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miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Es posible derrotar a Monsanto?


Raúl Zibechi

Una de las mayores multinacionales del mundo está siendo asediada por diversos movimientos y múltiples acciones, programadas y espontáneas, a través de denuncias, movilizaciones de todo tipo que convergen contra una empresa que representa un serio peligro para la salud de la humanidad. Constatar la variedad de iniciativas existentes y aprender de ellas puede ser un modo de comprender un movimiento de nuevo tipo, transfronterizo, capaz de articular activistas de todo el mundo en actividades concretas.

El campamento en las puertas de la planta de semillas que Monsanto está levantando en Malvinas Argentinas, a 14 kilómetros de Córdoba, es uno de los mejores ejemplos de la movilización en curso. La multinacional planifica instalar 240 silos de semillas de maíz transgénico con el objetivo de llegar a 3.5 millones de hectáreas sembradas. La planta usará millones de litros de agroquímicos para el curado de semillas y una parte de los efluentes “se liberarán al suelo y al agua, provocando un grave perjuicio”, como sostiene Medardo Ávila Vázquez de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados.

El movimiento contra Monsanto consiguió victorias en Ituzaingó, un barrio de Córdoba cercano al lugar donde se pretende instalar la planta de semillas de maíz. Allí nacieron una década atrás las Madres de Ituzaingó que descubrieron que 80 por ciento de los niños del barrio tienen agroquímicos en la sangre y que es una de las causas de las muertes y malformaciones de sus familiares. En 2012 ganaron por primera vez un juicio contra un productor y un fumigador condenados a tres años de prisión condicional sin cárcel.

El campamento en Malvinas Argentinas ya lleva un mes, sostenido por la Asamblea de Vecinos Malvinas Lucha por la Vida. Consiguieron ganar el apoyo de buena parte de la población: según encuestas oficiales 87 por ciento de la población quiere una consulta popular y 58 por ciento rechaza la instalación de la multinacional, pero 73 por ciento tiene miedo de opinar en contra de Monsanto por temor a salir perjudicado (Página 12, 19/09/13).

Los acampantes resistieron un intento de desalojo del sindicato de la construcción (UOCRA) adherido a la CGT, el acoso policial y de las autoridades provinciales, aunque cuentan con el apoyo del alcalde, sindicatos y organizaciones sociales. Recibieron apoyo del Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, y de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo. Consiguieron paralizar la construcción de la planta al impedir el ingreso de camiones.

El asedio a Monsanto llegó hasta un pequeño pueblo turístico del sur de Chile, Pucón, en el lago Villarrica, donde 90 ejecutivos de la trasnacional provenientes de Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile llegaron hasta un lujoso hotel para realizar una convención. Grupos ambientalistas, cooperativas y colectivos mapuche de Villarrica y Pucón se dedican estos días a “escrachar” la presencia de Monsanto en el país ( El Clarín, 13/10/13).

Son apenas dos de las muchas acciones que se suceden en toda la región latinoamericana. A mi modo de ver, las variadas movilizaciones en más de 40 países nos permiten sacar algunas conclusiones, desde el punto de vista del activismo antisistémico:

En primer lugar, las acciones masivas en las que participen decenas de miles son importantes, pues permiten mostrar al conjunto de la población que la oposición a empresas como Monsanto, y por tanto a los transgénicos, no es cuestión de minorías críticas. En este sentido, jornadas mundiales, como la del 12 de octubre, son imprescindibles.

Las movilizaciones de pequeños grupos, decenas o cientos de personas, como las que suceden en Pucón y en Malvinas Argentinas, así como en varios empendimientos mineros en la cordillera andina, son tan necesarias como las grandes manifestaciones. Por un lado, es un modo de estar presentes en los medios de forma permanente. Por encima todo, es el mejor camino para forjar militantes, asediar a las multinacionales y difundir críticas a todas sus iniciativas empresariales.

Es en los pequeños grupos donde suele aflorar el ingenio y en su seno nacen las nuevas formas de hacer capaces de innovar la cultura política y los métodos de protesta. Allí es donde pueden nacer vínculos comunitarios, vínculos fuertes entre personas, tan necesarios para profundizar la lucha. Después de un mes acampando en Malvinas Argentinas, los manifestantes “comenzaron a levantar paredes de adobe, construyeron un horno de barro y armaron una huerta orgánica a la vera de la ruta” (Día a Día de Córdoba, 13 de octubre de 2013).

En tercer lugar, es fundamental sustentar las denuncias con argumentos científicos y, si fuera posible, involucrar autoridades en la materia. El caso del biólogo argentino Raúl Montenegro, premio Nobel Alternativo en 2004 (Right Livelihood Award), quien se comprometió con la causa contra Monsanto y con las Madres de Ituzaingó, muestra que el compromiso de los científicos es tan necesario como posible.

La cuarta cuestión es la importancia de las opiniones de la gente común, difundir sus creencias y sentimientos sobre los transgénicos (o cualquier iniciativa del modelo extractivo). La subjetividad de las personas suele mostrar rasgos que no contemplan los más rigurosos estudios académicos, pero sus opiniones son tan importantes como aquellos.

Por último, creo que es necesario poner en la mira no sólo a una multinacional como Monsanto, una de las más terribles de las muchas que operan en el mundo. En realidad, ésta es apenas la parte más visible de un modelo de acumulación y desarrollo que llamamos extractivismo y que gira en torna a la expropiación de los bienes comunes y la conversión de la naturaleza en mercancía. En este sentido, es importante destacar lo que hay en común entre los monocultivos transgénicos, la minería y la especulación inmobiliaria que es el modo que asume el extractivismo en las ciudades. Si derrotamos a Monsanto, podemos vencer a las otras multinacionales.

lunes, 12 de agosto de 2013

Los transgénicos destruyen la biodiversidad dañando al ser humano.


Sylvia Ubal

Adital

Científicos y ambientalistas indignados por este premio Nobel a Monsanto.

Robert T. Fraley, vicepresidente ejecutivo de Monsanto, de la trasnacional conocida como la gigante de los transgénicos, fue galardonado con el prestigioso Premio Mundial de la Alimentación, por su mejora de la oferta mundial. ¿Cómo puede ser que se conceda un galardón a una compañía que ha sido denunciada en el mundo entero, porque sus productos son considerados altamente dañinos para la salud?

Vivimos en un mundo al revés, en el que se premia a las multinacionales de la agricultura transgénica, mientras acaban con la agricultura y la agrodiversidad. El día 19 de junio, se dieron a conocer los ganadores del Premio Mundial de la Alimentación 2013, lo que algunos llaman el Nobel de Agricultura, que se otorgó a tres ejecutivos de compañías de la industria transgénica, Robert T. Fraley, vicepresidente ejecutivo de Monsanto y director de tecnología, compartirá los 250 mil dólares del Premio Mundial de la Alimentación con los científicos Mary-Dell Chilton de Syngenta y el tercer galardonado ha sido Marc Van Montagu de la Universidad de Gante (Bélgica), autores de un método que permite insertar genes ajenos en las plantas y que promueven un modelo agrícola que genera hambre, pobreza y desigualdad.

Los mismos argumentos, imagino, que llevan a conceder el Nobel de la Paz a quienes fomentan la guerra. Como dice el escritor Eduardo Galeano, en su libro ‘Patas arriba’ (1998), “…se premia al revés: se desprecia la honestidad, se castiga el trabajo, se recompensa la falta de escrúpulos y se alimenta el canibalismo”.
Con la concesión del premio, a empresas como Monsanto y Syngenta, el jurado promueve la concentración del poder en manos de unas pocas empresas multinacionales, y a su vez nos envía una muy mala señal para el futuro de la seguridad alimentaria y la agricultura al dar la voz a desarrollos tecnológicos que, están destruyendo la biodiversidad, aumentando la dependencia de los agricultores a semillas y productos químicos y que aplican la titularidad de patentes multinacionales, e ignora la evidencia mundial que ha demostrado por miles de años, que la agricultura ecológica puede mejorar la productividad y beneficiar a los suelos y la biodiversidad, sin obligar a los agricultores a comprar las semillas y productos químicos caros.
Los transgénicos destruyen la biodiversidad dañando al ser humano
No sólo son los transgénicos son inseguros, se están destruyendo la biodiversidad, aumentan la dependencia de los agricultores a semillas y productos químicos y conducen a la aparición de súper plagas y súper malezas.

Son una receta para la inseguridad alimentaria y la insustentabilidad. Numerosos estudios publicados han demostrado que los productos transgénicos son altamente dañinos para la salud y pueden causar cáncer, infertilidad e incluso malformaciones en los fetos.

Monsanto produce desde pesticidas tóxicos prohibidos como el DDT, los bifenilos policlorados, (Pcb’s, uno de los contaminantes más nocivos jamás fabricados) hasta armas químicas como el agente naranja, utilizada en la guerra de Vietnam. En las últimas tres décadas se ha dedicado a la industria agroalimentaria, produciendo el herbicida más vendido del mundo, el glifosato, más conocido como Roundup, y a la biotecnología, comercializando organismos genéticamente modificados, los transgénicos.

Nos quieren hacer creer que las actuales políticas, son las que nos han conducido a la presente situación de crisis alimentaria, la realidad nos demuestra, a pesar de los discursos oficiales, que el actual modelo de agricultura y alimentación es incapaz de dar de comer a la gente, cuidar de nuestras tierras y de aquellos que trabajan el campo. Hoy, a pesar de que, según datos del instituto GRAIN, la producción de alimentos se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial desde entonces tan solo se ha duplicado, 870 millones de personas en el mundo pasan hambre. Hambre, en un planeta de la abundancia de la comida.

La FAO advierte, en los últimos 100 años desapareció el 75% de la diversidad agrícola La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce que en los últimos cien años han desaparecido el 75% de las variedades agrícolas. Nuestra seguridad alimentaria no está garantizada, al depender de un abanico cada vez más reducido de especies animales y vegetales. En definitiva, se promueven aquellas variedades que más se adecuan a los estándares de la agroindustria (que pueden viajar miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato, que tengan un buen aspecto en las estanterías del supermercado, etc.).
Se nos dice que para acabar con el hambre en el mundo hay que producir más alimentos y que en consecuencia es necesaria una agricultura transgénica. Pero hoy de comida no falta sino sobra.

No tenemos un problema de producción, sino de acceso. Y la agricultura transgénica no democratiza el sistema alimentario; al contrario, privatiza las semillas, promueve la dependencia campesina, contamina la agricultura convencional y ecológica e impone sus intereses particulares al principio de precaución que debería de prevalecer.

Comunidad científica y ambientalistas indignados por este premio Nobel
Marie Monique Robin, autora del libro y el documental ‘El mundo según Monsanto’ (2008), lo deja claro: estas empresas quieren “controlar la cadena alimentaria” y “los transgénicos son un medio para conseguir este objetivo”. Premios como los concedidos a Monsanto y Cigüeñita son una farsa, y que están contribuyendo a los problemas que nos mantienen encerrados en un mundo donde cientos de personas pasan hambre mientras hay abundancia de comida y la agricultura, al dar la voz a desarrollos tecnológicos que, aplicando la titularidad de patentes multinacionales, buscan establecer un modelo de agricultura que socava la sustentabilidad y la democracia.

Científicos y activistas de todo el mundo se sienten indignados y expresaron su conmoción frente a la selección de los ganadores El premio envía una muy mala señal para el futuro de la seguridad alimentaria, estas empresas, manifiestan que especialmente los más afectados por sus productos son los países más desfavorecidos, al hambre y la escasez hay que sumar la dependencia que tienen los agricultores de las semillas, productos fitosanitarios y otras herramientas que se utilizan en los cultivos transgénicos. Ponen como ejemplo el caso dramático de la India, muchos agricultores estaban endeudados con las compañías biotecnológicas y al no poder hacer frente a los pagos se suicidaban

Frances Moore Lappé (EE.UU., RLA 1987), autor de “Dieta para un pequeño planeta”, comentó: “Los galardonados con el Premio Mundial de la Alimentación están contribuyendo a los problemas que nos mantienen encerrados en un mundo donde cientos de personas pasan hambre mientras hay abundancia de comida “.
[Fuente: Barómetro Internacional].

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

martes, 23 de abril de 2013

Regreso transgénico a la era de las cruzadas y el hambre.




En México la elite económica y política está haciendo un truco de prestidigitación propagandístico parecido al de jalar rápido un mantel y dejar la mesa desnuda sin mover los platos.


Con el regreso del PRI a Los Pinos, inició una propagandística Cruzada Nacional contra el Hambre que servirá para la contrainsurgencia en territorios zapatistas, como lo dejó claro Peña Nieto iniciando su programa en Las Margaritas el 21 de enero de 2013, desafiando implícitamente al EZLN que se movilizó recién en diciembre. Para que el mensaje no se pierda, apenas el 20 de abril acaban de hacer un acto de propaganda de esa cruzada, con la participación del ex presidente de Brasil, supuesto icono de la izquierda y referente al que debería emular la izquierda electoral mexicana, Luiz Inacio Lula da Silva, de nuevo en Chiapas, ahora en Zinacantán, tristemente célebre por los ataques de paramilitares del PRD a bases zapatistas en 2004, con resultado de 35 heridos, 18 de ellos por arma de fuego, como denunció la Junta de Buen Gobierno de Oventik.[1]


Por otro lado, la Cruzada contra el Hambre fue desnudada por políticos del PAN como una inmensa operación tamal, es decir, compra de votos. Con videos y audios de políticos connotados de Veracruz mostraron como ahora los recursos de la Secretaría de Desarrollo Social se usan para conseguir votos para el PRI, con programas como Oportunidades (antes usado para lo mismo por el PAN) y de la Cruzada contra el Hambre, donde la ex perredista hoy peñanietista Rosario Robles está usando el dinero para meter las manos incluso en el PRD, y además lo muestra como “prueba” de su apartidismo, mientras quienes llevaron al poder a gobernadores neoperredistas como Gabino Cué en Oaxaca padecen ahora en manos de su ex candidato la represión y son tentados por la cooptación política a cargo de la ex presidenta del PRD.


En un tercer nivel del círculo, la Cruzada contra el Hambre es operada con empresas transnacionales que intentan lavar su imagen con un baño de filantropía. Pepsico y Nestlé, como botones de muestra. Son las mismas corporaciones que han elevado con sus azucarados productos los índices de muertes por diabetes de los mexicanos, a niveles por encima de los 60 mil y algunos señalan incluso 100 mil decesos anuales, dejando atrás a la mortífera guerra de Calderón que para dejar una estela de luto equivalente se tomó 6 años. Ahora esas empresas tratan de hacer aparecer su labor de desnutrición, enfermedad y muerte como filantrópico combate al hambre. Una nota de prensa reciente informó que Nestlé arruina a los productores de café veracruzanos, ¿cuenta en su récord contra el hambre arruinar a los cafetaleros?[2]


Pero la vuelta de tuerca más perversa de la Cruzada contra el Hambre es que se simula preocuparse por los desnutridos mientras la política económica deliberadamente destruye la soberanía alimentaria (hoy ya una utopía) arruinando la economía campesina, arrasando al campo y a los productores rurales mexicanos. Sigue en operación la entrada en el mercado de las tierras por la abolición de las leyes que protegían al ejido, la entrega del territorio y recursos naturales a empresas extractivas mineras y a todo tipo de megadesarrollos que despojan a las comunidades, les roban su agua, destruyen la biodiversidad y dejan la tierra contaminada e inservible, llevando las ganancias a capitales canadienses, estadunidenses, españoles, brasileños (de ahíla aparición de Lula en México) y de otras nacionalidades.


Esta situación ha provocado y acentuado la pobreza de más de 50 millones de mexicanos, la emigración (20 mil mexicanos viven en Estados Unidos, haciéndonos el país con más pobladores expulsados de su suelo en el mundo), el hambre y la vulnerabilidad de las y los pobres ante toda clase de mafias, las políticas y las mafias a secas. La Cruzada contra el Hambre no va paliará semejante injusticia, ni es su propósito, menos aún cuando el Estado mexicano promueve una política de mayor entrega del territorio y los recursos naturales a los capitales transnacionales, por ejemplo, con la privatización, camuflada bajo el nombre “modernización”, del 15% que queda de Pemex, ya que el otro 85%, de hecho, ya es privado.


La puntilla de esta política de avasallamiento por hambre de la población es el sometimiento que, junto con la violencia, ha doblegado a un gran sector de la población, parte del cual vendió su voto por un plato de lentejas en dinero electrónico, llamado sopa Soriana. El clímax de esta colonización viene con la destrucción de la base alimentaria del país desde los tiempos prehistóricos: el maíz. Así como los colonos europeos mataban en masa a los bisontes americanos para dejar sin su alimento a los indios de América del Norte y “liberar territorio” para introducir su ganado vacuno, la base de las hamburguesas de todos los Burger negocios, hoy Monsanto y otros intereses en el ramo (incluidos Bill Gates y Carlos Slim) están destruyendo el maíz mexicano.


Ya en todo el país ha sido registrada la contaminación transgénica. Como lo ha denunciado la experta en esos temas del Grupo ETC, Silvia Ribeiro, se trata de unaCruzada transgénica contra los hambrientos.[3] En otras palabras, una profundización del hambre por la pérdida de la autonomía campesina y por el control monopólico transnacional de la semilla, es decir, su subordinación como esclavos financieros de quienes han biopirateado sus semillas y ahora ostentan la propiedad intelectual sobre las especies genéticamente modificadas.


La inundación de las mesas mexicanas con tortillas transgénicas, y de los campos del país con todo tipo de cultivos genéticamente manipulados, amenaza a todos con una destrucción como la que ha padecido Argentina (niñas y niños corriendo detrás de avionetas que esparcen Round Up Ready que les causará cáncer y males parecidos). Las personas enferman y mueren, mientras los beneficiarios de las patentes hacen estudios a modo para “demostrar” que sus engendros de laboratorio son inocuos.


En resumen, el truco de manos que practican los gobernantes de México, de todos los partidos, bajo el Pacto por México que opera como Pacto contra México, es más sofisticado que tirar del mantel sin mover los platos; se trata de tirar el mantel con todo y platos servidos para cambiarlo por platos de comida chatarra, hecha principalmente de azúcar y harinas refinadas, ahora transgénicas.


El PRI de antes de la transición daba al electorado atole con el dedo, pero después de dos sexenios que el PAN le sostuvo la papa caliente del poder, regresa más astuto y, con manos entrenadas en el PRD y alguna vez presumidas de “feministas”, le ofrece al televidente cautivo Sopas Maruchan con el dedo.


La resistencia ante esta devastación alimentaria, ambiental, social y política es aún pequeña pero ya existe: En próximas fechas se realizarán algunas pre audiencias del Tribunal Permanente de los Pueblos Capítulo México sobre el eje dedicado al tema del maíz mexicano y la agresión transgénica. Se trata de documentar y denunciar ante el mundo el crimen de destruir la base civilizatoria de Mesoamérica.


Asimismo, del 25 al 30 de abril se desarrollará una Jornada contra el Maíz Transgénico, cuyo cartel ya circula en internet y lo postearemos con este texto en Zapateando. En el programa está incluida la participación de Vandana Shiva, científica y feminista de La India, defensora de la diversidad como expresión de la vida en una tierra amenazada por la tendencia del colonialismo capitalista a destruir a todo lo diferente.[4]


Los transgénicos, la biopiratería, los derechos de propiedad intelectual y el monopolio de las semillas son el más refinado mecanismo de robo del capitalismo mundial. Hoy el tesoro a saquear es la diversidad, al igual que el territorio y hasta nuestro genoma. Y uno de los campos de batalla está en nuestras mesas, los tenemos hasta en la sopa.


[1] Emboscada contra simpatizantes del EZLN deja decenas de heridos,http://www.nodo50.org/raz/municipios_auto/com_municipi/den040415.htm
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[2] Noé Zavaleta, Proceso, Nestlé ‘sepulta’ al café de Veracruz, acusan productores,http://www.proceso.com.mx/?p=338553
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[3] Silvia Ribeiro, Cruzada transgénica contra los hambrientoshttp://www.jornada.unam.mx/2013/04/20/opinion/027a1eco
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[4] Zapateando, La diversidad como un mal a eliminar: biopiratería,https://zapateando.wordpress.com/2012/12/26/la-diversidad-como-un-mal-a-eliminar-biopirateria

Fuente: Chacatorex

lunes, 28 de mayo de 2012

De Norte a Sur de Chile: Regiones más contaminadas por transgénicos y plaguicidas.



En la región de Arica y Parinacota, en la temporada 2011/2012 el registro del SAG informa de la existencia de 54,26 hectáreas de maíz transgénico (comuna de Arica) de un total de 25.188,53 hectáreas de cultivos de esa especie en todo el país.

Los impactos en el ambiente, la salud y el entorno social son previsibles para quienes manejan el tema, pero hasta ahora no suficientemente conocidos por los ariqueños, salvo los visibles efectos de la tala de olivos centenarios. El picaflor de Arica, especie endémica de los valles del desierto está ciertamente en riesgo por la creciente deforestación. También hay un peligro cierto de contaminación de las variedades o razas locales de maíz, con el maíz transgénico. En el norte existen variedades muy antiguas de maíz, adaptadas a sequía y suelos salinos, que se han encontrado en momias de 8.000 años de antigüedad.

Además hay en Arica 1,27 hectáreas de raps transgénico, de un total de 4.087,56 hectáreas de raps (canola) transgénico en toda la región.

En 2012, los cultivos de maíz transgénico llegan en Chile por el sur hasta la región de Los Ríos, donde hay 0,36 hectáreas de maíz transgénico. Esa es oficialmente la extensión que alcanza en nuestro territorio la transgenia para exportación, negocio tras el cual se encuentran Monsanto (con un 23% de los cultivos y algo más al sumar lo correspondiente a Anasac, de su propiedad y Massai que trabaja para ellos),Pioneer (15%), Massai (15%), Green Seed (9%), Curimapu (7%), Semameris (un 5%) y Tuniche (un 5%). El informe del SAG que entrega estas cifras para la temporada pasada (2010), agrupa con el restante 15% a otras empresas menores entre las que están la empresa familiar de los von Baer, con cercana llegada al Congreso vía la Senadora designada, y a La Moneda por el mismo conducto.

Los semilleros de maíz transgénico para el mercado externo son el cultivo más extendido en este rubro agroexportador. La región del Maule concentra la mayor cantidad de hectáreas dedicadas a este negocio, seguida por la región de O’Higgins y la Metropolitana.

En cambio, en cuanto al raps transgénico, la más impactada es la región de la Araucanía, seguida por la región del BioBio y la del Maule, nuevamente. En raps, nuevamente está a la cabeza la Región del Maule, con la región de O’Higgins en segundo término, y la del BioBio en tercer lugar.

Los apicultores de la zona central y del sur recién captaron las implicancias de ello cuando se enteraron que el polen de la miel que producen está posiblemente contaminado por transgénicos, razón por la cual Alemania Europa suspendieron sus importaciones de miel chilena. “Problema entre privados”, dijo al principio el SAG frente al colapso de los apicultores, sosteniendo que el concepto “inocuidad” (muy relacionado con el etiquetado vigente en Europa respecto de los transgénicos) nada tiene que ver con los transgénicos. Raro, para quien tiene a la Unión Europea como uno de sus principales mercados.

Es muy fuerte el lobby empresarial contra el etiquetado. Sólo así puede explicarse que estando las autoridades tan convencidas (públicamente) de que los alimentos derivados de transgénicos son sanos y óptimos, no accedan a etiquetarlos como tales. Bastaría que el ministro de Salud, Jaime Mañalichdesempolvara un decreto de etiquetado de los transgénicos del año 2001, firmado por el ex PresidenteLagos, que ya había pasado todas las vallas jurídicas de ese ministerio y de la Contraloría. A ese decreto sólo le faltaba la publicación en el Diario Oficial. La Concertación y el gobierno de Sebastián Piñeratienen también aquí un punto de coincidencia, en su sometimiento al lobby de Anpros, la Asociación Nacional de Productores de Semillas y ChileBio, o Monsanto Chile.

LA CARGA TÓXICA POR HABITANTE

El uso de plaguicidas es una de las razones por las cuales es útil conocer las comunas chilenas que tienen más monocultivos transgénicos, ya que eso es un indicador de que también ese territorio -y sus habitantes- están recibiendo una carga mayor de tóxicos. En cuanto al impacto del uso de plaguicidas asociados a transgénicos, aun no tenemos cifras actualizadas de intoxicaciones, pero sí había una tendencia: la Región del Maule –top en el ranking de semilleros transgénicos- presentaba este año el mayor aumento de envenenamientos por plaguicidas. También se sabe que en Chimbarongo, la comuna con más transgénicos de todo el país, las fumigaciones aéreas son casi los 365 días del año.

El marketing de los amigos de los transgénicos muestra como una ventaja la supuesta disminución del uso de plaguicidas en esos cultivos. La realidad los desmiente a cada rato, como cada día es más evidente enArgentinaEsta semana se conoció un informe dado a conocer en el país vecino por la organización llamada “Médicos de Pueblos Fumigados”. El reporte se basa en informes de oficinas del registro civil de distintos pueblos de la provincia de Córdoba y de otras, donde la población está expuesta a la actividad de fumigación de los cultivos transgénicos de soya. El informe revela que en esas localidades casi el 30% de las muertes se producen por cáncer, mientras que en otras zonas del país ese número no llega al 18%, siendo la primera causa de muerte los problemas cardiovasculares. Brasil, que es primero en producción de cultivos transgénicos en el mundo, tiene también el primer lugar del mundo en importación de plaguicidas.

EL SAG Y LA TRANSPARENCIA

  
Hasta marzo de 2012, el SAG, el organismo a cargo de autorizar y fiscalizar los semilleros transgénicos mantenía celosamente el secreto de la ubicación de sus cultivos, que cubren poco más de 31.000 hectáreas, pero en esa fecha el Consejo para la Transparencia falló en sentido contrario -ante un recurso de amparo por el derecho a saber- sosteniendo entre otros argumentos que la información tenía carácter público y que ventilarla en forma abierta favorecería el necesario debate social sobre el tema.

Hasta ahora la información que publica SAG en su web solo especifica el tipo de cultivo (por ejemplo maíz 864 de Monsanto), es decir si se trata de maíz, raps, soya, remolacha, vid, zapallo o cártamo, variedades de las cuales hay semilleros de exportación en Chile, pero no indica el nombre del evento. Tampoco lo hace en el Sistema de Información Geográfica destinado a los apicultores. Esperamos que la decisión del Consejo para la Transparencia que puso fin en marzo de 2012 al secreto en los cultivos lleve al SAG a publicar información más amplia sobre el tema, actuando proactivamente en lugar de autolimitarse a dar respuestas a consultas individuales.

RAP-Chile, cuya coordinadora nacional, María Elena Rozas interpuso en 2009 el recurso de amparo por denegación de información, a nombre de la Alianza por una Mejor Calidad de Vida, acaba de recibir del SAG la información solicitada respecto de los cultivos de ese año. Ahora son las distintas comunidades de todo el país las que iniciarán su propio ejercicio del derecho a saber dónde están los cultivos transgénicos de sus localidades. Efectivamente, la entidad estatal cumplió lo dispuesto legalmente y entregó a María Elena Rozas la información solicitada el año 2009, por la vía de coordenadas del sistema de ubicación geográfica por satélite.

Diversas organizaciones sociales y ambientales, con el apoyo de la campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile están intentando ahora ejercer su derecho a saber, garantizado por la Ley de Transparencia, respecto de lo que ocurre en sus comunas en este año 2012.

LAS MENTIRAS DE MONSANTO

En Chile todavía estamos a tiempo de parar el daño, aunque el marketing de Monsanto y sus socios chilenos quiera hacer aparecer su negocio como un avance ininterrumpido y panacea para la agricultura chilena. La inmensa mayoría de la superficie agrícola nacional se utiliza en cultivos convencionales, orgánicos y agroecológicos. Las mentiras de Monsanto quedan en evidencia en la publicación Crop Protection South America Monthly Report.Vol. 1 Issue 03, 2012, 31 de marzo de 2012, donde Chile figura con 100.000 hectáreas de cultivos transgénicos en lugar de las 31.000 hectáreas que aparecen en las estadísticas publicadas en www.sag.clGonzalo Pardo, responsable del área de transgénicos del SAG, consultado al respecto, expresó: “Las cifras del ISAAA no son validadas por el SAG”. El cuadro allí citado es de ISAAA-C. James la agencia global de publicidad de los transgénicos. Clive James es el predicador mundial del negocio, que recorre el mundo predicando las maravillas de lo que gustan llamar la “segunda revolución verde”.

En América Latina y en Chile, ya son conocidos los nefastos efectos de la primera revolución verde que por la vía del uso de agroquímicos contaminó la tierra y agua y marcó el inicio de la destrucción de la economía familiar campesina a favor de las transnacionales productoras de agroquímicos y semillas híbridas.

En el marco del despertar de la conciencia y del paso a la movilización y la acción que hoy viven amplios sectores de la sociedad chilena, especialmente los jóvenes y las mujeres campesinas e indígenas, la moratoria a los transgénicos ya no es sólo una consigna. Es una exigencia que cada vez más sectores sociales enarbolan, para defender la semilla campesina e indígena, y detener los negativos impactos de los cultivos transgénicos en la salud, el ambiente y la sociedad toda.

Por Lucía Sepúlveda
Mayo 24, 2012


Fuente: Chacatorex