domingo, 4 de enero de 2015

Predicadores poderosos.

Predicación de San Pablo en Efeso, por Eustache Le Sueur


Después de escuchar a innumerables personas predicar sobre las Escrituras he observado que algunas lo hacían de forma mecánica, otras se limitaban a leer un texto que habían preparado con mayor o menor acierto, otras articulaban frases más o menos coherentes, otras se esforzaban para intentar comunicar algo, otras daban una clase magistral como si de alumnos de un colegio se tratara…, y otras llegaban a lo más profundo del corazón. Reflexionando en esto he llegado a la conclusión de que solo en la medida en que tenemos un encuentro con la Palabra podremos transmitir el mensaje de Dios por la fuerza del Espíritu.

Predicar es más que hablar en público, más que articular frases ordenadas, más que seguir las reglas de la oratoria… Hablar es lo que hacen los políticos cuando se les llena la boca de promesas que no van a cumplir; hablar es lo que hacen algunos tertulianos en las distintas emisoras de radio cuando son confrontados con una pregunta incómoda y dan vueltas a una idea sin decir absolutamente nada; hablar, en muchas ocasiones, quizás demasiadas, es lo que hacen los que intentan manipular a sus oyentes con palabras persuasivas, buscando sus propios intereses y no los intereses de los demás…

Insisto, predicar es más que hablar, es más que articular palabras de una forma ordenada. Cada vez que escucho un sermón, me pregunto si el orador está llegando a los oyentes, si el mensaje traspasa la corteza cerebral y alcanza lo más profundo de nuestro ser, si ha “tocado” el corazón en el sentido bíblico del término (sede del pensamiento, sentimiento, voluntad e intenciones). También pregunto a la persona con la que comparto mi vida si piensa que el sermón escuchado en la iglesia ha llegado a los demás y, normalmente, hay coincidencia de criterio. Además, hago estas preguntas cuando me ha tocado a mí compartir el mensaje de la Palabra y, siendo honesto, he descubierto momentos en los que he logrado llegar a lo más profundo del corazón y momentos en que he notado barreras propias y ajenas que obstaculizaban la transmisión del mensaje del Señor. En unos casos la predicación ha sido poderosa; en otros, ha sido pobre.

Siguiendo las reglas más básicas de la comunicación, que un mensaje “conecte” depende del orador y del oyente; pero creo que es responsabilidad del que habla captar la atención de su auditorio e intentar transmitir activamente el mensaje. En este sentido, la motivación es clave para lograr el objetivo.

Por ello, vuelvo a recalcar que, solo en la medida en que tengamos un encuentro con la Palabra, podremos transmitir el mensaje de Dios por la fuerza del Espíritu. Por ello, para motivar al auditorio, el orador ha de haber sido persuadido previamente al encontrarse con la Palabra. El término “motivación” proviene del latín “motivus”, movimiento y el sufijo “-ción”, acción. De esta manera, si uno mismo no ha sido motivado, jamás podrá motivar a los demás; si uno no ha sido “movido” en su interior, jamás podrá mover a la acción a los demás.

Moisés se encontró con el Señor y fue comisionado para llevar un mensaje a Israel: “Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo…, a una tierra que fluye leche y miel”, dice el Señor (Éxodo 3.17). Más adelante, Moisés llega a Egipto y va a la presencia de Faraón para transmitirle el mensaje de Dios: “Deja ir a mi pueblo” (Éxodo 5.1). Moisés vuelve a tener un encuentro con Dios y le da un recado para transmitir a Israel, un mensaje de esperanza, de futuro (Éxodo 6.1,ss.). El pueblo no escuchó las palabras de Moisés a causa de la congoja que tenía y de las duras condiciones en que trabajaba (Éxodo 6.9). Lo importante de este relato es la capacidad y valentía que demostró Moisés al ir a hablar a un pueblo oprimido, sometido, esclavizado y la osadía que tuvo para enfrentarse a Faraón, Rey de Egipto, uno de los imperios más formidables de la época. El resultado ya lo conocemos. Moisés guió al pueblo de Dios hacia la tierra prometida porque había tenido un encuentro con Dios que había transformado su propio corazón, lo que le llevó a transmitir el mensaje del Señor con poder.

Otro relato trascendente lo encontramos en el segundo libro de los Reyes 22.1,ss., y tiene que ver con el hallazgo del libro de la ley; la profetisa Hulda fue consultada y ésta dio un mensaje de parte de Dios para el Rey Josías: “Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová…” (2º Rey 22.18-19). El Rey Josías mandó llamar al pueblo, desde el más chico hasta el más grande y leyó la Palabra y, después, se puso en pie e hizo pacto delante de Jehová (2º Rey 23.1,ss.). Al tener un encuentro con la Palabra, el rey transmitió el mensaje al pueblo y decidió cambiar las cosas desarrollando una serie de reformas.

Viene a mi mente el encuentro con la Palabra que tuvo el pueblo de Dios cuando Esdras lee la ley ante todos los que podían entender (Neh 8.1,ss.). Hay algunas anotaciones en el texto que merece la pena resaltar. Dedicaban gran parte del día a la lectura de la Palabra y los levitas “hacían entender al pueblo la ley” (Neh 8.7) y añade: “Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, yponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura” (Neh 8.8). El resultado fue confesión de pecado (Neh 9), compromiso de guardar la ley de Dios (Neh 9.38-10.1,ss.) y celebración (Neh 12.,27,ss.). Tanto el escriba Esdras, como los levitas y el Gobernador Nehemías tuvieron un encuentro con la Palabra y la expusieron al pueblo de Dios; solo así se puede transmitir el mensaje de Dios con poder.

El apóstol Pablo solicita a Timoteo: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2ª Tim 4.2). Hay quien usa el púlpito para transmitir sus propias ideologías, sus pensamientos religiosos, sus preferencias teológicas… Pero eso no es predicar el mensaje de Dios. El apóstol exhorta a predicar la Palabra y, para esto, hay que tener un encuentro con el Dios de la Palabra y, solo entonces, se puede transmitir el mensaje del Señor con la fuerza del Espíritu.

Al tener un encuentro con la Palabra, afectamos a todo el ser personal: pensamientos, sentimientos, voluntad, intenciones, decisiones… Todo queda influido por la Palabra, no nos deja impasibles, nuestro corazón se renueva y efectuamos cambios en nuestra vida. Solo a partir de ese momento estamos en condiciones de compartir el mensaje de Dios con la fuerza del Espíritu. Ahora bien, si nos empeñamos en hablar las Escrituras sin haber sido previamente persuadidos por ellas, sin haber sido “tocados” por el Señor de la Palabra, el mensaje que transmitiremos carecerá del poder de lo alto y su efecto será mínimo.

Hay Comunidades que tienen programas planificados de lectura y textos que sirven de base para los sermones dominicales. Nada en contra de ello siempre y cuando el predicador disponga del tiempo suficiente para tener un encuentro con la Palabra, lo que no siempre se consigue y, por lo tanto, el efecto de su sermón será pobre en los oyentes. Si se predica sobre un texto porque ese día toca hablar sobre ese pasaje determinado corremos el riesgo de hilvanar palabras sin que hayamos tenido un encuentro con la Palabra y, entonces, no se podrá compartir el mensaje de Dios con la fuerza del Espíritu; en este caso, el sermón se convierte en una conferencia fría, distante, separada de las vivencias cotidianas de los oyentes, carecerá de valor espiritual y el efecto será nulo…

Conviene, por tanto, que el predicador tenga un encuentro con la Palabra que afecte a su propia vida y, entonces, estará en condiciones de compartir el mensaje de Dios para llenar las necesidades de sus oyentes llegando a su corazón (pensamiento, sentimiento, voluntad, intenciones, decisiones…). Es preocupante observar cómo, muchas veces, después de un sermón dominical, todo sigue igual, no hay cambios, no se toman decisiones y esto es porque no se ha escuchado la voz de Dios; sí, se ha leído la Biblia, se ha oído un sermón, se ha estado atento a las palabras emitidas por el orador, pero no se ha producido un encuentro con Dios.

Hay predicadores que solo se dirigen a las emociones de los oyentes y otros que solo se dirigen al intelecto. Pero no podemos olvidar que somos seres pensantes y emocionales. Creer no es solo pensar sino, también, sentir; creer no es solo sentir sino, también, pensar. Cuando uno se encuentra con Dios, no solo se piensa, también se siente y la voluntad queda afectada no solo por lo que se piensa sino, también, por lo que se siente. Por ello, el mensaje se ha de dirigir no solo al pensamiento, sino a todo el ser personal, incluyendo los sentimientos, la voluntad, las intenciones…

Predicar es más que hablar. Predicar tiene que ver con un encuentro con el Señor antes del sermón, con pensar en las necesidades de la Comunidad, con prepararse a conciencia para transmitir el mensaje de Dios y con guiar a la iglesia a encontrarse con el Señor, Dios todopoderoso, mediante la fuerza del Espíritu. El pensamiento quedará afectado, los sentimientos serán transformados, la voluntad será renovada y las decisiones de seguir a Jesús serán tomadas porque el Señor habrá hablado y el pueblo tomará conciencia de que tiene que seguir las pisadas del Maestro para construir un mundo mejor mientras espera que él venga para hacer un mundo nuevo.

Solo en la medida en que tengamos un encuentro con la Palabra podremos transmitir el mensaje de Dios por la fuerza del Espíritu y ser canales para operar cambios en el pueblo de Dios. Entonces, la predicación será poderosa y cumplirá su propósito, no de entretener, sino de cambiar el corazón.

sábado, 3 de enero de 2015

¿Es el matrimonio tradicional indígena una forma de resistencia comunitaria?

Matrimonio en San Pedro la Laguna. Pintura de Rafael González y Gonzáles, 1990, 16″ x 20″. Collección de David Sedat.

- En los pueblos mayas, ¿se casan las personas o las familias?

Servindi 2 de enero, 2015.- A diferencia del matrimonio romano-cristiano donde los novios realizan un acto contractual individual en alianza con Dios la unión de pareja en el mundo indígena es un proceso de convivencia y compromiso comunitario. ¿Podría éste constituirse en un baluarte para cohesionar a las familias/sociedades guatemaltecas que, actualmente se desintegran ante la ausencia de un proyecto de vida comunitaria?

Tal es la interesante reflexión que propone el escritor y periodista quechua Ollantay Itzamná en un artículo donde reflexiona sobre el matrimonio tradicional en los pueblos mayas en los que no se casan solo los novios, sino que como proceso social involucra a las familias ampliadas de los novios, y a éstos entre sí.

“El éxito o el fracaso del proceso matrimonial no dependen sólo de los novios, sino de ambas familias ampliadas” apunta Ollantay analizando el caso de un matrimonio Maya Quiché del cual fue testigo.

Y es que al parecer, la finalidad del matrimonio no es la “realización” individual de las personas o la procreación, sino el afianzamiento de la cohesión comunitaria en base al consenso alcanzado y la palabra dada en comunidad.

“El proceso matrimonial maya no une o liga a personas, sino a familias. Dentro de este horizonte se concibe la plenitud de la vida en pareja y el proceso de la procreación”.

El matrimonio comunitario maya es pragmáticamente intercultural. Incorpora ritos externos como el matrimonio civil y el matrimonio religioso, ambos centrados en los individuos, para resignificar el sentido comunitario de la vida de pareja.

Ambos tienen sentido “pero dentro del horizonte del compromiso comunitario”.

Si bien observa el sentido “tremendamente patriarcal” del matrimonio maya que afianza la “subalternización” de la mujer también valora la “clandestinidad” del matrimonio maya que podría “resignificar” en los hechos la crisis moral y cultural que cada vez padecen más los matrimonios romano-cristianos.

Más aún, podría constituirse en un baluarte “para cohesionar a las familias/sociedades guatemaltecas que, ahora, se desintegran violentamente ante la ausencia de un proyecto de vida comunitaria”.

Lea a continuación el artículo completo de Ollantay Itzamná:
En los pueblos mayas, ¿se casan las personas o las familias?

Por Ollantay Itzamná*

De los rituales matrimoniales mayas precristiana casi no contamos con literatura. Algunos cronistas, huestes de los invasores, dejaron fluir entre sus narrativas descriptivas algunas referencias sobre los rituales “paganos” practicados en dichos pueblos.

Sin embargo, en la actualidad, observando los procesos matrimoniales comunitarios “clandestinos” en algunas comunidades indígenas, podemos trazar algunas características peculiares de los procesos matrimoniales mayas.

Lo que describiré a continuación es lo que presencié, a finales del 2014, en la costa sur de Guatemala, entre dos familias extensas de origen maya quiché.



La Pedida. Pintura de Matías Gonzalez Chavajay. 1999, 18″h. x 22″

Con canastos de panes y chocolates se realiza la invitación para el emplazo

Él y Ella se conocieron y se encantaron mutuamente. Luego de un tiempo de frecuentarse, Él pidió a sus padres que visitasen a la familia de Ella a “pedir a la chica”. Los padres del muchacho visitan a la familia de la muchacha, por la tarde/noche, con previo aviso, llevando consigo suficientes bebidas. Los padres de la joven aceptan la petición, y en la misma visita consensuan la fecha para el segundo acto del proceso del matrimonio, el emplazamiento.

Antes del acto del emplazamiento, que regularmente se celebra en el plazo de un mes, a partir del “pedido de la chica”, los padres del joven preparan varios canastos de panes y chocolates (6, 12 o más canastos, dependiendo de la capacidad económica), y las tías y hermanas mayores del muchacho llevan dichos regalos a los padres de la muchacha. Quienes, a su vez, distribuyen dichos presentes a sus parientes más cercanos anunciando e invitándoles al acto del emplazamiento. Simultáneamente, las hermanas del joven distribuyen panes y chocolates a sus parientes más cercanos invitándoles a dicho acto.
No son los novios quienes se casan, sino son las familias quienes se comprometen

El emplazamiento consiste en una reunión de las dos familias en la casa de los padres de la joven para formalizar la relación de los novios y la afinidad entre ambas familias. Lo realizan por la noche (en otras comunidades, por la madrugada).

Llegada la fecha fijada, los parientes más próximos del joven, se congregan, al atardecer, en la casa de los padres de éste para consensuar las propuestas que el testigo planteará a los padres de la joven en el acto del emplazamiento. Los puntos a consensuar en el emplazamiento son: ratificación de la relación de noviazgo de los jóvenes, la fecha para la celebración del matrimonio civil y religioso, el tipo de relación o trato entre ambas familias, y la frecuencia/modalidad de la visita del novio a la novia hasta el día del acto del matrimonio civil y religioso.

Así, precedidos por un anciano como testigo, los padres y parientes del joven visitan nuevamente a la familia de la joven, llevando consigo flores, candelas (velas) y abundante bebidas.

Ambas familias (abuelos, padres, tíos y hermanos/as mayores de los novios), alrededor de una mesa principal, adornada con flores e iluminada con candelas, representadas cada una por sus respectivos testigos, exponen y consensuan los acuerdos.

El diálogo es prácticamente una negociación diplomática entre los dos testigos sentados frente a frente, en presencia de toda la asamblea presente. Los parientes intervienen salvo cuando los testigos no logran ponerse de acuerdo. Los novios casi no intervienen porque ya expresaron sus voluntades en las reuniones familiares previas al acto del emplazamiento.

En el caso observado, el diálogo del emplazamiento se realizó en el idioma castellano porque los padres de la novia, también de origen maya quiché, no habla el idioma quiché. Lograron consensuar la fecha para la celebración del matrimonio en un plazo de 6 meses. Los padres y abuelos de los novios acordaron denominarse mutuamente como consuegros/as. También se acordó que el novio visitará a la novia todos los domingos temprano para llevarla a la misa dominical.

Si hay consenso favorable en la reunión del emplazamiento, entonces, los padres del novio, en el acto, invitan abundante cerveza, ron y refrescos a todos los presentes. Dejando en la mesa principal 12 o múltiplos de éste de todas las bebidas sin destapar para los padres de la novia. Simultáneamente los padres de la novia invitan comida a todos los presentes. Así, el emplazamiento se vuelve una fiesta alegre. Pero, los padres del novio, y su testigo, se retiran tan pronto como pueden de la fiesta, no sólo para cuidar su imagen de huéspedes concedidos, sino porque serán ellos los anfitriones en la fiesta central, el matrimonio.

El acto del matrimonio civil y religioso/católico es el tercer acto del proceso matrimonial en el mundo indomestizo maya. Transcurrido el plazo establecido en el emplazo, los padres del novio preparan una fiesta grande invitando a toda la familia ampliada. Luego del acto contractual y sacramental, la celebración matrimonial se convierte en una “demostración” del poder económico por parte de ambas familias. Regalos, comidas, bebidas y bailes se van turnando al ritmo de la marimba u orquesta. Este acto comunitario no dura semanas, como ocurre en algunas comunidades andinas, pero sí es una fiesta que otorga o fija estatus socioeconómico en las comunidades.
El matrimonio en las comunidades mayas no es un acto, sino un proceso comunitario

A diferencia del matrimonio romano (acto contractual entre novios) y cristiano (alianza con Dios), la unión de la pareja en el mundo maya es un proceso de convivencia y compromiso comunitario que involucra a las familias ampliadas de los novios, y a éstos entre sí. El éxito o el fracaso del proceso matrimonial no dependen sólo de los novios, sino de ambas familias ampliadas. Por eso los actores en los diferentes momentos del proceso matrimonial son los abuelos/as, los padres/madres, las tías/tíos, los hermanos/os mayores.

Al parecer, la finalidad del matrimonio no es la “realización” individual de las personas o la procreación, sino el afianzamiento de la cohesión comunitaria en base al consenso alcanzado y la palabra dada en comunidad. El proceso matrimonial maya no une o liga a personas, sino a familias. Dentro de este horizonte se concibe la plenitud de la vida en pareja y el proceso de la procreación.

El proceso matrimonial comunitario maya es pragmáticamente intercultural. Incorpora en dicho proceso ritos externos como el contrato romano (matrimonio civil) y la alianza cristiana (matrimonio religioso), ambos centrados en los individuos (novios), para resignificar el sentido comunitario de la vida de pareja. Tienen sentido el contrato y la alianza, pero dentro del horizonte del compromiso comunitario.

Este proceso matrimonial es tremendamente patriarcal, no sólo porque es el novio y su familia quienes toman la iniciativa de comenzar con el proceso, y “llevarse” consigo a la nueva esposa, sino porque actos como la “entrega de un chompipe (pavo) a los padres de la novia en ‘repuesto’ por la hija” evidencian que este proceso afianza la subalternización de la mujer en el mundo indígena maya.

Este proceso, especialmente en sus dos primeras etapas, aún continua siendo clandestino en el democrático Estado laico de Guatemala. Por eso se celebra de noche o en la madrugada. Pero, su “clandestinidad” también se debe a que muy poco o nada se ha escrito sobre este proceso matrimonial que podría no sólo resignificar, en los hechos, la esquizofrenia moral y cultural que cada vez más padecen los matrimonios romano-cristianos, sino también podría constituirse en un baluarte para cohesionar a las familias/sociedades guatemaltecas que, ahora, se desintegran violentamente ante la ausencia de un proyecto de vida comunitaria.

*Ollantay Itzamná, indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir “Solo nos dejen decir nuestra verdad”

Fuente: Servindi

viernes, 2 de enero de 2015

Buque con 450 migrantes abandonado en el mar.

Carguero que dos dÍas atrás llevó a más de 700 migrantes a Italia. Foto: EFE

Italia tomó control de otro buque con 450 migrantes abandonado en el mar.

El buque averiado se encontró a 37 km de la localidad calabresa de Crotone y a bordo hay unos 450 migrantes, hombres, mujeres y niños. Hace dos días otro barco cargado con 796 inmigrantes llegara al sur de Italia con su motor bloqueado.

La Guardia Costera de Italia ha tomado el control del carguero abandonado en alta mar por su tripulación y que se dirigía hacia la costa italiana con alrededor de 450 inmigrantes a bordo, entre ellos una treintena de mujeres y algunos niños.

El capitán de navío de la Guardia Costiera Filippo Marini explicó, en declaraciones al canal de televisión Sky, que seis agentes del cuerpo han subido a bordo mediante un helicóptero para dirigir la nave.

Actualmente ha puesto rumbo hacia un puerto italiano aún por designar a la velocidad de 3 nudos (6 kilómetros por hora aproximadamente) puesto que las condiciones del mar "no son buenas".

El barco fue avistado por un avión de la Marina la pasada noche cuando estaba detenido cerca de 40 millas (70 kilómetros) del Cabo de Leuca (Lecce, sur de Italia).

Cuando las autoridades portuarias de Italia entraron en contacto con el barco -explica Marini- la única respuesta que obtuvieron fue de una mujer que dijo que estaban "solos" ya que, al parecer, la tripulación ha abandonado la nave.

Sobre el número de pasajeros, Marini apuntó son entre 400 y 450, entre ellos una treintena de mujeres y algunos niños.

En relación con el origen de la nave, la fuente informó de que procede de un puerto turco aunque no especificó de cuál.

Los Guardacostas habían alertado previamente de que el buque corría "peligro de una catástrofe" ante la posibilidad de que se estrellara contra las rocas de la costa, según los medios italianos.

En la operación de ayuda participa la patrullera islandesa Tyr, en misión del Frontex de la Unión Europea.

Este suceso se produce dos días después de que otro barco cargado con 796 inmigrantes llegara al sur de Italia con su motor bloqueado y con el rumbo fijado hacia las costas de este país.

Fuente: elpais.com.uy

Crece la esperanza por la Paz.

Surcoreanos cristianos rezan por la paz entre las dos Coreas, durante una misa este 1 de enero, en el Parque de Imjingak en la ciudad fronteriza de Paju, cerca de la Zona Desmilitarizada./ AFP

El líder norcoreano sorprende con su discurso de Año Nuevo

Optimismo en Seúl. Kim Jong-Un pidió un "gran cambio" en las tensas relaciones entre ambas Coreas. Y aseguró que "no hay ninguna razón para no mantener conversaciones al más alto nivel".


El líder norcoreano, Kim Jong-Un, sorprendió en su tradicional mensaje de Año Nuevo al mostrarse dispuesto a mejorar las relaciones con Seúl, afirmando que está abierto a mantener conversaciones "al más alto nivel" con Corea del Sur, en un momento de duras críticas a Pyongyang por parte de la comunidad internacional.

"Deberíamos escribir un nuevo capítulo en la historia de las relaciones Norte-Sur", propuso Kim en su discurso, transmitido en directo por la televisión estatal, según la agencia de noticias Yonhap.

"No hay ninguna razón para no mantener conversaciones al más alto nivel", dijo, pidiendo un "gran cambio" en las tensas relaciones entre ambas Coreas, que siguen estando técnicamente en guerra tras el conflicto entre 1950 y 1953.

"En función del humor y de las circunstancias que quedan por crearse, no tenemos motivos para no mantener discusiones al más alto nivel", insistió, llamando a una mejora de las relaciones entre los Estados rivales.

Según los medios de comunicación surcoreanos, se trata de un ofrecimiento de encuentro con la presidente Park Geun-Hye,ocho años después de la última cumbre intercoreana, que data de 2007. El entonces presidente surcoreano, Roh Moo-Hyun, luego fallecido, se entrevistó en Pyongyang con el máximo dirigente norcoreano, Kim Jong-Il, a quien su hijo Kim Jong-Un sucedió tras su muerte en 2011.

La declaración de este jueves llega pocos días después a la propuesta de Ryoo Kihl-Jae, ministro de la Unificación surcoreano, de mantener conversaciones a alto nivel con Corea del Norte en este mes de enero.

"Estamos dispuestos a discutir todos los asuntos de interés recíproco", había declarado Ryoo durante una conferencia de prensa. También dijo que estaba en disposición para encontrarse con representantes del poder norcoreano, ya fuera en Seúl o Pyongyang.

El anuncio de hoy ha sido interpretado en Seúl como un gesto de apertura, que Ryoo Kihl-Jae ha calificado de "significativo", y ha propuesto volver a la mesa de negociación este mismo mes. "El gobierno considera que es significativo, porque muestra una disposición al diálogo y a los intercambios intercoreanos", declaró en rueda de prensa.

Por su parte, Estados Unidos ha declarado su apoyo a "la mejora de las relaciones intercoreanas", en palabras de un portavoz del departamento de Estado.

Fuente: Clarín.com

jueves, 1 de enero de 2015

Política y religión en Uruguay.


por Nicolás Iglesias Schneider

El modelo de laicidad que buscaba excluir lo religioso del análisis o la discusión pública, que está en transformación y que -en pos de una sociedad más plural e inclusiva- esta dimensión del ser humano -en tanto sujeto y colectivo- nos presenta varios desafíos [sic]. El siguiente artículo busca abordar algunas aristas de los complejos vínculos que existen entre la fe, la religión, la política y la sociedad.

La política y la religión no pueden verse como casilleros estancos. Tampoco es posible comprender el mundo en que vivimos si no tomamos en cuenta hechos históricos, cambios religiosos, que revolucionaron la forma de comprender lo trascendente y lo terrenal. Existen encuentros y desencuentros históricos que se expresan cotidianamente en nuestro país, en esta relación de fe religión, política y sociedad.

Aunque el imaginario sobre el “Uruguay laico” de matriz francesa y jacobina está en rotundo cambio, aún pesan las visiones de que la religión es parte del espacio privado, que no debe meterse en la cosa pública y que la “religión” no es un tema para preguntar en un censo o para hablar en la escuela pública.

En Uruguay tenemos sobrados ejemplos de cómo lo religioso ha estado presente en la política: la colonia, la formación del estadonación, la llegada de los migrantes de diversos continentes, la separación de la Iglesia Católica y el Estado, la resistencia a la dictadura y su legitimación, hasta hoy en día.

Siempre lo religioso y lo político han estado en un diálogo y a veces en franca convivencia. Inclusive esto sucede en el país considerado más secularizado de América Latina, o donde estudios recientes sobre religión como el Pew Research Center muestran que los uruguayos y las uruguayas tienen el nivel más bajo de compromiso religioso del continente.

Este dato del “Uruguay secularizado” se ve relativizado ante la presencia de las expresiones religiosas en la vida cotidiana de las personas, en los temas de actualidad e inclusive en el parlamento. Un ejemplo podría ser el de la participación pública de diversos religiosos en el debate sobre la baja de la edad de imputabilidad penal, donde se eencontraron pastores, obispos, maes, sacerdotes, referentes judíos y otros religiosos de acuerdo en el “No” a la reforma constitucional.

Así mismo vuelven a tener presencia pública, las declaraciones desde filas religiosas en torno a la “diversidad sexual”, y se logra al menos momentáneamente frenar el impulso del Estado en el tema.
Por esto decimos que no podemos comprender lo político sin una mirada desde la variable religiosa, ya que la fe moldea la mirada sobre el mundo de cada individuo y de los colectivos.

Quizás para la tradición católica (mayoritaria en nuestro país), para algunos grupos protestantes históricos o para la colectividad judía con una fuerte inserción política, no es una novedad encontrar parlamentarios creyentes en los diversos partidos. Pero el parlamento recién electo, muestra de una forma clara cómo expresiones religiosas que antes no habían tenido una expresión política parlamentaria, ahora incursionan de forma explícita en lo político a partir de su identidad religiosa.

La llegada de forma conjunta (pero en partidos opuestos) de la mae Susana por el Frente Amplio y del pastor Dastugue de Misión Vida (neopentecostal) por el Partido Nacional, no es una coincidencia “divina” o “caída del cielo”. Representa un proceso social y cultural que nuestro país está viviendo, donde lo religioso se ha puesto en juego en la arena política y pública.

Esto ya ha sido expuesto como un cambio significativo en el vínculo religión-política en la investigación que se encuentra en: dioseslocos. org. A  partir de esto se desprenden nuevas preguntas, sobre cómo se comportaran los actores políticos vinculados a diversos grupos religiosos.
¿Cómo se vincularán las opiniones e influencia de los colectivos religiosos en las decisiones políticas de los legisladores? ¿Cuál es el papel de las religiones y sus líderes en las discusiones sobre temas de agenda política y social?

El hecho religioso siempre fue político, pero en este momento histórico, el cambio está dado en que algunos grupos religiosos toman en cuenta su capacidad política incluso en las urnas y no dejan su discurso religioso encerrado en las paredes de los templos, sino que lo llevan a lo público. Las religiones no están haciendo política solo cuando participan electoralmente de forma organizada, como es el caso paradigmático de Brasil, con una bancada evangélica de 80 diputados o una ferviente evangélica, candidata a presidente como fue Marina Silva.

En nuestro país podemos relevar diversas expresiones de la participación política de las religiones. Algunos ejemplos son: el trabajo con el Instituto Nacional de Rehabilitación, templos interreligiosos y un protocolo para la atención de la vida religiosa en las cárceles, decenas de organizaciones basadas en la fe que -de forma cotidianahacen política pública gestionando políticas sociales en convenio con el Estado, el abordaje que las comunidades religiosas están haciendo en temas como consumo problemático de drogas y la experiencia del diálogo interreligioso uruguayo que elabora una agenda política desde los diversos grupos religiosos.

Todas estas intervenciones de lo religioso en lo público y lo político, desafiando los límites tradicionales de la laicidad a la uruguaya nos generan más preguntas que respuestas. ¿Hasta dónde llegaran los cambios del espacio religioso uruguayo? ¿Cómo reaccionarán los grupos que no ven “de buena manera” estos cambios? ¿Cuál es el rol del Estado y su vínculo con lo religioso en el Uruguay del siglo XXI?