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domingo, 4 de mayo de 2014

Muere Tomás Balduino, el obispo de "los pobres de la Tierra".


"Nos deja su ejemplo de lucha, esperanza y creencia en el Dios de los pobres"

El prelado, defensor de los indígenas, falleció a los 91 años de edad en Goainia

Redacción, 03 de mayo de 2014 a las 19:22

El cuerpo sin vida de Balduíno será velado en la Iglesia Sao Judas Tadeu, en la capital goiana, hasta las 10.00 hora local (13.00 GMT) del domingo, cuando será celebrada una misa en su honor.

Tomás Balduino

El obispo brasileño Tomás Balduíno, conocido por su defensa de la reforma agraria en favor de los derechos de los "pobres de la tierra" y de los indígenas, ha fallecido en Goiania, capital del estado de Goiás, informó hoy la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), de la que fue fundador.

Obispo emérito de Goiás Velho, Balduíno murió la noche del viernes a los 91 años de edad como consecuencia de una tromboembolia pulmonar en el Hospital Neurológico de Goiania, donde permaneció ingresado varios días, según las mismas fuentes.

"Dom Tomás Balduíno, el obispo de la reforma agraria y de los indígenas, nos deja su ejemplo de lucha, esperanza y creencia en el Dios de los pobres", afirmó en un comunicado la CPT, organización vinculada al episcopado brasileño que durante décadas denunció la violencia contra campesinos como consecuencia de los conflictos de tierra en Brasil.

Siempre al lado de los más desfavorecidos, Balduíno apoyó de cerca la creación del "Movimiento del Coste de Vida", así como la "Campaña Nacional para la Reforma Agraria".

Fue además un actor esencial en la creación del Consejo Indigenista Misionario (CIMI) y la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), ambas vinculadas al Episcopado brasileño.

Tras un largo periodo impartiendo seminarios y congresos, en 2003 fue designado miembro del Consejo Nacional de Desarrollo Económico y Social (CDES), vinculado al Gobierno federal, un cargo que abandonó poco tiempo después "al sentir que poco o nada contribuía a los cambios deseados por la nación brasileña".

El cuerpo sin vida de Balduíno será velado en la Iglesia Sao Judas Tadeu, en la capital goiana, hasta las 10.00 hora local (13.00 GMT) del domingo, cuando será celebrada una misa en su honor. Posteriormente, será trasladado a la catedral de Goiás Velho, donde permanecerá hasta el lunes, fecha en la que está previsto que reciba sepultura.


(RD/Agencias)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Colombia: El paro agrario y la lucha por la tierra.


Por Efraín Jaramillo Jaramillo*

18 de setiembre, 2013.- Se han hecho muchos análisis sobre el paro agrario, pero a mi juicio faltan los que más necesitan los campesinos, sobre todo los que no tienen tierra. La mayoría de ensayos sobre el paro agrario, han sido ideológicos o textos que buscan los responsables de la crisis del agro colombiano en los Tratados de Libre Comercio (TLC), el neoliberalismo, la globalización, que remplazaron a los culpables de antes, el imperialismo, la CIA y otros espantos. Lo que debería hacerse es volver la mirada atrás y hacer una historia política de los procesos que han conducido a este levantamiento general de los campesinos, que ya llevan un mes y que aunque amainado, no ha terminado.

Este paro llama la atención porque en determinadas zonas ha adquiridorasgos de insubordinación, comparables a aquellos protagonizados por la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) a comienzos de los años 70 del siglo pasado, puesto que de este paro hacen parte también campesinos sin tierra, que tienen otras necesidades diferentes a que se solucionen problemas de infraestructura, se subsidien insumos para la producción agrícola, haya control deprecios a fertilizantes y entrada de productos subsidiados, eliminación del contrabando, ampliación de créditos; pero también a que se frene la firma de TLC con otros países, o aún que se suspendan los ya firmados, etc.

Pero también llama la atenciónel que estos campesinos sin tierra,las cenicientas,que estando entre el montón no son fácilmente visibles, ven como en las rondas de negociación del gobierno con los líderes campesinos,corren chorros de babas (las del vicepresidente Angelino Garzón han sido las más abundantes y sinuosas), sin que en ningún momento se mencioneque en el centro de la problemática agraria de Colombiaestá la concentración y acaparamiento de tierras. Este ruidoso silencio se presenta porque para el Estado es más barato repartir plata, sobre todo no azuza los demonios terratenientes, más en un país donde todas las violencias han tenido origen en la alta concentración de la tierra.

Un campechano análisis mostraría que todas las guerras internas que han agitado al país, parten de que hay gente que le quiere quitar la tierra a otra gente y esta a su vez se defiende para no dejársela quitar. Y en caso de que la haya perdido,estará esperando condiciones favorables para recuperarla y así sucesivamente…

Quizás esa historia debería recordarse para sacudirnos ese esquema interiorizado por la izquierda de encontrar culpables y no profundizar en las razones de las luchas por la tierra en Colombia, haciendo un seguimiento serio a los acontecimientos que las han originado.

Este texto no pretende hacer un registro de esas razones, sino de mostrar un aspecto de ellas que ha sido poco tratado en estos días.

Para abordar este tema nos vamos a remontar a la segunda mitad del siglo pasado, cuando se originó esa época horrenda, que en menos de 10 años cobró la vida a 300.000 campesinos. Independientemente de las causas que se le atribuyen a esta época llamada “la violencia”,el resultado final de ella fue el despojo de tierras de cerca de 400.000 familias campesinas y la ampliación o conformación de nuevos latifundios con base en ese despojo.

Esta violencia fue la respuesta de las oligarquías terratenientes a un anterior proceso de avance campesino en los años 30 y 40, donde muchas familias campesinas lograron hacerse a una considerable cantidad de tierrashacendatarias, en poder de una élite terrateniente. Ello había sido posible gracias a las reformas legales en favor de parceleros y arrendatarios introducidas por Alfonso López Pumarejo, primer presidente liberal después de varias décadas de hegemonía conservadora, partido muy ligado a los intereses de la iglesia y de los terratenientes.

A principios de los años setenta comienzan las movilizaciones campesinas, originando la más importante lucha por la tierra que se ha dado en Colombia. En esa ocasión se movilizan de nuevo los indígenas en defensa de los resguardos. Decimos “de nuevo”, porque en los años 20 y 30 ya habían dado grandes batallas para evitar que los terratenientes se apoderaran de las tierras de resguardo en el Departamento del Cauca, como había sucedido en el Departamento de Nariño, para ese entonces la región más indígena de Colombia. Esas luchas habían sido dirigidas con éxito por el terrajeropáez Manuel Quintín Lame.

La presencia de organizaciones de izquierda fue un factor decisivo en la evolución y ascenso del movimiento campesino, pues jugaron un papel positivo al sacar a los usuarios campesinos de la orientación reformista del gobierno de Lleras Restrepo y posibilitar así la dinamización de sus luchas y la formación política de sus dirigentes.

Pero después estas mismas organizaciones ayudaron a desmantelar lo que habían ayudado a construir. Al pretender que unas comunidades campesinas de incipiente organización y conciencia se convirtieran en un medio de su asalto al poder, lo que lograron fue desmontar la base reivindicativa de un movimiento social con grandes perspectivas. Hoy no se menciona esa historia para no incomodar o recibir los estigmas de aquellos amigos de entonces, que como dice Fernando Mires,malos de la cabeza interiorizaron “la tesis que popularizó Galeano, la de que siempre somos víctimas y nunca hechores”.

Una primera pregunta que nos hacemos, mirando el pasado reciente, es de si la violencia paramilitar que vino después y que se intensificó en la década de los 90, no es otra cosa que una nueva anexión violenta de tierras por parte de antiguos y nuevos terratenientes. Sea cierto o no este interrogante, el resultado es que con dineros provenientes del narcotráfico y utilizando la violencia, se llevó a cabo en menos de una década, una “contrarreforma agraria”que desalojó de sus tierras a más de tres millones de campesinos. Un estudio de la Contraloría General de la República revela que durante esos 10 años los narcotraficantes se apoderaron del 48% de las tierras más fértiles del país. Esto hace suponer que el desplazamiento forzoso de campesinos, indígenas y negros no es sólo un efecto colateral del conflicto armado, sino que obedece en parte a una estrategia macabra, asociada a los intereses de esos antiguos y nuevos latifundistas de volverle a quitar la tierra a los campesinos.

La segunda pregunta que nos hacemos es de si el paro agrario actual no llevará temprano o tarde a plantear la recuperación de la tierra por parte de los que la perdieron ayer, de los sin tierra, de los campesinos desposeídos por la violencia de losacaparadores de tierras. Eso llevaría a plantear un cambio de nombre a esta movilización, significando que no es sólo un paro agrario, sino un “paro campesino por la tierra” o para anudarlo con las luchas de ayer un “movimiento campesino por la tierra”.

Pero parece que la izquierda y los movimientos ambientalistas están más interesados en irse lanza en ristre contra el TLC, transgénicos, etc., que siendo demandas importantes, lejos están de ser suficientes para solucionar la crisis del campo colombiano. Puede que eso dé réditos políticos de cara a las elecciones, o recursos del ambientalismo internacional.Hay mucha astucia charlatana rondando esas toldas.Pero no se está abordando el problema fundamental del país, que es la extrema desigualdad en la tenencia de la tierra. Con el agravante de que la tierra en Colombia se ha convertido en la principal estrategia de acumulación y lavado de activos provenientes del tráfico de drogas y revivido en vastas regiones del país un sistema social “señorial-latifundista”, que se engalanacon caballos de paso fino colombiano, poncho, carriel, sombrero aguadeño o “vueltiao” y otras parafernalias, que acostumbran a lucir los notables y poderosos señores de esas regiones. Este sistema fundamenta su poder en la tenencia de grandes extensiones de tierra de alta productividad agrícola, donde “pasta apaciblemente” el ganado, mientras miles de familias campesinas se aglomeran a su alrededor a contemplar estos “vacíos rumiantes”.
*Efraín Jaramillo Jaramillo es antropólogo colombiano, director del Colectivo de Trabajo Jenzerá, un grupo interdisciplinario e interétnico que se creó a finales del siglo pasado para luchar por los derechos de los embera katío, vulnerados por la empresa Urra S.A. El nombre Jenzerá, que en lengua embera significa hormiga fue dado a este colectivo por el desaparecido Kimy Pernía.
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Fuente: Servindi

martes, 6 de agosto de 2013

Los Sin Tierra, entre la embestida estatal y la resistencia.


Centenares de familias asentadas en los campamentos construyen comunidades autosuficientes, a la espera del largo proceso de reconocimiento de la tierra por parte de las instituciones brasileñas.

Por Diana Itzu Gutiérrez Luna

Maranhão, Brasil. “Esta tierra ha sufrido de más”, sostiene doña Teresinha con mirada desafiante, para referirse a la tierra que antes ocuparon cuatro haciendas. Esta mujer de 83 años se sumó, desde el 15 de noviembre del 2006, a la ocupación de dos de estos grandes latifundios, hoy divididos en dos poblados: CipóCortado, donde resisten 144 familias, y Cipociña, con 34. Estos asentamientos están organizados por el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), quienes mantienen a mil 100 familias ocupando tierra en la región Tocantina, en el estado del Maranhão, ubicado en el noroeste de Brasil.

Teresinha rememora las más de 8 mil 500 hectáreas que estuvieron en posesión de dos hacendados; muerte y desprecio fueron sus primeros mandatos hacia quienes buscaron un pedazo de tierra para subsistir. Pasaron décadas, y la especulación reconfiguró la geografía de la región y borró gente, floresta y fauna.

Los hacendados entraron pausadamente a la dinámica de capital, esclavizando fuerza de trabajo y enclavando ganadería extensiva. Aún hoy es evidente que la esclavitud en Brasil no se abolió en 1888 porque no se acabó con el latifundio.

Finqueros y grandes empresarios, con el cobijo de los tres niveles de gobierno, disputan el territorio y exprimen trabajo de niños, mujeres y hombres sin tierra. De forma escandalosa se impulsan el agronegocio y la extracción de “recursos naturales”: eucalipto, soja, caña de azúcar, caucho, celulosa, maderas preciosas, minerales, entre otros. Paralelamente se cimentan grandes obras viales e hidroeléctricas en el Maranhão, como parte del megaproyecto denominado Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Frente a ellos, se yergue el asalto de ocupación de tierra, resistencia organizada y Reforma Agraria de los sin tierra.

La Cuarta Guerra Mundial

En el estado del Maranhão, la embestida de las trasnacionales (Petrobras, Vale S.A., Odebrech, Gerdau y Braskem) fortalece la extracción, explotación y exportación (en la forma de commodities), como tentáculo de la mundialización del capitalismo neoliberal.

El contexto es similar en toda América Latina, y el mundo, sólo que quienes más lo viven son los pueblos indios, campesinos y negros. Hablamos de “la Cuarta Guerra Mundial”, anunciada y recurrentemente reflexionada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, desde hace 16 años: la reconfiguración territorial comandada por la “Sociedad del Poder” que instaura la dinámica de transacciones transfonterizas desde organismos supranacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio), empresas trasnacionales (Petrobras, Vale) y multinacionales (Monsanto, Cargill). El nuevo papel de los Estados-nación y de su “clase política” es garantizar los “derechos” del capital mundial sobre la propiedad mediante actos legislativos y judiciales (destacan la cancelación e inoperancia de una reforma agraria verdadera). Todo, sostenido por la fuerza de un poder policial y militar.

En Brasil, el nuevo papel del Estado se hizo más cínico con el gobierno de Luiz Ignacio de “Lula” da Silva, que facilitó la incursión y despliegue de dichos agentes estratégicos, y limitó y restringió las funciones de instancias intermedias -como el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INCRA) y Fundación Nacional de Asuntos Indígenas (FUNAI)- que contribuyen a la gestión y administración territorial.

Lula y Dilma Rousselff, los más neoliberales de todos

El MST ha vivido 16 intentos de desalojos en la región tocantina. La política de reforma agraria está congelada, y a cambio incursionaron políticas públicas focalizadas como “Bolsa Familia”, dirigida a personas calificadas como pobres y extremamente pobres, entre las que se encuentran los sin tierra, pueblos indígenas y quilombolas. Un ocupante de tierra, parte del Frente de Masas del MST, menciona enojado: “De un supuesto gobierno de los trabajadores, pasó a ser un gobierno contra los trabajadores. Está claro que reforma agraria no, y sí bolsa familia. Tenemos claro que pretenden que la gente se conforme con ésta para que se acomoden y no luchen organizada ni comunitariamente por tierra digna”.

El triunfo del Partido de los Trabajadores (PT) en el 2002 fue resultado del compromiso de miles de trabajadores, expresado en la consecuencia organizativa de casi tres décadas. El carisma de Lula sumó para tomar el escenario del poder del Estado. Sin embargo, lo hizo con el pie derecho y sostenido de la mano de la burguesía empresaria desde un inicio. Así, de ser un partido de los trabajadores, hoy va contra los trabajadores. Otro hombre sin tierra irrumpe y para especificar: “Lula y Dilma resultaron los más neoliberales de todos”.

El estado del Maranhão tiene el mayor porcentaje de tierras federales, lo que permite que siga el acaparamiento de tierra y su especulación. La estructura agraria es sostenida por la alianza capital y latifundio, expresada en el elevado precio de la tierra. Según información local, por ejemplo, 12 hectáreas tienen un valor especulativo de 185 mil reales, equivalente a 88 mil dólares. Esto habla de la tremenda especulación sobre un tercio de lo que es una unidad económica campesina reconocida para el INCRA (35 hectáreas).

CipóCortado y Cipociña

Hace siete años, las sin tierra de CipóCortado y Cipociña comenzaron la lucha: ocupar, resistir y producir, fue la consigna, previa y posterior a ejercer su derecho por una vida digna como clase trabajadora. No tenían nada que perder y sí mucho que ganar. La mayoría de ellos son hijos de campesinos, desheredados o despojados, que previo a su decisión de luchar por tierra, se vieron empujados por el hambre a buscar sobrevivir, usando su fuerza de trabajo como garimpeiros, buscadores de oro, en la trágicamente conocida Sierra Pelada, en el vecino estado amazónico de Pará. Recuerdan haber sido ser testigos y objeto de explotación, maltrato y muertes en una cosecha que para muy pocos ofreció resplandor.

La lucha del MST en esta región es de larga data. La primera ocupación de tierras fue hace 26 años, desde la articulación organizativa con otros movimientos y sindicatos. Hoy, aquel primer asentamiento lleva el nombre de Conceiçao, en homenaje a Manuel da Conceiçao Santos, luchador social que desde los años sesenta decidió, junto con su compañera Denise, asumir el compromiso y la convicción de luchar junto a los desposeídos de tierra y vida digna. Cipó Cortado y Cipociña se suman a los poblados acampados que componen los asentamientos del MST en la región de Tocantina.

Con trabajo y organización colectiva se hizo comunidad

Sembrar conciencia para hacer trabajo colectivo no fue fácil, como tampoco lo fue sembrar arroz, frijol, maíz y mandioca. Finalizar con la costumbre impuesta por los latifundistas de “comer tierra mientras ponen el lomo” fue un acto de dignidad. El 15 de noviembre cumplirán siete años acampados. Corren seis años de mucha angustia; niños, niñas, mujeres, todos, sufrieron las circunstancias de estar en sus barracas en tierras anegadizas al lado del río Indaré, hasta que decidieron ocupar tierra firme y fértil sin pedir permiso y construir dos poblados, Cipó Cortado y Cipociña. Comenzaron a juntar palma, troncos y tierra para construir sus moradas. Demarcaron la tierra con trabajo y organización colectiva para hacer comunidad.

Hoy, a tan solo un año de ocupado el nuevo espacio, la economía familiar es autosustentable, lograron tener suficiente ganado lechero para el consumo interno y una producción de hortalizas que comercializan en el mercado municipal de la región. Esto les permite resistir con más respiro mientras esperan, conscientes de que puede ser larga la lucha, el reconocimiento legal como asentados por parte del INCRA. Son conscientes también que ronda la violencia, pues apenas a mediados de julio, en Cipociña arremetió un grupo de pistoleros y dejó herido de bala a un militante del MST.

Estamos todos y todas juntas, compañeras zapatistas

Los días 13 y 14 de julio se llevó a cabo el Tribunal Popular, constituido por estudiantes y profesores organizados políticamente desde la Asociación de Geógrafos de Brasil, una decena de estudiantes de derecho, las más de 180 familias del MST, además de militantes e investigadores nacionales y latinoamericanos. Ahí se analizó, reflexionó y compartió la situación de desprecio histórico hacia pueblos campesinos, indígenas y población negra, así como la necesidad de articulación ante la acometida del agronegocio y la respuesta del gobierno federal.

En el Tribunal se reconoció que “bolsa lula” se distribuyó a entre dos y tres millones de personas tan sólo en el estado deMaranhão, pero en el país se convirtió en un instrumento que tiene por objetivoc ontrolar la rebeldía de los pueblos, soslayando el verdadero problema estructural del Brasil: el latifundio, así como su vía de solución: la Reforma Agraria.

La consigna fue clara: “Reforma Agraria: ocupar, resistir y producir. ¡Reforma Agraria! una lucha de todos, por justicia social y soberanía popular”, se señaló en el encuentro. Los asistentes prometieron acabar con los latifundistas ocupando tierra y derrumbando cercas, para construir un nuevo mundo. “Vamos a acabar con el analfabetismo, y transformar los campamentos y asentamientos en territorio libre con educación del campo. Acabaremos con la fragmentación de los movimiento sociales”, agregaron. Otra de las promesas fue terminar de una vez con el trabajo esclavo, que “es nuestra mayor vergüenza como país”.

El propósito último es mantener el compromiso con la lucha de los pueblos originarios, campesinos y quilombolas que preservan la tierra y territorio contra la embestida del capital. En el contexto de las actividades desarrolladas en el Tribunal, con el propósito de extender la mirada para fortalecer la resistencia en la lucha por la libertad de los pueblos en América Latina, estuvo presente la referencia al movimiento zapatista de México, su lucha desde las bases de apoyo, desde la autogestión y el autogobierno como derecho ante el desprecio de los malos gobiernos.

Se resaltaron las similitudes en las estrategias del capital, en sus variadas formas de restructuración territorial (agronegocio, desarrollo de infraestructura, megaminería, extracción de bienes naturales), pero también se reconoció el camino común en la lucha por una vida digna de parte de los compañeros zapatistas del sureste mexicano y las compañeras del MST en esta sufrida tierra maranhense. El encuentro fue fundamental, además de para condenar las responsabilidades del Estado Brasileño, para entender que la Madre y Patria Grande que nos une atraviesa una “nueva” embestida del capital mundial, para lo cual es necesario encontrarse como pueblos en lucha, con y desde la lucha de los trabajadores del campo, el mar y la ciudad.

Publicado el 5 de agosto de 2013

Fuente: Biodiversidad