miércoles, 5 de noviembre de 2014

Foro internacional destaca aporte de la agricultura indígena a la alimentación y la biodiversidad.


- FAO: “La humanidad necesita modelos agroalimentarios biodiversos, sostenibles y socialmente justos”

Servindi, 5 de noviembre, 2014.- Durante milenios, comuni­dades de agricultores, pas­tores, pescadores y po­blaciones de los bosques han desarrollado sistemas agrícolas complejos, diversos y localmente adaptados, señaló ayer Eve Crowley, Representante Regional Adjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

“Estamos aquí en Cusco para reconocer el valor de las poblaciones indígenas de los cinco continentes, que han conservado estos sistemas y que llevan a cabo una gestión territorial ingeniosa, con técnicas y prácticas de eficacia comproba­da, esenciales para la seguridad alimentaria y nutricional y los medios de subsistencia para pequeños agricultores familiares”, dijo Crowley.

Tales declaraciones se efectuaron en el marco delSeminario Internacional sobre Diversidad Cultural, Sistemas Alimentarios y Estrategias Tradicionales de Vida, que se lleva a cabo en el Cusco, Perú.


Nadine Heredia, Primera Dama del Perú, tanbién reconoció la perseverancia de los agricultores indígenas que han conservado la agro biodiversidad en todo el mundo.

“Sin el esfuerzo de estas familias productoras, cuántos alimentos nos habríamos perdido. Los conocimientos indígenas no son un tema de resistencia, sino de vanguardia, de modernidad”, exclamó.

Heredia destacó el papel del gobierno en el desarrollo de proyectos como Haku Wiñay, que coloca a los yachachiqs en un rol fundamental de transferencia de conocimientos tradicionales para la agricultura.

“Los países deben ser impulsores de estas prácticas y darles un nuevo valor, incorporándolos en sistemas productivos nuevos, más eficientes, que permitan conectar su productividad con los mercados”, destacó.

A su turno, la ministra de Cultura, Diana Alvarez-Calderón, recordó que el Perú conserva usos y costumbres agrícolas como la siembra en andenería y el cultivo de alimentos.

El seminario internacional

El Seminario se realiza del 4 al 6 de noviembre en el auditorio de la Casa Garcilaso y concluirá con la Declaración del Cusco, que reunirá recomendaciones de política para la protección y fortalecimiento de la agricultura, las estrategias tradicionales de vida y sus sistemas de conocimiento asociados.

El evento cuenta con la participación de miembros del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, organizaciones indígenas, investigadores y representantes de gobiernos de los cinco continentes.

Busca responder a las recomendaciones emitidas por la reciente Conferencia Mundial sobre Pueblos Indígenas, así como enriquecer la Agenda para el Desarrollo post 2015, con propuestas que plasmen el derecho a la alimentación de los pueblos indígenas y el reconocimiento de su aporte a la seguridad alimentaria y nutricional de la humanidad.
Propiedad colectiva de la tierra: cimiento de la agricultura indígena


Myrna Cunningham, embajadora de la FAO para el Año Internacional de la Agricultura Familiar, resaltó la importancia del Seminario en el marco del Año Internacional porque permitirá profundizar la reflexión sobre la agricultura indígena “que trasciende a la familia e incluye a la comunidad y que se cimenta sobre la propiedad colectiva de la tierra y la diversificación agrícola”.

Cunningham saludó la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas y demandó que “para disfrutar de estos derechos reconocidos, específicamente del derecho a la alimentación, los pueblos indígenas tienen que disfrutar del derecho a sus tierras, porque la propiedad colectiva de las tierras es inherente a la agricultura indígena”, sostuvo.

“Es evidente que la humanidad necesitará modelos de agricultura en el futuro inmediato que deberán incluir formas de producción más biodiversas, que sean resilientes, sostenibles y socialmente justas” indicó Mirna.


“La agricultura moderna deberá atesorar los fundamentos ecológicos de los sistemas agrícolas tradicionales y de quienes los han mantenido vivos: los agricultores familiares”, concluyó la embajadora de la FAO.

Otras noticias:

martes, 4 de noviembre de 2014

El pueblo de Dios contra el imperio.


Fragmento del artículo de Pablo Richard "El pueblo de Dios contra el imperio. Daniel 7 en su contexto literario e historico"

En el presente de América Latina : como en el tiempo de Daniel y en el movimiento apocalíptico posterior, también hoy vivimos el enfrentamiento Imperio-Pueblo . Este enfrentamiento no se da preferentemente en el terreno político-militar, sino en el terreno cultural, ético, espiritual y teológico. 

El poderío militar del imperio es tan grande, que los países del Tercer Mundo difícilmente pueden desafiarlo en ese terreno. El caso de Nicaragua es trágicamente aleccionador. El imperio declaró la guerra y el bloqueo económico a ese pequeño país, sometiéndolo a un proceso de desesperación violencia y miseria económica. Por eso los pueblos pobres evitan el enfrentamiento militar directo con el Imperio, y se enfrentan en aquellos campos de batalla donde los pueblos son fuertes y el imperio es débil. 

El libro de los Macabeos defiende aparentemente la lucha armada contra la bestia helenística, pero según el mismo libro la fuerza del Pueblo de los Santos no está en las armas, sino en su fuerza ética y espiritual (“...en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del cielo...1 Mac 3,19). Todo el libro de Daniel insiste en ese enfrentamiento espiritual con la bestia. A veces se tiene la impresión de pacifismo y pasivismo, pero esto es falso, pues la alternativa no es lucha militar o lucha política, sino sometimiento a la bestia o enfrentamiento con ella, poniendo toda la confianza en la fuerza ética y espiritual del pueblo. Lo radical y lo que da la victoria es esta fuerza espiritual del pueblo.

Brevemente podemos describir el enfrentamiento actual del Pueblo de Dios con el imperio, en los terrenos cultural, ético, espiritual y teológico. No es enfrentamiento super-estructural, sino que son dimensiones profundas de una práctica de liberación. El enfrentamiento cultural, ético, espiritual y teológico con el Imperio se da al interior de los movimientos sociales y populares de base. Es un enfrentamiento radical y con características apocalípticas:

En el campo cultural: la cultura del imperio es el consumismo, el individualismo, el espiritualismo que desprecia el cuerpo y la naturaleza. El Pueblo se enfrenta al Imperio con su cultura popular, que es cultura-comunidad, cultura-cuerpo, cultura-naturaleza; la cultura campesina, las culturas indígenas y afro-americanas reviven para resistir la cultura del Imperio.

En el campo ético: la ética del Imperio es la máxima ganancia; su fuerza es la mentira y el orgullo; domina sometiendo a los pueblos a procesos de desesperanza, deterioro, violencia y confusión. El pueblo de Dios se enfrenta a la Bestia haciendo de la vida humana el máximo valor ético. Lo bueno y racional, no es lo que produce ganancia, sino lo que produce vida.

El pueblo resiste con la esperanza, con la verdad y con su integridad moral.

En el campo espiritual: aquí el enfrentamiento es entre los ídolos de la muerte y el Dios de la vida; entre la idolatría y blasfemia de la bestia y la fe viva del pueblo de Dios.

En el campo teológico: el enfrentamiento es entre Imperio y Reino de Dios. Los que están con el Imperio están contra el Reino; los que están con el Reino de Dios, están contra el Imperio. La Iglesia proclama la radical contradicción entre Imperio y Reino de Dios. El Reino es escatológico, porque pone fin al Imperio. El juicio de Dios en la historia pone fin a los imperios y entrega el poder de Dios al pueblo de los santos del Altísimo.

Hoy día las Comunidades Eclesiales de Base siguen viviendo ese contexto histórico y ese movimiento espiritual apocalíptico. Para muchos ese enfrentamiento puede aparecer como demasiado radical, utópico y simplista (casi maniqueo), pero debemos entender que la apocalíptica es ante todo una revelación del misterio de Dios, del plan de Dios, de la voluntad de Dios. Es una forma de conciencia, para transformar la realidad. Es la reconstrucción del cielo, para construir aquí y ahora el Reino de Dios. El libro de Daniel nos revela esta dinámica del Reino y nos ayuda a descubrirlo en nuestra historia actual.

Fuente en papel: Revista de interpretación Bíblica Latinoaméricana Nro.7: "Apocalíptica: esperanza de los pobres"
Fuente: Claiweb.org

lunes, 3 de noviembre de 2014

Cuando la fe deja de interesar.


Jaume Triginé*

Hasta bien entrado el pasado siglo, la problemática de la fe en muchas personas tenía que ver con sus contenidos. Lo que se ponía en duda eran determinados relatos (milagros del Antiguo y Nuevo Testamento, nacimiento virginal de Jesús o su resurrección). La apologética echaba mano de aportaciones científicas y de racionabilidad para intentar explicarlos y la teología empleaba nuevas pautas hermenéuticas para hacer comprensible, en los nuevos contextos culturales, la Palabra de Dios.

El problema de los últimos años, como ya anticipó K. Rahner, es la falta misma de la fe. La dificultad de creer. «Hasta ahora se discutía el contenido de la fe, pero no sobre la posibilidad o la necesidad de la fe.» Hoy, la fe ha dejado de interesar a amplios sectores sociales.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? El análisis es complejo como el propio tema. Sin duda existen causas sociológicas. De modo implícito, para muchos la religión pertenece a una etapa histórica ya superada, como esta superó a la magia en el esquema de A. Compte, uno de los padres del positivismo. El hombre y la mujer contemporáneos no necesitan apelar a los dioses para explicar el origen del cosmos, la expansión de las galaxias o el movimiento de los astros. Hoy conocemos las leyes que lo explican. No les hace falta apelar a instancias divinas ni demoníacas para entender la etiología de las enfermedades, por cuanto han descubierto sus diferentes causas explicativas, el papel de los virus y los mecanismos de transmisión de las enfermedades contagiosas. Incluso las neurociencias están terminando de erradicar a Dios del reducto último de la conciencia al explicarla en clave de procesos bioquímicos y eléctricos operados en las sinapsis de las células cerebrales.

Nos hallamos en una sociedad fuertemente secularizada en la que la crisis religiosa se ha convertido en crisis de Dios y de fe. Sin duda las llamadas preguntas últimas persisten, pero sus respuestas se buscan en nuevos espacios y relatos. Salvo excepciones, no hay transmisión de la fe, sino de su ausencia. Muchas de las nuevas generaciones se hallan en este escenario de «eclipse de Dios» descrito por el filósofo y escritor judío M. Buber.

Ahora bien, si nos limitamos, tan solo, a la consideración de la causalidad histórica, sociológica o, incluso, científica, el análisis es incompleto. Cabe también preguntarse en qué grado la propia iglesia ha cooperado en esta transformación de la antropología religiosa. Es incuestionable que las imágenes transmitidas, no solo históricamente sino también en el presente, de un Dios punitivo, que infunde temor, que actúa arbitrariamente, que niega la libertad, que castiga el más mínimo desliz… han contribuido al incremento del agnosticismo y del ateísmo; posiciones en las que muchos terminan por sentirse más libres que en las estructuras opresoras de las conciencias de aquellos grupos en los que prevalecen estas imágenes distorsionadas.

La iglesia debe presentar a Jesús de Nazaret como la imagen del Dios invisible que, a través de su propia vida, de sus acciones, de sus enseñanzas, de sus signos… revela a Dios como amor. De modo que las personas, en lugar de sentirse objeto de la ira y de una justicia implacable (en lo que difícilmente puede creer el hombre contemporáneo y por ende rechaza), puedan sentirse atraídas por un proyecto de vida significativo interiorizando los valores del Reino de Dios, implícitos en muchos casos en su propio humanismo: compasión por los excluidos del sistema, alteridad, búsqueda de la justicia, inclusión de la diferencia, pacificación…

El desprecio por la investigación científica y sus aportaciones es otro de los errores que explican el distanciamiento de la iglesia de muchos de nuestros coetáneos. La pretensión de elevar a categoría histórica y científica determinados relatos bíblicos es algo que las personas preparadas difícilmente pueden asumir. El debate, si bien en intensidad decreciente, de las posturas creacionistas frente a la teoría de la evolución es un ejemplo.

El lenguaje bíblico no es lenguaje científico, sino un testimonio de fe en Dios como origen y finalidad de todas las cosas. Como escribe J. I. González Faus «Si la teología no hubiese olvidado que la Palabra de Dios no pretende hacer de nosotros astrofísicos, paleontólogos, arqueólogos… se habría evitado muchos problemas a sí misma y a sus relaciones con las ciencias.» La investigación científica y los postulados de la fe no pueden estar en contradicción, puesto que tratan cuestiones diferentes. La ciencia busca descubrir y explicar las leyes y los procesos de la naturaleza, la religión trata de explicar el sentido y el propósito del universo, de la vida y del hombre. La mezcla y confusión de ambos registros por parte de grupos fundamentalistas, con interpretaciones literales de la Biblia, es una causa más de que muchas personas, con el rechazo de estas actitudes anticientíficas, hayan rechazado no tan sólo un determinado contenido de la fe, sino también la propia fe.

No podemos excluir de este análisis la falta de irradiación de la fe por parte de muchas comunidades lastradas por el paso del tiempo y carentes de recursos espirituales adecuados. Incapaces de comunicar y trasmitir la fe a un mundo secularizado, asisten a una pérdida progresiva de sus miembros y de su relevancia social. Enzarzados en cuestiones dogmáticas, confunden la dinámica y la experiencia personal y comunitaria de la fe con una ortodoxia restrictiva y, en ocasiones, excluyente de la diferencia.

Por otro lado, somos testigos de la eclosión de la espiritualidad bajo diversas manifestaciones y de la pluralidad de opciones religiosas. ¿No sería más prudente, en este contexto, hacer presente y patente la espiritualidad cristiana? ¿No es el momento de considerar qué es lo que podemos aportar en este escenario de múltiples búsquedas? ¿Acaso no sería entendida una mística de ojos abiertos (expresión sinónima de una opción por los excluidos) como preconizaba el teólogo J. B. Metz?

En el actual contexto, la fe podrá volver a tener atractivo cuando recupere su experiencia fundante. El amor de Dios, expresado en Jesucristo, fue el núcleo de la predicación de los primeros cristianos y explicación de su extraordinaria extensión. La fe podrá volver a tener atractivo cuando el tono vivencial del seguimiento a Jesús sustituya la rigidez dogmática. La propagación de la fe, que antaño se apoyó muy frecuentemente con el discurso apologético, hoy requiere de la osmosis, de la cercanía, de la atención a la necesidad de las personas. Y es que, como señaló H. U. von Balthasar, «solo el amor es digno de fe».

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*Licenciado en Psicología por la Universidad de Barcelona. Articulista y autor de LA IGLESA DEL SIGLO XXI ¿CONTINUIDAD O CAMBIO?, de ¿HABLAMOS DE DIOS? TEOLOGÍA DEL DECÁLOGO y de ¿HABLAMOS DE NOSOTROS? ÉTICA DEL DECÁLOGO.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Los peligros del Pastor.


Fragmento extraído del libro 'De pastor a pastor' de Hernandes Dias (Clie, 2013).


El pastor es un hombre que necesita dominio propio. Hay momentos en que una reacción desenfrenada echa todo a perder. La precipitación en el hablar puede generar grandes contiendas y conflictos. Un fragmento de 'De pastor a pastor' (2013), de Hernandes Dias. 


He andado por todo Brasil y he predicado en centenas de iglesias, de muchas denominaciones. He conversado con centenas de pastores y líderes de la iglesia evangélica brasileña. He visto muchas cosas maravillosas: pastores fieles predicando con cuidado la Palabra de Dios, vidas siendo transformadas por la acción regeneradora del Espíritu Santo. He visto hogares siendo cambiados e iglesias siendo edificadas en la verdad. Pero, por otro lado, también he visto otro escenario. Un escenario gris y tempestuoso, señalando la presencia de una tempestad devastadora. Se trata de una crisis de integridad teológica y moral en la clase pastoral. Esa crisis está esparciéndose rápidamente como un rastro de pólvora, alcanzando a toda la iglesia. Las consecuencias de ese terremoto abalan las propias estructuras de la sociedad. 

Viajo con determinada constancia a Canadá y Estados Unidos. A veces, cuando estoy en la inmigración y al decir que soy pastor, de inmediato soy dirigido a una sala especial, para dar aclaraciones más profundas sobre mis motivaciones para entrar en el país. 

Hace unos años, el simple hecho de presentarse como pastor, las puertas se abrían; hoy las puertas se cierran. Conozco pastores a quienes se les impidió concretar la compra de un vehículo a crédito porque la empresa supo que el comprador era pastor. La clase pastoral vive la crisis del descrédito. Hace unos años cuando una joven era candidata para casarse con un pastor, era como un pasaporte para un matrimonio feliz. Hoy en día, casarse con un pastor es como un contrato de riesgo. Hay pastores que son espectaculares en el púlpito, pero en la casa tienen un resultado mediocre. Con las ovejas son amables, pero agresivos con la esposa. Hay muchos pastores con crisis en sus matrimonios. Hay muchos hijos de pastor rebeldes e inclusive decepcionados con la iglesia. 

Tengo la convicción de que la crisis moral que afecta la humanidad salpica la iglesia y se refleja en la crisis moral que está presente en el ministerio pastoral. Una investigación reciente en Brasil señaló que los políticos, la policía y los pastores son las tres clases más desacreditadas del Brasil. Estamos viviendo una inversión de valores. Estamos viviendo una crisis de integridad. Aquellos que deberían ser los guardianes de la ética tropiezan en ella. Aquellos que deberían ser el paradigma de una vida sin tacha están involucrados en escándalos vergonzosos. 

Mi observación es que los pastores están bajo serios peligros y a continuación menciono algunos: 

Existen pastores no convertidos en el ministerio.

Es doloroso que algunos de aquellos que se levantan para predicar el evangelio a los demás no hayan sido alcanzados aún por el mismo evangelio. Hay quienes predican arrepentimiento sin que jamás lo hayan probado. Hay quienes anuncian la gracia sin que jamás hayan sido transformados por ella. Hay quienes conducen los perdidos a la salvación y aún están perdidos.[1] 

Judas Iscariote fue apóstol de Jesús. 

Fue el único en el grupo que recibió un cargo de confianza. Fue nombrado para cuidar de la tesorería del grupo apostólico. Disfrutaba de la total confianza de los demás discípulos. Jamás hubo alguna sospecha sobre su integridad por parte de ellos. Aún en la cena, cuando Jesús lo señaló como el traidor, los otros discípulos no comprendieron de qué se trataba. Judas inicialmente lidero a los discípulos en un gesto de rebelión contra la actitud de María, que rompió un frasco de perfume, muy caro para ungir a Jesús. Él era un filántropo falso. Él era un ladrón. Su corazón no era recto ante Dios. Sus intenciones no estaban de acuerdo con los propósitos divinos. Con seguridad él le predicó a los demás, pero no se predicó a sí mismo. Llevó a otros a la salvación, pero él no fue alcanzado por la salvación. Él vivió una mentira. Su vida fue una falsedad. Su muerte fue una tragedia. Su destino fue la perdición. 

En el siglo 17, Richard Baxter, un puritano de Escol en Inglaterra, en su famoso libro, El pastor aprobado, ya advertía hacia la existencia de pastores que tenían que nacer de nuevo. Jesús dijo al maestro de la religión judía, uno de los principales judíos, llamado Nicodemo, que, si no naciera de nuevo, no podría ver el Reino de Dios y, si él no naciera del agua y del Espíritu, no podría entrar en el Reino de Dios.[2] 

Hace unos años, después de predicar en un congreso evangélico, un pastor vino a mi encuentro con la cara llena de lágrimas. Él me abrazó y me dijo: “Yo soy pastor hace años. Prediqué el evangelio a millares de personas. Llevé varias personas a Cristo, pero solamente hoy estoy pasando por la bendita experiencia del nuevo nacimiento. Aún no era un hombre convertido y salvo”. 

Existen pastores que no ejercen el ministerio por vocación. 

John Mackay, presidente del Seminario de Princeton, en New Jersey, en los Estados Unidos, en su libro El sentido de la vida, trata de esa gran y fundamental cuestión para la sociedad: la vocación. No podemos subestimar ese tema. Debe ser discutido en el hogar, en la iglesia, en la academia y en las más nobles instituciones humanas. El sentido de la vocación es uno de los sentidos superiores del hombre. Es el sentido que lo lleva a realizar, sin interés de por medio y denuedo, los más grandes trabajos. En los En los momentos sombríos, le da luz; en los transes difíciles, les da nuevo ánimo. En mi libro Mensajes seleccionados, menciono tres verdades importantes sobre la vocación.

En primer lugar, la vocación es el vector que rige lo que escogemos. Vivimos en una sociedad embriagada por la ganancia. Las personas son valoradas por lo que poseen, y no por la dignidad del carácter. El dinero y la ganancia se vuelven los vectores de las alternativas profesionales. En el mercado global y consumidor, la ganancia es el oxígeno que riega los pulmones de la sociedad. La riqueza en sí no satisface, pero el sentimiento del deber cumplido, movido por la palanca de la vocación, trae una alegría indescriptible. 

En segundo lugar, la vocación es la conciencia de estar en el lugar correcto, haciendo las cosas correctas. Quizás el problema de la vocación sea el problema social más grave y urgente, aquel que constituye el fundamento de los demás. El problema social no es solamente una cuestión de división de riquezas, productos del trabajo, sino un problema de vocaciones, modos de producir. ¡Es una tragedia muy grande cuando una gran cantidad de hombres de un país busca cargos, en lugar de vocaciones! 

En tercer lugar, la vocación puede ser tanto una inclinación como un llamado. De manera general se encuentra la vocación por medio de una de estas dos alternativas: el descubrimiento de una capacidad especial, o la visión de una necesidad urgente. La vocación para el ministerio es un llamado específico de Dios, unido por una necesidad urgente y una capacitación especial. 

Existen muchos pastores que jamás fueron llamados por Dios para el ministerio. Ellos son voluntarios, pero no tienen vocación. Entraron por los portales del ministerio por influencias externas, y no por un llamado interno y eficaz del Espíritu Santo. Fueron motivados por la seducción del status ministerial o fueron movidos por el glamour del liderazgo pastoral, pero jamás fueron separados por Dios para este menester. 

Existen aquellos que entran en el ministerio con la motivación equivocada. Abrazan el ministerio por causa de las ganancias; otros, debido a la fama; aún otros, por acomodación. Hay los que intentan exámenes de admisión para medicina, derecho, ingeniería y, por no conseguir éxito, concluyen que Dios los está llamando para el ministerio. Alabo la posición de John Jowett, cuando dice en su libro El predicador, su vida y su obra que la convicción del llamado y la seguridad de la vocación no suceden cuando vemos todas las puertas cerrándose y, después, contemplamos la puerta abierta del ministerio. Vocación es cuando usted tiene todas las demás puertas abiertas, pero solamente consigue ver la puerta del ministerio. Vocación es como cadenas invisibles. Usted no puede huir permanentemente de ese llamado. El profeta Jeremías intentó desistir de su ministerio, pero eso fue como fuego en sus huesos. 

Existen pastores perezosos en el ministerio. 

Es lamentable que haya aquellos que abrazan la más sublime de las vocaciones y sean negligentes en su aplicación. Es deplorable que haya pastores que tienen las manos débiles en la más importante y urgente de las tareas. Es incomprensible que algunos que ejercen un trabajo que a los ángeles les gustaría hacer sean renuentes y demorados en la obra. 

El ministerio es un trabajo excelente, pero también es un trabajo arduo.[3] El apóstol Pablo dice Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar.[4] Es importante destacar que el ejercicio del ministerio implica esmerarse en el estudio de la Palabra. Los perezosos jamás cavarán las profundidades de la verdad. Ellos jamás se van a esmerar en la búsqueda de alimento nutritivo para el pueblo. Ellos jamás se van a empeñar en proteger a las ovejas de Cristo.[5]

Pablo dice que Si alguno anhela obispado, buena obra desea.[6] El pastoreo es una obra, y una excelente obra. No es una obra para gente perezosa, pero una obra que exige cualquier esfuerzo, todo empeño y todo cuidado. 

Existen pastores que duermen demasiado, trabajan poco y quieren todas las recompensas. Quieren bonificaciones sin ningún esfuerzo. Quieren los laureles, pero jamás la fatiga. Quieren las ventajas, jamás el sacrificio. Es triste notar que muchos pastores no dan todo de sí mismos hasta el punto de quedar exhaustos. Son obreros descuidados, pastores de sí mismos, que se apacientan a sí mismos, en vez de pastorear el rebaño. Quieren facilidades y ventajas personales, sin que jamás inviertan su vida en la vida de las ovejas.[7] 

 Existen pastores codiciosos en el ministerio.

Existen pastores que están más interesados en el dinero de las ovejas que en su salvación. Existen pastores que hacen del ministerio un negocio, mercadean con la Palabra y transforman la iglesia en un negocio que ofrece muchas utilidades.[8] Existen pastores que organizan iglesias como una empresa particular, donde prevalece el nepotismo. Transforman el púlpito en una vitrina, el evangelio en un producto, el templo en una plaza de negocios, y a los creyentes en consumidores. Son obreros fraudulentos, codiciosos, avaros y engañadores. Son amantes del dinero y están embriagados por la seducción de la riqueza.


Existen pastores que cambian el mensaje para obtener más utilidades. Predican prosperidad y engañan al pueblo con predicaciones tendenciosas para llenarse a sí mismos. 

Estamos viendo hoy en día el fenómeno de la mercantilización de la fe. Pastores y más pastores están saliendo de la estructura eclesiástica y rompiendo con sus denominaciones para crear ministerios particulares, en el que el líder se vuelve el dueño de la iglesia. La iglesia pasa a ser una propiedad particular del pastor. El ministerio de la iglesia se vuelve un gobierno de dinastía, en el que la esposa es ordenada, y los hijos son sucesores inmediatos. No dudamos que Dios llama a algunos para el ministerio específico y que toda la familia esta involucrada en el proyecto, pero la multiplicación sin escrúpulos de ese modelo es muy preocupante. 

Existen pastores inestables emocionalmente en el ministerio Existen pastores enfermos emocionalmente en el ejercicio de su pastorado. Deberían ser pastoreados, pero están pastoreando. Deberían ser cuidados, pero están cuidando de los demás. Deberían estar siendo cuidados emocionalmente, pero están ayudando a otros. 

Las iglesias tienen que tener mejor criterio en el envío de candidatos a los seminarios. Un pastor sin equilibrio emocional puede traer grandes pérdidas para sí mismo, para su familia y para la iglesia. 

El ministerio tiene sus complejidades y exige obreros adecuados y emocionalmente saludables. El pastor lidia con tensiones y si no es una persona centrada y equilibrada, se resquebraja emocionalmente y puede generar conflictos a su alrededor. Muchos problemas en las iglesias fueron creados por la falta de habilidad de sus pastores. La dirección equivocada de una situación aparentemente simple, puede desencadenar problemas que difícilmente serán resueltos. 

El pastor es un hombre que necesita dominio propio. Hay momentos en que una reacción desenfrenada echa todo a perder. La precipitación en el hablar puede generar grandes contiendas y conflictos. La manera equivocada de hablar puede desencadenar verdaderas guerras dentro de la iglesia. La truculencia en el actuar puede abrir heridas incurables en las relaciones interpersonales. 

No hay región más resbalosa para un obrero frágil emocionalmente que la oficina pastoral. Muchos pastores han naufragado en las aguas revueltas de ese secreto lugar. Más de 50% de las personas que entran en una oficina pastoral son del sexo femenino, y más del 50% de los asuntos tratados están relacionados a la vida sentimental y sexual. Un pastor emocionalmente vulnerable se puede involucrar emocionalmente con sus aconsejadas o dejarse involucrar por ellas. Existen varios pastores que perdieron el ministerio dentro de la oficina pastoral. Son como Sansón, verdaderos gigantes en determinadas áreas de la vida, pero débiles emocionalmente, que se derriten ante la seducción y pierden la visión, el ministerio, la familia y la propia vida.

[1] Mateo 7:21-23 [2] Juan 3:3, 5 [3] 1 Timoteo 3:1 [4] 1 Timoteo 5:17 [5] Hechos 20:29,30 [6] 1 Timoteo 3:1 [7] Ezequiel 34:1-6 [8] 2 Corintios 2:17



sábado, 1 de noviembre de 2014

El clamor de los indígenas que todavía necesitamos oír.


Leonardo Boff
Adital

La causa indígena nunca ha sido resuelta en Brasil. A todas horas se oye sobre invasiones de tierras indígenas para dar lugar al agronegocio. La homologación de sus tierras es aplazada. Y hay asesinatos y suicidios misteriosos entre los guaraníes.

No obstante, ha habido algunos avances que toca reconocer, como la demarcación y homologación en área continua de la tierra Yanomami contra la presión de media docena de arroceros, apoyados por el latifundio en pro del agronegocio; la devolución de la tierra indígena xavante Marãiwatsédé en la Prelatura de São Felix do Araguaia, de donde habían sido arrancados a la fuerza hace 40 años. No ocurrió lo mismo con la tierra de los Guaraní Kaiowá, Guyraroka, pues el Supremo Tribunal Federal (STF) con los votos de los ministros Celso Mello y Carmen Lúcia rechazó el voto de relator del proceso al ministro Ricardo Lewandoski. En ningún momento se consulto a la comunidad y el latifundista que las ocupó adquirió el derecho sobre doce mil hectáreas de las tierras tradicionales.

Casos como estos son frecuentes, por más que la Funai y el CIMI (Centro indigenista misionero de la Iglesia Católica) se empeñen en su defensa. En este contexto vale la pena recordar el Manifiesto de la Comisión Indígena 500 años (1999) expresando el clamor de 98 diferentes pueblos originarios. Ellos denunciaron con vehemencia:

«Los conquistadores llegaron con hambre de oro y de sangre, empuñando en una mano el arma y en la otra la cruz, para bendecir y recomendar las almas de nuestros antepasados, lo que daría lugar al desarrollo, al cristianismo, a la civilización y a la explotación de las riquezas naturales. Estos factores fueron determinantes en el exterminio de nuestros antepasados…»

«El día 22 de abril de 1500 representa el origen de una larga y dolorosa historia… Afirmamos nuestra divergencia clara y transparente en relación a las conmemoraciones festivas del V centenario, por atentar y no respetar a nuestros antepasados, muertos en defensa de sus hijos, de sus nietos y de las generaciones futuras. Y por negar nuestro derecho a la vida como pueblos culturalmente diferentes…»

«Pretendemos sí, celebrar las conquistas a lo largo de los siglos, llenas de héroes anónimos, que la historia se niega a reconocer. Celebramos sí, las victorias que nos costaron tantas vidas y sufrimientos, y que sin embargo nos trajeron la determinación y la esperanza de un mundo más humano, de solidaridad».

«Celebraremos también el futuro, herederos que somos de un pasado de valoración de la vida, de ideales, de sueños dejados por nuestros antepasados. A pesar de las desigualdades e injusticias, somos conscientes de la importancia de contribuir a la consolidación de una humanidad libre y justa, donde indios, negros y blancos vivan con dignidad» (Jornal do Brasil del 31 de mayo de 1999). En la campaña presidencial nunca se abordó con seriedad esta demanda histórica de los indígenas.

¿Qué podríamos esperar de los portugueses que durante quince siglos recibieron la educación cristiana? Que al ver aquellos bellos cuerpos en la playa, observando curiosamente la llegada de las carabelas, exclamasen: "¡Qué bien! Descubrimos más hermanos y hermanas. Vamos a abrazarlos como miembros de la gran familia de Dios, representantes diferentes del cuerpo místico de Cristo”. Nada de eso ocurrió.

Después del primer encuentro pacífico, lleno de lirismo, descrito en la carta de Pero Vaz de Caminha, todo cambió. Vieron con codicia las riquezas de la tierra. Les hicieron la guerra, llegaron a negarles la humanidad y, a pesar de su inocencia y bondad natural, atestiguadas por todos los primeros misioneros, los consideraron faltos de salvación. Los subyugaron y se bautizaron por miedo.

Algo falló en el proceso de educación y de evangelización por parte de los europeos, especialmente de los españoles y de los portugueses, que impidió que ocurriese verdaderamente un encuentro de personas y de culturas. Lo que hubo fue una pura y simple negación de la alteridad.

El llamado "descubrimiento” equivalió a un encubrimiento y a la supresión del otro de la historia de los pueblos originarios de Brasil y de África. Tampoco significó un "encuentro” de culturas sino una invasión. Lo que realmente ocurrió fue un inmenso desencuentro, un verdadero choque de civilizaciones con el total sometimiento de los negros y de los indígenas más débiles. Hasta hoy ha quedado la marca de este acto fundacional en la forma como discriminamos a los indígenas, no respetando sus tierras sagradas y manteniendo prejuicios contra los afrodescendientes, aquellos que construyeron casi todo Brasil.

Traducción de Mª José Gavito Milano

Fuente: Adital