miércoles, 29 de marzo de 2017

“Carta de Dios a un humano”



*No puedo decirte si existo o no, pero si puedo regalarte unas palabras…*
*Deja de rezar, deja de darte golpes en el pecho, lo único que quiero es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida; que goces, que cantes, que hagas arte, que llores, que rías…*
*He dejado las estrellas en el firmamento, las flores del campo, el amanecer y el atardecer para que me veas; las aves cantoras, el murmullo de la brisa para que me oigas; he dejado los frutos y nada he querido negarte para que siempre me recuerdes y sepas que te amo.*

*Olvida los templos, las iglesias… mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti, mi casa está en ti , en todo los hombres y mujeres, animales y plantas, en todas las cosas que existen; esa es mi casa.*

*Yo no tengo sacerdotes, pastores, gurús, rabinos; no busques tu camino con ellos… la vida se trata de encontrar tu camino mirando hacia tu interior, descubriéndolo por ti mismo.*

*No podrás encontrarme en ninguna Biblia, en ningún Corán, Canon pali, Torá, Araniaka o en algún otro libro… Si no puedes leerme en un amanecer, en un paisaje, en la mirada de tus padres, en los ojos de tus hijos o los del ser amado… No me encontrarás en ningún libro.*

*Deja de culparme de tu vida; eres tú mismo que te has encadenado a ti mismo, a tus vibraciones negativas; te has encadenado a la envidia, al egoísmo, al odio, a la vanidad, a los celos, a todo eso te has atado; eres sólo tú quien ha querido sufrir. Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.*

*No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única oportunidad de disfrutar, de amar, de vivir…*

*Yo puedo existir para ti si tu eliges que exista, puedes darme la imagen que tú desees; puedes creer en mi si tú lo deseas, pero… no es lo que yo deseo… no quiero que creas en mí, quiero adores a la vida, que adores a tu propio cuerpo, quiero que creas en el respeto, en la naturaleza. Quiero que sientas toda la vibración del universo cuando besas a tu ser amado, cuando logras ver los ojos de tus hijos, cuando me ves en la sonrisa de tus padres.*

*Y si en realidad deseas buscarme, comienza por buscar dentro de ti, descubrirás que soy parte de ti y tú eres parte de mi… y sobretodo, descubrirás que ambos formamos este hermoso, perfecto y poético ente llamado universo.*

(No hemos podido saber el autor de esta carta preciosa)

lunes, 27 de marzo de 2017

Los bosques son indispensables para vivir…


Si nuestro entorno está afectado por la deforestación: Ayudemos a nuestra comunidad a entender todos los beneficios de la restauración de bosques y a tomar consciencia de las actividades que son perjudiciales para ellos.

Son uno de los grandes recursos naturales de la Tierra. Hay un motivo por el que hablamos a menudo en sentido figurado del “árbol de la vida”: los bosques son fundamentales para sostener la vida en nuestro planeta. Hace ocho mil años la mitad de la superficie terrestre estaba cubierta por bosques o áreas forestales. Hoy estas áreas representan menos de un tercio. Los bosques albergan el 80 % de la biodiversidad terrestre del mundo y cada año se cosechan en los bosques tropicales plantas medicinales por valor de miles de millones de dólares. Además, 1 600 millones de personas dependen de ellos en alguna medida para su sustento.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, mundialmente conocida como FAO (por sus siglas en inglés: Food and Agriculture Organization), es un organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre. Brinda sus servicios tanto a países desarrollados como a países empobrecidos y super explotados, y actúa como un foro neutral donde todas las naciones se reúnen como iguales para negociar acuerdos y debatir políticas. También es fuente de conocimiento e información y ayuda a los países esquilmados a recuperar, modernizar y mejorar sus actividades agrícolas, forestales y pesqueras con el fin de asegurar una buena nutrición para todos. La FAO cuenta con cerca de 200 Estados Miembros y 1 Organización Miembro (la Unión Europea) Forma parte del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

De ahí que sea tan importante dar a conocer su labor y sus recomendaciones, en este caso, sobre Cómo los bosques permiten producir los alimentos que necesitamos
Los bosques ayudan a regular los sistemas meteorológicos locales controlando la cantidad de lluvia y nieve que cae en una zona determinada. Esto es muy importante en las zonas agrícolas, donde la temporada de crecimiento es corta. Muchas plantas necesitan la ayuda de los polinizadores silvestres para producir frutos y semillas. Los pájaros, abejas, insectos y otros animales actúan como agentes polinizadores en el proceso agrícola y muchos se cobijan en entornos forestales junto a las tierras de cultivo. Irónicamente, cuando destruimos un hábitat forestal por razones agrícolas, eliminamos uno de los componentes necesarios para que los cultivos sean productivos.

Los bosques proporcionan el hábitat para los controladores naturales de las plagas. Se estima que el 99% de las plagas que tienen capacidad para destruir los cultivos se mantienen a raya por aves, arañas, avispas parásitas, mariquitas y hongos. Estos organismos ahorran a los agricultores millones de dólares al año, y reducen la necesidad de usar plaguicidas químicos.
Los animales silvestres y los insectos comestibles de los bosques son la principal fuente de proteínas para muchas personas. Los alimentos de los bosques son una parte regular de la dieta rural y sirven como redes de seguridad en períodos de escasez de alimentos.
Los bosques no sólo nos ayudan a producir los alimentos que necesitamos, también nos aportan la energía que requerimos para cocinar. Se estima que unos 2 400 millones de personas utilizan leña para cocinar sus alimentos y cerca de 765 millones de personas en todo el mundo usan madera como combustible para hervir y esterilizar el agua.

Lo que podemos hacer para conservar los bosques del planeta: La cubierta forestal varía en función de las diferentes áreas del mundo. Algunos países están logrando restaurar sus bosques, mientras que otros los siguen perdiendo. Aunque la deforestación muestra signos de desaceleración, cada año desde 2000 se han destruido cerca de 13 millones de hectáreas de bosques (el equivalente a cinco campos de fútbol cada minuto). Los bosques tienen que ser gestionados de manera sostenible, para que podamos seguir beneficiándonos de este preciado recurso natural.

Nadie debe sentirse ajeno a su parte de responsabilidad:
Si vivimos en una región donde los bosques se gestionan de forma sostenible: Aprendamos más sobre los bosques y su valor y sus funciones naturales. Participemos compartamos los muchos beneficios que proporcionan para el bienestar humano. Organicemos un día de plantación de árboles en la comunidad o hagamos voluntario en un grupo local de conservación de los bosques.

Si nuestro entorno está afectado por la deforestación: Ayudemos a nuestra comunidad a entender todos los beneficios de la restauración de bosques y a tomar consciencia de las actividades que son perjudiciales para ellos. Participemos en campañas para proteger las funciones naturales de los terrenos forestales de nuestra zona. Podemos ayudar a proteger un ecosistema o especie amenazada organizando una campaña con este objetivo.
Organicemos, bien asesorados, un día de plantación comunitaria de árboles para restaurar un bosque dañado. Hagamos un seguimiento cercano de la actividad de restauración

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

sábado, 25 de marzo de 2017

Da miedo la religión mal entendida.



José M. Castillo, teólogo

Fuente: Teología sin censura


El terrorismo religioso, que la humanidad viene soportando desde que en el mundo hay religiones organizadas, se ha hecho más preocupante y peligroso desde que el desarrollo tecnológico ha posibilitado el manejo de medios de comunicación y de destrucción violenta que, hace menos de un siglo, no existían. Y, puesto que las tecnologías de la información y de la muerte avanzan a una velocidad que ya no controlamos, cada día que pasa nos da más miedo el “terrorismo religioso”. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, con frecuencia, el hecho religioso se entiende mal. Y se vive al revés de cómo se tendría que vivir.

La religión no es Dios. La religión es el medio para relacionarnos con Dios. El problema está en que Dios, por definición, es “trascendente”. Es decir, Dios no está a nuestro alcance, ya que la “trascendencia” constituye un ámbito de la realidad que no es el nuestro. “A Dios nadie lo ha visto jamás”, dice el Evangelio (Jn 1, 18). El cristianismo ha resuelto este problema viendo en Jesús, el Señor, la revelación de Dios. Otras religiones encuentran distintas “representaciones” de Dios. Pero – insisto – ninguna religión puede asegurar que ve a Dios y sabe lo que Dios quiere en cada momento y en cada situación.

Todo esto supuesto, se comprende el peligro que entraña la religión. Porque las creencias religiosas nos pueden llevar al convencimiento de que lo que a mí me conviene o a mí me interesa, eso es lo que Dios quiere. Y si hago lo que Dios quiere, ese Dios (que puede ser una “representación” mía) me puede “mandar que mate” o que “robe” o que “odie” o “utilice” a otras personas, etc. Y lo que es peor, si mato o robo…, “mi Dios” me dará el premio del paraíso de la gloria y los placeres. Con lo cual, ya tenemos el montaje ideológico perfecto para odiar, robar, matar, no sólo con la conciencia tranquila, sino que la convicción del deber cumplido y el futuro ideal asegurado. Si a semejante tinglado mental le añadimos la fuerza del “deseo”, la pasión, los sentimientos y las ambiciones que son tan frecuentes en la vida, ya podemos echarnos a temblar.

Todo esto viene de lejos. Cuando san Bernardo (s. XII) organizaba las cruzadas, publicó un libro en el que decía que matar al infiel sarraceno no era un “homicidio”, sino un “malicidio”. O sea, se podía matar con buena conciencia. Cuando el papa Nicolás V (s. XV) le mando una bula al rey de Portugal en la que “le hacía donación” de toda Africa, de forma que sus habitantes fueran sus esclavos, puso la primera piedra del esperpento y los horrores del negocio de la esclavitud. Cuando Alejandro VI concedió a los Reyes Católicos la bula para invadir y apoderarse de los territorios y riquezas de América, justificó el colonialismo. La desigualdad, en dignidad y derechos, que las religiones han establecido entre hombres y mujeres, entre homosexuales y heterosexuales, han acarreado humillaciones y sufrimientos indecibles. Los horrores de los terroristas religiosos actuales, que matan matándose ellos mismos, porque así se van derechos al paraíso, convierten en un acto heroico lo que es un acto criminal.

Es evidente que, con la experiencia de estas atrocidades (y tantas otras…), necesitamos gobernantes, policías y jueces que nos protejan. Pero este fenómeno, tan arraigado en la historia y tan fundido (y confundido) en las creencias más hondas de millones de seres humanos, sólo se puede resolver mediante la educación. Y con el replanteamiento del hecho religioso, con su fuerza genial. Y con se peligrosidad aterradora.

Como creyente cristiano, termino recordando que, según el Evangelio, las tres grandes preocupaciones de Jesús fueron: 1) el problema de la salud (relatos de curaciones), 2) el hambre y sus consecuencias (relatos de comidas); 3) las relaciones humanas, centradas en la bondad con todos y siempre. ¿No es esto lo que más necesitamos para que este mundo y esta vida resulten más soportables? Y que cada cual lo viva con religión o sin ella. O en la religión que mejor le lleve a vivir así.

jueves, 23 de marzo de 2017

Agua, un derecho del que aún se ven privados 663 millones de personas.



EUROPA PRESS 

El 28 de julio de 2010, la Asamblea General de la ONU reconoció de forma explícita el derecho humano al agua y al saneamiento y admitió que ambos son esenciales para el cumplimiento de todos los Derechos Humanos. Sin embargo, aún hay en el mundo 663 millones de personas sin acceso a agua potable mejorada.

Aunque en las últimas décadas se han hecho avances y se logró reducir por debajo de 700 millones esta cifra, lo cierto es que el reto fijado por los Objetivos de Desarrollo Sostenibles aprobados en 2015 de reducir a la mitad para 2030 la población sin acceso sostenible a agua potable y saneamiento básico aún no se ha alcanzado.

Desde 1993, la ONU celebra el 22 de marzo el Día Mundial del Agua. El lema de este año es "¿Por qué malgastar agua?". En su mensaje, el presidente de ONU Agua y director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Guy Ryder, ha hecho un llamamiento a reducir el derroche de este bien tan preciado, teniendo en cuenta que la población mundial va en aumento y con ello la necesidad de agua potable.

"El agua es finita. Tiene que cubrir la necesidad de cada vez más personas"

"El agua es finita. Tiene que cubrir la necesidad de cada vez más personas y solo tenemos un ecosistema del que extraer nuestro agua", ha recordado, apelando a reciclar y reutilizar las aguas residuales, ya que pueden tener todavía muchos usos, pero también a reducir el consumo y su contaminación. Actualmente, más del 80 por ciento de las aguas residuales generadas por la sociedad regresa al ecosistema sin haber sido tratadas o reutilizadas, de acuerdo con la ONU.





Agua, un derecho del que aún se ven privados 663 millones de personas. / REUTERS
Aumento de la demanda de agua


Además, para 2030, se prevé que la demanda mundial de agua haya aumentado un 50 por ciento, procediendo la mayoría de dicha demanda de las ciudades. Para 2050, cerca del 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades, frente al 50 por ciento actual, por lo que una mejor gestión de las aguas residuales se antoja fundamental.

Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de las ciudades de los países en desarrollo no disponen de la infraestructura o recursos adecuados para gestionar las aguas residuales de forma eficiente y sostenible.

A continuación repasamos algunos datos sobre el acceso al agua, el impacto para quienes no lo tienen y las consecuencias que el consumo de agua en mal estado acarrean para la salud, entre otros, de acuerdo a información de Naciones Unidas y sus agencias:

En el mundo hay 663 millones de personas sin acceso a agua potable

- En el mundo hay 663 millones de personas sin acceso a agua potable, lo que representa en torno a uno de cada diez habitantes. La mitad de ellos, 319 millones, se encuentran en África Subsahariana.

- Unos 2.400 millones de personas, es decir, una de cada tres, no tienen acceso a una letrina. En el caso de las mujeres y las niñas, este problema les obliga a pasar 266 millones de horas al día buscando un lugar donde ir al baño, además de exponerles a posibles ataques y abusos sexuales en su camino. A la pérdida de tiempo, se suma la pérdida económica, 24.000 millones al año en beneficios económicos.

- Mujeres y niños suelen ser los encargados generalmente de ir a coger agua. En total, gastan 125 millones de horas al día recogiendo agua, un tiempo que en el caso de los niños, y sobre todo las niñas, suelen restar de acudir a clase. En algunos casos, mujeres y niñas llegan a pasar hasta seis horas al día en la tarea de recoger agua.



Agua, un derecho del que aún se ven privados 663 millones de personas. / REUTERS


- Cada 90 segundos muere un niño por enfermedades relacionadas con el agua. Las enfermedades diarreicas son la tercera causa de muerte entre los menores de cinco años y provocan unas 340.000 muertes al año. Además, según datos de UNICEF y la OMS, unos 161 millones de niños sufren retraso del crecimiento o malnutrición crónica vinculada a la falta de agua, saneamiento e higiene.

- Una mejora del agua y su acceso, así como del saneamiento y la higiene podría evitar 842.000 muertes al año. Actualmente, 1.800 millones de personas utilizan una fuente de agua potable contaminada con heces, por lo que corren el riesgo de contraer cólera, disentería, fiebre tifoidea y poliomielitis.

- Unos 946 millones de personas siguen defecando al aire libre en todo el mundo, con las consecuencias que esto tiene para la salud. Según el informe de la OMS y UNICEF publicado en 2015, en África Subsahariana la cifra ha aumentado desde 1990, en lugar de disminuir. De continuar el ritmo actual, esta práctica no se eliminará en las zonas más pobres para 2030.

- Cada año se pierden 260.000 millones de dólares debido a la falta de agua potable y saneamiento, y ello pese a que cada dólar invertido en este terreno genera 4 dólares de vuelta.

- El acceso universal a agua y saneamiento generaría unos beneficios económicos de 32.000 millones de dólares al año por la reducción en los costes sanitarios y el aumento de la productividad que supondría que no hubiera bajas por enfermedad relacionadas con ello, de acuerdo con la OMS.

Fuente: publico.es

miércoles, 22 de marzo de 2017

A la cultura de la violencia oponemos la cultura de la paz.




Mi sentimiento del mundo me dice que vivimos dentro de una violencia mundial sistémica. Seria largo enumerar todos los tipos de violencia. Pero está tan globalizada que el obispo de Roma, el papa Francisco, ha afirmado tres veces que estamos ya dentro de la tercera guerra mundial. No es imposible que la nueva guerra-fría entre Estados Unidos, Rusia y China acabe provocando un conflicto nuclear.

Si sucede esta tragedia será el fin del sistema-vida y de la especie humana. Este estado de permanente beligerancia se deriva de la lógica del paradigma civilizatorio que se ha ido formando lentamente durante siglos hasta llegar a su paroxismo en nuestros días: la ilusión de que el ser humano es un “pequeño dios” que se sitúa sobre las cosas para dominarlas y acumular beneficios, a costa de la naturaleza y de naciones enteras. Hemos perdido la noción de pertenecer a la Tierra y de que somos parte de la naturaleza. Esa conciencia nos llevaría a confraternizar con todos los seres de este bello planeta.

Es urgente una nueva relación con la Tierra y con la naturaleza, compuesta de sinergia, respeto, convivencia, cuidado y sentido de responsabilidad colectiva.

Esta relación convivial ha estado siempre viva en todas las culturas de Occidente y de Oriente, especialmente en nuestros pueblos originarios que muestran hacia la Tierra un profundo respeto.

En nuestra cultura tenemos la figura paradigmática de San Francisco de Asís, actualizada hoy por el obispo de Roma, Francisco, en su encíclica Laudato Si: cuidando de la Casa Común. Proclama al poverello de Asís «santo patrón de todos los que estudian y trabajan en el campo de la ecología… pues para él toda criatura era una hermana, unida a él por lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar de todo lo que existe» (n.10 y 11). Con cierto humor recuerda «que san Francisco pedía que en el convento se dejase siempre una parte del huerto para las hierbas silvestres» (n.12), pues ellas a su modo también alaban a Dios.

Esta actitud de ternura lo llevaba a recoger las babosas de los caminos para que no fueran pisadas. Para san Francisco todos los seres son animados y personalizados. Por intuición espiritual descubrió lo que sabemos actualmente por vía científica (Crick y Dawson que descifraron el DNA): que todos los vivientes somos parientes, primos, hermanos y hermanas, porque tenemos el mismo código genético de base. Por eso trataba a todos como hermanos y hermanas: al sol, a la luna, al lobo de Gubbio y hasta a la muerte.

Esta visión supera la cultura de la violencia e inaugura la cultura del cuidado y de la paz. San Francisco realizó plenamente la espléndida definición que la Carta de la Tierra encontró para la paz: «es la plenitud creada por relaciones correctas consigo mismo, con las otras personas, otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte» (n.16).

El Papa Francisco parece haber realizado las condiciones para la paz que predica por todas partes y que personalmente irradia. Él expresó emotivamente un pensamiento que vuelve una y otra vez en la encíclica: «todo está relacionado, y todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también con tierno afecto al hermano Sol, a la hermana Luna, al Hermano rio y a la Madre Tierra» (n. 92).

En otro lugar aparece la siguiente formulación, ahora crítica: «Es preciso fortalecer la conciencia de que somos una única familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, por eso mismo, tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia» (n.52).

De esta actitud de total apertura, que a todos abraza y a nadie excluye, nace una imperturbable paz, sin miedo y sin amenazas, paz de quien se siente siempre en casa con sus padres, hermanos, hermanas, y con todas las criaturas.

En lugar de la violencia coloca los fundamentos de la cultura de la paz: el amor, la capacidad de soportar las contradicciones, el perdón, la misericordia y la reconciliación más allá de cualquier presuposición o exigencia previa.

Al abordar el tema de la paz en su encíclica, el obispo de Roma, Francisco, repite lo que Gandhi y otros maestros han dicho antes: «la paz no es ausencia de guerra. La paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado, con la ecología y con el bien común, porque cuando es auténticamente vivida, se refleja en un equilibrado estilo de vida, aliado con la capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida; la naturaleza está llena de palabras de amor» (n.225). En otro momento afirma: «la gratuidad nos lleva a amar y a aceptar el viento, el Sol y las nubes, aunque no se sometan a nuestro control; así podemos hablar de una fraternidad universal» (n.228).

Con esta visión suya de paz y de gratuidad él representa otro modo de ser-y-de-estar-en-el-mundo-con-los-otros, una alternativa al modo de ser de la modernidad que es estar fuera y encima de la naturaleza y de los otros y no junto con ellos, conviviendo en la misma Casa Común.

El descubrimiento y la vivencia de esta hermandad cósmica nos ayudará a salir de la crisis actual, nos devolverá la inocencia perdida y hará que añoremos el paraíso terrenal cuyas señales podemos anticipar.


*Leonardo Boff es articulista del JB online y ha escrito: Francisco de Asís y Francisco de Roma: una nueva primavera en la Iglesia, 2015.

Traducción de Mª José Gavito Milano