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jueves, 23 de mayo de 2019

Agroecología: futuro alimentario del mundo.

Foto: Enrique Osorno

La agroecología es una de las muchas aportaciones que México ha hecho al mundo.

Por Francisco J. Rosado May

La Jornada Maya, 23 de mayo, 2019.- Entre el 12 y el 17 de mayo del año en curso, San Cristóbal de las Casas fue testigo del primer Congreso Mexicano de Agroecología organizado por 53 instituciones nacionales e internacionales, con la participación de más de mil personas de México, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, Colombia, Uruguay, Ecuador, Guatemala y Brasil.

Académicos del más alto nivel compartieron espacios de discusiones intensas con campesinos, estudiantes, organizaciones de la sociedad civil, autoridades del gobierno federal y autoridades de la FAO.

El Colegio de la Frontera Sur y la Universidad Intercultural del estado de Chiapas, ambos en San Cristóbal de las Casas, fueron los anfitriones. Sus espacios académicos se vieron saturados por momentos porque diversas condiciones propiciaron que México, una vez más, tome el liderazgo en materia de agroecología.

El contexto mundial de crisis ambiental, calentamiento global, impactos negativos del uso de pesticidas y transgénicos, reportados por diversos medios, y la necesidad de producir alimentos en forma sostenible, se combinaron con la posición del gobierno federal en materia de producción de alimentos. Las condiciones para la respuesta obtenida y las expectativas para resolver adecuadamente esos grandes retos se reflejaron en la atención nacional e internacional al Primer Congreso Mexicano de Agroecología.

En la lista de los 100 compromisos que estableció el Presidente AMLO, el número 74 dice: “Protegeremos la diversidad biológica y cultural de México. Impulsaremos prácticas agroecológicas que aumenten la productividad sin dañar la naturaleza. No se permitirá la introducción y el uso de semillas transgénicas”. Este compromiso también se refleja en el proyecto de Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024.

Por supuesto que la intención política representa un reto enorme. Y para ello se requiere de las capacidades, experiencias y colaboración de todos aquellos expertos en agroecología, académicos, campesinos, sociedad civil, gobierno y organizaciones internacionales. La gran mayoría de los participantes del Congreso antes mencionado manifestó la necesidad de lograr esa sinergia. La situación ambiental, la necesidad de crear sistemas sostenibles de producción de alimentos respetando y potencializando los saberes y culturas locales, no solo representan la necesidad del cambio, sino que también pueden aportar experiencias para lograrlo.

La agroecología es una de las muchas aportaciones que México ha hecho al mundo. Nació en Tabasco, en el extinto Colegio Superior de Agricultura Tropical a fines de los años 1970’s. Es el resultado de un proceso intercultural de intercambio de saberes entre campesinos mayas, estudiantes mexicanos de diversa procedencia cultural y académicos mexicanos e internacionales. Destaca el papel de Efraim Hernández Xolocotzi y de Stephen R. Gliessman, uno creando las bases y el otro formalizando la agroecología como ciencia. Como parte activa de esa historia puedo decir que inicia entendiendo un concepto local único. En Tabasco los campesinos no usaban la palabra maleza, llamaban monte a las plantas que crecen con sus cultivos y los clasifican como buen o mal monte dependiendo de lo que causaban a su cultivo.

Si el efecto era malo, la hierba era mal monte porque “calienta” el suelo; si el efecto era bueno, la hierba era buen monte porque “enfría” el suelo. Todo esto se basa en la liberación de sustancias alelopáticas que fueron identificadas científicamente. La alelopatía es un concepto en ecología que se refiere al efecto que causa una planta sobre otra debido a la liberación de sustancias químicas al medio, inhibiendo el crecimiento de la otra. Agroecología es un bello ejemplo de intercambio de saberes entre diferentes culturas; un proceso intercultural del cual emergió como ciencia. Una aportación del México indígena (maya) al mundo, interactuando con la ciencia de la ecología y la participación de personas culturalmente abiertas y sensibles a no encerrarse en sus propios mundos.

A partir de los debates en San Cristóbal se reconoció que hay diferentes agroecologías. No hay una sola agroecología. Lo hay con la mirada de género, con la mirada campesina, con la mirada urbana, con la mirada de preferencia sexual, con la mirada artística, etc. No obstante, todas estas agroecologías comparten tres elementos articuladores: Agroecología es a la vez una ciencia, una práctica y un movimiento, que puede tener diversas formas.

En San Cristóbal estuvo presente Crispim Moreira, brasileño representante de la FAO en México, quien anunció que el gobierno mexicano ha establecido un acuerdo con la FAO para recibir la asesoría que permita crear un Programa Nacional de Agroecología. Esto es un indicador de la importancia que tiene hoy la agroecología, de la enorme necesidad de resolver grandes problemas ambientales y de producción de alimentos y del reconocimiento del potencial que tenemos en México para aportar al mundo respuestas adecuadas para esos grandes retos. 

¡Y pensar que con este ejemplo podemos crear nuevos campos del conocimiento y resolver así problemas que nos agobian con aplicación local! Aún no es tarde, la gran expectativa la está generando y apoyando las nuevas políticas federales, se están sumando diferentes actores con un bagaje científico y práctico único y competitivo de calidad mundial. Necesitamos crear el Colegio Superior de Agroecología Tropical. La invitación está abierta.
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Fuente: Publicado el día 21 de mayo 2019 por La Jornada Maya: https://www.lajornadamaya.mx/2019-05-21/Agroecologia--futuro-alimentario-del-mundo

viernes, 4 de noviembre de 2016

El New York Times carga contra las falsas promesas de los cultivos transgénicos.


Es raro que los grandes medios de comunicación, especialmente los estadounidenses, publiquen artículos o noticias que dejen en mal lugar a los cultivos y alimentos transgénicos. En el caso del New York Times, el artículo analiza cómo la principal promesa realizada en torno a los cultivos transgénicos - que aumentarían la producción - no ha sido cumplida en estos veinte años.

Es raro que los grandes medios de comunicación, especialmente los estadounidenses, publiquen artículos o noticias que dejen en mal lugar a los cultivos y alimentos transgénicos. En el caso del New York Times, no es la primera vez que esto ocurre: fue el principal periódico en hacerse eco del escándalo del caso Folta, cuando la filtración de emails de famosos académicos estadounidenses supuestamente "independientes" desveló la estrecha relación que estos mantenían con las empresas biotecnológicas y sus agencias de relaciones públicas.


En esta ocasión, el artículo analiza cómo la principal promesa realizada en torno a los cultivos transgénicos - que aumentarían la producción - no ha sido cumplida en estos veinte años.


Aunque no estamos de acuerdo en descartar tan rápido como ellos hacen las evidencias científicas que apuntan a posibles daños para la salud - como tampoco lo hizo la Academia Nacional de las Ciencias en su informe publicado en primavera - creemos que merece la pena leer el artículo. A continuación podéis encontrar la traducción al castellano.


El original en inglés recoge gráficos, imágenes y algunos recuadros con información adicional, que pueden consultarse en la página del New York Times.


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Dudas sobre la abundancia prometida por los cultivos transgénicos


La polémica sobre los cultivos transgénicos se ha centrado tradicionalmente en miedos, en su mayor parte infundados, a que su consumo tenga efectos nocivos para la salud.


Sin embargo, un cuidadoso análisis por parte del New York Times indica que el debate ha obviado un problema mucho más básico - la modificación genética en EEUU y Canadá no ha acelerado el aumento de la producción, ni ha conducido a una reducción en el uso de pesticidas de síntesis.


La promesa de los transgénicos era doble: al hacer a los cultivos inmunes a los efectos de los herbicidas e inherentemente resistentes a varias plagas, podrían crecer tan robustamente que se volverían indispensables para alimentar a la creciente población mundial, pero sin necesitar tantas aplicaciones de pesticida.


Hace veinte años que la mayor parte de Europa rechazó el cultivo de transgénicos, mientras que EEUU y Canadá los adoptaban. Al comparar los resultados en ambos continentes, utilizando datos independientes e investigaciones académicas y de la industria, se ve que la tecnología se ha quedado muy corta respecto a lo que había prometido.




El análisis del Times, utilizando datos de las Naciones Unidas, muestra que EEUU y Canadá no han logrado ganar una ventaja notable en la producción – de alimentos por hectárea - al compararse con Europa Occidental, una región con agricultores igualmente modernizados, por ejemplo en zonas como Francia y Alemania. Además, un informereciente de la Academia Nacional de las Ciencias concluía que "existe poca evidencia" de que la introducción de cultivos transgénicos en EEUU hubiera supuesto un aumento de la producción mayor que el observado en cultivos convencionales.


Mientras tanto, el uso de herbicidas en EEUU ha aumentado, aunque algunos de los principales cultivos como el maíz, la soja o el algodón han pasado a ser transgénicos. Y EEUU se ha quedado detrás del principal productor europeo, Francia, a la hora de reducir el uso de pesticidas, incluyendo tanto herbicidas como insecticidas.


Esta importante diferencia en el uso de pesticidas puede observarse en los datos de la United States Geological Survey. Desde que hace dos décadas se introdujeran en EEUU cultivos transgénicos como el maíz, algodón y soja, el uso de toxinas insecticidas y fungicidas se ha reducido en un tercio, pero la pulverización de herbicidas, que se utilizan en volúmenes mucho mayores, ha aumentado un 21%.


Por el contrario, en Francia, el uso de insecticidas y fungicidas ha disminuido en un porcentaje mucho mayor - 65 por ciento - disminuyendo también el uso de herbicida en un 36 por ciento.


Las profundas diferencias respecto a la ingeniería genética han dividido durante décadas a estadounidenses y europeos. Aunque ya en 1987 los activistas estadounidenses arrancaban plantas experimentales de patata, la ira europea ante la idea de hacer tonterías con la naturaleza se ha mantenido mucho más en el tiempo. En los últimos años, la Marcha contra Monsanto ha reunido a miles de manifestantes en ciudades como Paris y Basilea (Suiza), y la oposición a los alimentos transgénicos es una de las bases del movimiento político de los Verdes europeos. Aun así, los europeos consumen estos alimentos al importarlos de EEUU y otros lugares.


El miedo a los efectos nocivos de consumir alimentos transgénicos ha demostrado tener poca base científica. El daño potencial derivado de los pesticidas, sin embargo, ha llamado la atención de los investigadores. Los pesticidas están hechos para ser tóxicos - la Alemania nazi desarrollo versiones de uso militar, como el sarín- y pueden producir efectos como retrasos en el desarrollo o cáncer.


"Se sabe muy poco de estos productos", dice David Bellinger, profesor de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard, cuyos estudios atribuyen la pérdida de casi 17 millones de puntos de coeficiente intelectual en niños estadounidenses de cinco años a un tipo de insecticidas. "Hacemos experimentos con la población", afirma, al referirse a la exposición a pesticidas en agricultura, "y esperamos hasta que pasa algo malo."


La industria gana por un lado y por otro, porque las mismas empresas producen y venden tanto las plantas modificadas genéticamente como el veneno que se les añade. Gracias a estas ventas, la capitalización bursátil de Monsanto, la principal empresa semillera, y Syngenta la gigante suiza de los pesticidas, se han multiplicado por seis en los últimos quince años. Las dos empresas están en este momento, cada una por su lado, negociando fusiones que aumentarían su valor a más de 100.000 millones de dólares cada una.


Al presentársele estos datos, Robert T. Fraley, Director de tecnología de Monsanto, dijo que el Times había escogido los datos para ofrecer una mala imagen de la industria. "Cada agricultor es a su vez un hombre de negocios inteligente, y un agricultor no va a pagar una tecnología que no crea que le aporta un beneficio importante," dijo. "Está claro que las herramientas biotecnológicas han aumentado enormemente la producción."


Respecto al uso de herbicidas, en un comunicado, Monsanto afirmaba, "Mientras que el uso total de herbicidas podría estar aumentando en algunas zonas en las que los agricultores están siguiendo las mejores prácticas para gestionar problemas de malas hierbas, los agricultores de otras zonas con diferentes circunstancias podrían haber reducido o mantenido su uso de herbicidas."


Los cultivos transgénicos a veces pueden ser efectivos. Monsanto y otros citan a menudo el trabajo de Matin Qaim, un investigador de la Universidad Georg-August de Göttingen, Alemania, incluyendo un meta-análisis de estudios en los que él participó y que concluía que los cultivos transgénicos habían supuesto un aumento significativo de la producción. Sin embargo, en una entrevista y a través de emails, el Dr. Qaim puntualizó que los efectos significativos habían sido observados fundamentalmente en variedades resistentes a insectos en países en desarrollo, concretamente en la India.


"Los cultivos transgénicos actualmente disponibles no supondrían un aumento importante de la producción en Europa," afirmó. Y respecto a los cultivos tolerantes a herbicidas en general: "No creo que esta sea una tecnología milagrosa sin la que no podemos vivir."


La promesa de reducir los químicos


Primero vino el tomate Flavr Savr, en 1994, que se suponía iba a tardar más en estropearse. Al año siguiente algunos tipos de patata resistente a insectos. En el año 1996 algunos de los cultivos más imporantes de EEUU comenzaron a ser transgénicos.


Monsanto, el campeón de estos nuevos rasgos genéticos, los vendía como una forma de reducir el uso de sus pesticidas. "Desde luego que no estamos animando a los agricultores a que utilicen más químicos", declaraba un ejecutivo de la empresa al Los Angeles Times en 1994. Al año siguiente, en un comunicado de prensa, Monsanto decía que el nuevo gen que incorporaría en sus semillas, llamado Roundup Ready, "podía reducir la utilización global de herbicidas."


Inicialmente, los dos tipos principales de cultivos transgénicos eran o bien resistentes a herbicidas, lo que permitía pulverizar estos sobre el cultivo, o resistentes a algunos insectos.


Las cifras del Departamento de Agricultura de EEUU muestran cómo el uso de herbicidas se ha disparado en la soja, uno de los principales cultivos transgénicos, multiplicándose dos veces y media en las últimas dos décadas, mientras que la superficie del cultivo crecía en menos de un tercio. Su utilización en maíz ya estaba disminuyendo antes de que se introdujeran los cultivos transgénicos, para después prácticamente duplicarse entre 2002 y 2010, antes de estabilizarse. Los problemas de malas hierbas resistentes en estos cultivos han aumentado su uso aún más.


Para algunos, este efecto era predecible. El propósito de diseñar plantas resistentes a insectos "era reducir el uso de insecticidas, y así ha sido" declaraba Joseph Kovach, un investigador jubilado de la Universidad Estatal de Ohio que estudiaba los riesgos ambientales de los pesticidas. Pero el objetivo de las semillas tolerantes a herbicidas era "vender más producto", dijo - más herbicida.


Se entiende que los agricultores con cultivos infestados por las malas hierbas, o por una plaga o enfermedad en concreto, se conviertan en defensores acérrimos de los transgénicos. "Es de tontos, es casi ridículo dar la espalda a una tecnología que tiene tanto que ofrecer," afirmaba Duane Grant, presidente de la Amalgamated Sugar Company, una cooperativa de más de 750 productores de remolacha azucarera del Noroeste.


Según él, los cultivos tolerantes al Roundup, el herbicida más popular de Monsanto, han salvado su cooperativa.


Sin embargo, las malas hierbas de todo el mundo se están volviendo tolerantes al Roundup - lo cual deja un hueco para que la industria venda nuevas semillas y más pesticidas. Las últimas semillas han sido diseñadas para resistir a dos herbicidas, y hay planes de introducir resistencia a hasta cinco. Eso hará también más fácil que los agricultores que quieran pelear con las malas hierbas que ya existen utilicen cada vez más tóxicos vendidos por las mismas empresas.


La resistencia creciente al Roundup está haciendo que revivan también otros químicos más antiguos y polémicos. Uno es el 2,4-D, un ingrediente del Agente Naranja, el infame defoliante utilizado en la Guerra de Vietnam. Sus posibles riesgos dividen desde hace tiempo a los científicos, y han provocado la alarma de los movimientos sociales.


También está el dicamba. En Louisiana, Monsanto está invirtiendo casi 1000 millones de dólares en poner en marcha la producción de este químico. Y aunque aún no se ha autorizado el uso de la versión de Monsanto, la empresa ya está vendiendo semillas capaces de resistirlo - y ya han aparecido casos de agricultores que han dañado el cultivo de su vecino al pulverizar ilegalmente con versiones más antiguas de la toxina.


Semillas de alta tecnología


Dos agricultores, a 6.000 kilómetros el uno del otro, mostraban recientemente a un visitante sus semillas de maíz. Bo Stone y Arnaud Rousseau pertenecen a familias que llevan trabajando la tierra durante seis generaciones. Los dos usan semillas de DuPont, la gigante de los agroquímicos que se va a fusionar con Dow Chemical.


A simple vista las semillas parecen idénticas. Dentro de ellas, sin embargo, existen importantes diferencias.


En Rowland, N.C., cerca de la frontera de Carolina del Sur, las semillas de Bo Stone están hasta arriba de rasgos transgénicos. Tienen Roundup Ready, el gen de Monsanto que la hace resistente al Roundup, y también tiene un gen de Bayer que hace que el cultivo resista un segundo herbicida. El rasgo denominado Herculex I fue desarrollado por Dow y Pioneer, ahora parte de DuPont, y ataca el canal alimenticio de los insectos (ver nota al final). Eso mismo hace YieldGard, de Monsanto.


También hay una gran diferencia: el precio. Rousseau paga unos 85$ por una bolsa de 50.000 semillas. Stone paga unos 153$ por la misma cantidad de semilla transgénica.


Para los agricultores, funcionar sin cultivos transgénicos no es una elección fácil. Los rasgos modificados no se venden a la carta.


Stone, de 45 años, tiene un máster en Ciencias agrícolas y escucha la radio Prime Country en su pickup de Ford. Tiene un campo experimental en el que prueba la semilla nueva, buscando las características más importantes para él - plantas bien erguidas, por ejemplo.


"Escojo en función de la producción y las características de la planta, más que de los rasgos que dan los transgenes", como la resistencia a químicos o insectos, dice, subrayando un punto importante: las cantidades producidas siguen dependiendo de la mejora convencional, como llevan haciéndolo miles de años.


Dicho esto, Stone valora positivamente el que el transgénico reduzca su utilización de insecticida (aunque agradecería una ayuda con las chinches, un problema para muchos agricultores). Además, ha aparecido el problema de la resistencia de algunas malas hierbas al Roundup.


"Ningún transgénico va a servir para todo," dice.


Por otra parte, en la granja de Arnaud Rousseau en Trocy-en-Multien, un pueblo cerca de París, el maíz no tiene ninguno de estos rasgos transgénicos, la mayoría de los cuales están prohibidos por la Unión Europea.


"La puerta está cerrada", dice Rousseau, de 42 años, vicepresidente de una de las muchas uniones de agricultores francesas. En su granja de 340 hectáreas tuvo lugar una de las carnicerías de la I Guerra Mundial, en la Batalla del Marne.


Al igual que en el caso de Stone, la producción de Rousseau ha aumentado, aunque sube y baja según el año. La tecnología agrícola ha supuesto también grandes cambios. "Mi abuelo usaba caballos y bueyes", dice Rousseau. "Yo tengo tractores con motor."


Quiere tener acceso a la misma tecnología que su competencia al otro lado del Atlántico, y cree que los cultivos transgénicos podrían ahorrarle tiempo y dinero.


"Visto desde Europa, cuando hablas con agricultores estadounidenses o canadienses, nos da la sensación de que lo tienen más fácil. Igual no es así, no lo sé, pero es la sensación que tenemos."


Alimentar al mundo


Dado que se espera que la población mundial llegue a los casi 10.000 millones para el año 2050, Monsanto lleva tiempo publicitando sus productos como una forma "de ayudar a cubrir la demanda de alimentos de esos miles de millones de personas," tal y como decía en un comunicado de 1995. Este sigue siendo un mantra de la industria.


"Es absolutamente clave que sigamos innovando," afirma Kurt Boudonck, quien dirige los invernaderos de Bayer que se extienden por Carolina del Norte. "Las técnicas de producción actuales no nos van a permitir dar de comer a tanta gente."


Sin embargo, no ha aparecido una ventaja significativa en la producción. El Times analizó los datos regionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, comparando los principales cultivos transgénicos de EEUU y Canadá con las variedades cultivadas en Europa Occidental, una agrupación utilizada por la agencia y que agrupa a siete países, entre ellos los dos principales productores agrícolas, Francia y Alemania.


En el caso de la colza, de la cual un tipo se utiliza para producir aceite, el Times comparó Europa Occidental con Canadá, el principal productor, durante los últimos treinta años, lo cual abarca también un período anterior a la introducción de cultivos transgénicos.


A pesar de rechazar los cultivos transgénicos, Europa Occidental mantuvo una producción superior a la canadiense. Aunque esto se debe en parte a que ambas regiones cultivan variedades diferentes, las tendencias en la producción relativa no se han desplazado a favor de Canadá con la introducción de los cultivos transgénicos, según muestran los datos.


En el caso del maíz, el Times comparó Estados Unidos con Europa Occidental. Las tendencias de uno y otra apenas varían en los últimos treinta años. Y la remolacha azucarera, una importante fuente de azúcar, ha mostrado en los últimos años un mayor aumento de la producción en Europa Occidental que en EEUU, a pesar de la expansión de variedades transgénicas en la última década.


Jack Heinemann, profesor de la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda, publicó en 2013 un estudio que comparaba las tendencias de producción a ambos lados del Atlántico, utilizando datos de las Naciones Unidas. Europa Occidental, afirma, "no se ha visto penalizada de ninguna forma por no elegir utilizar la ingeniería genética en agricultura."


Los ejecutivos de las empresas biotecnológicas sugieren realizar comparaciones más concretas. El Dr. Fraley, de Monsanto, subrayó los datos que comparaban el crecimiento de la producción en Nebraska y Francia, mientras que un ejecutivo de Bayer sugería Ohio y Francia. Estas comparaciones pueden resultar favorables para la industria, mientras que utilizar otros estados para comparar puede resultarles perjudicial.


Michael Owen, un investigador de la Universidad Estatal de Iowa especializado en malas hierbas, declaró que aunque la industria lleva mucho tiempo diciendo que los transgénicos iban "a salvar el mundo", aún "no han encontrado el mítico gen de la producción."


Escasez de nuevos mercados


La industria agroquímica, vapuleada por los precios a la baja de las materias primas agrícolas y la resistencia de los consumidores que ha dificultado la entrada en nuevos mercados, se ha visto inmersa en una dinámica de fusiones. Bayer anunció recientemente un trato para comprar Monsanto. Y la empresa estatal China National Chemical Corporation ha recibido la aprobación estadounidense para comprar Syngenta, aunque Syngenta advertía más tarde que la adquisición podría retrasarsepor el escrutinio de las autoridades europeas.


Estos tratos tienen como objetivo el crear gigantes con aún más ganas de vender tanto semillas como productos químicos. La nueva generación de semillas ya está llegando al mercado o se está desarrollando. Y tienen grandes títulos. Está la Balance GT Soybean Performance System de Bayer. El maíz Genuity SmartStax RIB Complete de Monsanto. El PhytoGen de Dow, con Enlist y Widestrike 3 Insect Protection.


En el argot de la industria, son variedades con varios rasgos transgénicos "combinados". Y hay más en camino. Monsanto ha dicho que la semilla de maíz de 2025 tendrá 14 transgenes y permitirá a los agricultores utilizar cinco tipos diferentes de herbicida.


Se dice que estos nuevos cultivos transgénicos hacen muchas cosas, como proteger los cultivos de las enfermedades o hacer que los alimentos sean más nutritivos. Algunos podrían ser efectivos y otros no. Para la industria, el hacer que cultivos cruciales como el maíz, la soja, el algodón y la colza pasen a ser casi completamente transgénicos en muchas partes del mundo cubre una auténtica necesidad. Para sus críticos, es una oportunidad de marketing.


"La aceptación de los cultivos transgénicos es excepcionalmente baja en Europa," dice Liam Condon, director del área agrícola de Bayer, en una entrevista en el día que se anunciaba su trato con Monsanto. Añadía: "Pero hay muchos lugares en el mundo en el que hay mucha más necesidad, y en los que se aceptan los transgénicos. Iremos allí donde el mercado y los clientes demanden nuestra tecnología."


Corrección: 2 de noviembre de 2016


Un cuadro publicado el domingo con la continuación del artículo sobre las promesas no cumplidas de los cultivos transgénicos recogía de forma errónea el modo de acción de Herculex I, un rasgo genético desarrollado por Dow AgroSciences y Pioneer. Rompe la pared del canal alimenticio de las larvas de los insectos; no crea una bacteria que lo haga.




Fuente: New York Times, 29 de octubre, 2016
Fuente: Biodiversidad
Imagen: Doug Calloway

viernes, 7 de noviembre de 2014

800 científicos de 82 países piden a todos los gobiernos del mundo eliminar los transgénicos.


Escrito por Redacción. Publicado en Investigación y Ciencia

Nunca antes se había unido de manera tan contundente la comunidad científica como lo ha hecho para firmar una petición en la que más de 800 científicos de 82 países diferentes piden a nivel planetario, a todos los gobiernos del mundo, que eliminen los cultivos transgénicos. Esgrimen en 29 puntos, en un extenso y detallado informe, todo el mal que están causando, y pueden llegar a causar, estas prácticas demodificaciones genéticas y cultivos transgénicos en los seres humanos, los animales y el medioambiente.

Ha habido varias acciones pero la última ha sido la más contundente. La declaración se remonta a 1999. En el año 2003 fue sustituida por el informe del Grupo de Ciencia Independiente y, en 2013 por el más reciente informe de Ban OGM. El pasado mes de junio el Instituto ISIS publicó un estudio que aporta más evidenciasobre el hecho de que los productos transgénicos liberan al suelo, aire y agua, trozos de genes sintéticos que están causando problemas de resistencia a antibióticos y otras enfermedades en los seres humanos.

A los agricultores y consumidores, los científicos advierten que “los cultivos transgénicos no ofrecen beneficios”.

"Traen consigo muchos problemas que han sido identificados, incluyendo fricción de la producción, el aumento del uso de herbicidas, el desempeño errático, y pobres rendimientos económicos para los agricultores. Los cultivos transgénicos también intensifican el monopolio corporativo sobre los alimentos, que está llevando a los agricultores familiares a la miseria, e impidiendo el cambio esencial hacia unaagricultura sostenible que garantice la seguridad alimentaria y la salud en el mundo”, indicaron los investigadores.

En Montreal en enero de 2000, más de 130 gobiernos se comprometieron a aplicar “el principio de precaución y garantizar que las legislaciones de bioseguridad a nivel nacional e internacional tienen prioridad sobre los acuerdos comerciales y financieros de la Organización Mundial del Comercio.

Los investigadores sostienen que la agricultura ecológica y familiar, tiene bajos costos y es completamente sostenible. “Ofrecen la única forma para restaurar las tierras agrícolas degradadas por las prácticas agronómicas convencionales, y posibilita la autonomía de los pequeños agricultores familiares para combatir la pobreza y el hambre.”, asegura el equipo de ISIS.



Los científicos han firmado una carta y apuntan todas estas razones que avalan esta extraordinaria petición:



“Nosotros, los científicos abajo firmantes, pedimos la suspensión inmediata de todas las emisiones ambientales de cultivos transgénicos y productos derivados de los mismos, tanto comercialmente como en pruebas a campo abierto, durante al menos 5 años".

1. Las patentes sobre formas de vida y procesos vivos deberían prohibirse porque amenazan la seguridad alimentaria, promueven la biopiratería de los conocimientos indígenas y los recursos genéticos, violan los derechos humanos básicos y la dignidad, el compromiso de la salud, impiden la investigación médica y científica, y están en contra del bienestar de los animales. Las formas de vida, tales como organismos, semillas, líneas celulares y los genes son descubrimientos y por lo tanto no son patentables. Las técnicas actuales de GM, que explotan los procesos vivos no son fiables, son incontrolables e impredecibles, y no pueden considerarse como invenciones. Además, estas técnicas son inherentemente inseguras, al igual que muchos organismos y productos transgénicos.

2. Cada vez es más claro que los actuales cultivos transgénicos no son ni necesarios ni beneficiosos. Son una distracción peligrosa que impíden el cambio esencial hacia prácticas agrícolas sostenibles que pueden proporcionar la seguridad alimentaria y la salud en todo el mundo.

3. Dos características simples representan las casi 40 millones de hectáreas de cultivos transgénicos plantados en 1999. La mayoría (71%) son tolerantes a herbicidas de amplio espectro, desarrolladas para ser tolerantes con su propia marca de herbicida, mientras que el resto están diseñados con las toxinas Bt para matar plagas de insectos. Un estadística basada en 8.200 pruebas de campo sobre el cultivo transgénico más popular, la soja, reveló que la soja transgénica rinde un 6,7% menos y requiere dos a cinco veces más herbicidas que las variedades no modificadas genéticamente. Esto ha sido confirmado por un estudio más reciente realizado en la Universidad de Nebraska. Sin embargo, se han identificado otros problemas como: el desempeño errático, susceptibilidad a la enfermedad, el aborto del fruto y pobres rendimientos económicos a los agricultores.

4. De acuerdo con el programa de alimentos de la ONU, hay suficiente comida para alimentar al mundo una vez y media más. Mientras que la población mundial ha crecido un 90% en los últimos 40 años, la cantidad de alimentos per cápita ha aumentado en un 25%, y sin embargo mil millones pasan hambre. Un nuevo informe de la FAO confirma que habrá suficiente o más que suficiente comida para satisfacer las demandas globales sin tener en cuenta ningún mejora de rendimiento que pudieran proporcionar los transgénicos hasta bien entrado 2030. Es a causa de la creciente monopolio empresarial que opera bajo la economía globalizada que los pobres son cada vez más pobres y pasan más hambre. Los agricultores familiares de todo el mundo han sido llevados a la miseria y el suicidio, y por las mismas razones. Entre 1993 y 1997 el número de explotaciones de tamaño medio en los EE.UU. se redujo en 74.440, y los agricultores están cobrando por debajo del costo promedio de producción de sus productos La población agrícola en Francia y Alemania se redujo en un 50% desde 1978. En el Reino Unido, 20 000 empleos agrícolas se perdieron en el último año, y el Primer Ministro ha anunciado un paquete de ayuda de 200 millones de libras. Cuatro empresas controlan el 85% del comercio mundial de cereales al final de 1999. Fusiones y adquisiciones continúan.

5. Las nuevas patentes sobre semillas intensifican el monopolio empresarial mediante el impedimento a los agricultores de guardar y replantar las semillas, que es lo que la mayoría siguen haciendo en el Tercer Mundo. Con el fin de proteger sus patentes, las empresas continúan desarrollando tecnologías “terminator” para que las semillas cosechadas fruto de una planta sometida a bioingenieria no germinen, a pesar de la oposición mundial de los agricultores y la sociedad civil en general.

6. Christian Aid, una organización benéfica importante que trabaja con el Tercer Mundo, llegó a la conclusión de que los cultivos transgénicos provocan desempleo, agravan la deuda del Tercer Mundo, y son una amenaza para los sistemas agrícolas sostenibles además de dañar el medio ambiente..Los gobiernos africanos condenaron la afirmación de Monsanto de que se necesitan los transgénicos para alimentar a los hambrientos del mundo: “Nos oponemos firmemente … que la imagen de los pobres y hambrientos de nuestros países está siendo utilizada por grandes empresas multinacionales para impulsar una tecnología que no es segura, ni para el medio ambiente, ni económicamente beneficiosa para nosotros … nosotros creemos que va a destruir la diversidad, el conocimiento local y los sistemas agrícolas sostenibles que nuestros agricultores han desarrollado durante miles de años y … minar nuestra capacidad de alimentarnos. “Un mensaje del Movimiento Campesino de Filipinas ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de los países industrializados declaró: “La entrada de los OGM seguramente intensificará la falta de tierras, el hambre y la injusticia.”

7. Una coalición de grupos de agricultores familiares en los EE.UU. han emitido una lista completa de las demandas, entre ellas la prohibición de la propiedad de todas las formas de vida; suspensión de las ventas, emisiones al medio ambiente y más aprobaciones de cultivos transgénicos y los productos derivados, pendientes de una evaluación independiente y exhaustiva de los impactos ambientales, de salud y económicos sociales; y que se obligue a las empresas a hacerse responsable de todos los daños y perjuicios derivados de sus cultivos modificados genéticamente y productos para el ganado, sobre los seres humanos y el medio ambiente. También exigen una moratoria de todas las fusiones y adquisiciones de empresas, sobre el cierre de la granja, y un fin a las políticas que sirven a los grandes intereses agroindustriales a expensas de los agricultores familiares, los contribuyentes y el medio ambiente. Han montado una demanda contra Monsanto y otras nueve empresas por prácticas monopólicas y por endosar los cultivos transgénicos a los agricultores sin evaluaciones de seguridad y de impacto ambiental adecuados.

8. Algunos de los peligros de los cultivos transgénicos son reconocidos abiertamente por los Gobiernos del Reino Unido y de Estados Unidos . Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAFF) del Reino Unido ha admitido que el traslado de los cultivos transgénicos y el polen más allá de los campos plantados es inevitable, y esto ya ha dado lugar a las malas hierbas resistentes a los herbicidas. Un informe provisional sobre las pruebas de campo patrocinados por el Gobierno del Reino Unido ha confirmado la hibridación entre parcelas adyacentes de diferentes variedades de colza tolerante a los herbicidas modificados genéticamente, lo que dio lugar a híbridos tolerantes a múltiples herbicidas. Además, colza transgénica y sus híbridos fueron encontrados como maleza en los cultivos de trigo y cebada posteriores, que estaban siendo controlados con herbicidas convencionales. Plagas de insectos resistentes al Bt han evolucionado en respuesta a la continua presencia de las toxinas en las plantas transgénicas durante todo el ciclo de cultivo, y la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. está recomendando a los agricultores a plantar hasta un 40% los cultivos no modificados genéticamente con el fin de crear refugios para los no plagas de insectos resistentes.

9. Las amenazas a la diversidad biológica de los principales cultivos transgénicos ya comercializados son cada vez más claras. Los herbicidas de amplio espectro utilizados con los cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas no solo diezman especies de plantas silvestres de forma indiscriminada, sino que también son tóxicos para los animales. El glufosinato causa defectos de nacimiento en los mamíferos, y el glifosato está ligado al linfoma de Hodgkin. Los cultivos transgénicos Bt-toxinas matan insectos beneficiosos como las abejas y las crisopas, y el polen de maíz Bt es letal para las mariposas monarca, así como lo es para los papiliónidos. La Toxina Bt es exudada de las raíces del maíz Bt en la rizosfera, donde se une rápidamente a las partículas del suelo y se convierte en parte del mismo. A medida que la toxina está presente en una forma activada, no selectiva, tanto las especies que son objetivo como las que no son objetivo en el suelo se verán afectadas, causando un enorme impacto en todas las especies sobre la tierra.


10. Los productos resultantes de los organismos modificados genéticamente también pueden ser peligrosos. Por ejemplo, un lote de triptófano producido por microorganismos modificados genéticamente se asoció con al menos 37 muertes y 1.500 enfermedades graves. Una hormona genéticamente modificada de crecimiento bovino, se inyecta en vacas con el fin de aumentar la producción de leche, no sólo provoca el sufrimiento excesivo y enfermedades para las vacas, también aumenta de IGF-1 en la leche, que está vinculada a los cánceres de mama y de próstata en seres humanos. Es de vital importancia para el público ser protegido de todos los productos transgénicos, y no sólo los que contienen ADN transgénico o proteína. Esto es debido a que el propio proceso de modificación genética, por lo menos en la forma practicada actualmente, es inherentemente peligroso.

11. Memorandos secretos Food and Drug Administration de EE.UU. revelaron que se ignoró las advertencias de sus propios científicos de que la ingeniería genética es un nuevo punto de partida e introduce nuevos riesgos. Además, el primer cultivo transgénico liberado para su comercialización – el tomate Flavr Savr – no pasó las pruebas toxicológicas necesarias. El Dr. Arpad Pusztai y sus colaboradores en el Reino Unido plantearon serias dudas sobre la seguridad de las patatas transgénicas que estaban probando. Ellos llegan a la conclusión de que una parte significativa del efecto tóxico puede ser debido a la transformación genética o al proceso utilizado en la fabricación de las plantas modificadas genéticamente o ambos.

12. La seguridad de los alimentos transgénicos se disputó abiertamente por el profesor Bevan Moseley, genetista molecular y actual Presidente del Grupo de Trabajo sobre Nuevos Alimentos en el Comité Científico de la Unión Europea sobre la Alimentación. Llamó la atención sobre los efectos imprevistos inherentes a la tecnología, haciendo hincapié en que la próxima generación de los alimentos modificados genéticamente – los llamados ‘nutracéuticos “o” alimentos funcionales “, como la vitamina A del arroz’ enriquecido ‘- planteará aún mayores riesgos para la salud debido al aumento de la complejidad de las construcciones de genes.

13. La ingeniería genética introduce nuevos genes y nuevas combinaciones de material genético construido en el laboratorio en los cultivos, el ganado y los microorganismos. Las construcciones artificiales se derivan a partir del material genético de virus patógenos y otros parásitos genéticos, así como bacterias y otros organismos, e incluyen genes que codifican para resistencia a los antibióticos. Las construcciones están diseñadas para romper las barreras de las especies y para superar los mecanismos que impiden al material genético extraño la inserción en los genomas. La mayoría de ellos nunca han existido en la naturaleza a lo largo de miles de millones de años de evolución.

14. Estos constructos se introducen en las células por métodos invasivos que conducen a la inserción aleatoria de los genes extraños en el genoma (la totalidad de todo el material genético de una célula u organismo). Esto da lugar a, efectos aleatorios impredecibles, incluyendo anormalidades en los animales y las toxinas y alérgenos inesperados en cultivos alimenticios.

15. Una construcción común a prácticamente todos los cultivos transgénicos ya comercializados que se someten a pruebas de campo implica un interruptor de gen (promotor) del virus mosaico de la coliflor (CaMV) empalmado junto al gen foráneo (transgén) para hacer sobre-expresan de forma continua. Este promotor CaMV está activo en todas las plantas, en levaduras, algas y E. coli. Recientemente hemos descubierto que es aún activo en el huevo de anfibio y el extracto de células humanas. Tiene una estructura modular y se puede intercambiar, en parte o en su totalidad con los promotores de otros virus para dar a los virus infecciosos. También cuenta con un “punto caliente de recombinación ‘donde es propenso a romperse y unirse con otro material genético.

16. Por estas y otras razones, el ADN transgénico – la totalidad de las construcciones artificiales transferidos en el OMG – puede ser más inestable y propenso a transferir de nuevo a especies no relacionadas; potencialmente a todas las especies que interactúan con el OMG.

17. La inestabilidad de ADN transgénico en plantas modificadas genéticamente es bien conocido. Genes transgénicos a menudo son silenciados, pero la pérdida de parte o la totalidad del ADN transgénico también ocurre, incluso en las generaciones posteriores de propagación. Estamos al tanto de ninguna evidencia publicada para la estabilidad a largo plazo de los insertos transgénicos en términos de estructura o ubicación en el genoma de la planta en cualquiera de las líneas de transgénicos ya comercializados o ensayos de campo sometidos.

18. Los riesgos potenciales de la transferencia horizontal de genes de GM incluyen la propagación de genes de resistencia a antibióticos a los patógenos, la generación de nuevos virus y bacterias que causan la enfermedad y las mutaciones debido a la inserción aleatoria de ADN extraño, algunos de los cuales pueden conducir a cáncer en células de mamíferos. La capacidad del promotor CaMV para funcionar en todas las especies, incluyendo los seres humanos es particularmente relevante para los peligros potenciales de la transferencia horizontal de genes.

19. La posibilidad de que el ADN desnudo o libre para ser absorbidos por las células de mamíferos se menciona explícitamente en los EE.UU. Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de un proyecto de orientación a la industria sobre los genes marcadores de resistencia a antibióticos. En sus comentarios sobre el documento de la FDA, el MAFF Reino Unido señaló que el ADN transgénico puede no transfiere sólo por ingestión, sino por el contacto con el polvo y el polen de plantas transmitida por el aire durante el trabajo agrícola y procesamiento de alimentos. Esta advertencia es tanto más significativa con el reciente informe de la Universidad de Jena en Alemania que los experimentos de campo indicaron genes transgénicos pueden haber transferido vía polen transgénico a las bacterias y levaduras en el intestino de las larvas de las abejas.

20. La planta de ADN no se degrada fácilmente durante la mayor parte del procesamiento comercial de alimentos. Los procedimientos tales como la molienda dejaron ADN grano en gran parte intacto, al igual que el tratamiento térmico en 90deg.C. Las plantas colocadas en el ensilaje mostraron poca degradación del ADN, y un informe especial del Reino Unido MAFF desaconseja el uso de plantas modificadas genéticamente o residuos vegetales en la alimentación animal.

21. La boca humana contiene bacterias para captar y expresar ADN desnudo que contiene genes de resistencia a antibióticos y bacterias transformables similares están presentes en las vías respiratorias.

22. Se ha encontrado que los genes marcadores de resistencia a antibióticos de las plantas modificadas genéticamente para transferir horizontalmente para bacterias y hongos del suelo en el laboratorio. Seguimiento sobre el terreno reveló que el ADN de la remolacha azucarera GM persistía en el suelo durante un máximo de dos años después de la plantación de la cosecha de GM. Y hay evidencia que sugiere que las partes del ADN transgénico se transferirán horizontalmente a las bacterias en el suelo.

23. La investigación reciente en la terapia génica y las vacunas de ácido nucleico (ADN y ARN) deja poca duda de que los ácidos nucleicos desnudos / libres se pueden tomar, y en algunos casos, que se incorpora en el genoma de todas las células de mamíferos, incluyendo las de los seres humanos. Los efectos adversos observados ya incluyen shock tóxico agudo, reacciones inmunológicas retraso y las reacciones autoinmunes.

24. La Asociación Médica Británica, en su informe provisional (publicado en mayo de 1999), pidió una moratoria indefinida sobre las liberaciones de OMG a la espera de una mayor investigación sobre nuevas alergias, la propagación de genes de resistencia a antibióticos y los efectos de ADN transgénico.

25. En el Protocolo de Bioseguridad de Cartagena negociado con éxito en Montreal en enero de 2000, más de 130 gobiernos han acordado poner en práctica el principio de precaución, y para garantizar que las legislaciones de bioseguridad a nivel nacional e internacional tienen prioridad sobre los acuerdos comerciales y financieros en la OMC. Del mismo modo, los delegados a la Conferencia de la Comisión del Codex Alimentarius en Chiba Japón, marzo de 2000, han acordado preparar procedimientos reglamentarios estrictos para los alimentos transgénicos, que incluyen la evaluación previa a la comercialización, el seguimiento a largo plazo de los impactos de salud, pruebas de estabilidad genética, toxinas, alérgenos y otros efectos no deseados. El Protocolo de Bioseguridad de Cartagena ha sido firmado por 68 gobiernos en Nairobi en mayo de 2000.

26. Instamos a todos los gobiernos a que tomen debidamente en cuenta la evidencia científica ya sustancial de los peligros reales o presuntos que surgen de la tecnología GM y muchos de sus productos, y para imponer una moratoria inmediata sobre nuevas emisiones al medio ambiente, incluyendo las pruebas de campo abierto, de acuerdo con el principio de precaución, así como la ciencia del sonido.

27. Estudios sucesivos han documentado la productividad y la sostenibilidad de la agricultura familiar en el Tercer Mundo, así como en el Norte. Evidencia del Norte y del Sur indican que las pequeñas fincas son más productivas, más eficientes y contribuyen más al desarrollo económico que las fincas grandes. Los pequeños agricultores también tienden a tomar mejores administradores de los recursos naturales, la conservación de la biodiversidad y salvaguardar la sostenibilidad de la producción agrícola. Cuba respondió a la crisis económica provocada por la ruptura del bloque soviético en 1989 por la conversión de convencional a gran escala, de alta monocultivo de entrada a la pequeña agricultura ecológica y semi-orgánica, lo que duplica la producción de alimentos con la mitad de la entrada anterior.

28. Los enfoques agroecológicos son una gran promesa para la agricultura sostenible en los países en desarrollo, en la combinación de conocimientos y técnicas adaptadas a las condiciones locales con el conocimiento científico occidental contemporánea la agricultura local. Los rendimientos se han duplicado y triplicado y siguen aumentando. Se estima que unos 12,5 millones de hectáreas en todo el mundo ya se cultivan con éxito en esta forma. Es ambientalmente racional y asequible para los pequeños agricultores. Recupera las tierras de cultivo marginales por la agricultura intensiva convencional. Ofrece la única forma práctica de restaurar las tierras agrícolas degradadas por prácticas agronómicas convencionales. Por encima de todo, se faculta a los pequeños agricultores familiares para combatir la pobreza y el hambre.

29. Instamos a todos los gobiernos a rechazar los cultivos transgénicos en la base de que son peligrosos y contrarios a un uso ecológicamente sostenible de los recursos. En su lugar, deberían apoyar la investigación y el desarrollo de métodos de agricultura sostenible que realmente pueden beneficiar a las familias de agricultores de todo el mundo.

lunes, 31 de marzo de 2014

Chile celebra triunfo contra Ley Monsanto y Convenio UPOV.



Servindi, 20 de marzo, 2014.- El retiro de la ley Monsanto sobre privatización de las semillas campesinas y la no adhesión al Convenio UPOV 91 sobre protección de obtenciones vegetales es celebrado por la ciudadanía chilena que se movilizó activamente en defensa de la producción agroecológica y la agricultura familiar campesina.


La presión fue generada por un amplio movimiento en el campo y la ciudad en defensa de semillas libres de patentes, transgénicos y plaguicidas articulado en la Campaña Yo No Quiero Transgénicos en Chile, RAP-Chile.

La Presidenta Bachelet y su coalición de gobierno anunció el 17 de marzo el retiro del proyecto conocido como ley Monsanto y que fue enviado al parlamento en 2009 por la propia presidenta durante su gestión anterior.

La iniciativa legal pretendía entregar a empresas transnacionales como Monsanto, Syngenta, Pioneer/Dupont y Bayer, productoras de semillas híbridas y transgénicas, amplias garantías a costa de los derechos de los campesinos y campesinas y del patrimonio genético del país.

La campaña desplegó masivas movilizaciones, intercambios de semillas, y un despliegue de recursos visuales por las redes sociales.

Un rol especial tuvieron las mujeres campesinas e indígenas, los agricultores biodinámicos, junto a organizaciones socio-ambientales, indígenas y de consumidores, y familias- todos ellos interesados en optar por alimentos sanos y seguros. Estos formaron el corazón del movimiento de defensa de la semilla.

Cabe destacar que en los últimos años en Chile se ha fortalecido el redescubrimiento del valor de la agricultura familiar campesina, y de la agroecología como alternativas reales para enfrentar problemas como el cambio climático, y la necesidad de contar con más y mejores alimentos para la población.

Agua, tierra y semillas son componentes esenciales para lograr la soberanía alimentaria, objetivo perseguido por la campaña Yo no quiero transgénicos en Chile, entendido como el derecho de todos y todas a decidir libremente sobre los alimentos que consumen, considerando la cultura tradicional y sin que esto quede en manos de las transnacionales que monopolizan el comercio de la semilla.

La ex senadora Ximena Rincón, actual ministra secretaria general de gobierno, encabezó en el Senado la oposición al proyecto de ley y gracias a la vigilancia ciudadana una mayoría de legisladores se informó y unió a la oposición de la norma.

La organización internacional Vía Campesina celebró la decisión la cual consideró un triunfo del movimiento ciudadano y advirtió que hay que tener presente que el peligro de UPOV 91 no ha terminado pues el gobierno “se ha comprometido a desarrollar un nuevo proyecto de ley escuchando a los distintos sectores involucrados y afectados”.

Al respecto indicó que “no nos cabe duda de que las empresas harán millonarias campañas de lobby y de desinformación, incluso de cooptación de organizaciones, a través de las cuales esperan seguir difundiendo sus mitos, amenazas y mentiras” puntualizó.

El senador Alejandro Navarro, presidente del Partido MAS, expresó: “esto no acaba aquí, pues el análisis anunciado por el ejecutivo requiere de consulta indígena. Piñera fue un maestro en realizar consultas indígenas mal hechas, campeón en llamar a dialogar sólo a quienes aprobaban sus proyectos, sin respetar los requisitos de la consulta tal como lo disponen los tratados internacionales”.

“Así ocurrió con la ley de pesca, con la ley de fomento forestal y con la ley de concesiones eléctricas. Espero que como Nueva Mayoría no hagamos lo mismo, consultas indígenas fraudulentas, pegándonos avivadas contra los derechos de los pueblos indígenas” aseveró Navarro.
Convenio UPOV

El movimiento ciudadano denunció un lobby ejercido por Monsanto desde hace seis años a favor que Chile suscriba el Convenio UPOV 91, un tratado promovido por el sector privado y que se actualiza periódicamente para generar mayores ganancias a las empresas.

Indican que dicho convenio no ha nacido bajo el patrocinio de las Naciones Unidas y varios de los países que registran sus semillas híbridas en Chile, tales como Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica no están adscritos al UPOV 91.

Tampoco lo están países que valoran altamente su patrimonio genético como Brasil, Perú y China, por lo que es innecesario firmar la actualización del año 1991 (UPOV 91) de ese convenio.
Propuesta de Ley de Semillas

El propósito de la ciudadanía chilena es gestar una nueva Ley de Semillas que permita avanzar hacia la soberanía alimentaria, estableciendo programas de producción y distribución de semillas campesinas locales.

La norma debe permitir la comercialización de las semillas campesinas locales, reconociendo el rol y autonomía de las comunidades en la recuperación de las semillas tradicionales para el campo y los huertos urbanos.

La propuesta ciudadana propone además respaldar la moratoria a los cultivos transgénicos como una forma de proteger la biodiversidad y el etiquetado de los alimentos con transgénicos, que consagra el derecho de los consumidores a optar por alimentos sanos.

Otro aspecto concierne a eliminar del registro del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) los plaguicidas altamente peligrosos (PAP) y dañinos para las abejas.

Asimismo, apoyar en cada región de Chile la creación de ferias locales y poderes de compra de los organismos del Estado, tales como hospitales y escuelas, para permitir el abastecimiento de la población con alimentos agroecológicos producidos en forma sana y sin agrotóxicos.

Declaración de la CLOC- Vía Campesina Chile al retiro de la ley de obtentores del proceso legislativo


Las organizaciones de la CLOC-Vía Campesina-Chile celebramos la decisión del gobierno de la Presidenta Bachelet de retirar del proceso legislativo el Proyecto de Ley de Protección de Derechos de Obtentores Vegetales, proyecto que buscaba implementar en Chile UPOV 91 y que se hizo conocido como Ley Monsanto.

Este es un gran triunfo, obtenido a través de las muchas acciones, reuniones, foros, entrevistas e iniciativas amplias y movilizadoras de las organizaciones de la CLOC-VC-Chile y los movimientos sociales, que permitieron una amplia comprensión de parte de la ciudadanía, mediante el desarrollo de argumentos sólidos y un trabajo de difusión masivo que incluyó a cientos de comunidades campesinas e indígenas, así como una discusión seria y metódica con una importante cantidad de Senadores.

Desde la CLOC-VC-Chile nos enorgullecemos de haber participado de manera permanente y sin vacilación en este proceso de resistencia social, de haber impulsado procesos de convergencia y movilización a pesar de las incomprensiones y los apoyos prestados al proyecto de ley por otras organizaciones campesinas con las cuales nos vimos confrontadas y confrontados. Nos place haber contribuido a desarmar el conjunto de mitos que se difundían desde los aparatos de lobbystas de las empresas y haber sido capaces de romper el cerco comunicacional y hacernos escuchar, aún cuando nuestra voz inicialmente fue bloqueada o saboteada en los debates parlamentarios y en el Tribunal Constitucional mientras el empresariado era escuchado ampliamente. Nos sentimos estimuladas y estimulados de que nuestros análisis y propuesta hayan contribuido a las luchas contra a UPOV 91 y contra las leyes de semillas de nuestros hermanos de la CLOC y La Vía Campesina en los países enfrentados a esta ofensiva del capital

Como lo hemos afirmado: de haber sido aprobada, la ley habría convertido en delito prácticas campesinas e indígenas milenarias -como es el seleccionar, cuidar, guardar e intercambiar las semillas-, habría permitido que las empresas se apropiaran de las semillas campesinas, y habría permitido castigos como la destrucción de cultivos y confiscación de cosechas.

Debemos tener presente que el peligro de UPOV 91 no ha terminado. El gobierno se ha comprometido a desarrollar un nuevo proyecto de ley escuchando a los distintos sectores involucrados y afectados. No nos cabe duda de que las empresas harán millonarias campañas de lobby y de desinformación, incluso de cooptación de organizaciones, a través de las cuales esperan seguir difundiendo sus mitos, amenazas y mentiras.

Tenemos que mantenernos alertas y mantener con aún más fuerza nuestra campaña de información, continuar con las conversaciones serias y fundamentadas con las organizaciones, los parlamentarios y la ciudadanía, desarrollando nuestros argumentos de manera aun más clara. Sabemos que la verdad y la justicia están de nuestra parte. Asimismo, esperamos y lucharemos porque la participación de las organizaciones campesinas y de pueblos indígenas en la discusión de una nueva ley sea efectiva y suficientemente amplia y representativa, y que cuente con las necesarias garantías de que seremos escuchados.

Son varios las y los Senadores a los cuales agradecemos su disposición a escuchar y a estudiar nuestros argumentos, así como su honradez al expresar sus ideas y establecer compromisos. Agradecemos especialmente a la ex-Senadora Ximena Rincón, por escucharnos y apoyarnos desde el principio.

Triunfamos porque hicimos un enorme trabajo colectivo y socializamos masivamente la nuestra posición. En este proceso, agradecemos y valorizamos el compromiso, los aportes y esfuerzos de GRAIN por poner a disposición su elaboración y análisis participando de manera activa y permanente en la discusión, los debates y elaboración colectiva de posiciones.

Hacemos un llamado a todas las organizaciones sociales y especialmente a las organizaciones del campo a informarse e involucrarse en los procesos que se desarrollarán a partir de ahora. El derecho campesino e indígena milenario a cuidar, conservar e intercambiar semillas es base de la soberanía alimentaria de los pueblos y debe ser defendido por todos.

¡LAS SEMILLAS SON UN PATRIMONIO DE NUESTROS PUEBLOS INDÍGENAS Y CAMPESINOS, DE SUS MUJERES -PRINCIPALES GUARDADORAS- Y SON NUESTROS PUEBLOS QUIENES GENEROSA Y COMPROMETIDAMENTE LAS HEMOS PUESTO AL SERVICIO DE LA HUMANIDAD!

¡POR LA SOBERANÍA ALIMENTARIA Y POPULAR, NO A LA PRIVATIZACIÓN DE LAS SEMILLAS, NO A UPOV 91!

¡LAS SEMILLAS CAMPESINAS E INDÍGENAS SON GARANTÍA DE LA SOBERANÍA ALIMENTARIA PARA LOS PUEBLOS!

ANAMURI CONAPROCH CONFEDERACION RANQUIL ANMI

CLOC – VÍA CAMPESINA CHILE

Información relacionada publicada en Servindi:




Servindi, 7 de marzo, 2013.- Una denuncia presentada por diversas organizaciones indígenas ante el relator de la ONU James Anaya ha llevado a que el Congreso de Chile aplace hasta nuevo aviso el debate del proyecto de ley calificado de protransgénico y conocido como “Ley Monsanto”. Seguir leyendo…



Por Lucía Sepúlveda Ruiz

23 de enero, 2014.- José Pizarro Montoya, 38 años, agricultor sin tierra, y ex productor de transgénicos en la temporada 2009-2010 en Melipilla (RM), es el primer chileno y quizás el único latinoamericano que le ha ganado una demanda a Monsanto/ANASAC por incumplimiento del contrato. Seguir leyendo…




- Denuncian vínculo de Mayol Bouchon con mercado de semillas “transgénicas”.

Servindi, 3 de enero, 2014.- Organizaciones sociales y ambientalistas de Chile otorgaron el “Premio Semillas de Maldad 2013” al ministro de Agricultura de Chile, Luis Mayol Bouchon, por su expresa intención de promover la “Ley Monsanto” en su país. Seguir leyendo…



Adital, 12 de diciembre, 2013.- La industria multinacional de agricultura y biotecnología Monsanto está muy cerca de cambiar los rumbos de la producción y comercialización de semillas. Basada en el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), un gran proyecto de libre comercio que incluye 12 países, entre ellos Chile, Perú y México, la empresa puede recurrir a las leyes del acuerdo para tener libre la rotulado de alimentos transgénicos, limitando la siembra y la comercialización sólo para la empresa. Seguir leyendo…




Servindi, 8 de diciembre, 2013.- Organizaciones sociales y ambientales emplazaron a la candidata Michelle Bachelet a fijar posición y marcar distancia frente a los transgénicos y la Ley Monsanto. Asimismo, asumir compromisos a favor de la producción de alimentos sanos que protejan el ambiente. Seguir leyendo…




- Monsanto está a punto de celebrar su gran golpe maestro: tenemos hasta el fin de semana para detenerlo.

Servindi, 6 de diciembre, 2013.- La comunidad activista Avaaz lanzó una campaña para evitar que empresas como Monsanto se salgan con la suya y doce países suscriban el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés), un pacto ultra secreto y de altísimo alcance que otorgará a las grandes corporaciones un poder sin precedentes. Seguir leyendo…
Otras noticias:

Fuente: Servindi

lunes, 24 de marzo de 2014

Alimentos transgénicos y el valor de la prueba experimental.




Julio Muñoz Rubio

Una de las características generalmente admitidas del llamado método científico es la capacidad de corroboración (o falsación) de las hipótesis postuladas para explicar tal o cual fenómeno, mediante el experimento. El experimento es la prueba clara de la veracidad o falsedad de toda hipótesis y –postulan las posiciones cientificistas– proporciona evidencia pura, está más allá de intereses o ideologías, provee de los datos necesarios e indispensables para aceptarla o rechazarla.

Quienes han construido esta concepción cartesiano-positivista hegemónica en ciencia parten también de presupuestos como estos:

La ciencia es una sola y dentro de cada problema que formula hay un solo un camino para ofrecer pruebas a favor o en contra.

La ciencia se encuentra fuera de todo tipo de intereses externos a ella (políticos, económicos, ideológicos).

La ciencia es superior a toda otra forma o tradición de conocimiento.

Podemos refutar estos presupuestos si dejamos de concebir abstractamente a la ciencia y en cambio la situamos en su contexto social. Para empezar, debe considerarse que la ciencia no es una actividad homogénea, igualmente practicada por cualquier integrante de una comunidad, sustrayéndose al carácter de las teorías, metodologías y concepciones del mundo que sostiene y apartándose de su ubicación dentro del entramado de relaciones de poder y de clase. El criterio de evidencia a favor o en contra de una teoría no puede desprenderse de estas relaciones e intereses.

Parte del debate acerca de los alimentos transgénicos ha sido dilucidar si se trata de un debate científico opolítico. En este contexto, la posición cientificista ha sido sostenida principalmente por los partidarios de la comercialización de estos alimentos. Quienquiera que se oponga a comercializar estos alimentos debe mostrar la prueba, la evidencia universal de su peligrosidad. Mientras esto no se haga los transgénicos son inocuos por decreto (no por evidencia científica).

Surgen aquí varias preguntas: ¿cuándo se podrían mostrar las pruebas definitivas que den o quiten la razón a un punto de vista u otro acerca de los efectos de la liberación de alimentos transgénicos? ¿Cuáles son las pruebas científicas válidas y cuáles no? ¿Se puede decidir esto por fuera de las relaciones de poder?

El cientificismo manejado desde las oficinas y laboratorios de Monsanto, Syngenta o Du Pont está mañosamente anclado en una obsoleta concepción de lo que es la ciencia y sus objetos de estudio. Es la que a estas empresas les conviene sostener aunque no tenga valor de verdad alguno. Es una concepción propia de los siglos XVII y XVIII, de la física newtoniana, no de una ciencia de los sistemas complejos: seres vivos, ecosistemas, sociedades y culturas.

Fuente: La Jornada