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domingo, 13 de septiembre de 2015

El camino del silencio.


Carlos F. Barberá

En este tiempo de análisis de tendencias, no puede dejarse a un lado el de la espiritualidad y con ella la del silencio. Una tendencia todavía minoritaria pero que va ganando cuerpo y relevancia.

Considerada por unos un avance en el camino de las religiones, por otros precisamente como su relevo (ya no más religiones sino espiritualidad), no cabe duda de que, como todo fenómeno social, atesora luces y sombras. ¿Cómo valorar unas y otras?

A mi modo de ver, todo ello se inscribe en un marco con las siguientes coordenadas: la crisis de la idea de progreso y la crisis del Dios del teísmo.

Comencemos con la primera. Si se hace una de esas encuestas hoy tan en boga, pocos sin duda sabrán enunciar cuáles fueron las pretensiones de la Ilustración. Acaso ni siquiera conozcan la palabra. Por otra parte también serán escasos los que acierten a definir a qué se refiere la palabra posmodernidad. Pues bien, en realidad ese desconocimiento no es relevante. Sin ser capaces de definirlo muchos perciben que viven en un mundo de individualidades diferentes y no raras veces opuestas. Muchos se dan cuenta de la caducidad de los grandes principios, de los grandes relatos. Muchos han experimentado las quiebras de la existencia, su radical relatividad. Perciben, aunque sea vagamente, que conceptos como futuro, progreso, carecen ya de valedores. Nadie apuesta por ellos como si se tratara de valores seguros. ¿Quién puede prever el mañana si nadie pudo hacerlo con lo que estamos viviendo y sufriendo hoy?

En el humus de ese clima va echando raíces y germinando algo antes más en sordina, la valoración y la vivencia del momento. Frente a slogans de corte ilustrado (descubre, muévete, crea, construye) aparecen hoy otros de signo bien opuesto: detente, mira, reflexiona, medita, aprovecha el momento.

Muchas veces se ha señalado que el contagio de lo occidental ayudó a oriente (Japón, ahora China) a integrarse en la humanidad avanzada. Ahora parece darse el camino de vuelta: es el contagio de lo oriental el que gana terreno en occidente. Ya no son el trabajo y la producción lo decisivo en cada vida humana sino la entrada en sí mismo, la búsqueda de la riqueza del yo profundo.

En el ámbito religioso esos movimientos coinciden con la crisis del teísmo. Durante siglos se ha cultivado una imagen divina mezcla de la reflexión filosófica y de la necesidad de un Dios cercano. Ese Dios que amaba a los humanos y que en realidad acababa estando a su servicio. Aun manteniendo que su ser estaba por encima de todo lo pensable o imaginable (“a Dios nadie le ha visto nunca”), Dios terminó siendo una realidad más junto a las de este mundo pero, eso sí, todopoderosa. Un interlocutor con el que establecer una relación en términos de igualdad. Un partner.

Cada vez más las conciencias más despiertas descubren que es otra imagen y otra experiencia de Dios la que hay que cultivar. Un Dios en que se unen las paradojas. El que sobrepasa todo lo real y es a la par lo más inmanente a esa misma realidad. Un Dios que sostiene toda la realidad dándole a la vez plena autonomía. Un Dios para el que usamos nombres que al mismo tiempo han de ser borrados.

La vivencia del momento y la búsqueda de ese Dios inmanente y trascendente han dado como resultado la llegada del silencio. Es el rechazo de un Dios cosificado, la reticencia frente a los ritos (que en ocasiones hacen que el hombre sea para el sábado y no al revés), la evidencia de la relatividad de lo humano, todo conspira para empujar a muchos a una purificación, a un descenso al fondo de sí mismo en búsqueda de un Dios real pero no tematizable.

Pero no hay que olvidar que, después de los “maestros de la sospecha” (Ricoeur), no podemos ya permitirnos el lujo de una mirada ingenua. Cioran, un acerbo crítico de tantas realidades, dedicó una reflexión a la mística: “Cuando hayamos dejado de referir nuestra vida secreta a Dios, podemos elevarnos a éxtasis tan eficaces como los de los místicos y vencer en este mundo sin referirnos al más allá. Pues si, empero, la obsesión de otro mundo debiera perseguirnos, nos sería fácil construirlo, proyectar uno de circunstancias, aunque no fuera más que para satisfacer nuestra necesidad de lo invisible” (La tentación de existir).

Este texto casi sarcástico plantea algo sin embargo muy real: ¿existen garantías de que hacemos algo más que buscarnos a nosotros mismos y construirnos lo que creemos necesitar para estar más a gusto o sentirnos más realizados?

Schillebeeckx ha hablado de Dios como una “inmediatez mediada” y ha escrito: “lo divino se muestra y se halla expuesto no junto ni sobre lo humano sino precisamente en el humano”. En tal caso el silencio no puede ser una forma de evadirse de la realidad humana sino un camino para adentrarse en ella. Desde ese punto de vista han de examinarse quienes adopten la vía del silencio.

Quienes no cuenten con Dios ni le busquen, el silencio ha de tener un significado distinto. Pero también ellos han de pasar por la criba de la sospecha. Una en particular que me da vueltas desde hace tiempo. Años atrás hubo en el mercado alternativo una droga que se llamaba éxtasis y, si aun lo los hay, sin duda habrá compuestos químicos que lleven a una conciencia extática. ¿Cuáles serán los criterios para evaluar el valor de esa experiencia?

Fuente: Atrio

sábado, 2 de febrero de 2013

Mínima Theologica: en memoria de los muertos de Santa María (Brasil)



por Leo Boff

Los antiguos ya decían: «vivere navigare est», es decir, «vivir es navegar», hacer una travesía, corta para algunos, larga para otros. Toda navegación conlleva riesgos, temores y esperanzas. Pero el barco es siempre atraído por un puerto que lo espera allí al otro lado.

Parte el barco mar adentro. Los familiares y amigos de la playa saludan y lo siguen. Algunos dejan caer furtivas lágrimas porque nunca se sabe lo que puede acontecer. Y el barco va alejándose lentamente. Al principio es bien visible, pero a medida que sigue su rumbo parece, a los ojos, cada vez más pequeño. Al final solo es un punto. Un poco más y desaparece en el horizonte. Todos dicen: ¡Ya partió!
No fue tragado por el mar. Está allí aunque ya no sea visible. Es como la estrella que sigue brillando aunque la nube la haya tapado. Y el barco sigue su rumbo.
El barco no fue hecho para quedar anclado y seguro en la playa, sino para navegar, enfrentarse a las olas y llegar a su destino.
Los que se quedan en la playa no rezan: Señor líbralos de las olas peligrosas, sino dales, Señor, valor para enfrentarlas y ser más fuerte que ellas.
Lo importante es saber que al otro lado hay un puerto seguro. El barco está siendo esperado. Se está aproximando. Al principio solo es un punto en el horizonte que a medida que se acerca se ve cada vez mayor. Y cuando llega es admirado en toda su dimensión.
Los del puerto dicen: ¡Aquí está! ¡Llegó! Y van al encuentro del pasajero, lo abrazan y lo besan. Y se alegran porque hizo una travesía feliz. No preguntan por los temores que tuvo ni por los peligros que casi lo ahogaron. Lo importante es que llegó a pesar de todas las aflicciones. Llegó a feliz puerto.
Así pasa con todos los que mueren. A veces es desesperante saber en qué condiciones partieron y salieron de este mar de la vida. Pero lo decisivo es estar seguros de que llegaron, sí, de que realmente llegaron a feliz puerto. Y cuando llegan, caen, bienaventurados, en los brazos de Dios-Padre-y-Madre de infinita bondad para el abrazo infinito de la paz. Él los esperaba con saudades, pues son sus hijos e hijas queridos navegando fuera de casa.
Todo pasó. Ya no necesitan navegar más, enfrentarse a las olas y vencerlas. Se alegran de estar en casa, en el Reino de la vida sin fin. Y así vivirán para siempre por los siglos de los siglos.
(En memoria dolorida y esperanzada de los jóvenes muertos en Santa María en la madrugada del 27 de enero de 2013).

Fuente: Koinonia

domingo, 23 de septiembre de 2012

Padre Pío, Maestro Espiritual.



«Orad, orad al Señor conmigo, porque todo el mundo tiene necesidad de oraciones. Y cada día, cuando más sienta vuestro corazón la soledad de la vida, orad, orad juntos al Señor, ¡porque también Dios tiene necesidad de nuestras oraciones!».  


“Desde su más temprana edad Francesco Forgione fue un hombre de oración. Era considerado por los demás como un niño callado ya que raras veces jugaba con ellos porque "ellos blasfemaban". Este rechazo al pecado le causaba la necesidad de escaparse a rezar a la iglesia de San Pío V. 
Otras veces solía sentarse bajo un árbol que le encantaba, que estaba en la propiedad de su padre, " a pensar en Dios". A la edad de 5 años, Francesco ya quería ser sacerdote Franciscano Capuchino, en parte por el hábito y la barba, que le encantaban, pero también movido por las ganas de buscar la perfección, fruto de la Gracia de Dios.


Sin embargo, su ascenso por la escalera de la santidad requeriría más que aspiraciones piadosas y escapes del mundo. Ya desde muy joven éste caminar hacia la santidad le conllevaría a una batalla inmensa contra la carne y el demonio.

Por ejemplo, para el niño Francesco la mortificación no era algo extraño. Aún cuando la familia de por sí contaba con raciones pequeñas en las comidas, Francesco de vez en cuando dejaba de comer. También la madre lo encontró a los nueve años durmiendo en el piso con una roca como su almohada (esto parece que lo había estado haciendo el niño ya por un tiempo). Dicha austeridad se convertiría en un sello que lo caracterizaría para toda su vida. El también experimentó ataques personales con el demonio, quien se le aparecía en formas horribles en sueños. Más tarde en su vida, estos ataques fueron de una forma más directa, llegando hasta el punto de ser ataques físicos.

Sin embargo Dios nunca lo abandonó, ya que le proporcionaba visiones consoladoras de la Santísima Virgen y de su Angel Guardián. En una ocasión, su futura batalla contra el mal le fue revelada. En una visión que tuvo un día después de la Comunión, se vió él mismo en medio de un gran salón entre dos grupos de personas, un grupo tenía semblantes preciosos, mientras los otros eran horrorosos. En ese momento, un monstruo enorme salió del fondo del salón hacia él, pero Jesús se apareció para darle fuerzas a Francesco. Antes de que aquel monstruo llegara donde Francesco, le calló un rayo y desapareció. Nuestro Señor le dijo, "Este es el malvado con quién tienes que batallar". Verdaderamente, todas las biografías de la vida del Padre Pío muestran cómo esta visión profética se hizo realidad, hasta en el más mínimo detalle.

El año 1903 fue testigo de la entrada de Padre Pío, de quince años, a la vida religiosa o al camino de la perfección. Aunque los religiosos no son por su forma de vida necesariamente perfectos, las vivencias de los tres consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) ayudan a hacerlos perfectos. Nuestro Señor, aconsejando a aquellos que desean ser perfectos, les ofreció una forma de entregarse completamente a Dios, renunciando al derecho de matrimonio (Mt. 19:12), a los bienes materiales (Mt. 19:21a) y a la volundat propia (Mt. 19:21b). Fue en este momento, a la entrada al noviciado, cuando Francesco fue recibido con el nombre de Fra. Pío (Hermano Pío) ; Fra. para indicar que era un Fratello (Italiano) religioso o Frater (Latín), y Pío para indicar, por medio del cambio de su nombre, la nueva vida que ahora comenzaba. Solo después, en la ordenación sacerdotal en 1910, es que él asume el nombre por el cual es y será conocido por siempre: Padre Pío.

Como lo muestra este pequeño resumen, el Padre Pío recorrió los pasos tradicionales y comprobados de un camino a la santidad, renunciando al mundo, la carne, y al demonio por medio de la oración y la mortificación, coronado por el abandono total a los consejos evangélicos de la pobreza, la castidad y la obediencia. También se puede decir que el sacerdocio del Padre Pío le dió una mayor fuerza a su unión con Cristo, Sacerdote y Víctima, sin el cual es imposible entender al Padre Pío de Pietrelcina.”

(texto tomado de EWTN donde invito visitar otros aspectos de la vida del Padre Pio: elhombre, 

Invito visitar mis posts etiquetados Padre Pio

Fuente: Juan Pablo II, maestro, padre, pastor...

jueves, 2 de febrero de 2012

La Sordera De Dios.


Por Alfredo Salibián. (*)
Buenos Aires.

En la última entrega de Pulso Cristiano (Año 8, Nº 202; enero 28, 2012) se transcribe un comunicado-convocatoria, dado a conocer por una de las federaciones de Iglesias evangélicas de Argentina, dirigida “a la Iglesia del Señor y conforme a su Palabra … para orar por el fin de la sequía que se registra en gran parte de la Argentina”; el texto (reitera) que “gran parte del territorio de nuestro país se encuentra en una delicada situación” a causa de dicho evento ambiental.

Hasta aquí estamos de acuerdo: es real que hay una pronunciada sequía, que la misma afecta otra vez, una parte importante del territorio nacional y que la situación es compleja y de cuidado.

Sin embargo, no es aconsejable ni prudente inducir la búsqueda de soluciones en la oficina equivocada. Porque Dios no tiene nada que ver con la sequía a la que se hace referencia.

Para aclarar esta afirmación, puede bastar un ejemplo: supongamos que usted, estimado lector, tiene un familiar diabético, que se descuidó en una comilona, se olvidó de la dieta que le había indicado su médico. La consecuencia no lo habrá sorprendido: la concentración de glucosa en su sangre alcanzó límites que pudieron poner en riesgo su vida.

Pero, ¿de quien es la culpa? ¿Cómo oraría usted a Dios? ¿Se limitaría a implorar “humilde y denodadamente” por la sanidad del diabético desobediente? ¿O le pediría que actúe sobre su familiar para que no vuelva a cometer el mismo desatino que puso en riesgo su vida y la estabilidad de su entorno?

No podemos orar a Dios pidiendo que tenga misericordia, sane y bendiga a nuestro familiar; él no ignoraba que una comilona no sería “gratis”, que tenía riesgos, que pagaría por las consecuencias del desarreglo. Es claro que corresponde orar, pero por el diabético antes que por la diabetes, para que la bendición pedida se manifieste en la no repetición de una acción que lo perjudica por igual a él y a quienes lo rodean y lo aman.

Con la sequía pasa lo mismo que con nuestro diabético. Es claro que el causante y, por tanto, el responsable de la sequía, de la crisis ambiental, no es Dios. Es más, no tenemos evidencias de que El hasta ahora (3 de febrero) haya respondido a las oraciones anti-sequía del 10 de enero. Pero el silencio de Dios no es sordera. Es cierto que esta semana llovió y granizó en varias zonas del país, pero lo solicitado no fue resuelto; a la sequía se le añadieron desgracias e inconvenientes adicionales que afectaron a inocentes compatriotas, cordobeses y capitalinos.

El interés de Dios por nuestro país (y por el resto del Planeta) en lo referente al clima ya se manifestó hace tiempo. El se preocupó de advertirnos por boca de los técnicos y científicos, hace varias décadas, sobre lo que nos esperaba si las acciones y las conductas humanas no se modificaban; esas advertencias para el futuro de su época hoy se han incorporado al escenario de nuestro presente. Es bueno que esto se sepa.
Los científicos han ofrecido suficientes evidencias que señalan a los humanos como los responsables de los cambios climáticos; los climatólogos, meteorólogos, ecólogos, etc. anticiparon con precisión que iban a ocurrir estos eventos. Ellos saben cómo se modificará el régimen de lluvias y de temperatura en todo nuestro país. Las consecuencias de esos cambios son conocidas y un importante número de ellas están documentadas fehacientemente, desde hace mucho tiempo, y difundidas en periódicos, Internet, revistas (científicas y de divulgación), etc.

Pero los destinatarios de esa información (políticos, gobierno, economistas, empresarios, productores agropecuarios, etc.) hicieron caso omiso de esas voces autorizadas y –por el contrario- trabajaron “denodadamente” para instalar modelos de explotación de recursos naturales que crearon las condiciones para la sequía -entre otras consecuencias- que vuelve a preocupar a los dirigentes de la federación a la que aludimos. Impusieron sus prácticas agrícolas, dañaron la capacidad de los suelos, abusaron de la extracción de agua y nutrientes, etc.

Así, en último término, la sequía no es más que uno de los resultados esperados de sus estrategias que, acumuladas en el tiempo y en el espacio, terminan desencadenando crisis como la que nos ocupa.

Lo que está en discusión no es la despreocupación de Dios por su Creación ni la ignorancia de quienes han sido bendecidos por el don de la Ciencia. Ni una cosa ni la otra. Nos preguntamos: ¿no sería una buena idea que los expertos sean convocados para compartir esa información con la gente de las comunidades eclesiales?. Así, los hermanos y hermanas de las iglesias serían esclarecidos e informados: entenderían que la crisis climatológica no es algo mágico cuyos efectos se revierten con oraciones fervientes, que es consecuencia de modelos e intereses económicos y políticos, bien conocidos e identificados.

Si la situación climatológica de nuestro país es crítica (sin perder de vista que también afecta a otros países de la región) corresponde revisar todas las voces de advertencia a las que no se hizo caso. Los liderazgos eclesiales tienen un lugar especial y como tales deben asumir su parte de responsabilidad por no haber cumplido con el deber de haber promovido y hacer audible la voz profética de advertencia, desde las Iglesias, dirigida a las autoridades, esto es a quienes tienen la obligación de velar por el derecho humano a un ambiente sano.

En este contexto, pregunto: ¿cuántos mensajes referidos a la mayordomía de la Creación de los cristianos se han escuchado en su congregación el último año?, ¿cuántas clases de la escuela bíblica fueron dedicadas a pensar en los gritos de dolor de la naturaleza?, ¿hubo alguien que habló de la soja y de sus efectos adversos sobre los ecosistemas, la disponibilidad de agua, la biodiversidad y la seguridad alimentaria? ¿se preguntaron porqué las imágenes de la sequía muestran ganado muerto en ambientes donde no se ven campesinos?.

En mi opinión, como cristianos nos corresponde pedir perdón a Dios por el pecado de haber renunciado a nuestra responsabilidad como mayordomos de la Creación, como custodios de la integridad de la Creación. Deberíamos orar denodadamente para que la soberbia de los responsables de las acciones que condujeron a esta particular crisis ambiental, de paso al arrepentimiento y al compromiso de trabajar para mitigar o remediar los daños que han provocado sus actitudes.

En la Biblia se nos brinda la crónica de un caso paradigmático, el de una crisis social ligada a otra ambiental. Es el relato del profeta Joel. ¿Cuál fue el remedio, la solución, que propuso el líder para afrontar la crisis?: “no se equivoquen, sean auténticos: desgárrense el corazón y no la ropa, no lo exterior; … vuélvanse a Dios con sinceridad, pidan perdón, lloren, sean auténticos. Quizás así Dios decida cambiar castigo por bendición” (2 ,14). En otras palabras: arrepiéntanse en forma genuina, que el azote que padecen sirva para su renovación, entiendan de una vez que la crisis y el juicio tornarán en esperanza y salvación si hay arrepentimiento. Dios estaba airado, enojado, de mal humor.

Pero no es sordo ni ciego; es sensible ante el dolor de toda su Creación (ser humano + resto de la Creación). Por eso, cuando todo el sufriente pueblo es convocado en medio de un desastre ambiental (2, 15-16), sus líderes religiosos gritan en su nombre "Perdona, Señor, a tu pueblo..." (2, 17); es entonces que Dios muestra que su amor y su compasión por ellos y por toda su Creación está intacto (2, 18-24).

Por ello me atrevo a declarar que Dios, sin dudas, responderá a las oraciones que se están solicitando. Lo hará previo arrepentimiento de los responsables del desastre que, por acción o por omisión, han contribuido a provocar: [“… ustedes … habrán de reconocer … que yo soy su Dios, nadie más” (2, 27)]. No hay lugar para otros dioses. Con orar solamente (sin arrepentimiento) no es suficiente.+ (PE)

(*) Alfredo Salibián es Profesor Titular Emérito de la Universidad Nacional de Luján; ex miembro de la Carrera del Investigador Científico de la CIC-Provincia de Buenos Aires; Académico de Número de la Academia Nacional de Farmacia y Bioquímica.

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Fuente: ECUPRES
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miércoles, 19 de octubre de 2011

19 de octubre: Día Internacional de Concientización sobre el cáncer de mama.



Es el tumor más frecuente en mujeres, estimándose que una de cada ocho mujeres que alcancen los 85 años desarrollará uno



Desde hace varios años, octubre ha sido elegido como mes para concientizar sobre la importancia del cáncer de mama, tanto en su diagnóstico, prevención y tratamiento, como así también para recaudar fondos para investigación.

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en mujeres, estimándose que una de cada ocho mujeres que alcancen los 85 años desarrollará uno, ocupando el primer lugar como causal de muerte por cáncer en el sexo femenino.

Es fundamental crear conciencia sobre la importancia que cobra el diagnóstico precoz de lesiones, que permitan tratamientos menos agresivos y se acompañen de un mejor pronóstico. En el diagnóstico precoz, la consulta periódica al ginecólogo resulta trascendental (se sugiere una consulta anual a partir de los 30 años).


A nivel nacional no existen programas oficiales de screening por mamografía. En el año 2006, un consenso médico interdisciplinario acordó recomendar la mamografía anual a partir de los 40 años de edad en mujeres sin antecedentes. 

También se sugiere una mamografía de base a los 35 años.En caso de existir antecedentes familiares se recomienda comenzar el control anual 10 años antes de la edad de aparición del caso en cuestión. No existe acuerdo acerca de la edad hasta la que deben extenderse los controles.La mamografía debe obtenerse con equipamiento y en servicios dedicados que cumplan con normas de calidad. 


En casos específicos, podrán requerirse otras prácticas diagnósticas, como mamografías ampliadas y focalizadas, ecografía, resonancia magnética, punciones, entre otras.En la lucha contra el cáncer de mama el miedo no es un buen aliado. 


El acercarse al  ginecólogo y el estudio con periodicidad de la mama son herramientas accesibles que pronóstico favorable.Principales recomendaciones para la detección precoz:

- A partir de los 40 años es recomendable realizarse una mamografía, si no tiene antecedentes familiares de cáncer de mama.- 

- Las mamografías se deben repetir anualmente, en la mayor parte de los casos.- Si en su familia hay antecedentes de cáncer de mama, se recomienda comenzar a realizar las mamografías 10 años antes de la edad en la cual se detectó el caso familiar.

- La mamografía digital directa es una de las técnicas más avanzadas para la detección de lesiones en las mamas.- Sus ventajas cobran más importancia en mujeres jóvenes y en mamas densas, ya que permite procesar digitalmente la imagen obtenida, mejorando la nitidez y contraste, o ampliar una zona específica para analizarla en detalle.- 

El autoexamen mamario es uno de los mecanismos recomendados para la detección de anormalidades, pero el nivel de información y detalle que se obtiene con una mamografía no se obtiene por medio del tacto. 


Se recomienda hacer mensualmente el autoexamen mamario, y anualmente a partir de los 40 años, una mamografía.- 

La mamografía digital directa puede realizarse aun cuando al paciente tenga implantes mamarios- 

Se recomienda la visita periódica al ginecólogo.-

Dr. Javier Rodríguez Lucero 
Jefe de Servicio de Imágenes de la Mujer 
– Grupo GammaMatricula Provincial 12235.

Fuente: rosario3.com

lunes, 17 de octubre de 2011

Más de 70 muertos y 150.000 afectados por lluvias en América Central.



Puente colapsado del municipio de Ateos, departamento de La Libertad, El Salvador. Foto Diario Co Latino/Melvin Rivas.
Guatemala/AFP


Más de 70 muertos, 150.000 afectados, carreteras internacionales cortadas, aldeas aisladas y miles de familias que perdieron casas o cosechas era este domingo el saldo de un temporal de lluvias que azota América Central desde hace casi una semana.

Guatemala, con 28 muertos y dos desaparecidos, y El Salvador, donde varios aludes esta madrugada elevaron a por lo menos 27 el saldo de fallecidos, son los dos países más golpeados. En Honduras los reportes oficiales dieron cuenta de 12 muertos y en Nicaragua de otros ocho.

Considerada por Naciones Unidas una de las regiones más afectadas por el cambio climático, los desastres naturales provocaron en América Central en 40 años más de 50.000 muertos y decenas de miles de millones de dólares en pérdidas, según un estudio de universidades europeas y latinoamericanas.

Un trabajo de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) titulado "La economía del cambio climático" señala que las pérdidas económicas ocasionadas en América Central por el calentamiento global rondarán el 10% del PIB regional hacia el año 2050.

Ante la catástrofe, desde Caracas, el presidente venezolano Hugo Chávez ordenó enviar auxilio. "Tenemos que ayudar. (...) Son países muy pobres", dijo el mandatario durante un consejo ministerial transmitido por el canal oficial VTV.

En Guatemala, donde además de los 28 muertos había este domingo 110.000 afectados, según cifras proporcionadas por el presidente Álvaro Colom, fue declarado el estado de calamidad.

"La mayoría de incidentes de la noche del sábado, (en los que se registraron cinco muertos) ocurrieron en el departamento de Guatemala", comentó el gobernante, tras indicar que "si las lluvias continúan se cerrarán algunas carreteras en la noche para prevenir" incidentes.

El guatemalteco Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) pronosticó este domingo que, debido a un sistema de baja presión ubicado en las costas de Belice, en el Caribe, las lluvias proseguirán otras 24 horas.

Progresivos reportes oficiales hacían subir además el balance de pérdidas de cosechas de maíz y frijol, en su mayoría de campesinos que explotan minúsculas parcelas de subsistencia, y en un país donde el 15% de la población, equivalente a dos millones de personas, sufre desnutrición.

En El Salvador, diferentes deslaves la noche del sábado "han incrementado el número de víctimas fatales haciendo para esta hora la totalidad de 27 personas muertas", la mayoría de las cuales "fallecieron por soterramientos", afirmó el director general de Protección Civil, Jorge Meléndez.

"Tenemos una situación bastante complicada", sostuvo por su lado el ministro de Medio Ambiente, Herman Rosa Chávez, al resumir la situación meteorológica e indicar que solamente en las últimas doce horas había llovido 150 milímetros sobre terrenos montañosos, que se han vuelto muy inestables.

En Ciudad Arce, 40 km al oeste de la capital, un alud sepultó cinco viviendas. Allí un fotógrafo de la AFP fue testigo del rescate de los cadáveres de al menos un niño y dos adultos.

En un mensaje transmitido la noche del sábado por la estatal Radio Nacional, el ministro de Gobernación, Ernesto Zelayandía, había pedido a los salvadoreños permanecer alertas y despiertos durante la noche para prevenir desgracias ya que "el cuadro es bastante crítico".

En Honduras un informe de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) elevó a 12 el balance de muertos en seis diferentes departamentos. Las autoridades subieron a rojo el estado de alerta en dos departamentos y a amarillo en otros 10, precisó la información.

Los pobladores de distintos sectores de Tegucigalpa, en especial de los situados a la vera de quebradas y arroyos, pasaron una noche de temor frente a las lluvias ininterrumpidas, que transformaron los cauces que atraviesan el valle donde está la capital, en furiosos torrentes.

En Nicaragua, la Defensa Civil ordenó la evacuación de las familias campesinas que viven en las faldas del volcan Casita, donde en 1998 se registraron mortíferos deslaves durante el paso del huracán Mitch.

La primera dama y portavoz del gobierno, Rosario Murillo, informó que las intensas lluvias dejaron ocho muertos y 25.000 afectados en 14 de los 17 departamentos del país, donde se mantiene la alerta amarilla.





viernes, 2 de abril de 2010

Viernes Santo - Vía Crucis



Vía crucis , significa «camino de la cruz» y se refiere, a las diferentes etapas, o momentos vividos por Jesucristo, desde el momento en que fue aprehendido, hasta su crucifixión y sepultura.

Se trata de un camino de oración, que busca adentrarnos en la meditación de Jesucristo, en su camino al Calvario. El camino, se representa con una serie de imágenes de la Pasión, o “Estaciones” correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió .

La costumbre, es hacer un recorrido grupal, que puede tener lugar dentro de un templo, o por las calles, deteniéndose en cada estación y haciendo una oración en cada una, una lectura de algún pasaje del evangelio y también un canto. Es una práctica, que fundamentalmente se realiza el Viernes Santo.


Vía Crucis meditado completo

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Vía Crucis

Via Crucis

por Plinio Corrêa de Oliveira

* * *

I Estación

Jesús es condenado a muerte

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

El juez que cometió el crimen profesional más monstruoso de toda la historia, no fue impulsado a ello por el tumulto de ninguna pasión ardiente. No lo cegó el odio ideológico, ni la ambición de nuevas riquezas, ni el deseo de complacer a ninguna Salomé. Lo movió a condenar al Justo, el recelo de perder el cargo pareciendo poco celoso de las prerrogativas del César; el miedo de crearse para sí complicaciones políticas, desagradando al populacho judío; el miedo instintivo de decir “no”, de hacer lo contrario de lo que se pide, de enfrentar al ambiente con actitudes y opiniones diferentes de las que en él imperan.

*

Vos, Señor, lo mirasteis por largo tiempo con aquella mirada que, en un segundo, obró la salvación de Pedro. Era una mirada en la que se transparentaba vuestra suprema perfección moral, vuestra infinita inocencia y, sin embargo él, Os condenó.

*

Oh Señor, ¡cuántas veces imité a Pilatos! ¡Cuántas veces por amor a mi carrera, dejé que en mi presencia la ortodoxia fuese perseguida y me callé! ¡Cuántas veces presencié de brazos cruzados la lucha y el martirio de los que defienden vuestra Iglesia! Y no tuve siquiera el coraje de darles una palabra de apoyo, por la abominable pereza de enfrentar a los que me rodean, de decir “no” a los que forman mi ambiente, por el miedo de “ser diferente de los otros”. Como si me hubieseis creado, Señor, no para imitaros, sino para imitar servilmente a mis compañeros.

*

En aquel instante doloroso de la condenación, Vos sufristeis por todos los cobardes, por todos los débiles, por todos los tibios... por mí, Señor.

*

¡Jesús mío!, perdón y misericordia. Por la fortaleza de que me disteis ejemplo desafiando la impopularidad y enfrentando la sentencia del magistrado romano, ¡curad en mi la alma la llaga de la molicie!

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

II Estación

Jesús lleva la Cruz a cuestas

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Se inicia así, mi adorado Señor, vuestra peregrinación hacia el lugar de la inmolación. No quiso el Padre Celestial que fueseis muerto de un golpe fulminante. Vos habríais de enseñarnos en vuestra Pasión, no sólo a morir, sino a enfrentar la muerte. Enfrentarla con serenidad, sin dudas ni flaquezas, caminando hacia ella con el paso resuelto del guerrero que avanza hacia el combate; he ahí la admirable lección que me dais.

*

Frente al dolor, Dios mío, cuánta es mi cobardía. Ora contemporizo antes de tomar mi cruz; ora retrocedo, traicionando el deber; ora, por fin, lo acepto, mas con tanto tedio, tanta molicie, que parezco odiar el fardo que vuestra voluntad me pone sobre los hombros.

*

En otras ocasiones, cuántas veces cierro los ojos para no ver el dolor. Me ciego voluntariamente con un optimismo estúpido, porque no tengo el coraje de enfrentar la prueba, y por eso me miento a mí mismo: “no es verdad que la renuncia a aquel placer se me impone para que no caiga en pecado; no es verdad que debo vencer aquel hábito que favorece mis más arraigadas pasiones; no es verdad que debo abandonar aquel ambiente, aquella amistad, que minan y arruinan toda mi vida espiritual; no, nada de esto es verdad...”, cierro los ojos y tiro a un lado mi cruz.

*

Jesús mío, perdonadme tanta pereza, y por la llaga que la Cruz abrió en vuestros hombros, curad, Padre de las Misericordias, la llaga horrible que en mi alma abrí con años enteros vividos en el relajamiento interior y en la condescendencia para conmigo.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

III Estación

Jesús cae por primera vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

¿Entonces, Señor? ¿No Os era lícito abandonar vuestra Cruz? Pues si la cargasteis hasta que todas vuestras fuerzas se agotaran, hasta que el peso insoportable del madero Os lanzara por tierra, ¿no estaba bien probado que Os era imposible proseguir? Estaba cumplido vuestro deber.

*

Que los ángeles del Cielo llevasen ahora por Vos la Cruz . Vos habíais sufrido en toda la medida de lo posible. ¿Qué más habríais de dar?

*

Sin embargo, actuasteis de otro modo y disteis a mi cobardía una alta lección. Agotadas vuestras fuerzas, no renunciasteis al fardo, sino que pedisteis más fuerzas aún, para cargar nuevamente la Cruz. Y las obtuvisteis.

*

Es difícil hoy la vida del cristiano. Obligado a luchar sin tregua contra sí mismo para mantenerse en la línea de los Mandamientos, parece una excepción extravagante en un mundo que se ufana en la lujuria, en la opulencia y en la alegría de vivir. Pesa en nuestros hombros la cruz de la fidelidad a vuestra ley, Señor. Y a veces las fuerzas parecen faltarnos.

*

En estos instantes de prueba, comenzamos a hacer sofismas: ya hicimos cuanto estaba en nosotros. Al final, ¡son tan limitadas las fuerzas del hombre! Dios tendrá esto en cuenta... Dejemos caer la cruz a la vera del camino y hundámonos suavemente en la vida del placer. ¡Ah, cuántas cruces abandonadas a la vera de nuestros caminos, quizá a la vera de mis caminos!

*

Dadme, Jesús, la gracia de quedar abrazado a mi cruz, aun cuando yo desfallezca bajo el peso de ella. Dadme la gracia de erguirme de nuevo siempre que hubiese desfallecido. Dadme, Señor, la gracia suprema de nunca salir del camino por donde debo llegar a lo alto de mi propio calvario.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

IV Estación

Encuentro de Jesús con su Santa Madre

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

¿Quién, Señora, viéndoos en llanto, osaría preguntar por qué lloráis? Ni la tierra, ni el mar, ni todo el firmamento, podrían servir de término de comparación a vuestro dolor. Dadme, Madre mía, un poco por lo menos de ese dolor. Dadme la gracia de llorar a Jesús con las lágrimas de una compunción sincera y profunda.

*

Sufrís en unión a Jesús. Dadme la gracia de sufrir como Vos y como Él. Vuestro mayor dolor no fue el contemplar los inexpresables padecimientos corporales de vuestro Divino Hijo. ¿Qué son los males del cuerpo en comparación con los del alma? ¡Si Jesús sufriera todos aquellos tormentos, pero a su lado hubiera corazones compasivos! ¡Si el odio más estúpido, más injusto, más necio, no hiriese al Sagrado Corazón enormemente más de lo que el peso de la Cruz y los malos tratos herían el Cuerpo de Nuestro Señor! Pero la manifestación tumultuosa del odio y de la ingratitud de aquellos a quienes Él había amado... A dos pasos, estaba un leproso a quien había curado... más lejos un ciego a quien había restituido la vista... poco más allá un alma sufriente a quien había devuelto la paz. Y todos pedían su muerte, todos lo odiaban, todos lo injuriaban. Todo esto hacía sufrir a Jesús inmensamente más que los inexpresables dolores que pesaban sobre su Cuerpo.

*

Y existía algo peor, existía el peor de los males. Había el pecado, el pecado declarado, el pecado protuberante, el pecado atroz. ¡Si todas aquellas ingratitudes fuesen hechas al mejor de los hombres, pero, por absurdo, no ofendiesen a Dios! Más eran hechas al Hombre Dios y constituían contra toda la Trinidad Santísima un pecado supremo. He ahí el mal mayor de la injusticia y de la ingratitud.

*

Este mal no está tanto en herir los derechos del bienhechor, sino en ofender a Dios. Y de tantas y tantas causas de dolor, la que más Os hacía sufrir, Madre Santísima, Redentor Divino, era por cierto el pecado.

*

¿Y yo? ¿Me acuerdo de mis pecados? ¿Me acuerdo por ejemplo de mi primer pecado, o de mi pecado más reciente? ¿De la hora en que lo cometí, del lugar, de las personas que me rodeaban, de los motivos que me llevaron a pecar? Si yo hubiese pensado en toda la ofensa que Os causa un pecado ¿habría osado desobedeceros, Señor?

*

Oh, Madre mía, por el dolor del santo encuentro, obtenedme la gracia de tener siempre delante de los ojos a Jesús sufriente y llagado, precisamente como lo visteis en este paso de la Pasión.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

V Estación

Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

¿Quién era este Simón? ¿Qué se sabe de él, sino que era de Cirene? ¿Y qué sabe la generalidad de los hombres sobre Cirene, sino que era la tierra de Simón? Tanto el hombre como la ciudad emergieron de la oscuridad para la gloria y para la más alta de las glorias, que es la gloria sagrada, en un momento en que muy otros eran los pensamientos del Cireneo.

*

Él venía despreocupado por la calle. Pensaba tan sólo en los pequeños problemas y en los pequeños intereses de los que se compone la vida corriente de la mayor parte de los hombres. Mas Vos, Señor, atravesasteis su camino con vuestras Llagas, vuestra Cruz, vuestro inmenso dolor. Y a este Simón le tocó tomar posición ante Vos. Lo forzaron a cargar la Cruz con Vos. O él la cargaría malhumorado, indiferente a Vos, intentando volverse simpático al pueblo por medio de algún nuevo modo de aumentar vuestros tormentos de alma y cuerpo; o la cargaría con amor, con compasión, desdeñoso del populacho, procurando aliviaros, procurando sufrir en sí un poco de vuestro dolor, para que sufrierais un poco menos. El Cireneo prefirió padecer con Vos. Y por esto su nombre es repetido con amor, con gratitud, con santa envidia, desde hace dos mil años, por todos los hombres de fe, en toda la faz de la tierra y así continuará siendo hasta la consumación de los siglos.

*

También por mis caminos Vos pasasteis, mi Jesús. Pasasteis cuando me llamasteis de las tinieblas del paganismo al seno de vuestra Iglesia, con el santo Bautismo. Pasasteis cuando mis padres me enseñaron a rezar. Pasasteis cuando en el curso del catecismo comencé a abrir mi alma a la verdadera doctrina católica y ortodoxa. Pasasteis en mi primera Confesión, en mi Primera Comunión, en todos los momentos en que vacilé y me amparasteis, en todos los momentos en que caí y me erguisteis, en todos los momentos en que pedí y me atendisteis.

*

¿Y yo, Señor? Aún ahora pasáis por mí en este ejercicio del vía crucis. ¿Qué hago cuando Vos pasáis por mí?

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

VI Estación

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Diríase a primera vista, que jamás hubo mayor premio en la historia. En efecto, ¿qué rey tuvo en las manos tejido más precioso que aquel Velo? ¿Qué general tuvo bandera más augusta? ¿Qué gesto de coraje y dedicación fue recompensado con favor más extraordinario?

*

Sin embargo, hay una gracia que vale mucho más que la de poseer milagrosamente estampada en un velo la Santa Faz del Salvador. En el velo, la representación de la Faz divina fue hecha como en un cuadro. En la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana es hecha como en un espejo.

*

En sus instituciones, en su doctrina, en sus leyes, en su unidad, en su universalidad, en su insuperable catolicidad,

la Iglesia es un verdadero espejo en el cual se refleja nuestro Divino Salvador. Más aún, Ella es el propio Cuerpo Místico de Cristo.

*

¡Y nosotros, todos nosotros, tenemos la gracia de pertenecer a la Iglesia, de ser piedras vivas de la Iglesia!

*

¡Cómo debemos agradecer este favor! No nos olvidemos, sin embargo, de que “nobleza obliga”. Pertenecer a la Iglesia es cosa muy alta y muy ardua. Debemos pensar como la Iglesia piensa, sentir como la Iglesia siente, actuar como la Iglesia quiere que procedamos en todas las circunstancias de nuestra vida. Esto supone un sentido católico real, una pureza de costumbres auténtica y completa, una piedad profunda y sincera. En otros términos, supone el sacrificio de una existencia entera.

*

¿Y cuál es el premio? “Christianus alter Christus”. Yo seré de modo eximio una reproducción del propio Cristo. La semejanza de Cristo se imprimirá, viva y sagrada, en mi propia alma.

*

Ah, Señor, si es grande la gracia concedida a la Verónica, cuánto mayor es el favor que a mí me prometéis.

*

Os pido fuerza y resolución para, por medio de una fidelidad a toda prueba, alcanzarlo verdaderamente.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

VII Estación

Jesús cae por segunda vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Caer, estar tirado en el suelo, quedar a los pies de todos, dar pública manifestación de ya no tener fuerzas, son estas las humillaciones a que Vos Os quisisteis sujetar, Señor, para mi lección. De Vos nadie se compadeció. Redoblaron las injurias y los malos tratos. Y mientras tanto, Vuestra gracia solicitaba en vano, en lo íntimo de aquellos corazones empedernidos, un movimiento de piedad.

*

Aún en ese momento, quisisteis continuar vuestra Pasión para salvar a los hombres. ¿Qué hombres? Todos. Inclusive los que allí estaban aumentado de todas las formas vuestro dolor.

*

En mi apostolado, Señor, deberé continuar aun cuando todas mis obras estuviesen por el suelo, aun cuando todos se unieren para atacarme, aun cuando la ingratitud y la perversidad de aquellos a quienes quise hacer el bien se vuelvan contra mí.

*

No tendré la flaqueza de cambiar de camino para agradarlos. Mis vías sólo pueden las vuestras, esto es, las vías de la ortodoxia, de la pureza, de la austeridad. Mas, en vuestros caminos, sufriré por ellos. Y unidos mis dolores imperfectos a vuestro dolor perfecto, a vuestro dolor infinitamente precioso, continuaré haciéndoles el bien. Para que se salven o para que las gracias rechazadas se acumulen sobre ellos como brasas ardientes, clamando por castigo. Fue lo que hicisteis con el pueblo deicida y con todos aquellos que hasta el fin Os rechazaron.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

VIII Estación

Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

No faltaron entonces almas buenas que percibían la enormidad del pecado que se practicaba y temían la justicia divina.

*

¿No presencio yo algún pecado así? Hoy en día, ¿no es verdad que el Vicario de Cristo es desobedecido, abandonado, traicionado? ¿No es verdad que las leyes, las instituciones, las costumbres son cada vez más hostiles a Jesucristo? ¿No es verdad que se construye todo un mundo, toda una civilización basada en la negación de Jesucristo? ¿No es verdad que Nuestra Señora habló en Fátima señalando todos estos pecados y pidiendo penitencia?

*

Sin embargo, ¿dónde está esa penitencia? ¿Cuántos son los que realmente ven el pecado y procuran señalarlo, denunciarlo, combatirlo, disputarle paso a paso el terreno, levantar contra él toda una cruzada de ideas y de actos, de viva fuerza si fuera necesario? ¿Cuántos son capaces de desplegar el estandarte de la ortodoxia absoluta y sin mancha, en los propios lugares donde impera la impiedad o la piedad falsa? ¿Cuántos son los que viven en unión con la Iglesia este momento que es trágico, como trágica fue la Pasión, este momento crucial de la historia, en que una humanidad entera está optando por Cristo o contra Cristo?

*

¡Ah, Dios mío, cuántos miopes que prefieren no ver ni presentir la realidad que les entra por los ojos! ¡Cuánta calma, cuánto bienestar menudo, cuánta pequeña delicia rutinaria! ¡Cuánto sabroso plato de lentejas para comer!

*

Dadme, Jesús, la gracia de no ser de este número. La gracia de seguir vuestro consejo, esto es, de llorar por nosotros y por los nuestros. No con un llanto estéril, sino con un llanto que se vierte a vuestros pies y que, fecundado por Vos, se transforma para nosotros en perdón, en energías de apostolado, de lucha y de intrepidez.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

IX Estación

Jesús cae por tercera vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Estáis, Señor mío, más cansado, más débil, más llagado, más exangüe que nunca. ¿Qué Os espera? ¿Llegasteis al término? No, precisamente lo peor está por suceder. El crimen más atroz aún está por ser cometido. Los dolores mayores aún están por ser sufridos. Estáis por tierra por tercera vez y, sin embargo, todo esto que quedó atrás no es sino un prefacio. Y he aquí que Os veo nuevamente moviendo ese Cuerpo que es todo él una llaga. Lo que parecía imposible se opera y una vez más Os ponéis de pie lentamente, aunque cada movimiento sea para Vos un dolor más. Estáis, Señor, de pie, una vez más... con vuestra Cruz. Supisteis encontrar nuevas fuerzas, nuevas energías y continuáis. Tres caídas, tres lecciones iguales de perseverancia, cada una más pungente y más expresiva que la otra.

*

¿Por qué tanta insistencia? Porque es insistente nuestra cobardía. Nos resolvemos a tomar nuestra cruz, pero la cobardía vuelve siempre a la carga. Y para que ella quedase sin pretextos en nuestra flaqueza, quisisteis Vos mismo repetir tres veces la lección.

*

Sí, nuestra flaqueza no puede servirnos de pretexto. La gracia, que Dios nunca niega, puede lo que las fuerzas meramente naturales no podrían.

*

Dios quiere ser servido hasta el último aliento, hasta la extenuación de la última energía y multiplica nuestra capacidad de sufrir y de actuar, para que nuestra dedicación llegue a los extremos de lo imprevisible, de lo inverosímil, de lo milagroso. La medida de amar a Dios consiste en amarlo sin medida, dice San Francisco de Sales. La medida de luchar por Dios consiste en luchar sin medida, diríamos nosotros.

*

Yo, sin embargo, ¡cómo me canso de prisa! En mis obras de apostolado, el menor sacrificio me detiene, el menor esfuerzo me causa horror, la menor lucha me pone en fuga. Me gusta el apostolado, sí. Un apostolado enteramente conforme con mis preferencias y fantasías, al que me entrego cuando quiero, como quiero y porque quiero. Y después juzgo haber dado a Dios una inmensa limosna.

*

Pero Dios no se contenta con esto. Para la Iglesia, Él quiere toda mi vida, quiere organización, quiere sagacidad, quiere intrepidez, quiere la inocencia de la paloma, mas también la astucia de la serpiente; la dulzura de la oveja, mas la cólera irresistible y avasalladora del león. Si fuera necesario sacrificar carrera, amistades, vínculos familiares, vanidades mezquinas, hábitos inveterados, para servir a Nuestro Señor, debo hacerlo. Pues este paso de la Pasión me enseña que a Dios debemos darle todo, absolutamente todo y después de haberle dado todo, aún debemos dar nuestra propia vida.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

X Estación

Jesús es despojado de sus vestiduras

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Todo, sí, absolutamente todo! Hasta vergüenza debemos sufrir por amor a Dios y por la salvación de las almas.

*

Ahí está la prueba. El puro por excelencia fue desnudado y los impuros Lo escarnecieron en su pureza. Y Nuestro Señor resistió a las burlas de la impureza.

*

¿No parece insignificante que resista a la burla, quien ya resistió a tantos tormentos? Sin embargo, esta otra lección nos era necesaria. Por el desprecio de una criada, San Pedro Lo negó. ¡Cuántos hombres habrán abandonado a Nuestro Señor por miedo al ridículo! Pues si hay gente que va a la guerra a exponerse a las balas y a la muerte para no ser escarnecida como cobarde, ¿no es cierto que hay hombres que tienen más miedo a una risa que a cualquier otra cosa?

*

El Divino Maestro enfrentó el ridículo. Y nos enseñó que nada es ridículo cuando está en la línea de la virtud y del bien.

*

Enseñadme, Señor, a reflejar en mí la majestad de vuestro Semblante y la fuerza de vuestra perseverancia, cuando los impíos quieran manejar contra mí el arma del ridículo.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

XI Estación

Jesús es clavado en la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

La impiedad escogió para Vos, Señor mío, el peor de los tormentos finales. El peor, sí, pues es el que hace morir lentamente, el que produce sufrimientos mayores, el que más infamaba porque estaba reservado a los criminales más abyectos. Todo fue aparejado por el infierno para haceros sufrir, tanto en el alma como en el cuerpo. Este odio inmenso, ¿no contiene para mí alguna lección? ¡Ay de mí, que jamás la comprenderé suficientemente, si no llegare a ser santo! Entre Vos y el demonio, entre el bien y el mal, entre la verdad y el error, hay un odio profundo, irreconciliable, eterno. Las tinieblas odian a la luz, los hijos de las tinieblas odian a los hijos de la luz, la lucha entre unos y otros durará hasta la consumación de los siglos y jamás habrá paz entre la raza de la Mujer y la raza de la serpiente... Para que se comprenda la extensión inconmensurable, la inmensidad de este odio, contémplese todo cuanto este odio osó hacer. Es el Hijo de Dios que allí está, transformado, según la frase de la Escritura, en un leproso en el cual nada existe de sano, en un ente que se retuerce como un gusano bajo la acción del dolor, detestado, abandonado, clavado en una cruz entre dos vulgares ladrones. ¡El Hijo de Dios! ¡Qué grandeza infinita, inimaginable, absoluta, se encierra en estas palabras! ¡He ahí, sin embargo, lo que el odio osó contra el Hijo de Dios!

*

Y toda la historia del mundo, toda la historia de la Iglesia, no es sino esta lucha inexorable entre los que son de Dios y los que son del demonio, entre los que son de la Virgen y los que son de la serpiente. Lucha en la cual no hay apenas equívoco de la inteligencia, ni sólo flaqueza, sino también maldad, maldad deliberada, culpable, pecaminosa, en las huestes angélicas y humanas que siguen a Satanás.

*

He ahí lo que es necesario que sea dicho, comentado, recordado, acentuado, proclamado y, una vez más, recordado a los pies de la Cruz. Pues somos tales y el liberalismo a tal punto nos desfiguró que estamos siempre propensos a olvidar este aspecto imprescindible de la Pasión.

*

Conocíalo bien la Virgen de las Vírgenes, la Madre de todos los dolores, quien junto a su Hijo participaba de la Pasión. Conocíalo bien el Apóstol virgen que a los pies de la Cruz recibió a María como Madre, y con esto tuvo el mayor legado que jamás fue dado a un hombre recibir. Porque hay ciertas verdades que Dios reservó para los puros, y niega a los impuros.

*

Madre mía, en el momento en que hasta el buen ladrón mereció perdón, pedid que Jesús me perdone toda la ceguera con que he considerado la obra de las tinieblas que se trama a mi alrededor.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

XII Estación

Jesús muere en la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Llegó por el fin el ápice de todos los dolores. Es un ápice tan alto, que se envuelve en las nubes del misterio. Los padecimientos físicos alcanzaron su extremo. Los sufrimientos morales alcanzaron su auge. Otro sufrimiento debería ser la cumbre de tan inexpresable dolor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonasteis?” De un cierto modo misterioso, el propio Verbo Encarnado fue afligido por la tortura espiritual del abandono en que el alma no tiene consolaciones de Dios. Y tal fue ese tormento, que Él, de quien los evangelistas no registraron ni una sola palabra de dolor, profirió aquel grito lacerante: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

*

Sí, ¿por qué? ¿Por qué, si Él era la propia inocencia? Abandono terrible seguido de la muerte y de la perturbación de toda la naturaleza. El sol se veló. El cielo perdió su esplendor. La tierra se estremeció. El velo del templo se rasgó. La desolación cubrió todo el universo.

*

¿Por qué? Para redimir al hombre. Para destruir el pecado. Para abrir las puertas del Cielo. El ápice del sufrimiento fue el ápice de la victoria. Estaba muerta la muerte. La tierra purificada era como un gran campo devastado para que sobre ella se edificase la Iglesia.

*

Todo esto fue, pues, para salvar. Salvar a los hombres. Salvar a este hombre que soy yo. Mi salvación costó todo este precio. Y yo no regatearé más sacrificio alguno para asegurar salvación tan preciosa. Por el Agua y por la Sangre que vertieron de vuestro divino Costado, por los dolores de María Santísima, Jesús, dadme fuerzas para desapegarme de las personas, de las cosas que me pueden apartar de Vos.

*

Mueran hoy, clavados en la Cruz, todas las amistades, todos los afectos, todas las ambiciones, todos los deleites que de Vos me separaban.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

XIII Estación

Jesús es bajado de la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

El reposo del Sepulcro Os aguarda, Señor. En las sombras de la muerte, abrís el Cielo a los justos del limbo, mientras en la tierra, en torno de vuestra Madre, se reúnen unos pocos fieles para tributaros honras fúnebres. Hay en el silencio de estos instantes una primera claridad de esperanza que nace. Estos primeros homenajes que Os son prestados son el marco inaugural de una serie de actos de amor de la humanidad redimida, que se prolongarán hasta el fin de los siglos.

*

Cuadro de dolor, de desolación, mas de mucha paz. Cuadro en que se presagia algo de triunfal en los cuidados indecibles con que Vuestro Divino Cuerpo es tratado.

*

Sí, aquellas almas piadosas se condolían, pero algo en ellas les hacía presentir en Vos al Triunfador glorioso.

*

Pueda yo también, Señor, en las grandes desolaciones de la Iglesia, ser siempre fiel, estar presente en las horas más tristes, conservando inquebrantable la certeza de que vuestra Esposa triunfará por la fidelidad de los buenos, puesto que la asiste vuestra protección.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia

de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * *

XIV Estación

Jesús es puesto en el sepulcro

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

*

Se corrió la piedra. Parece todo acabado. Es el momento en que todo comienza. Es el reagrupamiento de los Apóstoles. Es el renacer de las dedicaciones, de las esperanzas. La Pascua se aproxima.

*

Y al mismo tiempo, el odio de los enemigos ronda en torno del Sepulcro, de María Santísima y de los Apóstoles.

*

Pero ellos no temen. Y dentro de poco tiempo rayará la mañana de la Resurrección. Pueda yo también, Señor Jesús, no temer. No temer cuando todo parezca irremediablemente perdido. No temer cuando todas las fuerzas de la tierra parecieran puestas en manos de vuestros enemigos. No temer, porque estoy a los pies de Nuestra Señora, junto a la cual se reagruparán siempre, y siempre una vez más, para nuevas victorias, los verdaderos seguidores de vuestra Iglesia.

*

Padre Nuestro, Ave María, Gloria

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R. Amén.

* * * * *

Escrito por el Dr Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) y traducido de la revista Catolicismo, editora Padre Belchior de Pontes, marzo de 1951, São Paulo, Brasil. Visto en Cruzada Reparadora del Santo Rosario.

Fuente:

http://santaiglesiamilitante.blogspot.com/2009/04/via-crucis.html

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