sábado, 29 de noviembre de 2014

Dos meses después: ¡Vivos los queremos!


Adolfo Gilly
La Jornada 24/11/2014

Una inmensa, serena manifestación pocas veces vista –si es que alguna vez– en esta ciudad de México convergió el 20 de noviembre en el Zócalo, la gran plaza cargada de historia. Predominaban los estudiantes de todas las universidades y escuelas, desde los preparatorianos que abarrotaron los vagones y las estaciones del Metro hasta los politécnicos y los alumnos de escuelas y universidades privadas. Jóvenes, muy jóvenes todos, para muchas y muchos tal vez la primera gran manifestación de su vida. Había familias, había niños, había pueblo, pueblo, pueblo mexicano. Todos los gritos y consignas, algunas ya antiguas, otras incipientes, convergían en una: ¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!.

No había violencia. Había rabia, indignación, coraje. La encabezaban los padres y las madres de Ayotzinapa, cuyo dolor y voluntad de no cejar sigue siendo el símbolo viviente del grito de todos:¡Vivos los queremos! Salimos a las calles y plazas una vez más después de dos meses de tergiversaciones, mentiras, ocultamientos y subterfugios de los funcionarios del gobierno federal y de los gobiernos que conforman el Estado nacional, pues todos ellos –y sus respectivos partidos– esconden y comparten secretos de Estado, desaparecidos, asesinatos, feminicidios, presos inocentes, años de represiones, complicidades y silencios.


Esa inédita multitud se repitió en un solo día en las ciudades de todo el país, desde Oaxaca hasta Chilpancingo, desde Acapulco hasta Monterrey, donde también hablaron las voces de quienes, en estos años de miedo y de sangre, por decenas de miles han perdido una hija, un padre, un hermano. Por ejemplo.


* * *

Veníamos desde Tlatelolco en el contingente de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y desde allí, mientras esperábamos turno para entrar juntos, vimos pasar por el Eje Central a la UAM-X, a la UACM, a las escuelas privadas, a la impresionante y disciplinada columna del Instituto Politécnico Nacional. Detrás de nuestra facultad venía una nutrida y aguerrida columna de la Facultad de Derecho de la UNAM, y más allá en ambos sentidos más y más estudiantes con sus consignas y pancartas: No estamos todos. Faltan 43, Todos somos Ayotzinapa y, una y otra vez,¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!.

Nuestra columna desembocó tarde en el Zócalo, pasadas las 9 de la noche, después de tres horas de marcha. Ya habían hablado desde el templete los padres de Ayotzinapa y de la plaza los contingentes se retiraban en sucesión. Como otras veces, fue el momento elegido para iniciar la violencia.


Pequeños grupos de encapuchados que creen su deber y su derecho apoderarse de una manifestación ajena y convertirla en un aquelarre violento y sangriento, repitieron una vez más, engrandecido, el esquema del primero de diciembre de 2014. Sus argumentos más extremos se expresan en lenguaje y en propuestas paramilitares. No es este el lugar para volver a ocuparnos de estas acciones, cuyo nombre es provocación, cualquiera sea su origen y su ubicación geográfica. En Génova, París, Madrid, México o Seattle tales encapuchados aparecen y provocan el desencadenamiento de la represión sobre quienes marchan a cara descubierta proclamando la solidez de sus motivos y la claridad de sus propósitos. Este proceder no es nuevo y ha sido denunciado y puesto en evidencia en muchas partes del mundo.


El gobierno federal y el del Distrito Federal conocen bien la repetida mecánica de estas provocaciones. Frente a una de las demostraciones ciudadanas más inmensas de que se tenga memoria en la ciudad, trascurrida en la indignada calma cuya tonalidad estaba dada por la conducción y la actitud de los padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa, es imposible que ambas autoridades no hayan podido hallar otra respuesta que la represión indiscriminada, golpeando y apresando a diestra y siniestra para regocijo de la prensa y la televisión de escándalo, encabezada como siempre por Televisa. Sabían perfectamente que esto iba a suceder. Ambas autoridades deben explicaciones a la ciudad por tal convergencia de sus violencias.


Desde aquí nuestra explicación es precisa y sencilla. A dos meses de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el gobierno de Enrique Peña Nieto, emplazado por la sublevación cívica de indignación y dolor que recorre la República entera y por el escándalo de las protestas internacionales desde los más altos niveles, no ha dado ninguna información ni explicación valederas sobre este crimen de Estado. No puede ser que no sepa mucho más de lo que nos dice. En cambio pretende ahora tomar el lugar del acusador y, siendo partícipe de la violencia ahora desencadenada, intenta eludir sus responsabilidades y desviar la atención hacia una lógica represiva. Televisa es su servidor, su cómplice y su vocero.


Múltiples interrogantes brotan en esta crisis profunda de la nación y de los fundamentos mismos de la República mexicana. Más allá de las muchas explicaciones y propuestas que surgen desde la sociedad y sin descartar a priori ninguna, creo necesario afirmar ahora, frente a esta lógica represiva, la esencial y sólida unidad de propósitos de este inmenso movimiento democrático y social mexicano; y afirmarla en una demanda simple, inconmovible e irrenunciable, la de los padres y madres de Ayotzinapa desde su grito de dolor y de rabia: ¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!. Y después podremos discutir todo lo demás.

* * *

El Foro Global, agrupamiento que reúne a universitarios, estudiantes, escritores y artistas de muchos países del mundo, ha lanzado este 22 de noviembre una convocatoria contra la represión en México: “#AyotzinapaSomosTodos –Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Inserto aquí su texto completo, abierto a las firmas de todos los ciudadanos y ciudadanas de los Estados Unidos Mexicanos:

Carta en contra de la represión y la criminalización de la protesta civil en México


22 de noviembre de 2014.


Lic. Enrique Peña Nieto, presidente de la República.


Lic. Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación.


Lic. Jesús Murillo Karam,


Relatoría Especial para la Libertad de Expresión.


Comisión Interamericana de Derechos Humanos.


A la comunidad internacional.


A la opinión pública.


Queremos expresar nuestra profunda alarma e indignación ante la lógica represiva que el gobierno de México exhibe sistemáticamente en su respuesta a la protesta social que ha generado el caso de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.


Las declaraciones del presidente Enrique Peña Nieto del día 19 de noviembre en favor del uso de la fuerza estatal, y sobre todo los excesos de la policía antimotines y cuerpos de seguridad al final de la masiva manifestación civil del 20 de noviembre pasado, constituyen un signo ominoso que amenaza el desarrollo pacífico de la protesta ciudadana.


La legítima indignación y la movilización civil que han generado la violencia e impunidad en México son consecuencia directa de la ineficacia del aparato de justicia y el descrédito de las fuerzas de seguridad. Es evidente que ese mismo aparato hundido en el descrédito no puede ofrecer una salida al conflicto político que vive la nación. Por lo anterior, la Red Global #AyotzinapaSomosTodos y los abajo firmantes hacemos las siguientes consideraciones y demandas:


1. Alertamos a los gobiernos, opinión pública y organismos internacionales sobre el riesgo que involucra la criminalización y represión de la protesta civil en México. Además de violar los derechos de expresión política de los ciudadanos, el uso de la fuerza estatal no es la vía de solución a la inquietud política que vive el país, y únicamente ahondará en la violación de los Derechos Humanos y en la confrontación entre ciudadanos y gobierno.


2. Las alusiones a que el movimiento social y la prensa son parte de un proyecto de desestabilización son enormemente preocupantes y dignas de rechazo.


3. Apoyamos la intervención de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos en torno a los casos de ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas en México. La comunidad internacional debe exigir al gobierno mexicano respeto a los acuerdos que ha firmado en materia de derechos humanos.


4. Exigimos la liberación inmediata de los manifestantes detenidos arbitrariamente el 20 de noviembre de 2014 durante la manifestación pacífica al Zócalo de la ciudad de México. Demandamos urgentemente el retiro de los cargos que el aparato judicial ha impuesto sobre estos ciudadanos y que detengan su traslado a prisiones lejanas donde carecen de cobertura legal. Denunciamos las violaciones al justo proceso judicial, incluyendo el impedir el acceso a los abogados escogidos por los detenidos y la aportación de pruebas de inocencia. La liberación de presos políticos es prioritaria para restaurar la credibilidad de las instituciones mexicanas.


Esperamos respuesta inmediata de las autoridades y de los destinatarios de esta carta.


Muy atentamente,


(Firmas).



Fuente: Chacatorex

viernes, 28 de noviembre de 2014

La agroecología es la solución al hambre y al cambio climático.

El salvadoreño Adolfo es un ejemplo de los beneficios de la agroecología campesina. (Crédito: Jason Taylor/Amigos de la Tierra Internacional)

Análisis de Kirtana Chandrasekaran y Martín Drago*

IPS, 28 de noviembre, 2014.- Científicos especializados en cambio climático emitieron el 2 de noviembre su más reciente advertencia de que la crisis climática está empeorando rápidamente en varios aspectos. Prevén que el cambio climático afecte la productividad agrícola, cuya consecuencia será la afectación de la seguridad y soberanía alimentaria de muchos países.

¿Adoptarán nuestros gobiernos las medidas urgentes y necesarias para abordar estas crisis? Tienen una oportunidad en la próxima ronda de negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se realizará en Lima, del 1 al 12 de diciembre.

Los campesinos y campesinas como el salvadoreño Adolfo son los principales productores de alimentos hoy en día. Necesitamos de ellos, y no de la producción industrial, para alimentar al planeta en el contexto del cambio climático y de la degradación generalizada de los recursos naturales.

En nuestro planeta, 805 millones de personas padecen hambre crónica y el sobrepeso y la obesidad afecta a más de 2.000 millones de personas; 65 por ciento de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad matan más personas que la desnutrición.
El problema no es la falta de alimentos, sino su distribución desigual. El acceso a los alimentos está definido por la riqueza y el lucro, en lugar de la necesidad. Se promueve el libre comercio por encima del derecho a la alimentación. Como consecuencia de ello, la mitad de los granos del mundo se utilizan para alimentar a animales criados en establecimientos industriales y una proporción importante de cultivos básicos en la alimentación se convierten en agrocombustibles para alimentar autos. Así, las personas hambrientas se quedan sin alimentos para dárselos a los consumidores ricos


Quienes padecen hambre son principalmente las personas pobres de las zonas rurales en los países en desarrollo, fundamentalmente productores a pequeña escala de África y Asia. Casi una de cada nueve personas se va a dormir con hambre cada noche.

No es el caso de Adolfo y su familia, a pesar de vivir en una zona que fue devastada por los efectos del cambio climático y las inundaciones, el Valle Lempa en El Salvador. Él conoce por experiencia propia que la diversidad agrícola y la conservación en manos campesinas de las semillas tradicionales son fundamentales para el sustento de los productores a pequeña escala.

La enorme mayoría de los gobiernos de todo el mundo han ignorado a los productores a pequeña escala durante décadas, sumiendo a millones de ellos en la pobreza. Sin embargo, ellos y ellas siguen siendo quienes producen la mayor parte de los alimentos del mundo, utilizando variedades tradicionales de semillas y sin recurrir a insumos industriales.

En África, los campesinos y campesinas cultivan prácticamente todos los alimentos que se consumen a nivel local. En América Latina, 60 por ciento de la producción, incluida la carne, proviene de pequeñas fincas familiares. En Asia, centro mundial de la producción de arroz, prácticamente todo el arroz se cultiva en granjas de menos de dos hectáreas.

Aun así, el agronegocio y algunos gobiernos promueven fuertemente la agricultura industrial (basada en monocultivos, semillas híbridas y plaguicidas y fertilizantes químicos) como la mejor forma de alimentar al planeta.

Además, la agricultura industrial es una de las mayores contribuyentes al cambio climático, debido a su alto consumo de combustibles fósiles, pesticidas y fertilizantes y a sus impactos sobre suelos, aguas y biodiversidad. Existe suficiente evidencia de que está destruyendo los recursos de los que dependemos para producir nuestros alimentos.

Pero los promotores de la agricultura industrial hacen caso omiso de sus impactos ambientales.

Sabiendo el gran reto que representa el cambio climático, ya que podría reducir considerablemente la productividad agrícola, especialmente en los países en desarrollo, otros son los caminos que se deberían fomentar.

Por otro lado, los defensores de la agricultura industrial la justifican señalando que debido a la creciente población mundial se necesitarán producir más alimentos y para ello es necesario aumentar los rendimientos. Pero sabemos que producir más alimentos y aumentar el rendimiento no son los únicos retos. De hecho, ya producimos suficientes alimentos para alimentar a nuestra población actual y futura.

El problema no es la falta de alimentos, sino su distribución desigual. El acceso a los alimentos está definido por la riqueza y el lucro, en lugar de la necesidad. Se promueve el libre comercio por encima del derecho a la alimentación.

Como consecuencia de ello, la mitad de los granos del mundo se utilizan para alimentar a animales criados en establecimientos industriales y una proporción importante de cultivos básicos en la alimentación se convierten en agrocombustibles para alimentar autos. Así, las personas hambrientas se quedan sin alimentos para dárselos a los consumidores ricos.

Para erradicar el hambre es imprescindible aumentar los ingresos de los sectores empobrecidos y contribuir a que los productores y productoras de alimentos a pequeña escala puedan mantener sus modos de vida, para alimentarse y alimentar al mundo de forma sustentable.

Pero la salida estructural al hambre y la pobreza se encontrará construyendo la soberanía alimentaria de los pueblos. Es decir, “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”, resume la Declaración de Nyéléni con que concluyó el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria, realizado en Malí en 2007.

Para ello, es imprescindible: que el control de los sistemas y políticas agroalimentarias recaiga en aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos, en lugar de en los mercados y las corporaciones; priorizar las economías y los mercados locales y nacionales; fomentar la sostenibilidad ambiental, social y económica de la producción, la distribución y el consumo; y garantizar el derecho de los productores de alimentos al acceso y la gestión de la tierra, las aguas, las semillas y la biodiversidad en general.

“La Soberanía Alimentaría supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones”, destaca también la Declaración de Nyéléni.

La soberanía alimentaria incluye el derecho a la seguridad alimentaria. Pero un país que se centra solamente en lograr la seguridad alimentaria no distingue de dónde provienen los alimentos ni las condiciones en las que se producen y distribuyen.

Los objetivos nacionales de seguridad alimentaria a menudo se logran mediante la producción de alimentos en condiciones de destrucción del medio ambiente y de explotación social que destruyen a los productores locales de alimentos, mientras benefician a las empresas del agronegocio.

En los últimos años, varios organismos de las Naciones Unidas han reconocido que la agroecología es la forma más eficaz para combatir las crisis alimentaria, ambiental y de pobreza. Un análisis de la agroecología, realizado en 2011, evidenció que tiene el potencial de duplicar la producción de alimentos en 10 años.

Hasta una fracción de dicha ganancia puede disminuir considerablemente el hambre en el mundo. Las pruebas son claras, pero cambiar el sistema agroalimentario mundial es difícil.

Para hacer frente a este desafío surgió el movimiento por la “soberanía alimentaria”; que cuenta con el respaldo de más de 300 millones de mujeres y hombres, productores de alimentos a pequeña escala, consumidores y activistas por la justicia ambiental y los derechos humanos, entre otros.

El poder de las empresas de semillas y plaguicidas como Monsanto y Syngenta, de supermercados gigantes como Wal-Mart y de empresas productoras de granos como Cargill ha crecido tanto que ejercen mucha influencia en las políticas agroalimentarias nacionales y globales. Esto asegura que el agronegocio reciba miles de millones de dólares en subvenciones y apoyo normativo.

Acabar con el hambre en el mundo está a nuestro alcance, pero se necesita una transformación fundamental del sistema agroalimentario mundial: un cambio radical de la agricultura industrial a la agroecología para la soberanía alimentaria.

Esta transformación sin duda tendría repercusiones muy positivas en la crisis climática: menos agricultura industrial y más producción agroecológica equivalen a menos emisiones de carbono, algo fundamental para protegernos del cambio climático.

Adolfo y millones de productores y productoras como él están en la primera línea de esta transformación y los líderes mundiales deben brindarles mucho más apoyo -a nivel de la ONU, así como en el plano nacional y local- si se proponen seriamente solucionar las crisis climática y alimentaria.

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*Kirtana Chandrasekaran y Martín Drago coordinan el programa de Soberanía Alimentaria de Amigos de la Tierra Internacional.

(Las opiniones de este artículo corresponden a sus autores y no representan necesariamente las de IPS, ni pueden atribuírsele)

Editado por Estrella Gutiérrez

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Importante: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net
Otras noticias:

Fuente: Servindi

jueves, 27 de noviembre de 2014

Una Iglesia que no es perseguida no puede ser la Iglesia de Jesús.


Ignacio Ellacuría [1]

 “No es sólo que el mensaje cristiano tenga como término preferido a los pobres, es que sólo los pobres son capaces de sacar de ese mensaje su plenitud. Y esto es lo que afirma la teología de la liberación y esto es lo que condiciona su método de hacer teología”.

“No cualquier lucha por la justicia es la encarnación del amor cristiano, pero no hay amor cristiano sin lucha por la justicia cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y de opresión; de ahí que la Iglesia como sacramento de liberación tenga la doble tarea de despertar y acrecentar la lucha por la justicia entre quienes no se han entregado a ella, y la de hacer que quienes se han entregado a ella lo hagan desde lo que es el amor cristiano. También aquí el ejemplo del Jesús histórico es decisorio: en su sociedad contrapuesta y antagónica, Jesús amó a todos, pero se situó al lado de los oprimidos, y desde allí luchó enérgica, pero amorosamente, contra los opresores”.

“Errarían los cristianos si buscaran solamente un tipo de liberación social. La liberación debe abarcar todo aquello que está oprimido por el pecado y por las raíces del pecado, debe abarcar tanto las estructuras injustas como las personas hacedoras de injusticia, tanto lo interior de las personas como lo realizado por ellas”.

“El carácter institucional de la Iglesia, derivado necesariamente de su corporeidad social, tiene exigencias claras que sólo idealismos anarquizantes pueden dejar de ver. Pero ese carácter institucional no tiene por qué configurarse, como a menudo sucede y ha sucedido, conforme a la institucionalidad que necesitan los poderes de este mundo para mantenerse en su condición de poderosos. Ese carácter institucional debe estar subordinado al carácter más profundo de la Iglesia como continuadora de la obra de Jesús”.

“La raíz última de por qué la Iglesia institucional puede convertirse en opresora de sus propios hijos no está en su carácter institucional, sino en su falta de dedicación a los más necesitados en seguimiento de lo que fue y de lo que hizo Jesús. Consiguientemente, sólo una puesta al servicio de los más pobres y necesitados puede desmundanizarla y, ya desmundanizada, dejará de caer en todos los defectos naturales de la organización y del poder cerrado sobre sí mismo”.

“Con las suavizaciones y espiritualizaciones de algunas partes del NT, se pretende no excluir a ninguna persona -todas están llamadas a la salvación, supuesta la debida y real conversión-, pero de ningún modo negar cuál era la preferencia real de Jesús. El peso masivo de la dedicación de Jesús a los pobres, sus ataques no escasos a los ricos y a los dominadores, la elección de sus apóstoles, la condición de sus seguidores, la orientación de su mensaje, dejan pocas dudas de cuál fue el sentir y la voluntad preferente de Jesús. Tanto es así que hay que hacerse pobre como él, aun con toda la historicidad que compete a la pobreza, para entrar en el Reino”.

“Consiguientemente, la Iglesia de los pobres no es aquella Iglesia que, siendo rica y estableciéndose como tal, se preocupa de los pobres; no es aquella Iglesia que, estando fuera del mundo de los pobres, les ofrece generosamente su ayuda. Es, más bien, una Iglesia en la que los pobres son su principal sujeto y su principio de estructuración interna; la unión de Dios con los hombres tal como se da en Jesucristo es históricamente una unión de un Dios vaciado al mundo de los pobres. Así la Iglesia, siendo ella misma pobre y, sobre todo, dedicándose fundamentalmente a la salvación de los pobres, podrá ser lo que es y podrá desarrollar cristianamente su misión de salvación universal. Encarnándose entre los pobres, dedicando últimamente su vida a ellos y muriendo por ellos, es el modo como puede constituirse cristianamente en signo eficaz de salvación para todos los hombres. El norte orientador de la constitución histórica de la misión de la Iglesia, por lo que toca a su destinatario primordial, no puede ser otro. No sólo se trata de que representen los pobres la mayor parte de la humanidad y, en este sentido, son lugar primario de universalidad; se trata, sobre todo, de que en ellos está especialmente la presencia de Jesús, una presencia escondida, pero no por eso menos real. De aquí que sean los pobres el cuerpo histórico de Cristo, el lugar histórico de su presencia y que sean los pobres la “base” de la comunidad eclesial”.

“Esto sitúa a la Iglesia latinoamericana en una posición difícil. Por un lado, le trae persecución, como le trajo persecución hasta la muerte al propio Jesús: La Iglesia latinoamericana y, más exactamente, una Iglesia de los pobres, debe estar convencida de que en un mundo histórico donde no se encuentre ella misma perseguida por los poderosos, no hay predicación auténtica y completa de la fe cristiana; pues, si no toda persecución es signo y milagro probatorio de la autenticidad de la fe, la falta de persecución por parte de quienes detentan el poder, en situación de injusticia, es signo, a la larga irrefutable, de la falta de temple evangélico en el anuncio de su misión“.

***

[1] Recopilación ofrecida por Jaume Flaquer para el 25 aniversario del asesinato de Ignacio Ellacuría y de sus compañeros jesuitas en el Salvador. Textos extraidos de un artículo suyo editado por la revista Selecciones de Teología: Ignacio Ellacuría, “La Iglesia de los pobres: sacramento histórico de liberación”en Selecciones de Teología, vol. 70 (1979).


Imagen extraída de: EITB

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miércoles, 26 de noviembre de 2014

¡Qué subversivo es el mensaje profético!


POR ALEXANDER CABEZAS*

Como lectores del presente siglo, hay personas que tropiezan con las ideas preconcebidas acerca de la naturaleza de las profecías bíblicas. Estas han desembocado en interpretaciones erróneas y en aplicaciones que, no solo afectan la comprensión del mensaje profético, sino que han marginado, estigmatizado y exagerado su valor para el presente. Y lo que aún es peor, en algunos círculos se ha tomado la profecía como el medio para fomentar las predicciones de un futuro escatológico. Este reduccionismo es la base para la aparición de ciertos líderes que se atribuyen a sí mismos la autoridad de hablar, vaticinar e incluso dar ordenes en nombre de Dios.

En mi país hay un líder, no poco reconocido que tiene una Página Web muy visitada. Todos los años publica sus predicciones. La dirección que tienen estas profecías se entremezclan con simbologías numéricas, letras del alfabeto y el calendario hebreo. Algo así como una especie de ¡cábala cristiana!

Quizás, lo más preocupante sea que cada día éste y otros líderes similares, cobren más fuerza y ganen adeptos o seguidores. Algunas personas le siguen por el deseo de conocer lo que Dios tiene destinado -hacer o no hacer- para sus naciones; otras porque andan buscando un genuino acercamiento a Dios, y otros por simple curiosidad. Está claro que conocer el futuro es un deseo que no nos es ajeno; el problema real está en los medios que se emplean para conseguir determinados fines y en las personas que se aprovechan de ello para lucrarse personalmente.

Estos seguidores no siempre están dispuestos a abrir vías para el dialogo, permitir ser cuestionados y, mucho menos, darse la oportunidad de analizar estas proclamas que están muy cerca de lo esotérico. Cuando alguien discute o escribe en contra de sus pastores, terminan atrincherándose en sus posiciones, aunque queden desarmados y sin argumentos bíblicos o teológicos. A fin de cuentas, lo más importante es defender a sus líderes y su reputación a toda costa. ¡Qué fervor religioso más profundo! Creo sinceramente que es digno de admirar, aunque no lo comparto.

Tengo una hermana menor que creció conmigo en un ambiente de iglesia. No obstante, en su vida adulta decidió alejarse de las estructuras eclesiásticas por diversas razones. Me dijo que una vez sintió el deseo de empezar a visitar una congregación cercana a su hogar en Tibás. Cuando estaba en ese servicio, un domingo por la mañana y con más de mil personas reunidas, después del periodo de cantos, encendieron una pantalla gigante y apareció la imagen del pastor hablando a la audiencia. Este líder no estaba en su congregación, ya que estaba de gira por América del Sur (he escuchado que tiene muchos seguidores en esta subregión). Después de un saludo inicial, este hombre hizo una declaración profética y afirmó que los que dieran una ofrenda superior o equivalente a más de 55 mil colones (cien dólares), recibirían una bendición superespecial. La mayoría del público aplaudió en señal de aprobación.

Esa fue la última vez que mi hermana puso un pie en una iglesia evangélica de forma voluntaria, salvo para asistir a una ceremonia, como un matrimonio o un funeral de un familiar cercano.

Algunas de las personas que lean esto se identificarán con la situación planteada; otros dirán que esas cosas no deben comentarse, ya que es así como se continúa ensuciando la imagen de las iglesias y de los pastores evangélicos; habrá otros que reaccionarán en defensa de este líder y justificarán sus acciones. Sin embargo, y con ejemplos como este la reputación, el trabajo y el ministerio de muchos pastores han caído en descrédito. Pero, yo doy fe de que no todos los líderes y pastores caminan por estas sendas.

Por mi parte no puedo permanecer callado o autovetarme, y más aún cuando entiendo que el silencio y la pasividad ante estas situaciones nos convierten en parte y cómplices de las obras de las tinieblas. La Biblia es clara cuando dice que debemos denunciar, Efesios 5:11. John Stott en su comentario, El mensaje de Efesios (2006), refiriéndose a este mismo pasaje decía: “Denuncia suena negativo; pone en evidencia lo que es la gente juzgándola, condenándola. Y es así” (pág.188).

Algunos han interpretado que los cristianos no tienen derecho a denunciar y que lo único que les corresponde hacer es permanecer callados y no importunar a los demás para demostrar que “andamos en amor.” Gracias a esta errónea concepción muchos se aprovechan para robar, manipular y abusar de sus congregaciones en nombre de la fe.

Por tanto, ¿Qué es el mensaje profético?

Yo animo a los lectores a seguir al doctor Juan Stam, quien ha escrito bastante y además es una autoridad en el tema. Solamente deseo aportar que Fee y a Stuart, en su libro La Lectura Eficaz de la Biblia (1994), mencionan que menos del 2% de las profecías del Antiguo Testamento son mesiánicas y menos del 1 % se refiere a sucesos que todavía están por ocurrir.

Si tenemos en cuenta estas palabras como referencia, las profecías bíblicas nunca han tenido un matiz netamente futurista o escatológico. Y, aunque sí hay profecías muy concretas, la mayoría de ellas tiene una connotación de denuncia de la pérdida de los valores morales, éticos, teológicos y espirituales. Todos los profetas fueron comisionados por Dios con un mensaje específico enmarcado en estos aspectos cardinales ya mencionados.

El profeta Miqueas, por ejemplo, resume su comisión profética cuando dice: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide el Señor de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8). Jeremías, a su vez, también denuncia el alejamiento del Pueblo y utiliza un verbo que es medular en todo sus mensajes: “volverse” (shub en ebreo). La expresión “volverse”, tiene un sentido de denuncia orientador y pastoral: El pueblo debía humillarse y “volverse” a Dios, sin omitir restaurar la relación con su próximo. Si ellos obedecían, Dios les iba a perdonar y a recibir como a hijos e hijas.

¡Qué subversivo es el mensaje profético! Pero, entiéndase el verdadero mensaje profético, tal y como la Biblia lo clarifica. Lo demás, juzguen ustedes estimados lectores.


*Alexander Cabezas Mora, costarricense. Consultor en temas de niñez e iglesia. Profesor de varios seminarios teológicos en Costa Rica. Tiene una maestría y una licenciatura en teología y un bachillerato en Educación Cristiana.

martes, 25 de noviembre de 2014

CGT llama a participar en el Día Internacional Contra la Violencia Machista.


El próximo 25 de noviembre se celebra el Día Internacional Contra la Violencia Machista. La Confederación General del Trabajo llama a la autoorganización de las mujeres y a la acción directa para defenderse mejor y luchar por su emancipación. CGT considera que las herramientas de lucha son la denuncia pública, el ejercicio de los derechos y libertades, la práctica de la solidaridad entre las mujeres, la educación en la igualdad y la rebelión contra la injusticia y la discriminación.

El 25 de noviembre las mujeres vuelven a salir a la calle para seguir luchando por la erradicación de toda violencia de género, para gritar juntas que están hartas de tanta violencia y de tanta impunidad, para llamar a la participación en la lucha que están llevando a cabo las mujeres trabajadoras. Una lucha global contra este sistema explotador y patriarcal, para exigir que los gobiernos dejen de recortar los derechos sociales y laborales y que inviertan todo lo necesario para que no se produzca ni un asesinato más de mujeres a manos de sus agresores.

Un día más en el que decimos ¡basta ya! de la violencia machista, de la violencia de Estado que genera la desigualdad entre los sexos dentro de este sistema patriarcal en el que vivimos. Vergüenza les tendría que dar a las y los gobernantes de las distintas administraciones que con su dejadez, ineptitud y desidia contribuyen a la perpetuación de estos crímenes patriarcales. Son responsables directos de que la cifra de mujeres asesinadas por violencia machista este año, como el anterior y el anterior, sea escandalosa, aumentando cada año el número de víctimas.

El 25 de noviembre es un día, pero la violencia de género está presente a diario en la calle, en la escuela, en la televisión… En cualquier espacio social puede esconderse un agresor. Porque existen muchas formas de ejercer la violencia de género, hay que trabajar desde todos los ámbitos que están a nuestro alcance- laboral, cultural, sindical, educativo, solidario, jurídico, etc.- para eliminarla de una vez por todas de nuestras vidas.

Los asesinatos de mujeres son la cara más visible de toda la cultura patriarcal en la que vivimos y a la que las mujeres están sometidas, cultura que está basada en la dominación del hombre sobre la mujer, en minusvalorar a las mujeres, en hacerlas sentir inferiores, en ocupar papeles y roles sociales secundarios, una cultura en la que la mujer se concibe sólo como un objeto, una mercancía de usar y tirar.

CGT llama a participar en las acciones convocadas el 25 de noviembre y a la propia acción directa de las personas para erradicar todas las violencias, de tal manera que no se permita ninguna agresión sin respuesta.

http://www.cgt.org.es/25-noviembre-2014-dia-internacional-contra-la-violencia-machista

GABINETE DE PRENSA CONFEDERAL DE CGT