lunes, 15 de agosto de 2016

Veinte años de lucha contra el libre comercio en América Latina.


 

Algunas reflexiones para las nuevas campañas

"Si algo nos ha permitido la globalización es poder reconocer al capital en toda su crudeza: como una relación social global de explotación y dominación. Queda en las organizaciones sociales, así como en la academia, pensar las alternativas desde este novedoso contexto global, poniendo en el centro del análisis los peligros que el libre comercio puede significar para la vida humana y el medio ambiente, pero sin oponer a éste la idea de que cerrando las fronteras comerciales nos podemos salvar como Estado-nación individual."


Por Luciana Ghiotto


En 1989 se firmó el primer tratado de libre comercio (TLC) del continente americano entre EEUU y Canadá. Desde entonces hemos sido testigos del avance de la agenda de liberalización comercial, en una época marcada por el desplome de la Unión Soviética, la victoria del “pensamiento único” y los múltiples fines: de la historia, de la lucha de clases, de las ideologías, etc. Este contexto de derrota se presentaba como absoluto y definitivo. Sin embargo, de un modo antagonista a estas prácticas y discursos, se hicieron visibles diversas organizaciones sociales de las Américas que instalaron la idea de que el libre comercio era antagonista a la construcción de una sociedad más igualitaria, y que por ello debía ser discutido y enfrentado. Estas organizaciones también reinstalaron el debate acerca de las alternativas políticas: la construcción de prácticas de unser-otro, tal como lo hicieron los zapatistas, pero ahora en el contexto de la “cuarta guerra mundial”.


Hay un acuerdo general de que esta nueva historia la comenzaron los zapatistas. Pero también es cierto que a partir de allí, ya a fines de los años noventa, fue la generalidad de la organización social (campesinos, indígenas, sindicatos, organizaciones ambientalistas, feministas, movimientos territoriales urbanos, piqueteros, entre tantos otros), la que identificó a los TLC como uno de los ejes de la reorganización capitalista contemporánea. Cada organización desde su agenda, orientada por el anti-neoliberalismo, o el bolivarianismo, o el neo-desarrollismo, o el autonomismo, logró introducir el proyecto ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) entre las prioridades de su activismo político. En este sentido, en 1997 nació la Alianza Social Continental (ASC) como un espacio de articulación frente a la desorganización y desesperanza que significaba la derrota de los años noventa. La ASC dio sus frutos: entre 1998 y 2005, se convirtió en un espacio de referencia continental y global de lucha contra el libre comercio. En ese marco, los Encuentro Hemisféricos contra el ALCA que se realizaban anualmente en La Habana se convirtieron en un epicentro de constitución de estrategia política continental. Pero lo que articulaba era el rechazo: el No al ALCA se puso por encima de las especificidades temáticas y cosmovisiones políticas de las organizaciones. Luego del 2005, lo que el espanto al ALCA había unido, fue desunido por los posicionamientos frente a los gobiernos progresistas y por la priorización de las agendas sectoriales. Así, lo que primó fue la desarticulación y la ASC fue lentamente perdiendo su peso político y representatividad.


Exploremos qué sucedió. Resultaba bastante simple identificar al ALCA como el “imperialismo yanqui”, como aquello que no se quiere bajo ningún concepto: 34 países negociando bajo la órbita de la Organización de Estados Americanos (OEA), con el objetivo de generar un mercado abierto para los productos norteamericanos. El ALCA implicaba armar un área de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego, lo cual beneficiaba esencialmente a las corporaciones norteamericanas con posibilidad de exportar capital y de relocalizar parte de su producción hacia economías con mano de obra más barata que la de EEUU. Sin embargo, el escenario de las negociaciones del ALCA no es el mismo que hoy existe en el continente. Esto no quiere decir que EEUU haya perdido su gravitación. El proyecto del Acuerdo Transpacífico (TPP) lo demuestra, donde este país compite con China por liderar la región Pacífico. Los movimientos ubicados en los países que firmaron este tratado (Chile, Perú, México, Canadá y EEUU) han identificado al TPP como una suerte de nuevo “gran monstruo”, por la crudeza de algunas de sus cláusulas, especialmente en la exigencia de “coherencia regulatoria”, inversiones y propiedad intelectual. Además, la vocación de sus impulsores podría ser la de intentar expandir el alcance de esas cláusulas a nuevos acuerdos comerciales que se firmen en la región.


El TPP entra por el lado Pacífico, especialmente vía el bloque de la Alianza del Pacífico. Por el lado Atlántico el tema se vuelve más complejo. Allí está Mercosur, que hasta hace poco sostenía una agenda más orientada a la industria local y al fortalecimiento de la “burguesía nacional” con eje en el sector automotriz, y presentándose como una región más anti-norteamericana. No obstante, desde 2012, Brasil, de la mano de sus grupos económicos “nacionales”, empezó a apurar la firma de un tratado con la Unión Europea, y el nuevo gobierno en Argentina le permite ahora avanzar en ese sentido (apoyado también por Uruguay y Paraguay). Las negociaciones entre los bloques del Mercosur y la UE se desarrollaron a la par que el ALCA, pero tuvieron menos marketing que aquel. Con la UE aparece otro actor sobre el escenario. Aquí hay que abrir un paréntesis. Mientras que el bloque de la Alianza del Pacífico es usualmente identificado con los intereses norteamericanos, también se trata de países que firmaron hace varios años Acuerdos de Asociación con la UE.


En un tercer plano, los países bolivarianos del ALBA hasta ahora se resistían a la firma de algún TLC. Sin embargo, la caída del precio de las commodities ha apurado nuevas definiciones más claramente pragmáticas. Hace dos años Ecuador adhirió al Acuerdo de Asociación[1]con la UE que ya habían firmado Colombia y Perú (adhesión aún no ratificada por la Asamblea Nacional). Sin embargo, el discurso del propio Rafael Correa sigue sosteniendo que lo que se firmó con la UE “no es un TLC”.


¿Y China? Claramente, otro actor que aparece sobre el escenario, este más novedoso e interesante porque cruza a varios de los países que clasificamos en grupos en los párrafos anteriores. Desde 2012 China ha desplegado una estrategia de inserción de sus empresas estatales en el continente americano, especialmente vía contratos con los Estados en sectores extractivos y de infraestructura, pero también con Inversión Extranjera Directa en la industria automotriz y de telecomunicaciones, entre otros. También el gobierno chino ha sido el salvataje de última instancia para los países atados al vaivén del precio de las commodities, como Venezuela y Ecuador con el petróleo, o Brasil y Argentina con el poroto de soja. En su interés en América Latina, China lleva firmados TLC con Chile y con Perú, y hoy Argentina también se incluye en la lista de los interesados.


Esta descripción del escenario reciente muestra que la firma de TLC no es sólo una estrategia norteamericana. También lo es de la Unión Europea, de China, de Japón, y de todas las grandes o medianas potencias. De hecho, diferentes países de la región (Perú, Chile, México, Colombia) ya tienen TLC con estos otros países o bloques. En realidad, el impulso de los TLC responde a los nuevos modos de internacionalización del capital y a la división internacional del trabajo estructurada a partir de la constitución de las empresas-red, es decir, de las corporaciones transnacionales. Todas las empresas de los países más industrializados compiten entre sí y deben garantizarse bajos costos de producción y mercados para el consumo de sus productos. Se trata de producir barato y vender, o morir, es decir, quebrar como capitalista individual. EEUU impulsa tratados en tanto modo de garantizar las mejores condiciones para la competencia de “sus” empresas, así como lo hacen los otros Estados. Todos los Estados, así sean grandes, medianos o incluso si se trata de pequeñas economías, se ven beneficiados por el hecho de que a sus empresas les vaya bien, ya que con eso se garantizan la entrada de dinero vía pago de impuestos, la generación de empleo, y con ello, la gobernabilidad interna. Por eso, la experiencia de los últimos cuarenta años nos permite dejar de identificar a “los malos” del libre comercio detrás de una u otra bandera: con el libre comercio las empresas más poderosas compiten entre sí y garantizan su ganancia.


Volver a poner sobre la mesa la discusión sobre alternativas


Cuando derrotamos el ALCA teníamos ante nosotros una tarea clara, aunque no sencilla: construir la integración alternativa. Pero mientras nosotros desmantelábamos virtualmente la ASC, discutíamos si la integración era de los Estados, de los pueblos o de las comunidades; si debía hacerse usando el dólar, o con trueque o con una moneda regional; si primero había que tomar el Estado o si se debía construir poder popular; si el capitalismo nacional es un paso hacia el socialismo o si se puede construir espacios socialistas al interior del capitalismo, la agenda librecambista avanzó con una Ferrari Testarossa. Nosotros nos movimos a 10 km/hora, ellos a 200. No hemos podido o sabido construir las alternativas. Claro que imaginar y realizar sociedades alternativas en el marco de las relaciones sociales capitalistas, que nos atraviesan como sujetos, no es tarea fácil. Pero a pesar de la urgencia, no hemos estado a la altura del momento histórico que heredamos de las luchas de los años noventa y de los estallidos sociales regionales de principios del siglo XXI.


Hoy la idea que gana terreno es que el libre comercio es la única opción. En pocos casos se ve con tanta claridad como en la Argentina en los últimos meses: hay que firmar TLC “para integrarnos al mundo”, “para que lleguen inversiones”, “para garantizar mercados a nuestras exportaciones”. No hay alternativas, nada se discute, no hay análisis posibles. Otra vez se nos impone el discurso único. Los Estados que discutían profundizar las relaciones comerciales de complementariedad y crear una arquitectura financiera regional que disputara el poder del dólar, hoy compiten entre sí para colocar sus exportaciones. El resultado de la desintegración es la competencia, y la exacerbación de los nacionalismos. Ahora continúa libremente la carrera por la desregulación y la liberalización, parte esencial de la reproducción del capitalismo.


Los próximos años mostrarán una tendencia al aislamiento (económico y financiero) de los países que no firmen TLC, con presiones para que se sumen a los procesos liberalizadores. En este contexto, los movimientos hacemos lo que sabemos hacer: resistir. La defensiva es siempre un lugar cómodo, donde muchos estamos de acuerdo. Volvemos a decir No al libre comercio, porque sabemos los efectos que éste tiene. Pero, en ese contexto, ¿seremos capaces de continuar los debates sobre las alternativas políticas?


La concentración e internacionalización del capital de los últimos cuarenta años ponen en tensión la idea de desarrollar una construcción política alternativa desde una óptica estado-céntrica. Cada vez se hace más notorio que los Estados no son entes autárquicos, que el objetivo de construir un “capitalismo nacional” o un “capitalismo con rostro humano” ha resultado ser una quimera. Los Estados se mueven al vaivén de la reconfiguración capitalista mundial, y no pueden cerrarse sobre sí mismos. No podían hacerlo hace sesenta años, tampoco hoy. Si algo nos ha permitido la globalización es poder reconocer al capital en toda su crudeza: como una relación social global de explotación y dominación. Queda en las organizaciones sociales, así como en la academia, pensar las alternativas desde este novedoso contexto global, poniendo en el centro del análisis los peligros que el libre comercio puede significar para la vida humana y el medio ambiente, pero sin oponer a éste la idea de que cerrando las fronteras comerciales nos podemos salvar como Estado-nación individual. Hoy está más claro que nunca que, o nos salvamos todos, o no se salva nadie. La discusión no puede reproducir ciegamente viejas fórmulas que tenían que ver con pactos de gobernabilidad (o más crudamente, con la paz de clases). El nuevo contexto, las nuevas agendas, nos proponen la urgencia de pensar no desde la óptica de los Estados, sino desde la crítica de lo existente.


- Luciana Ghiotto es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora de FLACSO/RRII. Es miembro de ATTAC Argentina y de la Asamblea “Argentina mejor sin TLC”. Ha participado activamente en la Campaña Continental contra el ALCA. Colaboradora de Transnational Institute (TNI).


Nota


[1] La UE no firma TLC, firma Acuerdos de Asociación (AdA), debido a la propia estructura de negociaciones de la UE. No obstante, las cláusulas de un Acuerdo de este tipo son similares a las que se incluyen en los TLC, mismo si no incorpora capítulo de solución de diferencias ni remite al arbitraje internacional. De todos modos, la UE ha empezado a renegociar sus AdA, por ejemplo con México y Chile, con el objetivo de incluir estos capítulos.


Fuente: ALAI, 10 de agosto, 2016

domingo, 14 de agosto de 2016

La mujer indígena es la más afectada por la minería.



Mujeres indígenas promueven la participación de sus comunidades en la defensa de los derechos socio-ambientales.
Nicole Marcel es francesa pero habla rapidito un español muy fluido. Llegó a Venezuela hace veinte años porque la Gran Sabana la eligió. Ella trabaja en la Fundación Mujeres del Agua, una organización compuesta por un grupo de mujeres rurales, indígenas y no indígenas, que promueven su participación en pro de la defensa de los derechos socio-ambientales.

La Fundación Mujeres del Agua se registró oficialmente en el año 2009 aunque desde hace tiempo realizaba un trabajo social en la comunidad de El Paují, ubicada en el municipio Gran Sabana del estado Bolívar.
El Paují es un pueblo mixto formado por indígenas de la etnia pemón, y no indígenas (venezolanos y extranjeros). Con aproximadamente cuatrocientos habitantes es un sitio que no tiene horario y en el que hasta hace poco no había ni teléfono ni Internet. Sus habitantes vivían en comunión con la naturaleza, con buenas experiencias educativas y culturales, hasta que en 2006 se desbordó la minería en la zona, trayendo muchos problemas y desplazando a muchos miembros de la comunidad.

Ante esa situación un grupo de mujeres, que tenían años conociéndose, comienzan a organizarse. Lo primero que hicieron fue un museo que se llamó Kunayewi, que significa casa del agua, y comenzaron a explicar a la población cuál era el impacto de la minería, el derecho a tener agua limpia y el derecho a la salud. También se unieron a la Misión Árbol y comenzaron a sembrar moriches y distintas plantas en las áreas contaminadas por la minería.

“Yo hice mucho trabajo a nivel comunitario, con la escuela y la cultura, pero había más relación con los jóvenes y las mujeres que siempre estaban en la casa. A mí me molestaba como mujer el hecho de no poder relacionarme con ellas, entonces ahí empecé a traer más mujeres indígenas al grupo. Hacíamos tejidos y siempre hablábamos de los problemas del pueblo y sobre cómo los podíamos solventar”, explica Marcel.
Pronto se dieron cuenta que tenían minas porque el capitán indígena, de aquel momento, estaba vendiendo los ríos a los mineros. “El modus operandi era el siguiente: los mineros buscaban un capitán indígena y agarraban un indígena común como testaferro. Si uno denunciaba eso en el Mibam, [antiguo Ministerio de Minas], ellos decían.”si nosotros no tenemos autorización del capitán indígena nosotros no nos metemos con eso”..”.

Desde la fundación entendieron que una forma de luchar era teniendo una mujer en la capitanía indígena. La elegida fue Carmen Raquel Benavides, pero cuando dijo que no quería más minas en su pueblo e intentó negociar con ellos empezaron a intimidarla de todas las formas posibles para que renunciara a su capitanía e hicieron una capitanía aparte. “Eso nos llevó a darnos cuenta que las mujeres necesitaban tener una formación integral para asumir esos cargos, para resolver las cosas dentro de su comunidad, no solo con la denuncia. De ahí comenzamos a hacer proyectos para formar lideresas. Otra cosa que nos dimos cuenta es que Carmen Raquel estaba sola, entonces necesitábamos que otra gente de la zona la conociera: periodistas, gente de la CVG, de la alcaldía, otras lideresas indígenas; y comenzamos a organizar encuentros de mujeres. Se llamaban Encuentro de Lideresas de la Gran Sabana”.
Los encuentros comenzaron en El Paují, y posteriormente en Kavanayen y Kumarakapay, mejor conocido como San Francisco de Yuruani. Estos espacios les permitió identificar a las defensoras indígenas y realizar lo que hasta ahora es el principal proyecto de la fundación: los talleres de formación de lideresas. Actualmente el trabajo se ha extendido a Uaiparu, Las Agallas o Karapaurai, San Gerónimo, Playa Blanca y al Parque Nacional Canaima, Kawy y San Ignacio de Yuruani. Acompañan entre cien y trescientas mujeres al año.
En la fundación son doce mujeres, entre ellas, Elba Benavides, presidenta de la organización. También pertenecen a la Unión Latinoamericana de Mujeres (ULAM).
Un negocio “lucrativo”

La mayoría de las minas se encuentran en Ikabaru y Los Caribes pero progresivamente se han extendido hacia Uaiparu y Playa Blanca. Hace diez años alcanzaron El Paují y desde hace tres años empezaron en el Parque Nacional Canaima, en Iboribo o Mantopay, cerca de Kavanayen, en las orillas del parque en Uroy Uaray o al pie del Auyan-tepuy. San Gerónimo, al lado de Ikabaru y Kawy, y Mapauri en el Parque Nacional Canaima, son los únicos lugares donde las comunidades no han permitido que entren los mineros.

“¿Tú sabes las bombas de agua? Se usaban normalmente para chupar el agua con una manguera, y con esta pistoleaban los bordes de los ríos, y los iban destrozando, hacían una especie de tamiz, las metían y ahí es donde agarraban el oro (…) Antes trabajaban con máquinas más grandes que eran de gasoil y no era tan fácil desplazarlas, necesitabas tres o cuatro hombres para mover eso. La que tienen ahorita se la meten debajo del brazo y salen corriendo, e incluso, la entierran. Como son bombas de agua que se pueden usar para las casas es mucho más fácil también que las compren y las pasen”.
Hace varios años introdujeron varias denuncias en Fiscalía pero se cansaron de hacerlo porque cuando milagrosamente enviaban una comisión de la guardia nacional o del Ministerio de Ambiente, alguien les avisaba a los mineros y estos sacaban las máquinas.

Como explica el documento de presentación de la Fundación Mujeres del Agua, la zona de actuación de esta organización pertenece al municipio Gran Sabana, un territorio que se encuentra en la frontera de Venezuela y Brasil, al borde de la Amazonia y cuenca del alto río Caroní. Su posición geográfica la identifica como fuente indispensable de agua para todo el estado Bolívar y para el embalse Guri que proporciona 70 % de la electricidad de Venezuela. Parte de la zona está consideradaárea bajo régimen de administración especial, (Abrae), de acuerdo con lo establecido por la Ley Orgánica para la Ordenación del Territorio aprobada en el año 1983. El marco legal establece los objetivos para la protección, conservación y aprovechamiento sustentable del territorio asociado al manejo de los recursos naturales disponibles. De estos espacios, parte se conformó como Parque Nacional Canaima en 1962 y ampliado en 1975 con el fin de conservar la belleza y diversidad del territorio y proteger las nacientes del río Caroní. La Ley de Aguas, en su artículo 17, establece la región hidrográfica Caroní como una de las 16 regiones hidrográficas del país. Precisamente un objetivo fundamental para la fundación es el mantenimiento de las aguas que rodean estos territorios.

El otro asunto es el tráfico de gasolina. Nicole nos dice que se prohibió la venta de gasoil para detener la minería, pero que las cooperativas mineras comenzaron a comprar equipos de gasolina. “Yo antes podía ir a la bomba de gasolina y compraba cincuenta litros para llevar para mi casa, ahorita no puedo hacer eso, porque necesito tener una pick up, varios permisos, y un tanque de doscientos litros mínimos para llevar eso. Entonces nos empezamos a reunir para pagar un camión y que eso llegara a la comunidad. El problema es que hay quien en vez de pedir un tambor, que es lo que necesita, pide cuatro y lo revende, y eso se ha vuelto un negocio. De hecho, yo que creo que en Santa Elena están vendiendo más gasolina que en la misma Caracas, por el número de tambores de gasolina que salen, salen y salen hacia las minas”.

Para julio de 2014, un tanque de doscientos litros de gasolina se podía conseguir en 190 bolívares y transportarlo costaba ochocientos bolívares. Este tanque revendido podía costar entre 3 mil y 5 mil bolívares; y mientras más lejos la comunidad, podía llegar a 10 mil o 15 mil bolívares. Actualmente está a 18 mil.
Algunas capitanías indígenas también han entrado en este negocio, ya que al pedir cupo para comprar gasolina para sus comunidades viven tranquilamente de revender combustible. Esto ha generado que surjan capitanías donde no las había. La comunidad de Bajo Amarillo es un ejemplo de esto. Si hay minas hay tráfico de combustible, si hay tráfico de combustible hay un capitán y él revende el combustible.

En algunas de estas zonas los capitanes tienen el control total, porque los mineros no entran si no tienen su permiso; y en general deben pagar un porcentaje al jefe indígena. También hay un fenómeno nuevo y es que los capitanes cobran porcentajes sobre cualquier negocio que se haga en la comunidad. Es el caso de Perro Loco, donde crearon una mina y una capitanía indígena y el capitán cobra entre 10 % y 15 % de interés a cualquier negocio.
“No es fácil. Porque el hecho que nosotras estemos diciendo que no estamos de acuerdo con la actividad minera nos ha acarreado muchas amenazas. Es peligroso porque estamos enfrentando niveles de poder altos: los capitanes generales, la Federación Indígena, la Guardia Nacional; no todos, porque pienso que hay gente honesta, pero sí hay unos que tienen puestos de autoridad que no son transparentes”.
El problema minero no es solo ambiental sino social

Una de las principales consecuencias de la minería es el abandono escolar porque los niños y los docentes están metidos en las minas ya que obtienen mayores beneficios. Incluso esto se extiende a los enfermeros y funcionarios públicos de la zona.

A causa de la contaminación y del uso incontrolado del mercurio se evidencia una propagación de diferentes enfermedades como malaria, asma, bronquitis y alergias cutáneas. La falta de información y educación en escuelas y familias impiden la cura y el entendimiento del problema.
La malaria o paludismo es frecuente debido a los pozos de agua que quedan al extraer el oro. Marcel explica que más del 80 % del paludismo está en el estado Bolívar: “Además es recurrente, se cura mal, se hacen mal los tratamientos, hay casos de niños que nacen con la enfermedad, niños de 12-13 años que han tenido cuatro o cinco veces paludismo”.

Otras enfermedades como la leishmaniasis y las úlceras en la vagina también están presentes, aunque lo último se mantenga oculto porque las mujeres no quieren hablar del tema. Marcel cuenta con preocupación que en la comunidad de Parkupi, que está más adentro, hablan mucho del SIDA, muertes violentas o asesinatos: “Los cuentos que te echan de las matanzas que ocurren dentro del sector 7 son bárbaros porque hay muchísimos brasileros metidos allá dentro”. En la comunidad de Uaiparu, por ejemplo, hace como dos años, cuando llegaron muchísimos mineros de afuera, murieron como doce personas.
También hay prostitución, altos índices de alcoholismo y contaminación por mercurio: “El tejido social de la comunidad se va perdiendo poco a poco. Ya la gente no quiere ir a los espacios de cayapa o mayú, como lo llaman ellos, que es el trabajo comunitario. Una cayapa era, por ejemplo, reunirse para limpiar el pueblo”.
Tierras productivas

En El Paují ha salido muchísimo oro. Pero todo lo que tienen que pagar ellos (comida, alcohol, drogas) está diez o veinte veces por encima del precio normal. “Cuando tú tienes una familia de seis o siete muchachos… tu tomaste, te drogaste, te queda muy poco dinero para ellos. Entonces, qué otro tipo de negocio se puede proponer ahí que supla la necesidad que tienen, creada o verdadera pero la tienen. El problema más grave para mí es que el dinero no ha generado calidad de vida”.

A partir del año 2010 la fundación decidió empezar a asesorar y crear proyectos económicos para las mujeres, como la recuperación productiva de áreas intervenidas por la minería. Marcel cuenta que lo productivo es crear un conuco, que es la hacienda tradicional de los indígenas. Por ejemplo, en un sitio que era solo arena se colocó capa vegetal, después estaca de yuca, piña, y ahora están trabajando con humus de lombrices para ir fertilizando.
Marcel habla de las ventajas: primero, las mujeres tienen un sitio donde sembrar ya que tradicionalmente el hombre era el que tumbaba el conuco, es decir, talaba la selva para que la mujer sembrara y cuidara, y la minería ha hecho que esta práctica se pierda. Segundo, se brinda una seguridad alimentaria porque el casabe y la yuca están más caros y cada vez hay menos comida porque todos están en la mina. Tercero, genera un reconocimiento de la mujer.

Una de las integrantes del grupo cuenta que ella estaba sacando oro y los hombres compraron alcohol con toda la venta del mineral. “No dejaron nada ni para los niños, ni para la escuela”. Ella debía esperar que ellos sacaran oro para luego ir y relavar, se metía en los huecos a buscar un poquito de oro para comprarle la comida a sus hijos. Un día regresó el marido en la noche, borracho, quería tomar más, sabía que ella había sacado oro, la agarró, le quitó el oro y se fue a tomar. Ahora, por ser una de las líderes de este proyecto ha ganado más respeto de parte de los hombres.

El norte, el objetivo, nos lo explica Marcel: “Siempre han sido nuestros planes de trabajo tratar de mejorar nuestras estrategias para que ellas puedan empoderarse, porque son las que más sufren con la minería. Si el río está sucio ellas tienen que lavar ropa; si los niños se enferman ellas los tienen que cuidar; el problema de la prostitución; hay mucha destrucción del hogar por el problema del alcohol. Quienes más se quejan de esos cambios son ellas. Porque el hombre siempre va a estar mejor, hacen el dinero, se compran el carro. Las mujeres son más de la calidad de vida, educación, salud”.

Una anécdota que cuenta Marcel es que un día estaba llevando a una de las mujeres con su esposo en el carro, se detuvieron porque el señor iba a comprar algo en la bodega y este le pidió el dinero a su esposa. Marcel se alegró mucho porque tiene seis años trabajando con ella: “Ella logró eso dentro de su pareja. Que el entendiera, que: ‘Está bien, te voy a dar tanto para que te vayas a echar los palos, pero el resto es para la casa’. Muchas veces hablo con los hombres porque les tengo confianza, porque son mis vecinos, ¿ves?, yo sí les digo, ¡cónchale! cómo es posible que ella todavía esté lavando a mano, cómprale una lavadora aunque sea. Es la manera de entrarles. La manera es dialogando y con la mujer para que ella, poco a poco, pueda tener la fuerza para hablar con el hombre”.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales
Fuente: Servindi

sábado, 13 de agosto de 2016

Leo Boff: Pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido

Dr. Leonardo Boff y Directiva Tiempo Latinoamericano (CEC)

ARGENTINA-

Por Maximiliano A. Heusser para ALC Noticias-

En el día de ayer, 10 de Agosto, se realizó en las instalaciones de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), la Conferencia del teólogo brasileño Leonardo Boff titulada “Democracias Latinoamericanas y proyectos populares”, organizada por el Centro Tiempo Latinoamericano, de la misma ciudad.

El teólogo y ex sacerdote franciscano comenzó su exposición afirmando que los teólogos de la liberación están a favor de los pobres y en contra de la pobreza. Tienen un pie en el Evangelio y otro en el barro, en la realidad de la gente pobre. Esta característica diferencia a la teología de la liberación de otras teologías. La teología de la Liberación trabaja desde la realidad, utilizando las herramientas de la sociología, de la antropología y otras ciencias.

En este sentido, llamó a tener memoria y a recordar a aquellas personas que a lo largo de los años han evidenciado las mentiras del sistema. Sostuvo que cuando “una iglesia tiene mártires es porque allí hay verdad y allí está el Espíritu Santo”. Cuando se denuncian las injusticias, allí también está el Espíritu Santo.

El teólogo reflexionó sobre la actualidad Latinoamericana. Sostuvo que “vivimos en un contexto conflictivo y en crisis. Vemos que el sistema de los últimos tres siglos no funciona”. De la misma manera, advirtió que las recetas capitalistas y neoliberales no sólo han fracasado en nuestros países y en los países del norte, sino que van contra la gente pobre. Sostuvo que los ajustes económicos, la eliminación de derechos, la flexibilización laboral, y medidas similares, dañan especialmente a los sectores empobrecidos de las sociedades. Sostuvo “estamos en un vuelo ciego, no sabemos hacia dónde va la humanidad”.

Boff se refirió también al rol de los cristianos y cristianas en estos procesos y crisis sistémicas, planteando la necesidad de pasar de un cristianismo de devoción a un cristianismo comprometido, consolando a quienes sufren, denunciado las injusticias y dando esperanza a quienes la han perdido. Hay que superar, advirtió, el mucho fariseísmo presente en los cristianos.

También planteó tres aspectos que deben tenerse en cuenta para comprender la realidad de los pueblos latinoamericanos. Si bien, afirmó, están pensados desde el Brasil, pueden aplicarse a otros países de la región:
Somos países colonizados: Hemos sido explotados por potencias extranjeras. Esto ha traído la conformación de élites ricas en cada país de América Latina. La colonización produce problemas, porque los países terminan mirándose a sí mismos desde afuera, del extranjero, y no desde la realidad del pueblo. Hay una enajenación.
La esclavitud: Brasil es uno de los países con mayor población negra del mundo, fuera de África. El esclavo es una pieza, una cosa. Este pensamiento deja marcas profundas de humillación en estos sectores del pueblo. En Brasil mueren cerca de 60.000 personas por año en manos de las fuerzas de seguridad, todos pobres, en su mayoría negros y mujeres.
La gran transformación: Hemos pasado de una economía de mercado a una sociedad de mercado. Todo se ha transformado en una mercancía. El amor, la amistad, un bello paisaje… todo. Las personas, en esta sociedad, tienen un valor económico. Han perdido su dignidad humana. Siempre hubo intercambio de mercancías, pero ahora hay competencia. En este sentido, Boff advirtió que se está llegando al máximo de la explotación como sistema, ya que se especula con la moneda, es una moneda virtual. Es un escenario triste que incide sobre la sociedad, donde se fomenta una sociedad para pocos y no para todos.

Acercándose al final de su exposición, el teólogo se refirió al cuidado del planeta como “Madre Tierra”, trayendo a la memoria el decir de los pueblos indígenas que hablan de “las bondades de la tierra”, lo que el capitalismo nomina “recursos” y los académicos llamamos, dijo, bienes y servicios de la tierra. Llamó a advertir que no son renovables, sino que se agotan, y lo que hay no va a alcanzar para toda la humanidad. Esto puede traer una crisis humanitaria enorme. Debemos cambiar, mencionó, la manera en la que nos relacionamos con la tierra, porque es un ser que sufre y que necesita ser salvado.

El teólogo brasileño terminó refiriéndose a las democracias participativas, las cuales consideró las mejores, denunciando los ataques de las élites de poder económico sobre las mismas. Esto sucedió, según su punto de vista, en Honduras, Paraguay y Brasil. De esta manera, consideró el impachment contra Dilma Rousseff, la reacción de la derecha rica en contra de la democracia participativa que se ha ocupado de los sectores empobrecidos del Brasil. También sostuvo que considera que en la Argentina sucede lo mismo, pero con un gobierno elegido democráticamente.

viernes, 12 de agosto de 2016

Qué puede aportar el evangelio hoy en la sociedad actual.


Santiago Villamayor. Comunidad Almofuentes de Zaragoza. 


Jesús no creó ninguna religión, ninguna política o moral específicas. Solo exageró el amor hasta lo insólito: perdonar y amar también al que te hace daño, poner la otra mejilla. Esto no es exclusivo del cristiano, felizmente es de todos, pero sí que en un momento de la historia fue ’inventado’, revelado o activado por una persona de la que luego muchos hemos hecho un Cristo. Lo hemos universalizado en un paradigma de buen amor, de buen vivir. De este hilo hemos bebido todos lo humanismos.

Los nuevos paradigmas recuperan esta memoria del Jesús “enteramente para los demás” (P.Tillich), ”humano como solo un dios puede serlo” (L. Boff) que nos descubrían las teologías de la secularización y de la liberación allá por los años 1960. Ambas nos llaman no a la religión sino a esa supra ética de la desmesura y de la autonomía benevolente: “Aunque no hubiera cielo yo te amara”.


El “buen cristiano” es hoy el buen ciudadano que responde al consenso de la reciprocidad con la misma altura de miras con que le gustaría respondieran todos. Pero que además en algunos casos y según cada persona, y solo desde una auto invitación libérrima, se anima a sobredimensionar su civilidad con la donación de su vida. Tres peldaños de una ética cívica abierta a una trascendencia desde abajo: ciudadanía, fraternidad, donación.

Los bellos relatos, el cine, el arte, la poesía, las utopías sociales y algunas prácticas políticas, religiosas y comunitarias son extremadamente valiosas para animar y construir esta nueva sociedad y persona que todos queremos. Pero ese rellano final desde el que levantamos el vuelo suena a Jesús de Nazaret. A ese modo de vida, a esa actitud de ponerse en el lugar del menos favorecido, de responder incondicionalmente a la compasión.


Evangelizar hoy es extender este movimiento universal por la justicia y la felicidad con todas las instituciones mundiales y movimientos alternativos. Esa es la nueva iglesia, la convergencia de todas las gentes por la dignidad humana. Eso hizo y quiso Jesús. Su “Reino” es hoy este “impulso de dignidad universal”, inexplicable, que gime dentro de cada persona, del planeta y de cada acción colectiva. Ya ha concluido el tiempo de hacer nuestra Iglesia, de definir nuestro Dios, de defender nuestra Salvación. Es hora de construir una convención mundial por la justicia, una internacional de la esperanza.


Nos agruparemos en comunidades humanas de base, grupos de significación plural del desinterés, del amor, de la libertad. Será labor de estos grupos de esperanza llamar al optimismo radical del ser, a trabajar por la igualdad en libertad, a fomentar significados, desenmascarar el sistema único, disolver el lenguaje monolítico de las religiones y de las ideologías y denunciar los reavivamientos ilusorios y fundamentalistas. Tan difícil es para la persona religiosa dejar de remitirse a un mundo sobrenatural como para el materialista elevarse a significados no inmediatos.


Los próximos retos de este nuevo cristianismo serán la formación y el vigor de la esperanza en la sociedad civil. Propiciar las funciones simbólicas y formativas que hoy por hoy la sociedad civil no acaba de darse para elevar su moralidad. Vigorizar la esperanza: no es lo mismo moverse por certezas cerradas que por metáforas; lo primero da pie a pautas de entrega fuertes pero con orejeras, lo segundo responde a la gratuidad de la libertad. Las parroquias, cafés, foros y tertulias u otros lugares comunitarios deben ser, para todos los credos y pensamientos, lugares de acción y crítica social, de cuidados mutuos, zonas verdes frente al mercantilismo y zonas azules para la serenidad.


Santiago Villamayor. Comunidad Almofuentes de Zaragoza.

Zaragoza, 15 de abril de 2016

jueves, 11 de agosto de 2016

Tesoros del pasado, guardianes del futuro.


Por Sonia Agudo Capón* 

El 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el primero tras el asesinato a sangre fría de la ambientalista y lideresa indígena Berta Cáceres. Una boca más que no gritará y una mano más que no se alzará en contra de este engranaje destructivo que es nuestro sistema capitalista. Por mucho que se les asesine en esta lucha que debería ser de todos, no se puede hablar de conservación sin hablar de pueblos indígenas y su rol como protectores de nuestras más preciadas tierras y aguas. Almas ancestrales que han sobrevivido hasta hoy, guardianes de la vida que aman la Naturaleza como a su propio cuerpo. Seres humanos castigados, oprimidos y olvidados que siguen velando por el futuro de todos nosotros.

La mayoría de las de las regiones de la más intensa diversidad biológica de la Tierra son habitadas por pueblos indígenas. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el 67% del total de grupos lingüísticos del mundo viven en las 225 regiones de mayor importancia biológica. A pesar de su abundancia, las lenguas indígenas están desapareciendo con rapidez. El conocimiento ecológico acumulado por los pueblos indígenas se transmite a las nuevas generaciones de forma oral, por lo que la extinción de las lenguas tiene como consecuencia la pérdida irreversible de las bases de una convivencia respetuosa y compatible con la madre Naturaleza. Su relación con la tierra (Pacha Mama, Mucane, Tonanzín, Iwi, Nana Tlalli, Gaia) es una relación intrínseca con ellos mismos, y no algo ajeno. Hace apenas dos décadas que el Derecho Internacional ha reconocido la importancia de este binomio indisoluble que requiere ser protegido, y los derechos derivados del mismo.


La ubicación de estos delicados ecosistemas coincide con la presencia de población indígena, y se muestra que donde viven las comunidades nativas es donde se encuentran los recursos naturales mejor conservados. 

El pasado mayo, el Foro Permanente de la Organización de las Naciones Unidas para las cuestiones Indígenas presentó un completo mapa sobre los ecosistemas marinos y los bosques de Centroamérica, donde se evidencia la importancia que tienen los pueblos indígenas locales en la conservación y protección del medio ambiente. La ubicación de estos delicados ecosistemas coincide con la presencia de población indígena, y se muestra que donde viven las comunidades nativas es donde se encuentran los recursos naturales mejor conservados.

Es innegable que tanto la diversidad biológica, como la cultural y lingüística están en peligro en el planeta. No obstante, estas amenazas no parecen ameritar igual importancia. Ocasionalmente, y siempre a merced de los intereses financieros, los medios de comunicación alertan sobre la gravedad de la situación. Nos advierten sobre la vulnerabilidad de la riqueza biológica de la Tierra como si ésta fuera independiente de la pérdida de diversidad cultural y lingüística de la humanidad que la habita.


Atendiendo a la distribución global de los pueblos indígenas, existe una evidente correlación entre las regiones de intensa diversidad biológica y las regiones de intensa diversidad cultural. 

Todos estamos vinculados a unas características históricas y culturales que condicionan nuestro modo de ser y estar en el mundo. La conservación de la Naturaleza es inseparable del respeto del ser humano con el entorno y éste, lamentablemente, parece inversamente proporcional al nivel de desarrollo económico. Tendemos a agruparnos en sociedades cuyos pilares son la producción y el consumo ilimitados, generando una red de excesos que crece en detrimento de nuestro propio hábitat. Sin embargo, este modelo de subsistencia no es ni generalizable ni sostenible. Si toda la población mundial tuviera, por ejemplo, la media de automóviles europea, la mezcla de gases que conforman la atmósfera sería irrespirable. Con el actual sistema económico, el crecimiento sólo es rentable cuando el precio a pagar recae sobre la Naturaleza, las generaciones futuras, las condiciones de la mano de obra y, con especial inclemencia, sobre los países del Sur. Es innegable que en los países desarrollados, el crecimiento se nutre del expolio de la riqueza humana y material de los países en subdesarrollo.

Ante esta realidad, es necesario echar la vista atrás, analizar cuándo y cómo el desarrollo se convirtió en destrucción. Los pueblos indígenas, que han sobrevivido históricamente a conquistas, a la occidentalización, a la discriminación y devastación de su hábitat, mantienen tradiciones compatibles y en armonía con lo que llamamos “medio ambiente”. A la vez, son los agentes de la mayor parte de la diversidad cultural del planeta, riqueza que se debe a formas no destructivas de supervivencia que varían considerablemente de un territorio a otro.

Aunque sea poco rentable manifestarlo, esta relación entre riqueza cultural y conservación del medio ambiente no es en absoluto fortuita. Atendiendo a la distribución global de los pueblos indígenas, existe una evidente correlación entre las regiones de intensa diversidad biológica y las regiones de intensa diversidad cultural. Esta relación es particularmente marcada en las zonas de selva tropical, especialmente las localizadas a lo largo del Amazonas y en la América Central. De los nueve países en los que se habla el 60% de las lenguas, seis albergan también cantidades excepcionales de especies vegetales y animales que sólo se encuentran en estos lugares. Los llamados "17 biológicos", es decir, aquellos países que albergan más de dos terceras partes de los recursos biológicos de la Tierra, son también los territorios tradicionales de la mayoría de los pueblos indígenas del mundo.

---
Sonia Agudo Capón es miembro de la Fundación Pro Derechos Humanos y Jurisdicción Universal (FIBGAR).
----
Fuente: El presente artículo fue publicado en el portal de la Fundación FIBGAR: http://www.fibgar.org/actualidad/tesoros-del-pasado--guardianes-del-futuro

Fuente: Servindi