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jueves, 18 de diciembre de 2014

Descolonizar la Navidad.



POR ÁNGEL MANZO MONTESDEOCA

“Nuestra misión histórica, para nosotros que hemos tomado la decisión de romper las riendas del colonialismo, es ordenar todas las rebeldías, todos los actos desesperados, todas las tentativas abortadas o ahogadas en sangre.” (Frantz Fanon)

No hay nada más colonizador que la Navidad. Especialmente cuando esta conmemoración con pretensiones de universalidad ha diluido en el tiempo sus raíces fundantes; es decir, cuando la Navidad no es lo que los evangelistas neotestamentarios proclamaron desde sus contextos en el primer siglo. Lo que nos lleva a considerar si es que para ellos existe tal cosa como la “Navidad” en términos del mundo occidental.

Navidad y colonización tiene una correlación y participación que la historia no puede negar. Con el nacimiento de la Iglesia Imperial en el siglo IV, surge también la cristianización de la fiesta romana al Sol Invictus. El emperador Constantino, para unos un fiel devoto y para otros un hábil estratega unificador del imperio, promueve el cambio de la fiesta que se conmemoraba del 22 al 25 de diciembre en honor al regreso del sol o Dios sol después de varios días de oscuridad. De esta manera el nacimiento del solsticio romano se transformaba en metáfora del nacimiento de Jesús:“Sol de justicia que traerá salvación” (Mal 4,2); produciéndose así la “conversión” de una fiesta considerada “pagana” ahora “cristianizada”. ¿Cómo fue posible esto? Por el poder político y sus intereses, que en la historia de los pueblos siempre ha tenido a la religión como su aliada.

En este sentido la idea de “secta”, lo “pagano” y la “herejía”, siempre estuvo supeditado al dictamen del grupo hegemónico del momento. Así el nuevo movimiento disidente del judaísmo oficial que tenía la vida, muerte y resurrección del nazareno como su kerigma, en sus inicios se consideró una secta para la religión dominante (Hch 24,5). Será a partir del siglo IV cuando el cristianismo se convertirá en la religión imperial y las reglas del juego cambiani; cambiaron tanto que los que una vez fueron perseguidos se convirtieron en perseguidores y los que antes fueron señalados como herejes se constituyeron en inquisidores y guardianes de la verdad.

En este marco, nuestra conocida Navidad no fue más que parte del sistema estratégico imperial para acabar con la religión opositora que se considerada pagana, imponiendo la hegemonía religiosa universal. En América Latina y el Caribe, se implementó la misma táctica: la evangelización sirvió de instrumento dominador para controlar las mentes, los cuerpos, y los recursos de nuestros ancestros. Así nos llegó la colonización y la Navidad.

Hasta nuestros días aquella estrategia del sistema imperial cristiano dominante que se llamóNatividad mantiene su influencia, cuando aparece con retoques de “Noche buena” o “Noche de paz y amor”. Nos dicen que es un tiempo para compartir, gastar y consumir, porque la Navidad es una excelente oportunidad para vender y comprar; un momento para que empresarios y medios de comunicación impulsen la dicha para el pueblo y olvidar en estos días todo lo que pasa alrededor del mundo: los esfuerzos de Palestina por su independencia, las muertes de los estudiantes en Ayotzinapa, México, las crecientes desigualdades, injusticias y malestares sociales que generan violencia y muerte.

¡Navidad, linda y dulce! Estrategia analgésica para convencer a los ciudadanos de que todo cambiará por el mero hecho de comer, beber y consumir, claro; eso sí, sin olvidar a los pobres e indefensos de este mundo asistiéndoles con ciertos gestos de nobleza. ¡Navidad, blanca como el viejito Santa llegando con su carro lleno de regalos! Tiempo de sosiego, donde hacemos una tregua y los ricos comparten un poco de lo que les sobra, entre otras generosidades que el espíritu navideño, de tinte comercial, motiva. Formas indolentes y sutiles de la colonización moderna que rinde culto al capital idolátrico y utiliza los más creativos disfraces para negociar un poco de tranquilidad y de la siempre prometedora oferta de felicidad.

Descolonizar la Navidad es hacer rupturas necesarias y urgentes. Nos llama a considerar cómo el mensaje de los evangelistas, que escribieron desde su experiencia con Jesús, se ha distorsionado con los intereses humanos de por medio. Conlleva hacer una distinción entre lo que significó el acontecimiento de Jesús para las primeras comunidades, y cómo la Iglesia Imperial del siglo IV lo interpretó desde sus circunstancias históricas, culturales, políticas, económicas y religiosas. Es necesario reconocer cómo la religión ha formado parte de las estrategias de colonización que tanto daño ha hecho a la humanidad, y sigue presente en nuestros territorios, saberes, modos de sentir y concebir la vida y en las diversas formas de globalizaciónii.

La descolonización de la Navidad exige una toma de conciencia de la realidad de colonización en todas las instancias de la vida modernaiii para hacer un esfuerzo, no libre de crisis, por volver a Jesús de Nazaret, al útero cultural de su mundo, sus realidades de opresión, la vida de sus pobladores en una patria controlada por los imperios extranjeros de la época que explotaban todos sus recursos, y redescubrir qué pudo significar para ellos el acontecimiento de que“Hoy en la ciudad de David, ha nacido un salvador que es Cristo el Señor” ¿Qué conflictos generó? ¿Qué dilemas traía este acontecimiento en su historia? ¿Qué enemistades surgían? ¿Qué esperanzas nacían? ¿Qué compromisos se asumían? ¿Qué horizontes renacían?

En palabras De Souzaiv se trata de descolonizar el saber de la Navidad, reinventar su poder y discernir su genuino espíritu revolucionario. La Navidad comprendida desde un esfuerzo crítico descolonizador, no reducirá la experiencia espiritual en relación con la realidad política, ni la vivencia testimonial comprometida con la situación económica de nuestros pueblos, sino que podría ser vivida y experimentada como una fuerza liberadora para una misión en el mundo, donde el espíritu del Señor será una realidad presente aquí y ahora:


“«El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para proclamar buenas noticias a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de la buena voluntad del Señor.»

Enrolló luego el libro, se lo dio al asistente, y se sentó. Todos en la sinagoga lo miraban fijamente. Entonces él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.» Lucas 4,18-21.

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i Hans Küng. El cristianismo: Esencia e historia. Editorial Trotta, Madrid, España, 2006.

ii María del Pilar Mora. Desde la filosofía latinoamericana hacia un proyecto descolonizador. Corporación Editora Nacional, Quito, Ecuador, 2012.

iii Walsh, C; Schiwy, F; Castro, S. Interdisciplinar las ciencias sociales: geopolítica del conocimiento y colonialidad del poder-perspectivas desde lo andino. Editorial Abya Yala, Quito, Ecuador, 2002.

iv Boaventura De Souza Santos. Desconolonizar el saber, reinventar el poder, Editorial Trilce, Montevideo, Uruguay, 2010.

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Ángel Manzo Montesdeoca

Ángel Manzo Montesdeoca; es ecuatoriano. Se desempeña como Director Académico del Seminario Bíblico Alianza del Ecuador, y Vicerector del Instituto Tecnológico Alianza. Productor del Programa radial Reflexiones de Actualidad, y Hagamos Teología que se transmite por HCJB2. Licenciado en Teología, Licenciado en Ciencias Humanas y Religiosas, Máster en Teología Practica por la Facultad Teológica Latinoamericana (FATELA), Magister en Gerencia y Liderazgo Educacional por la Universidad Católica de Loja (UTPL). Actualmente culmina la Maestría en Estudios Teológicos en la Universidad Nacional de Costa Rica, aplica al Programa Doctoral en Ciencias Pedagógicas en la Universidad Carlos Rafael Rodríguez, de Cienfuegos, Cuba; participa en diversas actividades de educación teológica, educación superior y desarrollo en América Latina y El Caribe. Autor de los libros: Teología del ser y quehacer de la Iglesia, Iglesia en el Mundo, Iglesia Verde, Habacuc-notas del aparato crítico en la Nueva Biblia de Estudio Mundo Hispano, y Teología apasionada por la vida.

miércoles, 10 de julio de 2013

Nueva ética imperial… ¡Cuidado! Nos espían!


“Los teólogos no producen las crisis, simplemente las señalan” - Hans Küng

por  Ángel Manzo Montesdeoca

Probablemente era un “secreto a voces”, sin embargo eran necesarias las voces que evidenciaran la realidad de este delito y atentado a la intimidad y soberanía de los pueblos. ¿Quién peca más, los que espían o los que denuncian el espionaje? Primero fue Julian Assange con sus denuncias al espionaje y a las injerencias estratégicas de los EE.UU en diversos países por medio de los cables o pasquines publicados por Wikileaks. Ahora es Edward Snowden, ex funcionario del servicio especializado de los EE.UU, quien lo da a conocer al mundo a través de las comunicaciones de millones de estadunidenses y diversos países, como muestran las recientes revelaciones en cuanto a la sede de la ONU, Alemania y la Unión Europea, amigos y aliados de los EEUU. Si esto sucede con los “amigos” podemos imaginarnos qué podrá suceder con aquellos que se consideren “enemigos”.

La respuesta de la Casa Blanca por medio de sus voceros, ha sido facilitar toda la información, pero que sin duda, en nombre “de la seguridad nacional” se transparentará todos los procesos del espionaje. De nuevo nos encontramos ante el debate de la vieja máxima de que “el fin justifica los medios”. ¿Será que nos encontramos ante nuevas formas de imperialismos tecnológicos propios del siglo 21? Es probable que antiguas prácticas de espionaje sigan presentes por medio de las novedosas tecnologías al servicio de estos fines, contribuyendo al sistema de control y la “prevención de cualquier atentado contra la nación”, para lo cual, se justifica el abuso e intromisión a la soberanía de otras naciones.

Sin esperarlo, por esas cosas del destino y paradójicamente, mientras el Ecuador, establece una Ley de Comunicación que ha esperado más de un año y que entró en vigencia para promover una regulación y responsabilidades ante la comunicación como derecho social y la promoción nacional, nos llegan amenazas e intimidaciones de los EE.UU, en caso de dar asilo a Edward Snowden. El antiguo dicho que quien pone el dinero pone la mesa es muy real en países latinoamericanos, que a costa de sus necesidades o por ingenuidad, ceden a este tipo de chantaje bajo la figura de “cooperación”, “ayudas”, “ONG”, entre otras metáforas sociales que condicionan las decisiones de una nación o sirven de informantes como ya lo reveló Wikileaks.

Nuestro país, rechazó este tipo de prácticas por parte de los imperios y constantemente las ha denunciado al mundo, así como decidió renunciar a los beneficios mercantiles de EE.UU, que son usados como medidas de “estímulos conductistas” y mecanismos de control para incidir en las decisiones soberanas de una nación. El presidente Rafael Correa anunció la renuncia “unilateral e irrevocable” a las preferencias otorgadas por EE.UU, en el marco de la ley ATPDEA[1], frente a lo que consideró una “amenaza, insolencia y prepotencia de ciertos sectores estadounidenses que han presionado para negar esos beneficios comerciales por el caso Snowden”. En fin, ¿se trata de soberanía o de ATPDA, como lo expresó un titular de prensa, o tal vez, de no “vender nuestra alma al diablo”, en términos del popular Hugo Chávez?

Ante estas formas posmodernas de imperialismos, que atentan contra la vida, el derecho y la soberanía de los pueblos me pregunto desde el imaginario bíblico: ¿Qué nos dirían Isaías y Jeremías ante las alianzas con países extranjeros que intentan pactar desde condiciones de desigualdad y prostituirnos con sus prácticas? ¿Qué nos diría Jesús ante su sentencia de “Devolver al César lo que es del César y a Dios lo que le corresponde”, en el contexto político y social de la Palestina de su época, conquistada por el imperio Romano y sumida en la pobreza? Nuestras comunidades de fe, ante cualquier atropello y atentado a la dignidad, ¿acaso deberían levantar su voz y censurar toda forma de inmoralidad internacional que se legitima desde un capitalismo que sacrifica la vida de millones de seres humanos? ¿Hasta qué punto la hegemonía de los imperios y sus vecinos participan como cómplices, convirtiéndose en defensores de los derechos según sus intereses? ¿A qué nos mueve y convoca la espiritualidad cristiana frente a nuevas formas de control y falta de respeto a nuestros pueblos?

Me he preguntado si, para algunas generaciones, especialmente jóvenes poseídos por el espíritu de la Primavera Árabe, indignados y comprometidos con otro orden de cosas, Assange y Snowden aparecen como símbolos de resistencia y de denuncia ante este tipo de orden, donde los poderosos juegan al gato y al ratón para justificar sus acciones desde intereses particulares.

Una teología apasionada por la vida, por lo humano como lugar teológico, no puede rechazar contribuir con la denuncia profética y con la militancia activa desde sus espacios por la libertad y la justicia para todos, asi como también con el señalamiento de aquéllos que sostienen un sistema de poder para sus beneficios en nombre de la caridad y el servicio social hacia los más necesitados.

Es cierto, como dijo Hans Küng: “Los teólogos no producen las crisis, simplemente las señalan”; pero como también diría Sobrino, siguiendo a Ellacuría, además los teólogos debemos “aprehender la realidad y enfrentarse con ella” desde cuatro actitudes: hacerse cargo de la realidad, cargar con la realidad, encargarse de la realidad, y dejarse cargar por la realidad [2].

[1] Tratado de Preferencias Arancelarias (ATPDEA) con Estados Unidos. Según el secretario de Comunicación, Fernando Alvarado: “Las preferencias fueron otorgadas a los países andinos como compensación a su lucha contra las drogas, pero pronto se volvieron un nuevo instrumento de chantaje. En consecuencia, Ecuador renuncia de manera unilateral e irrevocable a dichas preferencias”, agregó en conferencia de prensa el jueves 27 de junio de 2013.


[2] Jon Sobrino, Fuera de los pobres no hay salvación-Pequeños ensayos utópicos-proféticos, Editorial Trotta, Madrid, España, 2007, pág. 18.
Autor/a: Ángel Manzo Montesdeoca


Ángel Manzo es ecuatoriano, Pastor de la Iglesia TEAMO de la ACyM en Guayaquil, ministerio que dirige con su esposa Dolores, y sus hijos: Samantha, Andrés, Cristopher y Madelaine. Expositor del programa radial Reflexiones de Actualidad que se transmite por HCJB2, por más de 10 años al aire. Licenciado en Ciencias

viernes, 18 de enero de 2013

Teología Bancaria.


por Ángel Manzo Montesdeoca

“Queremos resguardarnos en lo ya sabido,

cerrarnos en dogmas y verdades bien clasificadas,

administradas por sinagogas de expertos letrados“.

Xabier Pikaza.



El pedagogo brasileño Paulo Freire se refirió a la “educación bancaria” como aquella interesada en mantener el status quo, sierva del poder, interesada no en la liberación de los oprimidos, sino en oprimir mediante el sistema capitalista de consumo y sus mecanismos de legitimación para que los seres humanos no desarrollen su capacidad crítica y acepten el mundo que el sistema y el mercado se han encargado de crear y presentar como el único modelo, o sea “el correcto”. A la educación bancaria no le interesa pensar la educación como experiencia liberadora, reflexión y praxis crítica para la transformación de la realidad; sino el sistema de domesticación; aquel que se diseñó para dividir el saber y el conocimiento entre los que saben y no saben, los que enseñan y los que son enseñados, los débiles y los poderosos.

Como parte de la estrategia para el ejercicio del poder, así la supuesta educación nos dice que “para ser alguien en la vida hay que ser educado”. Y ¿qué se entiende por educación? Entregar una serie de contenidos, asignar trabajos, mandar tareas y cuánto más, mejor; ya que es sinónimo de que “en verdad se aprende”; mientras más difícil la educación: pruebas, tareas, exámenes, trabajos, exposiciones, investigaciones, mejor el aprendizaje, nos hacen creer. En el fondo se trata de llenar la “cabeza vacía” de los estudiantes con el depósito del conocimiento, que en la figura del profesor-autoridad, es decir, el dueño de la verdad, y solo la verdad que él presenta y cree, se siente llamado a “formar” a los estudiantes.

El problema radica en que pensar auténticamente es peligroso. La consecuencia de esta táctica del sistema de opresión en muchos lugares de América Latina y el Caribe, se evidencia en personas que asienten todo lo que se les dice, incapaces de sospechar en las supuestas teorías o “perlas del conocimiento” que se les ha dado, personas alienadas con el mundo y su realidad, pues han sido entrenadas para la reproducción del sistema; seres humanos carentes de capacidad crítica y pensamiento complejo, que de los muchos caminos posibles solo conocen uno o dos, y como es lo único que conocen, para ellos no existe más. Todo el mundo está equivocado, pero solo ellos están en lo correcto. No son personas creadoras del conocimiento, sino repetidoras de lo ya dicho.

En esta concepción bancaria, los seres humanos son meros espectadores y no recreadores, seres pasivos, al recibir el mundo que en ellos penetra, y solo cabe a la educación apaciguarlos más aún y adaptarlos al mundo. Para la concepción bancaria, cuanto más adaptados estén los hombres y mujeres tanto más “educados” serán, en tanto adecuados al mundo[1].

Y la educación teológica…

No está libre de esta realidad. La enseñanza teológica también está plagada y viciada de este tipo de educación bancaria, donde Europa y EEUU sigue siendo, para algunos la única e impoluta verdad, y nada más que la verdad. Sin pensar críticamente en las ideologías con las que cada teología viene cargada. También la educación teológica se ha vuelto en un asunto de los que saben y los que no saben, de “enseñar” “formar” “educar”, y así después de conocer todo lo que otros nos han dicho sobre Dios y sus misterios en otros países, en otras época y realidad, las discusiones teológicas sin respuestas finales, ya estamos en capacidad para recibir nuestro reconocimiento de “teólogo o teólogas” como egresados, nos dicen.

La verdad es que estamos ante una gran estafa frente a este tipo de educación, en que lo único que puede garantizar es la haberse especializado en el arte de saber lo que otros dicen, de acatar las cosas como verdades absolutas (dado que son las únicas que se conoce), podemos decir solo “lo que nos enseñaron” repetir, repetir; citar, citar y citar. Difícilmente este tipo de domesticación-catequización que se la hace pasar por educación nos sirve para ser actores de nuestra propia historia; antes bien nos prepara sí, pero para ser juguetes del sistema, de aquí para allá, de allá para acá, entretenidos en el conflicto, engañados por la oferta demagoga de pseudos títulos, e incapaces de proporcionar soluciones innovadoras, de hacer nuestra propia teología y crear diálogos con los diversos saberes, contribuyendo así al servicio de toda la humanidad y la creación, en contracorriente al sistema.

Se trata de una educación alejada de la realidad, ya que respondió a la realidad del profesor (generalmente alguien que estudió hace años, desactualizado y que perdió el encanto de continuar siendo estudiante), no a la realidad de los estudiantes, sino a la realidad de las teorías, sistemas, teoremas, pero no a la complejidad de la vida. La vida, pero si dos más dos es cuatro, ¡vaya razonamiento lógico!

¿Qué sabe este tipo de educación acerca de la transversalidad, vinculación, integración, interdisciplinariedad, género, medio ambiente, cultura de paz, interculturalidad, diálogo y teoría de la complejidad y el caos en el proceso educativo y los contenidos? Su única reacción a lo desconocido es el miedo, y como acción estratégica ante el miedo, el rechazo, pero para esconder la vergüenza del ruboroso rostro de ignorancia ya con un título, se opta por la difamación, o sencillamente el calificativo de “herejías” o “perturbaciones de aquellos que se han extraviado de la verdad”; y tienen razón en parte, algunos hemos tomado distancia de aquellos que idolatrados a fuerza de la costumbre y la tradición de los años, aunque desactualizados con la realidad, se siguen considerando como “los que saben” por el hecho de repetir por más de 40 años los mismos contenidos, a lo que se suele llamar: “maestros de experiencias”, como menciona Xabier Pikaza “Queremos resguardarnos en lo ya sabido, cerrarnos en dogmas y verdades bien clasificadas, administradas por sinagogas de expertos letrados”.

La educación que libera es aquella que nos lleva hacia la crisis, la que dialoga con las diversidades y el pensamiento plural, la que no teme al debate de ideas, la que sabe argumentar y reflexionar desde la realidad y la academia honesta y humilde, la que permite dar y recibir críticas, la que no se enoja ni se siente atacada por la duda o la sospecha de estudiantes que discrepan con lo ya establecido, frente a las inseguridades de ciertos maestros que suelen definir como “los chicos problemáticos”. Se trata de corregir, cambiar, mejorar; pues en educación y en teología, no todo está dicho.

¿Entonces qué?

¿Quién asumirá la responsabilidad de este tipo de educación que sirve al poder y al adormecimiento de las conciencias y mata la capacidad crítica con la censura y el desprestigio? Sin duda las jerarquías son las responsables de los lineamientos y posturas que se asume en nombre del Magisterio o santa Inquisición posmoderna, aquella que se encarga de guardar la “sana doctrina” asesinando por medio del desprestigio cobarde cualquier tipo de pensamiento y postura diferente al oficialismo, como diría Freire “El problema radica en que pensar auténticamente es peligroso”. Como en la época de Jesús, los escribas, sacerdotes y doctores de la ley secuestraron la teología mediante sus tradiciones e intereses, al punto de asesinar al predicador y teólogo del reino por sus cuestionamientos religiosos y políticos (Mt 23,1-36, cf. Hch 7).

Los procesos de cambios sociales que se viven en América Latina y El Caribe, como en diversos lugares del mundo, invitan al quehacer teológico a una revisión profunda y sincera, a cuestionarse y ser autocrítico. O la teología se mantiene “bancaria” al servicio del status quo frente a las realidades de inhumanidad, dado que “supuestamente” a ella no le compete interferir en las cosas de los “negocios de este mundo”; ¡ah!, pero cuando tocan las cosas que son de su interés, entonces aparecen los guardianes de la fe y su ortodoxia, cayendo en los cinismos más viles de la religión, como aquellos a los que se prestan diversos líderes que hacen una marcha para protestar porque no aparece el nombre de Dios en la Constitución; pero no dicen nada ante el abuso infantil; reaccionan con “santo celo” argumentando que los grupos gltb son una amenaza para la familia, pero no levantan su voz ante el aumento de la violencia contra la mujer y las injusticias laborales. Estamos ante teologías cínicas, que se rinden a intereses del mejor postor de turno.

¿A qué juega la teología de nuestras comunidades eclesiales, de nuestras instituciones teológicas y sus líderes? ¿Ser o no ser o tener o no tener? Mientras proliferan los discursos bancarios de esa teología en que se manipula a los fieles a la siembra para cosechar, el pactar para prosperar, y la que está de moda: el paternalismo. De profetas, apóstoles, ahora se consideran mamás a papás[2].

¿Qué rol tendrá la educación teológica?

Será indiferente, aunque Jesús nunca lo fue. ¿Será socialista, liberal, progresista, de derechas o de izquierdas? O será capaz de regresar a su fuente de espiritualidad, el compromiso con los pobres y vulnerables de este mundo. Quizás lo más importante en educación sean las preguntas elementales: ¿para qué educamos?, ¿cómo educamos?, ¿con qué educamos?, ¿qué mundo soñamos?, ¿qué proyecto tenemos?, ¿desde qué horizontes nos movemos?, ¿qué estudiantes queremos?, ¿qué ciudadanos necesitamos?, ¿quién decide lo que estudiamos?, ¿desde qué posición nos ubicamos?

Es probable que la teología de la liberación haya sido uno de los proyectos más autóctonos que haya invitado a repensar la manera de hacer teología desde la realidad de América Latina, lamentablemente mientas algunos se encargaban de satanizar la teología de la liberación, se reafirmaban los sistemas de lo mismo, los fundamentalismo y el conservadurismo. Aunque la teología de la liberación puede ser un buen punto de partida para este aprendizaje, no puede ser un punto de llegada final. La teología se renueva con la fuerza de la vida.

La teología como el conocimiento está constantemente en aprendizaje y reformulación, para la teología ante el Misterio insondable que definimos como Dios, nunca le es posible decir la última palabra sobre Él. Por lo tanto, la educación de una teología liberadora debe hacernos más nobles y humildes, más dóciles para aprehender, desaprender y reaprender. Más consciente que lo que a veces entendemos por verdad absoluta no es más que una verdad confesional, y que lo que a veces nos presentan como la voluntad de Dios puede ser ideología del sistema cultural que se ha impuesto en nombre de Dios, como los imperialismo y mesianismos comunes de algunos países que inciden con su inculturación. La sospecha de los mundos patriarcales que construyen la realidad y se institucionalizan hasta pretender posicionarse como cuestiones sacras, intocables, en nombre de la autoridad masculina, pues la cultura y el conocimiento reflejan los tentáculos de este patriarcado y su hegemonía.
¿Cuál es la propuesta? En simples palabras: Ante el momento que vive la educación teológica no hay cabida para remiendos, hay que destruir para reconstruir, el caos es necesario para el orden, es cuestión de romper, y armar las piezas desde otros paradigmas, otras visiones, otros proyectos, otros actores; sencillamente otras maneras de crear el mundo, porque el que tenemos, no da para más, como dice mi amigo Eduardo: “Hay que echar a andar la teología del más allá: hacer más allá de lo convenido, de lo estatuido, de lo obligado, de lo requerido”.



[1] Paulo Freire, Pedagogía del oprimido, Editorial Caminos, La Habana, Cuba, 2009, pág.33.


[2] Existen diversas iglesias donde sus pastores se hacen llamar papá y mamá, los fieles deben llamarlos Papa.., y mama…es el ejemplo de las iglesias Maranatha.



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Autor/a: Ángel Manzo Montesdeoca


Ángel Manzo es ecuatoriano, Pastor de la Iglesia TEAMO de la ACyM en Guayaquil, ministerio que dirige con su esposa Dolores, y sus hijos: Samantha, Andrés, Cristopher y Madelaine. Expositor del programa radial Reflexiones de Actualidad que se transmite por HCJB2, por más de 10 años al aire. Licenciado en Ciencias Humanas y Religiosas, Master en Teología Practica por FATELA, actualmente cursando la Maestría en Estudios Teológicos (UNA), participa en diversas actividades de educación bíblica teológica en América Latina y El Caribe.
Fuente: Lupa Protestante