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miércoles, 9 de octubre de 2013

Para dar un golpe ya no se necesitan ejércitos.



Tiempo 06.10.2013


El sociólogo y analista político explica los métodos que impuso la globalización para provocar quiebres institucionales. El concepto de complicidad civil y las nuevas formas de la represión. De la Escuela de las Américas a las actuales calificadoras de riesgo. 

Los enemigos están entre nosotros, señaló Fidel Castro durante su viaje a Chile en 1971. A unos metros de él lo escuchaba el edecán militar designado a su visita, un tal Augusto Pinochet. El recuerdo es traído al presente por Marcos Roitman Rosenmann en su libro de reciente publicación Tiempos de oscuridad. Historia de los golpes de Estado en América Latina. Es que esa advertencia no ha perdido actualidad para el doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, quien sin embargo destaca que la metodología empleada para producir quiebres institucionales ha cambiado. Ya no son las fuerzas armadas las protagonistas, sino los organismos internacionales, los bancos o las "troikas", que no necesitan empuñar un arma o disparar un tiro. 

"Detrás de la llamada ideología de la globalización, existe otra manera de dar los golpes de Estado. No necesitamos ejércitos. Tras la Segunda Guerra Mundial, los dictadores fueron eliminados bajo el criterio de nuevas formas de ejercicio del poder político. Estados Unidos necesitó, incluso en Latinoamérica post revolución cubana, la Alianza para el Progreso y construir regímenes formalmente democráticos para enfrentar las reformas agrarias, los cambios políticos nacionales, antioligárquicos, antiimperialistas, socialistas y anticapitalistas", explica el autor chileno cuya biografía está marcada por los regímenes autoritarios.

Roitman Rosenmann nació en Santiago de Chile en 1955. Comenzó a militar a los trece años y seis más tarde, en 1974, voló a Madrid escapándose del pinochetismo y completando el viaje que su padrastro había iniciado un tiempo atrás, cuando aquel republicano español decidió exiliarse en el angosto país sudamericano lejos del alcance del dictador ibérico Francisco Franco. El Generalísimo seguía en el poder cuando él llegó a España con 19 años y algunas materias de la carrera de Ingeniería aprobadas. Ya no volvería a radicarse a su país natal, pero seguiría con atención todo lo sucedido allí en los 17 años de dictadura y en el resto de la región latinoamericana, haciendo de esa historia su objeto de estudio. 


–En su libro repasa los golpes de Estado en la región y concluye que marchan juntos con el anticomunismo en la historia. ¿Cómo se evidencia esta característica?


–El anticomunismo está presente en los golpes antes de la Revolución Rusa. Es decir, antes de la constitución de la Unión Soviética. La mayoría de las socialdemocracias europeas tienen en común su flagrante anticomunismo. Pero ese anticomunismo era gelatinoso, difuso. No se concentraba en aspectos esenciales de una ideología consistente, sino que era más bien utilizado de una manera maniquea y arbitraria, pero creo que más bien inconsistente. Era, en cierta medida, una herramienta de trabajo. Se atacaba al partido comunista pero no solo a él, también al movimiento obrero, el sindicalismo clasista. Por eso, en realidad, yo planteo que el ataque está dirigido al socialismo-marxista, que me parece más riguroso que el marxismo-leninismo. A partir de la Segunda Guerra Mundial cambia absolutamente el concepto. Aparece un anticomunismo consistente. Porque aparece reflejado como enemigo interno en la necesidad de la agresión. Ese elemento gelatinoso se vuelve ya antisubversión. Se vuelve guerra contrainsurgente. Leyes de "defensa de la democracia" articuladas con la declaración de ilegalidad del Partido Comunista. Es decir que el anticomunismo aparece expresado de varias maneras y el comunismo aparece como un obstáculo a la construcción de un mundo libre.


–Y a la vez postula que las Fuerzas Armadas no accionan en soledad sino que forman parte de una alianza de clases que llevan adelante los golpes de Estado…


–Un golpe de Estado es una técnica de toma del poder. Es el ejercicio de un sector político que es desbancado y que quiere retomar la dinámica del poder. Suele estar a cargo de las instituciones del Estado. Entonces, ¿qué institución hegemónica en el siglo veinte con capacidad de lograr obediencia, controlar el territorio y tener las armas puede hacerse como instrumento del golpe de Estado? Las Fuerzas Armadas, que de la misma manera estuvieron vinculadas a partir de la Segunda Guerra Mundial a la construcción ideológica de los EE UU. Porque allí se formaron, de allí recibieron los fondos y la tecnología. Es la famosa Escuela de las Américas. Pero para eso tiene que haber una dinámica, que podríamos llamar la cocina política, donde el poder civil –que incluye a los partidos políticos de la derecha, los terratenientes, los industriales, el capital financiero, las grandes empresas multinacionales de la época– tuviera miedo de aquellas reformas que les quitaban el poder. Por todo esto puede verse que las Fuerzas Armadas no actuaron de la misma manera que los ejércitos en la época oligárquica. Los nuevos golpes militares tenían otra doctrina. El concepto geopolítico del Estado como cuerpo vivo atacado por aquellos elementos que quieren disolver la familia, la identidad nacional, introducir valores exógenos, contrarios a la patria, a la nación. Era un discurso genérico que se articuló justamente al anticomunismo. Ahí apareció la guerra psicológica, económica, política, la informática. Aquellos elementos que fueron construyendo los ejes para que el ejército actuara. Porque el ejército fue preparado para actuar cuando le dieran la orden.


–En los últimos años este planteo ha cobrado más fuerza en las sociedades latinoamericanas que cuestionan, y hasta promueven juicios, contra los "cómplices civiles" de las dictaduras.


–Cómplice no es el que actúa sino el que otorga. Por eso, yo no diría cómplices, sino partícipes de los golpes. Hay una frase de Jorge Rafael Videla, una vez preso, en la que dice que había empresarios que le decían que se había quedado corto con los que había matado… Entonces, esos son los responsables desde el punto de vista ideológico-político, en el ámbito de los partidos, empresarios y clase dominante que articularon, solventaron y armaron el golpe. Ahí no hay complicidad, son socios necesarios. 


–En los golpes de Estado que usted releva muestra a Estados Unidos como principal "organizador" de estas intervenciones. En las nuevas modalidades de golpe que usted llama "de guante blanco", ¿cree que mantiene ese rol?


–Simplemente hay que ver cuáles son las agencias de calificación de riesgo: estadounidenses. Lo que cambia es la forma, pero en el fondo EE UU sigue manteniendo la hegemonía. Cambia el mecanismo de ejercicio de esa hegemonía, por eso las Fuerzas Armadas pueden irse a los cuarteles. Porque otros realizan los golpes de Estado. En Chile se intentó un golpe de Estado de guante blanco contra Salvador Allende, juntando los dos tercios del Parlamento para destituirlo. Ese mecanismo tardó más de treinta años en producirse y ocurrió en Honduras en 2009. También con Fernando Lugo en Paraguay, en 2012. Pero ese siempre fue el objetivo, lo que pasa es que hubo un punto de inflexión que fue la Guerra Fría. Cuando acaba, Estados Unidos necesita otra forma de ejercicio de dominación porque el enemigo que los ataca, el comunismo, supuestamente ha sido derrotado. Curiosamente, entonces viene la primera invasión a Irak, en 1990. Y eso significa una concepción de los inicios del unilateralismo en el ámbito de que EE UU va a plantear, desde mi punto de vista, una tercera guerra mundial. Porque las guerras mundiales reconstruyen los órdenes. Tras la Segunda Guerra surgieron las Naciones Unidas, tras la primera guerra de Irak y luego con el atentado a las torres gemelas se produce otro cambio absoluto, que no quiere decir que EE UU haya perdido. Al contrario, EE UU tiene la hegemonía cultural y económica. Porque para el capitalismo no hay crisis. La crisis es para nosotros. Porque nosotros estamos viviendo en condiciones de esclavitud, nuestros jóvenes tienen el 70% de desempleo. Al capitalismo no le preocupa eso. No tiene límites para la explotación salvaje del mundo. Y EE UU opera en esa dinámica.


–Sin embargo, han surgido en América Latina gobiernos que han salido a denunciar el dominio estadounidense y a tratar de marcar límites...


–Por eso los golpes de Estado no han desaparecido. En Venezuela, Ecuador y Bolivia, por ejemplo, ha habido intentonas de golpes de Estado. No hace falta que el ejército actúe de manera irracional. Ahora hay una represión selectiva. No es un tanque en la calle, ni la toma de un palacio o el bombardeo de La Moneda. El capitalismo va por otra dinámica: la lógica de los grandes multinacionales de la soja, el uso del Amazonas, las dinámicas de Pascua Lama con las nuevas materias primas. Todas cosas en las que no les importa nada el poder formal, porque se ha perdido la centralidad de la política. El presidente de un Parlamento no decide nada.


–Entonces, ¿quienes estén en la presidencia de los países no tienen herramientas para contrarrestar estos avances?


–Claro. Tiene que ver con el concepto de hemisferio y de autonomía militar. Las fuerzas armadas perdieron el concepto de autonomía. Hoy no necesitamos estado militar, sino un estado de seguridad establecido en términos de la lucha antiterrorista, del control social, y para eso basta con las videocámaras en los centros comerciales, los subtes, el teatro, el cine, el Facebook, las redes. Evidentemente, es otra manera más perfecta de controlarnos que asustarnos directamente con los militares en las calles.


–¿Y cómo se puede prevenir o cómo se puede formar una respuesta eficaz a estos golpes de guante blanco?


–Esa es la pregunta del millón. No creo que se pueda prever. Nadie previó tampoco el triunfo de la Revolución Cubana más allá de la contingencia, tampoco el golpe del 11 de septiembre del '73, ni el del '76 o el '66 en Argentina. Lo que hay que hacer es estar preparado y alerta en la construcción de una sociedad civil y democrática. Una sociedad que construye democracia, participación, ciudadanía, que expresa mecanismos de control institucional a través del hecho republicano no va a estar sometida a golpes de Estado desde esa tensión. Es más, si está sometida los va a poder revertir. Como pasó en Venezuela en 2002. Si la sociedad venezolana no hubiese sido democrática, ese golpe hubiese triunfado. Porque la gente salió a la calle a defender su gobierno, los elementos democráticos. Y eso generó miedo en quienes secuestraron a Chávez. Si Argentina tiene una organización institucional democrática en el ámbito del diálogo y las organizaciones populares, las posibilidades de un golpe de Estado son mínimas.


–¿Y cuáles son los indicios de que se está en el mal camino?


–Cuando se subvierte el orden ciudadano democrático, como pasó en Chile en el '73, las posibilidades de éxito del golpe son muchas. Ahí está la lógica de la trama civil. Lo que pasó en Chile fue que se deslegitimó el orden político para justificar la acción de las Fuerzas Armadas. Se generó un Estado negro, la desestabilización, los atentados terroristas, se actuó contra el comandante del Ejército Carlos Prats para que renunciara. Porque en las Fuerzas Armadas hubo mayor tortura y represión en términos cualitativos después del 11 de septiembre. Son las cosas que no se saben. Tenientes, coroneles, capitanes, que se opusieron al golpe. Pinochet tuvo que cambiar las ordenanzas militares, si no el golpe no se producía. Hoy los militares se pueden ir a los cuarteles porque el orden no depende de ellos. Su papel es otro. El control territorial, la lucha contra el narcotráfico, etc. Porque quienes defienden la lógica de funcionamiento de los Estados hoy son las trasnacionales. «




"Chile vende una imagen"


La salida del libro de Marcos RoitmanRosenmann coincidió con el aniversario por los 40 años del golpe en Chile. La fecha redonda, como suele suceder en todos los países, puso al aniversario en la cima de la agenda política y motivó tanto nuevos actos de homenaje a las víctimas como declaraciones de las actuales figuras políticas. Sin embargo, la situación no despertó mucha expectativa en el sociólogo chileno.

“El problema es que es un lavado de cara del estilo de lo que aquí se conoce como la teoría de los dos demonios. Porque plantean que los asesinados por la dictadura también querían matar. Entonces hay un reconocimiento espurio y bastardo, porque no se termina reconociendo realmente el asesinato, muerte y tortura y el haber sido copartícipe de la ruptura del orden constitucional. Se dice sólo que se cometieron excesos y el lenguaje es muy importante en esto”, señala. “Yo creo que no hay realmente una voluntad política de hacer justicia y reparación. Sino un intento de cerrar páginas. Si bien el pecado original fue la sangre, de alguna manera esto se ha redimido con el éxito económico. Entonces para que abrir una herida cuando todos estamos de acuerdo que gracias a la dictadura Chile está en el primer mundo”.

–Usted ha planteado que eso forma parte de un mito que ha sido muy dañino para Chile.

–Claro, si Chile es el segundo o tercer país en desigualdad de América Latina. Se habla del cobre chileno cuando más de la mitad de las nuevas minas están en manos de trasnacionales. Chile vende una imagen, la marca Chile que consiste en decir que tiene más de 70 tratados de libre comercio, que está en la OCDE y por tanto es un país desarrollado, que hizo una transición modélica, que salió adelante. La gente ha comprado eso. 


–Por eso plantea que los objetivos del golpe en Chile se cumplieron.


––Claro, porque ellos refundaron el orden y construyeron un nuevo tipo de chileno. Hicieron el paso del ciudadano al consumidor. Eso significa el abandono de la democracia política en función de lo que es la economía de mercado. Eso implica un proceso que Pinochet llamó: “Yo no tengo plazos, tengo metas”. Los que se opusieron al proyecto en principio luego lo asumieron como programa propio, como pasó con la Concertación. Es lo que le permitióa la dictadura consolidar el proyecto político. Por eso hay continuidad.

-.-


Información relacionada:


Fuente: Chacatorex

viernes, 15 de junio de 2012

Chile: Carta al presidente Sebastián Piñera.


por Adolfo Pérez Esquivel
Presidente del Servicio Paz y Justicia
Premio Nobel de la Paz

“Con dolor y sorpresa vemos que tu gobierno consiente un acto de homenaje a Augusto Pinochet”


Carta abierta al Presidente de Chile
Sr. Sebastián Piñera

Recibe el fraterno saludo de Paz y Bien

Estos días he participado en la Asamblea Continental del SERPAJ, realizada en Santiago de Chile con representantes de 14 países, acompañando el caminar y compromiso del querido pueblo chileno y de nuestros compañeros y compañeras del Serpaj-Chile, solidarios trabajadores por los derechos y la vida de los pueblos latinoamericanos.

Recordaba cuando nos conocimos en Quito, Ecuador, apoyando al Presidente Rafael Correa solidariamente para fortalecer su gobierno y evitar un golpe de Estado, mientras llegaba el Presidente de Bolivia Evo Morales, y el oportuno y decidido apoyo de la UNASUR, gobiernos y pueblos en todo el continente.

Recuerdo con agrado ese gesto solidario con el fortalecimiento de la democracia en el Ecuador y el continente, del cual fuiste parte, apoyando a tu colega ecuatoriano.

Sin embargo, lamentablemente, la política que vienes desarrollando en tu país es contradictoria con ese gesto. Con dolor y sorpresa vemos que tu gobierno consiente un acto en homenaje a Augusto Pinochet y al golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, ese hecho que inauguró momentos de oscurantismo y dolor con un alto costo en vidas humanas. Un acto de traición y violencia para derrocar un gobierno democrático elegido por y para el pueblo chileno, e implantar un Estado de terror.

Es necesario tener memoria para no perder los valores éticos: Cuando tu gobierno permite homenajes a quienes torturaron, mataron, encarcelaron, impusieron la desaparición de personas y provocaron el exilio de miles de hombres y mujeres, imponiendo políticas del terrorismo de Estado en Chile y en el Cono Sur, como fue el Operativo Cóndor; estás desconociendo la dignidad de tu pueblo y la de todos los pueblos latinoamericanos.

Basta recordar los asesinatos ordenados por el dictador Augusto Pinochet, contra Letelier en los Estados Unidos, el asesinato del general Prat en Buenos Aires y el intento de asesinato a Bernardo Leighton en Roma, quien logró sobrevivir. Así como la complicidad con los Estados Unidos, y el en ese entonces el Secretario de Estado, Henry Kissinger.

¿Cómo puede tu gobierno tener tantas contradicciones? ¿Porqué mientras un funcionario de tu gobierno dice que una democracia no puede impedir el homenaje a Augusto Pinochet, tu administración no vacila en reprimir a los hermanos Mapuches por reclamar sus territorios y les aplican la ley antiterrorista y los encarcelan?

¿De que democracia habla el gobierno chileno, cuando no tiene la capacidad de escuchar a los estudiantes y su única respuesta es la represión violenta a sus reivindicaciones?

Estimado Sebastián, sabemos que no faltan presiones sobre el gobierno de sectores autoritarios que revindican lo actuado por la dictadura.

Sólo puedo decirte que debes confiar en tu pueblo, que la dignidad no se compra, ni se vende. Si no lo entiendes así, es porque te han derrotado y te han asimilado.

Tienes que optar en tus funciones como servidor del pueblo y no de sectores nefastos que buscan justificar sus atrocidades. Con los mismos criterios que plantea tu gobierno otros pueden reivindicar a Hitler, Mussolini, Videla, o Stalin. Es una ofensa a la conciencia de la humanidad.

Las democracias son espacios a construir para la vigencia de los derechos humanos y de los pueblos. Estos son valores indivisibles para todos y todas.

Te saludo deseándote fuerza y esperanza junto a tu pueblo. Paz y Bien

Adolfo Pérez Esquivel
Presidente del Servicio Paz y Justicia
Premio Nobel de la Paz

lunes, 4 de junio de 2012

Dictadura y Desarrollo.



Por Josefina Vázquez Mota

(Publicado en 1998 por el periódico El Economista)

El caso Pinochet que ha ocupado espacios importantes en los medios de comunicación mundiales y las manifestaciones encontradas de quienes la apoyan y de quienes fueron víctimas de la crueldad y sufrimiento tanto fuera como dentro de Chile, invitan a la reflexión.
Entre los argumentos más recurrentes de quienes defienden la dictadura de Pinochet son los avances en materia económica que han posicionado a este país como el de más sano crecimiento en América latina y lo han convertido en un ejemplo a imitar por otros países incluido el nuestro, en algunas de sus políticas públicas.

La pregunta entonces es si para tener bienestar y desarrollo se necesita “mano dura” para corregir los principales problemas de nuestro país. La historia parece darnos una clara respuesta al respecto: dictadura no es sinónimo de bienestar económico, ni tampoco es una condición para el desarrollo sostenido de un país. La historia de la década de los 70 en que las dictaduras cobraron fuerza a lo largo y ancho de América Latina, arrojaron en su mayoría nefastos saldos en materia de avance económico y abultados casos de atropellos y violaciones a los derechos humanos. Si hoy los crímenes de Pinochet alarman y remueven heridas que algunos creían ya cerradas, habría que asomarse a ver los saldos de desaparecidos que dejaron los gobiernos militares en Argentina, y que algunos estiman superan los 20, 000. Los casos se repiten en países como Uruguay y en buena parte de las naciones centroamericanas.

La diferencia de estos regímenes, respecto al de Pinochet, es que éste último aceptó desde un principio que requería de otros para manejar la economía de su país y no se adjudicó el poder de alterar las leyes de la oferta y la demanda, como en su momento sucedió en México cuando el presidente Echeverría decidió manejar la economía desde Los Pinos, así fuesen los precios de las tortillas o los controles para la leche.

La economía chilena fue dejada en manos de un grupo de expertos que tuvieron que enfrentar una fuerte crisis a principios de los 80 y sus políticas públicas estuvieron apegadas en general a los principios de una economía de mercado que hasta hoy han tenido continuidad y se han venido reforzando y consolidando con el paso de los años.

Cierto también que los sistemas democráticos resultan insuficientes para garantizar el bienestar, pero la historia también demuestra y de forma contundente que la gran mayoría de países prósperos han tenido como una fuerte aliada a la democracia, a una sociedad protagonista e instituciones sólidas y apegadas a la ley. La dictadura chilena deja grandes lecciones y la historia se está encargando de dar a cada quien su tributo y responsabilidad. Hay otras dictaduras que son más peligrosas porque operan bajo una piel de cordero, por eso cuando hace unos años Vargas Llosa se refirió al sistema político mexicano como la “dictadura perfecta” no se equivocó en su veredicto.

Los avances democráticos han sido notables en México los últimos años, pero el desarrollo económico sigue siendo un privilegio para muy pocos y problemas como la impunidad y la corrupción en los sistemas de justicia, podrían hacer pensar a algunos que esa “mano fuerte” es la solución, ante la debilidad evidente de instituciones y los altos costos sociales que millones han venido pagando en condiciones de miseria. Las tentaciones de regresar al pasado están presentes, y también la tentación de probar lo que a otros le ha dado resultado, por eso es importante distinguir que en el caso chileno, lo que dio resultado no fue el poder bajo las botas y el fusil, sino la correcta aplicación de principios y políticas económicas, y es ahí donde debemos empeñarnos y seguir impulsando la democracia que tanto ha costado hasta hoy.

Josefina Vázquez Mota (es economista y Consejera de la COPARMEX).


jueves, 5 de enero de 2012

Chile cambia la expresión dictadura por "régimen militar" en los libros de texto.



La decisión del Gobierno de Sebastián Piñera de cambiar en los textos para los escolares de enseñanza básica la denominación del periodo deAugusto Pinochet de “dictadura” a “régimen militar” desató una intensa polémica con la oposición, que denuncia un intento de maquillar la realidad, e incluso dentro de las propias filas de la coalición gobernante de derecha, donde algunos discrepan de la modificación.
El episodio sería casi meramente anecdótico si no fuera porque no es el único que ha ocurrido en los casi dos años que ha gobernado Piñera, que pudo llegar a La Moneda en marzo de 2010, después de 20 años y cuatro administraciones de centroizquierda, justamente por haber sido un opositor de la dictadura.
El cambio de “régimen militar” por “dictadura” fue propuesto por el exministro de Educación Felipe Bulnes y aprobado el 9 de diciembre por el Consejo Nacional de Educación, en el que participan distintos sectores. El nuevo concepto, más general pero a la vez menos preciso y descriptivo de lo que significó para los chilenos el Gobierno de Pinochet (1973-1990), se aplicará en los textos escolares de Lenguaje, Historia, Geografía y Ciencias Sociales de los escolares de primero a sexto grado.
El concepto de régimen militar admite que "puede haber diferentes puntos de vista y experiencias” sobre ese periodo, dice Loreto Fontaine,  del
Ministerio de Educación
El nuevo ministro de Educación, Harald Beyer, un académico conservador y riguroso que llegó al cargo en vísperas de fin de año en reemplazo de Bulnes, debió estrenarse con la defensa del cambio de concepto, ácidamente criticado a través de las redes sociales. “Yo reconozco que fue un gobierno dictatorial, así que no tengo problemas”, afirmó Beyer, pero se usa el término más general, “que es régimen militar”. La coordinadora de currículum del Ministerio de Educación, Loreto Fontaine, explicó en declaraciones al portal electrónico El Mostrador que el concepto de régimen militar admite que “puede haber diferentes puntos de vista y experiencias” al describir el periodo.
La administración de Piñeraha estado plagada de pequeños incidentes de este tipo, en que el espíritu más ultramontano de la derecha se ha desbordado sobre las costumbres del vaso republicano. Al propio Piñera estas manifestaciones o deslices, según se quiera ver, no le han agradado. En noviembre, una funcionaria de La Moneda envió en nombre del presidente sus “felicitaciones y los mejores deseos de éxito” al acto en homenaje al extorturador Miguel Krasnoff, condenado a 144 años de cárcel en 23 condenas por violaciones a los derechos humanos, y Piñera la destituyó en su cargo. Una funcionaria media de promoción del turismo decretó la prohibición de usar pantalones y la medida debió ser retirada. La campaña para prevenir el sida no se refiere a la principal medida de contención, el condón. La directora de un organismo que concede becas a escolares instaló una efigie de una virgen en el acceso a las oficinas, aunque el Estado chileno no se define como confesional.
“Eso es dictadura, le pongan
el nombre que le pongan”, 
dice Osvaldo Andrade, 
presidente del 
Partido Socialista
En la oposición, el presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade replicó el concepto de régimen militar con un ejemplo de zoología: “Tiene orejas de gato, cuerpo de gato, maúlla como gato y algunos quieren que se llame perro. Eso es dictadura, le pongan el nombre que le pongan”.
Para la directora del Instituto de Derechos Humanos, Lorena Fríes, hay sectores en el gobierno a los que les incomoda el concepto de dictadura, “pero es la verdad y se usa en todas partes del mundo donde hubo gobiernos totalitarios que violaron de manera grave y sistemática los derechos humanos”. La presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro, consideró la modificación como una ofensa y falta de respeto grave que “altera la verdad de la historia”. La polémica incluso llegó a la derecha, donde los sectores más liberales —y cercanos al propio Piñera— reconocen que Pinochet fue dictador.
Para los diputados más cercanos a Pinochet, el cambio es positivo porque a su juicio en los últimos años se ha contado la historia desde una sola óptica, informa Efe. “Que se hable de dictadura es una forma de estigmatizar a un gobierno que entregó democráticamente el poder”, declaró el congresista Iván Moreira, de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente.
Si bien las editoriales de los textos escolares tienen libertad para su elaboración, si respetan los contenidos curriculares, es difícil que desoigan la decisión del Ministerio. El Consejo de Educación podría revertir o revisar la medida después de la polémica que esta ha desencadenado. Uno de sus miembros, Alejandro Goic, reconoció que la modificación del concepto les pasó inadvertida y que el Ministerio de Educación no les informó previamente. Goic espera que la decisión pueda revertirse porque “a las dictaduras hay que llamarlas dictaduras y a las democracias, democracias”, según declaró a Radio Cooperativa.