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domingo, 27 de mayo de 2012

La intervención criminal de EE.UU. en Honduras, México y América Central



LLAMADO URGENTE DEL MOPASSOL
La reciente masacre de integrantes de la comunidad miskita en el Río Patuca, en Honduras, el pasado 11 de mayo cuando dos helicópteros de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA en sus siglas en ingles), dispararon sobre una canoa en la que viajaban los campesinos matando a dos mujeres embarazadas, dos hombres e hiriendo gravemente a otros cuatro, evidencia no sólo la continuidad del terrorismo de Estado impuesto por el golpe militar de junio de 2009 contra el presidente Manuel Zelaya, sino también la trágica ocupación militar norteamericana en ese país.
Detrás de este ataque que “se investiga” en Washington -según se informa- no sólo se advierte la militarización estadounidense de Honduras, con cinco bases y centros de operaciones además de Palmerola (estratégica para la IV Flota) sino que se trata de un ataque directo contra los miskitos, para facilitar la ocupación de la zona y la imposición del corredor mesoamericano de agrocombustibles.

Los asesinatos cotidianos de campesinos, dirigentes sindicales y políticos, maestros, estudiantes y periodistas – en este caso suman  25 asesinados desde principios de 2010- permiten comprobar que el actual gobierno de Porfirio Lobo, surgido de elecciones convocadas y digitadas por los militares golpistas de  junio de 2009, es sólo una continuidad de esa dictadura.    Los asesinatos cometidos por la fuerzas de ocupación en este país son cotidianos y evidencian que ése es el proyecto-guión de Estados Unidos para América Latina, si los dejamos avanzar. La tasa de crímenes alcanza al 86,5 por ciento por cada cien mil habitantes. Se estiman alrededor de 700  homicidios mensuales y unas  20 víctimas diarias.  El 55 por ciento de los homicidios ocurrieron en la zona norte del país (Atlántida, Cortés y Francisco Morazán). El 84,6 por ciento con armas de fuego, Y en casi el 28 por ciento de los asesinatos participaron sicarios.

Se conoce que hay asesores israelíes, paramilitares y sicarios colombianos, después de un acuerdo de los golpistas con el ex presidente  de Colombia Alvaro Uribe, así como ex militares argentinos y de la Fundación Uno América, que participó activamente en el golpe. Centenares de personas han sido detenidas y torturadas. Pero al no poder doblegar la resistencia y al entender que  no tienen posibilidad de ganar en nuevas elecciones, la represión aumenta cada día. No podemos dejar solo al pueblo hondureño. Es nuestro deber pronunciarnos solidariamente ante las enérgicas denuncias que realizan las organizaciones populares de Honduras, denuncias que la gran prensa silencia de manera sistemática.

Lo más grave, en el caso de los miskitos fue el intento de justificación de esos asesinatos  por parte del  Director de la Policía Nacional,  Ricardo Ramírez Cid, quien dijo que ”hubo un intercambio de disparos en la escena”. Aún  cuando se observó que las víctimas estaban desarmadas y los sobrevivientes hospitalizados en La Ceiba relataron que les dispararon a mansalva  con ametralladoras y  granadas.  Lo mismo sucede con los crímenes y amenazas contra los campesinos del Aguán. El pueblo miskito es uno de los más golpeados por la tragedia de la ocupación de ese país centroamericano, así como por la corrupción policial y militar en el tema del narcotráfico, además del  feudalismo imperante en esa zona del país, sumida  en una enorme pobreza. Hay más de  1700 lisiados y decenas de muertos en la comunidad miskita.

El diario New York Times en su edición del pasado 5 de mayo encabeza un artículo señalando que la “Armada de los  Estados Unidos, usando lecciones del conflicto de la década pasada (Irak) en la guerra que está siendo peleada en la selva miskita, ha construido un    campamento (centro operativo) con poca notoriedad pública pero con apoyo del gobierno   hondureño”. El citado artículo reconoce la instalación de tres “bases de operaciones de avanzada” ubicadas en Mocorón, Puerto Castilla y El Aguacate”.

El Comando Sur del Pentágono está auspiciando en toda Centroamérica lo que llaman “estados fallidos” para justificar las intervenciones en nombre de la seguridad nacional, el viejo esquema con que sembraron dictaduras en todo el continente en el siglo XX. En esa dirección apuntan los “acuerdos de seguridad” que Estados Unidos viene estableciendo con los países de la región.

A la situación de Honduras que se agrava cada día sumando ya miles de muertos, se suma la tragedia mexicana, sobre la que se extiende un silencio cómplice. Desde que México firmó con Estados Unidos el Plan Mérida en el año 2006 (una réplica del Plan Colombia) y Washington envió armas y asesores para una supuesta guerra contra el narcotráfico, más de 55 mil personas han sido secuestradas y asesinadas en forma atroz, sembrando el terror en el norte de ese país. Existen unos diez mil desaparecidos. Las Fuerzas Armadas intervienen directamente en el conflicto y nadie ignora a esta altura de los acontecimientos que  la mayoría de esos muertos nada tienen que ver con el narcotráfico y que Estados Unidos entregó armas a los grupos paramilitares como los Zetas, como se ha descubierto investigando la Operación Castaway (Operación Náufrago ) o Rápido y Furioso.

Supuestamente, se trataba de una operación encubierta de la DEA para entregar armas y “conocer” las vías del contrabando. Pero esas armas fueron a  parar a manos de los paramilitares mexicanos, que se entrenan en tortura con la población civil, y con inmigrantes que van hacia Estados Unidos y son asesinados y despedazados, como se ha visto en la aparición de cadáveres en distintos lugares.

México ha sido convertido en un estado fallido, y caótico que según políticos republicanos amenaza ahora “la seguridad de Estados Unidos”, y por lo tanto podría ser pasible de una intervención, especialmente si en las elecciones próximas no ganan sus “elegidos” como gobernantes. Las armas de EE.UU también fueron para las “maras” creadas en ese país y luego enviadas a sus países de origen, tanto El Salvador como Honduras y Guatemala, con la finalidad de mantener el crimen y el caos.

Honduras bajo  terrorismo de Estado encubierto y Guatemala, donde el feminicidio y la violencia del viejo militarismo y paramilitarismo contrainsurgente se potencia con la llegada a la presidencia de un oficial de los “Kaibiles” la fuerza especial más brutal de todos los tiempos,  preparada en Estados Unidos y autora de crímenes de lesa humanidad y  de desaparición de aldeas enteras, cuyos pobladores fueron eliminados.
Estos integran la cifra de más de 90 mil desaparecidos durante las dictaduras militares guatemaltecas, la más alta de América Latina considerando además la población de poco más de diez millones de habitantes.

Esta es parte de la realidad centroamericana, a lo que se añade el gobierno derechista de Panamá, que ya ha producido matanzas indígenas, persecución de trabajadores y firmado con Estados Unidos la instalación de doce bases militares y centros operativos rodeando todo el país, que había logrado liberarse del Comando Sur a fines de 1999.

La tragedia ilimitada en Centroamérica se continúa con la virtual ocupación de Colombia con por lo menos ocho bases militares  extranjeras y un terrorismo de Estado encubierto desde hace años y ahora  en una supuesta “Democracia de Seguridad”, donde continúan las matanzas militares y paramilitares día por día y se impide cualquier proceso de paz que signifique  producir un verdadero cambio en ese país. Colombia es el país de América Latina que junto con Guatemala, tiene la mayor cifra de muertos y desaparecidos del continente a lo largo del siglo XX y  lo que va del XXI.

Ante esta realidad, a lo que se unen los tratados de libre comercio firmados con varios gobiernos de la región, la invasión de las agencias de Estados Unidos en el continente y la militarización de la región en ascenso, con las consecuencias sociales y políticas que estamos viendo, el Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos (Mopassol), llama a organizaciones populares a extender su solidaridad y realizar actos y demandas para detener la masacre de pueblos hermanos y denunciar los graves  peligros de una profundización de la intervención extranjera, que inevitablemente se extendería hacia todo el continente.

Es hora de decir basta al crimen y detener la guerra de baja intensidad, la invasión silenciosa de las fundaciones del poder imperial y la militarización que intenta una recolonización regional en el siglo XXI.

Buenos Aires, Argentina, 23 de mayo de 2012

Mopassol, Paso 493, 3º B, CA de Buenos Aires. TE 54 11 4951 4985
www.mopassol.com.ar
Fuente: mopassol

lunes, 17 de octubre de 2011

Más de 70 muertos y 150.000 afectados por lluvias en América Central.



Puente colapsado del municipio de Ateos, departamento de La Libertad, El Salvador. Foto Diario Co Latino/Melvin Rivas.
Guatemala/AFP


Más de 70 muertos, 150.000 afectados, carreteras internacionales cortadas, aldeas aisladas y miles de familias que perdieron casas o cosechas era este domingo el saldo de un temporal de lluvias que azota América Central desde hace casi una semana.

Guatemala, con 28 muertos y dos desaparecidos, y El Salvador, donde varios aludes esta madrugada elevaron a por lo menos 27 el saldo de fallecidos, son los dos países más golpeados. En Honduras los reportes oficiales dieron cuenta de 12 muertos y en Nicaragua de otros ocho.

Considerada por Naciones Unidas una de las regiones más afectadas por el cambio climático, los desastres naturales provocaron en América Central en 40 años más de 50.000 muertos y decenas de miles de millones de dólares en pérdidas, según un estudio de universidades europeas y latinoamericanas.

Un trabajo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) titulado "La economía del cambio climático" señala que las pérdidas económicas ocasionadas en América Central por el calentamiento global rondarán el 10% del PIB regional hacia el año 2050.

Ante la catástrofe, desde Caracas, el presidente venezolano Hugo Chávez ordenó enviar auxilio. "Tenemos que ayudar. (...) Son países muy pobres", dijo el mandatario durante un consejo ministerial transmitido por el canal oficial VTV.

En Guatemala, donde además de los 28 muertos había este domingo 110.000 afectados, según cifras proporcionadas por el presidente Álvaro Colom, fue declarado el estado de calamidad.

"La mayoría de incidentes de la noche del sábado, (en los que se registraron cinco muertos) ocurrieron en el departamento de Guatemala", comentó el gobernante, tras indicar que "si las lluvias continúan se cerrarán algunas carreteras en la noche para prevenir" incidentes.

El guatemalteco Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) pronosticó este domingo que, debido a un sistema de baja presión ubicado en las costas de Belice, en el Caribe, las lluvias proseguirán otras 24 horas.

Progresivos reportes oficiales hacían subir además el balance de pérdidas de cosechas de maíz y frijol, en su mayoría de campesinos que explotan minúsculas parcelas de subsistencia, y en un país donde el 15% de la población, equivalente a dos millones de personas, sufre desnutrición.

En El Salvador, diferentes deslaves la noche del sábado "han incrementado el número de víctimas fatales haciendo para esta hora la totalidad de 27 personas muertas", la mayoría de las cuales "fallecieron por soterramientos", afirmó el director general de Protección Civil, Jorge Meléndez.

"Tenemos una situación bastante complicada", sostuvo por su lado el ministro de Medio Ambiente, Herman Rosa Chávez, al resumir la situación meteorológica e indicar que solamente en las últimas doce horas había llovido 150 milímetros sobre terrenos montañosos, que se han vuelto muy inestables.

En Ciudad Arce, 40 km al oeste de la capital, un alud sepultó cinco viviendas. Allí un fotógrafo de la AFP fue testigo del rescate de los cadáveres de al menos un niño y dos adultos.

En un mensaje transmitido la noche del sábado por la estatal Radio Nacional, el ministro de Gobernación, Ernesto Zelayandía, había pedido a los salvadoreños permanecer alertas y despiertos durante la noche para prevenir desgracias ya que "el cuadro es bastante crítico".

En Honduras un informe de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) elevó a 12 el balance de muertos en seis diferentes departamentos. Las autoridades subieron a rojo el estado de alerta en dos departamentos y a amarillo en otros 10, precisó la información.

Los pobladores de distintos sectores de Tegucigalpa, en especial de los situados a la vera de quebradas y arroyos, pasaron una noche de temor frente a las lluvias ininterrumpidas, que transformaron los cauces que atraviesan el valle donde está la capital, en furiosos torrentes.

En Nicaragua, la Defensa Civil ordenó la evacuación de las familias campesinas que viven en las faldas del volcan Casita, donde en 1998 se registraron mortíferos deslaves durante el paso del huracán Mitch.

La primera dama y portavoz del gobierno, Rosario Murillo, informó que las intensas lluvias dejaron ocho muertos y 25.000 afectados en 14 de los 17 departamentos del país, donde se mantiene la alerta amarilla.