lunes, 6 de febrero de 2017

Mesoamérica: redoblar esfuerzos para lograr el hambre cero.



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El Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica, que publica la FAO, recoge las políticas, estrategias y buenas prácticas desarrolladas en los países de la región para reducir la prevalencia de subalimentación

Servindi, 6 de febrero, 2017.- La región mesoamericana —conformada por México, Centroamérica, Cuba y República Dominicana— deberá redoblar sus esfuerzos para erradicar el hambre al año 2030 y cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2- Hambre cero.

Ello a pesar que según el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica publicado por la FAO advierte que se redujo el número de personas subalimentadas de 15,7 millones en 1990 a 12,7 en 2016.

“Actualmente, la mayoría de los países de la subregión dispone de marcos normativos y políticas públicas para la seguridad alimentaria y nutricional para hacer frente a la problemática del hambre. Si estos son acompañados por esquemas inclusivos y efectivos de gobernanza podemos esperar buenos resultados en el futuro próximo”, explicó Tito E. Díaz, Coordinador de la FAO para Mesoamérica.

La publicación destaca los avances de algunos países como Costa Rica, Cuba y México que consiguieron reducir su porcentaje de subalimentación a menos del 5 por ciento de su población. Mientras que países como Nicaragua, Panamá y la República Dominicana redujeron a menos de la mitad el porcentaje de personas que sufren hambre.

No obstante, los índices de inseguridad alimentaria en el resto de los países de Mesoamérica aún superan e incluso llegan a doblar el promedio de América Latina y el Caribe.

Esto es particularmente preocupante en la zona del Corredor Seco Centroamericano, (Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala) donde se estima que viven cerca de 10,5 millones de personas, de las cuales 60 por ciento vive en pobreza, 3,5 millones de personas se encuentran en inseguridad alimentaria y 2,8 millones necesitaran asistencia alimentaria.
Gobernanza ampliada y coordinación interinstitucional: claves para la erradicación del hambre

“La solución al problema del hambre en Mesoamérica es convertir la lucha contra el hambre en una prioridad política del más alto nivel,” explicó Tito E. Díaz.

De acuerdo a esta publicación, para que el compromiso político se refleje en mejores resultados, hay tres aspectos claves para optimizar la gobernanza de la seguridad alimentaria y avanzar hacia la erradicación del hambre en Mesoamérica.

El primero es una mejor coordinación interinstitucional, tanto entre distintos sectores y niveles de gobierno como en la participación de múltiples actores sociales, necesaria para fortalecer las capacidades institucionales para implementar las leyes y políticas de seguridad alimentaria.

El segundo es la necesidad de desarrollar y fortalecer los sistemas de información y monitoreo, fundamentales para dar coherencia y seguimiento a los planes locales de erradicación del hambre.

Y el tercero se refiere a la necesidad de otorgar financiamiento sostenible a todas estas acciones, que aseguren la ejecución de los servicios y productos planificados, contribuyendo a la sostenibilidad a largo plazo de las políticas de seguridad alimentaria y nutricional.
Países fortalecen su compromiso con la lucha contra el hambre

De acuerdo al Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica, en los últimos años, Mesoamérica ha dado grandes pasos para fortalecer su lucha contra el hambre.

Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana ya tienen leyes de seguridad alimentaria y nutricional, mientras que el Frente Parlamentario contra el Hambre de Costa Rica, en coordinación con el sector académico, presentó un proyecto de Ley Marco del Derecho Humano a la Alimentación y de la Seguridad Alimentaria y Nutricional.

Panamá, por su parte, se encuentra en proceso de socialización y consulta del nuevo Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional que establece acciones para impulsar la coordinación intersectorial e interministerial.

El Plan Estratégico Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional de El Salvador contempla la participación de 22 actores del sector público y la sociedad civil para mejorar la producción de alimentos, la prevención y atención integral en salud y los sistemas de vigilancia, monitoreo y alerta temprana, entre múltiples otras acciones.

México se encuentra en los últimos pasos de aprobación del proyecto de Ley del Derecho Humano a la Alimentación Adecuada, mientras que nivel local la Ciudad de México cuenta con una Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional desde 2009.

Los países de la subregión no sólo resguardan la seguridad alimentaria de sus propias poblaciones, sino que colaboran en múltiples iniciativas de cooperación mutua, como el programa Mesoamérica sin Hambre, el que se ejecuta con el apoyo de la cooperación mexicana y de la FAO en Belice, Colombia, Costa Rica, el Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana.

Mesoamérica sin Hambre fortalece los marcos institucionales y de políticas para la seguridad alimentaria y nutricional y la agricultura familiar.

Además, todos los países de Mesoamérica han ratificado su compromiso de erradicar el hambre al año 2025, meta principal del Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre 2025 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños CELAC, el mayor compromiso regional de seguridad alimentaria.
Desnutrición y obesidad infantil: desafío pendiente en la región

La prevalencia en los índices de desnutrición infantil continúa siendo elevada en Guatemala, Honduras y Nicaragua, países donde la desnutrición crónica supone más del doble que el promedio de América Latina y el Caribe.

Según el Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en Mesoamérica, desde principios de los años noventa, El Salvador, Guatemala y Honduras presentan los mayores incrementos -próximos e incluso superiores al 100 por ciento- en la prevalencia de sobrepeso en niños menores de cinco años.

Asimismo, en todos los países de la subregión al menos dos de cada cinco hombres y 50 por ciento de las mujeres tienen sobrepeso. En cuanto a obesidad, la prevalencia entre las mujeres alcanza cifras próximas o superiores al 40 por ciento en Guatemala, México, Nicaragua y República Dominicana.
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Fuente: Información proporcionada por la FAO: http://www.fao.org/panama/noticias/detail-events/es/

Fuente: Servindi

domingo, 5 de febrero de 2017

La utopía de Jesús : el proyecto (reino) de Dios.


Benjamín Forcano,. teólogo

“El reino de Dios es como una semilla en tierra que, sin saber cómo, germina, crece y da frutos” (Mr 4,26-34).
Jesús nos dice que nosotros somos tierra de Dios , alimentada por la savia de su Espíritu. Sobre esa tierra, Dios ha plantado la semilla de su reino para que germine, crezca y de frutos. Lo que esa semilla porta es un nuevo modo personal de vivir y de convivir, pues el buen vivir de cada uno conlleva el bien convivir con todos.
Situando el tema en el horizonte de nuestro tiempo, resulta evidente que un gran error ha alterado nuestro modo de vivir en la Tierra: hemos roto la alianza de la Humanidad con la Tierra, constituyéndonos en explotadores de nuestro propio hábitat, de nuestra Casa, cuando cuidar de la Tierra es cuidar de nosotros mismos.

Necesitamos un cambio radical si queremos hacer efectivo un nuevo proyecto de vida y convivencia con Nosotros, con los Otros, con la Tierra y la Ultima Realidad que a todos sustenta y cobija.
Proyecto que ha de germinar desde dentro de nosotros mismos -el reino de Dios está en medio de vosotros-. Ciertamente, Dios siembra y nosotros somos la tierra que acoge esa semilla , dejando a nuestro cuidado el cultivarla, regarla y hacerla crecer hasta dar frutos.
La semilla, portadora de frutos, es aquí nuestra vida. Se nos han ido sobreponiendo otros modos de vivir que no responden a la semilla original de nuestro ser.
Hoy, nos damos cuenta –es la nueva conciencia colectiva- de que estamos haciendo muchas cosas que contradicen lo que somos y no responde al proyecto de Dios. En todo esto, la iniciativa corresponde a Dios, a nosotros nos toca abrirnos, dejar que brote lo que llevamos dentro, eso que Dios ha sembrado con tanto amor.

Hoy prevalecen modos de vivir y convivir que son contra naturam, por ir contra lo más íntimo de nuestro ser. En nuestro corazón están los valores humanos fundamentales, los valores esenciales del Evangelio, los cuales nos advierten por dónde no caminar si queremos que esos valores no se corrompan. La seductora filosofía neoliberal nos hace creer que la grandeza y felicidad del ser humano están en el dinero, la riqueza, el poder, el éxito, la competencia, el lucro, la explotación y el dominio de unos sobre otros. Es la negación radical de nuestro modo de ser.
El proyecto de nuestro vivir y convivir son incompatibles con la injusticia, la soberbia, la insolidaridad, la hipocresía, al avaricia, la envidia… l Y, por eso, actuar así desquicia, enferma y siembra desarmonía en todo el ámbito de nuestra actuación personal, social y política. Obrar así oscurece y degrada nuestra natural manera de ser.
La construcción del reino de Dios es nuestro proyecto, como fue el de Jesús, y se construye desde lo que somos: justicia y amor, solidaridad y libertad, conflicto y diálogo, respeto, cooperación y paz.

sábado, 4 de febrero de 2017

Proteccionismo versus globalización.


Manfred Nolte 

La globalización, que no es sino un neologismo de lo que los clásicos de la economía quisieron instruir acerca del libre comercio y la libre circulación de factores, y que hoy se traduce en una creciente integración de los países del planeta añadiendo a la de bienes y capitales, la libertad de la información, se somete en estos momentos a la ley del péndulo de la opinión pública mundial –y ha pasado a ser, en apenas unos meses, de heroína del progreso, del crecimiento y del bienestar mundial a villana a la que se atribuyen todos los males de la crisis, del estancamiento de las economías desarrolladas, de la creciente desigualdad económica y de la injusticia social.

En particular se ha incluido como soflama principal en el librillo de los movimientos populistas de todo índole hasta el punto de que constituye un raro patio de vecindad donde se congregan ideologías dispares que apenas tienen por lo demás nada en común. El descrédito de la globalización conviene a radicales de izquierdas y a extremistas de derechas, a nacionalistas explícitos o encubiertos, a xenófobos racistas intransigentes, a involucionistas de diversa filiación. Con ellos conviven otros agentes menos revanchistas y más moderados, aquellos que convienen que si bien la globalización ha sido en el pasado una fuente innegable de progreso y bienestar, ha sesgado su trayectoria beneficiosa, que en la actualidad es necesario enmendar o refundar. Sea como fuere nos ubicamos en el tránsito de la percepción de un fenómeno que de una indiscutible positividad ha pasado a ser una política cuestionada y para muchos, como se ha dicho, fundamentalmente desacreditada.

El rechazo de la globalización conduce de forma natural a otra política, ampliamente utilizada en circunstancias históricas pretéritas como es el proteccionismo –un concepto decimonónico ya olvidado- y en su versión más tajante el aislacionismo. Si abrir nuestras puertas a terceros, bien sea en materia de tráfico de mercancías, de servicios, de capitales o de personas, se ha vuelto contra nuestros intereses, cerraremos dichas esclusas en la medida en la que nos convenga para restablecer el equilibrio quebrantado y restituir el bienestar de los nacionales de un país o del segmento particular de una sociedad que ha sido vulnerado. El último episodio de carácter global tuvo lugar en los años treinta del siglo pasado y fue protagonizado por el Presidente Hoover. Para combatir la gran crisis del 29 Hoover enrocó a Estados Unidos en una vorágine de aranceles y cupos que no solo ahondó la crisis nacional sino que condujo a la ruina a todos sus socios comerciales. La dinámica de la acción-reacción condujo a los socios comerciales de Estados Unidos a represaliarse con análogas medidas tarifarias y proteccionistas. Como consecuencia de todo ello la economía americana cayó un 25% en un plazo de cuatro años, y con ella la de las grandes potencias occidentales. La llegada al poder del demócrata F.D. Roosevelt revirtió las consecuencias deflacionistas del proteccionismo y puso a Estados Unidos y a la economía mundial rumbo a una nueva era de crecimiento.

El delirio proteccionista ha rebrotado en nuestros días con virulencia de la mano del UKIP y una mayoría del pueblo británico. Pero sobre todo y con particular estruendo y una mímica desproporcionada de la mano del recién nombrado líder de los Estados Unidos, el Sr. Donald Trump. El particular boletín oficial del estado del mandatario americano que constituyen sus redes sociales no ha escatimado proclamas en demérito y demonización de la globalización. Por la fisuras de la globalización se habrían colado en Norteamérica todos sus acérrimos enemigos. Ante este descarado caballo de Troya –siempre según Trump- “tenemos que proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, atracando nuestras compañías y destruyendo nuestros puestos de trabajo. La protección conducirá a una gran prosperidad y fortaleza, siguiendo dos simples reglas: compra ‘americano’ y contrata ‘americano’. Recuperaremos nuestras fronteras, recuperaremos nuestros trabajos, recuperaremos nuestros sueños. Vamos a reconstruir nuestro país con manos americanas, con mano de obra americana. La riqueza de nuestra clase media ha sido arrebatada de sus hogares y distribuida por todo el mundo. Eso es el pasado”.

El gran bofetón que el mandatario americano propina al librecambismo –supresión de acuerdos, deportaciones, vallas etc.- obliga a evidenciar aspectos del máximo interés para todos los ciudadanos del mundo, porque a todos afecta hoy en día lo que suceda en la primera potencia económica y militar del planeta.

El primero, que todos los segmentos de la población mundial han ganado con la globalización. Branko Milanovic y su ya estelar ‘curva del elefante’ han hecho inventario de los últimos treinta años: la media global del PIB per cápita del periodo creció un 25%. El veinte por ciento de los más pobres un 40%. El cinco por ciento de los más ricos un 60%. El 60% de la población de los países emergentes un 70%. Y el intervalo entre el 75 y el 90% de los más favorecidos, las clases medias occidentales, apenas un 5%.

El segundo consiste en el recordatorio de que la globalización ha sido muy beneficiosa también para los países pobres y en desarrollo. Fijémonos que es Estados Unidos y no México quien repudia la globalización. Los cientos o miles de empleos que la industria automovilística americana ha prometido crear a punta de pistola del Sr. Trump serán otros tantos cientos o miles que dejarán de crearse en México o en otros centros de coste más bajo y más competitivo para la exportación. Añádase a este argumento el efecto de las deportaciones en términos de provisión de puestos de trabajo. A los doce millones de mexicanos que residen en Estados Unidos hay que sumar una comunidad de origen mexicano de algo más de 30 millones.

El tercero, que las desigualdades registradas dentro de los países no tienen su causa directamente en la globalización sino en la falta de competencia de los gobiernos de turno para formar mano de obra capacitada (ganadores) en detrimento de la mano de obra no capacitada (perdedores de la globalización).

El cuarto, que a pesar de que la clase media americana ha ganado muy poco con la globalización, su paro es virtualmente inexistente y su nivel de vida es de los más altos del mundo, un 50 por ciento superior al de Europa o Japón. Por otra parte la tecnología americana domina el planeta, su industria financiera es puntera y sus universidades lideran el ranking mundial de notoriedad.

Finalmente, recordar que la retórica de ‘America first’ (primero, América) tiene el tufillo de una declaración de guerra económica. Pero el proteccionismo unilateral no contemplará un escenario de terceros países con los brazos cruzados. El mundo de hoy está íntimamente relacionado y la exposición exterior de la balanza de pagos de Estados Unidos es muy significativa. A la guerra de contingentes puede unirse otra de divisas. Como ha señalado la Canciller Merkel nadie puede ganar la batalla del proteccionismo. Tampoco Estados Unidos.

jueves, 2 de febrero de 2017

Los Indígenas Siux se siguen oponiendo al Oleducto tan contaminante que Trump decretó se siga construyendo.


Desde que asumió el cargo, y ya no solo a través de Twitter, el presidente Donald J. Trump no ha dejado de emitir órdenes ejecutivas y memorandos presidenciales. El martes, sus pronunciamientos se refirieron a los oleoductos Keystone XL y Dakota Access. Ambos proyectos fueron rechazados o retrasados por el gobierno de Barack Obama, tras grandes protestas de la población en ambos casos. Ahora, con las acciones del gobierno de Trump, respaldadas por un Congreso servil con mayoría republicana, los megaproyectos de combustibles fósiles están recibiendo luz verde otra vez.

Sin embargo, se necesita algo más que la acción veloz de la pluma de Trump para sofocar la vigorosa resistencia a estos dos oleoductos y al creciente movimiento mundial que demanda medidas urgentes para combatir el cambio climático.
El oleoducto Dakota Access (DAPL, por su sigla en inglés) es un proyecto de 1.770 kilómetros de extensión, valuado en 3.800 millones de dólares, que tiene como objetivo transportar petróleo obtenido mediante fracturación hidráulica desde los yacimientos petroleros de Bakken, en Dakota del Norte, pasando por Dakota del Sur y Iowa hasta Illinois, donde se conectaría con otro oleoducto para trasladar el petróleo al golfo de México.

Los opositores al oleoducto Dakota Access temen que una ruptura del oleoducto pueda envenenar el río Missouri, que abastece de agua potable a 17 millones de personas. El núcleo base de la oposición se encuentra en los campamentos instalados dentro de la Reserva Siux de Standing Rock y sus alrededores, donde está planificado que el oleoducto cruce por debajo del río.
El proyecto del oleoducto Keystone XL (KXL) propone transportar los combustibles fósiles más sucios del mundo, arenas alquitranadas, desde Alberta, Canadá pasando por la frontera hacia Estados Unidos, también culminando en el golfo de México. El 6 de noviembre de 2015, tras cinco años de protestas contra el KXL, el presidente Barack Obama declaró que el oleoducto “no era de interés nacional para Estados Unidos”, y acabó definitivamente con el proyecto. El 5 de diciembre de 2016, en una segunda victoria para los ambientalistas de base, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército estadounidense le negó el permiso a la propietaria del Dakota Access para perforar debajo del río Missouri, lo que detuvo ese proyecto de oleoducto.

“La orden ejecutiva de Trump sobre el oleoducto Dakota Access viola la ley y los tratados tribales. Tomaremos medidas legales”, dijo el jefe de la tribu siux de Standing Rock, David Archambault II, en un comunicado de prensa. “Crear otro Flint no hará a Estados Unidos grande otra vez”. El memorando presidencial de Trump sobre el Dakota Access instruye al secretario del Ejército a “evaluar y aprobar de forma expedita… las solicitudes de aprobación para construir y poner en funcionamiento el oleoducto Dakota Access”. El mismo tipo de redacción se puede ver en el memo respecto al oleoducto Keystone XL, dirigido al secretario del Ejército, así como a los secretarios de Estado y del Interior. La persona designada por Trump para el cargo de secretario de Estado, Rex Tillerson, anteriormente fue director ejecutivo de ExxonMobil, una empresa que cosecharía enormes ganancias mediante la explotación del petróleo de las arenas alquitranadas canadienses. El nominado de Trump para el puesto de secretario de Energía y ex gobernador de Texas, Rick Perry, poco tiempo atrás integraba la junta de la empresa Energy Transfer Partners, propietaria del Dakota Access.

La orden ejecutiva de Trump titulada “Acelerar las evaluaciones ambientales y aprobaciones para proyectos de infraestructura de alta prioridad”, emitida junto con los dos memorándums, incluye la declaración de que “muy a menudo, los proyectos de infraestructura en Estados Unidos han sido retrasados de forma rutinaria y excesiva por los procesos y procedimientos de las agencias”. Junto con un cuarto memo que exige –sin tener fuerza de ley– que los proyectos de construcción y reparación de oleoductos “usen materiales y equipos producidos en Estados Unidos”, esta oleada de decretos prepara el terreno para el resurgimiento acelerado de ambos oleoductos.
Winona LaDuke, activista indígena estadounidense y directora ejecutiva del grupo “Honor the Earth”, dijo en una entrevista en Democracy Now!: “Es prácticamente una declaración de guerra contra todos nosotros aquí, no solo contra los pueblos indígenas sino contra cualquier persona que desee beber agua. [Trump] definitivamente quiere forzar la construcción de estos oleoductos como sea”.

Bobbi Jean Three Legs, miembro de la nación sioux de Standing Rock, comenzó las protestas contra el Dakota Access antes del surgimiento del primer campamento de resistencia el pasado mes de abril. La joven, de 24 años de edad, ayudó a dirigir una carrera con relevo de 3200 kilómetros para los jóvenes indígenas, desde el campamento Sacred Stone en Cannon Ball, Dakota del Norte hasta Washington DC, con el objetivo de atraer la atención a su lucha contra el oleoducto. Su principio básico es “El agua es vida” o, en lengua lakota, “Mni Wiconi”. Bobbi declaró en Democracy Now!: “[Trump] está despertando a mucha gente. Ahora mucha gente realmente le está prestando atención al cambio climático. No vamos a retroceder jamás”.

A Bobbi Jean Three Legs y Winona LaDuke les preocupa el aumento de la violencia por parte de la policía y la Guardia Nacional. Bobbi describió la situación: “Aún estamos sufriendo brutalidad policial. Reprimen a la gente con gas. Les disparan. Nuestra hermana Red Fawn sigue en la cárcel. Más de 600 personas han sido arrestadas al momento, y esta cifra sigue aumentando”. Los ojos de Bobbi Jean se llenan de lágrimas mientras habla. “Ahora mismo les pido a todos los jóvenes del país que nos apoyen. Les pido a todas las personas del mundo que nos apoyen, dondequiera que estén… Me temo que quieren matarnos”.

fuente: Rebelión
Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

miércoles, 1 de febrero de 2017

10 Prejuicios de los europeos contra refugiados y emigrantes.


En Bélgica, la plataforma CIRE ha lanzado hace algún tiempo una guía para desmontar 10 prejuicios de los belgas, y por extensión de todos los europeos, contra los refugiados. “Nuestra acción tiene como objetivo fortalecer los derechos de los extranjeros, el asilo y asegurar que las políticas sean coherentes con los principios de la Declaración de los Derechos Humanos”. Esta guía, que resumimos con sus propuestas más esclarecedoras, debería ser consultada por todos los ciudadanos sensibles.

Nadie escapa a los prejuicios pero es posible superarlos.

Las campañas de opinión xenófoba más extendidas explotan tres miedos que subyacen profundamente en nuestra acomodada sociedad “del bienestar” y de la complacencia consumista: el temor por perder una identidad que se está desdibujando, el temor por la propia seguridad y el temor a perder dinero y una situación privilegiada.
Para que llegue a buen puerto el esfuerzo en favor de los refugiados, se precisa desmontar las campañas en su contra mediante la sensibilización de la opinión pública y de los políticos.

Por ello pasamos a desarrollar esa tarea tomando como base la citada guía de la CIRE.

1“¡Nos invaden los refugiados e inmigrantes! El uso de un lenguaje bélico, desencadena el miedo atávico a los bárbaros. ¿En lugar de “invasión” no es más preciso llamar a este fenómeno “desesperada búsqueda de refugio y vida?.
Unas 900.000 personas llegaron a Europa entre enero y noviembre de 2015, según ACNUR. De ellos más de la mitad son sirios. A pesar de ese número, hablar de ‘invasión’ de Europa por los inmigrantes es una falacia, que se nos “vende” a través de:
– Videos manipulados, frecuentes fotos de naufragios y colas interminables en las fronteras, que los medios de comunicación divulgan ampliamente por su impacto sensacionalista.
– El efectista y costoso cierre de fronteras con muros, alambradas, despliegue de fuerzas etc…, que escenifica el carácter bélico de “la invasión”
– Artículos que propagan el miedo y la xenofobia como eficaz e interesado recurso electoral, que desvía las frustraciones hacia los refugiados e inmigrantes señalados como fáciless e impotentes chivos expiatorios.
– La acentuación del sentimiento de desbordamiento, que oculta la desidia europea durante años, para preparar una red de acogida e integración cuya necesidad no se quiso ver, así como la inoperancia de una política exterior conjunta reticente e incapaz para intervenir en el encauzamiento de los conflictos que repercuten sobre Europa.

Durante muchos años, Europa ha sido egoísta y cicatera con la “asistencia oficial para el desarrollo” que se ha destinado a fomentar las propias exportaciones o a controlar la inmigración, bien en los países de origen o en los países vecinos de obligado tránsito para los inmigrantes. Esta actitud culmina ahora gastando inútilmente dinero para proteger fronteras y expulsar a los extranjeros, cuanto mejor sería dedicarlo a garantizar la paz y el desarrollo en otros países.

La realidad es que no está justificado que Europa se atrinchere así, porque los refugiados tan sólo representan un 0,15% respecto al total de población europea. Es evidente que una distribución uniforme de los mismos sería muy asumible. Pero dificulta esta solución, tanto las preferencias de los propios refugiados por algunos destinos, como los intereses electorales nacionalistas y económicos, que presionan a los líderes europeos para dificultar su acogida y no desarrollar una necesaria red de distribución e integración. Ello hace que un país como Alemania concentre casi la mitad de las peticiones de asilo, lo que puede multiplicar el porcentaje antes dicho. Como puede verse en la figura siguiente:

De hecho hasta el momento España sólo acoge a 18 refugiados de los 160.000 comprometidos por la Unión Europea y no llegan a 6.000 los acogidos en 2015. Objetivamente no es un grave problema ¿qué justifica la opinión española contraria a su acogida? ¿La paupérrima red desarrollada para acogerlos e integrarlos?¿El desinterés en emplear los medios económicos que la UE ha puesto a su disposición para mejorarla?
En países en desarrollo como Turquía, Pakistán y el Líbano están el 86% de los refugiados, a pesar de su menor capacidad para acogerlos. ¿Por qué Europa y España no pueden?

2 “No podemos acoger toda la miseria del mundo”. Europa y América del Norte detentan el 67% de la riqueza mundial, mientras que África posee el 1% y América Latina el 3%. El resto se distribuye entre los países de Asia y el Pacífico.
Frente a esta desigualdad flagrante, una cosa está clara: nuestros países tienen los medios y la responsabilidad de hacer más. Parafraseando el prejuicio anterior: “No se puede tampoco monopolizar la riqueza del mundo”. Tenemos el deber moral de compartirla.

No debemos olvidar que los países occidentales, y especialmente los europeos, han contribuido a crear y a mantener la miseria en el mundo: a) por su parte de responsabilidad respecto a las causas de las guerras que ahora empujan al exilio a millones de personas; b) por sus políticas económicas que sostienen y favorece el desigual reparto de la riqueza en el mundo; y c) por su responsabilidad en la degradación medioambiental y sus consecuencias.

Contrariamente a lo que a veces se piensa, los que emigran no están entre los más pobres ni menos cualificados de sus países. En 2013, el 30% de las personas que emigraron a los países miembros la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) tenían educación superior, y esta proporción aumenta rápidamente. Por otra parte emigrar sale caro y ciertamente los más pobres no pueden. Sólo una minoría de los inmigrantes totales en el mundo (el 35% en 2013) se mueve desde el empobrecido Sur al Norte.

Las cifras, por tanto, no permiten afirmar que los países occidentales se vean solicitados “por toda la miseria del mundo”. Es una exageración intencionada. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (HCR), en 2014 suman 59,5 millones de personas las desplazadas forzadamente, de las cuales 21,3 millones se quedan en las proximidades de las fronteras de sus países.

Ciertamente, a Europa llegan muchas personas (900.000 en 2015 según Eurostat), pero son muchas más las que se han desplazado dentro del territorio sirio (4.000.000) o que se han instalado en los países del entorno, especialmente en el Líbano (1.200.000), Jordania (650.000) y Turquía (1.900.000) en condiciones de gran precariedad y sufrimiento. Y estas son las que no tienen dinero para pagar a los traficantes, no tienen parientes en Europa, o sólo hablan el árabe y no tienen profesiones con buenas perspectivas laborales.

3 “Si les das la bienvenida, vendrán más”. El “efecto llamada”. Emigrar es y seguirá siendo un reflejo de supervivencia profundamente arraigado en la humanidad. Si no se abordan las verdaderas causas de la migración, como la pobreza, la guerra, los desastres naturales o las dictaduras es imposible evitarla. El efecto llamada es claramente una consecuencia de las enormes desigualdades económicas y sociales entre Occidente y el tercer mundo, causa difícilmente resoluble a medio plazo. Otras circunstancias como la mayor o menor facilidad de acogida, suponen un condicionante secundario que solo modula parcialmente la causa principal.

Se achaca a las instituciones y ONG´s que defienden una acogida humanitaria a los refugiados e inmigrantes de un ingenuo e ignorante “buenismo” que amplifica el “efecto llamada”, para desentenderse después de los problemas derivados de la integración en alojamientos, centros de salud, o educativos, mercado de trabajo etc… Se está magnificando esta circunstancia y se ocultan los problemas humanos que precisamente esas instituciones tratan de paliar, ante la pasividad de una Administración que no enfrenta con decisión una adecuada política de integración cada vez más necesaria en una Europa que envejece.

Hay un argumento demagógico muy escuchado que dice ¿Si eres partidario de acoger inmigrantes por qué no te llevas a algunos a tu casa? La respuesta es sencilla: porque es un problema generado socialmente y la responsabilidad de resolverlo es en primer lugar de la sociedad y los Estados, y porque hay recursos colectivos y públicos suficientes a los que se puede acudir antes de solicitar a los ciudadanos que adquieran una responsabilidad individual que no les corresponde.

Porque la acogida de los refugiados no es una obligación sólo moral o un voluntarismo que alienta la migración, es también una obligación legal que recoge la Convención de Ginebra de 1951, y la concesión de la protección se somete a unas condiciones ya fijadas en la misma.
Algunos países europeos reservan para los solicitantes de asilo un destino indigno, caso de Hungría. Pero bajo el pretexto de que otros países son más intolerantes, no debemos revisar nuestros valores a la baja y burlar las obligaciones internacionales. Por desgracia esa es la tendencia general en la UE. Se cierran fronteras y se restringen los derechos de refugiados e inmigrantes.

4 “Ellos vienen solos y luego traen a toda su familia” Dentro de poco serán mayoría. La reunificación familiar es un proceso vivo que permite a personas de origen extranjero que tienen un miembro de su familia en otro país unirse a él, bajo ciertas condiciones. El derecho a la vida familiar es un derecho fundamental consagrado en el artículo 8 del Convenio Europeo de los Derechos Humanos y libertades fundamentales.

Es cierto que casi todos los inmigrantes (exceptuando a los refugiados), son hombres y llegan solos; pues el camino para llegar a Europa es peligroso. Sólo cuando el migrante tiene abierto un futuro mejor y obtiene el certificado de residencia tras adquirir el arraigo en el país, puede traer a su familia.

Las condiciones para la reunificación están bien controladas y no son en absoluto fáciles. El solicitante debe contar con recursos financieros suficientes, un alojamiento adecuado, probar la estabilidad de la relación, etcétera. Es decir demostrar que ha completado un proceso de integración que lo ha llevado a ser ciudadano de la nación a la que llegó como emigrante. ¿Podemos negarle que se lo ha ganado? Los procedimientos duran meses y tienen un costo que puede ser alto: tasas de la embajada, honorarios de legalización de documentos, certificados…

Se difunde que las mujeres musulmanas son alentadas a parir numerosa prole, lo que genera una desproporción numérica en los lugares adonde emigran, y puede llevar a que se conviertan eventualmente en mayoría. Veámoslo objetivamente : Supuestos 500 millones de europeos estabilizados y 40 de musulmanes (¿30% de mujeres?), así como un parto por mujer fértil y año, serían necesarios al menos unos 50 o 60 años para que alcanzaran la mayoría. Ello supone tres generaciones viviendo continuadamente en Europa y parece un peligro un poco lejano. Teniendo en cuenta el grado de asimilación del modo occidental de vida por el colectivo musulmán ¿Quién puede predecir cómo será el musulmán europeo pasadas tres generaciones?.

No obstante lo dicho existe el peligro de que puntualmente se produzcan concentraciones que dificulten la deseable interculturalidad. Pueden favorecerlas el integrismo, el rechazo y reflejo de autodefensa, los guetos económicos, las condiciones laborales…. Estas circunstancias alimentadas intencionadamente pueden llevar a círculos viciosos de encerramiento y violencia, desconfianza, sentimientos de amenaza, y en general xenofobia, por lo cual deben de evitarse por todos los medios.

5 “Son un peligro para nuestra economía”. El cambio demográfico y el envejecimiento de la población en Europa hacen que la inmigración sea cada vez más necesaria para garantizar su futuro. Alemania así lo ha entendido. Un estudio ha demostrado en Suecia que existe una relación positiva entre el número de inmigrantes y la capacidad de exportar del país. Tanto la política de integración de inmigrantes – permitiéndoles el acceso al trabajo -, como las políticas de acogida de los solicitantes de asilo pueden ser caras a corto plazo, pero en el largo plazo permiten a los Estados cosechar los beneficios económicos y sociales de la inmigración.

La inmigración no es de ninguna manera una amenaza para la economía, sino que la mayoría de los estudios realizados tienden a concluir lo contrario. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la inmigración tiene, un efecto neutro o positivo en las principales variables de la economía de un país. La mayoría de los economistas también coinciden en que generalmente, la inmigración tiene un efecto ligeramente positivo en el empleo y los salarios.

6 “Los inmigrantes vienen a quitarnos el empleo”. Creer que los empleos de un país están limitados, es una falsedad que se admite generalmente sin demostración. A menudo la mano de obra extranjera es complementaria a la fuerza de trabajo nacional y los inmigrantes ocupan puestos de trabajo potenciales que antes no existían, bien porque los nacionales no pueden o no los quieren ocupar, bien porque requieren habilidades específicas o están en sectores como la construcción, limpieza, hostelería o servicios de dependencia que no les resultan atractivos. Alternativamente también los inmigrantes pueden ser creadores de nuevos puestos de trabajo cuando se convierten en emprendedores y crean sus propios negocios. En resumen la inmigración lleva en última instancia a más producción y creación de empleo.

Lamentablemente hay empleadores que se aprovechan de la vulnerabilidad de personas indocumentadas o sin permiso de residencia, para pagarles en negro, burlar la normativa laboral y fiscal, o aprovechar su extrema necesidad para someterlos a salarios indignos y a condiciones abusivas de precariedad laboral. Circunstancias que conducen al trabajo basura y el fraude a la Seguridad Social que un Estado de Derecho no debe tolerar. Ante esta situación ¿es la solución culpabilizar a los inmigrantes o la persecución del fraude en la contratación? Como se ha visto en esta época de crisis, esta mano de obra muy precarizada ha sido la primera en ser despedida y ha optado voluntariamente en gran medida por retornar a sus países de origen o buscar otro país de destino, lo cual ha servido como un regulador -a favor del trabajador nacional-, del crecimiento de paro real.

En condiciones normales si los inmigrantes trabajan, ayudan a producir bienes, engrosar la cotización a la Seguridad Social y facilitar los servicios. Si engrosan el número de parados, se van como vinieron en busca de otra vida o si se quedan: ¿qué diferencia hay entre 4,5 millones de parados y quince o veinte mil más?¿En qué porcentaje suponen una competencia para el trabajador nacional o disminuyen el sueldo medio?

7 “Vienen a disfrutar de nuestro sistema social”. Las razones que empujan a los migrantes a dejar su país son muy diversas y no se puede decir que el deseo de aprovecharse de nuestros sistemas de ayuda social y sanitaria sea de los principales (razonamiento que no puede aplicarse a algunos socios de la Comunidad Europea). Por otra parte el acceso de los inmigrantes indocumentados a estos servicios está limitado, y no tienen derecho a la asistencia social ni en general a la asistencia médica completa.
En España siempre tienen derecho a ser atendidos en urgencias, y dependiendo de la autonomía tienen acceso a la asistencia sanitaria de la SS aunque no tengan papeles si están empadronados. Normalmente son muy reticentes a acudir a estos centros, bien por no conocer sus derechos, bien por temor a ser localizados o por no superar las resistencias pasivas que encuentran en muchos de ellos. Están, por tanto, en una situación extremadamente precaria.
Se propaga sin datos que muchos migrantes tienen SIDA, sífilis, tuberculosis abierta, lepra y muchas enfermedades exóticas que nosotros, en Europa, no sabemos cómo tratarlas, al no tener suficiente personal preparado y especializado. Sin embargo podemos comprobar que la incidencia de enfermedades tropicales no resulta estadísticamente significativa en contra del miedo que se pretende difundir.
Por otra parte el accidentado camino de la emigración elimina a los más débiles, que son los que requieren ayuda y se compone mayoritariamente de personas jóvenes con pocas patologías o minusvalías. Si bien los refugiados han traído a lactantes y niños pequeños que requieren una atención adecuada, nunca salvo en escasas reunificaciones familiares, traen ancianos con enfermedades crónicas, que son entre los nacionales los que consumen el mayor gasto de la SS que todos mantienen con sus aportaciones. No puede argüirse pues que el inmigrante constituya una gravosa carga.

8 “Son demasiado diferentes, nunca se integrarán”. Nuestras sociedades son multiculturales y cosmopolitas de hecho. Nuestra cultura se renueva sin cesar gracia a quienes la hacen día a día, y por esto nuestros modos de vida son ricos y variados.

Hay circunstancias puntuales que se magnifican interesadamente, como el hecho de que algunos migrantes no saben comportarse de acuerdo con los parámetros cívicos de Occidente, que chocan con sus costumbres o convicciones religiosas. Análogamente sucede con comportamientos minoritarios violentos en situaciones de discriminación, frustración o desatención ante una necesidad extrema, que por desconocimiento del medio, la cultura y el idioma, sienten como tales y no pueden racionalizar. Está claro que nadie es capaz de cambiar de un día a otro unos usos y costumbres arraigados secularmente en sus culturas; tienen que existir mediadores o traductores que les hagan entender las bases de una mínima disciplina ciudadana.

Menos frecuentes aún son los incidentes achacables a arrogancia o exigencia de migrantes ante el personal de los servicios sociales o sanitarios, o aquellos derivados del fanatismo religioso. Pero profesores, asistentes sociales o sanitarios son agredidos con frecuencia similar por ciudadanos nacionales enfurecidos o que Testigos de Jehová igualmente nacionales, se niegan a determinados tratamientos sanitarios vitales.

Los problemas nacen de la incapacidad o falta de voluntad del mundo político/económico/social para fomentar el “vivir juntos”; de su miedo a la pérdida de identidad y el control de sus privilegios. Si el “vivir juntos” no se aborda o se enfoca de modo inadecuado, las diferencias de origen, religión, comportamientos o estilos de vida conducen al miedo y al rechazo. Pero ¿por qué hemos de aceptar esta postura contraria a lo que nos enseña la Historia?
Los problemas no son culpa necesariamente del otro, del extranjero, pueden deberse a la cerrazón y el rechazo local a priori. ¿Por qué no considerar a los migrantes como ciudadanos activos, no sólo para integrarles, sino como personas que pueden participar plenamente en la construcción de nuestras sociedades multiculturales del mañana?

Si el diálogo, el encuentro y la síntesis social multicultural están en el centro de las políticas nacionales y europeas, sería posible evitar enfrentamientos y caminar hacia un futuro deseable. Pensar que el diferente supone una amenaza es casi siempre el resultado del desconocimiento, o de la desconfianza en los propios valores y en la democracia. El aprendizaje de la lengua y cultura nacional, la vivencia de una ciudadanía democrática, la interiorización de los derechos humanos y las ventajas del estado del bienestar, son jalones del recorrido que permiten a los extranjeros contrastar estos valores con su propia cultura y llegar a considerarse miembros activos dentro de la diversidad de la comunidad nacional que les acogió.

9 “Entre los refugiados, sin duda hay terroristas”. Y violadores y delincuentes de todo tipo. Es una de las frases más repetida por muchos ciudadanos asustados tras cualquier atentado o suceso amplificado por los medios de comunicación. En primer lugar recordemos que los solicitantes de asilo que llegan ahora con nosotros son las primeras víctimas del terrorismo, el radicalismo y el yihadismo, especialmente en Irak y Siria. Es precisamente a causa de estas barbaridades y la violencia de la guerra por lo que están huyendo de sus países.

Aunque no es totalmente imposible que un terrorista se disfrace de refugiado para venir a Europa, porque no existe el riesgo cero, vemos que de hecho han empleado otras vías para establecerse en ella. Esta improbable posibilidad de confundirse con los refugiados, no tiene el peso moral suficiente para calificar como sospechosos a todos los que buscan protección para ellos y sus familias, que sin duda son la inmensa mayoría.

Se dá amplio eco mediático a la alarma social basada en los mensajes sin confirmar que identifican delincuencia o terrorismo con refugiados, pero mucho más restringidos son los desmentidos de acusaciones gratuitas, como las de agresiones sexuales ocurridas en la Nochevieja en Colonia (Alemania). Dos meses después de lo ocurrido y de las acusaciones vertidas, se ha podido saber que solo 3 de los 58 hombres detenidos por los abusos sexuales y robos en Colonia eran refugiados.

Dicho esto, es evidente que las personas refugiadas han sido las más perjudicadas por los hechos que se les han atribuido y que, desde entonces, no se cesa de buscar en ellas fáciles “chivos expiatorios” a los que culpar de todo conflicto social y criminal en el seno de las sociedades europeas.
Debemos hacernos conscientes de que la manera correcta de mantener la identidad europea está en defender nuestros valores, buscar la verdad, acoger y defender los derechos humanos y cumplir con nuestros deberes internacionales.

10 “¿Por qué no se quedan en casa para desarrollar su país”. Muchos inmigrantes no tienen más remedio que abandonar su país, sus hogares y sus familias. Tomar el camino del exilio para escapar de la guerra, la violencia o la pobreza. (art 13 de la Declaración universal de los derechos humanos). Otros escapan de unas condiciones de vida económicamente inviables para sostener unas condiciones de vida mínimamente decentes.

Los inmigrantes son importantes contribuyentes mediante la transferencia de dinero a sus países de origen, como en España se sabe por experiencia. Actualmente los importes enviados por los emigrantes a sus países de origen, son mucho más altos que los presupuestos de la Ayuda Oficial para el Desarrollo a dichos países, Ayudas Oficiales que por otra parte cada vez son menores.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha demostrado que la migración no sólo puede mejorar el desarrollo humano para las personas migrantes, sino también para la nación de acogida y la de origen.
Por tanto la respuesta es clara: porque si consiguen sus objetivos al emigrar, el resultado económico individual y colectivamente en su país de origen es mucho más favorable que el quedarse.