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martes, 27 de octubre de 2015

El Antievangelio de la Verdad.




“Conoceréis la verdad y ésta os hará libres” dice el evangelio, pero quienes han sido educados en iglesias donde se conoce “la Verdad”, saben perfectamente que la verdad absoluta es un peligro que acaba con la libertad individual. Y esto es así porque donde hay “Verdad”, hay siempre un grupo de personas expertas que dicen al resto lo que tienen que hacer y como deben comportarse. “La Verdad” es un instrumento de control que utilizan quienes no tienen capacidades, quienes no son capaces de discernir, de valorar, de acercarse a la realidad; quienes han renunciado a la vida por que les da miedo, porque son conscientes de sus limitaciones y de su cobardía.

Es absolutamente estúpido hablar hoy de “Verdad”, creer que se posee por revelación divina y predicarla a quienes no la tienen. Hay que estar muy ciego, o ser muy ignorante para hablar con otra persona con la intención de traerla a “la Verdad”. Los cristianos no tenemos “la Verdad” y nunca la hemos tenido, por la sencilla razón de que no existe. Sólo ha sido un engaño del poder para controlar y perpetuarse. Quien defienda hoy “la Verdad” cristiana no está hablando de cristianismo, sino de poder, de las estructuras de control religioso con las que se está de acuerdo. El cristianismo no nació como una filosofía sobre el conocimiento de “la Verdad”, sino en el seguimiento de Jesús de Nazaret.

Justificar el conocimiento de “la Verdad” apoyándose en la Biblia, sólo lo pueden hacer quienes prefieren olvidar que no hace mucho tiempo se condenaba a personas que, como Galileo, ayudaron a ver que la Biblia no es un libro donde encontrar “la Verdad” sobre el funcionamiento del universo. Y si hoy sabemos que Galileo tenía razón y que la Biblia no es un libro de “Verdades” astronómicas, es difícil sostener que sí lo es de “Verdades” morales, antropológicas o sexuales. Cuando los cristianos nos acercamos al texto bíblico para buscar una guía, una verdad que nos ayude, lo hacemos siempre desde una posición definida y limitada. No hay acceso posible a una supuesta “Verdad” escondida en el texto bíblico que sirva para siempre y sea inamovible. Tampoco una que esté libre de todo aquello que nos condiciona.

Cristianos y no cristianos en el siglo XXI vivimos con verdades limitadas y condicionadas, y no tenemos acceso a nada más. Cada día nuestras verdades son puestas a prueba y no siempre sobreviven… Todos hemos dejado atrás verdades que pensábamos eran absolutas, y seguimos hacia delante con otras nuevas que nos permiten explicar mejor nuestra existencia. Podemos, y debemos, defender las verdades que pensamos que pueden mejorar nuestra vida y la de los demás, frente a otras verdades que consideramos que la limitan. Pero no deberíamos hacerlo otorgándonos la posesión de “la Verdad”, nuestro mundo se mueve, nuestras vidas son mejores, somos más libres, cuando tenemos la posibilidad de alcanzar una verdad que no es para siempre.

Es cierto que existen sistemas cerrados donde hay “Verdad”, donde hay buenos y malos, santos y pecadores. Sistemas donde todo tiene un lugar, un orden, un momento, unas obligaciones… Una “Verdad” con mayúsculas restringida únicamente a ese sistema cerrado con siete llaves. Muchas iglesias se han convertido en eso, en sistemas cerrados y opresivos donde existe una “Verdad” que hay que mantener frente a los ataques del exterior. Evidentemente, todo el mundo tiene derecho a construir su palacio de cristal, o más bien su iglesia de hormigón, pero nada de todo esto tiene que ver con el evangelio, con la propuesta de Jesús.

El evangelio siempre ha sido más valiente, y sobre todo más abierto y más humano. La verdad se descubre andando, siguiendo al maestro libremente. Porque la verdad no es una forma de ver el mundo, unas leyes, una filosofía, una teología o una lectura determinada de la Biblia; la verdad cristiana es el mensaje de Jesús de Nazaret que puede expresarse, concretarse, vivirse de infinitas formas posibles. Un mensaje que se resume en amar al prójimo como a uno mismo, pero que tiene infinitas maneras posibles de ponerse en práctica. Y quizás esta verdad no convenza a todo el mundo, y millones de personas piensen que es irrealizable, naif, estúpida… Y tendremos que explicarles por qué esa verdad todavía tiene sentido para construir un mundo mejor para todos, y deberemos reconocer también que es una verdad demasiado elevada para nosotros a veces, y que no siempre acertamos a ponerla en práctica. Y escucharemos sus objeciones y tendremos que tenerlas en cuenta para no acabar defendiendo una verdad que no es tal.

No hay libertad donde hay “Verdad”, ni tampoco cristianismo. Quienes dicen defenderla viven engañados y sometidos, y su antievangelio no busca la liberación de los seres humanos, sino que vivan oprimidos bajo una determinada comprensión del mundo. Por eso ser cristiano hoy es, como hizo Jesús, renunciar a “la Verdad” que defienden los poderosos, e ir en libertad hacia las verdades limitadas que nos muestran nuestros prójimos o que descubrimos en nosotros mismos. El cristianismo es la religión del amor, no de “la Verdad”. No es el opio del pueblo, ni una anestesia para quienes no quieren enfrentarse a la angustia de una existencia que no logran entender. El cristianismo es una religión contra natura que pone al último el primero, que pide amar incluso a nuestro enemigo y que vive con la esperanza y el deseo de poder construir un mundo donde todos los seres humanos sean hermanos y hermanas. Y para eso, o contra eso, no hay “Verdad” que valga… Sólo el amor puede hacerlo. Esa es la verdad cristiana, una verdad siempre en minúsculas que convive con muchas otras verdades también en minúsculas. Pero en esa convivencia la fe cristiana se perfecciona, se hace mejor y más humana.



Carlos Osma

Carlos Osma es licenciado en Ciencias Matemáticas y profesor de un instituto de secundaria en la provincia de Barcelona. Es miembro de la Església Protestant Barcelona-Centre (Església Evangèlica de Catalunya-IEE).


jueves, 7 de agosto de 2014

“La homofobia no está en la Biblia, sino en sus intérpretes”



Entrevista con el teólogo Renato Lings

El Dr. Renato Lings es traductor e interprete; doctor en Teología y escritor. Ha trabajado entre otras cosas como intérprete en el Parlamento Europeo, como profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana o investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education. En 2011 publicó: “Biblia y homosexualidad; ¿se equivocaron los traductores?”. Hace unos días le propuse una entrevista para el blog Homoprotestantes a la que accedió amablemente. Le agradezco que comparta su experiencia, reflexiones y conocimientos con nosotr@s.

Empecemos por el principio. Naciste en Dinamarca dentro de una familia evangélica muy activa dentro de la Iglesia, de hecho tu padre era maestro y encargado parroquial. ¿Cómo fue para ti descubrir tu homosexualidad en ese contexto? ¿Y para tu familia?

Descubrir mi homosexualidad fue una experiencia muy extraña. A partir de los once años aproximadamente me fui dando cuenta que algunos varones me atraían poderosamente. Al mismo tiempo no me atrevía a mostrarles ningún afecto especial. Crecía en un ambiente rural cerrado y represivo en el que era peligroso “pasarse” y reinaba la conformidad en todo. La homosexualidad era un tema tabú y, como medida de autoprotección, yo guardaba instintivamente mi secreto. Durante toda mi adolescencia, nadie se enteró de mi vida sentimental.

¿Cómo era el Dios que tenías dentro del armario? ¿Cambió en algo cuando finalmente pudiste salir de allí?


¿Cómo era el Dios que tenías dentro del armario? ¿Cambió en algo cuando finalmente pudiste salir de allí?

Era un Dios contradictorio. Por un lado me enseñaron en la escuela dominical la importancia de Juan 3,16, versículo que dice: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo el que crea en él no perezca sino que tenga vida eterna.” Es una afirmación hermosísima que me ha permitido conservar mi fe cristiana hasta la fecha. Al mismo tiempo, sin embargo, el Dios que reinaba en mi ambiente familiar tenía bastante de dictador porque muchas cosas nos estaban prohibidas. Por ejemplo, a mí y a mis hermanas y hermanos no nos permitían aprender a bailar y no podíamos leer libros y revistas con contenido erótico. A los 18 años intenté salir del armario acudiendo al médico de cabecera pero él me remitió a un psiquiatra bastante retrógrado que me aconsejó esperar algunos años más. Fue una etapa dura y depresiva, de una gran soledad. Sólo conseguí liberarme del armario cuando cumplía 24 años. Fue una auténtica experiencia liberadora. Empecé a entender a Dios de otra manera, aceptándolo como Creador de todo el universo y, por tanto, de la sexualidad humana.

Tus primeros estudios a mediados de los años sesenta fueron “Literatura y Cristianismo” y “Filosofía, griego y hebreo”… interpreto que tenías interés por conocer más profundamente la Biblia. En aquel momento, ¿Qué significaba para ti la Biblia? ¿Era una fuente de liberación o de condena?

Durante mi adolescencia llegó a aburrirme la Biblia hasta el punto de saciedad debido a la manera autoritaria en que nos la imponían. Para una persona joven como yo era prácticamente un documento fosilizado. Además, no me permitían cuestionar nada. Cuando tenía 21 años escuché una charla en que un teólogo analizaba el pecado de Sodoma y Gomorra. Terminó su reflexión afirmando que este relato bíblico condenaba “la homosexualidad”. Eso me asustó y aquel día la Biblia empezó a preocuparme de verdad. A partir de aquella experiencia me he esforzado por entender la naturaleza de la supuesta condena bíblica y desde entonces busco el lado liberador de las escrituras.

Si nos centramos ahora en los textos bíblicos que tradicionalmente son utilizados por los cristianos conservadores para condenar a las personas homosexuales, me pareció interesante la propuesta de tu artículo “Los –yaceres- de una mujer”[1] en la que afirmabas que Levítico 18,22 se puede traducir como: “No cometerás actos de incesto con varones”. Nos puedes explicar brevemente, y para que podamos entenderlo, las razones de esta traducción y sus implicaciones.

Es muy interesante el versículo 18,22 del Levítico. El lenguaje hebreo del texto original es opaco, muy difícil de entender. Por eso vienen acumulándose, desde tiempos antiguos, diferentes interpretaciones. Actualmente mis investigaciones bíblicas me permiten catalogar 14 lecturas distintas de Lev 18,22. ¿Cuál es la correcta? La respuesta es sencilla: “No sabemos”. La lectura menos probable es la que pretende presentar el versículo como una condena de “la homosexualidad”. Hace años que esta lectura está de moda porque a los traductores les facilita grandemente su trabajo. No obstante, es un anacronismo atribuir al redactor del texto hebreo actitudes “homófobas”. Este versículo no aporta ningún dato de interés para la gente LGTB de nuestros días. Si nos valemos de criterios literarios y lingüísticos a la hora de analizarlo, la clave interpretativa aparecerá por otro lado. Hasta tiempos muy recientes los estudiosos han hecho caso omiso del tema del incesto. No obstante, una amplia parte del capítulo 18 habla justamente de ese problema. Por tanto, recomiendo que tengamos en cuenta el tema del incesto a la hora de reflexionar sobre Lev 18,22.

En otro de tus artículos, “Sodoma, escenario de un choque cultural”[2] afirmas que dramas como el de Sodoma pueden convertirse en instrumentos de liberación para las personas LGTB. ¿Puedes ponernos un ejemplo? ¿Cómo podemos acercarnos a esta historia bíblica desde nuestra realidad lgtb y sentirnos liberados?

De acuerdo, es muy buena la pregunta porque a primera vista mi propuesta tal vez pueda parecer contradictoria. Si nos atenemos estrictamente a la tradición cristiana, el drama de Sodoma y Gomorra es opresor y violento. Ahí está el origen de toda nuestra vía crucis. Ahora bien, hay otra manera muy distinta de acercarnos al relato bíblico. Si deseamos respetar el testimonio que nos presenta la Biblia hebrea, ahí tenemos a los profetas Isaías, Ezequiel, Jeremías, y otros. Históricamente son los primeros intérpretes del drama de Sodoma. Según esta corriente interpretativa, el pecado de la ciudad no tiene nada que ver con supuestos delitos sexuales. Todas las voces proféticas utilizan el nombre de Sodoma como metáfora para criticar sin pelos en la lengua a los gobernantes y políticos de su época, tildándoles de idólatras, egoístas, arrogantes, opresores y violentos. Por ejemplo, léete el capítulo 1 de Isaías, fijándote en los versículos 10-17. También vale la pena estudiar Ezequiel capítulo 16, versículos 46-51. Si aprendemos a escuchar a los profetas para que nos enseñen a interpretar bíblicamente el drama de Sodoma, el proceso nos ayudará a liberarnos a nosotros mismos, a denunciar la injusticia y a ser solidarios con los desfavorecidos que malviven en nuestro entorno.

Y si vamos al Nuevo Testamento y a las cartas Paulinas, por ejemplo en textos como Rm 1:26-27 o 1 Cor 6:9-10, podríamos interpretar que el Apóstol se posiciona en contra de las relaciones sexuales entre dos hombres. ¿Crees que es así? ¿Cómo deberíamos acercarnos las cristianas y cristianos de hoy a esos textos?Bueno, son textos muy curiosos y cada uno tiene sus complejidades. Te sugiero que vayamos por partes. Si nos acercamos primero a 1 Cor 6:9-10, te diré que muchos traductores se equivocan a la hora de interpretar dos vocablos griegos como son malakoi y arsenokoitai. Por su parte, malakoi significa “blandos”, “blandengues” o “débiles”, mientras que no se sabe prácticamente nada de arsenokoitai. Literalmente vendría a significar “varones-cama” o “varones que se acuestan”. Posiblemente la palabra tenga que ver con los burdeles y con el tráfico ilegal de prostitutas y de prostitutos jóvenes, negocio muy lucrativo en el imperio romano. Insisto, sabemos muy poco de este vocablo. Es importante darse cuenta que no aparece en la literatura erótica redactada en griego. Por esta razón no podemos interpretarlo como referencia a varones homosexuales. Debemos rechazar enérgicamente las traducciones equivocadas, de las que hay, lamentablemente, unas cuantas.

En cuanto a Rom 1:26-27 la situación es distinta. Según la tradición cristiana, Pablo critica allí a las personas homosexuales. Sin embargo, si sometemos estos versículos a un cuidadoso análisis literario, veremos que todos los verbos principales aparecen en tiempo pasado indicando que el apóstol se refiere a sucesos históricos conocidos. Algunos traductores de nuestra época se han atrevido a modificar los verbos convirtiéndolos en tiempo presente, tal vez para herir a la gente LGTB de hoy, pero se equivocan gravemente. El apóstol cita hechos ocurridos en el pasado remoto. Con respecto al versículo 26, se refiere probablemente a un grupo de mujeres que se prestó, en un momento determinado, para dedicarse a actividades sexuales “antinaturales” con varones. En tiempos antiguos, lo de “antinatural” quiere decir que sucede al margen del coito vaginal. Puede tratarse del sexo oral o anal. Los varones descritos en el versículo 27 parecen haber participado activamente en orgías, tal vez dedicadas a la Cibeles, diosa originaria de Asia Menor. En todo caso, el discurso de Pablo en este pasaje se inspira grandemente en el Libro de la Sabiduría que contiene una larga serie de denuncias de las prácticas idolátricas y de los excesos que acarrean. Ante todo, las críticas de Pablo se centran en la idolatría. En ningún momento le interesa condenar a dos personas que viven en pareja. La gente a que se refiere el apóstol en este pasaje no es cristiana sino pagana. Es absurdo aplicar esta polémica puntual, que surge en un debate ocurrido hace dos mil años, a las personas LGTB cristianas de nuestro tiempo que vivimos en una realidad muy distinta.

Para entender mejor a Pablo en la Carta a los Romanos, hay que leer la carta entera hasta llegar al capítulo 16. Demasiados lectores se limitan a estudiar algunos versículos del capítulo 1, ignorando que el texto continúa y que sirve para criticar a una persona determinada que vive en Roma. Esa persona aparece en el capítulo 2. En tiempos del apóstol no existía la división en capítulos que conocemos nosotros. Las denuncias expresadas en el capítulo 1 desembocan en el capítulo siguiente donde Pablo castiga verbalmente al “instructor” de origen judío que siembra la confusión en la comunidad cristiana recién constituida. Hacia el final de la carta (16:17) Pablo previene a sus lectores contra quienes predican doctrinas que le son ajenas: “Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido”.

Para estudiar este contexto, recomiendo las obras de los teólogos James Alison y Douglas Campbell. Este último intuye que la diatriba expresada en el capítulo 1 de la carta pertenece realmente al instructor judío y que Pablo la cita para después rechazarla enérgicamente. O sea, las opiniones vertidas en los versículos 1,26-27 no las comparte el apóstol sino todo lo contrario. Leída así, la carta comienza a tener una coherencia profunda, permitiéndonos apreciar mejor cuál es la misión principal del Apóstol de los Gentiles. Como él mismo dice en Rom 1:1 y 1:3, su cometido es anunciar y compartir el evangelio de Cristo Jesús.

Si analizamos hoy el camino andado durante varias décadas por muchos cristianos y cristianas LGTB intentando aclarar o reinterpretar los textos bíblicos que los conservadores utilizan para condenarlos… ¿No te parece que intentar siempre justificarnos sólo muestra que no nos hemos liberado realmente de la homofobia? ¿Qué todavía les estamos intentando pedir que nos acepten en sus iglesias y en su mundo? ¿No te parece que esa dinámica siempre sitúa a las personas LGTB como las que tienen que justificarse y a las heterosexuales las que tienen que ser convencidas para dar su visto bueno?

Es muy importante esa pregunta. Reconozco de plano que yo mismo caigo a veces en la postura defensiva viéndome obligado a justificar mi compromiso cristiano y mi derecho de pertenecer a una iglesia determinada. Hace tantos años que nos tienen acostumbrados a esta rutina que nos cuesta una barbaridad salir de ella, por muy incómoda y desagradable que sea. Yo he dedicado los últimos diez años de mi vida a reinterpretar los textos bíblicos explicándolos como mensajes que no condenan a las personas LGTB. Ya estoy seguro, completamente convencido, de que la Biblia no es enemiga sino una gran amiga nuestra. Pero todos necesitamos educarnos y estudiar mucho, tanto heterosexuales como las y los que nos definimos de otro modo. Llevamos encima una larga tradición eclesiástica que nos ha amargado la vida. Seamos claros: el problema está en la tradición y no en las escrituras. Volviendo a tu pregunta inicial, me parece que ya es hora que nos acostumbremos a interrogar y cuestionar a los que quieren condenarnos para conocer el motivo de tales actitudes. Ellos piensan tener a su lado la Biblia y la realidad es muy otra. Y, desde luego, insisto y repito que nos urge aprender a analizar las traducciones de la Biblia que usamos habitualmente para poder exponer y denunciar los fallos y errores que cometen los traductores con escalofriante frecuencia. A nosotros nos toca demostrarle al mundo lo que significa amar los escritos bíblicos.

Supongo que hay muchos textos bíblicos en los que has reconocido a un Dios que te habla como cristiano y gay. Textos que te han liberado, dado fuerzas, te han consolado o dado esperanza… pero sin tener que dejar tu orientación sexual fuera. ¿Podrías compartir brevemente uno de ellos?

Un texto bíblico que me ha inspirado grandemente es el libro de Rut. Se trata de una perla literaria y teológica. El narrador demuestra cómo una joven mujer pobre, viuda y extranjera (Rut) es aceptada por toda la comunidad de Belén, y bendecida por el Dios de Israel, gracias a su amor incondicional por una mujer israelita (Noemí). Cuando Rut ha dado a luz a Obed, su primogénito, todas las vecinas llevan al bebé al regazo de Noemí diciendo: “A Noemí le ha nacido un hijo”. De esta manera celebran públicamente el vínculo afectivo que existe entre ambas mujeres.

La experiencia nos confirma que la homofobia no puede tener nada que ver con el evangelio de Jesús, ni con el amor de Dios. ¿Puedes compartir también un texto bíblico que muestre la incompatibilidad del seguimiento de Jesús y la homofobia?

La homofobia es excluyente. Las personas que Jesús critica más a menudo son aquellas que excluyen y desprecian al prójimo. Jesús no tiene nada de homófobo. En Mateo 19:12 habla de los “eunucos”, término que abarca a personas que nacen asexuales o sin ganas de casarse heterosexualmente, por el motivo que sea. Es posible que esté incluida la gente LGTB. De todas maneras el texto pone en evidencia que Jesús se refiere a estos grupos con respeto. Recordemos también al centurión romano (Lucas 7 y Mateo 8). El diálogo que este oficial mantiene con Jesús nos demuestra que cualquiera que se acerque al Maestro con sinceridad y humildad será escuchado, por muy diferente que sea de la mayoría y a pesar de ser, como en este caso, representante de nada menos que la odiada ocupación militar romana. Por otra parte, es probable que el centurión lleve una relación de afecto especial con el joven siervo moribundo y que es justamente ese amor el que lo motiva a solicitar la intervención de Jesús. El Maestro celebra la gran fe del oficial y lo bendice en términos prácticos sanando inmediatamente al criado amado. También en esta situación cabemos, de alguna manera, las personas LGTB, si nos identificamos con el centurión y su pareja. Por último, he de señalar la relación de afecto que existe entre Jesús y el discípulo amado como la plantea repetidamente Juan Evangelista a partir del capítulo 11. A Jesús no le inquietan en lo más mínimo las relaciones entrañables entre dos personas del mismo sexo sino que las acepta en la práctica. Tanto es así que él mismo se nutre de la ternura especial que lo une a un discípulo muy querido.

Actualmente los cambios sociales están haciendo que las iglesias tengan que posicionarse respecto a las personas LGTB. Vemos como algunas iglesias en Europa abren sus puertas para ellas, pero otras, como en el caso de España, todavía las tienen cerradas. Todo eso se traduce en tensiones y enfrentamientos…. ¿Qué papel puede tener la Biblia para superar todo esto? ¿Cómo deberíamos acercarnos a ella para que fuera un lugar donde buscar luz y no un ladrillo que lanzarnos a la cabeza?

La persecución homófoba que orquestan algunas iglesias poderosas se basa ante todo en el prejuicio y en unos pocos textos bíblicos interpretados erróneamente. El problema no está en la Biblia sino en sus intérpretes. Estos hechos vienen documentándose cada año más como lo demuestran, por ejemplo, algunos libros míos. La documentación más amplia de esta temática se encuentra en mi última obra en inglés titulada Love Lost in Translation. Todo mi trabajo teológico lo dedico a dos esfuerzos: (1) reinterpretar la Biblia y (2) denunciar los múltiples errores cometidos por los traductores, quienes actúan así no por maldad sino por ignorancia y debido a su formación en el seno de una larga tradición eclesiástica de índole homófoba y misógina. Y mientras yo viva no me cansaré de hablar de la gran riqueza psicológica y teológica que contiene la Biblia para toda la gente LGTB que quiera profundizar su fe y crecer espiritualmente. El mejor guía para el viaje es el que nos llama diciendo: “Sígueme”. 

Muchas gracias Renato Lings por tus respuestas y por tu colaboración.



[1] Theology and Sexuality. Volume 15.2, 2009, pp. 231-250.

[2] Lisa Isherwood (ed.). Patriarchs, Prophets, and Other Villiains. Londres, 2007.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Esaú, un “oso” pelirrojo en la Biblia.


Carlos Osma

No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que la Biblia está repleta de experiencias de hombres y mujeres que por una u otra razón se salían de lo convencional. Personas que no formaban parte de lo que en su época se entendía como “normalidad”. Tampoco hay que pensar mucho para saber por qué se habla tan poco de ellos en las iglesias hoy, es más fácil utilizar estereotipos aceptables e inofensivos que no nos lleven a ningún sitio. Pero es evidente que no todo el mundo puede aceptar tal manipulación, y las personas lgtb que viven su fe desde lo que ellas y ellos son, necesitan saber si aquellos personajes bíblicos silenciados o descafeinados pueden decirles algo.

Ya en el libro del Génesis nos encontramos con uno de los protagonistas más “queers”de la Biblia, Esaú[1]. Es evidente que el primogénito de Isaac no era bien visto por los autores de la leyenda porque antes de nacer descargan sobre él todos sus prejuicios. De él se dice que era mellizo de Jacob[2], una minoritaria manera de venir al mundo, un mal presagio que nos avanza que algo acabará mal entre ellos. Sorprendentemente también era pelirrojo, como según la tradición cristiana posterior lo fue Caín, Dalila, Caifás o Judas, por nombrar a algunos. O como según una interpretación Rabínica lo era Lilit, la primera esposa de Adán, que abandono el Edén porque se negó a yacer debajo de Adán aduciendo que ambos habían sido creados iguales. El pelirrojo Esaú era demasiado distinto al resto, eso como mínimo parece transmitirnos la historia.

Pero la cosa continúa, también se dice que nació con mucho pelo por todo el cuerpo. Y los hombres peludos en aquel momento más que atractivos, eran vistos como paletos extranjeros. En palabras de Von Rad, “así de hirsutos y bastos les parecían a los urbanos israelitas sus vecinos bárbaros[3]”. Tampoco el ser cazador le ponía en una situación privilegiada. De las dos formas de vida en palestina, la de los cazadores y la de los agricultores, los primeros se veían como salvajes y anticuados mientras que los segundos se percibían como personas cultas[4].

En resumidas cuentas, antes de llegar cansado y hambriento de cazar, el Génesis nos explica que Esaú no cumplía los estereotipos positivos del buen israelita del momento. Por eso, cuando entra en casa y le pide a su hermano que le ponga un plato del guiso rojo que está cocinando porque está muerto de hambre ya no vemos su necesidad. Ya no nos acordamos de las veces que como él hemos tenido hambre, y somos incapaces de identificarnos con él. Así funcionan los prejuicios, deshumanizando y haciéndonos creer que no tenemos nada que ver con la persona que tenemos delante. Pero en esto las personas lgtb tenemos cierta ventaja y sabemos lo que significa que te caricaturicen para que lo que estás pidiendo, por muy humano que sea, se perciba como algo delicado que acabará desencadenando un conflicto. Y por eso nos resulta fácil ver el peligro en los ojos de quien mueve el cocido mientras nos mira de abajo arriba maquinando cómo puede aprovecharse de nuestra necesidad.

El cocido rojo está servido y Esaú se sienta a la mesa, la oportunidad de Jacob ha llegado y pide a su hermano algo a cambio; que le ceda los derechos hereditarios como primogénito. Esaú no lo sabe, pero aceptar aquel plato significará también no llegar a ser el tercer patriarca del pueblo de Isaael y quedar excluido de la promesa de ser bendecido por Dios y ser bendición para los demás[5]. Pero a él no le importa nada de todo eso ahora, tiene hambre, y no piensa en nada más. Realmente Jacob ha sabido jugar muy bien sus cartas.

Con esa baraja continúan jugando hoy muchas personas, familias y comunidades religiosas con las personas lgtb. El guiso rojo siempre aparece delante nuestro cuando tenemos hambre, y a menudo nos lo comemos olvidando nuestra dignidad y las promesas que Dios nos ha dado. Preferimos renunciar a una vida plena para que las personas que queremos no sufran, escogemos el silencio en nuestros trabajos para evitar conflictos, aceptamos no ser reconocidos en nuestras comunidades a cambio de poder sentarnos en ellas… Platos de cocido de quienes tienen la cuchara por el mango, a cambio de dignidad. Por mucho que lo disfracemos, eso es en realidad a lo que nos enfrentamos la mayoría de veces. Y sinceramente, creo que como Esaú, seguimos vendiéndonos muy barato, y que en la mayoría de ocasiones si fuéramos un poco más valientes podríamos habernos comportado de otra manera.

Al final comió del guiso rojo, y no fue lo que esperaba, quizás el cazador Esaú pensaba que sería un guiso de carne, pero se encontró con lo que podía darle un agricultor: verduras con lentejas. Por eso se sintió engañado doblemente[6]. Lo sabemos muy bien, no es la primera vez que nos ocurre, quienes se aprovechan de nuestro anhelo de aceptación, acaban siempre por engañarnos. Estos pactos no nos llevan a ningún sitio, y lo único que hacen es que perdamos lo que realmente tenemos desde un principio y que quieren robarnos: El amor con el que nos mira nuestro padre, y la elección divina desde antes de que naciésemos. Gritan y gritan en todo momento que no lo tenemos, nos ridiculizan y caricaturizan para hacernos creer que lo hemos perdido, o nos explican con dulces palabras que no podemos disfrutarlo de la misma manera con que lo hacen el resto de seres humanos. Pero tengámoslo claro, es sólo otra de sus estratagemas para sentarnos delante de su plato de lentejas. Tenemos hambre, pero es mejor devolvérselo, que lo coman ellos si quieren, sólo actuar con dignidad y sinceridad puede hacernos partícipes de lo que Dios ha pensado para nosotros. Venderse, es perderlo todo.

No somos las primeras personas que pierden a sus familias, a su entorno y a sus comunidades, por renunciar a chantajes similares. Y por muy duro que esto pueda ser, tampoco seremos las primeras que construyan una nueva familia, un nuevo mundo y unas nuevas comunidades más cristianas. Todo lo que tenemos, y que a veces olvidamos, nos ayudará a hacerlo. Si sabemos que Dios está de nuestro lado, si sabemos que Dios está contra todo tipo de homofobia, también la que se ejerce usurpando su nombre, entonces no tiremos todo por la borda por la aceptación. Poder estar en paz con Dios a veces tiene un precio, pero si estamos dispuestos a pagarlo, nuestro hambre será saciada más pronto que tarde por quien nunca nos ha engañado.


[1] Gn 25,19-34.

[2] Es verdad que el autor de esta leyenda podría estar indicando simplemente la proximidad que tenían los Edomitas y los Israelitas, pueblos a los que representan ambos hermanos, pero opino que quiere expresar algo más, puesto que la relación entre ambos pueblos siempre fue muy conflictiva

[3] Von Rad, G. “El libro del Génesis”. (Salamanca; Ediciones Sígueme,1988), p.327.

[4] Ibíd. 328

[5] Gn 12,2

[6] Von Rad, G. “El libro del Génesis”. (Salamanca; Ediciones Sígueme,1988), p.329.



Carlos Osma

Carlos Osma es licenciado en Ciencias Matemáticas y profesor de un instituto de secundaria en la provincia de Barcelona. Es miembro de la Església Protestant Barcelona-Centre (Església Evangèlica de Catalunya-IEE).

sábado, 20 de abril de 2013

Entrevista al Rv. Fernando Frontán: 20 años luchando por la causa de los derechos de la diversidad sexual en Uruguay.


Entrevista realizada por Carlos Osma

El Rev. Fernando Frontán trabaja actualmente como Capellán en la Comunidad Terapéutica Bethania (una comunidad de recuperación de adictos a las drogas), pero lleva más de 20 años luchando por la causa de los derechos de la diversidad sexual en Uruguay. Un país que hace sólo unos días aprobó la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo.

Comunicador, periodista, panelista en diferentes programas de televisión opinando sobre temas vinculados a la cuestión social. Fue pastor en Casa de Luz ICM (Monterrey, México) donde trabajó temas similares, incorporando a ellos las problemáticas del VIH/SIDA, y la infancia, por el que recibió el reconocimiento de “Promotor de la Paz” otorgado por la UNESCO.

A pesar de que en esta última semana ha vivido un ritmo frenético para atender a diferentes medios de comunicación, desde el primer momento accedió gustosamente a realizar esta entrevista para el blog Homoprotestantes, algo que le agradecemos sinceramente.

Llevas trabajando más de veinte años en Uruguay por el reconocimiento de los derechos de las personas lgtb, un país que acaba de aprobar el matrimonio igualitario. Supongo que esto produce satisfacción, tanto por el trabajo realizado, como por lo que esa ley significa para la vida de muchas personas.

Hace unos días atrás, recordaba aquel memorable sermón del Rev. Martin Luther King apoyado en la frase: “Yo Tengo un Sueño”, por el cual -el incansable luchador por los derechos afroamericanos- conmovió a miles y miles de seguidores por la causa de la integración en los EEUU. No pude dejar de emocionarme porque cuando tomé la decisión de hacerme visible como gay y cristiano (allá por los primeros años de los 90) me apoyé en ese discurso para tomar fuerzas y valor, para vencer mis miedos, mis prejuicios… para atravesar aquella pesada cruz del estigma anti-homosexual que existía en mi país, con el espíritu del resucitado. Y en verdad, cada vez que escuchaba palabras de rechazo, o de odio, o de desprecio, cada vez que sentía la risa burlona o los descalificativos, o ese dedo acusador apuntando sobre mis pares gays, lesbianas, personas trans o sobre mí… Me decía: “Yo tengo un sueño” el sueño de un país más democrático, más respetuoso, más igualitario, más incluyente… Y ese sueño le llevó a realizar “locuras para la esperanza” (como canta Silvio Rodríguez). El rev. King no pudo ver su sueño realizado, pero Dios me ha bendecido permitiéndome verlo a mí y es una profunda alegría, inexplicable, pero muy honda. La ley de Matrimonio Igualitario, es un gran paso que ha dado mi país, histórico paso y hoy podemos decir que las y los uruguayos somos más iguales ante la ley.

¿Cuáles han sido los problemas más importantes a los que os habéis tenido que enfrentar hasta la aprobación de esta ley?¿quiénes han mostrado una mayor oposición?

Hace mucho tiempo adopté un lema como rector en muchos de mis análisis personales: “el único problema que tengo soy yo”; los demás no son un problema, la sociedad no es un problema, la alteridad no es el problema; por tanto si “yo soy mi único problema”, en mí están las llaves de las soluciones. Yo creo que gran parte del éxito del activismo uruguayo ha sido este, no ha visto problemas en sus adversarios, sino que el gran desafío ha sido superarnos en creatividad, agudeza, compromiso con los DDHH que también son nuestros derechos… y estos valores nos han devuelto la precisión y el éxito en nuestras campañas de transformación de la sociedad.

Creo, mirando en perspectiva y hacia atrás, que los grandes opositores de la emancipación de nuestro colectivo, hemos sido nosotros mismos, y no quiero con esto omitir, ni eludir, ni absolver la cantidad de instituciones, personas y grupos de poder que han ejercido presión para que sus intereses no se vieran afectados por la inclusión de nuestros derechos, claro que no. Ahí están las múltiples y diversas manifestaciones del fundamentalismo religioso cristiano –tanto católico, como protestante, básicamente esa corriente “neo-pentecostalista” (que tanto daño han hecho a la humanidad), o la derecha política y moralista de nuestro país poniendo piedras en el camino para que no avanzáramos, pero lo que afirmo es que no ha sido lo determinante. Simplemente quiero decir que si hemos tenido logros en el Uruguay para el beneficio de la comunidad de Diversidad Sexual, eso ha sido básicamente posible porque hemos derribado las barreras del miedo, de la auto-discriminación y hemos dado pie a los sueños por sobre la realidad adversa.

En la anécdota de este último mojón, la derecha conservadora ha sido la resistencia más notoria, pero no ha podido vencer, con su odio: “lo políticamente correcto”, que se ha instalado en el Uruguay como fruto de una visibilidad GLBTTI, llena de orgullo y dignidad. Y como hoy no suena bien negar derechos a las personas sexualmente diversas, estas personas han quedado “maniatadas” en sus propios discursos demagógicos.

Imagino que también habéis tenido aliados inesperados, tanto de la sociedad en general, como dentro de las iglesias.

Desde 2006 en adelante, el Movimiento de Diversidad Sexual en el Uruguay ha sabido abrir su causa a muchas realidades muy diversas y ha sido incluyente en su agenda de las causas de otros movimientos (mujeres, jóvenes, migrantes, estudiantes, trabajadores, afro-descendientes, etc.) esto ha permitido instalar la agenda de Diversidad Sexual en muchos espacios de la sociedad civil organizada y ha logrado quebrar esas distancias de los colectivos encerrados en lo propio de sus intereses. Curiosamente esta estrategia, en la manera de hacer política ciudadana, ha permitido que la “Marcha de la Diversidad Sexual”, pasara de ser un espacio de expresión de las personas GLTTIB, a ser un espacio de expresión de todas y todos aquellos uruguayos que elegimos vivir en una sociedad que reconoce, valora, incluye, respeta y promueve la diversidad humana más allá de la diversidad sexual. En números significativos pasamos de una marcha de 1000 asistentes a una de 25000 participantes activos que sienten suya la causa que, finalmente, es de todos y de todas: la igualdad en la diversidad. Este cambio sustancial ha permitido hacer alianzas con Gremios Universitarios y de Trabajadores, ONG de mujeres, discapacidad, colectivos afros, algunas iglesias progresistas.


En unas declaraciones que hiciste en Radio Reflejos de Venezuela afirmabas que “las familias” han sido tu motivación y tu gozo. ¿Qué ha sido lo más difícil y lo más enriquecedor en tu labor de orientación a padres y madres de gays y lesbianas?


Lo más difícil ha sido convencer a mis pares de que ser gay, o lesbiana, o trans, o… no es una enfermedad, no es un delito, no es un pecado. Mi amigo, el Rev. Roberto González (pastor argentino) decía: “Cuando la homosexualidad era un problema para mí, era un problema terrible. Cuando lo acepté, el problema fue de los otros”. Creo que lo difícil siempre ha estado en ubicarnos en el lugar correcto, ese lugar de “hijo de Dios”. Cuando lo logramos, todo lo que viene es el amor y la dignidad que permiten a los otros ver la verdad, donde no imaginaban encontrarla. El hecho de ser nos hace dignos, pero decidir ser quienes somos nos hace libres, y da la oportunidad de libertad y dignidad a los demás.

Lo más emocionante y gratificante fue ver, en un encuentro de familias, como un padre abrazaba a su hijo gay y delante de todos le pedía perdón por los años en los que lo hizo sufrir a causa de su “propia vergüenza”, “su miedo al rechazo por tener un hijo gay”… Fue realmente estremecedor.

En el caso de familias cristianas, ¿te has encontrado con alguna diferencia, respecto a otras familias que no lo son, a la hora de aceptar que uno de sus miembros sea homosexual o transexual?

Sí, claro. Las familias cristianas estamos más contaminadas por el discurso jerárquico y moralista que surge de la doctrina y no del Evangelio Liberador. Ese discurso tóxico es tan nocivo y poderoso, que suele nublar la gracia del amor y la aceptación. Pero cuando sembramos más amor en nuestras relaciones y muchas veces, lo único que podemos hacer, es confiar en Dios cuando no podemos convencer con nuestras razones a la familia; es el momento de entregarlos al misterio de su gracias, “soltar las riendas” y dedicarnos a vivir nuestra vida en la fe que sí tenemos en el Amor Incondicional que nos inspira Dios y el testimonio cristiano.

Igualmente es una diferencia sutil, porque cuando en cualquier familia falta esa chispa del amor incondicional, el laberinto de la homofobia hace estragos en las relaciones familiares.

Supongo que poco a poco se van haciendo más visibles también en Urugay las familias de dos hombres o dos mujeres que han decidido tener hijos. ¿Crees que aportan algo a la visión tradicional de la familia y los roles de género que se dan dentro de ella?¿O tienden a imitar lo que ya existe?

Creo que basta con la visibilidad autentica de ser quienes somos, como somos y como nos identificamos. Luego eso trae muchas y muy variadas combinaciones, pero una vez más como dice el Rev. Gonzales, cuando el problema no está en mí, ese problema es de los otros.

Las familias están saliendo a la luz de sus refugios y eso es comprensible, porque cuidan a sus “críos” con celo atávico, como lo haría cualquier progenitor. Porque entre paternidad/maternidad y capacidad progenitora hay mucha diferencia. Y las familias homo-parentales han puesto el centro de la cuestión donde debe estar: en los vínculos, en la responsabilidad materno/paternal y no en la capacidad biológica de reproducción.

Eres pastor de una iglesia inclusiva, sin embargo muchos gays y lesbianas forman parte de comunidades que no lo son e intentan transformarlas. ¿Cuál crees tú que es el punto en el que esta labor no tiene ya sentido? Es decir, ¿cómo distinguir el momento en el que más que transformarla, estamos colaborando con una institución homófoba?

Siempre he creído que cada uno debe estar donde siente, donde cree que el Espíritu lo mueve a estar. La obra de Dios trasciende nuestras agendas y el control que pretendemos hacer de ellas; simplemente porque Dios es Dios y en su misterio conoce la verdad; y nosotros somos simples y necesitados de su gracia para descubrir y seguir su voluntad.

Creo que cuando pretendemos y hacemos de nuestra lucha cambiar las viejas instituciones es como “ir a la ferretería a buscar pan”. Si quieres pan, ve a la panadería. Uno distingue que está en el lugar correcto, haciendo lo correcto cuando descubre que lo que hace no es para cambiar a otros sino para vivir mejor en Dios. Si vivir mejor en Dios te pone en una iglesia tradicional, conservadora y estas bien… pues quédate allí y deja que el Espíritu guie tu vida. Pero si por el contario sientes todo lo contrario, busca por sobre todo el Amor de Dios que siempre se expresa en el amor de tus hermanos.

Has vivido en carne propia la experiencia de discriminación, pero también de lucha por la dignidad y los derechos de las personas lgtb. ¿A qué, y cómo pueden contribuir dichas experiencias dentro de una comunidad cristiana?

La verdad, no lo sé. Simplemente sé que Dios me llama desde su amor y esa experiencia no necesito demostrarla a nadie. Luego, vivo conforme a ese llamado intentando seguir las huellas de Jesús. Como decía un gran director espiritual que tuve, el padre Daniel Agacino: “Nadie sabe cuál es la voluntad de Dios, pero que en el camino vayas creciendo en amor, en fe y en esperanza” y creo que así es. El milagro de nuestra fe esta en testificar de lo que ha sucedido en nuestras vidas, jamás en provocar, ni controlar, ni contabilizar conversiones de otro. Yo esa preocupación ya la saqué de mi agenda. Tan sólo asumo el camino, mi camino y claro que me gusta caminar con personas a mi lado para sentir su amor y expresarles el mío.

Y en la otra dirección, ¿qué puede aportar la fe y las iglesias a las personas lgtb y a sus familias? Supongo que eres consciente de que muchas personas lgtb perciben al cristianismo como un enemigo.

Cuando la fe hace algo en ti, lo demás, lo que suceda en, derredor tuyo es la obra y el misterio del Espíritu en los demás. Creo que si los cristianos nos concentráramos mucho más en vivir nuestra fe en vez de adoctrinar personas seríamos más efectivos y estorbaríamos menos para que la “gran comisión” se cumpliera como Jesús nos lo pidió.

Para terminar, y dándote las gracias por haber accedido a responder a nuestras preguntas, ¿Cuáles son tus retos del futuro? ¿Dónde, y cómo, crees que se debe seguir incidiendo para seguir construyendo unas sociedades y unas iglesias más justas con todos?

¿Mis retos? Mmmm: amar. Dejarme enamorar y amar a otro. Pido a Dios que me permita tener esa oportunidad de construir junto a otra persona un familia, sencilla, doméstica, donde se amase el pan para la mesa y se celebre la vida y el reto de estar juntos.

¿Sobre lo que creo que es o debieran ser mis retos? Pues cada vez que he pensado en ello he realizado lisa y llanamente “cagadas”. Por tanto con total conciencia e impotencia te respondo, querido amigo, que, ¡¡aquí estoy!! para lo que Dios vaya presentando en mi vida. Como dijera San Ignacio de Loyola (a quien sigo en su espiritualidad): “en todo amar y servir”, y no más.

Quiero agradecerte a ti y a todo este espacio de comunidad virtual, por la oportunidad de compartir este tiempo de reflexión compartida.


Gracias a ti, Fernando.


Entrevista realizada por Carlos Osma

Carlos Osma es licenciado en Ciencias Matemáticas y profesor de un instituto de secundaria en la provincia de Barcelona. Es miembro de la Església Protestant Barcelona-Centre (Església Evangèlica de Catalunya-IEE).