martes, 24 de abril de 2012

Cristianismo y política.



por Enric Capó
Uno de los principios que han de regir las relaciones de la iglesia con la sociedad es el de permanecer al margen de las diferentes opciones políticas que el abanico de los partidos nos ofrece, tanto si son de derechas como si son de izquierdas. Sucede que, a menudo, los que critican la alienación de la iglesia con los partidos de derechas, caen en la tentación de hacer el juego a los partidos de izquierdas. Ni los unos ni los otros. La iglesia no está aquí para bendecir ni para condenar las opciones políticas de nuestro mundo. Su misión es proclamar el evangelio de Cristo en toda su amplitud –para aquí y ahora, para mañana y después- confrontando a la sociedad con sus exigencias.
Es evidente que este mensaje tiene repercusiones políticas, porque se refiere a la paz, la justicia y el bienestar entre los hombres, pero no determina los medios ni las formas de esta relación. Va más allá para exigir, a todos aquellos que quieren detentar el poder, la dedicación a luchar por los valores humanos y la igualdad de oportunidades y de libertades para todos los ciudadanos, en un respeto profundo a las minorías y los derechos de las personas. Sólo cuando hay una gravísima violación de estos derechos –como en el caso del nazismo, para poner un ejemplo histórico- tiene el derecho y la obligación de denunciar la perversión de las instituciones políticas en el poder.
Ahora bien, si la iglesia no ha de intervenir a favor de alguno de los partidos que luchan para alcanzar el poder, no pasa la mismo con los cristianos, aquellos que han encontrado en Cristo la inspiración para su vida y que, siguiendo su camino, se preocupan de la gente. El cristiano es un político por naturaleza, si consideramos que la política es “el conjunto de actividades teóricas y prácticas referente a las relaciones entre los ciudadanos de una misma colectividad o entre diferentes colectividades” (Enc. Cat). Nunca puede quedar al margen porque se aplica la antigua frase latina: “Soy hombre y nada humano me es ajeno”. Lo que entendemos por humano (en contraste con inhumano) los valores que configuran la auténtica personalidad humana, es decir, todo lo que se refiere a su dignidad, a sus derechos como persona y como ciudadano, y su lugar en la sociedad, está en el centro de la acción cristiana. Si predicamos el evangelio, no es sólo para abrir una puerta a la esperanza al final de la vida, sino para abrirla también ahora, en este nuestro presente, y una puerta que nunca se cierra, que nos haga penetrar hasta la eternidad.
Pero lo primero es nuestra realidad presente. Es la vida humana que se ha de salvar, en todas sus vertientes, terrenas y espirituales. No podemos invitar a la gente a una resignación presente con vistas a un final glorioso. Este tipo de enseñanza sí que sería el opio del pueblo y, por tanto, totalmente alienante. El evangelio que anunciamos es el de la renovación total de la vida. Es comunicar las buenas nuevas a los pobres y a los oprimidos, a los pisoteados y a los marginados, anunciándoles la liberación de las esclavitudes de este mundo, dándoles la esperanza de una vida más digna en esta realidad terrena, en el camino hacia la realidad gloriosa del reino de Dios. La voluntad de Dios es la salvación de todos los hombres y esta salvación se refiere también a recuperar sus derechos y su dignidad humana.
La incidencia del cristiano en la política ha de ir encaminada, pues, a defender a los hombres y, especialmente, los derechos de los más pequeños. No es una tarea fácil, ya que hay que contar las luchas despiadadas entre los políticos que buscan, no tanto el bienestar del pueblo, sino el poder. Muy a menudo, en lugar de ser servidores del pueblo que los elige, se sirven de él para su provecho personal.
A la vista de los discursos que padecemos durante cada campaña electoral, con toda clase de mentiras, acusaciones e insultos personales, la tentación es dejar la política o desentendernos tanto como podamos de este mundo. Pero esta es una tentación a la que no podemos ceder. No queremos el poder ni la gloria que lo acompaña, pero no podemos renunciar a la defensa de los principios de convivencia que entendemos, por el evangelio, que han de imperar en nuestra sociedad.
Enric Capó, 19 de mayo de 2011 | Fuente: www.iee-es.org

lunes, 23 de abril de 2012

Las patologías de la democracia (2/2)


Jaume Patuel, 21-Abril-2012


Continuación del artículo publicado el 11 de Abril

Otra patología es poner en práctica o proyectar la paranoia en los otros. Gobiernos obsesivos, de recaptación injusta e inmoral, con miedo a perder el sillón de poder, para obtener a cambio orden, control y gran obediencia ciega a las normas. Y todo demostrado lógicamente y en nombre de la verdad: las estadísticas, la gran argumentación de la evaluación, de la lógica del Estado de Derecho fáctico y sobre todo de un “buen” gobierno.


Como ejemplo de lo anterior están las normas de conducir y sus mecanismos de control. Máquinas de fotografiar, radares, multas sin sentido o represivas. No existen normas para madurar sino personas en función de las normas estrictamente literales sin comprensión. ¿Es que una máquina tiene sentimientos o criterio para comprender una situación de emergencia? Con esto no quito importancia a las normas como regulación en pro de la salud pública, pero los hechos por desgracia no siempre van por este camino.

Otro mecanismo patológico de la democracia fáctica es la negación. Negar la realidado no hacerse responsable de ella. Negar una democracia que no existe puesto que es partitocràcia, se toma como ideal y punto de partida. Y eso es una desconexión con la realidad. Y no por los escritos o la ley sino por el que tiene el poder, las leyes, en la mano. Y esta mano depende del nivel de madurez anímica para saber aplicarlas.

Si queremos una verdadera democracia o algo que se le asemeje, es preciso reforzar, empujar a todo nivel el sistema de instrucción o enseñanza. Pero desgraciadamente los recortes a nivel escolar son el ejemplo de la gran miopía de los gobernantes. Patología grave el quedarse a un nivel de consciencia mítica o mágica o de sumisión total o cociente intelectual bajo, que no permite ver el futuro y la evolución. Se niega la realidad convenciéndose uno de que el nivel en que nos encontramos es razonable y óptimo.

Y así veríamos otras patologías: Histrionismo, narcisismo, autismos colectivos o grupales.

¿Qué terapia es la adecuada para estas patologías? Ciertamente, no lo son tanto las conductales-cognitivas, que serían más adaptivas a lo que hay, sino mejor apostar por las que permiten expresar libremente a quien las adolece, el propio pensamiento, las propias emociones, el propio deseo. Y además sabiendo que se le escucha y se le respeta. Estas terapias no se operan porque piden demasiado tiempo. Y de aquí aparece otra patología: la inmediatez, la falta de espera, la incontinencia. La dificultad de postergar una satisfacción. Y ante eso se impone medicalizar los fenómenos o las dificultades humanas de la vida cotidiana. Como la timidez, la hiperactividad, la rebeldía, entre otras.

Otra terapia sería el silencio. Pero ¿quién aguanta el silencio puesto que sale la rabia o el sentido común, esa voz constructiva y crítica? En su lugar hay que acallarla con mucha música, ruido y no digamos consumir de todo para no digerir nada.

Mucha información significa no informar ya que pide escoger, escoger pide pensar, y penar pide un criterio propio y un criterio propio pide silencio. Y los representantes de la democracia van contra todo eso. Y esta democracia real, patológica y patógena, es lo que hay por el momento.

La terapia tendría que poder ayudar a ser persones coherentes y radicales. Y la democracia o partitocracia no lo quiere como todo poder totalitario o dictatorial. La intolerancia hacia el otro es en el fondo la angustia de saber que no se tiene la razón o el miedo a perder el poder.

Y si las patologías de la democracia hacen que la juventud no crea, no se entusiasme, no se rebele, no grite sino que sea pasiva en nombre de la tecnología y el progreso material, entonces el diagnóstico es muy grave: una depresión profunda que tiende a la propia muerte.

¿Habrá salida? Será preciso recorrer a la resiliencia, a la esperanza, pulsiones fuertes que están en todo ser humano.

Fuente: Atrio

Primera Parte


jueves, 19 de abril de 2012

Mundo: Oración Madre Nuestra, en el Día Mundial de la Tierra.


Servindi, 19 de abril, 2012.- Nuestros amigos de Radialistas apasionadas y apasionados buscando libretos para el Día de la Tierra, encontraron este texto anónimo, escondido en un libro de oraciones muy antiguo. Si Jesús lo hubiera conocido, seguramente también lo hubiera rezado. Descargar con un clic derecho en el enlace y elegir guardar como:http://www.radialistas.net/audios/AUDIO-1300141.mp3



Locutora. Madre Tierra que estás en el cielo

santificados sean tus mares, tus ríos, tus lagunas.

Venga a nosotros tu reino de plantas y animales.

Hágase la vida en abundancia

en este planeta y en todo el universo.

Danos hoy el alimento de cada día.

Perdona nuestra contaminación.

No nos dejes caer en la avaricia

de acumular tus riquezas.

Y líbranos de las empresas mineras.

Amén.

Control música emotiva

Locutor. recibimos la tierra en herencia de nuestros antepasados. La tenemos en préstamo de nuestros hijos e hijas.

Control música emotiva

Locutora. 22 de abril, Día de la Tierra.

Otras noticias:

miércoles, 18 de abril de 2012

Argentina: ¿Qué hacer con YPF?


Por José Rigane (ACTA) en Argenpress.info, 16 de Abril de 2012.


Llevamos dos décadas de política de privatización de la energía, como parte de una estrategia asentada en la promoción de la iniciativa privada. No agregamos nada al debate si afirmamos que ese rumbo terminó en el fracaso actual.


La sobreexplotación de los pozos concesionados, sin nuevas exploraciones, para exportar nuestros recursos hidrocarburíferos, devino en cuantiosas ganancias remitidas por la transnacional Repsol y otras a su casa matriz, la expansión empresarial a otros países de la región, y la brutal caída de las reservas de petróleo y gas.


En ese camino, el país perdió su capacidad de autoabastecimiento y dilapidó sus reservas de petróleo y gas, para convertirse en importador neto de combustible (gas natural, fueloil y gasoil), nada menos que por US$ 9.300 millones en 2011, el doble que en 2010. Es un tema asociado a la crisis actual del sector externo. ¡Faltan dólares para pagar la deuda externa y las importaciones energéticas! Por eso las restricciones en el mercado de divisas y el cierre de las importaciones necesarias para la producción de insumos y bienes de capital. El resultado de este modelo energético basado en la privatización y extranjerización es la pérdida de soberanía energética para profundizar el atraso.


Podríamos gritar que “ya lo habíamos dicho” y no ganamos mucho, porque nuestra voz fue deliberadamente acallada, y nuestra razón suena a victoria pírrica. Sale la pena denunciar a los privatizadores de la primera hora, que ahora escamotean su responsabilidad. Son parte de los mismos que coincidieron con la estrategia de transferir a las provincias la gestión soberana de los recursos naturales. No olvidemos que ello fue producto de una reforma constitucional sellada con el Pacto de Olivos en 1994. No sólo fueron responsables los Menem y los Cavallo, los neoliberales consumados, y a quien le caiga el sayo que se lo ponga. Son nombres personales e instituciones del régimen constitucional los que definen el dominio de la República, en el Poder Ejecutivo, en el Legislativo y en el Judicial.


Ante el fracaso de la privatización corresponde la socialización de YPF y la política energética. La venta de YPF se justificó por la corrupción y la ineficiente gestión, la que favoreció inmensos negocios para las petroleras privadas; al tiempo que la estatal por excelencia fue abanderada del endeudamiento externo que condicionó la política económica en las últimas décadas. No alcanza con volver hacia atrás y “nacionalizar”, mucho menos “argentinizar”, un camino recorrido con las facilidades para ganancia espuria al grupo Eskenazi. Es tiempo de socializar, lo que supone transformar el “Estado bobo” e incorporar a los trabajadores y a la sociedad en la gestión de un programa de soberanía energética, que recupere el patrimonio energético a manos del pueblo encabezado por la recuperación de YPF a la soberanía nacional y popular.


Esa socialización debe operar sin indemnización, sustentado en la cuantiosa remisión de utilidades al exterior en este tiempo y en la depredación realizada en los pozos concesionados. Se trata de transformar la realidad, anulando las concesiones, volviendo la propiedad de los recursos naturales a la nación, y realizando la reforma fiscal necesaria que asegure recursos suficientes a las provincias para su gasto social. Lo que está en juego es el derecho a la energía. Hay que terminar con el ciclo histórico que trató todo como una mercancía.


La educación, la salud, la alimentación, la energía son derechos de la población. No importa quién amenace ni cuánto despotriquen. La región americana vive su tiempo histórico de recuperación de un proyecto emancipador. Es hora de que el país asuma el compromiso de protagonizar esa tarea en defensa de la soberanía y la integración regional, con un modelo donde la energía sea considerada un valor estratégico, tratada como un bien social y un derecho humano al que todos deben tener acceso.



José Rigane es Secretario Adjunto de la CTA; Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Energía de la República Argentina (FeTERA-CTA).

Fuente: Atrio

martes, 17 de abril de 2012

Sobre el fracaso de la Catedral de Cristal.



La Catedral de Cristal, muy conocida en  Estados Unidos, tenía un programa de TV que en los 90 lo veían unos  6 millones de personas al mismo tiempo que  “los principales artistas cristianos se peleaban por salir en el programa”, comenta el pastor Lucas Leys en un artículo publicado en Cristianet.

Fundada por el pastor Robert Schuller, quien “solía verse con los presidentes de Estados Unidos y el mundo”, tenía 12 mil miembros estables, pero fue declinando hasta “terminar con una bancarrota vergonzosa de 60 millones de dólares, una congregación vaciada y una venta controversial de la propiedad a una diócesis católica romana.

Lucas Leys, pastor de jóvenes, quien capacita la mayor cantidad de líderes juveniles en Hispano América, analiza lo ocurrido señalando “3 errores que se cometieron en la catedral que los pastores latinos de las próximas generaciones debemos evitar”

Uno de ellos es el “Construir templos con el ego y no la cabeza” Leys comenta que “Schuller, como muchos otros pastores en el pasado y el presente, se dio cuenta que a cualquier grupo de personas le motivan las conquistas, las metas consumables y los logros que le dan a ese grupo (o congregación) una sensación de éxito. Él se dio cuenta que toda iglesia que construye templo, crece”

El pastor de jóvenes sostiene que no hay problemas con esa estrategia “si al hacer el templo se presupuesta pensando también en los costos de mantener el templo” y “una vez construido ya no hay meta visible y es mucho más difícil motivar a la gente porque ahora hace falta pagar el aire acondicionado, las cuentas de luz y el agua de los baños”.

Además hay otras cuestiones como que “En la Catedral de Cristal todo pasaba porque se viera bien en TV pero era una pesadilla encontrar funcionalidad a esas estructuras”  Todo era pensado para la TV y  “el dinero con el que se construía no venía de la congregación sino de ofrendas especiales de gente rica externa que de tanto en tanto le donaba a Schuller”

O sea, no había nada de malo en usar esas ofrendas “pero es muy peligroso hacer presupuestos millonarios basados en ofrendas esporádicas y no en la congregación estable” construyendo “una cultura de que todo era tan valioso que era inmodificable y hasta sagrado. Aunque no funcionara, al haber costado tanto, no se podía cambiar nada. La congregación estaba para servir al templo y no el templo a la congregación”

En el mencionado artículo publicado por Cristianet, Levis aprecia  que el segundo error fue “Rodearse solamente de chupamedias y practicar el nepotismo”
Al informar que él trabajó en la Catedral de Cristal, recuerda que en su  inicio le causó “un shock descubrir que el staff de la iglesia le tenía miedo al pastor. Cuando el pasaba o se acercaba todos actuaban como que estuvieran tratando de encubrir algo”. Así las secretarias y los servidores “le decían a Schuller lo que quería escuchar en vez de lo que tenía que escuchar”.

Por otra parte se dio cuenta de que Schuller  “estaba rodeado de solo 2 tipos de personas: empleados y familia” y que “Por pensar en las reuniones como `shows´ y no avocarse al desarrollo de la congregación, las reuniones tenían un montón de profesionales (hasta no cristianos) que hacían que el culto se viera espectacular, pero nadie movía un dedo sin cobrar y eso era otra trampa a largo plazo”
También detectó que “En todos los puestos claves de la iglesia había un familiar y siempre la pregunta que vagaba por el aire era: ¿Está ahí porque es bueno o por qué es familia? y la repuesta se demostró con sus dos sucesores: Su hijo llevó la congregación de 10.000 a 1.000 en pocos años y luego su hija terminó de rematar el ministerio (y no es porque no había buenos pastores disponibles que no pudieran hacer el trabajo)”

Lucas Leys, Doctor en Teología, graduado en el Fuller Theological Seminary,  opina que el tercer error fue “No invertir en los jóvenes y creer que las estrategias son eternas” 
Explica  que “la catedral nunca tuvo un ministerio juvenil sano” dado que “las bancas del templo estaban llenas de visitas, Schuller no se dio cuenta que la congregación iba envejeciendo con él y no se estaba haciendo demasiado para atraer a las nuevas generaciones” porque “Una cosa es tener un templo lleno y otra diferente es una iglesia fuerte” que “necesita un poderoso ministerio de niños y un estratégico ministerio de adolescentes”

En su reflexión final, Leys clarifica su pensamiento al señalar que no está mal edificar templos grandes y confortables pero que  “Lo importante es que no sea el ego lo que inflame la llama y que siempre se tenga claro que la iglesia está formada por personas y los edificios son solo secundarios”
También que no es malo que una iglesia contrate profesionales e incluya a la familia del pastor, pero que “no debe ser el pastor quien los elija sino la congregación porque esa es la versión bíblica de cómo se eligen lideres en la iglesia” y que “el pastor tiene que ser proactivo en rodearse de personas que le hablen con plena franqueza sin ningún tipo de temor a ninguna represalia y por eso no puede solamente estar rodeado de personas a las que le paga un sueldo”

Por  último sostiene que “confiar que las estrategias que nos trajeron hasta acá nos llevarán hasta allá” es dudoso porque “Lo que sirve hoy no necesariamente servirá mañana. El único que no cambia es Cristo y lo sagrado es la palabra y la misión pero los métodos deben ser siempre actualizados”
Concluye que “El fracaso de la catedral es el fracaso de un modelo y no solamente de una institución o ministerio. Para nosotros, es una advertencia. Que un ministerio sea prospero hoy no significa que lo será mañana” + (PE)
PreNot 9949
120417

Fuente: Ecupres