central que lo divide. En gran medida se ha cumplido el sueño que tuvo King hasta el extremo, posiblemente nunca soñado por él, de contar con el primer presidente negro de su historia. Barack Obama, que alcanzó la Casa Blanca gracias a no convertir a la raza en el eje de su campaña, se considera, sin embargo, un heredero directo del sacrificio y el esfuerzo de los líderes como King. Nada más llegar al poder, devolvió al Gobierno británico el busto de Churchill que presidía el Despacho Oval, que Londres le había prestado a George Bush tras el 11-S, sustituyéndolo por uno de Luther King y otro de Lincoln. Obama, que solo tenía dos años cuando tuvo lugar la Marcha sobre Washington, considera que la lucha por la libertad de los negros no solo define la experiencia afroamericana, sino la experiencia estadounidense.

En el epílogo de la biografía sobre Obama El puente. Vida y ascenso de Barack Obama, de David Remnick, el presidente declara al autor: “En el núcleo del movimiento de los derechos civiles, incluso en medio de la ira, la desesperación y el black power, hay una voz, que es sobre todo la de King, que dice que nosotros, como afroamericanos, somos estadounidenses, y que nuestra historia es la historia de Estados Unidos, y que perfeccionando nuestros derechos perfeccionamos la unión… lo cual es una historia muy optimista a fin de cuentas. No hay equivalente en muchos otros países: esa sensación de que mediante la liberación de los peor situados, la sociedad entera se transforma para mejor. Aún no hemos llegado, pero el viaje continúa”. Estados Unidos no es todavía una sociedad posracial, pero ha curado en buena medida la feroz división, se ha vuelto más café con leche gracias a un profundo cambio demográfico, que puede hacer pensar en una falsa ceguera de color.


“El precio de la liberación de los blancos es la liberación de los negros”, escribió James Baldwin

En la reelección de Obama, por primera vez, la participación de votantes negros excedió a la de los blancos; en solo un año, la mayoría de los niños por debajo de cinco años será de grupos minoritarios y la actual mayoría blanca anglosajona desaparecerá a partir de 2045. Hoy los hispanos ya han superado a los negros como primera minoría. Sin embargo, el paro entre los negros dobla el desempleo entre los blancos; el 40% de los niños negros crece en la pobreza; los afroamericanos son el 13% de la población, pero el 37% de los reclusos y el 50% de las víctimas y culpables de homicidios. El 56% de los negros cree que hay mucha discriminación en EE UU, frente a solo un 16% de los blancos. Todavía hay color.

Fuente: Elpais.com

jueves, 20 de junio de 2013

Papa Francisco, haznos soñar. Otra Iglesia es posible.


Redacción de Atrio

a ciudad de Asti (Piemonte) celebra todos los años un Festival cultural que dura una semana. Este Este año se trataba de conmemorar el “I have a dream” de Martin Lutero King en 1963. Para inaugurarlo, el 9 de junio, invitaronEnzo Bianchi, el abad de Bose (Italia), una comunidad monacal compuesta de hombres y mujeres, ecuménica (católicos, protestantes y ortodoxos), centrada en la oración, el estudio de las escrituras y la acogida. Rowan Williams, el antiguo arzobispo de Canterbury, se solía retirar allí una semana al año. Gracias a Jorge Gerbaldo podemos hoy ofrecer el texto en cstellano de su conferencia-sueño, que se publicó en La Stampa.

Desde hace casi cien días que escuchamos la expresión “papa Francisco”, una expresión que enciende una serenidad y a veces también una alegría en quien la pronuncia y en quien la escucha. Tengo un recuerdo claro que esto ya sucedía hace más de cincuenta años, cuando se evocaba a papa Juan (simplemente, sin especificar el número que lo seguía).

Debe reconocerse que en la iglesia católica “hay un cambio de aire”, “se respira algo nuevo”. Estas significativas palabras se escuchan de labios de obispos, presbíteros y simples fieles. Negar el cambio que se produjo sería no querer adherir a la nueva realidad que se configuró. Ahora bien, muchos temen que afirmar el cambio, la novedad de este pontificado, pueda coincidir con una crítica o incluso con una contraposición respecto al papa precedente, pero esto se debe a una “mitología” persistente frente al papado, al que se querría marcado por una absoluta continuidad. En verdad, la continuidad reguarda la fe profesada, pero los estilos, los modos de presidir y de ser pastor deben ser diversos, porque los dones del Señor son diversos entre sí, no sólo abundantes. Es tiempo de que los católicos comprendamos que el ministerio de Pedro asumido por los obispos de Roma es siempre el mismo en su contenido –confirmar en la fe a los hermanos y estar al servicio de la comunión entre las iglesias-, mientras que la forma de este ministerio, como mutó en los veinte siglos de historia de la Iglesia, así muta ahora; en efecto, deberá mutar si entre las iglesias se operará una convergencia ecuménica hacia una comunión visible.

Se produjo un cambio palpable que la Iglesia acogió con estupor por la novedad aportada por papa Francisco en el estilo de la vida cotidiana. Hubo un cambio en el modo de enseñar por parte del papa. Hubo una promesa de renovación del ejercicio del ministerio petrino, a través del inicio de una reforma de la curia romana, que en la vigilia de la renuncia de Benedicto XVI se encontraba en contradicción con el carácter evangélico que le es exigido en su estar al servicio del sucesor de Pedro.

Francisco no es un papa “teólogo”, es decir, ejercitado en la teología especulativa y doctrinal, ni es experto ni ejercitado en el arte exegético de la interpretación de las Sagradas Escrituras, pero si está ejercitado y tiene experiencia en el conocimiento y en la asunción de “los pensamientos y las actitudes que tuvo Cristo Jesús” (cf. Fil 2,5). Ello emerge de toda su persona y de su ministerio. Pero no debe pensarse que esto no revele su cualidad de teólogo: “teólogo porque ora” –según la definición de Evagrio Póntico-, teólogo porque conoce a Cristo en la escucha de las Escrituras y en su búsqueda sobre el rostro de los hombres, en las “periferias del mundo”, sobre las calles que están siempre abiertas por parte de quien inicia y abre caminos, en las regiones infernales en las que los hombres a veces caen y habitan…

No teniendo por lengua madre el italiano, su lenguaje es impreciso, a veces duro, a alguno puede también parecerle rudo, pero es un lenguaje del corazón, es el lenguaje del pastor que conoce sus ovejas, las ama y comparte la vida. Papa Francisco está “in medio ecclesiae”, no por arriba, sin exenciones ni inmunidades. Por esto nos autoriza a soñar, o mejor, a invocar que la Iglesia, que nosotros, cristianos, somos más conformes al Evangelio, a la vida humana vivida por Jesús, a la vida que Él nos ha dejado marcada por sus huellas para ir a Dios.

Por tanto, ¿qué expectativas suscita el ministerio petrino ejercitado por papa Francisco?
Ante todo, anunció “una Iglesia pobre y para los pobres”. Pero no sólo una iglesia que tiene en el corazón a los pobres, que “hace el bien” por y para ellos, sino que se hace pobre ella misma a imagen de su Señor, el cual “siendo rico se hizo pobre por nosotros” (cf. 2Cor 8,9), para ser solidario en todo con los hombres. La expresión “iglesia sierva y pobre”, forjada por el teólogo Yves Congar en los años 60 del siglo pasado y asumida por el Concilio Vaticano II, no tuvo en el post-concilio la atención que merecía. Y sin embargo, es el primer punto decisivo para la reforma de la Iglesia. Papa Francisco viene de una iglesia que ha elaborado “la necesidad de la opción preferencial por los pobres”, primeros destinatarios por derecho de la Palabra de Dios, y, por lo tanto, está habilitado para hacer retornar la Iglesia a la pobreza evangélica. Ningún tipo de pauperismo ideológico, no obstante, o la iglesia es pobre, o no es conforme a su Señor y entonces está en contradicción con la encarnación del Señor, con el Dios-hombre que es Jesucristo, el único Señor de todos.
Pero también tenemos necesidad de una Iglesia sinodal, en la que caminen juntos: papa, obispos, presbíteros, pueblo de Dios. El Vaticano II marco líneas que, desarrolladas después, dieron lugar a la llamada “eclesiología de comunión”; pero la verdadera comunión, ordenada, eficaz, requiere que el ministerio de quien preside sea ejercitado en una sinodalidad en la que todos son escuchados en aquello que les compete, todos son sujetos con derecho a tomar la palabra, todos son llamados a la unidad, a la comunión que puede ser donada por el Espíritu Santo que compagina la pluralidad en unidad. Es en esta sinodalidad donde las iglesias de las periferias podrán hacer sentir su voz en el centro, podrán confiar sus adquisiciones y sus testimonios a quien tiene el encargo del servicio de comunión entre las iglesias y de la confirmación de éstas en la unidad. En la sinodalidad podrán también abrirse caminos de subsidiariedad, tan necesaria para una unidad respetuosa de las diferencias, de los dones y de los carismas plurales que el Señor concede a la Iglesia.

En fin, mi esperanza personal es la de la unidad de todos los que confiesan a Jesucristo como Señor e Hijo de Dios, exégesis del Dios que nadie ha visto jamás ni puede ver sino en el más allá de esta vida terrena. El ecumenismo no debe ser una opción en la Iglesia, sino simplemente la condición para ser cristianos: ésta es la voluntad del Señor y, por tanto, el reconocimiento de quien es bautizado como miembro del único cuerpo de Cristo debe encontrar vías de manifestación concreta, y ser dinamismo de una comunión que “el amor”, que “es la verdad primera”, debe confirmar.

Sí, vienen tiempos en los que “la Palabra de Dios no es rara” (cf. 1Sam 3,1), en los que “reina la paz en la Iglesia” (cf. Hech 9,31), tiempos en los que se busca la comunión al interno de la Iglesia y la solidaridad con todos los hombres. La Iglesia salga de sí misma, sea “extravertida” porque mira no a sí misma sino a su Señor y a los rostros del Señor en la historia: los hombres y las mujeres, y entre ellos los últimos, sobre todo los pobres.

Fuente: Atrio

sábado, 20 de abril de 2013

Entrevista al Rv. Fernando Frontán: 20 años luchando por la causa de los derechos de la diversidad sexual en Uruguay.


Entrevista realizada por Carlos Osma

El Rev. Fernando Frontán trabaja actualmente como Capellán en la Comunidad Terapéutica Bethania (una comunidad de recuperación de adictos a las drogas), pero lleva más de 20 años luchando por la causa de los derechos de la diversidad sexual en Uruguay. Un país que hace sólo unos días aprobó la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo.

Comunicador, periodista, panelista en diferentes programas de televisión opinando sobre temas vinculados a la cuestión social. Fue pastor en Casa de Luz ICM (Monterrey, México) donde trabajó temas similares, incorporando a ellos las problemáticas del VIH/SIDA, y la infancia, por el que recibió el reconocimiento de “Promotor de la Paz” otorgado por la UNESCO.

A pesar de que en esta última semana ha vivido un ritmo frenético para atender a diferentes medios de comunicación, desde el primer momento accedió gustosamente a realizar esta entrevista para el blog Homoprotestantes, algo que le agradecemos sinceramente.

Llevas trabajando más de veinte años en Uruguay por el reconocimiento de los derechos de las personas lgtb, un país que acaba de aprobar el matrimonio igualitario. Supongo que esto produce satisfacción, tanto por el trabajo realizado, como por lo que esa ley significa para la vida de muchas personas.

Hace unos días atrás, recordaba aquel memorable sermón del Rev. Martin Luther King apoyado en la frase: “Yo Tengo un Sueño”, por el cual -el incansable luchador por los derechos afroamericanos- conmovió a miles y miles de seguidores por la causa de la integración en los EEUU. No pude dejar de emocionarme porque cuando tomé la decisión de hacerme visible como gay y cristiano (allá por los primeros años de los 90) me apoyé en ese discurso para tomar fuerzas y valor, para vencer mis miedos, mis prejuicios… para atravesar aquella pesada cruz del estigma anti-homosexual que existía en mi país, con el espíritu del resucitado. Y en verdad, cada vez que escuchaba palabras de rechazo, o de odio, o de desprecio, cada vez que sentía la risa burlona o los descalificativos, o ese dedo acusador apuntando sobre mis pares gays, lesbianas, personas trans o sobre mí… Me decía: “Yo tengo un sueño” el sueño de un país más democrático, más respetuoso, más igualitario, más incluyente… Y ese sueño le llevó a realizar “locuras para la esperanza” (como canta Silvio Rodríguez). El rev. King no pudo ver su sueño realizado, pero Dios me ha bendecido permitiéndome verlo a mí y es una profunda alegría, inexplicable, pero muy honda. La ley de Matrimonio Igualitario, es un gran paso que ha dado mi país, histórico paso y hoy podemos decir que las y los uruguayos somos más iguales ante la ley.

¿Cuáles han sido los problemas más importantes a los que os habéis tenido que enfrentar hasta la aprobación de esta ley?¿quiénes han mostrado una mayor oposición?

Hace mucho tiempo adopté un lema como rector en muchos de mis análisis personales: “el único problema que tengo soy yo”; los demás no son un problema, la sociedad no es un problema, la alteridad no es el problema; por tanto si “yo soy mi único problema”, en mí están las llaves de las soluciones. Yo creo que gran parte del éxito del activismo uruguayo ha sido este, no ha visto problemas en sus adversarios, sino que el gran desafío ha sido superarnos en creatividad, agudeza, compromiso con los DDHH que también son nuestros derechos… y estos valores nos han devuelto la precisión y el éxito en nuestras campañas de transformación de la sociedad.

Creo, mirando en perspectiva y hacia atrás, que los grandes opositores de la emancipación de nuestro colectivo, hemos sido nosotros mismos, y no quiero con esto omitir, ni eludir, ni absolver la cantidad de instituciones, personas y grupos de poder que han ejercido presión para que sus intereses no se vieran afectados por la inclusión de nuestros derechos, claro que no. Ahí están las múltiples y diversas manifestaciones del fundamentalismo religioso cristiano –tanto católico, como protestante, básicamente esa corriente “neo-pentecostalista” (que tanto daño han hecho a la humanidad), o la derecha política y moralista de nuestro país poniendo piedras en el camino para que no avanzáramos, pero lo que afirmo es que no ha sido lo determinante. Simplemente quiero decir que si hemos tenido logros en el Uruguay para el beneficio de la comunidad de Diversidad Sexual, eso ha sido básicamente posible porque hemos derribado las barreras del miedo, de la auto-discriminación y hemos dado pie a los sueños por sobre la realidad adversa.

En la anécdota de este último mojón, la derecha conservadora ha sido la resistencia más notoria, pero no ha podido vencer, con su odio: “lo políticamente correcto”, que se ha instalado en el Uruguay como fruto de una visibilidad GLBTTI, llena de orgullo y dignidad. Y como hoy no suena bien negar derechos a las personas sexualmente diversas, estas personas han quedado “maniatadas” en sus propios discursos demagógicos.

Imagino que también habéis tenido aliados inesperados, tanto de la sociedad en general, como dentro de las iglesias.

Desde 2006 en adelante, el Movimiento de Diversidad Sexual en el Uruguay ha sabido abrir su causa a muchas realidades muy diversas y ha sido incluyente en su agenda de las causas de otros movimientos (mujeres, jóvenes, migrantes, estudiantes, trabajadores, afro-descendientes, etc.) esto ha permitido instalar la agenda de Diversidad Sexual en muchos espacios de la sociedad civil organizada y ha logrado quebrar esas distancias de los colectivos encerrados en lo propio de sus intereses. Curiosamente esta estrategia, en la manera de hacer política ciudadana, ha permitido que la “Marcha de la Diversidad Sexual”, pasara de ser un espacio de expresión de las personas GLTTIB, a ser un espacio de expresión de todas y todos aquellos uruguayos que elegimos vivir en una sociedad que reconoce, valora, incluye, respeta y promueve la diversidad humana más allá de la diversidad sexual. En números significativos pasamos de una marcha de 1000 asistentes a una de 25000 participantes activos que sienten suya la causa que, finalmente, es de todos y de todas: la igualdad en la diversidad. Este cambio sustancial ha permitido hacer alianzas con Gremios Universitarios y de Trabajadores, ONG de mujeres, discapacidad, colectivos afros, algunas iglesias progresistas.


En unas declaraciones que hiciste en Radio Reflejos de Venezuela afirmabas que “las familias” han sido tu motivación y tu gozo. ¿Qué ha sido lo más difícil y lo más enriquecedor en tu labor de orientación a padres y madres de gays y lesbianas?


Lo más difícil ha sido convencer a mis pares de que ser gay, o lesbiana, o trans, o… no es una enfermedad, no es un delito, no es un pecado. Mi amigo, el Rev. Roberto González (pastor argentino) decía: “Cuando la homosexualidad era un problema para mí, era un problema terrible. Cuando lo acepté, el problema fue de los otros”. Creo que lo difícil siempre ha estado en ubicarnos en el lugar correcto, ese lugar de “hijo de Dios”. Cuando lo logramos, todo lo que viene es el amor y la dignidad que permiten a los otros ver la verdad, donde no imaginaban encontrarla. El hecho de ser nos hace dignos, pero decidir ser quienes somos nos hace libres, y da la oportunidad de libertad y dignidad a los demás.

Lo más emocionante y gratificante fue ver, en un encuentro de familias, como un padre abrazaba a su hijo gay y delante de todos le pedía perdón por los años en los que lo hizo sufrir a causa de su “propia vergüenza”, “su miedo al rechazo por tener un hijo gay”… Fue realmente estremecedor.

En el caso de familias cristianas, ¿te has encontrado con alguna diferencia, respecto a otras familias que no lo son, a la hora de aceptar que uno de sus miembros sea homosexual o transexual?

Sí, claro. Las familias cristianas estamos más contaminadas por el discurso jerárquico y moralista que surge de la doctrina y no del Evangelio Liberador. Ese discurso tóxico es tan nocivo y poderoso, que suele nublar la gracia del amor y la aceptación. Pero cuando sembramos más amor en nuestras relaciones y muchas veces, lo único que podemos hacer, es confiar en Dios cuando no podemos convencer con nuestras razones a la familia; es el momento de entregarlos al misterio de su gracias, “soltar las riendas” y dedicarnos a vivir nuestra vida en la fe que sí tenemos en el Amor Incondicional que nos inspira Dios y el testimonio cristiano.

Igualmente es una diferencia sutil, porque cuando en cualquier familia falta esa chispa del amor incondicional, el laberinto de la homofobia hace estragos en las relaciones familiares.

Supongo que poco a poco se van haciendo más visibles también en Urugay las familias de dos hombres o dos mujeres que han decidido tener hijos. ¿Crees que aportan algo a la visión tradicional de la familia y los roles de género que se dan dentro de ella?¿O tienden a imitar lo que ya existe?

Creo que basta con la visibilidad autentica de ser quienes somos, como somos y como nos identificamos. Luego eso trae muchas y muy variadas combinaciones, pero una vez más como dice el Rev. Gonzales, cuando el problema no está en mí, ese problema es de los otros.

Las familias están saliendo a la luz de sus refugios y eso es comprensible, porque cuidan a sus “críos” con celo atávico, como lo haría cualquier progenitor. Porque entre paternidad/maternidad y capacidad progenitora hay mucha diferencia. Y las familias homo-parentales han puesto el centro de la cuestión donde debe estar: en los vínculos, en la responsabilidad materno/paternal y no en la capacidad biológica de reproducción.

Eres pastor de una iglesia inclusiva, sin embargo muchos gays y lesbianas forman parte de comunidades que no lo son e intentan transformarlas. ¿Cuál crees tú que es el punto en el que esta labor no tiene ya sentido? Es decir, ¿cómo distinguir el momento en el que más que transformarla, estamos colaborando con una institución homófoba?

Siempre he creído que cada uno debe estar donde siente, donde cree que el Espíritu lo mueve a estar. La obra de Dios trasciende nuestras agendas y el control que pretendemos hacer de ellas; simplemente porque Dios es Dios y en su misterio conoce la verdad; y nosotros somos simples y necesitados de su gracia para descubrir y seguir su voluntad.

Creo que cuando pretendemos y hacemos de nuestra lucha cambiar las viejas instituciones es como “ir a la ferretería a buscar pan”. Si quieres pan, ve a la panadería. Uno distingue que está en el lugar correcto, haciendo lo correcto cuando descubre que lo que hace no es para cambiar a otros sino para vivir mejor en Dios. Si vivir mejor en Dios te pone en una iglesia tradicional, conservadora y estas bien… pues quédate allí y deja que el Espíritu guie tu vida. Pero si por el contario sientes todo lo contrario, busca por sobre todo el Amor de Dios que siempre se expresa en el amor de tus hermanos.

Has vivido en carne propia la experiencia de discriminación, pero también de lucha por la dignidad y los derechos de las personas lgtb. ¿A qué, y cómo pueden contribuir dichas experiencias dentro de una comunidad cristiana?

La verdad, no lo sé. Simplemente sé que Dios me llama desde su amor y esa experiencia no necesito demostrarla a nadie. Luego, vivo conforme a ese llamado intentando seguir las huellas de Jesús. Como decía un gran director espiritual que tuve, el padre Daniel Agacino: “Nadie sabe cuál es la voluntad de Dios, pero que en el camino vayas creciendo en amor, en fe y en esperanza” y creo que así es. El milagro de nuestra fe esta en testificar de lo que ha sucedido en nuestras vidas, jamás en provocar, ni controlar, ni contabilizar conversiones de otro. Yo esa preocupación ya la saqué de mi agenda. Tan sólo asumo el camino, mi camino y claro que me gusta caminar con personas a mi lado para sentir su amor y expresarles el mío.

Y en la otra dirección, ¿qué puede aportar la fe y las iglesias a las personas lgtb y a sus familias? Supongo que eres consciente de que muchas personas lgtb perciben al cristianismo como un enemigo.

Cuando la fe hace algo en ti, lo demás, lo que suceda en, derredor tuyo es la obra y el misterio del Espíritu en los demás. Creo que si los cristianos nos concentráramos mucho más en vivir nuestra fe en vez de adoctrinar personas seríamos más efectivos y estorbaríamos menos para que la “gran comisión” se cumpliera como Jesús nos lo pidió.

Para terminar, y dándote las gracias por haber accedido a responder a nuestras preguntas, ¿Cuáles son tus retos del futuro? ¿Dónde, y cómo, crees que se debe seguir incidiendo para seguir construyendo unas sociedades y unas iglesias más justas con todos?

¿Mis retos? Mmmm: amar. Dejarme enamorar y amar a otro. Pido a Dios que me permita tener esa oportunidad de construir junto a otra persona un familia, sencilla, doméstica, donde se amase el pan para la mesa y se celebre la vida y el reto de estar juntos.

¿Sobre lo que creo que es o debieran ser mis retos? Pues cada vez que he pensado en ello he realizado lisa y llanamente “cagadas”. Por tanto con total conciencia e impotencia te respondo, querido amigo, que, ¡¡aquí estoy!! para lo que Dios vaya presentando en mi vida. Como dijera San Ignacio de Loyola (a quien sigo en su espiritualidad): “en todo amar y servir”, y no más.

Quiero agradecerte a ti y a todo este espacio de comunidad virtual, por la oportunidad de compartir este tiempo de reflexión compartida.


Gracias a ti, Fernando.


Entrevista realizada por Carlos Osma

Carlos Osma es licenciado en Ciencias Matemáticas y profesor de un instituto de secundaria en la provincia de Barcelona. Es miembro de la Església Protestant Barcelona-Centre (Església Evangèlica de Catalunya-IEE).