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miércoles, 13 de diciembre de 2017

La gran crisis del siglo XXI

Jorge Majfud

Porque el pasado está hacia adelante y el futuro hacia atrás, sólo podemos ver el primero, con cierta precisión, y apenas sentir el segundo, como una brisa unas veces, como un vendaval otras. Si al menos tuviésemos un espejo para poder echar una mirada al futuro… Pero no. Al menos que ese espejo sea el pasado mismo que, al decir de Mark Twain, no se repite, pero rima.

Cada vez que alguien se detiene un instante en su marcha atrás, se levantan las voces advirtiendo de los peligros, cuando no de la inutilidad, de las predicciones que, de forma despectiva, se etiquetan como futurología.

Lo primero es cierto: es un intento peligroso. Lo segundo no: no solo es útil; también es una necesidad, si no una obligación moral.

Hoy, en 2017, estamos sentados sobre una bomba de tiempo. Mejor dicho, sobre dos, interconectadas.

La primera es la creciente, excesiva y desproporcionada acumulación de dinero y, por ende, de poder político y militar de una minoría cada vez más minoritaria, tanto a escala global como a escala nacional. Esta acumulación crecientemente desproporcionada, producto de la espiral que retroalimenta el poder del dinero con el poder político-mediático y viceversa (dinámica que produce bolas de nieve primero y avalanchas después) se agravará aún más por la automatización del trabajo. El desempleo en los países ricos, centros del control financiero, narrativo y militar, aumentará la tensión, no porque la economía del mundo rico colapse sino, quizás, por lo contrario. El creciente fascismo y las reacciones micropolíticas de la izquierda con marchas y contramarchas, serán solo síntomas violentos de un problema mayor.

La segunda bomba de tiempo, es la gravísima amenaza ecológica, producto, naturalmente, de la avaricia de esa minoría y del sistema económico basado en el consumo y el despilfarro ilimitado, en el desesperado crecimiento del PIB a cualquier costo, aun al costo de la destrucción de los recursos naturales (flora y fauna) y de sus mismos productos (automóviles, televisores y seres humanos). El desplazamiento de millones de personas debido al aumento de las aguas y los desiertos, nuevas enfermedades y el creciente costo de la tierra, acelerarán la crisis.

Cualquiera de estas dos bombas de tiempo que estalle primero hará estallar a la otra. Entonces, veremos una catástrofe mundial sin precedentes.

La hegemonía de Estado Unidos, que se asume será pacíficamente compartida por una sociedad de conveniencia con China, muy probablemente seguirá la Trampa de Tucidides, y el evento decisivo, del conflicto y de la derrota militar de la Pax americana, será un evento de gran magnitud en el área del Pacifico Este. La marina más poderosa del mundo y de la historia, encontrará una derrota material, política y, sobre todo, simbólica. Solo la futura crisis demográfica en China (el envejecimiento de la población y las anacrónicas políticas de inmigración y la desconformidad de una generación acostumbrada al crecimiento económico) podría retrasar este acontecimiento por décadas.

El panorama, por donde se lo mire, no es alentador. Quizás de ahí el cerrado negacionismo de quienes están hoy en el poder. Ese negacionismo ciego en todas las esferas está hoy representado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y por las corrientes nacionalistas y neo racistas, precisamente cuando el problema es global. La presidencia de este país podrá ser reemplazada por un candidato de la izquierda, en el 2020 o en el 2024, pero no será suficiente para detener el desarrollo de los acontecimientos ya desencadenados. Por el contrario, será una forma de renovar la esperanza en un sistema y en un orden mundial que está llegando a su fin de forma dramática.

Si bien es necesario continuar luchando por las causas justas de las micro políticas, como los derechos de género en el uso de baños públicos (que para los individuos no tiene nada de “micro”), etc., ninguna de estas medidas y ninguna de estas luchas nos salvará de una catástrofe mayor. Cuando ya no haya tierra, agua, alimentos, leyes, cuando los individuos y los pueblos estén luchando por sobrevivir de la forma más desesperada y egoísta posible, a nadie le importarán las causas de la micro política.

Lo bueno es que, si bien el pasado no se puede cambiar de forma honesta, el futuro sí. Pero para hacerlo primero debemos tomar conciencia de la gravedad de la situación. Si realmente vamos caminando hacia atrás, rumbo hacia el abismo, el simple acto de detenerse un momento para pensar en un cambio de rumbo, parece lo más razonable.


- Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas

Fuente: alianet.org

miércoles, 21 de octubre de 2015

Los países ricos conducen al planeta a un cambio climático irreversible.

Amigos de la Tierra

Amigos de la Tierra Internacional ha advertido hoy que los países ricos –los más responsables del cambio climático– nos están conduciendo a un cambio climático irreversible y más devastador, en lugar de tomar las medidas radicales que se necesitan con urgencia para reducir sus emisiones de carbono.

La advertencia fue emitida al tiempo que gobiernos de todo el mundo comienzan una reunión de una semana en las negociaciones climáticas de la ONU en Bonn para negociar, por primera vez, el texto de un nuevo tratado climático mundial a ser acordado en París el mes de diciembre.

“Las promesas de reducción de emisiones realizadas por los países ricos hasta ahora son menos de la mitad de lo que necesitamos para evitar un cambio climático fuera de control. El proyecto de acuerdo para París sobre la mesa de negociaciones esta semana muestra que muchos parecen dispuestos a aceptar consecuencias irreversibles y devastadoras para las personas y el planeta”, dijo Susann Scherbarth, activista de campaña de Justicia Climática y Energía, Amigos de la Tierra Europa.

"Este proyecto incluso desmantelaría varios principios fundamentales de la Convención sobre Cambio Climático de la ONU, como la equidad. Esto es simplemente inaceptable. Los países más ricos deben cumplir con su parte justa. El nuevo tratado debe proteger a los países y personas menos privilegiados, no dejar que los países más ricos evadan responsabilidades” añadió.

“Los políticos están en camino a fallarnos en su cumbre de París. Muchos políticos, bajo la presión de los contaminadores corporativos transnacionales que se benefician de los combustibles fósiles y la energía sucia, promueven el carbón, el fracking y la energía nuclear ante la ONU y localmente. En cambio, deben comprometerse a una reducción drástica de emisiones y una transformación de nuestro sistema energético”, dijo Dipti Bhatnagar, coordinadora del programa de Justicia Climática y Energía, Amigos de la Tierra Internacional.

Cientos de miles de personas están pagando con sus vidas por la falta de acción continua de nuestros gobiernos. Pero los verdaderos líderes, los pueblos, están tomando medidas y mostrando el camino con soluciones reales, como la energía renovable controlada por la comunidad.

Miles de personas de todo el mundo, entre ellas partidarios de Amigos de la Tierra, planean ir a París para hacerse oír durante la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas [1] y movilizarse aún más en el año 2016 y más allá.

"Nuestros gobiernos deben poner fin a la energía sucia y seguir con urgencia a los verdaderos líderes: los pueblos, no los contaminadores. Más y más personas están apoyando las soluciones reales, resistiendo la extracción de combustibles fósiles y conduciéndonos hacia sociedades seguras para el clima”, dijo Dipti Bhatnagar, coordinadora del programa de Justicia Climática y Energía, Amigos de la Tierra Internacional.

Organizaciones de justicia climática, movimientos sociales, grupos religiosos, sindicatos, organizaciones ambientales y de desarrollo dieron a conocer un nuevo informe: “Su justa parte: el análisis de la sociedad civil sobre el principio de equidad en los INDC”. [2]

El informe muestra que muchos países en desarrollo se han comprometido a hacer algo más que su "justa parte" para reducir las emisiones, mientras que los países ricos están peligrosamente fallando en esforzarse.

El informe se basa en la información que han presentado los gobiernos ante la ONU sobre sus Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (INDC), que describen en qué medida se comprometen a reducir sus emisiones.

El informe sostiene que, si bien la "equidad" es un principio básico en el proceso de la ONU para lograr un acuerdo mundial, los países hasta ahora han sido autorizados a determinar sus propios objetivos sobre una base puramente nacional sin hacer referencia a la escala del esfuerzo mundial necesario.

En el informe, la parte justa que cada país debe tener en la lucha contra el cambio climático se mide en función de su nivel de responsabilidad en la causa de la crisis, así como su capacidad para hacer frente al cambio climático en este momento.


PARA OBTENER MÁS INFORMACIÓN EN BONN 

Susann Scherbarth, activista de campaña de Justicia Climática y Energía, Amigos de la Tierra Europa: susann.scherbarth@foeeurope.org o +32 486 34 18 37

PARA OBTENER MÁS INFORMACIÓN

Dipti Bhatnagar, coordinadora del programa de Justicia Climática y Energía, Amigos de la Tierra Internacional: dipti@foei.org o +258 840 35 65 99 


NOTAS A LOS EDITORES

[1] Amigos de la Tierra Internacional pide a sus seguidores que se unan a sus actividades en diciembre en París y en 2016, y que se inscriban a la campaña de revolución energética en línea.
Para ver más información: ver aquí.

[2] El resumen del nuevo informe se encuentra en línea enhttp://civilsocietyreview.org
El informe completo estará disponible en noviembre.

Hallazgos del informe: 

· La ambición de todos los principales países desarrollados está muy por debajo de sus partes justas, que incluyen no solo medidas nacionales sino también las finanzas internacionales. Los que tienen la brecha más cruda incluyen Rusia (que no contribuye en nada de su parte justa), Japón (aporta una décima parte de su parte), Estados Unidos (contribuye aproximadamente un quinto de su parte justa) y la Unión Europea (contribuye poco más de un quinto de su parte justa).

· La mayoría de los países en desarrollo evaluados han hecho promesas de mitigación que superan su parte justa. Esto incluye Kenia, las Islas Marshall, China e Indonesia. Las INDC de la India corresponde bastante a su parte justa, mientras que la de Brasil es un poco más de dos tercios de su parte justa.

· La mayoría de los países desarrollados tienen partes justas que ya son demasiado grandes para cumplir mediante la reducción de sus emisiones solamente. El resto de sus partes justas debe cumplirse mediante el apoyo a una reducción equivalente de las emisiones en los países en desarrollo. Esto representa casi la mitad de los cortes necesarios a nivel mundial, lo que indica la necesidad de una gran expansión de las finanzas, la tecnología y la ayuda internacionales. 
· A pesar de que el financiamiento climático es fundamental para los países desarrollados para cumplir con sus partes justas, hay una sorprendente falta de compromiso. Se requiere financiamiento internacional a mayor escala para que los países en desarrollo puedan ir más allá de sus propias partes justas y se cumpla con los recortes de emisiones totales necesarios a nivel mundial. También se necesita un aumento significativo de la financiación pública para el clima para satisfacer las necesidades de adaptación y para cubrir pérdidas y daños en los países en desarrollo, en particular para los más vulnerables.