martes, 17 de octubre de 2017

Deborah Chapman: "Un matrimonio de sacerdotes es un ejemplo de cómo ser cristianos juntos".


Cameron Doody

Barcelona, Andorra, Sabadell, Gibraltar, Portugal... y hasta Marruecos y Perú. Son muchos los lugares donde Deborah Chapman ejerce de sacerdote anglicana. Chapman participó hace unas semanas en el Congreso de la Asociación Juan XXIII sobre mujeres y religión, y habló para RD de sus experiencias como mujer ordenada, así como de los dones que un matrimonio de sacerdotes -su marido, John, también es cura- puede aportar a la Iglesia.


Deborah, ¿eres párroco o párroca? ¡No sé cuál es el término correcto!


Es muy interesante, porque yo, ahora, soy más bien 'free-lance': desde 2013, cuando mi marido y yo dejamos Londres para que él se hiciera cargo de la iglesia de St. Martin's en Sharjah en el Golfo, en los Emiratos Árabes, no he tenido cargo. Pero tenía algo que hacer siempre. Como persona ordenada, he ayudado a mi marido y hago muchas otras cosas.



Cuéntanos.


Además de ayudar a mi marido en la capellanía de Barcelona voy a hacer cultos más o menos una vez al mes a Andorra, que no tiene capellán anglicano. También voy a Sabadell, a l'Esglesia de Crist, que es de la Iglesia Episcopal Reformada de España (IERE), que forma parte de la comunión anglicana. Es la Iglesia anglicana de España y les ayudo en cultos en español y en catalán, también una vez al mes, más o menos.

Hay que explicar que la diócesis en Europa es la diócesis de la Iglesia de Inglaterra, y por eso no tiene parroquias. Más bien tiene capellanías, porque es diócesis de habla inglesa. Dentro de este ámbito, más amplio, soy la capellana de la organización "Mother's Union". Escribo una vez al mes una reflexión en su sitio web. Es interesantísimo, tiene cuatro millones de miembros alrededor del mundo. La comunión anglicana tiene en cada país su movimiento autóctono, y hacen muy buen trabajo siempre en comunión con los otros grupos, y a nivel mundial. Hay una presidenta mundial.

Además, soy la persona encargada del vínculo del arcedianato de Gibraltar con el Perú, donde voy una vez al año. Este arcedianato comprende Gibraltar, Marruecos, España, Portugal y Andorra. Tiene un sínodo, que se reúne una vez al año en el sur de España en Torrevieja.

Estas son las cosas que hago ahora. También hay una sociedad, que apoya a nuestra iglesia, la de St. Georges en Barcelona, que se llama "Intercontinental Church Society", y formo parte del grupo que organiza las conferencias anuales.

O sea, que hay mucha energía dentro de la Iglesia.

Sí, la hay.

¿Sientes que las cosas que haces dentro de la Iglesia, tienen mucha repercusión fuera de ella, en la sociedad?

No lo sé, la verdad es que confío en el Señor. Siento que tengo una responsabilidad que debo aceptar, y le pido al Señor que me dé fuerzas y sabiduría para hacerlo con todo el corazón. Y que sea una bendición para todas las personas.

Me imagino que en la capellanía no solo tenéis personas procedentes de Inglaterra. Hay españoles, supongo. ¿O es solamente para expatriados?

Mayormente sí, porque los cultos son en inglés. También tenemos bastantes ortodoxos, algunos africanos y algunos latinoamericanos, por ejemplo. Todos hablan inglés. Es lo que nos une, además de Jesús, por supuesto.

¿Las misas están en inglés también en la Reformada, en la Iglesia anglicana española?

No. Es una Iglesia anglicana autóctona de España.

Entonces, se habla español.

Sí. O catalán. Pero en nuestra capellanía tenemos más de treinta nacionalidades, mayormente europeas: entre ellas de Ucrania, de Lituania, de Bielorrusia... Y también de Francia y unos pocos catalanes españoles.

El grupo que más años lleva, es un grupo de mujeres que se había casado con españoles. Ellas han mantenido un vínculo fuerte con la capellanía, muy importante para la Iglesia, durante muchos años. Yo, de adolescente acudía a esta capellanía de St. Georges en Barcelona con mis padres. Mi padre era diplomático e íbamos toda la familia. Éramos cinco hijos, y alguna de las mujeres que iba entonces, todavía va. Desde entonces nos conocemos... Estas cosas me encantan.

¿Cómo están las cosas en Barcelona después del atentado?

Es difícil saberlo realmente. No he tenido mucha oportunidad, porque cuando ocurrió estaba fuera. Y creo que la mayoría de la gente que vive en Barcelona estaba fuera, porque durante el mes de agosto suelen irse de vacaciones, y son los turistas los que vienen a la ciudad. En aquel momento yo estaba fuera, y todavía no han vuelto todos los miembros de la Iglesia que habían salido. Francamente, no puedo decirlo.

A mí me parece que todo ha vuelto a la normalidad, pero también me imagino que va a ser un choque para las personas expatriadas que han elegido vivir allí, porque en realidad es una ciudad muy sana y muy segura, por lo general.

¿Crees que estas personas se van a ir de Barcelona?

No puedo saberlo bien ahora. Me imagino que harán preguntas sobre cómo es realmente la situación.


Te han invitado a hacer una ponencia. ¿Por qué aceptaste formar parte de este congreso? ¿Es un tema que llevas dentro?

Es un tema que he tratado antes, y sobre el que he reflexionado mucho. Cuando Jenny, conjuntamente con el obispo Carlos, me preguntó si estaba dispuesta a dar una conferencia, yo oré y pedí al Señor su opinión, y me pareció que estaba bien. No había por qué decir no. Y tengo paz.

¿Pero sientes que tienes algo que decir porque eres anglicana, o porque eres experta en el tema de mujeres y violencia de género?

No soy experta. Es, simplemente, porque soy mujer anglicana.

Y sacerdote.

Sí. Y aunque hay otras, no sé cuántas en España, que tienen un doctorado, yo he tenido otras oportunidades para compartir en conferencias. Posiblemente por eso, me han invitado. Hay que preguntarle al obispo Carlos. Bueno, también vivo en España; tiene cierta lógica.

¿Tú crees que la Iglesia anglicana es menos machista que la católica?

Depende. Varía mucho.

Me refiero a que, por ejemplo, no hay mujeres sacerdotes en la Iglesia católica. ¿Es un factor importante, para eliminar el machismo, que las mujeres accedan a estos puestos?

En términos estructurales, sí. Pero en términos personales, no. Yo no podría decir qué porcentaje de hombres y de mujeres son anti-ordenación de mujeres en las Iglesias anglicanas o católicas.

Yo era la primera capellana no católica dentro de un colegio en Inglaterra que se llama sixth form college, para jóvenes de 16 a 18 años. Trabajaba a tiempo parcial, pero estaba habilitada por el director para hacer de capellán y lo dejé en el momento de mi ordenación. Hubo más católicos en mi ordenación que anglicanos, eran mis amigos católicos. Puedo decir que ellos estaban totalmente a favor de mi ordenación y que me apoyaban, hasta el punto de que uno de mis dos sponsors -tenemos que tenerlos para ordenarnos- era católico, y se puso de pie para decir que sí, que estaba de acuerdo.

Que estabas preparada.

Sí. Yo he tenido tan buenas experiencias, que pienso que es algo muy personal. Y mi experiencia no ha sido, quizás, tan negativa como la de otras personas, gracias a Dios.

¿Qué dones puede aportar un matrimonio de sacerdotes?

Esto, también tiene que ver con la unidad porque, por ejemplo, cuando preparamos a parejas para el matrimonio, lo hacemos juntos siempre. Aún cuando tenemos mayores responsabilidades tanto mi marido como yo, es algo que siempre hacemos juntos.

Y también, los matrimonios mismos, nos piden hacerlo así. Es un ejemplo modelo de cómo ser cristianos juntos, de cómo orar juntos y de cómo servir a Dios juntos. También, para nosotros es un aporte. Como tenemos preparación teológica, leemos nuestras Biblias y oramos con un ritmo regular, hablamos de lo que leemos y de lo que escuchamos de Dios en nuestras oraciones. Esta posibilidad de conversación que tenemos es muy útil. "Hierro con hierro se aguza...".

Ser matrimonio y sacerdotes es muy, muy positivo. Y más en nuestro mundo en el que el matrimonio se está menospreciando. Creo que hay mucho que aportar, más libertad.

Unidad en el matrimonio y luego, unidad en la Iglesia y entre Iglesias.

Sí. Así es.

Gracias.

lunes, 16 de octubre de 2017

El 12 de octubre bajo la mirada de tres teólogos latinoamericanos.


[Por: Oscar Elizalde Prada | Vida Nueva]

Día de la Hispanidad, Día de la Raza, Día de la Diversidad… con estas y otras nominaciones se celebra el 12 de octubre en América Latina.

¿Qué representa esta fecha en el imaginario y en las búsquedas de los pueblos? ¿Qué implica conmemorar hoy los encuentros (o desencuentros) entre distintas etnias, identidades y culturas? En torno a estas interpelaciones, Vida Nueva dialogó con un joven teólogo argentino, con una teóloga boliviana –perteneciente a la cultura aymara–, y con un teólogo uruguayo de mayor experiencia.

NuestrAmérica

“Pensando en la memoria del 12 de octubre, en América Latina hemos transitado por caminos diversos”, comenta Francisco Bosch, un joven teólogo laico argentino, egresado de la maestría en teología latinoamericana de la Universidad Centroamericana ‘José Simeón Cañas’ de San Salvador, apasionado por “la teología narrada por el pueblo pobre en comunidad”.

“Hemos venido dando pasos hacia lo que José Martí llamó NuestrAmérica”, dice Bosch, “donde todos los que vivimos, caminamos, sufrimos y tenemos esperanza, en comunidades pequeñas decimos qué es nuestro y qué es lo nuestro latinoamericano, propiamente”. En este sentido, “una manera de recordar este 12 de octubre conlleva a recrear la vida desde las comunidades, con sus esperanzas, para ir pariendo una NuestrAmérica distinta”.

Memoria de la resistencia

Para Sofía Chipana Quispe, teóloga aymara que acompaña pastoralmente varias comunidades andinas en Bolivia, “el 12 de octubre, más que una celebración, significa la memoria de la resistencia”.

Al recordar los clamores de los pueblos originarios, la teóloga boliviana expresa que “han pasado más de 500 años y los pueblos indígenas, en una fecha como hoy, rememoramos la resistencia de nuestros ancestros y de nuestras ancestras, que se negaron a perder sus identidades, sus espiritualidades y sus territorios. Por eso para mí, es el día de la resistencia”.

Procesos de descolonización

Desde la perspectiva de Pablo Bonavía, párroco en una zona suburbana del barrio La Cruz de Carrasco, en Montevideo, y profesor de la facultad de teología de Uruguay, “no se puede olvidar que el 12 de octubre también evoca el desencuentro entre una cultura que se consideraba superior y que de alguna manera terminó aplastando a las culturas originarias, y, al mismo tiempo, representa el desafío de construir vínculos personales y sociales exentos de colonialidad”.

A partir de esta doble mirada, el teólogo uruguayo considera que “el 12 de octubre es un día de reflexión y de interpelación, en el sentido de que para humanizar la sociedad y para evangelizar, necesitamos procesos de descolonización mental, cultural, económica y política”.

Publicado en: http://www.vidanuevadigital.com/2017/10/12/12-octubre-la-mirada-tres-teologos-latinoamericanos/ 


Foto: https://rosarioinesgranados.files.wordpress.com/2015/11/cuadro-de-guayasamin.png

sábado, 14 de octubre de 2017

5 verbos para construir hospitalidad.


Oriol Prado. 

Antes del verano me pidieron escribir algo referente a la hospitalidad y cómo, desde un itinerario cristiano, se podía ser instrumento para construir una sociedad de acogida ante la llegada de migrantes a nuestro país. La propuesta estaba hilvanada en torno a cinco verbos: abrir, peregrinar, compartir, (re)conocer y amar. La vigencia de estas actitudes plenamente evangélicas me sigue pareciendo válida hoy.

Este verano la ciudad de Barcelona ha sufrido directamente la acción del terrorismo de EI, y desde algunos altavoces se ha expresado una relación causa-efecto directa entre migraciones y acogida de refugiados y el atentado. Quisiera recordar, en primer lugar, que este tipo de atentados se han venido repitiendo en otras ciudades del mundo, y hay que tener presentes todas las víctimas que ha habido aquí y en todas partes por la acción que pretende ser desesperanzadora (es decir, que tiene como objetivo negar toda esperanza). En segundo lugar, quisiera proponer una lectura de la acogida, desde los cinco verbos mencionados más arriba, que nos pueda ayudar a una nueva mirada hacia las personas migrantes.

No pretendo, por tanto, hacer un análisis de las causas que nos han llevado a estos atentados ni de sus consecuencias. Algunos buenos análisis como los que encontrareis en el blog de CJ (“Es hora de buscar todas las causas del terrorismo”, de Jaume Flaquer; “Comunicado del grupo de trabajo sobre religiones y paz ante los atentados de Barcelona y Cambrils”; “Pasión de Barcelona, pasión del Mundo”, de J.I. González Faus) nos ayudan a vislumbrar las causas que han llevado a la acción terrorista y posibles caminos para recorrer hacia una verdadera fraternidad entre diferentes fes, culturas, sociedades: entre seres humanos. Quisiera añadir, sin embargo, algunas palabras a partir del itinerario ofrecido por los verbos abrir, caminar, conocer, compartir y amar, de cómo y por qué la hospitalidad puede contribuir a la inclusión de las personas migrantes en nuestra sociedad.

Abrir, como punto de partida para la hospitalidad. Sin embargo, no es sencillo abrir: si abrimos los ojos, tal vez veremos cosas que no nos gustarán; si abrimos los oídos, oiremos algunas cosas que no queríamos oír; si abrimos las manos para dar, dejaremos de poseer aquello de lo que nos hemos desprendido; si las abrimos para recibir, lo haremos con la desconfianza de sabernos deudores del que nos ha obsequiado; al abrir el corazón nos quedaremos a la intemperie. Y a pesar de todo, es en el abrir donde puede comenzar el camino de la hospitalidad: porque es con los ojos abiertos que descubrimos realidades de injusticia que nos vacunan contra la indiferencia. Es con los oídos abiertos cuando, en medio de un ruido mediático ensordecedor, intuimos el clamor de los sin voz y descubrimos voces proféticas que ofrecen alternativas. Es con las manos bien abiertas que recobra valor lo dado y descubrimos la belleza de la gratuidad en el recibir. Es descubriéndonos a la intemperie, con el corazón bien abierto, cuando no tenemos nada que perder, que toma todo el sentido el “no tengo miedo” que ha resonado en nuestras calles y que nos hace vivo el Evangelio: “no tengáis miedo” (Jn 6,20).

Este abrir nos conduce, nos hace caminar, salir afuera: “El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mt 8,20). Es en el encuentro con el otro donde descubrimos el prójimo como sagrado, tal y como aparece en las grandes tradiciones religiosas. El huésped es concebido por la tradición hinduista como aquél que no tiene tiempo. En la tradición bíblica encontramos el peregrino, el extranjero… Abraham el itinerante (Gn 12), que es a la vez quien acoge a Dios mismo cerca del árbol de Mambré (Gn 18). Es, pues, con la experiencia de haber salido de nuestro confort que podremos aproximarnos con empatía al migrante que también ha tenido que marcharse de su casa. Y siguiendo el mismo hilo propuesto en el texto de Mambré, descubriremos que, sin salir al encuentro del otro, éste pasaría desapercibido en nuestras vidas. Hay que remarcar, pues, que en este itinerario hacia la hospitalidad es necesario no recluirnos en nosotros mismos, ni como individuos ni como clan. Hay que salir fuera, al encuentro, convirtiéndonos en peregrinos, y la experiencia de intemperie, al abrir el corazón, nos posibilitará el aprendizaje de la acogida.

De este caminar que nos lleva al encuentro del otro surge la necesidad de conocer, de descubrir una realidad que intuíamos al abrir ojos, oídos, manos y corazón. Conocer no es meramente darse cuenta de una realidad que quizás hasta el momento era desconocida, sino incorporar esta realidad en nuestro propio ser. Así, al conocer no sólo descubrimos al otro quitando el velo que nos lo ocultaba, sino que rompemos con las ideas preconcebidas que teníamos. De alguna manera, más que de conocer se trata de reconocer al otro como persona, como ser humano, como igualmente digno. Conocer y reconocer requiere hacer un recorrido hacia dentro y otro hacia fuera: conocernos a nosotros mismos, reconocernos como acogidos y finalmente desvelarnos como débiles para transitar afuera conociendo al otro como igualmente débil, y desvelar su dignidad para que sea reconocida. Este doble conocimiento (adentro y afuera) nos ofrecerá un enriquecimiento: se trataría de mejorar lo que ya somos como personas, comunidades o sociedad con lo mejor de lo que nos aportan las personas migrantes cuando les dispensamos una buena acogida. No se trata de perder nuestra identidad, es más bien darnos cuenta de que las identidades son dinámicas -como siempre lo han sido a lo largo de la historia- y que la hospitalidad podrá hacernos descubrir que la manera de vivir del extranjero tiene algo que mejorar en la nuestra y viceversa.

Este enriquecimiento que surge del reconocimiento mutuo configura un compartir entre iguales. Este compartir, inicialmente, se podrá concretar en aspectos materiales: ofrecer recursos, alimentar o dar cobijo desde la gratuidad. Sin embargo, no habrá que descuidar la dimensión personal del compartir, siempre desde el respeto al otro y a nosotros mismos, al momento vital, a lo que queremos contar y a lo que no. Durante toda la acogida tendrá un valor importante la manera de compartir, será necesario que los gestos y las actitudes sean de ternura, de cuidado, de escucha, de empatía y de diálogo. Este compartir es necesario que se produzca en la dimensión personal, en la comunitaria y en la social. Hay que remarcar la necesidad de la dimensión comunitaria en la acogida; es en la comunidad que se extiende como red donde el acogido puede y debe convertirse en un nodo más, siguiendo su proceso, que es un proceso compartido con la comunidad. Una dinámica que tiene hitos, pero no tiene meta: la construcción de la realidad compartida con la persona acogida, como la construcción de cualquier otra comunidad humana, se perpetúa en el tiempo con momentos mayoritariamente de crecimiento, pero también de incertidumbre y debilidad. Hay que velar para evitar la rotura de los hilos que se han ido tejiendo por firmes que parezcan, y si es necesario, rehacer puentes.

Finalmente es en el amar que se nos ofrece el alimento, la fuerza, la perseverancia y el sentido para la hospitalidad. Me identifico con el otro descubriendo mi propia vulnerabilidad. En el amor me descubro a mí mismo acogido por mi comunidad, por mí mismo, por el otro. “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Lv 19,34) (Lc 10,27) y es en la Encarnación que el otro se convierte en el Otro.

jueves, 12 de octubre de 2017

Miles de mujeres palestinas e israelíes marchan por el desierto por la paz en Oriente Próximo.

Marcha de las mujeres por el desierto. Imagen: Reuters.

Miles de mujeres israelíes y palestinas han protagonizado este domingo una marcha por el desierto, vestidas de blanco, para pedir la paz en Oriente Próximo.
La marcha ha terminado en la orilla del río Jordan, donde han levantado una simbólica "carpa por la paz" con los nombre de Hagar y Sarah, las madres de Ismael e Isaac, hermanastros patriarcas de musulmanes y judíos, según las Escrituras.

"Somos mujeres de la izquierda, de la derecha, árabes y judías, de ciudades y periferias, y hemos decidido que vamos a detener la próxima guerra", ha proclamado Marilyn Smadja, una de las fundadoras del grupo organizador del evento, Women Wage Peace (Las mujeres libran la paz).

"Dicen que éste es un conflicto antiguo, pero nuestras madres ancestrales querían para sus hijos lo que queremos nosotras: prosperidad y seguridad", ha añadido la organización, creada tras la operación israelí en Gaza de 2014, que se cobró las vidas de 2.100 palestinos y 73 israelíes.

miércoles, 11 de octubre de 2017

OPS adopta nueva política sobre etnicidad y salud.


Fotografía: OPS.

La nueva política se centra en cinco estrategias con pertinencia intercultural con la finalidad de eliminar los obstáculos que enfrentan los pueblos indígenas, afrodescendientes y romaníes. Entre estas destacan el reconocimiento del conocimiento ancestral, la medicina tradicional y el fortalecimiento de los modelos de salud interculturales.

En el marco de la 29° Conferencia Sanitaria de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se adoptó una nueva política sobre etnicidad y salud para eliminar los obstáculos que enfrentan los pueblos indígenas, afrodescendientes y romaníes en el ámbito salud.

Este hecho contó con la participación de los ministros del sector salud de los países de la Región de las Américas y representantes de la población, incluyendo a jóvenes, con la finalidad de reflejar sus cosmovisiones.

"La falta de visibilidad y la discriminación que muchas veces experimentan estas poblaciones aumentan su condición de vulnerabilidad. Un enfoque intercultural contribuirá a eliminar esos obstáculos que impiden a los miembros de los grupos étnicos alcanzar el nivel más alto de salud", sostuvo Andrés de Francisco, Director del Departamento de Familia, Género y Curso de Vida de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Así, esta nueva política se basa en las siguientes estrategias:
Generación de evidencia, con especial hincapié en datos desglosados por grupo étnico.
Impulso de la acción en materia de políticas para determinar y cerrar las brechas en materia de políticas.
Participación social para crear y fortalecer las alianzas con los distintos grupos étnicos;
Reconocimiento del conocimiento ancestral y la medicina tradicional, y fortalecimiento de los modelos de salud intercultural.
Desarrollo de capacidades en los profesionales de la salud y trabajadores de salud comunitarios.
Cifras alarmantes

La situación del acceso a la salud como la calidad de la misma cuando las poblaciones en mención reciben este servicio cuenta con cifras preocupantes que han llevado a una toma de acciones inmediatas. 

Entre estas cifras tenemos que:
Los pueblos indígenas representan el 17 por ciento de la población que vive en situación de pobreza extrema en América Latina.
La tasa de fertilidad de las mujeres indígenas y afrodescendientes es aproximadamente un 50 por ciento superior a la tasa de la población general y, sin embargo, reciben menos atención de calidad durante el embarazo, el parto y el posparto.
En Panamá y Perú, la mortalidad infantil es tres veces superior en las poblaciones indígenas que en las que no son indígenas.
Se estima que el 62,6 por ciento de los niños indígenas en la región sufre algún grado de privación de agua potable, frente al 36,5 por ciento de los niños que no son indígenas.
En algunos países, la tasa de fecundidad de las adolescentes afrodescendientes es 40 por ciento superior a la tasa en las que no son; en las adolescentes indígenas, esta tasa puede ser incluso dos veces superior en comparación con la tasa de fecundidad en la población que no es indígena.
Sobre la conferencia

La Conferencia Sanitaria de la OPS se reúne cada cinco años para determinar políticas generales. Asimismo, actúa como foro para el intercambio de información e ideas sobre la prevención de las enfermedades, preservación, promoción y recuperación de la salud física y mental, y el fomento de los establecimientos, medidas sanitarias y sociales para la prevención y tratamiento de estas en el continente americano.

Usted puede revisar la nueva política aquí.

Fuente: Servindi