miércoles, 17 de diciembre de 2014

Jesús de Nazaret, humanidad nueva.



Carlos Ayala Ramírez
Adital

En Navidad no solo celebramos el nacimiento de una persona excepcional, sino el surgimiento de una humanidad nueva manifestada en Jesús de Nazaret, en su modo de ser, en su mensaje, en sus actitudes liberadoras. La doctrina paulina habla del Nuevo Adán [Jesús] o del Segundo Adán, y establece una radical diferencia entre el primero y el segundo: "El último Adán se hizo un espíritu que da vida (…) El primer hombre procede de la tierra y es terreno, el segundo hombre procede del cielo. El hombre terrenal es modelo de los hombres terrenales; como es el celeste modelo de los hombres celestes. Así como hemos llevado la imagen del hombre terrestre llevaremos también la imagen del celeste” (1 Cor 15, 45-49). Y esta imagen, para Pablo, está presente de forma plena en Jesús, genuina humanidad nueva.

Ahora bien, ¿qué significa en el lenguaje bíblico la humanidad terrenal y la celestial? ¿Qué se quiere decir cuando se habla de Jesús como el principio de una humanidad nueva? Según Leonardo Boff, tal afirmación significa que en Jesús se reveló lo que de más divino hay en el ser humano y lo que de más humano hay en Dios. Esto es: una apertura total a Dios y a los demás; un amor indiscriminado y sin límites; un espíritu crítico frente a la situación social y religiosa vigente, porque esta no encarna sin más la voluntad de Dios; un cultivo de la fantasía creadora que, en nombre del amor y de la libertad de los hijos de Dios, cuestione las estructuras culturales; una primacía del hombre-persona sobre las cosas, que son de la persona y para la persona. Este modo de ser provocó en el pueblo una creciente atracción y admiración. En otros el impacto fue más profundo: decidieron seguirle.

El evangelio de Marcos registra muy bien estas reacciones. A la gente le atrae que Jesús enseñe con autoridad y mande incluso a los demonios (1, 22.27); que toque a las personas impuras, como al leproso (2, 10-12), curándolo y contraviniendo las leyes antiguas (1,45); que cure a un paralítico y perdone sus pecados (2, 10-12); que intencionalmente ponga en entredicho y contraríe la leyes, curando en sábado (1, 21-28); que expulse a los demonios y dé de comer al pueblo compartiendo y multiplicando la comida (6, 34-44); que interprete con libertad y con tanta autoridad las leyes y la palabra de Dios (2, 1-9). Por otra parte, la reacción de los dirigentes del pueblo es muy distinta. Ante ese modo de ser de Jesús los doctores de la ley decían: blasfema contra Dios (2, 6-7); anda con pecadores y cobradores de impuestos (2, 16); está poseído por el demonio (3, 22); quebranta la observancia del sábado (2,24); no guarda el precepto del ayuno (2, 8); no tiene autoridad (11, 28). En suma, mientras el pueblo en general admiraba mucho a Jesús, los jefes del pueblo, los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban prenderlo y eliminarlo (3,6). Jesús se orientaba con los criterios celestiales (con profundidad humana), mientras sus adversarios con los criterios terrenales (con mezquindad humana). En definitiva, Jesús es el proyecto de Dios hecho carne, que resulta totalmente contracultural respecto a los proyectos fundados en la idolatría del dinero, el poder y la ideología.

Pero la buena y gran noticia no es solo que en Jesús ha aparecido una Humanidad Nueva, sino que a partir de él se puede construir una Nueva Humanidad. Ya los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva, por eso después de su muerte y resurrección, prosiguieron su causa y lo consideraron el modelo de ser humano a seguir, más todavía, lo confesaron como "Dios con nosotros”, porque en ese modo novedoso y sorprendente de ser humano, solo puede ser y estar Dios.

Boff ha planteado, en uno de sus libros, al menos siete rasgos característicos de la Nueva Humanidad que se desprenden a partir de la Humanidad Nueva de Jesús. Enunciemos: humanidad solidaria, es decir, con capacidad para dejarse afectar por el sufrimiento ajeno, y que, como el buen samaritano, se inclina sobre los despojados para ofrecer su ayuda; humanidad profética, que con lucidez crítica denuncia los mecanismos creadores de opresión y exclusión, y a su vez, anuncia con palabras y obras, el ideal de una sociedad fraterna y justa; humanidad comprometida, con la causa de los excluidos del mundo, buscando una nueva civilización que de centralidad a la persona, especialmente a los empobrecidos; humanidad libre, que procura la libertad de los esquemas y de las falsas ilusiones impuestas por el sistema, a fin de ser libre para crear con los demás, las formas mejores de vida, de trabajo, de ser cristiano; libre para ser más disponible para los otros y estar dispuesto hasta dar la vida en testimonio coherente con los ideales del reino de Dios y su justicia.

Humanidad jovial, para enfrentar las tensiones y dolorosas rupturas que trae consigo la opción por los pobres y su liberación; cargar con jovialidad, esto es, relativizar las contradicciones y no dejarse dominar por el enfado, lo que constituye una señal de madurez y de presencia del espíritu de las Bienaventuranzas; humanidad contemplativa, que a pesar de lo escabroso de la lucha no pierde el sentido de gratuidad, de la fiesta y la convivencia fraterna; humanidad utópica, que trabaja por la pequeña utopía de asegurar el pan de cada día, por la gran utopía de una sociedad incluyente y justa, y por la utopía absoluta de la comunión con Dios en una creación totalmente redimida.

Jesús, pues, es fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona son condición de posibilidad para alcanzar una humanidad humanizada. En palabras del teólogo José Antonio Pagola, Jesús puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

En suma, Jesús es ejemplo de humanidad plena, de una vida de pasión por Dios y de compasión para los otros. Esto es lo que se celebra en el misterio de la encarnación: la humanidad nueva de Jesús desde la cual podemos construirnos como familia humana, como nueva humanidad. Este es el motivo por el cual podemos desearnos una ¡Feliz Navidad!

Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA

Fuente: Adital

martes, 16 de diciembre de 2014

COP20. No hay nada que celebrar.



Por José F. Cornejo

16 de diciembre, 2014.- Luego de dos semanas de negociaciones la COP20 realizada en Lima sobre el cambio climático no logró el objetivo propuesto de concluir un documento borrador para ser aprobado en la COP21 de Paris el 2015. La declaración final presentada por la presidencia peruana ha permitido, efectivamente, evitar un fracaso como el ocurrido en la COP15 de Copenhague, pero esta declaración de compromisos vagos que ha gusto de todas las partes, no debe de ninguna manera ser presentada como un resultado exitoso.

Como ha advertido el panel de científicos del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima, GIEC, seguimos caminando al borde del abismo con el posible escenario de alcanzar temperaturas promedio globales por encima de los 2ºC de aumento, lo que traería consecuencias catastróficas e irreversibles para todas las formas de vida en nuestro planeta.

No hay pues tiempo para triunfalismos chauvinistas, porque el camino que nos queda por recorrer de aquí en adelante hacia la COP21 de Paris, está sembrado de grandes dificultades e interrogantes que la reunión de Lima no ha permitido despejar. Las diferencias subsisten entre los países desarrollados y los países emergentes y en desarrollo, sobre cómo establecer los compromisos nacionales de mitigación, adaptación y las responsabilidades financieras con los países pobres más afectados, manteniendo el principio del Protocolo de Kioto de responsabilidades comunes pero diferenciadas entre los países.

El Perú tiene la enorme responsabilidad de presidir estas negociaciones que se llevarán a cabo a lo largo del próximo año, y lo que debemos preguntarnos es cómo reforzar la autoridad de nuestro país como un facilitador serio, constructivo y responsable de este complejo y difícil proceso de negociaciones, para que la COP21 de Paris pueda finalmente aprobar un nuevo Protocolo vinculante para reducir lo más rápidamente posible, las emisiones de gases con efecto invernadero.

Y es ahí donde nos asalta la duda, y donde no vemos muchas razones para el optimismo sobre la capacidad facilitadora de la presidencia peruana. En los temas de la agenda interna sobre nuestras responsabilidades ante el cambio climático, hemos podido constatar que un sector del empresariado nacional sigue en una posición negacionista del problema. No solo lanzó una maliciosa campaña en contra del Ministro del Medio Ambiente en días previos a la inauguración de la COP20, sino que además obtuvo del gobierno, dentro del paquete de medidas reactivadoras, un desmontaje de las tímidas salvaguardas ambientales que existían en nuestro país. Por estas incongruencias la organización Climate Action Network (CAN) premió a nuestro país con el “Fósil del día” durante la Cumbre. Mientras subsista esta política depredadora frente al medio ambiente, mientras no exista un plan nacional de mitigación y adaptación con objetivos ambiciosos verificables que incluyan a nuestras comunidades nativas y al resto de la sociedad civil, las inconsecuencias de nuestro país seguirán siendo un obstáculo para que podamos cumplir el rol de un facilitador creíble en las negociaciones hacia la COP Paris 2015.

A este comportamiento contradictorio en nuestras responsabilidades nacionales, se suma el pésimo manejo de la agenda externa. En los debates de la COP20 de Lima quedó evidenciado que el Perú no tiene definido en que espacio negociador posicionarse, siendo miembro al mismo tiempo del G77 + China y el AILAC creado en Durban. Se anunció previamente a la COP20 de Lima, que saldría una declaración conjunta de los países latinoamericanos en apoyo a la presidencia peruana, y apareció sorpresivamente la Alianza del Pacífico, un grupo que no juega ningún rol en las negociaciones sobre cambio climático, evidenciando que la agenda comercial de los TLC prima sobre una estrategia propia para tratar la agenda medioambiental a nivel internacional.

La Alianza del Pacífico hizo el ridículo, no sólo al proponer separadamente colaboraciones al Fondo Verde, cuando había en curso la posibilidad de una posición común de todos los países de la región, sino que además Chile se alineó en las negociaciones finales con el grupo LMDC (LikeMindedGroup of DevelopingCountries) junto con Argentina, Ecuador y Venezuela. El Perú tiene que definir un posicionamiento claro junto a los países de la región y demás países en desarrollo que buscan acuerdos ambiciosos y vinculantes en Paris 2015.

Si queremos evitar los escenarios catastróficos que nos anuncia el grupo de científicos del GIEC debemos trabajar en varios frentes desde la sociedad civil para exigirle al gobierno peruano más coherencia y responsabilidad en el manejo de la agenda medio ambiental interna y externa. De lo contrario la presidencia peruana en este proceso de negociaciones seguirá marcada por sus contradicciones e incoherencias y no nos garantiza que alcancemos un nuevo Protocolo vinculante en la COP21 de Paris.

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Otras noticias:

Fuente: Servindi

lunes, 15 de diciembre de 2014

Declaratorio Jubileo Sur/Américas en la Cumbre de los Pueblos.


Contexto

La crisis actual no trata sólo del calentamiento global o de la ciencia que lo rodea; es también una crisis socio-económica, una crisis política, una crisis alimentaria y energética, una crisis ecológica.
En suma, una crisis sistémica que los pueblos del Sur, más que cualquier otro, sabemos que tiene que ver con nuestras vidas y futuro. Tiene que ver con nuestra alimentación, salud, tierras, semillas, cultura, derechos y bien vivir.
Se trata del incremento de la discriminación y la violencia, en especial contra las mujeres, las migraciones forzosas, la pérdida de soberanía sobre los recursos naturales y la imposibilidad de seguir existiendo como comunidades originarias en armonía con la Madre Tierra. Sobre todo, tiene que ver con la justicia: la justicia climática, ecológica, económica y de género, la justicia histórica.

Sobre la Red

Jubileo Sur/Américas, desde su constitución en el año 1999, viene asumiendo la tarea de aportar a la profundización de la relación existente entre la deuda financiera ilegítima reclamada a nuestros países, y la generación de Deudas Históricas, Sociales y Ecológicas. Desde el inicio de la era colonial, el Norte global –a través de sus gobiernos, corporaciones e instituciones financieras- ha explotado y saqueado la riqueza, bienes naturales, saberes, trabajo y vida de los pueblos del Sur.

La puesta en marcha, por parte de gobiernos y empresas multinacionales y multilatinas, de mega-proyectos y mega-eventos financiados por el endeudamiento público fomentado por las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) y los bancos privados, generó innumerables impactos, muchos de ellos de manera irreversible, sobre los ecosistemas, el clima y la biodiversidad del Planeta, violando los derechos de las comunidades, las personas y la Naturaleza.

En este proceso conjunto que hemos compartido y construyendo junto a redes y movimientos aliados, profundizamos sobre la necesidad del reconocimiento de la Deuda Ecológica, que tiene un origen en todo el proceso de expoliación y colonización que históricamente han cometido las potencias del norte, en los territorios del sur.

La deuda ecológica se profundiza con el avance, por parte de gobiernos y empresas multinacionales y multilatinas, de mega-proyectos y mega-eventos que son financiados por el endeudamiento público, y a su vez fomentado por las Instituciones Financieras Internacionales (IFIs) y los bancos privados, todo ello ha venido generando innumerables impactos sobre las poblaciones, ecosistemas, el clima y la biodiversidad del Planeta, dichos impactos se pueden identificar de forma más visible en las poblaciones históricamente excluidas es decir las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes.

Falsas Soluciones: Salvando el sistema financiero…No el Planeta

Los procesos de mercantilización y financiarización de la Naturaleza, consisten en poner ¨Valor¨ a todos los bienes naturales que existen en el planeta, suponen que donde todo se puede comprar o vender, y para ello se pueden utilizan cualquier Bolsa de Valores que ya exista, o se crean nuevas.

Esta es una nueva fase del capitalismo, con el mercado de los bonos de carbono, los Programas de Reducción de Emisiones de Carbono causados por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD+), los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), los Servicios Ambientales, la Agricultura Climática Inteligente, entre otros,

En ese escenario los pueblos originarios, campesinos, afrodescendientes y otras poblaciones pasan a proveer un nuevo tipo de trabajo asalariado, sus bosques se transforman en mercancía y los bienes de la Naturaleza pasan a ser "servicios ambientales”.

Las "falsas soluciones” al Cambio Climático son propuestas que generan grandes impactos en las comunidades más vulnerables. Así vemos como son expulsadas de sus tierras comunidades enteras. Hablamos de la vida concreta de millones de personas, hombres y mujeres, tanto del campo como de los centros urbanos, que día a día sufren la voracidad del capital y se ven afectados en su vida cotidiana, sus costumbres, saberes, culturas y creencias. Todo para que las corporaciones acumulen más poder y sigan ganando millonarias sumas de dinero a costa de la vida de los más débiles y de la Naturaleza.


El impacto en los Territorios

La lucha territorial por el derecho a la vida, constituye una de las formas de resistencia a la implementación de las falsas soluciones, hay una afectación voraz en las condiciones y medios de vida. Es la vida concreta de millones de personas, hombres y mujeres, tanto del campo como de los centros urbanos, que día a día sufren la voracidad del capital y se ven afectados en su vida cotidiana, sus costumbres, saberes, culturas y creencias.

El impacto es evidente en las diferentes formas de presión y exterminio de las comunidades, el incremento de la criminalización a las y los defensores constituye hoy en día una de las principales formas que el sistema tiene para garantizar las falsas soluciones al clima.

Los procesos multilaterales…La Conferencia de las Partes (COP 20)

Hace una semana dio inicio la edición número 20 de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático de la Naciones Unidas (COP 20). Transcurridos 20 años de negociaciones oficiales, es un hecho la captura corporativa de estos espacios que se suponen multilaterales.

Este ha sido un escenario que busca la solidificación del poder del mercado y los grandes intereses geopolíticos sobre las decisiones de la inmensa mayoría de los países empobrecidos, sin haber permitido que los pueblos puedan expresarse y ser tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones que los afectan de manera directa.

El rol de la mayoría de los gobiernos del Sur, tampoco ha sido contundente en cuanto a sostener un posicionamiento político sólido frente a los países más industrializados para visibilizar así su responsabilidad en el agravamiento de esta crisis y en la generación de una deuda con la Naturaleza y los pueblos, sobre todo del Sur global.

Las negociaciones se orientaron a facilitar un clima de mercantilización de las negociaciones, profundizando una total e intencional desviación de las verdaderas causas del calentamiento global y de retroceso en el establecimiento de obligaciones de corte de emisiones suficientes y vinculantes.

Al contrario, los Derechos Humanos y de la Naturaleza se encuentran en un estado de gran indefensión y vulnerabilidad frente a los acuerdos que se pretenden alcanzar e implementar de la mano de falsas soluciones que solo van a profundizar el problema en vez de resolverlo.

La mercantilización de la naturaleza y su "libre comercialización” son el corazón de las falsas soluciones que se están negociando e imponiendo en cada uno de nuestros países. Por eso, solo conllevarán más problemas, no soluciones reales. Lo que en realidad se necesita es que los países del Norte cumplan con sus obligaciones de acuerdo con la Convención Marco, cortando profundamente sus emisiones de gases de efecto invernadero y haciendo una transición a sociedades no-capitalistas y no-petroleras, en lugar de transferir al Sur su responsabilidad política y económica, especulando con bonos de carbono que les permiten continuar envenando a la Madre Tierra.

Cuestionamos el criterio del "derecho al desarrollo”, que se impone -con el capitalismo- como paradigma que orienta a los países no industrializados, se asocia a un crecimiento material y económico infinito, y supone un derecho a emitir y contaminar como lo han hecho los países "desarrollados”; y proponemos como alternativa el "Derecho a la Sustentabilidad y el Buen Vivir de los pueblos y naciones”, que supondrá estándares para la justicia social y ambiental, la democracia participativa, los derechos individuales, comunitarios y de la Naturaleza.

Una crisis sistémica sólo se resolverá a través de un enfoque ecosistémico. Por eso precisamos lograr una transformación fundamental del sistema con real urgencia. Ni los mecanismos de mercado ni las innovaciones tecnológicas pueden ser confiables para enfrentar esta crisis porque priorizan las ganancias por encima del planeta y los pueblos.

¡Rechazamos enérgicamente todas las falsas soluciones!

¡Cambiemos el sistema No el Clima!

¡No Debemos, No Pagamos!

Somos los pueblos los acreedores!

Lima, Perú 2014

Jubileo Sur/Américas

(JS/A)

Fuente: Adital

domingo, 14 de diciembre de 2014

Tercera guerra mundial: es la guerra de las multinacionales de los ricos contra los pobres, que son el hombre y la tierra.



Fastino Vilabrille

Hay 700.000 hogares españoles donde no entra un solo euro al mes.
La mitad de los parados de Asturias carece de cualquier tipo de subsidio de desempleo.

Juan 1,6-8: Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinie­ran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz… “Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”.

La amenaza más grande que tiene la humanidad actual son las COMPAÑIAS MULTINACIONALES de los países ricos, que son la causa de la pobreza de muchos millones de pobres y de la misma Madre Tierra. Las Multinacionales están declarando la guerra a la humanidad porque, en connivencia con los gobiernos, la policía y los militares de países pobres, están arrasando con las materias primas de naciones enteras en Latinoamérica, en Africa y la India, sumiendo en la extrema pobreza a millones de personas, incluidos, con la crisis que deliberadamente provocaron, los pobres de los países desarrollados. Hay multinacionales Petroleras, Farmacéuticas, Bancarias, Industriales, de Alimentación, de Ropa, de Comunicaciones, etc. y Militares que sin ser multinacionales como tales están al servicio de estas.

De las 100 unidades económicas más grandes del planeta, 49 son países y 51 corporaciones multinacionales, que ya están pasando por encima de los Estados. Las corporaciones multinacionales son la fuerza que toma las decisiones hoy en día. No están preocupadas por los derechos humanos, ni por la vida, ni por la gente que trabaja para ellas. Solo les preocupa acaparar cada vez más poder económico y con él el político para ponerlo al servicio de su economía. Los gobiernos deciden cada vez menos pero gobiernan cada vez más al servicio de ellas, en función de lo que ellas les piden, pues algunas tienen un presupuesto más grande que algunos Estados. Así General Motors y otras compañías automovilísticas venden más que el PIB de Turquía, Tailandia o Noruega; los almacenes Walmart van por delante de Arabia Saudí, Grecia, Portugal, Venezuela o Filipinas; Ford más que Sudáfrica, IBM más que Venezuela, Nestlé más que Egipto.

De las 200 multinacionales más grandes del mundo, el mayor número está en EE.UU. Le siguen por este orden: Inglaterra, Japón, Alemania y Francia. Y de las 50 más grandes del mundo, el 70 % (35) son Norteamericanas. Suponen el peligro más grande para la humanidad, porque no solo arrasan con el hombre sino también con la naturaleza. Los transgénicos de multinacional Monsanto cada vez invaden más el mundo adulterando la composición primigenia de la naturaleza, que no sabemos a dónde nos conducirá. Destruir o adulterar un árbol, una planta, una semilla, una especie, es adulterar a toda la comunidad que los rodea.

Después de nacer, el primer alimento que necesitamos es el aire y a continuación el agua. Veamos, pues, lo que está pasando y pasará con las multinacionales del agua viendo las declaraciones del Presidente de la Multinacional NESTLÉ:

Fecha: 6-11-14.- “El presidente de Nestlé, Peter Brabeck-Letmathe, aseguró que las grandes empresas del mundo deben privatizar el agua del planeta y comercializarla. Señaló que la población no debería disfrutar de ella si no la paga y “cuanto más agua consumas, mayor debe ser el precio”.

Según Corporate Watch, una organización de investigación sin fines de lucro, Nestlé tiene inmensas ganancias por la venta de botellas de agua, lo cual causa graves daños al medio ambiente. “Con la producción de agua mineral Nestlé implica un abuso de los recursos hídricos vulnerables. En la región de Serra da Mantiqueira de Brasil, el bombeo excesivo ha provocado daños y agotamiento a largo plazo”.

No es la primera vez que Brabeck-Letmathe hace esta polémica declaración. Además, el encargado de la mayor fabricante de productos alimenticios del mundo también defendió la seguridad de los productos químicos de Monsanto y aseguró que nunca ha habido “enfermedad alguna” causada por el consumo de organismos genéticamente modificados. ¿Por qué lo dice? Ver respuesta bien clara en archivo adjunto.

Natural Society, una organización informativa sobre salud, afirmó que Monsanto “está trabajando duro para asegurarse de afianzar su monopolio sobre nuestros cultivos básicos y más allá”.

Pero volvamos al agua: “Nestlé es el líder mundial en la venta de agua embotellada, la cual representa el 8 por ciento de sus ingresos totales, que en el 2011 ascendieron hasta los 68.580 millones de euros (unos 85.000.000.000 (ochenta y cinco mil millones de dólares)”.

Coca Cola, Pepsi Cola, Danone, Nestlé…. quieren tener cada vez mayor acceso a los recursos hídricos, para lo cual están impulsando la privatización tanto de los cursos de agua como los acuíferos a nivel mundial.

El marco en el que opera y obtiene justificación la industria del agua embotellada se circunscribe a la consideración del agua como una mercancía digna de apropiación y mercantilización. Esta consideración del agua como un producto de propiedad privada es promovida por organizaciones internacionales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), fomentando y manteniendo el poder de las grandes corporaciones que quieren privatizar el agua del planeta, frente a las demandas sociales que plantean la necesidad imperiosa de considerar el agua como un Derecho Humano.

El consumo de agua embotellada está creciendo a un ritmo del 12 % anual, cuyos envases son una enorme plaga para el medio ambiente. El mercado de agua embotellada se estima en 288 mil millones de litros vendidos en 2011 (Ver VII Congreso Ibérico sobre Gestión y Planificación del Agua 16-19 febrero 2011). La estimación actual se aproxima a los 350 mil millones.

Dado el hecho de que el agua del grifo está considerada como mejor para el usuario que la variedad embotellada y sujeta a unos controles de seguridad más estrictos y que en España, en concreto, este porcentaje de la calidad del agua se sitúa en el 99,6%, según esto, ¿por qué insistimos en comprar algo que cuesta hasta 1.000 veces más? Sencillamente porque somos víctimas de la propaganda, de la ingenuidad, de la falta más elemental de conciencia crítica para analizar la realidad. En una palabra: somos víctimas del neoliberalismo para el que todos y todo somos pura y simple mercancía que quiere que trabajemos cada vez más por menos dinero y aceptemos las condiciones más viles de trabajo.

REFLEXIONES FINALES:

PRIMERA: Si la política y la economía son los dos principales pilares en que se apoya el mundo, y teóricamente deba ser la política la que gobierne la economía porque es la que representa la voluntad popular, sin embargo muchas veces no es así porque detrás de la pantalla de los gobiernos, incluso salidos de las urnas, son los poderes económicos, los que en la sombra rigen los destinos de los pueblos: el poder económico DE LOS GRANDES BANCOS (Ver archivo adjunto), las multinacionales y los grandes financieros, con el apoyo explícito del BM, el FMI y la OMC. Con frecuencia un número importante de parlamentarios y gobernantes estuvieron a están vinculados, antes o después a grandes bancos, compañías o multinacionales, como en Alemania a la Bayer, y en España mismo tenemos claros ejemplos de ex presidentes de gobierno, ministros y parlamentarios, que salieron de ellas o a ellas fueron a parar.

Hasta ahora la gran mayoría de los ciudadanos no estamos políticamente maduros, porque la política de un pueblo políticamente maduro no puede consentir que el poder económico-financiero castigue a los pueblos, sobre todo del Tercer Mundo, de la manera tan cruel y salvaje como lo está haciendo en este momento. Pero, no solo en el T.M.: también entre nosotros, porque ese poder tiene en sus manos la llave para provocar crisis y cerrar miles de empresas en las que millones de personas realizan su vida y de las que dependen miles y miles de familias.

SEGUNDA.- Todo ser humano y más los cristianos por seguir a Jesucristo debemos ser testigos, como Juan, de la luz de Jesucristo para cada momento histórico en el que nos toca vivir, como Jesús lo fue para las gentes de su tiempo. De lo contrario no estaríamos respondiendo a la misión que nos corresponde cumplir en coherencia con Jesús de Nazaret.

Debemos ser capaces de diagnosticar las causas y los causantes de lo que está pasando en el mundo, sobre todo los sufrimientos, angustias y males que sufren millones de seres humanos y la naturaleza, víctimas de otros seres humanos, y ser desde ahí mismo conciencia crítica y política capaz de abrir los ojos de todos, porque solo todos juntos seremos capaces de hacer frente a un poder tan grande de las multinacionales que nos están introduciendo en una tercera guerra mundial, poniendo en peligro el futuro de la humanidad. El neoliberalismo nos moldea la conciencia y la voluntad a su gusto, incluso jugando con nuestros instintos más primarios, como si fuéramos un amasijo de barro en manos de un alfarero. No nos destruye porque le hacemos falta como consumidores pero destruye nuestra voluntad y nuestra capacidad de decisión y elección, nos anula, nos animaliza, nos impide decidir para imponernos sus decisiones, y lo hace de tal forma que nos hace creer que somos libres, pero nos manipula como a una masa informe. Ejemplo: A las multinacionales farmacéuticas, aunque puedan, no les interesa producir medicamentos que curen, sino que cronifiquen la enfermedad para asegurarse consumidores de por vida.

El neoliberalismo es una máquina de matar. Por tanto es evidente que tenemos que deshacernos del neoliberalismo, sino nos lo quitará todo, incluida nuestra libertad y capacidad de decisión, dejando a muchos millones de personas caídas en la cuneta de la vida, víctimas de una muerte injusta y prematura, contraria a la dignidad del hombre y por tanto contraria a Dios.

Las religiones deberían ser la conciencia crítica de la sociedad humana mundial, pero se han convertido en profesionales de la religión, en vez de ser testigos de la luz para la liberación integral de todos y de todo, allanando los caminos de Dios, como pide Juan, para que todo ser humano y toda la creación pueden vivir dignamente.

Un cordial saludo.-Faustino

sábado, 13 de diciembre de 2014

Con la teología que tenemos no es posible aceptar los derechos humanos.


José Mª Castillo

Cuando el mundo entero recuerda el día en que se firmó la Declaración universal de los Derechos Humanos (10.XII.1948), resulta inevitable hacerse esta pregunta:¿por qué el Estado de la Ciudad del Vaticano no ha firmado todavía los Pactos Internacionales sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales, Civiles y Políticos, aprobados por Naciones Unidas (16.XII.1966)? Es decir, ¿por qué el poder central de la Iglesia no ha aceptado, después de más de 50 años de su promulgación, la puesta en práctica de los Derechos Humanos, que son tan decisivos para la vida y la seguridad de cada uno de nosotros?

Sabemos que la Iglesia, a partir de Juan XXIII, predica insistentemente la importancia de los Derechos Humanos. Pero el hecho es que esa misma Iglesia, en su gobierno interno y en sus relaciones públicas con los Estados, no pone en práctica los Derechos Humanos. Basta leer detenidamente el vigente Código de Derecho Canónico para darse cuenta de que, por mucho que el clero predique a favor de los Derechos Humanos, la pura verdad es que la Iglesia no los acepta, sino que su mentalidad, sus normas de gobierno y la cultura que genera la práctica de la Religión Cristiana es una cultura que se opone y está en contradicción con lo que representan los Derechos Humanos en la sociedad. Por ejemplo, la igualdad de derechos de hombres y mujeres.

Ahora bien, es evidente que mientras las cosas sigan así, la Iglesia tiene (y tendrá) una presencia marginal y una influencia cada día más limitada en el mundo actual y en la sociedad futura. ¿Qué credibilidad puede tener y con qué autoridad le va a decir la Iglesia a la gente que cumpla con sus deberes más básicos, si ella misma es la primera que no tolera comprometerse a cumplir legalmente y públicamente tales deberes?

Lo digo ya y en pocas palabras. El Vaticano no ha firmado todavía los Derechos Humanos, ni se ha comprometido pública y oficialmente a ponerlos en práctica, por la sencilla razón de que la teología que enseña la Iglesia no le permite poner en práctica los Derechos Humanos. Lo cual quiere decir que, mientras no se modifique la teología que tenemos en la Iglesia, no será posible que la Iglesia ponga en práctica los Derechos Humanos.

Este estado de cosas es tanto más indignante cuanto que, si este asunto se piensa detenidamente y con cierta profundidad, enseguida se da uno cuenta de que la teología, que impide aceptar y poner en práctica en la Iglesia los Derechos Humanos, se podría modificar sin necesidad de tocar ni un solo punto que sea contrario a la Fe divina y católica de la Iglesia. Además, si la Fe “divina” nos impide ser plenamente “humanos”, con todas sus consecuencias, ¿qué Fe “divina” es ésa? ¿En virtud de qué presunta “divinidad” podemos aceptar unas creencias que no nos permiten vivir plenamente nuestra “humanidad”?

El fondo del problema está en que el ejercicio del poder se entiende y se pone en práctica en la Iglesia de manera que se presenta como divinamente revelado lo que en realidad no lo es. Por ejemplo, es evidente que la definición dogmática del concilio Vaticano I sobre la potestad plena y suprema del Romano Pontífice, sobre la disciplina y el régimen de la Iglesia universal (Constitución “Pastor Aeternus”, cap. III, canon. DH 3064), no da pie ni justifica la afirmación que llegó a hacer el papa san Pío X: “En la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y, dócilmente, el de seguir a sus pastores” (Encícl. “Vehementer Nos”, 11. Febr. 1906, 8-9).

En cualquier caso, lo más lógico es pensar y concluir que la definición del concilio Vaticano I no justifica que la Jerarquía de la Iglesia pueda ejercer su poder de forma que, en la realidad concreta de la vida (privada y pública), el poder religioso entre en conflicto con los Derechos Humanos de los ciudadanos. Nadie puede demostrar que la Jerarquía eclesiástica tenga semejante poder. Por eso, y sin duda alguna, resulta difícil de entender que los problemas que hoy más preocupan, a no pocos clérigos y laicos, sean los problemas que se refieren al tema de la familia, y no los problemas que se han derivado de una forma injustificable de ejercer el poder religioso por parte de los jerarcas de la Iglesia. Por eso, si en el pasado Sínodo de la familia, celebrado en Roma, cinco reconocidos cardenales se han llegado a poner nerviosos y preocupados por los temas que se estaban tratando en el Sínodo, ¿cómo se explica que no se pongan igualmente nerviosos y preocupados por la forma de ejercer el poder en la Iglesia? ¿No se dan cuenta estos hombres que, desde semejante mentalidad, lo único que consiguen es hundir más a la Iglesia?

La conclusión, que se deduce de todo lo dicho es clara, a saber: por muy importantes y urgentes que sean los problemas que se han planteado (o se deberían plantear) en el Sínodo sobre la familia, indeciblemente más importante y apremiante es que cuanto antes la Iglesia tenga la libertad y la audacia de afrontar el problema que se refiere a definir y delimitar si la “potestad divina” de la Iglesia puede llegar hasta el extremo de limitar o incluso anular determinados “derechos humanos” de los creyentes en Jesús el Señor.

Fuente: Atrio