martes, 10 de octubre de 2017

815 millones de personas pasan hambre en el mundo: Conflictos armados y cambio climático disparan de nuevo el hambre.


Por Kaos. Internacional

El hambre ya afecta a 815 millones de personas, el 11% de población mundial. El hambre aumenta por primera vez en diez años.

Volvemos a denunciar que aumenta el hambre en el mundo. Tras unos años de avances contra el hambre, aunque lentos pero seguros, el último informe de la FAO (la agencia de la ONU para combatir el hambre y la desnutrición) denuncia que hoy hay en el mundo 38 millones de personas más que pasan hambre. El hambre ya afecta a 815 millones de personas, el 11% de población mundial. El hambre aumenta por primera vez en diez años.

El informe de la FAO apunta a los conflictos armados como causa de ese aumento, agravado por las consecuencias del cambio climático que ya no es solo un riesgo sino que está aquí.

El terrible diagnóstico de la FAO es que no se acabará con el hambre en 2030, como se había propuesto la ONU… salvo con cambios profundos que permitan redistribuir la riqueza y finalicen o se reduzcan los conflictos armados.

Muchas más personas pasan hambre hoy sobre todo en África subsahariana y grandes regiones del sur y Este de Asia, pero aún se sufre más hambre en las zonas con conflictos armados, agravado a menudo por sequías e inundaciones, consecuencia directa del cambio climático. Mirando el mapa del hambre, esa lacra inaceptable ha aumentado en Sudán del Sur, zona de guerra desde hace tiempo, pero también amenazan hambrunas en Nigeria, Somalia y Yemen, regiones también con violentos enfrentamientos armados.

La FAO denuncia que de los 815 millones de personas que hoy sufren hambre 490 millones,más de lamitad están en zonas de guerra.

En los últimos 25 años muchos países habían reducido el hambre y la desnutrición, pero esos avances se han frenado y retrocedido precisamente por la extensión de conflictos armados. La FAO indica que también han aumentado los refugiados y desplazados en sus propios países, que ahora son el doble, hasta 64 millones.

Actualmente hay nueve países con conflictos violentos con más de la décima parte de su población refugiada o desplazada. En Somalia y Sudán del Sur, más de la quinta parte de sus habitantes son personas desplazadas: gentes obligadas a abandonar sus hogares para conservar la vida, aunque no el país por ahora, alejándose de las zonas de mayor violencia.

En Siria, donde la lucha armada es muy violenta y los bombardeos son constantes e intensos, ha huido más de la mitad de sus habitantes, convirtiéndose en refugiados. Lo sabemos por las constantes portadas y titulares del drama continuo de refugiados rescatados en el Mediterráneo y el drama aún mayor de las personas que se arriesgan en frágiles e inseguras embarcaciones y mueren ahogados.

Lo peor de tan injusta e inaceptable situación es que los gobernantes de la Unión Europea han incumplido de modo vergonzoso el compromiso de acoger refugiados, además de haber dado un espectáculo lamentable con el regateo sobre los refugiados que los gobiernos europeos estaban dispuestos a acoger.

El gobierno de España es buena muestra de esa vergüenza. El 26 de septiembre de 2015 el gobierno del Partido Popular se comprometió a acoger a 17.330 refugiados. Dos años después, solo ha acogido a 1.488 personas refugiadas, apenas un 8% de lo comprometido. A este ritmo cicatero el gobierno de España tardaría casi 20 años en acoger a todos los refugiados a que se comprometió. Pero aunque cumplieran esos compromisos, es una minucia al lado de los más de 11 millones de sirios que han huido de la guerra, convertidos en refugiados.

Además, otro factor aumenta el hambre, incluso en regiones sin violencia. Sequías e inundaciones por el cambio climático arruinan cosechas, reducen el ganado y destruyen centros y zonas de producción. Días atrás hemos visto imágenes escalofriantes de los daños causados por los huracanes en el mar Caribe y sureste de EEUU. El resultado final es más hambre.

Un informe del Parlamento Europeo expone las consecuencias del cambio climático desde hoy hasta 2035 y no es tranquilizador. Aumentarán los refugiados por las consecuencias del cambio climático y los fenómenos meteorológicos serán cada vez más extremos. El sur de Europa, sufrirá olas de calor cada vez más frecuentes y sequías prolongadas que provocarán una preocupante reducción de la agricultura, las costas se inundarán y habrá pérdidas considerables de biodiversidad. En el norte y centro de Europa habrá más crecidas en invierno y más desbordamientos de ríos que inundarán pueblos y ciudades, como hemos podido ver estos días en los noticiarios televisivos. Esas situaciones generan desastre, pobreza y necesidades vitales desatendidas. Y más hambre.

Que aumente el hambre es inaceptable, es un crimen. Como dijo Gandhi, el hambre es un insulto que humilla y deshumaniza, destruye el cuerpo y el espíritu: es la realidad más asesina que hay.

¿Hasta cuando gobiernos e instituciones globales vacilarán en afrontar la lucha contra el hambre con decisión y energía?

domingo, 8 de octubre de 2017

Dios, ante la nueva imagen de un universo holístico


Por Javier Monserrat

La Nueva Física (la de los últimos setenta años) ha insistido poco a poco en que la raíz profunda, digamos ontológica, del mundo de objetos clásicos es el mundo mecanocuántico en el que rigen propiedades que no se cumplen en las interacciones de objetos del mundo clásico. Digamos ahora que estas propiedades ontológicas son la coherencia cuántica, la superposición cuántica, la indeterminación cuántica y la acción-a-distancia (o efectos EPR). La diferenciación entre partículas bosónicas y fermiónicas es también esencial. Estas últimas tendrían una función de onda (un modo de vibración ondulatoria) que las haría mantener su independencia (como se dice en física, con un spin y una masa propias). Pero esto no pasa con las partículas bosónicas que disuelven su individualidad vibracional en un estado de coherencia cuántica, unitario e interiormente indiferenciado. De todo esto debe hablarse al comentar las ideas básicas de la mecánica clásica y de la mecánica cuántica, dentro de nuestras ideas actuales sobre el modelo estándar.

Una ciencia que describiera el mundo físico de forma ciega, sin sensibilidad-conciencia, robótica, mecánica y determinista, ni sería humanista ni sería apropiada para entender el mundo religioso. Pero esa ciencia, en realidad, no sería ciencia porque su obligación es explicar que en la evolución se haya producido el hecho incuestionable de la sensibilidad-conciencia. Y lo que exige esta explicación lleva a la ciencia a una imagen holística del universo que, aun haciendo más verosímil la ontología holística de la Divinidad, sin embargo, no por ello cierra la puerta a una explicación atea, sin Dios, del universo. Por ello, el problema del origen y de la naturaleza de la sensibilidad-conciencia nos deja sumidos todavía en la incertidumbre metafísica. La ciencia no permite salir de la duda sobre la verdad metafísica última del universo, pero hoy hace mucho más verosímil que Dios sea en realidad el fundamento metafísico del universo.


Hacer inteligible la experiencia fenomenológica de la conciencia desde el mundo físico


No cabe duda de que la imagen que la ciencia debe ofrecernos del universo, de la materia, de la vida y del hombre, debe hacer inteligible que en el proceso evolutivo se haya producido la emergencia de la sensibilidad y de la conciencia. Hacer inteligible significa que la ciencia debe conocer las causas que, dentro de la unidad del proceso evolutivo, han hecho posible la emergencia de la sensibilidad. Ahora bien, puesto que el origen del mundo biológico, en el que aparece la sensibilidad, es el mundo físico, cabe pensar entonces que ese mundo físico debe de tener una constitución ontológica tal que haga posible la emergencia de la sensibilidad-conciencia. El universo, en efecto, durante miles de millones de años sólo fue realidad física. De ella debió de surgir la realidad biológica. ¿Cabe una alternativa a este supuesto científico? Es claro que no existe. Si la sensibilidad-conciencia surgió dentro de lo biológico, entonces es evidente que debe suponerse también que sus causas deben darse en la naturaleza del mundo físico que lo ha producido todo evolutivamente.


No podemos albergar dudas acerca de que es obligación de la ciencia abordar la explicación de las causas de que en el universo haya sensibilidad y conciencia. La pregunta es, pues, en un ámbito estrictamente científico: ¿cuál es el “soporte físico”, o sea, la ontología primordial, o manera de ser real de la materia, que haga posible la emergencia del mundo de la sensibilidad-conciencia? La ciencia, en efecto, debe explicar por qué ha sido posible evolutivamente la sensibilidad-conciencia. No puede hacerlo sino a partir de la ontología, las propiedades y las leyes de la radiación/materia primordial que se originó en el big bang. Ahora bien, explicar significa conocer las causas que hacen posible la emergencia de la conciencia, de acuerdo con las propiedades fenomenológicas que esta tiene y son descritas en las ciencias humanas. ¿Cuáles son estas propiedades?


Las tres propiedades fenomenológicas básicas, a las que me he referido con fecuencia, son a) la unidad de la concienciaque integra en una unidad la totalidad del cuerpo y sus acciones, b) la indeterminación o libertad impulsora de las acciones y c) la experiencia campal u holística que proporcionan los sentidos (así el campo de la visión o la experiencia campal del propio cuerpo, sentido como un todo unitario que abarca el espacio y el tiempo). La conciencia –como sistema sensitivo integrado y referido a un sujeto psíquico que impulsa las acciones– se produce en animales y en hombres (no así la razón que es propia sólo del hombre). ¿Cuál es entonces la explicación causal ofrecida por la ciencia para el hecho evolutivo evidente de que hayan sido producidas la capacidad de sentir y de la conciencia?


El problema que ha surgido en la ciencia ha consistido en explicar las propiedades fenomenológicas de la conciencia a partir del mundo físico (ya que, en el proceso evolutivo, como antes decíamos, todo tiene su origen en un universo puramente físico). Durante miles de millones de años sólo existió universo físico y de él debió de emerger el universo psíquico. Se trataba, por tanto, de entender el “soporte físico” (el modo de ser del mundo físico) que hiciera posible explicar por qué han aparecido en la evolución la sensibilidad, la conciencia, así como las propiedades psíquicas fenomenológicas de animales y de hombres. Por tanto, la ciencia debía explicar las propiedades psíquicas, pero de acuerdo con la forma en que nosotros las advertimos como un hecho. La discusión de esta necesidad explicativa de la ciencia llevará al problema metafísico de la conciencia (a la proyección de este problema sobre nuestra idea metafísica del universo).


En efecto, una idea del universo físico reduccionista (más bien fundada en una imagen sólo mecanoclásica del mundo) favoreció durante siglos una imagen mecánica y determinista del hombre, así como una metafísica atea, ya que no hacía fácilmente inteligible cómo el universo podía relacionarse con Dios (ni siquiera explicaba la imagen “humanística” del hombre que da sentido a nuestra vida real en sociedad). En cambio, la moderna imagen holística y campal del universo físico (fundada no sólo en la mecánica clásica sino también en las propiedades extrañas del mundo cuántico) no sólo hará posible una imagen no-reduccionista y humanista del hombre, sino también la imagen del universo físico en que la posible existencia de Dios como su fundamento ontológico se hace mucho más posible, inteligible y por ello verosímil.
El reduccionismo y el equilibrio clásico-cuántico en la explicación física de la conciencia


Es sabido que la ciencia fue durante siglos sólo mecanoclásica. De ella nació una idea de los objetos físicos, y de las interacciones clásicas (newtonianas) entre ellos, que respondían sólo a los principios del mecanicismo, determinismo, escisión, diferenciación y distancia en un espacio-tiempo métrico (una cosa está aquí y la otra allí, a distancia, manteniendo cada una su individualidad impenetrable frente a las otras). Esto acabó conduciendo a lo que conocemos como reduccionismo. Es decir, a la pretensión de explicar la sensibilidad-conciencia a partir sólo de esos mismos principios mecanoclásicos en que predomina la imagen de un mundo de objetos o entidades discontinuas y diferenciadas que ejercen unas sobre otras acciones mecánicas deterministas. Por consiguiente, reduccionismo no significa, a mi entender, querer explicar el psiquismo desde lo físico, ya que esto es correcto, sino por reducir la explicación física sólo a la mecánica clásica, sin advertir que el universo físico es también cuántico.



El universo físico es también cuántico


No obstante, frente a esto, la Nueva Física (la de los últimos setenta años) ha insistido poco a poco en que la raíz profunda, digamos ontológica, del mundo de objetos clásicos es el mundo mecanocuántico en el que rigen propiedades que no se cumplen en las interacciones de objetos del mundo clásico. Digamos ahora, aunque no lo expliquemos, que estas propiedades ontológicas son la coherencia cuántica, la superposición cuántica, la indeterminación cuántica y la acción-a-distancia (o efectos EPR). La diferenciación entre partículas bosónicas y fermiónicas es también esencial. Estas últimas tendrían una función de onda (un modo de vibración ondulatoria) que las haría mantener su independencia (como se dice en física, con un spin y una masa propias). Pero esto no pasa con las partículas bosónicas que disuelven su individualidad vibracional en un estado de coherencia cuántica, unitario e interiormente indiferenciado (de todo esto hablamos ya anteriormente cuando comentábamos las ideas básicas de la mecánica clásica y de la mecánica cuántica, dentro de nuestras ideas actuales sobre el modelo estándar).


Por ello, la tendencia actual de la neurología cuántica sería explicar los seres vivos no sólo a partir de la física clásica (reduccionismo), sino como un equilibrio balanceado entre mundo clásico (el cuerpo consistente y estable) y mundo cuántico (los fenómenos cuánticos imbricados en lo clásico que explicarían lo que el reduccionismo determinista no puede explicar satisfactoriamente, a saber, la unidad de la conciencia, su indeterminación o relativa libertad y su dimensión holístico/campal). Deberíamos abordar también aquí una explicación más amplia de la forma en que hoy se concibe la neurología, en el marco del proceso evolutivo y la imagen del hombre en la ciencia contemporánea[1].
La idea de un universo holístico y la verosimilitud de la ontología holística de Dios


Por ello, además de ciertos filósofos que se anticiparon a su tiempo (como Nicolás de Cusa), tanto en la física antigua (como es el éter de Newton y su sensorium divinitatis, desprestigiado años después por el experimento de Michelson-Morley y la teoría de la relatividad), como en la nueva física se ha tendido siempre a postular la existencia de un fondo unitario de la realidad física, entendido como un fondo holístico omni-abarcante, un mar de energía fontanal, como el universo implícito de Bohm, como el reciente vacío cuántico, como el fondo de referencia para los operadores de creación y destrucción de Dirac (que formuló ya en los primeros años del nacimiento de la mecánica cuántica), o cómo el fondo referencial en que nace o en el que se disuelve finalmente la energía del universo. Recordemos que el modelo cosmológico estándar exige un fondo de referencia ontológico que hace nacer la energía del universo y en el que se disolverá finalmente.


Este fondo unitario del universo es el que parece haberse confirmado por la existencia del campo-de-Higgs, que permea el universo en su totalidad, y su vibración en forma de un bosón-de-Higgs que conferiría la masa a las vibraciones generadas desde el big bang. De esta manera, las partículas, o vibraciones fermiónicas, adquirirían la masa que hace nacer el mundo mecanoclásico objetivo. Nacerían los objetos macroscópicos ordenados, físicos y biológicos, que entre otras cosas forman el universo y nos permiten tener un cuerpo estable con el que construir una biografía personal. La teoría y comprobación experimental del campo/bosón de Higgs –de acuerdo con su papel en el modelo estándar de la teoría de partículas– contribuye en nuestros días de una forma nueva, por primera vez avalada experimentalmente, a considerar la existencia de un fondo unitario que permea universalmente el espacio. Así, el modelo estándar, reafirmado por Higgs, asume con nueva fuerza la visión unitaria de la materia que constituye el universo; materia unitaria que se manifiesta como bosónica y como fermiónica, pero siempre dentro de una profunda unidad ontológica que permea el fondo del universo.


Al contribuir, por tanto, desde su perspectiva conceptual propia, a fundar una imagen holística del universo, el campo/bosón de Higgs acerca la ciencia de forma significativa a la verosimilitud de los intentos por explicar la naturaleza de la sensibilidad-conciencia a partir de las propiedades cuánticas campales de la materia y del universo físico. Notemos que la teoría del campo/bosón de Higgs es sólo puramente física, no implica por sí misma una explicación del psiquismo, ni hace referencia alguna a Dios. Pero es un resultado científico que facilita el esfuerzo conceptual de los científicos y psicólogos (en las ciencias humanas), efectivamente comprometidos en la explicación de los seres vivos como un balance equilibrado clásico/cuántico. Higgs nos dice que la realidad física está constituida por campos primordiales previos que fundan la aparición del mundo clásico, pero que todavía no están atrapados en la rigidez determinista y diferenciada de ese mundo clásico. Higgs, aun sin saberlo, ha abierto una puerta a la explicación del sorprendente hecho de que la evolución haya generado la sensibilidad y la conciencia.
La imagen física del universo y la viabilidad de la imagen de Dios


La viabilidad de la hipótesis de un universo creado por obra de un ser metafísico transcendente entendido como Dios, como hace la metafísica teísta, depende en gran parte de la ontología del mundo físico, tal como sea conocida por la ciencia. La idea de Dios supondría una presencia holística que abarca todo el universo como su fondo más profundo. Esta es la experiencia del hombre religioso que halla siempre a Dios en lo profundo de su ser. Además, esa ontología divina fontanal sería la que habría hecho nacer el universo como creación. La experiencia de un Dios que abarca la ontología profunda de todo el universo es esencial no sólo para la experiencia religiosa, sino también para explicar cómo Dios puede ser el origen profundo de todas las cosas, la ontología radical de la que nace el universo.


Pues bien, la verdad es que la imagen reduccionista de la ciencia, todavía remanente en algunos, está limitada sólo a una imagen mecanoclásica. Esta imagen no favoreció, durante muchos años, la viabilidad de la idea de Dios. El universo aparecía para el reduccionismo clásico como una pluralidad de entidades desintegradas, separadas unas de otras, que hacían difícil entender la unidad holística profunda del universo. Pero el reduccionismo, como hemos dicho, no sólo no favorecía imaginar la presencia holística de Dios en el universo, sino que hacía inviable incluso el mismo humanismo que todos advertimos en nuestra experiencia social. Hacía inviable la explicación indeterminista y holística de los seres vivos. El reduccionismo llevaría a una idea robótica de los seres vivos, tal como vemos hoy en las modernas psicologías computacionales, que son la versión moderna del mecanicismo-determinista del XIX. Este robotismo mecanicista no podría explicar nunca las propiedades fenomenológicas del psiquismo animal y humano (la unidad de la conciencia, la experiencia campal y la indeterminación de las respuestas al medio). El mecanicismo reduccionista clásico, mecanicista e indeterminista, nunca podía llegar a explicar el indeterminismo y holismo campal, tal como están dados fenomenológicamente en la experiencia animal y humana.


Tras ese fondo físico campal de la ciencia pudiera esconderse el enigma de la presencia holística de la ontología de la divinidad

De ahí que la nueva física, al hacernos ver la importancia de que el universo no sólo sea mecanoclásico sino a la vez, en su raíz ontológica primordial, también mecanocuántico, haya contribuido a hacer más y más verosímil la idea de Dios como realidad fontanal del universo. El entender que el universo no es un mosaico de entidades escindidas, aisladas, puramente clásicas, sino una entidad unitaria que responde a la ontología holística en que existe el universo, ha sido un cambio de perspectiva científica que ciertamente hace más verosímil que tras ese fondo físico campal que la ciencia atisba a postular como concepto físico –y también hoy a comprobar experimentalmente y a describir con conceptos sólo científicos– pudiera en alguna manera esconderse el enigma de la presencia holística de la ontología de la divinidad (de una forma que desconocemos). En ella se habría producido el universo y en ella estaría sustentado en el ser continuamente por la voluntad divina (insisto en que estas consideraciones son sólo filosofía teísta, legítima como filosofía, pero no son pura ciencia como tal). En otras palabras, en tanto en cuanto la ciencia se acerca a entender el universo como unidad holística, la ciencia hace tanto más verosímil el holismo divino. La conexión de este holismo físico con la idea fontanal de Dios, sin embargo, no sería ciencia como tal, sino una legítima interpretación filosófica del teísmo.

Un universo holístico de ontología psíquica sigue haciendo viable el ateísmo


Pues bien, en este sentido, el descubrimiento del campo/bosón de Higgs debe entenderse como la primera gran comprobación experimental de que el universo existe efectivamente inmerso en un campo holístico que se describe como el campo de Higgs (aunque éste, como antes decíamos, no deba confundirse con el fondo campal del universo, anterior al big bang, del que nace y en el que se reabsorbe la energía total del universo). Hasta ahora había mucha especulación sobre el fondo campal de la realidad. Desde ahora, al menos el campo de Higgs forma parte ya de la ciencia experimental. Sabemos que estamos en un universo que responde a una ontología holística. Y en este sentido se hace más verosímil pensar hoy en la ontología divina fontanal del universo que, de existir, debería ser también holística y estaría más allá del campo de Higgs. En este sentido creemos que el descubrimiento del campo/bosón de Higgs contribuye a hacer más verosímil la especulación filosófica del teísmo. Verosimilitud filosófica, insistimos, que, por descontado, no elimina la posibilidad de la interpretación alternativa, también filosófica, del universo en una hipótesis ateísta.


Pero debemos hacer todavía una observación. Admitir que debe postularse la cualidad psíquica primigenia de la ontología de la materia no implica una metafísica teísta[2]. ¿Por qué entonces la materia tiene la propiedad de producir sensibilidad-conciencia, como muestra de hecho la evolución y debemos postular? ¿Por qué más bien no la tiene? Nunca lo sabremos, pero en nuestro universo debemos atribuir esa propiedad a la materia porque sin ella no pueden explicarse los productos fácticos posteriores de la evolución. Debemos también observar que la materia primordial podría tener una ontología psíquica y, no obstante, ser un sistema natural autosuficiente, puramente mundano, sin Dios. Por ello, debemos decir explícitamente que admitir la ontología psíquica de la materia no es un supuesto crucial que permita decidir entre teísmo y ateísmo.



La experiencia psíquica de este universo envolvente sería el ámbito universal de la unidad del fenómeno místico


Sin embargo, aun siendo todo esto así, no cabe duda también de que, tras el campo/bosón de Higgs, se abre para la metafísica teísta la puerta a una mayor verosimilitud de la hipótesis de Dios como fundamento fontanal del universo. Esta puerta no estaba abierta en los tiempos en que predominaba sólo el reduccionismo. Si vivimos en un universo que flota en una realidad campal y holística a la que cabe atribuir una ontología psíquica profunda, entonces ese universo nos hace mucho más verosímil el pensar que pueda estar producido por una ontología divina de fondo cuya transparencia o conciencia absoluta se atisbaría en los campos psíquicos de sensibilidad-conciencia que se han ido abriendo en el proceso evolutivo. La experiencia psíquica de este universo envolvente y profundo cuya ontología se atisba en la experiencia interior del hombre sería el ámbito experiencial humano, universal, que explica la unidad del fenómeno místico en todas las religiones. En este sentido, apunto que no deja de ser sugerente recordar la mística sufí en el Islam, la experiencia mística de Dios en el hinduismo, la “interiorización mistérica” en el budismo y la teoría holístico-mística del Tzim-Tzum en la Cábala judía.
Conclusión


Una ciencia que describiera el mundo físico de forma ciega, sin sensibilidad-conciencia, robótica, mecánica y determinista, ni sería humanista ni sería apropiada para entender el mundo religioso. Pero esa ciencia, en realidad, no sería ciencia porque su obligación es explicar que en la evolución se haya producido el hecho incuestionable de la sensibilidad-conciencia. Y lo que exige esta explicación lleva a la ciencia a una imagen holística del universo que, aun haciendo más verosímil la ontología holística de la Divinidad, sin embargo, no por ello cierra la puerta a una explicación atea, sin Dios, del universo. Por ello, el problema del origen y de la naturaleza de la sensibilidad-conciencia nos deja sumidos todavía en la incertidumbre metafísica. La ciencia no permite salir de la duda sobre la verdad metafísica última del universo.


[1] La imagen moderna de la realidad en la ciencia incluye una idea acerca de la naturaleza de los seres vivos y del hombre. Un aspecto esencial de esta explicación es el proceso evolutivo hasta la aparición de la vida y de las causas que han producido que en los vivientes se haya formado la capacidad de sentir, percibir, la conciencia y la constitución de un sujeto psíquico capaz de dirigir las acciones de respuesta al medio. Frente al mundo animal, la emergencia de la razón ha sido el factor evolutivo principal que explica la aparición del hombre con su psiquismo específico, es decir, con los aspectos racio-emocionales de su comportamiento. El hombre, al igual que los animales, se explica hoy en la ciencia en una perspectiva monista: es sólo la materia constituyente del universo la que, a través de la evolución, ha producido al hombre y es la que explica su naturaleza. El hombre es así un equilibrio entre un cuerpo construido en el mundo clásico (esto explica su estabilidad, su identidad, su individualidad, necesarias para poder construir su propia historia) y un cuerpo que muestra fenómenos en que la materia se presenta en sus propiedades cuánticas (estas propiedades son las que explican las propiedades del psiquismo humano). El hombre es así un equilibrio clásico/cuántico, un equilibrio entre determinación e indeterminación.


[2] Recordemos que, según inferíamos antes, explicar que en la evolución del universo físico se haya producido la emergencia de la sensibilidad-conciencia, implica postular que las propiedades ontológicas de la materia primordial deban de ser tales que permitan que, en un determinado momento de la evolución, se produzca la emergencia de la sensación, la sensibilidad, la percepción y la conciencia. Es decir, que emerja el mundo psíquico. Pues bien, lo que ahora explicamos es que postular que la materia sea germen primordial del mundo psíquico es también compatible con una explicación atea del universo. Dicho esto, al mismo tiempo que se admite que la naturaleza “psíquica” profunda del mundo físico hace también más verosímil la hipótesis de una Divinidad que debería ser holística.

Artículo elaborado por Javier Monserrat, Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión, Universidad Comillas, Madrid.

Fuente: FronterasCTR

sábado, 7 de octubre de 2017

El jardín más amplio de la casa común.


EL ESPECTADOR.
Amazonia, una prueba decisiva

El desarrollo de la región tiene en alerta roja al mayor pulmón del mundo. Investigadores amazónicos del Sinchi llevan más de una década encontrándose para solucionar problemas. Esta fue la última ocasión.
Uno de los proyectos del Sinchi en el Meta es Mascapaz, apoyado por la Unión Europea. / Gettyimages
Desde el avión, las áreas deforestadas de la Amazonia son como baldosas en medio de la selva. Se pueden contar con los dedos de las manos de camino a Leticia, en la punta sur de Colombia. Aparte de las peladuras, la región es una alfombra verde cruzada por ríos. “Una prueba decisiva” de la humanidad, dijo el papa Francisco, para custodiar el mayor bosque de la Tierra. Un jardín que, desde el cielo, desborda el horizonte con árboles.

Para hablar de esta región, nadie mejor que los investigadores tostados por el sol, o los de manos cuidadosas, que pasan días estudiando desde laboratorios el territorio amazónico colombiano.
Ellos, en su mayoría adscritos en el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), se juntaron en el último municipio del mapa del 11 al 15 de septiembre. Fueron a exponer sus estudios y reflexiones sobre los diez departamentos cubiertos de bosque.
Al Encuentro Nacional número 13 asistieron 80 investigadores con una tradición sobre los hombros: 24 años de experiencia del Instituto, bases de datos, colecciones biológicas y más de 12.000 archivos sobre el pulmón más grande del planeta.

En sus mentes, la región está configurada entre la selva profunda (suroriental) y una porción de bosque intervenido, en el borde con los Andes (noroccidental). El grado de conservación no tiene comparación entre ambas.
En la primera, sólo el 4 % de sus ecosistemas está transformado; en la segunda, el 96 % del territorio es suelo de ganadería extensiva y de cultivos ilícitos con fines comerciales. Ambos comparten peligros para su biodiversidad y lechos de sus ríos.
Empezando porque ninguno está intacto, no son bosques vírgenes. Los pueblos indígenas los han moldeado, al distribuir las especies de árboles en lugares donde querían cultivar o refugiarse antes de la conquista de América. Así lo demostró un estudio reciente publicado en Science.

Un toqueteo que enriqueció la biodiversidad de la Amazonia y su abundancia, como lo hizo la guerrilla siglos después. Su presencia sirvió de escudo ambiental por más de 50 años durante el conflicto colombiano. Ese aporte, adeudado a las Farc, preservó casi todos los ecosistemas del bosque oriental.
Dairon Cárdenas, el biólogo que más conoce de la región, fue testigo del veto que el grupo guerrillero impuso a través de avisos como prohibición de quema, de cacería, de pesca indiscriminada. Si la comunidad no obedecía, la estrategia ambiental traía consigo penas y castigos.
Este hombre, con un herbario de casi 45 mil ejemplares colectados, cuenta que en las últimas expediciones “se han encontrado 47 especies nuevas para la ciencia en esas profundidades selváticas. La parte triste es que el Gobierno no estaba preparado para tal estado de conservación”.

No es gratuito que la selva amazónica fuera la mayor víctima de la deforestación en el país durante el 2016, año en que se firmó el Acuerdo de Paz. En Vichada, que era tierra del conflicto, se perdieron 3.411 hectáreas de bosque, antes apresados por la violencia.
Pero la estrategia de conservación no debería ser el miedo, dice Mariela Osorno, una bióloga del Sinchi de la vieja escuela –igual que Cárdenas–, experta en anfibios y en maniobrar las pinzas para atrapar serpientes cuando trabajan en campo.
Para ella, el estado de la fauna y la salud de las poblaciones silvestres en zonas del Guaviare y Guainía era evidente a simple vista. “La presencia guerrillera disminuyó la explotación a los recursos, tanto que, esos ríos eran el reflejo de las crónicas de Indias. Un año después de registrar esa conservación, volvimos y la comercialización de especies era significativa. Es difícil que la biodiversidad aguante ese nivel de extracción, porque la gente ve ahí una alternativa económica para vivir”, explica Osorno. Pero su mayor preocupación es creer que la conservación se dio solo por la fuerza.

El fin de la guerra revivió deudas en la Amazonia. Una región compartida con otros ocho países, donde sólo el 6,4 % está delimitado como territorio colombiano. Esa porción se estableció desde 1959 como reserva forestal, pero fue marginada por años. Su población estaba organizada en intendencias y comisarías que apenas en 1991, gracias a la Constitución, se distribuyeron por pedazos entre cuatro departamentos y cubrieron por entero otros seis. Aunque su delimitación no fue pensada en favor de los ecosistemas y comunidades que allí residían.
Los trazos fragmentaron la región al punto de que todavía, para ir en avión de Caquetá a Guanía, hay que salir de la región hasta el centro del país y tomar otro vuelo. Incluso dentro del mismo departamento, para llegar de Puerto Leguízamo a Puerto Asís, en el Putumayo, solo se puede ir navegando por río.

Un viaje desalentador si se tiene en cuenta que “el orden de un territorio define su éxito productivo y económico”, asegura Alexánder Riaño, uno de los consultores más jóvenes del Sinchi.
La pobre comunicación dentro del territorio es el principal argumento para construir carreteras como la Troncal del Magdalena, planeada a 2040. Una autopista 4G de 447 kilómetros de Neiva a Mocoa, adentrándose en la Amazonia hasta el corregimiento de Santana, en el Putumayo. De allí se extiende por ocho vías entre puertos y cabeceras municipales que luego se unen a rutas provenientes de Brasil con rumbo a Perú y al norte de Ecuador. Van de salida al Pacífico con el fin de comercializar aceites, madera, pescado, víveres y minerales. Más de 20 proyectos similares se adelantan en toda la selva amazónica, incluyendo en las soberanías ajenas, según el Informe “Amazonia Viva” de WWF de 2016.

Aunque parezca buena noticia, abrir el bosque trae sus consecuencias. El corredor biológico donde cohabitan las especies, donde las poblaciones de plantas y animales se reproducen y por donde el viento sopla la polinización, se rompe.
Esa ruptura, exigida para el avance de las regiones, podría generar el menor daño posible si se ejecuta delicadamente. El verdadero problema está en que al abrir la puerta, cualquiera puede entrar.

Las carreteras están íntimamente relacionas con la degradación ambiental. A sus alrededores se concentra el mayor proceso de intervención sobre bosque registrado en Colombia. Entre los años 2000 y 2012, el Ideam descubrió que el 50 % de las pérdidas del bioma amazónico se encontraban a menos de dos kilómetros de una vía.
Algunas de ellas traspasan las figuras de conservación que existen en la región: 16 parques nacionales naturales, cuatro reservas nacionales, resguardos indígenas, dos santuarios de flora y fauna y otro par de sombrillas de preservación.

La búsqueda de El Dorado
Estos títulos no han sido suficientes para la búsqueda de El Dorado, la mítica ciudad de oro que los conquistadores ambicionaron.
El oro, el platino, el cobre y el hierro son los mayores intereses de extracción en la región. Para el 2015, las solicitudes de explotación minera sumaron un total de 444 en la Amazonia colombiana.
“Cerca de 200 títulos se formalizaron con un permiso temporal, a pesar de no tener una licencia ambiental. Porque muchos de ellos proveen los materiales de construcción que necesitan las administraciones municipales para las obras públicas”, detalla Carlos Ariel Salazar, coordinador del programa dinámicas sociambientales del Sinchi, un hombre enamorado del mayor pulmón del mundo.
Aunque la minería tradicional de la región es el barequeo, sin título ni requerimientos ambientales. Una práctica artesanal donde se camuflan algunos actores criminales como los garimpeiros, brasileños que explotan con dragas y grandes balsas que suelen utilizar motobombas.

Salazar relata que estos mineros les enseñaron a los locales sus procesos, nada amigables con el medio ambiente. “Porque remueven todo el material del lecho y se estima que para obtener un gramo de oro se necesita remover más de una tonelada de material. Lavan lo que recogen y luego le echan mercurio para que el mineral se contraiga y después lo queman. El mercurio se evapora y a ellos les queda el gramo, que pueden vender por $100.000. Si en una salida se recogen diez, ya es un millón”.
Ese mercurio, que cae de nuevo al agua, es la gran contaminación que preocupa a los expertos. Un estudio reciente de la Secretaría de Salud del Guainía advirtió que las comunidades amazónicas sobre las orillas de los ríos Inírida, Atabapo y Guainía presentan entre 60 y 109 veces más de mercurio en su cuerpo que el exigido por la Organización Mundial de la Salud. este tóxico amenaza la salud humana atacando el sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo, la piel, los pulmones, riñones y ojos.

Un daño que previnieron los indígenas desde su cosmovisión. El investigador Delio Mendoza, asociado al Instituto, pertenece a la Gente de Centro, un conjunto de etnias amazónicas ubicadas en el municipio de Solano, Caquetá. La coca, el tabaco y la yuca dulce son los tres elementos fundamentales que para ellos representan la vida.
Según sus mitologías, el creador hizo el mundo y después lo ordenó mientras lo probaba. Así decidía qué era lo bueno y qué era lo malo para el hombre. En una de esas enfermó y la causa de su mal quedó enterrada bajo la tierra para que no hiciera mal. “Entre lo que se confinó estaban los minerales. Sus daños son los que se ven ahorita en los territorios indígenas: peleas, enfermedades, destrucción en la naturaleza”, dice Mendoza.

Esa es la razón de que los indígenas conservan mejor la Amazonia que los gobiernos, como afirmó un estudio publicado en el Scientific Reporthace una semana. La investigación, hecha por dos universidades inglesas y funcionarios del Ministerio de Ambiente de Perú, concluyó que entre las áreas protegidas por el Estado, las concesiones y los territorios indígenas, la última figura era la más efectiva como estrategia de conservación.
En Colombia, hasta hace siete años, había 210 resguardos de este tipo en la región amazónica, además de la existencia de 5 a 10 pueblos indígenas que por voluntad han preferido el aislamiento. Una elección motivada por la contaminación cultural e idiomática sobre sus comunidades, percibidas en mayor medida en la Amazonia andina.

Para conservar sus culturas, estos pueblos demandan un desarrollo sostenible, tierras propias y singulares modelos de producción para cerrar brechas. Ese fue el origen de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, más conocidos como PDT.
Una figura propuesta en las negociaciones de paz, que se construirá durante de diez años con las comunidades, preguntándoles qué quieren. La directora del Sinchi, Luz Marina Mantilla, una mujer que abarca el Amazonas en su cabeza, cree que a la gente le deben llegar ofertas ambientales bien planteadas. Porque “el modelo de desarrollo impulsado en la región es el ganadero, lo que es preocupante”. Asociar el territorio a través de vacas, con pastizales y cicatrices en la tierra, asegura Mantilla, “nos esta haciendo perder la conexión entre los Andes y la Orinoquia, y entre Orinoquia y la Amazonia”. En alerta roja está el jardín más amplio de la casa común, como enseña el papa.

viernes, 6 de octubre de 2017

Energía, cambio climático y desarrollo sostenible en América Latina.


Publican estudio «Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina», realizado por la Unidad de Energía y Recursos Naturales CEPAL, México.

"Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina" es el nombre de una nueva publicación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de más de 500 páginas y que se encuentra disponible para su libre descarga en internet.

El volúmen compila artículos —preparados por sus autores con motivo de la convocatoria al Premio Dr. Fernando Cuevas 2010— y ha sido editado por la Unidad de Energía y Recursos Naturales (UERN) de la Sede Subregional de la CEPAL en México.

Con tal motivo fueron invitados profesionales del sector energético de América Latina y el Caribe a presentar trabajos sobre el tema materia del título.

El contenido en el módulo uno trata sobre biocombustibles, reducción de emisiones, políticas y legislación. En el módulo dos hacen referencia al uso eficiente de la energía, demanda y alternativas para el mejor aprovechamiento, y también sobre la regulación jurídica. El módulo tres, energías renovables y desarrollo sostenible.

Continúa el módulo cuatro con el sector energético en el contexto del cambio climático; módulo cinco, todo lo referente al tema de sostenibilidad energética; y el módulo seis sobre el sector energético, características, diagnóstico y política.

Compartimos también la presentación del documento compilado para mayores alcances del abordaje de esta publicación:

Presentación

Esta publicación está dedicada a la memoria del doctor Fernando Cuevas Moreno, quien formara parte del primer equipo de profesionales centroamericanos que, bajo la coordinación de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), analizaron y estudiaron en 1974 los primeros esquemas de interconexión eléctrica regional.

Fernando Cuevas tuvo una destacada carrera profesional, la que se remonta a los primeros años de la década de 1970, cuando trabajó como ingeniero en la Empresa Nacional de Luz y Fuerza (ENALUF), en su país natal, Nicaragua.

En 1980 fue nombrado Viceministro de Energía de Nicaragua, cargo que desempeñó durante más de diez años y desde donde pudo apoyar e impulsar importantes proyectos de desarrollo energético de su país, así como otras iniciativas de integración energética regional, entre ellas el Consejo de Electrificación de América Central (constituido legalmente en 1985) y en las primeras negociaciones del Sistema de Interconexión Eléctrica de América Central (SIEPAC).

En 1994 se incorporó a la Sede Subregional de la CEPAL en México, desempeñando el cargo de Jefe de la Unidad de Energía y Recursos Naturales, hasta el día de su lamentable partida, en septiembre de 2009.

Durante sus 15 años de trabajo en la CEPAL realizó una fructífera labor que incluyó la coordinación de muchos proyectos regionales y subregionales, tanto a nivel centroamericano como mesoamericano.

Destacan, por ejemplo, la coordinación de los estudios y propuesta para la Estrategia Energética Centroamericana Sostenible 2020. Asimismo, promovió la participación de la CEPAL en los estudios sobre el cambio climático en Centroamérica, coordinando la primera evaluación regional sobre ese tema.

En su memoria, la CEPAL organizó y convocó al «Premio Fernando Cuevas» en 2010. Fueron invitados profesionales del sector energético de América Latina a presentar trabajos sobre el tema «Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina».

Los premios para los dos trabajos ganadores —Primer Lugar: «Monopolios de Estado y Política del Cambio Climático en México ¿Bastiones de Cambio o Barreras Estratégicas?», de Miriam Grunstein, y Segundo Lugar, «Cuentas de energía como instrumento para evaluar eficiencias sectoriales en la región Centroamericana», de Juan Pablo Castañeda, Juventino Gálvez, Renato Vargas y Héctor Tuy— fueron entregados durante el Tercer Encuentro Latinoamericano de Economistas de Energía («3ELAEE: Energía, cambio climático y desarrollo sostenible: los desafíos para América Latina»), realizado los días 18 y 19 de abril de 2011 en el Centro de Convenciones de la Universidad Católica, Buenos Aires, Argentina. Esta compilación contiene los trabajos recibidos y aceptados para revisión por parte del Comité Académico del evento. 

Acceda a la publicación completa haciendo clic en el siguiente enlace:


Fuente: Servindi

miércoles, 4 de octubre de 2017

Ecuador identifica “biopiratas” de sus recursos genéticos.


Algodón de Darwin (Gossypium darwinii). Imagen: www.darwinfoundation.org/es/

Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Australia, Corea del Sur, Israel, Bélgica, Francia, Reino Unido e Irán encabezan la lista de países que más han pirateado recursos genéticos de Ecuador.

Estas naciones acumulan más del 80 por ciento del total de patentes identificadas para diversos productos desarrollados a partir de especies endémicas del Ecuador a las que accedieron ilegalmente.

Al presentar el primer informe de biopiratería (23 de junio), René Ramírez, jefe de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), señaló que estos países no pidieron autorización al Estado ecuatoriano para acceder a los 16 recursos genéticos presentes en 128 patentes generadas en el mundo.


“Ecuador considera abusivo, ilegítimo e ilegal el patentamiento de invenciones desarrolladas a partir de recursos genéticos endémicos del país que no han contado con permisos del Estado” Primer informe sobre biopiratería 

Entre las especies “biopirateadas”, identificadas en el estudio se incluyen el tomatillo de Galápagos (Solanum cheesmaniae), la calabaza ecuatoriana (Cucúrbita ecuadorensis) y el algodón de Darwin (Gossypium darwinii), por su resistencia a las plagas; las algas pardas de Galápagos (género Ochrophyta), para tratamientos de la piel, artritis y obesidad; las perlas negras (Capsicum annuum), para la conservación de células madre, entre otros.
Calabaza ecuatoriana (Cucúrbita ecuadorensis). Imagen: Wikipedia

“Ecuador considera abusivo, ilegítimo e ilegal el patentamiento de invenciones desarrolladas a partir de recursos genéticos endémicos del país que no han contado con permisos del Estado”, concluye el estudio que analizó 6.452 especies endémicas.

Hernán Núñez, director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI), aseguró durante la presentación que Ecuador presentará solicitudes de nulidad de las patentes revisadas en el informe basándose en mecanismos jurídicos y diplomáticosde la Constitución ecuatoriana.

También se realizará un monitoreo periódico para ver qué patentes están siendo solicitadas a escala mundial y se promoverá la posición del país sobre el uso de los recursos endémicos.

La Senescyt y el IEPI están impulsando el Código Ingenios para establecer derechos relativos al acceso, uso y aprovechamiento de la biodiversidad y saberes tradicionales, actualmente en discusión en la Asamblea Nacional.

Para el director del Centro de Investigación de Anfibios Jambatu, biólogo Luis Coloma, tener este diagnóstico “es un avance”, pero advierte que el control de la biopiratería no depende solo del Ecuador sino de la voluntad y las legislaciones de otras naciones.

En tal sentido, “es esencial que todos los países ratifiquen su apoyo y sean parte del Convenio sobre Diversidad Biológica (1993) y el Protocolo de Nagoya”, explica a SciDev.Net el investigador y añade que Estados Unidos, Japón, Francia, Australia, Irán e Israel, entre otros, aún no lo han suscrito o renovado.

Coloma considera indispensable que el Estado ejecute proyectos a gran escala con universidades e instituciones de investigación para completar el inventario de la diversidad biológica del Ecuador.

“La investigación de la biodiversidad (incluida la humana) del Ecuador requiere de esfuerzos gigantescos. Estamos lejos siquiera de completar su inventario. No más del 10 por ciento ha sido inventariado y mucho menos estudiado”, subraya.
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