miércoles, 19 de febrero de 2020

El escándalo de espionaje “destroza la neutralidad suiza”.

Medios políticos y de prensa suizos urgen una investigación exhaustiva sobre el caso en el que los servicios secretos de Estados Unidos y Alemania Occidental espiaron a un centenar de países durante décadas con la participación de la empresa suiza Crypto.



17 de febrero, 2020.- La revelación de que la CIA y los servicios de inteligencia alemanes (BND) utilizaron durante décadas la tecnología de cifrado de una empresa suiza para conocer los mensajes ultrasecretos de otras naciones es un duro golpe para la neutralidad, la credibilidad e incluso la soberanía de Suiza, advierte la prensa suiza.

“Entonces, los rumores de principios de la década de 1990 eran ciertos. La Suiza buena - neutral y no alineada - fue el hogar de una cuasi agencia de servicios de inteligencia aliados”, anota el editorial de este miércoles de los diarios 24heures y Tribune de Genève.

“Es muy probable que Crypto AG estuviera involucrada en dos tipos de actividades, algunas irreprochables y otras ultrasecretas respecto a las cuales las autoridades suizas hicieron la vista gorda en nombre de la neutralidad dependiente de la OTAN”, escriben bajo el título ‘El espía tolerado por Suiza’.

Crypto, una empresa de encriptado de comunicaciones con sede en Zug y que fue liquidada en 2018, vendió dispositivos de encriptado a Irán, India, Pakistán y docenas de otros países, incluidos latinoamericanos. La tecnología fue manipulada para permitir que la CIA y el BND vulneraran los códigos, informaron The Washington Post, la televisión pública suiza SRF y la televisión alemana ZDF.

Los autores de la investigación periodística precisaron que desde 1970, en tiempos de la Guerra Fría, los servicios estadounidenses y sus contrapartes de la entonces Alemania Occidental, fueron responsables de casi todas las operaciones de Crypto, desde las contrataciones y los despidos hasta las tácticas de venta.

Según la SRF, los principales funcionarios del Gobierno suizo estaban al tanto del asunto, pero no hicieron nada.

“Esta histórica operación solo fue posible porque EE UU y Alemania pudieron aprovechar la neutralidad y la buena reputación de Suiza. En Berna, representantes de la política, el poder judicial, la policía, los militares y los servicios de inteligencia se enteraron de ello”, afirman los diarios Tages-Anzeiger y Der Bund.

“Habrían tenido que usar todos los medios legales y diplomáticos posibles para detener la grave violación de la soberanía de nuestro Estado federal. Pero nada sucedió. Ya sea por incompetencia, porque querían encubrir a los agentes del servicio secreto extranjero o incluso porque se beneficiaron de sus hallazgos. Esto debe ser esclarecido ahora. Independientemente de los grandes nombres y poderes. Es la única forma de salir de este desastre”.

El Neue Zürcher Zeitung (NZZ) agrega que “la credibilidad de Suiza en la guerra de información actual se mide por eventos pasados”. Asienta que este caso “siembra dudas sobre la sinceridad de los líderes del Estado y, por lo tanto, sobre el orden liberal, al tiempo que pesa sobre la economía del país”.


Consulta parlamentaria

Tages-Anzeiger y Der Bund enfatizan que la neutralidad de Suiza ha sido “destrozada” y que la “ceguera colectiva” del país dañará su credibilidad en los años venideros.

“Por un lado, políticamente: ningún Estado que haya sido engañado volverá a confiar, y por otro, económicamente: ¿quién compra tecnología sensible de un gobierno que tolera tales maquinaciones?”, escriben.

24 heures puntualiza que el actual conflicto entre la empresa china Huawei y la administración Trump “se basa precisamente en la sospecha de que chips indeseables han sido ocultados en los equipos fabricados en China”.

El Gobierno suizo, que abrió una investigación, está reaccionando “con notable transparencia”, estima el NZZ. Pero aún queda mucho por hacer, concluyen la mayoría de los periódicos y piden al Parlamento iniciar también una investigación.

“El Parlamento necesita una investigación que sea lo más independiente posible”, precisan Tages-Anzeiger y Der Bund. “Necesitamos lo que ha faltado durante demasiado tiempo: soberanía y coraje”.
Políticos exigen llegar al fondo de las cosas

¿Quién sabía qué y cuándo? La confirmación de que los servicios de inteligencia de EE UU y Alemania espiaron a otros países con dispositivos de cifrado de la firma helvética Crypto manipulados provocó reacciones mixtas entre políticos suizos. Pero todos coinciden en la urgencia de que Suiza llegue al fondo del asunto.

Durante años circularon rumores en el sentido de que una compañía suiza estaba trabajando con la CIA, pero la revelación de los detalles en las 280 páginas de investigación difundidas el martes por la televisión pública suiza SRF, la televisión alemana ZDF y el diario estadounidense The Washington Post generaron reacciones de sorpresa e indignación entre políticos suizos.

“Es un asunto políticamente explosivo porque se trata de una operación que, según la información disponible, ocurrió hasta 2018, lo que significa que el servicio secreto suizo estaba al tanto”, subrayó Balthasar GlättliEnlace externo, diputado de los Verdes, en entrevista con la SRF.

Otros parlamentarios expresaron menos indignación por el hecho de que la CIA y Crypto estuvieran confabulados, pero se mostraron sorprendidos por la magnitud de la operación.

Christa MarkwalderEnlace externo del Partido Liberal Radical (PLR/derecha liberal), declaró a la SRF que ya sabía del tema. “Sin embargo, no tenía idea de cuán grande era realmente el nivel de espionaje y cuántos países recibieron estos dispositivos. Esto es una sorpresa”, enfatizó.

Miembros de la Unión Democrática de Centro (UDC/derecha conservadora) también manifestaron su alarma. “Este es un gigantesco caso de espionaje”, puntualizó el diputado Franz GrüterEnlace externo, al diario Tages Anzeiger.
¿Cómplices o ingenuos anfitriones?

Los políticos de izquierda, derecha y centro exigen que se revele la verdad sobre quién en el Gobierno y en el servicio de inteligencia helvéticos sabía qué y cuándo. “¿Autorizó el Gobierno esta operación conjunta entre los servicios secretos suizos y estadounidenses?”, inquirió Glättli.

Los políticos acogieron de manera uniforme el compromiso de una investigación completa por parte del Gobierno suizo, pero algunos dijeron que no era suficiente.

Glättli pidió una comisión parlamentaria de investigación si se demostraba la participación del Gobierno. Los socialistas dijeron que apoyarían tal investigación. La presidenta del PLR, Petra GössiEnlace externo, también dijo que era “una opción seria” para su partido, el cual examina la opción de proponerla en la sesión parlamentaria de primavera.

El presidente del Partido Socialista (PS), Christian Levrat, subrayó la urgencia de llegar al fondo del asunto e indicó que había preguntas que debían ser respondidas de inmediato. “El Consejo Federal (Gobierno) podría haber presentado cargos penales contra esas personas [que trabajan en Crypto] hace mucho tiempo”, dijo.
Control de daños

El caso conduce a cierta autorreflexión y a la necesidad de enviar una señal para tranquilizar a los países socios de Suiza sobre el compromiso helvético con la neutralidad.

Si las autoridades permitieron que Crypto se involucrara con servicios de inteligencia extranjeros, es posible que no hayan violado ninguna ley suiza tendiente a limitar actividades de espionaje “indeseadas” por parte de agentes extranjeros en su territorio. Sin embargo, advirtió Glättli, eso “socavaría los cimientos de nuestra identidad política”.

Gössi dijo que “si solamente el núcleo de estas revelaciones es correcto, [el asunto] pone en peligro nuestra neutralidad y la soberanía de nuestro país. En última instancia, también tiene que ver con la confianza en nuestras instituciones políticas”.

Si bien el escándalo es perjudicial, Markwalder puntualizó que gran parte del espionaje tuvo lugar durante la Guerra Fría y que Suiza tiene una sólida reputación. “Debemos dejar claro a nuestros países socios la vigencia de nuestra neutralidad y de nuestros acuerdos”.
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Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch

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