miércoles, 1 de febrero de 2017

10 Prejuicios de los europeos contra refugiados y emigrantes.


En Bélgica, la plataforma CIRE ha lanzado hace algún tiempo una guía para desmontar 10 prejuicios de los belgas, y por extensión de todos los europeos, contra los refugiados. “Nuestra acción tiene como objetivo fortalecer los derechos de los extranjeros, el asilo y asegurar que las políticas sean coherentes con los principios de la Declaración de los Derechos Humanos”. Esta guía, que resumimos con sus propuestas más esclarecedoras, debería ser consultada por todos los ciudadanos sensibles.

Nadie escapa a los prejuicios pero es posible superarlos.

Las campañas de opinión xenófoba más extendidas explotan tres miedos que subyacen profundamente en nuestra acomodada sociedad “del bienestar” y de la complacencia consumista: el temor por perder una identidad que se está desdibujando, el temor por la propia seguridad y el temor a perder dinero y una situación privilegiada.
Para que llegue a buen puerto el esfuerzo en favor de los refugiados, se precisa desmontar las campañas en su contra mediante la sensibilización de la opinión pública y de los políticos.

Por ello pasamos a desarrollar esa tarea tomando como base la citada guía de la CIRE.

1“¡Nos invaden los refugiados e inmigrantes! El uso de un lenguaje bélico, desencadena el miedo atávico a los bárbaros. ¿En lugar de “invasión” no es más preciso llamar a este fenómeno “desesperada búsqueda de refugio y vida?.
Unas 900.000 personas llegaron a Europa entre enero y noviembre de 2015, según ACNUR. De ellos más de la mitad son sirios. A pesar de ese número, hablar de ‘invasión’ de Europa por los inmigrantes es una falacia, que se nos “vende” a través de:
– Videos manipulados, frecuentes fotos de naufragios y colas interminables en las fronteras, que los medios de comunicación divulgan ampliamente por su impacto sensacionalista.
– El efectista y costoso cierre de fronteras con muros, alambradas, despliegue de fuerzas etc…, que escenifica el carácter bélico de “la invasión”
– Artículos que propagan el miedo y la xenofobia como eficaz e interesado recurso electoral, que desvía las frustraciones hacia los refugiados e inmigrantes señalados como fáciless e impotentes chivos expiatorios.
– La acentuación del sentimiento de desbordamiento, que oculta la desidia europea durante años, para preparar una red de acogida e integración cuya necesidad no se quiso ver, así como la inoperancia de una política exterior conjunta reticente e incapaz para intervenir en el encauzamiento de los conflictos que repercuten sobre Europa.

Durante muchos años, Europa ha sido egoísta y cicatera con la “asistencia oficial para el desarrollo” que se ha destinado a fomentar las propias exportaciones o a controlar la inmigración, bien en los países de origen o en los países vecinos de obligado tránsito para los inmigrantes. Esta actitud culmina ahora gastando inútilmente dinero para proteger fronteras y expulsar a los extranjeros, cuanto mejor sería dedicarlo a garantizar la paz y el desarrollo en otros países.

La realidad es que no está justificado que Europa se atrinchere así, porque los refugiados tan sólo representan un 0,15% respecto al total de población europea. Es evidente que una distribución uniforme de los mismos sería muy asumible. Pero dificulta esta solución, tanto las preferencias de los propios refugiados por algunos destinos, como los intereses electorales nacionalistas y económicos, que presionan a los líderes europeos para dificultar su acogida y no desarrollar una necesaria red de distribución e integración. Ello hace que un país como Alemania concentre casi la mitad de las peticiones de asilo, lo que puede multiplicar el porcentaje antes dicho. Como puede verse en la figura siguiente:

De hecho hasta el momento España sólo acoge a 18 refugiados de los 160.000 comprometidos por la Unión Europea y no llegan a 6.000 los acogidos en 2015. Objetivamente no es un grave problema ¿qué justifica la opinión española contraria a su acogida? ¿La paupérrima red desarrollada para acogerlos e integrarlos?¿El desinterés en emplear los medios económicos que la UE ha puesto a su disposición para mejorarla?
En países en desarrollo como Turquía, Pakistán y el Líbano están el 86% de los refugiados, a pesar de su menor capacidad para acogerlos. ¿Por qué Europa y España no pueden?

2 “No podemos acoger toda la miseria del mundo”. Europa y América del Norte detentan el 67% de la riqueza mundial, mientras que África posee el 1% y América Latina el 3%. El resto se distribuye entre los países de Asia y el Pacífico.
Frente a esta desigualdad flagrante, una cosa está clara: nuestros países tienen los medios y la responsabilidad de hacer más. Parafraseando el prejuicio anterior: “No se puede tampoco monopolizar la riqueza del mundo”. Tenemos el deber moral de compartirla.

No debemos olvidar que los países occidentales, y especialmente los europeos, han contribuido a crear y a mantener la miseria en el mundo: a) por su parte de responsabilidad respecto a las causas de las guerras que ahora empujan al exilio a millones de personas; b) por sus políticas económicas que sostienen y favorece el desigual reparto de la riqueza en el mundo; y c) por su responsabilidad en la degradación medioambiental y sus consecuencias.

Contrariamente a lo que a veces se piensa, los que emigran no están entre los más pobres ni menos cualificados de sus países. En 2013, el 30% de las personas que emigraron a los países miembros la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tenían educación superior, y esta proporción aumenta rápidamente. Por otra parte emigrar sale caro y ciertamente los más pobres no pueden. Sólo una minoría de los inmigrantes totales en el mundo (el 35% en 2013) se mueve desde el empobrecido Sur al Norte.

Las cifras, por tanto, no permiten afirmar que los países occidentales se vean solicitados “por toda la miseria del mundo”. Es una exageración intencionada. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (HCR), en 2014 suman 59,5 millones de personas las desplazadas forzadamente, de las cuales 21,3 millones se quedan en las proximidades de las fronteras de sus países.

Ciertamente, a Europa llegan muchas personas (900.000 en 2015 según Eurostat), pero son muchas más las que se han desplazado dentro del territorio sirio (4.000.000) o que se han instalado en los países del entorno, especialmente en el Líbano (1.200.000), Jordania (650.000) y Turquía (1.900.000) en condiciones de gran precariedad y sufrimiento. Y estas son las que no tienen dinero para pagar a los traficantes, no tienen parientes en Europa, o sólo hablan el árabe y no tienen profesiones con buenas perspectivas laborales.

3 “Si les das la bienvenida, vendrán más”. El “efecto llamada”. Emigrar es y seguirá siendo un reflejo de supervivencia profundamente arraigado en la humanidad. Si no se abordan las verdaderas causas de la migración, como la pobreza, la guerra, los desastres naturales o las dictaduras es imposible evitarla. El efecto llamada es claramente una consecuencia de las enormes desigualdades económicas y sociales entre Occidente y el tercer mundo, causa difícilmente resoluble a medio plazo. Otras circunstancias como la mayor o menor facilidad de acogida, suponen un condicionante secundario que solo modula parcialmente la causa principal.

Se achaca a las instituciones y ONG´s que defienden una acogida humanitaria a los refugiados e inmigrantes de un ingenuo e ignorante “buenismo” que amplifica el “efecto llamada”, para desentenderse después de los problemas derivados de la integración en alojamientos, centros de salud, o educativos, mercado de trabajo etc… Se está magnificando esta circunstancia y se ocultan los problemas humanos que precisamente esas instituciones tratan de paliar, ante la pasividad de una Administración que no enfrenta con decisión una adecuada política de integración cada vez más necesaria en una Europa que envejece.

Hay un argumento demagógico muy escuchado que dice ¿Si eres partidario de acoger inmigrantes por qué no te llevas a algunos a tu casa? La respuesta es sencilla: porque es un problema generado socialmente y la responsabilidad de resolverlo es en primer lugar de la sociedad y los Estados, y porque hay recursos colectivos y públicos suficientes a los que se puede acudir antes de solicitar a los ciudadanos que adquieran una responsabilidad individual que no les corresponde.

Porque la acogida de los refugiados no es una obligación sólo moral o un voluntarismo que alienta la migración, es también una obligación legal que recoge la Convención de Ginebra de 1951, y la concesión de la protección se somete a unas condiciones ya fijadas en la misma.
Algunos países europeos reservan para los solicitantes de asilo un destino indigno, caso de Hungría. Pero bajo el pretexto de que otros países son más intolerantes, no debemos revisar nuestros valores a la baja y burlar las obligaciones internacionales. Por desgracia esa es la tendencia general en la UE. Se cierran fronteras y se restringen los derechos de refugiados e inmigrantes.

4 “Ellos vienen solos y luego traen a toda su familia” Dentro de poco serán mayoría. La reunificación familiar es un proceso vivo que permite a personas de origen extranjero que tienen un miembro de su familia en otro país unirse a él, bajo ciertas condiciones. El derecho a la vida familiar es un derecho fundamental consagrado en el artículo 8 del Convenio Europeo de los Derechos Humanos y libertades fundamentales.

Es cierto que casi todos los inmigrantes (exceptuando a los refugiados), son hombres y llegan solos; pues el camino para llegar a Europa es peligroso. Sólo cuando el migrante tiene abierto un futuro mejor y obtiene el certificado de residencia tras adquirir el arraigo en el país, puede traer a su familia.

Las condiciones para la reunificación están bien controladas y no son en absoluto fáciles. El solicitante debe contar con recursos financieros suficientes, un alojamiento adecuado, probar la estabilidad de la relación, etcétera. Es decir demostrar que ha completado un proceso de integración que lo ha llevado a ser ciudadano de la nación a la que llegó como emigrante. ¿Podemos negarle que se lo ha ganado? Los procedimientos duran meses y tienen un costo que puede ser alto: tasas de la embajada, honorarios de legalización de documentos, certificados…

Se difunde que las mujeres musulmanas son alentadas a parir numerosa prole, lo que genera una desproporción numérica en los lugares adonde emigran, y puede llevar a que se conviertan eventualmente en mayoría. Veámoslo objetivamente : Supuestos 500 millones de europeos estabilizados y 40 de musulmanes (¿30% de mujeres?), así como un parto por mujer fértil y año, serían necesarios al menos unos 50 o 60 años para que alcanzaran la mayoría. Ello supone tres generaciones viviendo continuadamente en Europa y parece un peligro un poco lejano. Teniendo en cuenta el grado de asimilación del modo occidental de vida por el colectivo musulmán ¿Quién puede predecir cómo será el musulmán europeo pasadas tres generaciones?.

No obstante lo dicho existe el peligro de que puntualmente se produzcan concentraciones que dificulten la deseable interculturalidad. Pueden favorecerlas el integrismo, el rechazo y reflejo de autodefensa, los guetos económicos, las condiciones laborales…. Estas circunstancias alimentadas intencionadamente pueden llevar a círculos viciosos de encerramiento y violencia, desconfianza, sentimientos de amenaza, y en general xenofobia, por lo cual deben de evitarse por todos los medios.

5 “Son un peligro para nuestra economía”. El cambio demográfico y el envejecimiento de la población en Europa hacen que la inmigración sea cada vez más necesaria para garantizar su futuro. Alemania así lo ha entendido. Un estudio ha demostrado en Suecia que existe una relación positiva entre el número de inmigrantes y la capacidad de exportar del país. Tanto la política de integración de inmigrantes – permitiéndoles el acceso al trabajo -, como las políticas de acogida de los solicitantes de asilo pueden ser caras a corto plazo, pero en el largo plazo permiten a los Estados cosechar los beneficios económicos y sociales de la inmigración.

La inmigración no es de ninguna manera una amenaza para la economía, sino que la mayoría de los estudios realizados tienden a concluir lo contrario. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la inmigración tiene, un efecto neutro o positivo en las principales variables de la economía de un país. La mayoría de los economistas también coinciden en que generalmente, la inmigración tiene un efecto ligeramente positivo en el empleo y los salarios.

6 “Los inmigrantes vienen a quitarnos el empleo”. Creer que los empleos de un país están limitados, es una falsedad que se admite generalmente sin demostración. A menudo la mano de obra extranjera es complementaria a la fuerza de trabajo nacional y los inmigrantes ocupan puestos de trabajo potenciales que antes no existían, bien porque los nacionales no pueden o no los quieren ocupar, bien porque requieren habilidades específicas o están en sectores como la construcción, limpieza, hostelería o servicios de dependencia que no les resultan atractivos. Alternativamente también los inmigrantes pueden ser creadores de nuevos puestos de trabajo cuando se convierten en emprendedores y crean sus propios negocios. En resumen la inmigración lleva en última instancia a más producción y creación de empleo.

Lamentablemente hay empleadores que se aprovechan de la vulnerabilidad de personas indocumentadas o sin permiso de residencia, para pagarles en negro, burlar la normativa laboral y fiscal, o aprovechar su extrema necesidad para someterlos a salarios indignos y a condiciones abusivas de precariedad laboral. Circunstancias que conducen al trabajo basura y el fraude a la Seguridad Social que un Estado de Derecho no debe tolerar. Ante esta situación ¿es la solución culpabilizar a los inmigrantes o la persecución del fraude en la contratación? Como se ha visto en esta época de crisis, esta mano de obra muy precarizada ha sido la primera en ser despedida y ha optado voluntariamente en gran medida por retornar a sus países de origen o buscar otro país de destino, lo cual ha servido como un regulador -a favor del trabajador nacional-, del crecimiento de paro real.

En condiciones normales si los inmigrantes trabajan, ayudan a producir bienes, engrosar la cotización a la Seguridad Social y facilitar los servicios. Si engrosan el número de parados, se van como vinieron en busca de otra vida o si se quedan: ¿qué diferencia hay entre 4,5 millones de parados y quince o veinte mil más?¿En qué porcentaje suponen una competencia para el trabajador nacional o disminuyen el sueldo medio?

7 “Vienen a disfrutar de nuestro sistema social”. Las razones que empujan a los migrantes a dejar su país son muy diversas y no se puede decir que el deseo de aprovecharse de nuestros sistemas de ayuda social y sanitaria sea de los principales (razonamiento que no puede aplicarse a algunos socios de la Comunidad Europea). Por otra parte el acceso de los inmigrantes indocumentados a estos servicios está limitado, y no tienen derecho a la asistencia social ni en general a la asistencia médica completa.
En España siempre tienen derecho a ser atendidos en urgencias, y dependiendo de la autonomía tienen acceso a la asistencia sanitaria de la SS aunque no tengan papeles si están empadronados. Normalmente son muy reticentes a acudir a estos centros, bien por no conocer sus derechos, bien por temor a ser localizados o por no superar las resistencias pasivas que encuentran en muchos de ellos. Están, por tanto, en una situación extremadamente precaria.
Se propaga sin datos que muchos migrantes tienen SIDA, sífilis, tuberculosis abierta, lepra y muchas enfermedades exóticas que nosotros, en Europa, no sabemos cómo tratarlas, al no tener suficiente personal preparado y especializado. Sin embargo podemos comprobar que la incidencia de enfermedades tropicales no resulta estadísticamente significativa en contra del miedo que se pretende difundir.
Por otra parte el accidentado camino de la emigración elimina a los más débiles, que son los que requieren ayuda y se compone mayoritariamente de personas jóvenes con pocas patologías o minusvalías. Si bien los refugiados han traído a lactantes y niños pequeños que requieren una atención adecuada, nunca salvo en escasas reunificaciones familiares, traen ancianos con enfermedades crónicas, que son entre los nacionales los que consumen el mayor gasto de la SS que todos mantienen con sus aportaciones. No puede argüirse pues que el inmigrante constituya una gravosa carga.

8 “Son demasiado diferentes, nunca se integrarán”. Nuestras sociedades son multiculturales y cosmopolitas de hecho. Nuestra cultura se renueva sin cesar gracia a quienes la hacen día a día, y por esto nuestros modos de vida son ricos y variados.

Hay circunstancias puntuales que se magnifican interesadamente, como el hecho de que algunos migrantes no saben comportarse de acuerdo con los parámetros cívicos de Occidente, que chocan con sus costumbres o convicciones religiosas. Análogamente sucede con comportamientos minoritarios violentos en situaciones de discriminación, frustración o desatención ante una necesidad extrema, que por desconocimiento del medio, la cultura y el idioma, sienten como tales y no pueden racionalizar. Está claro que nadie es capaz de cambiar de un día a otro unos usos y costumbres arraigados secularmente en sus culturas; tienen que existir mediadores o traductores que les hagan entender las bases de una mínima disciplina ciudadana.

Menos frecuentes aún son los incidentes achacables a arrogancia o exigencia de migrantes ante el personal de los servicios sociales o sanitarios, o aquellos derivados del fanatismo religioso. Pero profesores, asistentes sociales o sanitarios son agredidos con frecuencia similar por ciudadanos nacionales enfurecidos o que Testigos de Jehová igualmente nacionales, se niegan a determinados tratamientos sanitarios vitales.

Los problemas nacen de la incapacidad o falta de voluntad del mundo político/económico/social para fomentar el “vivir juntos”; de su miedo a la pérdida de identidad y el control de sus privilegios. Si el “vivir juntos” no se aborda o se enfoca de modo inadecuado, las diferencias de origen, religión, comportamientos o estilos de vida conducen al miedo y al rechazo. Pero ¿por qué hemos de aceptar esta postura contraria a lo que nos enseña la Historia?
Los problemas no son culpa necesariamente del otro, del extranjero, pueden deberse a la cerrazón y el rechazo local a priori. ¿Por qué no considerar a los migrantes como ciudadanos activos, no sólo para integrarles, sino como personas que pueden participar plenamente en la construcción de nuestras sociedades multiculturales del mañana?

Si el diálogo, el encuentro y la síntesis social multicultural están en el centro de las políticas nacionales y europeas, sería posible evitar enfrentamientos y caminar hacia un futuro deseable. Pensar que el diferente supone una amenaza es casi siempre el resultado del desconocimiento, o de la desconfianza en los propios valores y en la democracia. El aprendizaje de la lengua y cultura nacional, la vivencia de una ciudadanía democrática, la interiorización de los derechos humanos y las ventajas del estado del bienestar, son jalones del recorrido que permiten a los extranjeros contrastar estos valores con su propia cultura y llegar a considerarse miembros activos dentro de la diversidad de la comunidad nacional que les acogió.

9 “Entre los refugiados, sin duda hay terroristas”. Y violadores y delincuentes de todo tipo. Es una de las frases más repetida por muchos ciudadanos asustados tras cualquier atentado o suceso amplificado por los medios de comunicación. En primer lugar recordemos que los solicitantes de asilo que llegan ahora con nosotros son las primeras víctimas del terrorismo, el radicalismo y el yihadismo, especialmente en Irak y Siria. Es precisamente a causa de estas barbaridades y la violencia de la guerra por lo que están huyendo de sus países.

Aunque no es totalmente imposible que un terrorista se disfrace de refugiado para venir a Europa, porque no existe el riesgo cero, vemos que de hecho han empleado otras vías para establecerse en ella. Esta improbable posibilidad de confundirse con los refugiados, no tiene el peso moral suficiente para calificar como sospechosos a todos los que buscan protección para ellos y sus familias, que sin duda son la inmensa mayoría.

Se dá amplio eco mediático a la alarma social basada en los mensajes sin confirmar que identifican delincuencia o terrorismo con refugiados, pero mucho más restringidos son los desmentidos de acusaciones gratuitas, como las de agresiones sexuales ocurridas en la Nochevieja en Colonia (Alemania). Dos meses después de lo ocurrido y de las acusaciones vertidas, se ha podido saber que solo 3 de los 58 hombres detenidos por los abusos sexuales y robos en Colonia eran refugiados.

Dicho esto, es evidente que las personas refugiadas han sido las más perjudicadas por los hechos que se les han atribuido y que, desde entonces, no se cesa de buscar en ellas fáciles “chivos expiatorios” a los que culpar de todo conflicto social y criminal en el seno de las sociedades europeas.
Debemos hacernos conscientes de que la manera correcta de mantener la identidad europea está en defender nuestros valores, buscar la verdad, acoger y defender los derechos humanos y cumplir con nuestros deberes internacionales.

10 “¿Por qué no se quedan en casa para desarrollar su país”. Muchos inmigrantes no tienen más remedio que abandonar su país, sus hogares y sus familias. Tomar el camino del exilio para escapar de la guerra, la violencia o la pobreza. (art 13 de la Declaración universal de los derechos humanos). Otros escapan de unas condiciones de vida económicamente inviables para sostener unas condiciones de vida mínimamente decentes.

Los inmigrantes son importantes contribuyentes mediante la transferencia de dinero a sus países de origen, como en España se sabe por experiencia. Actualmente los importes enviados por los emigrantes a sus países de origen, son mucho más altos que los presupuestos de la Ayuda Oficial para el Desarrollo a dichos países, Ayudas Oficiales que por otra parte cada vez son menores.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha demostrado que la migración no sólo puede mejorar el desarrollo humano para las personas migrantes, sino también para la nación de acogida y la de origen.
Por tanto la respuesta es clara: porque si consiguen sus objetivos al emigrar, el resultado económico individual y colectivamente en su país de origen es mucho más favorable que el quedarse.

lunes, 30 de enero de 2017

El pueblo mapuche se levanta en defensa de sus ríos

 


Yasna Mussa, desde río Muco, Región de la Araucanía. Viernes 20 de enero 2017


La lucha del pueblo mapuche abarca mucho más de lo que ha aparecido en los medios durante las últimas semanas. Decenas de comunidades luchan en silencio contra hidroeléctricas y represas que amenazan sus recursos. En el río Muco, en el corazón de la Araucanía, casi 20 comunidades se oponen a la construcción de un embalse que amenaza con inundar sus territorios.
El silencio se interrumpe con el sonido de un kulkul. Ocurre justo en la orilla del río Muco, a unos 6 kilómetros de Pillanlelbún, en la comuna de Lautaro, región de la Araucanía. Allí se encuentra un grupo de comuneros mapuche, quienes han bloqueado con árboles los caminos aledaños para anunciar una advertencia: este es el Wallmapu. Territorio mapuche que defiende su autonomía y rechaza cualquier intervención que busque alterar la convivencia histórica con la naturaleza.

A ese lado del río, miembros de la comunidad Mateo Ñirripil autónoma cumplen con su turno de vigilancia. Es una mañana de sol. El aire es ligero, los animales se pierden entre las plantaciones y la armonía del paisaje con el sonido parecen inquebrantables, pero Elvis Millán, vocero o más bien werkén, como se le denomina en mapuzungun, explica a qué responde su reclamo. “La principal amenaza es el tema del río. Quieren hacer un embalse pasándonos a llevar. Son más de 20 comunidades hoy en día que se están oponiendo a esa construcción que va en derecho beneficio a particulares. Ahora, el Estado lo está disfrazando, diciendo que es en beneficio de las comunidades pero no es así. Las comunidades que están dentro del rango de la construcción de este embalse se están oponiendo igual, entonces ellos sí o sí quieren establecer este tema obligatoriamente”.

Las comunidades han recurrido a distintas instancias jurídicas e institucionales para exigir que cese la intención de intervenir el río, espacio natural que no consideran de su propiedad, sino más bien, del que se sienten parte indivisible. Millán, asegura que la postura que han tomado las comunidades de Lautaro y Vilcún ha significado la presencia de un gran contingente policial permanente en la zona.

“Acá el hostigamiento es a diario. A distintos miembros de la comunidad. Llegan de noche incluso, provocando y disparando a diestra y siniestra. Nosotros lo vemos como un ataque político, una forma en que ellos nos quieren amedrentar, avalados obviamente por el Estado chileno. Y nosotros como comunidades autónomas nos defendemos de cada ataque que se está realizando porque ya no queremos decir resistencia, porque la resistencia es cuando uno recibe y no se defiende. Nosotros hemos tomado una posición radical y nos vamos a defender de cada ataque que se haga a miembros de la comunidad o a las comunidades que se están movilizando en contra de la construcción de este embalse”, dice Millán.

Los ataques a los que se refiere se repitieron una y otra vez durante el pasado 2016. En una zona que se encuentra en constante conflicto desde 2008, el nivel de estrés al que son sometidos los comuneros, sobre todos los niños, es permanente. Esta mañana de enero, a un lado de las barricadas se instalan los jóvenes mapuche, muchos de ellos menores de edad, quienes cubiertos con una capucha prefieren resguardar su identidad por motivos de seguridad. Hugo Ñirripil es presidente de esta comunidad autónoma y desde el otro lado del río apunta a los responsables. “Acá tenemos hartos niños que en esa época, en esos años, que tenía 7 u 8 años, eran investigados en el colegio. Eran molestados, atajados en el camino y hoy día esos mismos niños están acá. Porque ellos buscan, traen el problema, traen el odio hacia las comunidades. Lo que le decíamos nosotros, le recalcaba yo al señor intendente: Yo tengo dos hijos, Tengo uno de 13 y otro de 3 años. Si ellos ven que al papá lo vienen a molestar, lo vienen a hostigar, con qué sentimiento o cómo creen que mis hijos van a ver a la policía. De qué forma los van a mirar. Solamente odio”, sentencia Ñirripil.
Y el odio al que se refiere comienza a llegar cerca del mediodía. A unos 500 metros al otro lado de la barricada, observamos las primeras patrullas de Carabineros que se instalan cerrando el paso, en posición de ofensiva. Los jóvenes se ordenan, arman una hilera detrás de la barricada y preparan sus hondas artesanales. Elvis exhibe los cartuchos de perdigones y lacrimógenas que han quedado como muestra irrefutable de la represión.

“El Estado chileno directamente es responsable de este conflicto. Ellos no quieren reconocer que si hoy en día hay terrenos en manos de particulares es porque ellos avalaron esa usurpación de terrenos. Ellos trajeron a colonos extranjeros, nos despojaron de nuestras tierras, nos están despojando en este momento de los recursos naturales, como son los ríos con la construcción de embalses o como son las construcciones de hidroeléctricas. Ellos, de una u otra forma, saben el conflicto que han creado por eso que atacan políticamente diciendo que acá hay violencia, pero la violencia viene de parte de ellos”, dice el werkén.

Los comuneros también han denunciado irregularidades en el otorgamiento de permisos ambientales y, si bien se han reunido en reiteradas ocasiones con José Miguel Hernández, intendente de la Araucanía, aún no reciben la única respuesta concreta que están dispuestos a aceptar: El cese de cualquier construcción que intervenga el curso natural del río y que atente contra su cosmovisión.
Antes ya lo habían conversado con el ex intendente, Andrés Jouannet, con quienes sostuvieron conversaciones desde que se enteraron de las intenciones del Ministerio de Obras públicas, de la Dirección de Obras Hidráulicas, y el trabajo de la consultora SIGA, quienes buscaban la aprobación de las familias aledañas al río. Hugo Ñirripil, presidente de la comunidad autónoma Mateo Ñirripil desmiente tajantemente que la construcción de este embalse sea en beneficio de los suyos.

“En el fondo, esto es para los grandes latifundistas de acá. Para regar 400 ó 500 hectáreas. Y lo que nosotros le recalcamos el otro día en Temuco al señor intendente, que no puede ser posible que en beneficio de dos comunidades matemos a 18 o 19 comunidades más acá. Porque usted sabe que el agua quieren pasarla por ductos o sistema de canales. El agua iría a los predios de estos fundos y volvería con todo el residuo que hoy día se usa ya sea de fertilizante, elementos químicos para fumigar, entonces se haría un lavado y todo eso vendría al río. Y como mi comunidad es la última comunidad aquí que pertenecemos al río Muco y recibiremos todo el desecho acá”, dice Ñirripil.
Al final de la mañana, los comuneros adelantan que será otra jornada de enfrentamientos y resistencia. Aseguran que seguirán allí hasta las últimas consecuencias. Reafirman un principio: no es que esta tierra sea suya. Es que ellos son de esta tierra.
*Fuente: Diario UdeChile

Fuente: Servindi

sábado, 28 de enero de 2017

“No hay justicia sin pan a los hambrientos, acogida a los extranjeros, cuidado a los encarcelados…”


Xabier Pikaza Ibarrondo

El problema de fondo es saber si hoy (año 2017) existe un Estado Legal, en ese sentido, capaz de garantizar la comida a todos los hambrientos, o si el poder real está en manos de un orden económico que no tiene en cuenta a los hambrientos.

Las seis tareas principales que han de cumplirse
"No hay justicia sin pan a los hambrientos, acogida a los extranjeros, cuidado a los encarcelados..."
"No pueden imponerse como ley, pero marcan el sentido de la Justicia"


...Y sin bebida para los pobres, vestido para los desnudos y curación para los enfermos. Así lo proclama Mt 25,31-46. Este pasaje expone las seis tareas principales de la justicia, pues el evangelio no les llama "obras de misericordia", como hará la tradición posterior, sino de justicia, en el sentido estricto de la palabra, como seguiré indicando:

Mt 25, 31-46 ofrece así la primera tabla de justicia social (universal), con los derechos y deberes de lo hombres, como indicaré de manera programática, exponiendo luego su sentido:

‒ No hay justicia si los hambrientos no comen… El derecho del hambriento a la comida es anterior a todas las leyes concretas. Un Estado que no se comprometa a alimentar a todos los que tienen hambre no es justo.

‒ No hay justicia si los sedientos no beben… Un Estado que (teniendo medios) no garantiza el agua a todos los ciudadanos no es un Estado de derecho, sino una asociación de delincuentes, al servicio del aprovechamiento social de algunos.

‒ No hay justicia si no se acoge y defiende a los extranjeros. Las formas concretas de hacerlo pueden variar... Pero si un estado no acoge y protege a los extranjeros deja de ser Estado de Derecho, para convertirse, a lo más, a una asociación de egoísmo compartido.

‒ No hay justicia si no se ofrece vestido (dignidad) a todos. También aquí pueden variar las formas de hacerlo, pero un Estado que no respeta y ofrece dignidad a desnudos (a los disidentes y distintos, a las minorías) termina convirtiéndose en una masa de delincuentes legalizados.

‒ No hay justicia si no se visita-cuida a los enfermos. Si el Estado no toma como prioridad el cuidado de los enfermos deja de ser Estado de Derecho y se convierte en una especie de nazismo más o menos barnizado de racionalidad, que se siente capaz de abandonar o expulsar a los menos fuertes.

‒ No hay justicia si no se visita, cuida y ayuda (re-educa) a los encarcelados. Frente a la ley del talión o la venganza que sigue imperando en muchos estados (y en la conciencia de muchos ciudadanos), un Estado que no es justo con los encarcelados, en línea de acogida y ayuda no es Estado de derecho.

Desde eso fondo he querido desarrollar aquí el argumento principal de mi conferencia en el CMU de Chaminade, Madrid, de la que hablé inicialmente ayer.



Éstas son obras de...

‒ Las "obras de Mt 25, 31-46 son obras de obras de justicia, como dice expresamente el texto, pues aquellos que las cumplen se llaman justos: “Entonces responderán los justos (dikaioi)”, es decir los de la derecha (25, 37), es decir, los que han dado de comer y beber a los necesitados. Al utilizar este lenguaje, el texto asume no sólo toda la tradición de la justicia del Antiguo Testamento (tsedaqa: ayuda a los necesitados), sino todo el mensaje de Jesús en el evangelio de Mateo, a quien podemos llamar el evangelio de la justicia (cf. Mt 5, 20 hasta 23, 23).

Por eso, en sentido estricto, las obras de Mt 25, 31-46 no son de “misericordia” separada, esto es, no tratan de algo que puede o no hacerse (de algo que queda a discreción de los hombres), sino expresión de la justicia de Dios, que se expresa en la vida de los hombres. Eso significa que esos dolores no remediados provienen de la injusticia de los hombres, de manera que el sufrimiento de los encarcelados, en el que culminan los seis males de la humanidad, puede y debe entenderse como signo de máxima injusticia.

Más aún, al interpretar esas obras como expresión de la “justicia mesiánica” (que, como hemos visto, está en el fondo de la vida y mensaje de Jesús), aquellos que no las cumplen corren el riesgo de destruirse a sí mismos (de caer en el fuego eterno). En ese contexto, para defender precisamente la misericordia, para darle toda su seriedad, ella debe situase en un contexto más alto de riesgo de juicio: Allí donde los hombres no “cumplen” esas obras, es decir, no se abren al continente de la misericordia, corren el riesgo de destruirse a sí mismo, de destruir la misma humanidad.

‒ Son obras de servicio, es decir, de diakonía, como dice expresamente la pregunta de los “condenados”: ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento… y no te servimos” (kai ou diêkonêsamen soi?; 25, 44). No se trata pues de unas obras de tipo más o menos discrecional, sino de servicio interhumano, en el sentido radical de la palabra, en el centro del mensaje de Jesús de la tarea de la Iglesia.

En un sentido extenso, el Nuevo Testamento distingue entre el doulos o esclavo, que sirve por necesidad, es decir, por condición social, el diakonos o siervo, que es un hombre libre, que sirve a otros por su propia voluntad., aunque a veces los matices se solapan. Sea como fuere, Jesús aparece en el Nuevo Testamento como el gran servidor o diakonos, aquel que ha venido a servir a los demás, regalándoles la vida (cf. Mt 20, 28).



Aquí se expresa la gran revelación de este pasaje: El hombre está hecho para “servir a Dios”, sirviendo a los necesitados (en esa lista que va del hambriento al encarcelado), es decir, a los hombres y mujeres de su entorno, en un sentido universal, abierto a toda la humanidad. Servir es dar o, mejor dicho, darse para que el otro viva. Este descubrimiento de la solidaridad universal y del servicio concreto a los demás, como expresión y presencia de Dios (plenitud del hombre) constituye el mensaje central del evangelio.

En esa línea sigue siendo necesaria la advertencia final de juicio, con el riesgo de la destrucción eterna. El hombre es el viviente cuya realidad se expresa en forma de amor activo a los demás, en línea de servicio, de manera que allí donde unos hombres no sirven a los otros (empezando por los padres que sirven a sus hijos…), la misma humanidad corre el riesgo de destruirse a sí mismo. Como he dicho ya, en contra del lema latino fiat lex, pereat mundus (cúmplase le ley, aunque deba hundirse el mundo), hay que elevar aquí el principio más alto: fiat misericordia, ne pereat mundus (hágase misericordia, para que el mundo no pereza)… Los que no hacen misericordia corren el riesgo de perderse a sí mismos.

‒ Son obras de solidaridad y comunión humana, que se realiza a través de una salida (ir donde los necesitados: los enfermos y los encarcelados) y de acogida (de recibir, synagogein, a los extranjeros…). En este contexto evoca la palabra clave de la tradición judeo-cristiana de su tiempo, que es la de recibir y crear espacios de diálogo y convivencia, tal como se realizan especialmente a través de las “sinagogas” (pero no de unas pequeñas sinagogas judías, sino de la gran sinagoga de la humanidad, donde caben todos, empezando por los más pequeños).

La tradición cristiana ha puesto más de relieve la palabra “iglesia”, entendida en sentido más confesional, como asamblea en la que se reúnen los “convocados” y celebran el misterio de Jesús (cf. Mt 16,18 y 18,17). Pero en Mateo (y en la iglesia primitiva) sigue siendo fundamental la experiencia de la “acogida” humana, tal como se expresa por la palabra synagogein, sinagoga.

No se trata, pues, de ayudar simplemente desde fuera (como podría suceder en el caso de dar de comer y de beber), sino de acoger en el propio grupo, formando así comunión humana, un espacio de diálogo integral, superando las divisiones que se van estableciendo entre grupos y grupos. Así lo ha destacado 25, 35. 38. 43, poniendo de relieve la importancia de la “acogida”, como creación de un espacio de convivencia humana. Pues bien, en ese contexto, los que no acogen a los demás corren el riesgo de destruirse a sí mismos.



‒ Son finalmente obras de episcopado, en el sentido también radical de la palabra. Como estamos viendo, en un sentido radical, los representantes del sentido más profundo de la humanidad de Dios son los que sufren, los necesitados (de los hambrientos-sedientos a los enfermos-encarcelados). Pues bien, en sentido activo, los representantes del Dios salvador son los que hacen justicia, sirviendo a los otros y acogiéndoles. No se trata, pues, de dejar que las cosas sean, de dejar que el mundo siga siendo como era, sino de transformarlo desde la misericordia.

En ese contexto ha proclamado Jesús la palabra central del “episcopado”, es decir, del cuidado por los demás, tanto en referencia a los enfermos (me cuidasteis: 25, 35), como en referencia a los enfermos y encarcelados (25, 43), utilizando en ambos casos el verbo episkeptomai (tener cuidado de, ayudar), del que viene el sustantivo episcopos, obispo, que es una especie de “superintendente”, encargado del servicio mutuo en la comunidad. La iglesia posterior reservará el nombre y función de episcopos, obispo, a unos ministros especiales de la comunidad, que están al servicio de ella, en una línea que terminará siendo básicamente ritual y sagrada. Pero en este pasaje todos los seguidores de Jesús están llamados a ser obispos.

En ese sentido, la iglesia entera tiene un carácter “episcopal”, pues todos los cristianos responsables del cuidado de los demás (de los hambrientos, exilados, desnudos…), y en especial, de los enfermos y encarcelados. En esa línea, allí donde unos no cuidan a los otros se destruyen a sí mismos, quedando en manos del puro talión de ley, que se expresa en el infierno. Así culmina el sentido de estas obras que la iglesia posterior ha llamado de “misericordia”, obras que son mesiánicas y humanas (divinas) en el sentido radical de la palabra, pues expresan la presencia activa de Dios en el mundo.

No hay justicia si…

Ciertamente, la justicia legal de los estados y del sistema de "comercio" (mercado) del mundo no reconoce de hecho ni cumple estos seis principios (dar de comer, de beber, acoger a los extranjeros, vestir a los desnudos, cuidar a los enfermos y encarcelados...).

En esa línea podemos afirmar que no es justo el sistema económico mundial (no cumple esos seis principios), ni son justos los grandes estados como USA,China, Rusia a España... porque que presumen de leyes e instituciones judiciales. En principio esos estados, son representantes y defensores de la injusticia organizada.




En su forma actual, los estados de occidente dicen ser “estados de derecho”, que cumplen la justicia. Pero, conforme a la experiencia más honda de la Biblia (y en este caso de Mt 25, 31-46), podemos afirmar que ellos son en general injustos, porque ponen su economía, educación y bienestar al servicio de algunos, no de todos.

Ciertamente, las obras de Mt 25, 31-46 no puede imponerse como ley, por justicia coactiva, pero ellas están en el fondo de la mejor conciencia jurídica de occidente, de manera que quien no las cumple no puede llamarse sin más justo, en un plano personal y social.

Esas obras marcan el sentido de la justicia, tal como ha sido formulada por la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) y las revoluciones sociales posteriores, como indica la Declaración de los Derechos Humanos (derecho a la educación, al alimento, a la casa, al trabajo y la asistencia sanitaria etc.) de manera que podría decirse:

‒ No hay justicia si los hambrientos no comen… El derecho del hambriento a la comida es anterior a todas las leyes concretas y a todas las normas de justicia estatal o social, como reconocen la misma declaración de los derechos humanos. Esto era algo inconcebible dentro de una justicia entendida en clave en clave grecolatina.

En esa línea, hay que afirmar que un Estado que no se comprometa a alimentar a todos los hambrientos no es justo no es justo, aunque diga ser un Estado legal. El problema de fondo es saber si hoy (año 2017) existe un Estado Legal, en ese sentido, capaz de garantizar la comida a todos los hambrientos, o si el poder real está en manos de un orden económico que no tiene en cuenta a los hambrientos, en contra del principio de la justicia misericordiosa de Mt 25, 31-46.

‒ No hay justicia si los sedientos no beben… Un Estado que (teniendo medios) no garantiza el agua a todos no es un Estado de derecho, sino una asociación política, al servicio del aprovechamiento social de algunos.

Pero también aquí el problema está en saber si el Estado (todos los estados) tienen medios para garantizar el agua para todos los necesitados, o si el Estado ha hecho dejación de autoridad, pues el tema real del agua, como el de la comida, no depende ya de un estado concreto, sino de la economía mundial. Sea como fuere, allí donde una serie de hombres y mujeres no tienen acceso al agua no puede hablarse de justicia real sobre el conjunto de la tierra.



‒ No hay justicia si no se acoge y defiende a los extranjeros. Las formas concretas de hacerlo pueden variar, pero si una determinada formación política no acoge y protege a los extranjeros deja de ser Estado de Derecho, para convertirse, a lo más, a un grupo de justicia particular. Conforme a Mt 25, 31-46, el que dice “tuve hambre…, fui extranjero” no es el miembro concreto de un Estado, sino un hombre o mujer sin más, por encima de los estados concretos.

En esa línea, conforme a Mt 25, 31-46 una justicia estatal que no reconoce el derecho de los extranjeros ni les ofrece unos espacios de acogida no es justo, de manera que los individuos concretos (los grupos humanos) pueden elevarse en contra de ese Estado, pues los derechos y deberes de cada persona están por encima del mismo Estado.

‒ No hay justicia si no se garantiza vestido (dignidad) a todos los hombres. Las formas de hacerlo serán también distintas, en cada circunstancia, pero la dignidad (vestido, educación) de los desnudos o desprotegidos ha de ser principio, fuente de inspiración, de toda justicia, de manera que está por encima de las leyes particulares de un Estado o del mismo orden económico mundial.

En ese sentido, las obras de misericordia/justicia que se deben a cada ser humano en cuanto necesitado tienen prioridad sobre todas las leyes particulares de la economía mundo o de los estados. En esa línea podemos afirmar que no existe Estado de derecho (es decir, un Estado justo) si no se compromete a cumplir esos principio (ofrecer alimento, acogida, dignidad, servicio sanitario y espacio de reeducación) a los necesitados (hambrientos, extranjeros, enfermos, encarcelados). El Estado ha de estar al servicio de eta justicia superior, y no a la inversa.

‒ No hay justicia si no se visita-cuida a los enfermos. Si el Estado, que asume la autoridad legal sobre un territorio y/o grupo de personas no toma como prioridad el cuidado de los enfermos deja de ser Estado de Derecho y se convierte en una institución para el servicio particular de algunos privilegiados o del sistema económico.

Ciertamente, no todos los estados del mundo reconocen este principio “supra-legal”, de manera que algunos (como USA) tienden a dejar el servicio sanitario en manos del dinero de los particulares (condenando a los pobres a la enfermedad y a la muerte). Pero ese principio ha sido fijado de una vez y para siempre en Mt 25, 31-46, como fuente y base de toda ley particular, de manera que allí donde no se cumple los hombres corren el riesgo de destruirse a sí mismo.

‒ No hay justicia si no se visita, cuida y ayuda (re-educa) a los encarcelados. Frente a la ley del talión o la venganza que sigue imperando en muchos lugares, un Estado que no ponga de relieve la exigencia de visitar (de acompañar, cuidar…) los encarcelados, en línea de acogida y ayuda, no es Estado de derecho, termina siendo injusto.

En esa línea, unas acciones y gestos que en otro tiempo se concebían como pura misericordia han de concebirse hoy como obras de justicia, como había presentido Mt 25, 31-46 al llamarlas obras de justicia. Según eso, unos gestos que en otro tiempo aparecían como “religiosos” han venido a convertirse en expresiones de justicia racional, dentro de un Estado concebido como defensor de los derechos de todos los ciudadanos.



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Fuente: periodistadigital

viernes, 27 de enero de 2017

La hospitalidad con los refugiados en el hinduismo.


Javier Ruiz Calderón (Shánkara)

El hinduismo es una religión de emigrantes. Alrededor del año mil AEC llegaron a la India unas tribus indoeuropeas procedentes del norte de Asia que probablemente habían abandonado su lugar de origen buscando mejores climas. Se instalaron en el norte de la India, donde se mezclaron con los nativos dando lugar a la religión híbrida —como todas— que actualmente conocemos como el hinduismo.

La India ha sido un hogar para los refugiados de todas las religiones y sectas. A lo largo de milenios han ido llegando al subcontinente oleadas de personas que huían de la persecución política y religiosa, no solo de los países vecinos (los actuales Pakistán, Bangla Desh, Tíbet y Sri Lanka) sino también de Afganistán, Irán, Irak, Somalia, Sudán y hasta Uganda. Eso se debe en parte a que la tolerancia de la diversidad característica del hinduismo hace que le resulte más fácil acoger a los que llegan de otras latitudes.

Merece la pena citar extensamente a este respecto el final de la intervención de Swami Vivekananda en el parlamento de las religiones de Chicago de 1893, documento inaugural del hinduismo moderno:
«Me enorgullezco de pertenecer a una religión que ha enseñado al mundo tanto la tolerancia como la aceptación universal. No sólo creemos en la tolerancia universal, sino que aceptamos que todas las religiones son verdaderas. Me enorgullezco de pertenecer a una nación que ha amparado a los perseguidos y refugiados de todas las religiones y todas las naciones de la tierra. Me enorgullezco de deciros que hemos acogido en nuestro seno los restos más puros de los israelitas, que vinieron al sur de la India y hallaron refugio con nosotros el mismo año en que la tiranía romana hizo pedazos su templo santo. Me enorgullezco de pertenecer a la religión que ha protegido y sigue sosteniendo lo que queda de la gran nación zoroástrica. Os voy a citar, hermanos, unos versos de un himno que recuerdo haber repetido desde mi primera infancia, que recitan todos los días millones de seres humanos: «Como todos los diferentes ríos nacidos en lugares diferentes mezclan sus aguas en el mar, del mismo modo, Señor, los diferentes caminos que toman los hombres debido a sus tendencias diversas, aunque parezcan distintos, sinuosos o rectos, todos llevan a Ti».

A los mencionados por el swami habría que añadir más recientemente los refugiados tibetanos, los rohingyas de Mianmar, etc.
Esta tradicional apertura a lo diferente y a lo ajeno sigue vigente en el estado laico actual. Aunque la India no haya firmado la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y no cuente con una ley nacional sobre refugiados, la constitución protege los derechos humanos de los refugiados y los solicitantes de asilo, que tienen acceso a los servicios de salud y cuyos hijos pueden asistir a la escuela.

Sin embargo, en el hinduismo siempre han coexistido un ala abierta, tolerante y acogedora y un ala intolerante y cerrada al diálogo con las demás religiones, en especial con el islam y el cristianismo, a los que considera religiones extranjeras e invasoras, lo que ha dado lugar a conflictos con esas comunidades. En esta línea se encuentra el partido que está en el poder en estos momentos, el «nacionalhinduista» BJP, cuyo primer ministro, Modi, ha declarado que la India es el hogar natural de todos los hindúes (no de todas las personas de origen indio) y que todos ellos serán bien recibidos en ella cuando lo necesiten. Eso hace que se tienda a acoger con los brazos abiertos a los refugiados hindúes, pero no tanto a los que no pertenecen a esa tradición, en especial a los de las religiones que se ven como adversarias. Lo que piensa en el fondo este hinduismo integrista es que la India es una civilización esencialmente hindú, y que las demás religiones pueden ser más o menos toleradas, pero de ninguna manera tratadas en pie de igualdad.

En las escrituras hindúes no hay mucha doctrina explícita sobre la manera correcta de tratar a los refugiados. Sin embargo, en las epopeyas —el Mahabhárata y el Ramáyana— se plantean narrativa y concretamente toda clase de cuestiones éticas, y queda claro que a los emigrantes que se comportan noblemente hay que tratarlos con la misma hospitalidad con que se debe acoger a las personas que llegan a nuestro hogar familiar. De hecho, los principales protagonistas de ambos relatos —los cinco hermanos Pándava y Rama y su familia, respectivamente— pasan años exiliados, lejos de su hogar y de su país, y se elogia abiertamente el comportamiento de las personas que, sabiendo quiénes son o sin saberlo, los reciben generosa y hospitalariamente.

Veamos, pues, lo que dicen las escrituras hindúes sobre el modo correcto de recibir a los visitantes. El Código de Manu, principal texto sobre el dharma (deber) del hinduismo, dice que, como siempre hay que ser generoso y compasivo con todos los seres vivos, al átithi (el visitante, «el que no se queda»), sea conocido o desconocido, hay que honrarlo y tratarlo con veneración, recibiéndolo aunque llegue a una hora inconveniente, y ofrecerle sin dilación un asiento, agua, comida lo mejor cocinada posible y conversación agradable. Solo se debe comer cuando el visitante haya acabado de hacerlo. Hay que prepararle un lugar para descansar, servirle adecuadamente y despedirse de él cuando se vaya. Todo esto en la medida de las posibilidades de cada uno. El Código de Manu no es un texto en absoluto igualitario, y por eso insiste en que el modo de recibir al visitante debe adaptarse a su nivel social, tratándose mejor a las personas de casta más elevada, pero no excluyendo de este buen trato a los siervos, las mujeres, los enfermos y las personas dependientes. Pero matiza que habría que abstenerse de ser hospitalario con las personas malvadas e hipócritas, incluidos los heréticos y los racionalistas —a los que la sociedad hindú de principios de la Era Común veía como pecadores de la peor especie—, así como cuando se tratara de una muchedumbre a la que sería imposible recibir adecuadamente.

El prestigioso intelectual hindú Satya Vrat Shastri trata el tema del «Respeto a los visitantes» en las páginas 235-240 de su libro Human values. Definitions and Interpretations, vol. I (Calcuta, Bharatiya Vidya Mandir, 2013), donde, citando una docena de textos tanto religiosos como literarios, da una versión actualizada del mismo asunto. Empieza enunciando el principio fundamental: átithi devo bhava: «que el visitante sea un dios para ti». Al visitante hay que tratarlo como si fuera Vishnu (Dios). Repite con otras palabras lo dicho por Manu, y añade que el átithi no es un invitado conocido (abhyágatas), sino un desconocido que llega a nuestro hogar y que, aunque haya que recibir con generosidad a cualquiera que llegue, conviene tener cuidado con los desconocidos y ser precavido con aquellos cuyos motivos no estén claros, para que no abusen de nuestra hospitalidad.

Tanto el hinduismo antiguo como el moderno, pues, predican una actitud hospitalaria, aunque prudente, con aquellos que llegan a nuestro hogar. Que esto no es una mera teoría sino una realidad práctica, lo demuestran los consejos sobre la etiqueta en la India que se leen www.protocolo.org, y que resumo a continuación: Los indios dan mucho valor al trato de sus invitados. Son unos excelentes anfitriones. Son tan atentos con los invitados y con los forasteros que estos pueden sentirse un poco abrumados por la gran cantidad de personas que los invitan a los más diversos eventos o actos tanto sociales como familiares. Generalmente, cuando alguien llega a la casa de una familia india a la que ha sido previamente invitado, es habitual que le pongan un pequeño collar o guirnalda de flores en señal de bienvenida. Para ellos el invitado es el «rey» de la casa y por ello se le trata lo mejor posible, con toda clase de atenciones. Tanto es así, que los errores que puede cometer el visitante en cuanto a las normas de comportamiento y etiqueta de la India le serán disculpadas.

Nunca hay que dar gracias por la comida, pues se considera un insulto agradecer algo que se ha ofrecido generosa y gratuitamente. Para ellos, dar las gracias por la comida es como pagar por ella, y pueden interpretarlo como una ofensa. La mejor manera de agradecerles la invitación es corresponderles con otra comida de características similares a la que ellos ofrecieron. Esa invitación significa que se valora la buena relación que se tiene con ellos.
Cualquiera que haya viajado a la India puede confirmar lo hospitalarios y generosos que son los indios con los forasteros. Hasta las familias más humildes se desviven para compartir de lo que no tienen con los desconocidos que aparecen por la zona donde viven. Recuerdo una familia musulmana que nos invitó a entrar en su chabola y se gastó lo que para ellos era un dineral para comprarnos una coca cola.

Así pues, en resumen: la hospitalidad para con los invitados y visitantes es una norma tanto del hinduismo como de la cultura india en general. Esa actitud debe extenderse a la manera en que hay que tratar a los refugiados, que son una clase de visitantes (átithis): personas desconocidas que llegan a donde vivimos y que necesitan que los acojamos y los atendamos de la mejor manera posible.

jueves, 26 de enero de 2017

Alarmante aumento de amenazas y ataques a defensores de DD. HH.

Foto: Paulina Avevedo

Estudio elaborado por el Centro de Información sobre Empresas y DDHH considera casos de violencia y criminalización contra de defensores y defensoras, líderes y lideresas comunitarias, sindicalistas y organizaciones, en un contexto de conflictos sociales en escalamiento. Destaca entre las causas la competencia por la explotación de recursos naturales, la ausencia de espacios de participación e incidencia para las comunidades y pueblos afectados y la falta de acceso a la información ambiental.

Por Paulina Acevedo*

25 de enero. En el marco de un desayuno con distintas organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación, fueron presentados los resultados del Informe “Foco sobre Defensores/as de Derechos Humanos bajo amenazas y ataques en América Latina”, elaborado por el Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos, organización internacional con sede en Londres, que monitorea de acuerdo a lineamientos internacionales las afectaciones a derechos humanas por parte de empresas y corporaciones a lo largo del mundo.

Este es el segundo informe que produce dicha organización bajo el mecanismo de respuesta de las empresas, las que son requeridas por ésta ante denuncias de vulneración a estos derechos fundamentales. Desde este modo, desde septiembre 2013 hasta diciembre de 2016, el Centro contactó en 156 ocasiones a empresas respecto que reportaban abusos contra de defensores y defensoras, respondiendo el 43.8% del total.

El informe subraya que una de las problemáticas más serias de la región en el ámbito de empresas y derechos humanos en los últimos años son los ataques a las libertades civiles y a las y los defensores de derechos humanos. Experimentando América Latina un alarmante aumento en el número de casos de violencia y criminalización en contra de defensores y defensoras, líderes y lideresas comunitarias, sindicalistas y organizaciones. Como evidenció el informe de 2016 de Global Witness, que reporta 185 casos de activistas ambientales asesinados durante 2015, dos tercios de ellos en América Latina.

El informe fue presentado por Amanda Romero, investigadora y Representante para Suramérica del Centro de Información sobre Empresas y Derechos Humanos y Karen Hudlet, investigadora y Representante para México, Centroamérica y el Caribe del mismo Centro. Contándose además con comentarios a los resultados y alcances del informe, por parte de José Aylwin, director del Observatorio Ciudadano.

Siguiendo los lineamientos de los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos de la ONU (2010), y los estándares fijados en la Declaración de los defensores de los derechos humanos (1998), ambos de Naciones Unidas, donde este último reconoce como defensor a toda persona que defiende derechos propios o de terceros, basado en los instrumentos de derechos humanos, y que no recurre a la violencia, el informe evidencia que el mayor número de casos de vulneración produce en los sectores energético (41%), minero (27%), construcción (13%) y agrícola, alimentos y bebidas (12%), incluyendo muertes (36), desalojos (34) y golpizas o diferentes formas de violencia (27), siendo los países de mayor ocurrencia Colombia, México, Guatemala, Honduras y Brasil.

Comentarios y conclusiones

Tras la presentación del informe, Amanda Romero recalcó que este “aumento radical en los ataques y amenazas, en la mayoría de los casos se da en sectores donde hay conflicto por los recursos naturales. Ataques que incluyen también el uso de la herramienta penal para la persecución de los defensores”. Asimismo, sostuvo que es común el uso de la intimidación o medidas directas de los gobiernos, como por ejemplo procesos de expropiación u órdenes de desalojo, “para imponer un proyecto de inversión en razón del desarrollo”.

En cuanto al proceso recolección de información y de consulta a las empresas en el marco del informe, la investigadora Karen Hudlet destacó que “en general no existen códigos de conducta en la mayor parte de las empresas, y que la primera reacción de estas al ser requeridas frente a los hechos que se denuncian, es negar cualquier involucramiento, y en los casos en que esto es evidente, siempre negando participación en la transgresión, responden que condenan el hecho”. Por eso, afirma Hudlet, “garantizar la libertad de expresión es fundamental para la visibilidad de estos hechos”, apuntando a las amenazas de las que son víctimas también periodistas y comunicadores que dan cobertura a estos hechos.

De importancia es también, agrega Romero, “no olvidar considerar los contextos de conflictividad social y de desigualdad en que se producen estos hechos, donde las empresas no pueden beneficiarse de la conflictividad social que tienen sus proyectos para imponerlos”. Señala, por lo mismo, que es “vital que los gobiernos actúen para salvaguar los derechos de las personas que son vulnerados, no sacándolas de sus territorios para resguardarlas, pues ello las aleja de sus demandas y comunidad”, puntualizó.

José Aylwin, director del Observatorio Ciudadano, quien comentó los resultados del informe, destacó que este: “llega al país en un momento muy significativo, donde la situación de los defensores de Derechos Humanos ha llegado a un estado crítico”. Como permite ver un informe reciente del Observatorio de Defensores de la OMCT-FIDH sobre tierras, así como un estudio de OCMAL (2015) en el cual se registran 161 casos de conflictos relacionados con la minería, principal producto de exportación del país, y el mapeo de conflictos socioambientales realizado por el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), donde la mayor parte de los 102 casos catastrados corresponden al sector energético, 40 de los cuales involucran a pueblos indígenas y 90 están vinculados al derecho al agua.

Aylwin resaltó a su vez el impacto que tienen los acuerdos comerciales y de inversión en la generación de estos escenarios de conflictividad, ya que “detrás de esto hay una región abierta a la inversión externa, también entre países de América Latina, siendo varios los países que mantienen inversiones fuera de sus fronteras”. De hecho, cerca del 80% de las inversiones chilenas fuera de fronteras, “destacando el caso de Codelco, con situaciones de denuncias por vulneración de derechos en Ecuador, o la empresa Arauco, acusada de impactar al pueblo Guaraní, en Misiones, Argentina, como dio cuenta un informe del Comité DESC”.




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*Paulina Acevedo es periodista y coordinadora del Área de Comunicaciones del Observatorio Ciudadano en Chile. Correo: pacevedo@observatorio.cl Telef. +569 89006510.

Fuente: Servindi